Seguramente habréis oído algunas frases en congresos, ponencias o cursos, que os han hecho pensar que una Pizarra Digital Interactiva es la panacea educativa que el profesor lleva siglos esperando. Son frases llenas de entusiasmo que en algún momento hemos pronunciado ilusionados por lo que nos deparaba el futuro cercano de las aulas TIC. Hoy con unos años de perspectiva, viendo las cosas de forma distinta, pero siempre con la misma ilusión y con la misma fe en una herramienta que ha marcado la diferencia en las aulas actuales, recordamos algunas de esas sentencias y quizá lo equivocados que estábamos al pronunciarlas.<!–break–>
Interactiva. denominación discutible, quizá acuñada para diferenciarla de la tradicional, es un periférico, lo que la hace interactiva son las aplicaciones (por lo tanto el nivel de interactividad es relativo) y la labor del profesor (el factor humano), si la utilizamos como proyector no es interactiva…
Si sólo tienes una se debe poner en el aula de informática. Existen muchas teorías sobre dónde colocar la única o las únicas pizarras que tenemos. Erróneamente se suele asociar una herramienta digital con el aula de ordenadores. Nada más lejos de la realidad, sería una acumulación de tecnología que llevaría a su desaprovechamiento pudiendo utilizarla para desarrollar materias no relacionadas con la informática en un aula grupo o en un aula de uso común.
Da igual la tecnología, todas son iguales. Para nada. Existen varias tecnologías y cada una tiene su punto fuerte. Unas son resistentes a los vándalos, otras muy sencillas de utilizar, otras son muy precisas (útiles para materias como dibujo técnico, matemáticas), unas más rápidas a los gestos y otras disponen de un software más completo.
Es mejor una pizarra móvil que una fija (excluidas las portátiles). Fue el primer error que yo cometí. Creí que sería fácil de transportar de un aula a otra si tenía un caballete con ruedas. Para ello tenemos que tener en cuenta que hay que transportar proyector, pizarra y portátil. Ser conscientes de que tiene que pasar por las puertas, lo que nos hace bajar el caballete y volverlo a subir, y finalmente que no entra en un ascensor por lo que cambiar de planta es complicado y todo esto en 5 minutos entre clase y clase.
Ahorra trabajo. No exactamente, para ser sincero todo cambio exige trabajo pero no tanto como pueda parecer. La ventaja es que con un mínimo tiempo dedicado al principio, partiremos de una base para que en el futuro solamente actualicemos de forma sencilla los contenidos o actividades creadas.
Es fácil crear actividades. Otra falta de exactitud. Crear actividades es fácil si las actividades son sencillas o precocinadas y no tenemos muchas pretensiones (más que suficiente en ocasiones). Crear buenas actividades de aspecto profesional, es un trabajo que necesita tiempo y experiencia. Por ello recomiendo los trabajos interdisciplinares en los que los distintos especialistas aporten aquello que más conocen y por lo tanto menos trabajo les cuesta. La solución parte por hacer fácil lo difícil y ser poco ambiciosos, empezar por poco e ir avanzando.
Cuanto más profesionales son los contenidos mejor aprenderán los alumnos. Creo que no, la calidad visual, animaciones, flash y demás artificios pueden ser un atractivo ficticio. Lo más eficiente suele ser una combinación equilibrada de sencillez, contextualización de la actividad en la clase, claridad de contenidos y diseño gráfico ligero.
Sirve igual para secundaria que para primaria. En algunos casos no es cierto. La resistencia suele ser el indicador para resolver esta disyuntiva. Más resistente para secundaria y menos para primaria, pero también lo es la altura que nos hará adquirir un soporte de altura regulable. En cuanto a su uso en el aula, en primaria el nivel de participación del alumnado es mayor y en secundaria lo superará la exposición de contenidos (cuestión de tiempo y currículo con la que no estoy de acuerdo).
Todo lo que se puede utilizar en un ordenador se puede utilizar en una PDI. Por poder, se puede, pero algunas veces es tan forzado que llega a rozar el ridículo. Un ejemplo claro es un ejercicio donde tenemos que rellenar casillas con un teclado virtual o acercándonos al teclado del ordenador, en este caso utilizamos una PDI para entrar en las casillas o apretar el botón “corregir”, esto es, un ratón de 2.000 euros.
