La casa mágica de Rem Koolhaas

El mes de mayo de 1991 resultó fatídico para el editor de prensa Jean-François Lemoine. Fue entonces cuando el presidente del Grupo Sud Ouest, propietario de algunos de los más importantes periódicos regionales franceses, sufrió un gravísimo accidente de circulación que le dejó tetrapléjico, condenado a utilizar hasta el fin de sus días una silla de ruedas. Pero, por increíble que parezca, de esa desgracia surgió también una genialidad.
Una imagen de la casa de Rem Koolhaas.
Una imagen de la casa de Rem Koolhaas
A raíz de ese accidente Lemoine tuvo que abandonar su apartamento en Burdeos, con el que libraba a diario una encarnizada guerra al no estar adaptado para su silla de ruedas. El empresario decidió entonces construirse en medio de un bosque en Floirac, una pequeña población a las afueras de Burdeos, una casa a su medida,pensada específicamente para que un discapacitado físico como él pudiera moverse con soltura y la mayor de las comodidades. Y en 1994 el encargo recayó en un arquitecto holandés hasta entonces no muy conocido: un tal Rem Koolhaas.

Koolhas -que seis años después fue galardonado con el Pritzker, el premio más importante de arquitectura, y cuyo súper estudio cuenta en la actualidad con más de un centenar de empleados- trabajó con entusiasmo en el proyecto. Y, en 1998, la casa estaba terminada. Una casa fascinante, única, bellísima, decididamente especial, reverenciada como una joya por infinidad de arquitectos y diseñadoresUna casa llena de espacios abiertos y cuyas tres plantas se encuentran conectadas entre sí mediante un gigantesco montacargas que funciona como columna vertebral de la vivienda.

El único inconveniente es que esa casa alucinante no se puede visitar. Sigue siendo una residencia privada, continúa estando habitada por la familia Lemoine, en concreto por Hélène, la viuda del empresario. Pero ahora, por primera vez, ese prodigio arquitectónico abre sus puertas a los interesados en admirar sus sencillas y majestuosas formas. Hasta el próximo 29 de enero la Maison Lemoine acoge un pedazo de Houselife, una vibrante exposición que reúne más de 350 muebles y objetos de diseño expuestos a caballo entre esta particular vivienda y el Museo de Artes Decorativas de Burdeos.

«Vivir en esta casa es algo fantástico, emocionante», asegura al abrirnos la puerta para visitar la muestra Hélène Lemoine. El segundo piso de su vivienda, ocupado todo él por un gigantesco salón que ofrece una vista impresionante de Burdeos, exhibe ahora algunas de las más importantes piezas de cristalería que ha dado el diseño desde los años 80 hasta la actualidad, incluidas algunas de El Último Grito, el grupo compuesto por los españoles Roberto Feo y Rosario Hurtado con base en Londres. Pero también hay algunas piezas de mobiliario que ya han entrado en la historia del diseño, como por ejemplo el sofá Flying Carpet, de Ikka Suppanen, la silla Corner chair, de Donald Judd, la hamaca de plástico trenzado de Bless, o la Mesa Diana D, de Konstantin Grcic.

Y, todo eso, además del espectáculo que ofrece en sí misma la propia Maison Lemoine. «Aunque parezca mentira esta casa no resultó especialmente cara, en aquel momento Koolhaas no era tan conocido como lo es ahora. Hoy en día sería imposible», admite en su perfecto español Hélène Lemoine.

Pero ésta es una muestra con dos sedes expositivas. Dos sedes que además de ser ambas magníficas son tan radicalmente distintas que se complementan a la perfección. Por un lado está la minimalista Maison Lemoine, un espléndido ejemplo de arquitectura contemporánea, un lugar emblemático de la moderna reinvención entre interior y exterior, espacio y función. Pero la exposición Houselife también se extiende por el Museo de Artes Decorativas y de Diseño, situado en una aristocrática mansión construida entre 1775 y 1779 para el noble Pierre de Raymond en pleno centro de Burdeos, zona declarada patrimonio universal por la Unesco en 2007.

Allí, entre chimeneas de mármol, lámparas de cristal, techos decorados con elaboradas molduras, paredes con elegantes revestimientos de madera y refinados muebles de época se muestran también algunas de las más importantes piezas que ha dado el diseño desde los años 80 hasta la actualidad, creando un sugestivo efecto que se acrecienta aún más por medio de olores y sonidos. Porque un perfumista ha creado un aroma distinto para cada estancia, y un profesor de Conservatorio de Burdeos un sonido diferente para cada habitación.

De ese modo, en el que fuera el dormitorio de Pierre de Raymond, junto a un enorme armario de caoba estilo Luis XVI repleto de sábanas que emana olor a ropa limpia (gracias a las buenas artes del perfumista), se puede contemplar ahora la estantería en forma de rueda de Ron Arad o la chaise longue Antibodi de Patricia Urquiola, mientras gracias a una grabación se escucha el tintineo mágico de los cristales de unos candelabros. Y así a lo largo de 19 estancias. «La elección de las piezas de la exposición ha sido en realidad bastante fácil. Hay pocas que sean capaces de mantener el tipo ante la arquitectura tan potente de las dos sedes que acogen la muestra», aseguran al unísono las dos comisarias de Houselife, Constance Rubini, directora del Museo de Artes Decorativas y Diseño de Burdeos, y Juliette Pollet, responsable de la colección de diseño del Centro Nacional de Artes Plásticas francés.

Porque los fondos de la exposición proceden en su totalidad de la imponente colección de diseño (una de las más importantes del mundo) del Centro Nacional de Artes Plásticas francés, un organismo público que atesora más de 100.000 obras de todos los campos de las artes visuales de los que 9.000 son piezas de diseño. Y cada año esa colección sigue creciendo ya que un comité de expertos decide qué nuevas piezas de diseño se han de comprar con los alrededor de 200.000 euros con que cuentan anualmente para ese fin. Al fin y al cabo, esto es Francia.

