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Entradas bajo ‘nuevas tecnologías’

Aprendiendo de las historias

Jorge Luis Borges, el escritor argentino, escribió con Margarita Guerrero la obra titulada El libro de los seres imaginarios. En el prólogo de la misma, de septiembre de 1967, se nos dice que ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo. Creo que también podrían haber escrito que ignoramos el sentido de los cuentos. En cualquier caso, y siguiendo con su razonamiento, hay algo en sus palabras que concuerda con la imaginación de las personas, y por eso las historias han nacido en diversas latitudes y edades. Y todavía están ahí fuera, para seguir aprendiendo de sus palabras.

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Urashima, el muchacho pescador del folklore japonés. Se trata de una historia de amor e inmortalidad. Al parecer, se casó con una doncella del mar y vivió en un palacio bajo las olas. Cuando experimentó el deseo de volver a ver a sus padres, su esposa le proveyó de un cofre que, si permanecía sin abrir, le aseguraría un retorno sano y salvo a las profundidades. Aturdido y confundido al comprobar que habían transcurrido siglos desde su partida, Urashima levantó la tapa del cofre. De inmediato, brotó un soplo de humo blanquecino que se dirigió al mar, mientras que él era estremecido por el viento frío que lo convirtió primero en un hombre increíblemente viejo, y luego en un cadáver. Hoy en día, en la costa japonesa, cerca del lugar de Tango, existe un santuario dedicado a Urashima…

 

La primera aventura del reportero Tintín, escrita y dibujada por Georges Remi (Hergé), apareció en enero de 1929 en la revista Le Petit Vingtième. En este momento, más de ochenta años después, ya supera los 200 millones de álbumes vendidos. Se ha convertido en una de las historias más populares del mundo. Esta fama y esta popularidad seguro que se acrecentará ahora, debido a la película producida por Steven Spielberg y Peter Jackson: Las aventuras de Tintín, El secreto del unicornio. A pesar de ciertas noticias sorprendentes, es una oportunidad para recordar o para conocer más cosas de Tintín y su inseparable perro Milú. Antes de que, si alguien no echa el freno, se enciendan de nuevo las hogueras para otras listas de historias prohibidas:

Cada uno de nudos tiene un complicado sistema de historias y rituales que son diferentes a los de los demás. A partir de esta evidencia, los proyectos de Jonathan Harris profundizan en el sentido emocional de Internet, en caso de que exista algo semejante a esa idea. Algunos de los proyectos que desarrolla son mostrados en este vídeo, We Feel Fine, y también en Universe. En el primero, trata de explorar las emociones humanas que dejan las actividades que realizamos en la Red. Y en el segundo, intenta actualizar nuestra mitología del cielo basándose en las personas, lugares y conceptos actuales.

Resulta curioso y original el uso que hace de la tecnología. Además de las dos ideas citadas antes, también llevó a cabo otras experiencias: un ecosistema de entrevistas en vídeo, una instalación interactiva de citas on line, un mosaico fotográfico con imágenes polaroid, un experimento de narración de cuentos con una familia de esquimales, una exploración interactiva del deseo humano, etc. Se trata, en el fondo, de otras historias para seguir aprendiendo.

 

Ahora, para terminar, dejadme que os cuente la última historia. Es muy sencilla, está basada en un relato original  de Abdu’l-Bahá y destaca, como merece, la labor del maestro. Dice así:

El trabajo del maestro es igual al del jardinero que cuida de diferentes plantas. Y lo hace sin importarle las horas que dedica a cada una de ellas.

Algunas de esas plantas necesitan los brillantes rayos del sol y otras la fresca sombra. Algunas aman la orilla de los arroyos; otras, en cambio, la pelada cima de las montañas. Algunas crecen mejor en suelos arenosos, y otras prefieren la fértil humedad del fango.

Pero los jardineros, como también los maestros, saben unas cuantas cosas. Por ejemplo, que cada una de las plantas debe recibir el cuidado de acuerdo a sus especies, no solamente con un horario determinado. De lo contrario, nunca llegarán a la plenitud de su vida…

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