Con la pizarra los alumnos aprenden más. No está demostrado, como no lo está que aprendan más con las TIC. Es cierto es que la herramienta es cercana a los alumnos y pueden enfocar todo su interés en el ejercicio, pero es necesario mejorar en aspectos como la evaluación, la metodología, etc.
La PDI motiva a los alumnos. Realmente lo que les motiva es lo que hagamos con ella. Los alumnos están más cerca de su mundo de pantallas botones y pantallas, por lo que nuestras clases ganarán credibilidad como algo que existe de verdad y no son cosas del pasado que no les interesa aprender.
Con una PDI el profesor sobra. Si estáis leyendo educacontic esta afirmación os parecerá de Perogrullo, pero en algún momento habréis oído, que si se utiliza una PDI el profesor lo tendrá todo hecho. No voy a insistir en el papel del nuevo profesor, pero si nos hemos quitado el escribir largos textos con letra redondilla, dibujar complicados diagramas con tiza de colores y hacerlos desaparecer debajo de un taco de fieltro, nos habremos evitado el trabajo “sucio”. Así nos quedará tiempo para otras actitudes más “2.0″
Con una PDI ya soy un profesor 2.0. Para sufrir “dosceritis” hace falta algo más. Seremos un profesor 2.0 si nuestra actitud y nuestras prácticas en el aula lo son, Néstor Alonso lo explica mejor que nadie en este gráfico. Con una PDI únicamente seremos profesores con mucha suerte y una fantástica herramienta en nuestra aula para el aprendizaje.
Como ya sabéis en nuestro interés está también mostraros el nuevo hardware que va apareciendo. Hace algún tiempo os hablamos de “oídas” de un nuevo concepto, si se puede llamar así, de pizarra digital interactiva,
con forma de bolígrafo, una punta sensible a la presión y varios botones en poco espacio. Para su descanso y protección, viene provisto de una base que lo recarga de energía a través del puerto USB y a través de la cual se comunica con el ordenador dándole referencias de dónde se encuentra el cursor y por dónde se desplaza.
conexión o desconexión, así como el
alumnos como profesores no hemos necesitado mucho tiempo para hacernos con ella. Su configuración es totalmente automática, no hay que hacer absolutamente nada para comenzar a trabajar, sólo enchufar la base, no es necesario el calibrado, se autorecarga, no pesa, permite una total movilidad por la clase (lo que rompe con la estructura clásica del profesor en el encerado). y para los alumnos más pequeños no existen problemas con la altura de la pantalla (caballo de batalla en las PDI, muy baja para el profesor, alta para el alumno y costosamente solucionada con estructuras desplazables).
La eclosión del
Lejos de lo que pueda parecer, este post no tiene su raíz en la crisis económica que está dando lugar a una gran cantidad de recetas, remedios y productos anticrisis más interesados en la repercusión publicitaria que en su verdadero valor. La entrada de las PDI dentro de las aulas está siendo progresiva; y sí, seguramente la crisis ralentiza su instalación pero ni en los mejores presagios de 



Móvil. Es la palabra mágica. Hoy lo móvil no es solamente aquello que se mueve, sino mágicamente aquello que nos hace movernos. Nos mueve virtualmente, nos lleva a lugares recónditos, y nos trae a nuestra mano también mundos recónditos. Hoy más que nunca, si no podemos ir a algún lugar, traemos el lugar hacia nosotros. Un smartphone, palabra repetida en los medios de comunicación durante estas fechas nos puede regalar todo un estudio de animación, hasta hace poco, muy lejos de nuestras posibilidades.<!–break–>
El título de este post podría corresponder a una de esas historias de las que nos habla
Entre los escritores y escritoras es común hablar del “miedo a la página en blanco”: esa sensación de bloqueo creativo ante el vacío lechoso de una hoja de papel o ante la callada presencia del procesador de texto. Sin embargo, no es frecuente oír esa misma expresión entre los docentes y en relación con la pizarra: el “miedo a la pizarra en blanco”. La pizarra se ha entendido tradicionalmente como la ventana que permitía conectar el pensamiento del docente con la mirada comprensiva de los estudiantes a través de explicaciones, ejemplos y aclaraciones. Hasta que llegó la pizarra digital interactiva, que cambió las reglas del juego.