Irene Hernández Velasco: La casa mágica de Rem Koolhaas. EL MUNDO, 31 de octubre de 2016

La casa mágica de Rem Koolhaas

El mes de mayo de 1991 resultó fatídico para el editor de prensa Jean-François Lemoine. Fue entonces cuando el presidente del Grupo Sud Ouest, propietario de algunos de los más importantes periódicos regionales franceses, sufrió un gravísimo accidente de circulación que le dejó tetrapléjico, condenado a utilizar hasta el fin de sus días una silla de ruedas. Pero, por increíble que parezca, de esa desgracia surgió también una genialidad.
Una imagen de la casa de Rem Koolhaas.
Una imagen de la casa de Rem Koolhaas
A raíz de ese accidente Lemoine tuvo que abandonar su apartamento en Burdeos, con el que libraba a diario una encarnizada guerra al no estar adaptado para su silla de ruedas. El empresario decidió entonces construirse en medio de un bosque en Floirac, una pequeña población a las afueras de Burdeos, una casa a su medida,pensada específicamente para que un discapacitado físico como él pudiera moverse con soltura y la mayor de las comodidades. Y en 1994 el encargo recayó en un arquitecto holandés hasta entonces no muy conocido: un tal Rem Koolhaas.

Koolhas -que seis años después fue galardonado con el Pritzker, el premio más importante de arquitectura, y cuyo súper estudio cuenta en la actualidad con más de un centenar de empleados- trabajó con entusiasmo en el proyecto. Y, en 1998, la casa estaba terminada. Una casa fascinante, única, bellísima, decididamente especial, reverenciada como una joya por infinidad de arquitectos y diseñadoresUna casa llena de espacios abiertos y cuyas tres plantas se encuentran conectadas entre sí mediante un gigantesco montacargas que funciona como columna vertebral de la vivienda.

El único inconveniente es que esa casa alucinante no se puede visitar. Sigue siendo una residencia privada, continúa estando habitada por la familia Lemoine, en concreto por Hélène, la viuda del empresario. Pero ahora, por primera vez, ese prodigio arquitectónico abre sus puertas a los interesados en admirar sus sencillas y majestuosas formas. Hasta el próximo 29 de enero la Maison Lemoine acoge un pedazo de Houselife, una vibrante exposición que reúne más de 350 muebles y objetos de diseño expuestos a caballo entre esta particular vivienda y el Museo de Artes Decorativas de Burdeos.

«Vivir en esta casa es algo fantástico, emocionante», asegura al abrirnos la puerta para visitar la muestra Hélène Lemoine. El segundo piso de su vivienda, ocupado todo él por un gigantesco salón que ofrece una vista impresionante de Burdeos, exhibe ahora algunas de las más importantes piezas de cristalería que ha dado el diseño desde los años 80 hasta la actualidad, incluidas algunas de El Último Grito, el grupo compuesto por los españoles Roberto Feo y Rosario Hurtado con base en Londres. Pero también hay algunas piezas de mobiliario que ya han entrado en la historia del diseño, como por ejemplo el sofá Flying Carpet, de Ikka Suppanen, la silla Corner chair, de Donald Judd, la hamaca de plástico trenzado de Bless, o la Mesa Diana D, de Konstantin Grcic.

Y, todo eso, además del espectáculo que ofrece en sí misma la propia Maison Lemoine. «Aunque parezca mentira esta casa no resultó especialmente cara, en aquel momento Koolhaas no era tan conocido como lo es ahora. Hoy en día sería imposible», admite en su perfecto español Hélène Lemoine.

Pero ésta es una muestra con dos sedes expositivas. Dos sedes que además de ser ambas magníficas son tan radicalmente distintas que se complementan a la perfección. Por un lado está la minimalista Maison Lemoine, un espléndido ejemplo de arquitectura contemporánea, un lugar emblemático de la moderna reinvención entre interior y exterior, espacio y función. Pero la exposición Houselife también se extiende por el Museo de Artes Decorativas y de Diseño, situado en una aristocrática mansión construida entre 1775 y 1779 para el noble Pierre de Raymond en pleno centro de Burdeos, zona declarada patrimonio universal por la Unesco en 2007.

Allí, entre chimeneas de mármol, lámparas de cristal, techos decorados con elaboradas molduras, paredes con elegantes revestimientos de madera y refinados muebles de época se muestran también algunas de las más importantes piezas que ha dado el diseño desde los años 80 hasta la actualidad, creando un sugestivo efecto que se acrecienta aún más por medio de olores y sonidos. Porque un perfumista ha creado un aroma distinto para cada estancia, y un profesor de Conservatorio de Burdeos un sonido diferente para cada habitación.

De ese modo, en el que fuera el dormitorio de Pierre de Raymond, junto a un enorme armario de caoba estilo Luis XVI repleto de sábanas que emana olor a ropa limpia (gracias a las buenas artes del perfumista), se puede contemplar ahora la estantería en forma de rueda de Ron Arad o la chaise longue Antibodi de Patricia Urquiola, mientras gracias a una grabación se escucha el tintineo mágico de los cristales de unos candelabros. Y así a lo largo de 19 estancias. «La elección de las piezas de la exposición ha sido en realidad bastante fácil. Hay pocas que sean capaces de mantener el tipo ante la arquitectura tan potente de las dos sedes que acogen la muestra», aseguran al unísono las dos comisarias de Houselife, Constance Rubini, directora del Museo de Artes Decorativas y Diseño de Burdeos, y Juliette Pollet, responsable de la colección de diseño del Centro Nacional de Artes Plásticas francés.

Porque los fondos de la exposición proceden en su totalidad de la imponente colección de diseño (una de las más importantes del mundo) del Centro Nacional de Artes Plásticas francés, un organismo público que atesora más de 100.000 obras de todos los campos de las artes visuales de los que 9.000 son piezas de diseño. Y cada año esa colección sigue creciendo ya que un comité de expertos decide qué nuevas piezas de diseño se han de comprar con los alrededor de 200.000 euros con que cuentan anualmente para ese fin. Al fin y al cabo, esto es Francia.

Irene Hernández Velasco: La casa mágica de Rem Koolhaas. EL MUNDO, 31 de octubre de 2016

‘Arquitectura viva’

El intelectual, el arquitecto, el pintor o el filósofo que no lea a menudo Arquitectura viva se enterará sólo de la misa la media. Puede que esa persona, pese a todo, se considere informada pero no estará de ningún modo vivificada. Este año se cumplen tres décadas de esta publicación mensual, lo que puede equipararse en España con la eternidad. Y ello sin fases o épocas desmayadas. Al revés, sus números han proporcionado nutrición sin tasa para aficionados y profesionales.  Renzo Piano en un libro de conversaciones —La responsabilità dell’architetto, publicado en 2004— y ahora reeditado, declaraba que si la arquitectura reparte tantas ideas sabrosas es porque se alimenta de todo. Decía: “Yo mezclo las disciplinas como un pintor los colores. No busco las diferencias entre artes y ciencias… No busco las disonancias sino las resonancias”.

