A lo largo de este curso
el profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, como antes lo hizo el de
Educación Primaria, se irá incorporando al proyecto Escuela 2.0 con la entrada
en las aulas, de manera muy generalizada, de los portátiles para el alumnado,
de la PDI, de los cañones, de los materiales digitales… Este hecho obliga a
plantear y repensar de nuevo qué habilidades, estrategias y conocimientos debe
dominar el profesorado para enseñar lenguas en la red y con la red, teniendo en
cuenta las necesidades comunicativas de los ciudadanos y ciudadanas del siglo
XXI. <!–break–>
La enseñanza es una
profesión compleja en la que entran en juego factores de muchos tipos. Por
ejemplo, una de las finalidades de la enseñanza a lo largo de las épocas
recientes ha sido la transmisión de la información considerada social y
culturalmente necesaria para las nuevas generaciones. Sin embargo, los cambios,
bastante recientes en el tiempo, que las tecnologías de la Información y la
Comunicación han originado en el circuito de la transmisión de la misma
(información accesible sin intermediarios, multiplicidad de fuentes, etc.) han
venido a trastocar y a modificar esta finalidad. Asimismo, la sociedad actual, cada
vez más globalizada, interrelacionada y cambiante obliga a repensar la
enseñanza para dotar al aprendiz de la autonomía suficiente para seguir
aprendiendo a lo largo de la vida con lo que la escuela ya no puede agotar las
posibilidades de aprendizaje que se seguirán produciendo en otros contextos
tanto formales como informales.
Estos ejemplos junto a
otros muchos factores configuran el panorama de la enseñanza en la sociedad
actual y en la que vendrá dentro de 15 o 20 años y confirman lo que es sabido
desde hace tiempo: que para llevar a cabo la tarea de enseñar no es suficiente
con el dominio de la materia o disciplina objeto de enseñanza. Pero ¿cuáles son
los conocimientos y habilidades necesarias para la enseñanza de las lenguas en
la era digital? ¿Cómo se tiene que reflejar esto en la formación inicial del
profesorado de lenguas? Y, ¿en la formación permanente del profesorado que
accedió a la enseñanza cuando la red no había entrado en las aulas?
El TPACK (Technological Pedagogical Content Knowledge) proporciona
un camino para aclarar este
panorama ya que ofrece un modelo para la integración de las TIC en el currículo
escolar y da cuenta de los saberes necesarios para poder llevar a cabo dicha
integración de manera eficaz. Tal y como propone este modelo para utilizar la
red de manera eficaz en las actividades de enseñanza aprendizaje de una materia
es necesario que confluyan tres tipos de conocimientos que en el caso del área
de Lenguas serían:
- El
conocimiento de los contenidos de enseñanza propios de las materias
lingüísticas. - El
conocimiento de la didáctica de las Lenguas. - El
conocimiento de los recursos y herramientas más eficaces para la enseñanza
de las materias lingüísticas.
La intersección de estos
tres elementos delimita un nuevo conocimiento que es el que posibilita la
utilización eficaz y relevante de las TIC en el área de lenguas y al que denominan
conocimiento tecnológico pedagógico de los contenidos. Además, es necesario
tener siempre en cuenta las variables de contexto que influyen en la
planificación y en la puesta en práctica de cualquier propuesta de enseñanza.
A continuación os
proponemos un repaso a cada uno de estos elementos para intentar aclarar cuáles
son los componentes formativos de un profesor de Lenguas que enseñe en la
red y con la red.
El conocimiento de los contenidos de enseñanza propios de las materias
lingüísticas
La formación del
profesorado de Lenguas ha estado siempre muy ligada a la visión que de las
mismas proporciona la Ciencia de referencia, es decir, la Lingüística. Es
decir, la formación sobre las lenguas se ha realizado casi siempre desde un
punto de vista cercano a la descripción del sistema y con una gran presencia de
lo normativo. Sin embargo, la enseñanza de las lenguas tiene como objetivo
fundamental conseguir la mejora de las capacidades lingüístico-comunicativas
del alumnado por lo que el profesorado necesita un acercamiento al fenómeno
lingüístico mucho más plural, que incluya diversas miradas sobre el
funcionamiento de la comunicación, tal y como se propone, por ejemplo, en Teoría lingüística y enseñanza de la
Lengua. Esta visión de cómo
funciona la comunicación en el uso real debe tener en cuenta las aportaciones
de la Lingüística, por supuesto, pero también de la Psicolingüística, de la
Sociolingüística, del Análisis del Discurso, de la Pragmática… Son ciencias
cuyas aportaciones intentan explicar el funcionamiento de la lengua en uso y
proporcionan, por tanto, pistas para planificar el trabajo con contenidos
relevantes para la mejora del uso.
