El Agua en 10 cifras.

En relación a la entrada anterior, el periódico francés Le  Monde nos ofrece un pequeño vídeo con 10 datos verdaderamente significativos sobre el uso del agua en el mundo. Vídeo: El Agua en 10 cifras Es recomendable igualmente, la lectura del artículo firmado por Martine Valo en este mismo diario titulado “Pour l’ONU, les eaux usées sont […]

NISU 27 mar

Volvemos con la última ronda de exposiciones. Acabaremos el 29 de mayo... Lo justo para no quitaros tiempo en junio... Y pararemos en las vacaciones de Semana Santa.

1.- Relato de la vida cotidiana en el frente ucranio a través de una planta de carbón
2.- La escasez en el país del petróleo hace que importe gasolina "hasta de España"
3.- ‘Italexit’, el nuevo desafío europeo
4.- El ISIS mantiene a 400.000 iraquíes encerrados en el centro de Mosul

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EL MITO DE ORFEO – Carlos García Gual y David Hernández de la Fuente

Portada El mito de OrfeoDe la estirpe de Apolo vino el tañedor de la lira, el padre de los cantos, el muy alabado Orfeo. (Pítica, IV, 176)

Existe una expresión latina, Nihil novum sub sole (No hay nada nuevo bajo el sol, Eclesiastés 1:09) que esencialmente nos viene a decir que todo lo que hacemos hoy, y que creemos que es novedoso, ya existía en la antigüedad. Esto, por ejemplo, suele ocurrir con los temas que nos ofrece la literatura y el cine en la actualidad. Si rascamos un poco los argumentos que nos muestran los medios de comunicación muchas veces no es original y en la mayoría de los casos se retrotraen hasta tiempos arcanos. Como si existieran x principios básicos, o una serie de moldes primordiales ya inventados de los cuales nunca podemos escapar. Por citar un caso observemos el eterno amor que se profesaban Romeo y Julieta de Shakespeare y que sus antagónicas familias arrastran hasta la muerte. Pues bien, si hacemos un estudio más detallado la historia de estos amantes ya aparecía en textos griegos y latinos en la leyenda de Píramo y Tisbe. Pues bien, si lo hiciéramos con todas las obras actuales casi un 50% no se salvarían de ser meras copias. Y es que la influencia de los clásicos, de la literatura y la mitología es muy grande y nos llega hasta hoy mismo. Otro ejemplo, y ya nos centramos en la materia de la que les quiero hablar, es de otro mito que ha perdurado a través de los siglos, el del amor más allá de la vida de Orfeo y la dríade Eurídice, y que los estudiosos Carlos García Gual y David Hernández de la Fuente han rescatado a través del ensayo El mito de Orfeo. Un estudio completo en donde el arte y la muerte se dan la mano. 

Ambos autores han querido rescatar esta legendaria historia con el propósito de mostrarnos como la simbología del mito del músico Orfeo ha sido esencial para, por un lado, observar como ésta ha influido en la literatura antigua y como, por otro lado, ha evocado a gran parte de la cultura occidental. Para quien no conozca el mito de Orfeo (cosa harto difícil, creo) déjenme que desempolve un poco el apolillado tratado de mitología que leíamos cuando éramos pequeños. A grandes rasgos Orfeo era hijo de Calíope, musa de la poesía épica y de la poesía en general, y del rey tracio Eagro, o del mismísimo Apolo en otras leyendas. Se dice que gracias a su voz, el cuidado y la magia de las bacantes, y el uso de la lira o de la citara (a la que puso la séptima cuerda) cada vez que cantaba el mundo se paralizaba. El viento paraba en su vagar, los animales, incluidos los peces, se arracimaban a su lado e incluso los árboles se inclinaban para oír la melodía de su voz. Sus poderes como vate eran tan conocidos que en su juventud acompañó a los inmortales Argonautas hasta la misma Cólquide para recuperar el Vellocino de Oro, y tiempo después se enamoró y se casó con la ninfa Eurídice. Pero su aventura más peligrosa comenzaría en aquel momento pues cuando ésta murió tras ser mordida por una cruel áspid, quedó tan desolado que acudió al mismísimo Hades a recuperarla. Vagó por aquellos oscuros reinos y el canto de su tristeza apenó tanto al rey de los muertos y a su esposa Perséfone que le permitieron recuperarla y llevarla al reino de los vivos. Pero con una condición: que cuando fueran andando hacia la luz nunca se volviera a mirarla hasta que estuvieran fuera del Hades. Orfeo dudó mucho rato si esto era una triquiñuela, así que cuando estaba ya fuera de las oscuras concavidades mortuorias rápidamente giró su rostro para ver a su esposa. Por desgracia ésta todavía se hallaba dentro y como el viento que ventea la ceniza desapareció de su vista para siempre. Apenado por haber fallado en su propósito Orfeo volvió a Tracia, y fue precisamente allí donde fue despezado por las Bacantes.

