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Entradas bajo ‘tareas integradas’
Proyecto FGL
Cuando empezamos a trabajar en el Grupo iCOBAE nos impusimos a nosotros mismos una obligación: entrar cada curso en el aula para demostrar (a los demás y a nostros mismos) que lo que decimos en las experiencias de formación que participamos se puede…
CCBB y TIC (version iCOBAE)
Por dos razones distintas las competencias básicas y las tecnologías de la información y la comunicación comparten el espacio central en el discurso educativo de nuestros tiempos. Las primeras han sido una imposición legal, en muchos casos acogida…
Trabajo por proyectos: una ponencia en la UIMP
En el caso de que quieras saber qué he contado hoy en la UIMP sobre enseñanza y aprendizaje basados en proyectos, aquí te dejo la presentación (en formato pdf un poco rústico). Antes de que eches un vistazo a este pdf me gustaría, si me das un se…
ROC andaluz
En el título de esta entrada no hay una errata. No encontrarás aquí información sobre Triana o vídeos de Medina Azahara. Escribo sobre el ROC andaluz, los Reglamentos Orgánicos de Centros Educativos propuestos por la Consejería de Educación and…
A vueltas con las TIC: cómo diseñar una tarea integrada
Las TIC (Tareas Integradas para el desarrollo de las Competencias) representan un contexto de enseñanza-aprendizaje en el cual los contenidos están subordinados a la acción, el saber depende de lo que se quiera hacer. El currículo vigente en España favorece la creación de este contexto y el uso de tareas de enseñanza-aprendizaje. En esta entrada vamos a intentar analizar cómo podemos diseñar TIC que además integren las TIC en su desarrollo de manera natural.<!–break–>
Como habrás podido ver en el enlace anterior, ya comentamos en una entrada previa qué sentido tiene TIC en este texto. Se puede resumir de la siguiente forma:
“Si las competencias básicas suponen un
conjunto de recursos de los cuales disponemos para la realización de
actividades complejas en nuestra vida privada y social, en la escuela
estas competencias se desarrollan cuando proponemos a nuestros
estudiantes, precisamente, actividades con un nivel de complejidad tal
que suponen un reto importante para su realización. Es decir, las
competencias básicas se desarrollan cuando las ponemos en
funcionamiento, cuando valoramos en la práctica si podemos o no hacer
algo, si sabemos hacerlo, si contamos con los recursos para poder
hacerlo.”
Por ello, una enseñanza centrada en el docente y de carácter fundamentalmente transmisivo no es suficiente para el desarrollo de las competencias básicas. Por contra, el contexto de trabajo creado por una “tarea” sí permite potenciar el crecimiento de las competencias de nuestros estudiantes.
¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos hacerlo? Estos pasos pueden guiarte a través del fascinante mundo de las tareas
And the winner is … criterios de evaluación
¿Qué elemento del currículo elegirías para diseñar las tareas? ¿Objetivos? ¿Contenidos? ¿Criterios de evaluación? Los criterios de evaluación en la normativa española (Reales Decretos donde se establecen las Enseñanzas Mínimas tanto para Educación Primaria como para Educación Secundaria) están redactados en forma de actividades para el aula y permiten un nivel mayor de integración curricular que los contenidos de cada una de las materias o áreas de conocimiento.
Por tanto, tu punto de partida para el diseño de tareas integradas puede ser los criterios de evaluación, así que tu primera tarea es releerlos para detectar en ellos cuál puede ser el producto final de tu tarea. Pongamos algunos ejemplos de Educación Primaria, en los cuales se han marcado en negrita las claves para el diseño de tareas:
- Primer ciclo de Educación Primaria, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural: “Montar y desmontar objetos y aparatos simples y describir su funcionamiento y la forma de utilizarlos con precaución.”
- Segundo ciclo de Educación Primaria, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural: “Reconocer y explicar, recogiendo datos y utilizando aparatos de medida, las relaciones entre algunos factores del medio físico (relieve, suelo, clima, vegetación…) y las formas de vida y actuaciones de las personas, valorando la adopción de actitudes de respeto por el equilibrio ecológico.”