Es decir, un primer pilar de la formación
del profesorado de Lenguas sería una base sólida de conocimientos sobre las
características que explican el uso de la lengua y no sólo sobre la descripción
del sistema lingüístico.
El conocimiento de los contenidos y
habilidades ligados a la didáctica de las Lenguas
En lo que respecta al
conocimiento pedagógico, los enfoques gramaticalistas, tan interiorizados en los
materiales y en las prácticas didácticas, no son los más adecuados para una
enseñanza que tiene como objetivo principal el desarrollo de la competencia comunicativa
de alumnos y alumnas. El Marco Común Europeo de Referencia
para las Lenguas caracteriza el aprendizaje de
lenguas como un aprendizaje en la acción puesto que el uso de la lengua es una
actividad social y a partir de este principio los enfoques adecuados para
trabajar en torno al uso se pueden agrupar en torno al llamado enfoque comunicativo que proporciona un marco adecuado para la
planificación y el desarrollo de las actividades de enseñanza aprendizaje. Este
enfoque tiene como rasgos básicos los siguientes:
-
Considera la lengua como un medio de comunicación significativo, que es diverso y se actualiza en
el uso de formas diferentes. -
Su objeto de trabajo son los usos reales de la
lengua, concretados en géneros textuales diversos surgidos de contextos
variados. - Las actividades se centran en los procesos de comprensión y producción de los textos.
-
El aprendizaje se promueve a
través del uso motivado y de la reflexión sobre dicho uso. -
La selección y secuenciación de contenidos están
basadas en la selección y secuenciación
de tareas comunicativas. -
El diseño de la
unidad didáctica articula las
actividades en torno a un uso lingüístico que se pretende mejorar. -
El concepto del aprendizaje considera al alumno como sujeto activo del aprendizaje, y
al profesor como orientador y motivador. -
La evaluación forma
parte del proceso y tiene un carácter esencialmente formativo para promover la
autorregulación.
El desarrollo en las aulas del
enfoque comunicativo hace preciso contar con modelos didácticos adecuados y
alejados del esquema de “unidad didáctica” tan presente en los materiales
didácticos más al uso. Propuestas como el trabajo
por proyectos o las
tareas constituyen un marco idóneo para poner en práctica los principios
del enfoque comunicativo porque:
- Se insertan en un
contexto real. - Favorecen la funcionalidad de los aprendizajes.
- Favorecen la participación activa y la
interacción. - Favorecen el conocimiento consciente del proceso
de aprendizaje. - Tratan
todo tipo de temas culturales y curriculares y favorecen la
interdisciplinariedad. - Plantean
una enseñanza lingüística de modo global. - Presentan una secuencia de actividades
con progresión y coherencia interna. - Están
orientados a un producto final.
Es decir, el segundo pilar de la formación
del profesorado de Lenguas sería una base sólida de conocimientos y habilidades
para planificar y llevar al aula metodologías apropiadas para favorecer el
desarrollo de la competencia comunicativa.
El conocimiento de los recursos de la red y
de las herramientas TIC más eficaces para la enseñanza de las materias
lingüísticas
Como se señala en el
modelo TPACK y como nos dice nuestra
experiencia en el asesoramiento y formación del profesorado, la incorporación
de las TIC en las actividades de lenguas no debe partir de la herramienta, o lo que es lo mismo el camino no es descubrir una
herramienta y pensar qué actividad se puede hacer para utilizarla en clase.
Todo lo contrario. Se trata de tener claro qué queremos enseñar (conocimientos
epistemológicos), cómo vamos a enseñarlo (conocimientos pedagógicos) y entonces
escoger la
herramienta TIC, como cualquier otro recurso educativo, que más eficazmente
ayude a conseguir los objetivos de aprendizaje previstos.