Ciertamente, hay edificios que suenan, pero los mejores son aquellos que resuenan. Resuenan hasta emitir borborigmos como su apabullante intestino gigante para la Fundación Pathé de París y resuenan desde hace poco en España en CaixaForum (Zaragoza) de Carme Pinós o en el inmenso órgano suspendido de Herzog y Meuron para la Filarmónica de Hamburgo. Esto sin contar con los arpegios de Zaha Hadid para el Jockey Club de Hong Kong o su coreografía de torres vermiculares para el Wangjing Soho, en Pekín.

Todo este tutti frutti se muestra en Arquitectura viva gracias al empeño técnico y estético de Luis Fernández-Galiano que de un inicio con casi nada ha logrado todo el prestigio internacional. En general, como sentenció Vázquez Consuegra (Palacio de Congresos de Sevilla), no es lo lleno sino el vacío lo que impulsa el proyecto arquitectónico. Pero, a la vez, nada más sonoro que un impacto sobre el espacio hueco. Desde los vacíos, el arquitecto canta, copula o desentona. Los dos últimos proyectos de Gehry, el uno gélido para la Fundación Louis Vuitton y el otro supercaliente para el museo de Panamá, representan ejemplos de opuestos cantos sicalípticos.

Foster, Moneo, Piano, Vázquez Consuegra o Mangado son arquitectos cuya partitura emite una contenida voz pero que discurre tan majestuosa y elegante que el cuerpo cultural es seducido por ella.
¿Tendencias? Como en las pasarelas, en buena parte de la arquitectura se llevan hoy los reflejos, las lamas, las escamas y los zócalos que evocan una metáfora de la veleidad y la ingravidez. 
Barozzi Veiga, auditorio para la Filarmónica de Szczecin (Polonia)
Barozzi Veiga, auditorio para la Filarmónica de Szczecin (Polonia)
Lo inadecuado sería proyectar hoy edificios severos porque incluso cuando parecen disciplinados, como el Mercado Barceló en Madrid o el auditorio de la Filarmónica en Szczecin (Polonia), lucen una sugestiva lencería exterior. En el extremo opuesto parecería situarse el Museo Soulages, en Rodez, de RCR Arquitectes, puesto que sus muros son de acero cortén. Sin embargo, no es tampoco el caso.

Pierre Soulages, nacido allí en 1919, es el máximo representante del tachismo y sus cuadros aman el negro. ¿Pero el negro-negro? El negro, repite este artista, posee la cualidad de reflejar la luz y transmutarla en incontables colores. ¿Consecuencias? He aquí la más elemental: para tiempos de crisis y luto, destellos de verbenas y secretas ferias, el ideal soñado de un posible porvenir festivo.

Vicente Verdú: ‘Arquitectura viva’, EL PAÍS, 20 de marzo de 2015

‘Arquitectura viva’

El intelectual, el arquitecto, el pintor o el filósofo que no lea a menudo Arquitectura viva se enterará sólo de la misa la media. Puede que esa persona, pese a todo, se considere informada pero no estará de ningún modo vivificada. Este año se cumplen tres décadas de esta publicación mensual, lo que puede equipararse en España con la eternidad. Y ello sin fases o épocas desmayadas. Al revés, sus números han proporcionado nutrición sin tasa para aficionados y profesionales.  Renzo Piano en un libro de conversaciones —La responsabilità dell’architetto, publicado en 2004— y ahora reeditado, declaraba que si la arquitectura reparte tantas ideas sabrosas es porque se alimenta de todo. Decía: “Yo mezclo las disciplinas como un pintor los colores. No busco las diferencias entre artes y ciencias… No busco las disonancias sino las resonancias”.

Ciertamente, hay edificios que suenan, pero los mejores son aquellos que resuenan. Resuenan hasta emitir borborigmos como su apabullante intestino gigante para la Fundación Pathé de París y resuenan desde hace poco en España en CaixaForum (Zaragoza) de Carme Pinós o en el inmenso órgano suspendido de Herzog y Meuron para la Filarmónica de Hamburgo. Esto sin contar con los arpegios de Zaha Hadid para el Jockey Club de Hong Kong o su coreografía de torres vermiculares para el Wangjing Soho, en Pekín.

Todo este tutti frutti se muestra en Arquitectura viva gracias al empeño técnico y estético de Luis Fernández-Galiano que de un inicio con casi nada ha logrado todo el prestigio internacional. En general, como sentenció Vázquez Consuegra (Palacio de Congresos de Sevilla), no es lo lleno sino el vacío lo que impulsa el proyecto arquitectónico. Pero, a la vez, nada más sonoro que un impacto sobre el espacio hueco. Desde los vacíos, el arquitecto canta, copula o desentona. Los dos últimos proyectos de Gehry, el uno gélido para la Fundación Louis Vuitton y el otro supercaliente para el museo de Panamá, representan ejemplos de opuestos cantos sicalípticos.

Foster, Moneo, Piano, Vázquez Consuegra o Mangado son arquitectos cuya partitura emite una contenida voz pero que discurre tan majestuosa y elegante que el cuerpo cultural es seducido por ella.
¿Tendencias? Como en las pasarelas, en buena parte de la arquitectura se llevan hoy los reflejos, las lamas, las escamas y los zócalos que evocan una metáfora de la veleidad y la ingravidez. 
Barozzi Veiga, auditorio para la Filarmónica de Szczecin (Polonia)
Barozzi Veiga, auditorio para la Filarmónica de Szczecin (Polonia)
Lo inadecuado sería proyectar hoy edificios severos porque incluso cuando parecen disciplinados, como el Mercado Barceló en Madrid o el auditorio de la Filarmónica en Szczecin (Polonia), lucen una sugestiva lencería exterior. En el extremo opuesto parecería situarse el Museo Soulages, en Rodez, de RCR Arquitectes, puesto que sus muros son de acero cortén. Sin embargo, no es tampoco el caso.