- Segundo ciclo de Educación Primaria, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural: “Utilizar las nociones espaciales y la referencia a los puntos cardinales para situarse en el entorno, para localizar y describir la situación de los objetos en espacios delimitados, y utilizar planos y mapas con escala gráfica para desplazarse.”
- Segundo ciclo de Educación Primaria, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural: “Analizar las partes principales de objetos y máquinas, las funciones de cada una de ellas y planificar y realizar un proceso sencillo de construcción de algún objeto mostrando actitudes de cooperación en el trabajo en equipo y el cuidado por la seguridad.”
- Tercer ciclo de Educación Primaria, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural: “Identificar rasgos significativos de los modos de vida de la sociedad española en algunas épocas pasadas -prehistoria, clásica, medieval, de los descubrimientos, del desarrollo industrial y siglo XX-, y situar hechos relevantes utilizando líneas del tiempo.”
- Tercer ciclo de Educación Primaria, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural: “Planificar y realizar sencillas investigaciones para estudiar el comportamiento de los cuerpos ante la luz, la electricidad, el magnetismo, el calor o el sonido y saber comunicar los resultados.”
- Tercer ciclo de Educación Primaria, Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural: “Planificar la construcción de objetos y aparatos con una finalidad previa, utilizando fuentes energéticas, operadores y materiales apropiados, y realizarla, con la habilidad manual necesaria, combinando el trabajo individual y en equipo.”
El análisis de estos criterios de evaluación nos permite ver no sólo que los criterios están redactados en torno al “saber hacer” sino que algunos de ellos marcan una progresión gradual de la complejidad de la tarea a lo largo de la etapa (montar y desmontar objetos y aparatos simples, realizar un proceso sencillo de construcción de algún objeto, planificar la construcción de objetos y aparatos).
Por otro lado, también hay criterios de evaluación que no parecen aportar pistas para el diseño de tareas integradas (por ejemplo, en Conocimiento del Medio, podemos leer “Conocer los principales órganos de gobierno y las funciones del Municipio, de las Comunidades Autónomas, del Estado Español y de la Unión Europea, valorando el interés de la gestión de los servicios públicos para la ciudadanía y la importancia de la participación democrática”). Estos criterios, normalmente vinculados con contenidos de “saber” y no tanto de “saber hacer”, pueden también contribuir al diseño de tareas integradas cuando los vinculamos con otros criterios más flexibles y de “saber hacer” en otras materias. En este caso, el anterior criterio de evaluación de Conocimiento del Medio podemos vincularlo con los siguientes criterios de lengua castellana:
- “Expresarse de forma oral mediante textos que presenten de manera coherente conocimientos, hechos y opiniones.”
- “Captar el sentido de textos orales, reconociendo las ideas principales y secundarias e identificando ideas, opiniones y valores no explícitos.”
- “Localizar y recuperar información explícita y realizar inferencias en la lectura de textos determinando los propósitos principales de éstos e interpretando el doble sentido de algunos”
para diseñar con ellos una tarea en la cual los estudiantes tengan que entrevistar a un político local para averiguar cómo se gestionan los distintos niveles de la Administración Pública y preparar, tras la entrevista, una breve exposición en la cual recojan la información obtenida en la entrevista así como en la lectura de una serie de textos sobre el tema adecuados a su edad y su nivel de desarrollo.
En resumen, el punto de partida para el diseño de las tareas integradas es la lectura crítica e imaginativa de los criterios de evaluación tanto para elegir cuál será el producto final de la tarea como para vincular ese criterio de evaluación con otras materias para enriquecerlo o aportarle un mayor nivel de realismo.
Nota 1: Compañero o compañera de Educación Secundaria, ¿crees que esto de las tareas integradas no va contigo porque sólo he usado ejemplos de Educación Primaria? Pues aquí te dejo algunos de tu etapa para que consideres si puedes diseñar con ellos tareas integradas o no. En negrita van las pistas por si te animas a hacerlo:
- Ciencias de la Naturaleza, 1º de ESO: “Interpretar algunos fenómenos naturales mediante la elaboración de modelos sencillos y representaciones a escala del Sistema Solar y de los movimientos relativos entre la Luna, laTierra y el Sol.”