Dicho de otro modo,
primero habrá que establecer unos objetivos de aprendizaje relacionados con
alguna de las destrezas lingüísticas que son objeto último de trabajo de la
materia (escribir un cuento, participar en un debate, realizar una monografía,
reescribir un poema…), decidir qué secuencia de actividades y qué tareas se
diseñan para conseguirlos, qué contenidos son los más adecuados, y, por último,
como se hace con otro tipo de recursos, decidir, entre todas las posibilidades
que ofrece la red actualmente, cuál es el trabajo en red o la herramienta
tecnológica que se adecúa a la tarea y permite conseguir de manera más eficaz
los objetivos propuestos.
A diferencia de la
mayoría de la formación que se da en el campo TIC, que parte de su propio orden
epistemológico, parece que tanto la formación
como la incorporación de la red y de las herramientas TIC deben partir de
la necesidad y de su significatividad didáctica. Así, por ejemplo, es posible
que una profesora que no sabe hacer un Power Point pueda, sin embargo, aprender
a utilizar un blog porque le parece la herramienta ideal para la creación de una
revista escolar. Es necesario, asimismo, evitar la ansiedad que afecta a muchos
docentes 2.0 por incorporar la última herramienta, la más desconocida sólo por
ser vistosa sin plantear que aprendizaje se puede promover con ella. Parece que
nos encontremos en una carrera de estar a la última, por otra parte imposible
de ganar, que a veces hace olvidar lo importante. Las herramientas, por
atractivas e innovadoras que sean, no deben impedir ver el horizonte didáctico del
aula.
Lo anterior no quiere
decir que el uso de la red sea algo anecdótico. Todo lo contrario, la red tiene
por sí misma una gran potencialidad y en la enseñanza de las lenguas,
especialmente, ofrece oportunidades nunca vistas para facilitar que el alumnado
se comunique oralmente y por escrito y lo haga además de una manera
verdaderamente funcional y significativa, con receptores reales. Pero el
recurso tecnológico tiene que estar al servicio del aprendizaje y no al revés.
Esto exige que las actividades en las que se integran las TIC no sean
actividades sueltas, puntuales, anecdóticas y descontextualizadas, sino actividades integradas a la manera de las que nos presentaba Fernando
Trujillo en post anteriores; actividades secuenciadas
de manera coherente dentro de un proyecto de trabajo y encaminadas a la
realización de una tarea dentro de una didáctica vinculada al enfoque
comunicativo, a la enseñanza por proyectos, en definitiva, al “aprender
haciendo”; en este caso al “aprender a hacer
cosas con las lenguas usando la red”.
Por último, el tercer pilar de la formación
del profesorado de Lenguas sería una base sólida de conocimientos y habilidades
para planificar y promover en las aulas el uso de la red de forma relevante
para el desarrollo de la competencia comunicativa.
Es necesario, por tanto, integrar
estos tres tipos de conocimientos al servicio de una buena práctica de aula. Afortunadamente,
se pueden encontrar múltiples ejemplos de esta forma de trabajar en muchas de
las propuestas
didácticas que tantos compañeros lanzan desinteresadamente a la red
incorporando las TIC de forma coherente y significativa, dentro de un enfoque
comunicativo de la enseñanza de las Lenguas.
¿Estáis de acuerdo con
la descripción de los componentes básicos para la formación del profesorado de
Lenguas? ¿Los habéis adquirido en vuestra formación inicial? ¿Y en la formación
permanente? ¿Forman parte de vuestro aprendizaje y de vuestro PLE? Os invitamos
a participar con vuestros comentarios.
El acceso a Internet, a la web 2.0 y a las redes sociales se está extendiendo progresivamente entre la ciudadanía y entre nuestros niños y jóvenes menores de edad, lo cual me parece una buena noticia, aunque todavía nos falta. Hay que alejarse del alarmismo que de forma frecuente podemos ver en medios de comunicación, aunque tampoco podemos permitir el “todo vale”. Como en todo, debe haber unas reglas de uso y unas recomendaciones que seguir para un uso responsable y más seguro de Internet.<!–break–>




