EL URBANISMO DE LAS CIUDADES DEL ÁFRICA ORIENTAL. TEXTO

Es que Dar es Salam, al igual que otras ciudades de esta parte del continente, se compone de tres barrios separados entre sí (por lo general, por el agua o por un cinturón de tierra vacía). De modo que el mejor, el barrio situado más cerca del mar, por supuesto pertenece a los blancos. Es la Oyster Bay: chales suntuosos, jardines inundados de flores, tupidos céspedes y rectas alamedas con gravilla. Sí, aquí se lleva una vida de lujo, tanto más cuanto que no hay que hacer nada: se ocupa de todo una servidumbre silenciosa, diligente y discreta. Aquí, la persona se pasea como, seguramente, lo haría en el paraíso: libre, despreocupada, contenta de estar en aquel sitio y encantada con la belleza del mundo. Más allá del puente, de la laguna, mucho más lejos del mar, bullicioso y rebosante de gente, se apretuja el barrio de piedra de los comerciantes. Está habitado por hindúes, paquistaníes, gentes venidas de Goa, de Bangla Desh y de Sri Lanka, y todos han recibido ahí el generalizador nombre de asiáticos. A pesar de que hay entre ellos varios hombres ricos, la mayoría vive con un estándar mediano, sin ninguna clase de lujo. Se dedican al comercio. Compran, venden, hacen de intermediarios, especulan. Cuentan, no paran de contar y recontar, menean la cabeza, se pelean. Decenas, cientos de tiendas permanecen abiertas de par en par, y sus mercancías, lanzadas a la calle, cubren las aceras. Telas, muebles, lámparas, ollas, espejos, abalorios, juguetes, arroz, jarabes, especias… todo. Delante de una tienda, se sienta el hindú de turno en su silla y, con un pie apoyado en el asiento, no para de hurgarse los dedos del mismo. Todos los sábados, los habitantes de este barrio hacinado y sofocante van al mar. Se visten de fiesta para la ocasión: las mujeres se ponen sus saris dorados y los hombres, camisas limpias. Hacen el viaje en coche. En el interior se apiña la familia entera, unos sobre otros, sobre las rodillas, los hombros, la cabeza: diez o quince personas. Detienen el coche junto a la abrupta ladera que lleva a la orilla. A esta hora, la marea alta golpea la costa con un oleaje poderoso y ensordecedor. Abren las ventanillas. Se ventilan. Al otro lado de las grandes aguas que se despliegan ante sus ojos está su país, país que algunos ni tan siquiera conocen, la India. Permanecen aquí unos quince minutos, tal vez media hora. Después la columna de coches atestados se marcha y la orilla vuelve a quedarse desierta. Cuanto más lejos del mar, tanto más calor, sequedad y polvo. Precisamente allí, sobre la arena, sobre la tierra desnuda y yerma se levantan las chozas de barro del barrio africano. Cada una de sus partes lleva el nombre de una de las antiguas aldeas donde habían vivido los esclavos del sultán de Zanzíbar: Kariakoo, Hala, Magomeni, Kinondoni. Los nombres son diferentes pero el estándar de las casas de barro es igual de pobre en todas partes, y la vida de sus habitantes, miserable y sin visos de mejorar. Para las gentes de estos barrios, la libertad consiste en que ahora pueden caminar libremente por las calles de esta ciudad de cien mil habitantes, pudiendo incluso adentrarse en el barrio de los blancos. Aparentemente, esto nunca les fue prohibido, pues el africano siempre pudo aparecer por allí, pero para ello debía de esgrimir un objetivo claro y concreto: ir a trabajar o volver del trabajo a casa. El ojo del policía distinguía fácilmente la manera de caminar del que se apresuraba en acudir al trabajo del que sospechosamente vagaba sin rumbo. Dependiendo del color de la piel, todo el mundo tenía aquí asignado el papel y el lugar que le correspondía.

Ébano. Ryszard Kapuściński

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LA SALINIZACIÓN DE LOS ACUÍFEROS en zonas áridas

Ya vimos aquí las consecuencias que pueden tener la sobre-explotación de los acuíferos por medio de la agricultura de regadío

Cuando esto sucede en zonas cercanas al mar, como ocurre en gran parte del sureste peninsular (alrededor del 150% de sus posibilidades), las lluvias (escasas ya de por sí en estas zonas áridas) no son capaces de rellenarlos al mismo ritmo, permitiendo la progresiva entrada de agua salina marítima en ellos.

Campo de Golf en Almería junto a un salobral

Esta salinización se termina trasfiriendo a los suelos hasta dejarlos por completo inútiles para la agricultura, produciendo la desertificación.

Especialmente en el sureste peninsular esta sobre-explotación va ligada a sus dos principales fuentes económicas: el turismo y la agricultura bajo plástico o de cítricos.

La Manga del Mar Menor

Ante ello sólo puede aportarse más aguas (los famosos planes de trasvase, con enormes costes medioambientales, o desaladoras) o adecuarse a los ritmos naturales (desarrollo sostenible) racionalizando su uso (riego por goteo, cobertura de balsas de agua, regulación de nuevas explotaciones y establecimientos turísticos…) que puede producir la típica paradoja de reducir el crecimiento a corto plazo para una sostenibilidad a medio y largo plazo que suele enfrentar a conservacionistas y población local (cada uno de ellos mira un plazo distinto, argumentando sobre él)

 

 

 

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Juego de cartas antigua Roma

Nueva hoja de cartas para gamificar los contenidos de Roma Antigua. Sigo adaptando las preguntas al nuevo formato y a la nueva distribución de preguntas. Si antes cada carta incluía una pregunta de cada categoría, ahora cada carta está dedicada a una categoría específica: E (economía) S (sociedad) L (lugares), P (política), C (cultura) A (arte) Pr (protagonistas) T (tiempos, fechas y periodos)  La añado a la página del juego de cartas, donde explico varias formas de juego y  a la  página principal de Roma antigua.