Pierre Soulages, nacido allí en 1919, es el máximo representante del tachismo y sus cuadros aman el negro. ¿Pero el negro-negro? El negro, repite este artista, posee la cualidad de reflejar la luz y transmutarla en incontables colores. ¿Consecuencias? He aquí la más elemental: para tiempos de crisis y luto, destellos de verbenas y secretas ferias, el ideal soñado de un posible porvenir festivo.

Vicente Verdú: ‘Arquitectura viva’, EL PAÍS, 20 de marzo de 2015

La obra del C4, en Córdoba, seleccionada para los premios Mies van der Rohe

Interior del C4 en una reciente visita | MADERO CUBERO
Interior del C4 en una reciente visita | MADERO CUBERO
El proyecto arquitectónico de construcción del Centro de Arte Contemporáneo (anteriormente conocido como C4) ejecutado en Córdoba por Nieto Sobejano Arquitectos ha sido seleccionado como uno de los 420 finalistas para el Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea Mies van der Rohe 2015. La comisión ha designado a un total de 420 proyectos construidos en todo el territorio europeo. De éstos, 35 están en España, según ha informado la propia Fundación. Iniciado en 1987 por el Ayuntamiento de Barcelona y la Comisión Europea, el premio de 60.000 euros es el más importante de la arquitectura Europea y se concede bianualmente a obras acabadas en los dos años previos a su entrega. Los principales objetivos del premio son reconocer y remarcar la excelencia en el campo de la arquitectura y dar a conocer la importante contribución de los profesionales Europeos en el desarrollo de nuevas ideas e investigación tecnológica, además de los clientes que permiten que estas obras sean posibles. El arquitecto español Rafael Moneo ganó este premio por la construcción del Kursall de San Sebastián.

El edificio del Espacio Andaluz de Creación Contemporánea, que se levanta en el Parque de Miraflores, en la margen izquierda del río Guadalquivir, se presenta como un gran contenedor multifuncional que será capaz de adaptarse a las continuas evoluciones técnicas y a las necesidades de los nuevos creadores. El proyecto surge como una factoría del arte, como un contenedor equipado y versátil destinado a las formas de expresión artística más innovadoras. El Espacio se configura así como una secuencia de recintos vinculados a una calle pública, en la que confluyen las distintas funciones del edificio.

La superficie del solar que ocupa el edificio es de 6.967 metros cuadrados y la superficie construida total es de 12.287 metros cuadrados, que se distribuye en plantas sótano, baja, primera y cubierta. Los arquitectos Nieto y Sobejano, ganadores del concurso internacional de ideas convocado por la Junta, basaron su propuesta en la reinterpretación de la arquitectura islámica, donde cada espacio es susceptible de transformarse y expandirse en secuencias de diferentes dimensiones y usos y donde se da especial relevancia a la geometría. El edificio se concibe a partir de un sistema de patrón geométrico, originado en una forma hexagonal, que contiene a su vez tres tipos diferentes de salas, de 150, 90 y 60 metros cuadrados. Como un juego combinatorio, las permutaciones de estos tres recintos generan secuencias de distintas salas que eventualmente pueden llegar a configurar un único espacio de exposición.

Asimismo, los materiales contribuyen a sugerir el carácter de factoría del arte que impregna el edificio. En el interior, muros y losas desnudos de hormigón y solados continuos, que establecen una estructura espacial susceptible de transformarse en una red de infraestructuras polivalente.


Por su parte, el exterior se ha realizado con paneles prefabricados de hormigón con fibra de vidrio (GRC) que revisten fachadas opacas y perforadas o cubiertas planas o con pendientes variables. Tanto en el exterior, como en el interior, del edificio la carpintería y cerrajería está realizada de acero galvanizado fosfatado

La fachada al río ofrece la imagen más característica del edificio, verdadera protagonista del inmueble hacia el exterior, ideada para la realización de intervenciones audiovisuales y luminotécnicas. Se concibe como una pantalla perforada por múltiples huecos hexagonales en cuyos interiores se alojan equipos de iluminación diseñados expresamente para este proyecto con el empleo de lámparas led.

El control, que se efectúa mediante software propio, de encendido-apagado y de potencia de cada lámpara, convierte la fachada en un conjunto de píxeles hexagonales que permite reproducir imágenes en movimiento, cuya mejor visión se tiene desde la margen derecha del Guadalquivir, con la ciudad histórica al fondo del nuevo edificio. En la planta sótano del edificio se sitúa el garaje, una zona de servicios de cafetería-restaurante, espacios de almacenamiento y locales técnicos. En la planta baja, que constituye la zona principal del Espacio e incorpora las distintas puertas de acceso a nivel de la calle, se emplaza el acceso al público, vestíbulo con control e información y taquillas, cafetería-restaurante, salas de exposiciones, talleres, salón de actos-caja negra y mediateca.

La planta primera está destinada al área de administración y dirección del centro. Asimismo, se ubican aquí los laboratorios y espacios complementarios a los talleres y mediateca. Por último, en la planta de cubiertas están los espacios técnicos destinados esencialmente a la climatización. La inversión total realizada en la construcción del edificio, que ha contado con financiación de fondos Feder dentro del programa operativo Andalucía 2007-2013, asciende a 27.300.336 euros.

Alfonso Alba: La obra del C4, seleccionada para los premios Mies van der Rohe, Cordopolis, 29 de diciembre de 2015

Los mejores proyectos arquitectónicos españoles de 2014

Destacamos una selección de edificios reconocidos durante este año, que marcan diferentes formas de hacer, reflejando aspectos sólidos del panorama arquitectónico español

1. Centro de Conservación y Restauración de la Filmoteca Española (Pozuelo, Madrid), de Víctor López-Cotelo
JOSÉ RAMÓN LADRA
JOSÉ RAMÓN LADRA
Un gran cuerpo de tamaño industrial aglutina la pluralidad de funciones desempeñadas por Filmoteca Española –hasta ahora diseminadas en diferentes sedes−. López Cotelo resuelve este complejo proyecto, tanto en lo concerniente a la definición de su presencia dentro del contexto de un parque empresarial como a la articulación de un programa que integra varios usos, dando una lección de rigor y eficiencia que tiene al individuo y su experiencia de la arquitectura como fin esencial.

