LAS ISOHIPSAS O LOS MAPAS METEREOLÓGICOS DE ALTURA

Tomado de observandoeltiempo.wordpress.com

Para el público general este mapa parecerá extraño.

La realidad es que es un mapa meteorólogico de altura, que nos muestra lo que sucede en las capas superiores de la atmósfera.

Las líneas (llamadas isohipsas) nos marcan a qué altura se alcanza la presión de los 500 mb, pudiéndose observar vaguadas y crestas (realmente como si fueran un mapa topográfico de la atmósfera en sus partes altas, alrededor de 5.500 metros).

En nuestras latitudes este mapa nos permite conocer la latitud y velocidad de la corriente del chorro.

De estas condiciones, e íntimamente unido con la situación en superficie, dependen las temporadas de lluvias primaverales que vimos ya aquí o la famosa gota fría

 


UN NUEVO TEXTO SOBRE LA SABANA

Allí, ante la vista, se extendía un centenar de millas para galopar sobre la tierra abierta, ondulante y cubierta de hierba; ni cercos, ni zanjas, ni caminos. No había construcciones humanas salvo las aldeas masai, y esas estaban vacías la mitad del año, cuando los grandes nómadas se iban con sus rebaños en busca de otros pastos. Había pequeñas acacias diseminadas regularmente sobre la pradera, y largos y profundos valles con secos lechos de ríos, de grandes piedras planas, donde había que buscar senderos de ciervos para cruzarlos. Al cabo de un rato te dabas cuenta de lo tranquilo que era todo aquello. Ahora, recordando mi vida en África, pienso que en su conjunto puede describirse como la existencia de una persona que vino de un mundo agitado y ruidoso a otro tranquilo. Un poco antes de las lluvias, los masai quemaban la vieja hierba seca y mientras las praderas aparecían yermas y negras era poco agradable viajar por ellas: las pezuñas de tu caballo levantaban ceniza chamuscada que te cubría por todas partes, incluidos los ojos, y los tallos quemados de las hierbas eran agudos como cristales y cortaban las patas de los perros. Pero cuando llegan las lluvias y la hierba nueva está fresca en las llanuras, sientes como si cabalgaras sobre muelles y los caballos hacen un poco el loco de puro gusto. Las diversas clases de gacelas vienen a los lugares verdes a pastar y parecen como animales de juguete en una mesa de billar. A veces cabalgas en medio de un rebaño de antílopes; las poderosas y pacíficas bestias dejan acercarte y luego se escapan trotando; sus largos cuernos flamean hacia atrás sobre sus erguidos cuellos y los grandes colgajos de piel del pecho, que les hacen parecer cuadrados, oscilan a cada paso. Parecen salidos de un antiguo epitafio egipcio, pero allí acaban de arar los campos y su aire es familiar y doméstico. Las jirafas en la reserva permanecen alejadas. A veces, en el primer mes de las lluvias, la reserva se cubre de blancos claveles silvestres, y, a distancia, las praderas parecen sembradas de nieve.

Memorias de África (Isak Dinesen)

 

Amboseli


UNA VISIÓN LITERARIA DE LA SABANA AFRICANA

Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras altas a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies. Durante el día te sentías a una gran altitud, cerca del sol, las primeras horas de la mañana y las tardes eran límpidas y sosegadas, y las noches frías. La situación geográfica y la altitud se combinaban para formar un paisaje único en el mundo. No era ni excesivo ni opulento; era el África destilada a seis mil pies de altura, como la intensa y refinada esencia de un continente. Los colores eran secos y quemados, como los colores en cerámica. Los árboles tenían un follaje luminoso y delicado, de estructura diferente a la de los árboles en Europa; no crecían en arco ni en cúpula, sino en capas horizontales, y su forma daba a los altos árboles solitarios un parecido con las palmeras, o un aire romántico y heroico, como barcos aparejados con las velas cargadas, y los linderos del bosque tenían una extraña apariencia, como si el bosque entero vibrase ligeramente. Las desnudas y retorcidas acacias crecían aquí y allá entre la hierba de las grandes praderas, y la hierba tenía un aroma como de tomillo y arrayán de los pantanos; en algunos lugares el olor era tan fuerte que escocía las narices. Todas las flores que encontrabas en las praderas o entre las trepadoras y lianas de los bosques nativos eran diminutas, como flores de las dunas; tan sólo en el mismísimo principio de las grandes lluvias crecía un cierto número de grandes y pesados lirios muy olorosos. Las panorámicas eran inmensamente vacías. Todo lo que se veía estaba hecho para la grandeza y la libertad (…)