ISLAM. RAZÓN VS RELIGIÓN. Salman Rushdie

Fijaros en estos dos textos de un reciente libro de Salman Rusdhie en donde se propone la discusión (imposible en el tiempo) de dos grandes filósofos musulmanes medievales (Averroes y al Gazal) que representan perfectamente la doble visión que tiene aún el Islam (y otras tantas religiones, ahora o en la historia)

Averroes

Un niño no entiende nada y se aferra a la fe porque carece de conocimiento. La batalla entre rzón y superstición puede considerarse la larga adolescencia de la humanidad, y el triunfo de la razón su entrada en la vida adulta. No es que Dios no exista, sino que, igual que cualquier padre orgulloso, aguarda el día en que su hijo pueda sostenerse de pie, abrirse al mundo y liberarse de su dependencia

Al-Gazal

La fe es nuestro don de Dios y la razón es nuestra rebelión adolescente contra ella. Cuando somos adultos nos entregamos del todo a la fe, que es para lo que nacimos (…)

Infunde el miedo. El miedo es o único que lleva a los pecadores hacia Dios. El miedo es una parte de Dios, en el sentido de que es la respuesta apropiada de esa débil criatura que es el Hombre al poder infinito y la capacidad punitiva del Todopoderoso. Se puede decir que el miedo es el eco de Dios, y siempre que se oye ese eco, los hombres caen de rodillas e imploran piedad

 

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CIGÜEÑAS EN ALCALÁ. ENTRE LA PROTECCIÓN AL MEDIO AMBIENTE Y UN NUEVO RECURSO TURÍSTICO

Quien haya visitado alguna vez Alcalá de Henares habrá advertido la cantidad de nidos que se esparcen por todo su núcleo.

Y es que, como está ocurriendo en otros muchos lugares, el cambio climático y la creación de vertederos (un verdadero supermercado para estas aves) han permitido que las cigüeñas de Alcalá no emigren y estén durante todo el año en la ciudad.

Más de un centenar de parejas se encuentran censadas en la ciudad, y el Ayuntamiento ha instalado una web cam que permite el visionado de uno de sus nidos a tiempo real

Se une así la concienciación del medio ambiente (el visionado es realmente fascinante) con un nuevo recurso turístico en una ciudad pionera en muchos de ellos

 

DE TURISMO POR ALCALÁ DE HENARES


TIEMPO Y DESARROLLO. TEXTO

El europeo y el africano tienen un sentido del tiempo completamente diferente; lo perciben de maneras dispares y sus actitudes también son distintas. Los europeos están convencidos de que el tiempo funciona independientemente del hombre, de que su existencia es objetiva, en cierto modo exterior, que se halla fuera de nosotros y que sus parámetros son medibles y lineales. Según Newton, el tiempo es absoluto: «Absoluto, real y matemático, el tiempo transcurre por sí mismo y, gracias a su naturaleza, transcurre uniforme; y no en función de alguna cosa exterior.» El europeo se siente como su siervo, depende de él, es su súbdito. Para existir y funcionar, tiene que observar todas sus férreas e inexorables leyes, sus encorsetados principios y reglas. Tiene que respetar plazos, fechas, días y horas. Se mueve dentro de los engranajes del tiempo; no puede existir fuera de ellos. Y ellos le imponen su rigor, sus normas y exigencias. Entre el hombre y el tiempo se produce un conflicto insalvable, conflicto que siempre acaba con la derrota del hombre: el tiempo lo aniquila.

Los hombres del lugar, los africanos, perciben el tiempo de manera bien diferente. Para ellos, el tiempo es una categoría mucho más holgada, abierta, elástica y subjetiva. Es el hombre el que influye sobre la horma del tiempo, sobre su ritmo y su transcurso (por supuesto, sólo aquel que obra con el visto bueno de los antepasados y los dioses). El tiempo, incluso, es algo que el hombre puede crear, pues, por ejemplo, la existencia del tiempo se manifiesta a través de los acontecimientos, y el hecho de que un acontecimiento se produzca o no, no depende sino del hombre. Si dos ejércitos no libran batalla, ésta no habrá tenido lugar (es decir, el tiempo habrá dejado de manifestar su presencia, no habrá existido). El tiempo aparece como consecuencia de nuestros actos y desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo. Es una materia que bajo nuestra influencia siempre puede resucitar, pero que se sumirá en estado de hibernación, e incluso en la nada, si no le prestamos nuestra energía. El tiempo es una realidad pasiva y, sobre todo, dependiente del hombre. Todo lo contrario de la manera de pensar europea. Traducido a la práctica, eso significa que si vamos a una aldea donde por la tarde debía celebrarse una reunión y allí no hay nadie, no tiene sentido la pregunta: «¿Cuándo se celebrará la reunión?» La respuesta se conoce de antemano: «Cuando acuda la gente.»

Ébano. Ryszard Kapuściński