2. Casa Chao (Corcubión, La Coruña), de Creus e Carrasco Arquitectos
HÉCTOR SANTOS-DÍEZ
HÉCTOR SANTOS-DÍEZ
Proyecto de reconstrucción de una pequeña edificación que acogía anteriormente una casa y un bar, y que se encontraba en estado de deterioro. La intervención planteada por Creus e Carrasco ha tenido como eje respetar y renovar, en un diálogo con materiales contemporáneos, los aspectos tradicionales de la arquitectura y el paisaje del lugar, introduciendo sensiblemente una serie de mejoras dentro del escenario urbano y definiendo un programa de uso doméstico para esa estructura abandonada.

3. Viviendas para universitarios (Sant Cugat, Barcelona), de Harquitectes 
ADRIÀ GOULA
ADRIÀ GOULA
Próxima a la sede de la Escuela de Arquitectura del Vallès, la nueva residencia de estudiantes consta de dos bloques de planta baja y pisos paralelos a la calle, con un gran atrio central. Para simplificar y abaratar la construcción, se ha optado por utilizar módulos prefabricados de hormigón que permiten una construcción en seco. Tanto los módulos como los acabados son desmontables y reciclables y el edificio tiene una demanda energética notablemente inferior a la de uno estándar.

4. Espacio de arte contemporáneo en un antiguo convento de Madre de Dios (Sevilla), de SOL89/Juan José López de la Cruz, María González García
FERNANDO ALDA
FERNANDO ALDA
SOL89 han asumido este trabajo de conversión de la estructura de un convento del siglo XV en una sala de creación y exposición de arte contemporáneo como una secuencia dentro de un largo proceso cronológico de transformación arquitectónica. La voluntad de lograr un espacio de naturaleza cambiante, no estática, lleva a comprender de partida este trabajo más como instalación artística que como intervención arquitectónica. Se preserva y dota de significado a las marcas del tiempo que persisten en la estructura.

5. Renovación del Rijksmuseum de Ámsterdam, de Cruz y Ortiz Arquitectos
CRUZ Y ORTIZ ARQUITECTOS
CRUZ Y ORTIZ ARQUITECTOS
Seguramente, uno de los proyectos internacionales realizado por arquitectos españoles más crucial de los últimos años. Un mesurado y delicado trabajo de yuxtaposición con el majestuoso edificio original, diseñado en el siglo XIX por Pierre Cuypers, distingue la intervención que Cruz y Ortiz han llevado a cabo para renovar la sede del Rijksmuseum, otorgando a sus espacios y elementos una nueva lógica y orden, como una nueva capa en el tiempo, añadir una capa contemporánea de una forma claramente evidente y carente de complicaciones, evitando culminar en una renovación narrativa o historicista. Las obras de renovación se iniciaron en 2003, prologándose durante una década. Durante este año han concluido definitivamente las obras con la inauguración de la Philips Wing.

Fredy Massad, Barcelona: Los mejores proyectos arquitectónicos españoles de 2014, ABC, 21 de diciembre de 2014

Torre de la luz, sombra de Venecia

Existe una Venecia donde campanarios, puentes y palacios con trífora se transforman en grúas, vías torcidas del ferrocarril, naves inmensas y oscurecidas por el polvo. Aquí las calles, en sus nombres, brindan homenajes a “la industria”, al “petróleo” o a “las maquinarias”. En la orilla de la laguna opuesta a la isla de Venecia, siete kilómetros de agua más al oeste, en la tierra firme, se encuentra una de las zonas industriales más amplias y contaminadas de Italia. La de Marghera. Aquí el diseñador de moda y artista Pierre Cardin, de familia y nacimiento veneciano, sueña con edificar un rascacielos de 250 metros de altura y paredes transparentes (de ahí lo de Palais Lumière) y una superficie de 175.000 metros cuadrados, 250.000 incluyendo los servicios y el parque anexos.


Tres torres curvas, unidas por seis terrazas horizontales, como un ramo de flores atado con un lazo, 60 plantas habitables, 1.500 pisos, una universidad de la moda, tiendas y oficinas, hoteles y restaurantes. “Una ciudad vertical, una escultura habitable que va a lanzar Venecia hacia el futuro”, dijo el modisto, que ha entregado el desarrollo del proyecto a su nieto, Rodrigo Basilicati, y al estudio Altieri de Vicenza. Construido según manda la ecología, con cero emisiones, paneles solares y otras energías renovables. En total, el proyecto requerirá una inversión de 2.000 millones de euros. La intención es empezar el año que viene para que esté listo en la Exposición Universal de 2015 en Milán.

Pierre Cardin, que acaba de celebrar su noventa aniversario años, quiere dejar su huella en su laguna natal. Pero ha azuzado la polémica entre los que lo ven como la revitalización de una zona deprimida y degradada y aquellos que sostienen que el gigante, 150 metros más alto que San Marcos, va a cargarse de un plumazo el legendario paisaje.Las Administraciones lo ven con buenos ojos y están dispuestas a negociar. El Enac, el ente que gestiona el cercano aeropuerto, concedió la autorización a pesar de que la torre supera al menos en 100 metros los límites previstos para cualquier zona adyacente a una pista de despegue.

Desde la costa opuesta de la Laguna, el corazón oscuro de Venecia sincroniza su latido con San Marcos o Rialto, amenazados por el agua y por los cruceros repletos de turistas. Con su forma de pez, la isla se inclina hacia la tierra firme como si se volcase. La zona industrial de Marghera la dobla en tamaño y todo Mestre (la zona fuera de la isla de Venecia) tiene cuatro veces sus habitantes. Tenía que ser una fuente de producción industrial y laboral. Un sueño futurista que en los años cincuenta empleaba a 50.000 personas y hoy apenas retiene a los 5.000 trabajadores de Fincantieri (empresa estatal que construye barcos) y de la refinería (propiedad de Eni). Mientras, las industrias privadas que vivían a su alrededor y las multinacionales abandonan el terreno.