En un principio, el mito de Orfeo correspondería a uno más de las famosas leyendas grecolatinas acerca de héroes que volvieron del Hades tras realizar una misión suicida. Recordemos como Hércules en su undécimo trabajo tuvo que viajar al inframundo a capturar al mismísimo perro del Infierno Cerbero; o como Odiseo y Eneas descienden al Hades con objeto de consultar y ver a sus antiguos compañeros de fatigas. En cambio la historia de Orfeo difiere con respecto a las otras en que aporta algo distinto. Algo más novedoso. El cantor tracio, en un principio, emprende un viaje imposible por amor, a diferencia de Hércules, Odiseo y Eneas. Y es gracias a ese amor con el que vence continuamente las pruebas a las que es sometido continuamente. El poder de la música y la voz de Orfeo son enormes. Si no llega a utilizar esa “magia”, por ejemplo, durante el viaje de los Argonautas, las aventuras de Jasón y sus compañeros no habrían llegado mucho más allá de Yolcos. Así pues el poder divino de Orfeo hace que todo el inframundo se conmueva continuamente. No necesita ninguna espada increíble, ni arco o escudo sobrenatural, para llegar hasta la negra morada de Hades y su amada. El mito de Orfeo, según nos indica García Gual y Hernández de la Fuente,  es una historia en donde la vida, la muerte, la música y la poesía se dan la mano para crear una leyenda universal. El que un ser mortal, destrozado por la muerte de su esposa, decida contra natura y contra cualquier parecer razonable acudir a la otra vida a rescatarla es lo que ha hecho que escritores y poetas de todos los tiempos (ya fueran Virgilio u Ovidio en la Antigüedad, o Shakespeare, Bacon o Garcilaso entre otros cientos de literatos) escriban historias sin parangón bebiendo de esta tradición inmortal. Incluso músicos como Monteverdi o Gluck han evocado con su música la leyenda de aquel que quiso desafiar a la muerte.

Y es que último elemento del que les hablo, la Muerte, en todos los sentidos, es uno de los ingredientes más importantes de este mito. Como ya he indicado anteriormente, Eurídice, al ser perseguida por Aristeo, es mordida por una serpiente y entre fuertes dolores muere sin que su esposo pueda hacer nada por ella. Desafiando el sino de los dioses Orfeo decide viajar al inframundo y mediante sus dones, armado solo con una lira, librar a su amante de su cárcel mortuoria. El periplo que hace entonces Orfeo es un claro ejemplo y guía de cómo  se creía entonces que era el Hades y las partes de su reino. Sin dudar un momento Orfeo se introduce en el Hades (catábasis) por una de las puertas del infierno conocidas en aquellos momentos, ya fueran las grietas plutónicas de Anatolia, Sicilia, la que había en el Etna, o incluso la más famosa de todas ellas:  la que albergaba el hogar de la Sibila de Cumas en la Magna Grecia. Tras franquear la puertas de la muerte, Orfeo hace un periplo turístico por el inframundo: se dirige al rio Estige donde ablanda al correoso Caronte con sus cantos; lo mismo hace con Cerbero al otro lado de la orilla y con los jueces que deciden el bien o el mal de las almas: Minos, Radamantis, y Éaco. Su vagar lo lleva a atravesar los ríos Aqueronte (río de la tristeza), el Flagetonte, o el Cocito (curiosamente siglos después Dante lo transformará en un lago helado), y a desdeñar las aguas del Leteo pues no quiere olvidar el motivo que le ha llevado hasta allí. Observa como las almas en pena se dividen, por un lado las que van a la bienaventuranza de los Campos Elíseos, y por otro los que son condenados a los eternos castigos del Tártaro. Pero Orfeo nos lleva más allá, hasta las mismas puertas del palacio de Hades y Perséfone, quienes se apiadan de nuestro rapsoda aunque con una condición que desgraciadamente no podrá cumplir. En verdad todo un itinerario hecho por la visión que tenían los antiguos de cómo era la muerte.