Había visto una manada de búfalos, ciento veintinueve, que emergían de la niebla matinal bajo un cielo cobrizo, de uno en uno, como si aquellos oscuros y enormes animales, como de hierro, con sus poderosos cuernos que se balanceaban horizontalmente no se acercaran, sino que se fueran creando ante mis ojos y desaparecieran a medida que quedaban terminados. Vi a una manada de elefantes que viajaba por el espeso bosque nativo, donde la luz solar se derrama entre las espesas trepadoras formando manchitas y franjas, y que caminaban pausadamente como si tuvieran una cita al fin del mundo. Era, en tamaño gigantesco, como el reborde de una viejísima e infinitamente preciosa alfombra persa, con matices de verde, amarillo y negro amarronado. Muchas veces a través de las palmeras vi el paso de las jirafas con su curiosa e inimitable gracia vegetal, como si no fuera una manada de animales, sino una familia de flores enormes, raras, de tallos largos y moteados, que avanzara lentamente. Había seguido a dos rinocerontes en su paseo matinal, cuando resoplaban y olisqueaban en el aire del amanecer -tan frío que duele la nariz-, y que parecían dos enormes pedruscos angulares retozando en el largo valle y disfrutando juntos de la vida. Y también había visto al león real, antes del alba, bajo la luna menguante, cuando cruza la pradera gris camino de casa después de la matanza, y deja una oscura estela en la hierba plateada, con el rostro todavía rojo hasta las orejas, o durante la siesta, al mediodía, cuando reposaba satisfecho en medio de su familia sobre la hierba corta y a la delicada sombra primaveral de las anchas acacias de su parque africano.

Memorias de África (Isak Dinesen)

 

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Texto. La época de lluvias en la sabana

Por fin llegó la lluvia. Fue repentina y tremenda. Desde hacía dos o tres lunas el sol había ido poniéndose más fuerte, hasta que parecía que estuviera soplando un aliento de fuego sobre la tierra. Desde hacía tiempo la hierba estaba agostada y marrón, y bajo los pies parecía que no hubiese arena, sino carbón ardiente. Los árboles de hoja perenne tenían una capa polvorienta de color marrón. En los bosques habían callado los pájaros y el mundo yacía jadeante bajo el calor vibrante y vivo. Y entonces llegó el rugido del trueno. Fue un cañonazo aislado, metálico y sediento, no el zumbido profundo y líquido de la estación de las lluvias. Se levantó un ventarrón que llenó el aire de polvo. Las palmas ondulaban cuando el viento peinó sus hojas para convertirlas en crestas volantes, como un peinado exótico y fantástico. Cuando por fin llegó la lluvia lo hizo en forma de gotas grandes y sólidas de agua helada, que la gente llamaba «las nueces de agua del cielo». Eran duras y hacían daño al caer, pero los niños corrían contentos a recoger las nueces duras y se las metían en la boca para derretirlas. La tierra revivió en seguida y en los bosques los pájaros se echaron a volar y a trinar de contento. El aire se llenó de un vago aroma de vida y de vegetación verde. Cuando la lluvia empezó a caer con más calma y en gotas líquidas y más pequeñas, los niños fueron a refugiarse y todo el mundo se sintió feliz, refrescado y agradecido.

Todo se derrumba (Chinua Achebe)

 

 


LA SABANA (5). OTROS HERBÍVOROS

Frente a los grandes herbívoros, estas especies son el objetivo de los depredadores

ÑÚ

Presa típica de leones y leopardos protagonizan una asombrosa migración anual

IMPALAS

El bocado favorito del leopardo

ANTÍLOPE DE AGUA

Vive junto a zonas inundadas

GACELA DE THOMSON

De gran velocidad, la que necesita para huir de su principal enemigo, el guepardo

CEBRAS

Bocado de leones, al parecer sus rayas sirven para nublar su vista cuando huyen en todas las direcciones

 

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LA SABANA (3). Los grandes herbívoros

Los gigantes de la sabana suelen ser herbívoros y tienen escasos depredadores aparte de hombre que, con la caza (primero permitida y ahora furtiva), están diezmando sus poblaciones.

EL ELEFANTE

22 meses de embarazo nace con 120 Kg. Viven entre 50 y 79 años. 7500 kg de peso. 200 kg su dieta diaria de hierba (que puede arrasar un lugar si su población es excesiva).

Se unen en matriarcados con comportamientos casi humanos (duelo, adopción, uso de herramientas con su trompa…) y utilizan multitud de sonidos para comunicarse. Sus enormes colmillos de marfil les hicieron presa de los cazadores hasta que se ha prohibido su venta en muchos lugares.

Su baño en barro les sirve para protegerse de los insectos

 

RINOCERONTE

Sus dos cuernos le están haciendo desaparecer (en la medicina china le atribuyen propiedades afrodisiacas). Normalmente solitarios, tienen mala vista pero gran alfato y oído. A veces pueden atacar lanzándose a toda carrera. 800 kg de peso

HIPOPÓTAMO

Pasa gran parte del ría en los ríos y lagos, saliendo por la noche a comer hierba. Normalmente grupales pueden llegar a pesar tres toneladas.

A menudo anda por el fondo de los ríos. Aunque herbívoros son feroces y son los animales que más muertes humanas causan en la sabana.

LA JIRAFA

El animal más alto del planeta, con casi 6 metros de altura y casi una tonelada de peso.