“Firma aquí, Alberto”. El dedo arrugado de Roberto Prosdocini, quiosquero de Marghera de toda la vida, señala una hoja con casi 200 nombres: “Necesitamos esa torre como agua de mayo”. Cardin ha prometido sanear la zona y crear 5.000 empleos. “Hace 30 años, moríamos de tumores y el cielo estaba tan cargado que nunca veíamos las estrellas”, recuerda el cliente del quiosco. “Recogimos firmas para cerrar las industrias químicas que nos envenenaban. Hoy firmo esto porque nos dejaron agonizando y necesitamos una alternativa”. En el corazón oscuro de Venecia, entre vías y calles que se cruzan iguales, el aire huele a gasolina.

“Construir un gigante de lujo para turistas ricos no es ninguna solución”, considera Lidia Fersuoch, presidente regional de Italia Nostra, grupo que defiende el patrimonio nacional. “La cuestión no solo es estética. El proyecto puede gustar o no, pero altera de forma peligrosa el delicado equilibrio entre agua y tierra. El Palais necesita cimientos de al menos 50 metros bajo el nivel del mar: significa tocar las faldas acuíferas que yacen bajo Venecia. Cuando, en los años de su expansión, las industrias chupaban desde allí, la ciudad se hundió 10 centímetros”, recuerda. “Una ley prohíbe construir a menos de 300 metros de la costa de la Laguna. Ahora allí solo hay estructuras viejas y bajas”, insiste el urbanista Gianfranco Franz. “Además va a tener un gran impacto visual sobre la ciudad: va a ensuciar la vista de quien mire hacia tierra desde Cannareggio o la Giudecca”. Y por las noches, con luces, más aún. 

“¿Por qué Cardin no edifica dos, tres torres más bajas? Porque mancillar Venecia no es un efecto colateral, sino el corazón de su proyecto”, escribe el historiador del arte Salvatore Settis. “Es la prueba de la miopía cultural de la Administración”, considera Fersuoch, que pide que se haga un plan de crecimiento productivo sano y no un complejo para turistas. “Venecia necesita habitantes que reactiven la economía, no a más personas que se quedan tres días, fotografían, comen y se van”.

En 1945, tenía 150.000 vecinos, hoy no llegan a 58.000. En cambio, los visitantes son 30 millones cada año. Una bendición, pero también una economía de doble filo. “Venecia es carísima de mantener”, apunta el urbanista Franz, profesor de Economía urbana en la Universidad de Ferrara.

“Con la promesa de una inversión tan importante no podemos tomar a la ligera el asunto”, esgrimen desde el Ayuntamiento. “Además, el Gobierno de Mario Monti, que ha sido muy positivo para el país, ha penalizado a las autonomías”, se queja el alcalde de izquierdas Giorgio Orsoni. Se refiere a los fondos de 58 millones destinados a la ciudad por una ley especial, pero bloqueados en Roma. “Nuestro presupuesto corriente está en orden, pero tenemos un problema para controlar la deuda”. Ahogados en créditos, pidieron a Cardin que adelantara los 40 millones necesarios para comprar el terreno municipal donde quiere edificar su torre. Pero no fue capaz: “En esta situación de incertidumbre —aclara el modisto en una nota— no tenemos la culpa de no haber podido adelantar a la Administración, en pocos días, con las fiestas, una suma de decenas de millones. Nosotros tenemos el compromiso de arrancar el Renacimiento de Marghera ya en 2013. Seguimos creyendo que es posible”.

Ahora toca esperar a la decisión de la superintendencia que debe establecer si se puede construir en la zona o las cuestiones ambientales y paisajísticas se imponen a la creación de riqueza. Los inversores, los vecinos de Marghera que recogen firmas, los historiadores del arte y urbanistas esperan su veredicto. Al otro lado de la Laguna, aguarda también Venecia. Con enorme superávit de turistas y una escasa población residente.

Lucía Magi: Torre de la luz, sombra de Venecia, EL PAÍS, 30 de diciembre de 2012

Torre de la luz, sombra de Venecia

Existe una Venecia donde campanarios, puentes y palacios con trífora se transforman en grúas, vías torcidas del ferrocarril, naves inmensas y oscurecidas por el polvo. Aquí las calles, en sus nombres, brindan homenajes a “la industria”, al “petróleo” o a “las maquinarias”. En la orilla de la laguna opuesta a la isla de Venecia, siete kilómetros de agua más al oeste, en la tierra firme, se encuentra una de las zonas industriales más amplias y contaminadas de Italia. La de Marghera. Aquí el diseñador de moda y artista Pierre Cardin, de familia y nacimiento veneciano, sueña con edificar un rascacielos de 250 metros de altura y paredes transparentes (de ahí lo de Palais Lumière) y una superficie de 175.000 metros cuadrados, 250.000 incluyendo los servicios y el parque anexos.


Tres torres curvas, unidas por seis terrazas horizontales, como un ramo de flores atado con un lazo, 60 plantas habitables, 1.500 pisos, una universidad de la moda, tiendas y oficinas, hoteles y restaurantes. “Una ciudad vertical, una escultura habitable que va a lanzar Venecia hacia el futuro”, dijo el modisto, que ha entregado el desarrollo del proyecto a su nieto, Rodrigo Basilicati, y al estudio Altieri de Vicenza. Construido según manda la ecología, con cero emisiones, paneles solares y otras energías renovables. En total, el proyecto requerirá una inversión de 2.000 millones de euros. La intención es empezar el año que viene para que esté listo en la Exposición Universal de 2015 en Milán.

Pierre Cardin, que acaba de celebrar su noventa aniversario años, quiere dejar su huella en su laguna natal. Pero ha azuzado la polémica entre los que lo ven como la revitalización de una zona deprimida y degradada y aquellos que sostienen que el gigante, 150 metros más alto que San Marcos, va a cargarse de un plumazo el legendario paisaje.Las Administraciones lo ven con buenos ojos y están dispuestas a negociar. El Enac, el ente que gestiona el cercano aeropuerto, concedió la autorización a pesar de que la torre supera al menos en 100 metros los límites previstos para cualquier zona adyacente a una pista de despegue.

Desde la costa opuesta de la Laguna, el corazón oscuro de Venecia sincroniza su latido con San Marcos o Rialto, amenazados por el agua y por los cruceros repletos de turistas. Con su forma de pez, la isla se inclina hacia la tierra firme como si se volcase. La zona industrial de Marghera la dobla en tamaño y todo Mestre (la zona fuera de la isla de Venecia) tiene cuatro veces sus habitantes. Tenía que ser una fuente de producción industrial y laboral. Un sueño futurista que en los años cincuenta empleaba a 50.000 personas y hoy apenas retiene a los 5.000 trabajadores de Fincantieri (empresa estatal que construye barcos) y de la refinería (propiedad de Eni). Mientras, las industrias privadas que vivían a su alrededor y las multinacionales abandonan el terreno.

