Si estás leyendo esto puede que hayas descargado ya la última versión de Ubuntu, que hayas leído el libro de Cobo y Moravec ahora que está disponible en la red y que celebres que Richard Stallman clausure el próximo congreso de Escuela 2.0. Si es así, te damos la bienvenida a Educ@contic: eres un integrado. Y ahora que ya lo sabemos, ¿qué hacemos con los apocalípticos?<!–break–>
En 1965 Umberto Eco escribió uno de los libros más conocidos sobre “cultura de masas”, Apocalípticos e integrados.
Aunque el propio Eco habla de lo injusto que es clasificar actitudes
humanas – que suelen ser complejas – mediante etiquetas simplificadoras, una
idea clave distingue al integrado del apocalíptico:
“…mientras
los apocalípticos sobreviven precisamente elaborando teorías sobre la
decadencia, los integrados raramente teorizan, sino que prefieren
actuar, producir, emitir cotidianamente sus mensajes a todos los
niveles.”
Así, a la dieta cognitiva de Alejandro Piscitelli, un intelectual integrado, se opone al mariposeo cognitivo de Mario Vargas Llosa, un intelectual apocalíptico que llega a desear una nueva oportunidad post-apocalíptica para una humanidad robotizada:
“La robotización de una humanidad organizada en función de la “inteligencia artificial” es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.”
Para los apocalípticos, el mundo se ha vuelto líquido y, por tanto, incontenible e inmanejable. Zygmunt Bauman, autor de esta metáfora de la modernidad líquida, afirma en su libro 44 cartas desde el mundo líquido:
“Afortunadamente, ahora disponemos de algo que nuestros padres no podían siquiera imaginar: tenemos Internet y la red global… ¿Afortunadamente? ¡Ay!, acaso no sea una situación tan afortunada, puesto que la pesadilla de la insuficiencia de información que hizo sufrir a nuestros padres ha sido sustituida por la pesadilla, aún más sobrecogedora, de una riada de información que amenaza con ahogarnos y prácticamente nos impide nadar o bucear.”
Sin embargo, frente a estos teóricos del apocalipsis podemos plantear una única pregunta: ¿puede un docente ser apocalíptico?¿Cabe la objeción de conciencia en el uso de las TIC?¿Son una opción?¿Podemos disentir?
La comparación médica aquí es obligada: no podemos negarnos a usar un instrumento que potencia – de múltiples formas, por múltiples vías – el aprendizaje de igual forma que en medicina no cabe usar procedimientos o herramientas obsoletas.
Así pues, os invito a una fiesta. Pensemos juntos cómo podemos ayudar a nuestros compañeros y compañeras más apocalípticos para que se integren y disfruten también de esta celebración de la información y la comunicación.
Para ello podríamos pensar por qué sólo ven apocalipsis donde nosotros vemos comunicación; podríamos ayudarles a ver que el caos es menor si usas listas de Twitter o un buen lector de feeds; podríamos explicarles que no consiste en saberlo todo sino en crear las condiciones para que nuestros alumnos y alumnas puedan aprender; podríamos ayudar al equipo directivo a diseñar un Proyecto Digital de Centro en el cual todos tengamos cabida; podríamos, incluso, invitarlos a entrar en Twitter, si aún no lo conocen; en resumen, este curso nuestro objetivo podría ser integrar a un docente apocalíptico. Quizás solo necesite que alguien le dé la mano.
¿Te apuntas?