Lo curioso de todo este asunto de la muerte y Orfeo es que aunque fracasara en su intento, este mito del héroe tracio tuvo como consecuencia la creación de un movimiento religioso llamado Orfismo, en el que si se creía en él uno podría asegurarse su estancia en el más allá de forma favorable, ya fuera en los Campos Elíseos o en las Islas de los Bienaventurados. Los iniciados en estos misterios daban mucha importancia a las cuestiones del alma y su salvación posterior. Al igual que siglos después el cristianismo o el budismo conciben que el alma está prisionera del cuerpo y que éste no es más que un simple estuche o cárcel que impide que su verdadera esencia llegue pura a su destino. Las persona que seguían este culto mistérico recibían una especie de manual del Más Allá, una especie de guía turística y una contraseña que han de decir al entrar en el inframundo (una especie de salvoconducto que solo conocen los jueces infernales) para poder llegar con éxito a los Campos Elíseos. Por ello no han beber nunca del Leteo. Pero esta purificación, la mayoría de los casos, no se hace en un simple viaje sino que se ha de realizar en unas cuantas reencarnaciones hasta que el alma este pura del todo. Es por ello que nunca deben derramar sangre ni  comer ni matar animal alguno pues quién sabe si en alguno de ellos está encerrada un alma en periodo de purificación.

Esta creencia religiosa, rompedora entonces, es rica en simbolismos y contraseñas ocultas. Su influencia es tal que ha inspirado aspectos religiosos de algunas doctrinas futuras, y es por eso que la lectura de este ensayo, El mito de Orfeo, no ha de ser hecha como mero entretenimiento, ni como una forma más de pasar el rato leyendo mitologías ya olvidadas. Este breve libro ha de ser leído de forma reflexiva viendo como este mito grecolatino influyó tanto en la literatura, la música, películas, obras de teatro, esculturas, pinturas… es, sin lugar a dudas, uno de aquellos esquemas básicos de los que les hablaba al principio. Una de aquellas historias de amor, poesía, muerte, música y luz que más han calado en la cultura occidental. Como diría Eurípides en Alcestis:

Si yo tuviera la lengua y la música de Orfeo,
y capaz fuera con mis canciones de embelesar
a la hija de Deméter o a su esposo y sacarte del Hades,
allí  descendería, y ni el perro de Plutón ni el conductor de almas
Caronte, con su remo, me detendrían
antes de reintegrar de nuevo tu vida a la luz.

 

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LA SALINIZACIÓN DE LOS ACUÍFEROS en zonas áridas

Ya vimos aquí las consecuencias que pueden tener la sobre-explotación de los acuíferos por medio de la agricultura de regadío

Cuando esto sucede en zonas cercanas al mar, como ocurre en gran parte del sureste peninsular (alrededor del 150% de sus posibilidades), las lluvias (escasas ya de por sí en estas zonas áridas) no son capaces de rellenarlos al mismo ritmo, permitiendo la progresiva entrada de agua salina marítima en ellos.

Campo de Golf en Almería junto a un salobral

Esta salinización se termina trasfiriendo a los suelos hasta dejarlos por completo inútiles para la agricultura, produciendo la desertificación.

Especialmente en el sureste peninsular esta sobre-explotación va ligada a sus dos principales fuentes económicas: el turismo y la agricultura bajo plástico o de cítricos.

La Manga del Mar Menor

Ante ello sólo puede aportarse más aguas (los famosos planes de trasvase, con enormes costes medioambientales, o desaladoras) o adecuarse a los ritmos naturales (desarrollo sostenible) racionalizando su uso (riego por goteo, cobertura de balsas de agua, regulación de nuevas explotaciones y establecimientos turísticos…) que puede producir la típica paradoja de reducir el crecimiento a corto plazo para una sostenibilidad a medio y largo plazo que suele enfrentar a conservacionistas y población local (cada uno de ellos mira un plazo distinto, argumentando sobre él)

 

 

 

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