“Firma aquí, Alberto”. El dedo arrugado de Roberto Prosdocini, quiosquero de Marghera de toda la vida, señala una hoja con casi 200 nombres: “Necesitamos esa torre como agua de mayo”. Cardin ha prometido sanear la zona y crear 5.000 empleos. “Hace 30 años, moríamos de tumores y el cielo estaba tan cargado que nunca veíamos las estrellas”, recuerda el cliente del quiosco. “Recogimos firmas para cerrar las industrias químicas que nos envenenaban. Hoy firmo esto porque nos dejaron agonizando y necesitamos una alternativa”. En el corazón oscuro de Venecia, entre vías y calles que se cruzan iguales, el aire huele a gasolina.

“Construir un gigante de lujo para turistas ricos no es ninguna solución”, considera Lidia Fersuoch, presidente regional de Italia Nostra, grupo que defiende el patrimonio nacional. “La cuestión no solo es estética. El proyecto puede gustar o no, pero altera de forma peligrosa el delicado equilibrio entre agua y tierra. El Palais necesita cimientos de al menos 50 metros bajo el nivel del mar: significa tocar las faldas acuíferas que yacen bajo Venecia. Cuando, en los años de su expansión, las industrias chupaban desde allí, la ciudad se hundió 10 centímetros”, recuerda. “Una ley prohíbe construir a menos de 300 metros de la costa de la Laguna. Ahora allí solo hay estructuras viejas y bajas”, insiste el urbanista Gianfranco Franz. “Además va a tener un gran impacto visual sobre la ciudad: va a ensuciar la vista de quien mire hacia tierra desde Cannareggio o la Giudecca”. Y por las noches, con luces, más aún. 

“¿Por qué Cardin no edifica dos, tres torres más bajas? Porque mancillar Venecia no es un efecto colateral, sino el corazón de su proyecto”, escribe el historiador del arte Salvatore Settis. “Es la prueba de la miopía cultural de la Administración”, considera Fersuoch, que pide que se haga un plan de crecimiento productivo sano y no un complejo para turistas. “Venecia necesita habitantes que reactiven la economía, no a más personas que se quedan tres días, fotografían, comen y se van”.

En 1945, tenía 150.000 vecinos, hoy no llegan a 58.000. En cambio, los visitantes son 30 millones cada año. Una bendición, pero también una economía de doble filo. “Venecia es carísima de mantener”, apunta el urbanista Franz, profesor de Economía urbana en la Universidad de Ferrara.

“Con la promesa de una inversión tan importante no podemos tomar a la ligera el asunto”, esgrimen desde el Ayuntamiento. “Además, el Gobierno de Mario Monti, que ha sido muy positivo para el país, ha penalizado a las autonomías”, se queja el alcalde de izquierdas Giorgio Orsoni. Se refiere a los fondos de 58 millones destinados a la ciudad por una ley especial, pero bloqueados en Roma. “Nuestro presupuesto corriente está en orden, pero tenemos un problema para controlar la deuda”. Ahogados en créditos, pidieron a Cardin que adelantara los 40 millones necesarios para comprar el terreno municipal donde quiere edificar su torre. Pero no fue capaz: “En esta situación de incertidumbre —aclara el modisto en una nota— no tenemos la culpa de no haber podido adelantar a la Administración, en pocos días, con las fiestas, una suma de decenas de millones. Nosotros tenemos el compromiso de arrancar el Renacimiento de Marghera ya en 2013. Seguimos creyendo que es posible”.

Ahora toca esperar a la decisión de la superintendencia que debe establecer si se puede construir en la zona o las cuestiones ambientales y paisajísticas se imponen a la creación de riqueza. Los inversores, los vecinos de Marghera que recogen firmas, los historiadores del arte y urbanistas esperan su veredicto. Al otro lado de la Laguna, aguarda también Venecia. Con enorme superávit de turistas y una escasa población residente.

Lucía Magi: Torre de la luz, sombra de Venecia, EL PAÍS, 30 de diciembre de 2012

Cinco obras españolas, premiadas por la Bienal Iberoamericana de Arquitectura


El jurado de la VIII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU), que promueve el Ministerio de Fomento español, ha reconocido un total de 26 obras arquitectónicas y de desarrollo urbano como las mejores de Latinoamérica, Portugal y España de los últimos dos años. En concreto, han resultado finalistas cinco obras construidas en España, seis de Portugal, tres obras de Brasil, otras tres de México, dos de Argentina, dos de Colombia, dos de Paraguay, una de Chile, una de Ecuador y otra de Venezuela. Las 26 obras han sido escogidas entre un total de 152 propuestas que a su vez habían sido previamente elegidas por los 22 países que participan en la BIAU.

La ampliación del Museo San Telmo de San Sebastián ha sido una de las obras españolas premiadas en la Bienal. Este proyecto es obra de los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano. Junto a él han sido galardonados el Museo del Agua de Lanjarón (Granada), de Juan Domingo Santos; el Relais Chateaux y Restaurante Atrio en Cáceres, de Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón; la obra de Óscar Pérez Silanes, Carlos Pereda Iglesias e Ignacio Olite Lumbreras para la pasarela peatonal y urbanización del Entorno de Baluarte de Labrit en Pamplona; y 80 viviendas de protección oficial en Salou, de Toni Gironés.
Se ha premiado también tres libros, tres publicaciones periódicas y un programa radiofónico en la categoría de publicaciones, además de los cuatro mejores trabajos de investigación del ámbito de la arquitectura y el urbanismo.
La Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo busca ser un espacio de intercambio de experiencias entre los profesionales de la arquitectura y el urbanismo de los países de Iberoamérica así como un lugar de debate sobre los grandes problemas que inciden en la arquitectura y el urbanismo. Su primera edición se celebró en Madrid en 1998. La octava se celebrará en Cádiz el próximo mes de septiembre, coincidiendo con el bicentenario de La Pepa.