Su largo cuello le permite llegar a las hojas más altas de las acacias (con una lengua que consigue no herirse con sus pinchos)

EL BÚFALO

De casi mil kilos de peso, es agresivo y se enfrenta incluso contra los leones.

 

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LA SABANA (3). LOS DEPREDADORES

Aquí tienes el artículo principal en donde se explica el clima e iremos vinculando todos los temas sobre flora y fauna

EL LEÓN

Sus presas favoritas la cebra y el ñu. Son las leonas las que cazan y cuidan de los cachorros

Amboseli

Masai Mara

Masai Mara

LEOPARDO

Habitualmente nocturno, lleva a sus presas a la copa de los árboles para devorar con tranquilidad

Masai Mara

Masai Mara

Masai Mara

GUEPARDO

Destaca por su velocidad. Sus presas favoritas las gacelas Thonson

Amboseli

LA HIENA.

Habitualmente carroñera

Masai Mara

ZORRO

Habitualmente caza pequeños mamíferos

COCODRILO

Sus fuertes mandíbulas son capaces de atrapar grandes piezas. Vive en lagos y ríos

Río Mara


LA SABANA (2). LOS ÁRBOLES

Grupo de gacelas Thonsom bajo una acacia. Amboseli. Kenia

Los árboles de la sabana se ven sometidos a fuertes cambios de precipitaciones anuales, teniendo que soportar un largo periodo de sequía (periodo seco, como ya vimos aquí). Para ellos igual que ocurre con el clima mediterráneo, recurren a distintas estrategias, como largas raíces, hojas pequeñas y a veces terminadas en púas (que le protegen ante los herbívoros) gruesos troncos que le sirven para acumular agua, distribución separada de los ejemplares en las zonas más secas…

Los leopardos ocupan las ramas altas de las acacias para pasar las horas diurnas y mantener en alto las piezas cazadas

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La acacia, de amplia copa a la que sólo las jirafas alcanzan, no importándoles sus espinas que logra evitar con su larga lengua.

Es acaso el árbol más característico del paisaje que da sombra a los animales a las horas centrales del día

Acacia de tronco amarillo a la que los primeros colonizadores europeos culpaban de la malaria

Acacia tortilis o de la parasol (seguro que la has visto en mil películas)

Acacia muerta. Sus ramas sirven para aves (buitres, águilas) para otear el horizonte

Águila pescadora en Amboseli

En las zonas con mayor tendencia a la aridez aparecen nuevas especies

El baobad que acumula agua en su gran tronco (hasta 120.000 litros) o elimina las hojas en los periodos de sequía. Su tronco hueco sirve de protección y es una especie vinculada a múltiples mitos y creencias religiosas tradicionales

Tomado de wikipedia

Euforbia candelabro. Alta planta crasa (acumula agua en su interior), provista de espinas (aunque no sea un cáctus, que sólo existen en América) y látex interior de carácter venenoso

Junto a ellos aparece un amplio catálogo de arbustos desde las formas espinosas

A otros vinculados con laureles y olivos que forman pequeños bosquetes cerrados, imprescindible para gran cantidad de fauna.

Olivos silvestres y laureles

Laurel.

También es habitual la aparición del aloe en forma arborescente.

 

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PARQUES NACIONALES DE KENIA(1). AMBOSELI

La zona de Amboseli, frontera con Tanzania, fue el primer parque nacional de Kenia, y pese a algunos problemas (excesiva población de elefantes o la completa eliminación de los rinocerontes por la caza furtiva), resulta un paisaje verdaderamente conmovedor.

Su origen hay que vincularlo con la mayor montaña de África, el Kilimanjaro, un volcán que necesitó casi un millón de años de consecutivas erupciones, para formarse, y que duerme durante el día bajo una espesa capa de nubes que se desvela en los atardeceres y amaneceres

En torno suyo podemos encontrar un gran malpaís en donde las grandes coladas de lava se han ido erosionando (aparecen también curiosos domos volcánicos formados por erupciones marginales en torno al gran foco).

Esta estructura geológica tiene unas importantes consecuencias ecológicas, pues la escasa pluvisiosidad de la zona (unos 350 mm anuales y a veces menos incluso) se ve compensada por las aguas provinientes de las nieves perpetuas del Kilimanjaro (cada vez menores debido al cambio climático) que se infiltran en el suelo y aparecen en formas de amplias surgencias en las zonas más bajas, inundadas durante todo el año.

Se crea así el característico contraste (en la época seca) de sabanas resecas por el sol con magníficas acacias y lagos poco profundos.

La fauna, en tal escaso terreno, es desbordante

Elefantes

Hipopótamos

Jirafas

Grandes manadas de cebras

Ñúes

Gacelas tanto Thomsom como de Grant

Más escasos son los predadores, aunque existen leones, leopardos, guepardos o hienas.

Leones

Guepardos

Hiena

También es asombrosa su riqueza de aves.

Buitres

Águila

Avestruz

Garza negra

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