Moneo: “Cuando creía pasado mi turno, reconocen mi trabajo”

Extraño gesto el del jurado de los Premios Príncipe de Asturias el de colgar al cuello de los dos arquitectos españoles más reconocidos y antagónicos, Rafael Moneo (Tudela, 1937) y Calatrava, la misma medalla por méritos tan opuestos. Moneo ha recibido hoy, el día en que cumple 75 años, la noticia “como un regalo”. “No sé si el jurado ha querido dar señal alguna sobre el camino que debe tomar la arquitectura. Sáenz de Oiza también obtuvo el premio. Me consta que hace bastante tiempo barajaron mi nombre como finalista y me alegra que, cuando creía pasado mi turno, hayan reconocido mi trabajo”, cuenta desde su estudio, en Madrid.

El arquitecto Rafael Moreno fotografiado en su estudio después de conocer el galardon. / GORKA LEJARCEGI
El arquitecto Rafael Moreno fotografiado en su estudio después de conocer el galardon. / GORKA LEJARCEGI
 Autor del Museo de Arte Romano de Mérida (1986), de la ampliación de la Estación de Atocha (1992) y de la ampliación del Museo del Prado (2007), está claro que Moneo ha sido un arquitecto eminentemente reparador. Un proyectista que ha buscado más contribuir a la coherencia de la ciudad que aportar una expresión personal. Por inclinación, por capacidad o por decisión, sus intervenciones han ido siempre a favor del contexto. Él mismo reconoce que “hay un momento en que la buena arquitectura acaba perdiendo los rasgos personales para asimilarse y crear esos rasgos más amplios de la ciudad”. Y puede que sea ese paso atrás, esa manera cuidadosa, paciente y poco arriesgada de intentar colaborar en la formación de la urbe lo que haya valorado el jurado para reconocer a quien lleva décadas siendo el arquitecto español más reconocido del mundo.

Es cierto que en la trayectoria de Rafael Moneo puede leerse, durante algunas décadas, la historia reciente de la arquitectura: del metafísico Ayuntamiento de Logroño (1981) a la posmoderna Casa de la Cultura de Don Benito en Badajoz (1997). Pero lo es también que, llegado un momento, Moneo se bajó del carro de la historia para salvaguardar su propia obra. Más cartesiano y culto que creativo, optó por ejercer la cautela y fue fiel a su naturaleza decorosa y concienzuda cuando tantos edificios comenzaron a fragmentarse y a romper su perímetro con formas escultóricas. En ese momento, el único premio Pritzker español (1996) fue prudente. Se apeó de las tendencias internacionales, al contrario que los portugueses Alvaro Siza o Eduardo Souto, que sí emplearon su enorme conocimiento para acercarse a otra visión más vigorizante, y también más formalista, de la arquitectura con resultados que permiten aplaudir el cambio en personas que acumulan cinco décadas de profesión.

No fue el caso de Moneo, que ha jugado sus últimas bazas recuperando la sobriedad moderna con la Biblioteca de Deusto (2010), junto al Guggenheim de Bilbao, o apostando por la abstracción geométrica en el elegante edificio de ciencias de la Universidad de Columbia (2011). El más respetado entre los arquitectos españoles ha sido, sobre todo, un maestro de arquitectos, un proyectista extraordinariamente culto y un profesional responsable, y también intocable, que ha aprendido una forma de gestionar su profesión alejada de la práctica de visitar continuamente las obras y decidir allí acabados, entregas y, en realidad, la coherencia final de un edificio.

Esa manera de trabajar, aprendida con otro premio Príncipe de Asturias, Francisco Javier Sáenz de Oiza, el autor de Torres Blancas, tuvo que cuestionarla Moneo cuando, tras ejercer de Decano en la Escuela de Arquitectura de Harvard inició una práctica cosmopolita que le llevó a construir en Estocolmo (Moderna Museet, 1998), Houston (Museo de Bellas Artes, 2000) y Los Ángeles (Catedral, 2002 ). El mundo no es compatible con la manera artesana de tomar decisiones a pie de obra. Exige una profesionalización de la arquitectura que obliga a resolver sobre los planos los detalles y encuentros que Moneo se había habituado a solucionar en la obra. Ha sido el precio de crecer. Y aunque está claro que Moneo no ha convertido su oficina en una gran firma anónima, también lo está que el arquitecto no ha vivido el conflicto entre crecer o concentrarse con facilidad. “He podido tener más trabajo del que he tenido. Pero ¿qué hubiera ganado con multiplicar mi obra mucho más? Seguramente no tanto. También he hecho más trabajos de más que de menos”, reconocía a este periódico.

Es significativo que el único libro que explica cronológicamente el trabajo de Rafael Moneo sea el volumen Apuntes sobre 21 Obras (Gustavo Gili), que analiza en 679 páginas esa cantidad de proyectos, menos de la mitad del trabajo del arquitecto. En esa lucha por crecer o contenerse, las bazas de Moneo han sido la cultura, la capacidad analítica y la disciplinada responsabilidad de ceñirse a lo que se le pide. La experiencia de saber escuchar al lugar tanto como la de saber solucionar los problemas le han servido para convertirse en uno de los proyectistas más fiables del mundo. “Hay instituciones que no quieren que el dinero para hacer un edificio se lo gaste un señor haciendo un garabato”, confiaba, de nuevo, a este diario. Aplaudido por su rigor constructivo y por su capacidad para realizar edificios sólidos y entroncados con los lugares, y tibiamente discutido por no tener una obra perfecta o por haber realizado las obras de más que él mismo reconoce, Moneo no hace garabatos. Aunque pueda admirarlos.

El arquitecto favorito de Rafael Moneo es el danés Jorn Utzon, el fallecido autor de la Ópera de Sidney, con el que trabajó durante un año. Es también significativo que lo que más le gusta a Moneo de ese edificio gestual y osado, en los antípodas de su discreta manera de proceder no sea su espectacular vuelo ni su fuerza icónica sino su inesperada implantación frente a la bahía. Y es ahí, en esa manera de posarse, donde el edificio australiano apuesta por relacionarse con el contexto, lo que permite que con el Kursaal de San Sebastián Moneo rinda homenaje a su maestro.

Anatxu Zabalbeascoa, Madrid: Moneo: “Cuando creía pasado mi turno, reconocen mi trabajo”, EL PAÍS, 9 de mayo de 2012