- Ciencias de la Naturaleza, 2º de ESO: “Explicar fenómenos naturales referidos a la transmisión de la luz y del sonido y reproducir algunos de ellos teniendo en cuenta sus propiedades.”
- Ciencias de la Naturaleza, 3º de ESO: “Utilizar procedimientos que permitan saber si un material es una sustancia, simple o compuesta, o bien una mezcla y saber expresar la composición de las mezclas” o “Producir e interpretar fenómenos electrostáticos cotidianos, valorando las repercusiones de la electricidad en el desarrollo científico y tecnológico y en las condiciones de vida de las personas.”
- Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 1º de ESO: “Localizar lugares o espacios en un mapa utilizando datos de coordenadas geográficas y obtener información sobre el espacio representado a partir de la leyenda y la simbología, comunicando las conclusiones de forma oral o escrita.”
- Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 2º de ESO: “Realizar de forma individual y en grupo, con ayuda del profesor, un trabajo sencillo de carácter descriptivo sobre algún hecho o tema, utilizando fuentes diversas (observación, prensa, bibliografía, páginas web, etc.), seleccionando la información pertinente, integrándola en un esquema o guión y comunicando los resultados del estudio con corrección y con el vocabulario adecuado.”
- Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 3º de ESO: “Identificar y localizar en el mapa de España las comunidades autónomas y sus capitales, los estados de Europa y los principales países y áreas geoeconómicas y culturales del mundo reconociendo la organización territorial los rasgos básicos de la estructura organización político-administrativa del Estado español y su pertenencia a la Unión Europea.”
- Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 4º de ESO: “Realizar trabajos individuales y en grupo sobre algún foco de tensión política o social en el mundo actual, indagando sus antecedentes históricos, analizando las causas y planteando posibles desenlaces, utilizando fuentes de información pertinentes, incluidas algunas que ofrezcan interpretaciones diferentes o complementarias de un mismo hecho.”
Si aún te quedan dudas o crees que en tu área de conocimiento los criterios de evaluación no permiten diseñar tareas, te animo a que revises la tarea del IES Río Verde (Marbella) para ver cómo a partir de un criterio de evaluación de “saber” (4º de ESO, Ciencias Sociales, “Identificar los rasgos fundamentales de los procesos de industrialización y modernización económica y de las revoluciones liberales burguesas, valorando los cambios económicos, sociales y políticos que supusieron, identificando las peculiaridades de estos procesos en España”) los compañeros y compañeras de este IES marbellí diseñaron una tarea integrada exitosa. También puedes encontrar otros ejemplos de tareas diseñadas a partir de criterios de “saber” por el Grupo iCOBAE tanto para Educación Primaria como para Educación Secundaria.
Nota 2: La idea de utilizar los criterios de evaluación para el diseño de tareas integradas sólo es válida, obviamente, para la normativa vigente y deberá ser revisada para otras normas nacionales u otros ejemplos de currículo. Sin embargo, la idea de subordinar el “saber” al “saber hacer” sí es generalizable como mecanismo de desarrollo de las competencias básicas y en cada caso (diferentes normativas nacionales, diferentes currículos) habrá que considerar cuál puede ser la vía de trabajo más adecuada para el diseño de tareas integradas.
Solos no podemos, con amigos sí
Hay ciertas competencias básicas que no es posible desarrollarlas en soledad. ¿Cómo puede crecer la competencia en comunicación lingüística sin la interacción comunicativa con los compañeros y compañeras? ¿Cómo podemos contribuir a la competencia social y ciudadana si nuestra estructura de enseñanza es individualista o competitiva? ¿Qué sentido tiene hablar de “tratamiento de la información” si la única información que recibe nuestro alumnado proviene de un libro de texto o de nosotros, los docentes?
Las tareas integradas son, por definición, cooperativas, como además hemos podido comprobar en algunos de los criterios de evaluación anteriores. La utilización de estrategias de socialización rica nos permite vincular las tareas con la realidad de los estudiantes y con la realidad social que circunda al centro educativo.
Así pues, cuando diseñemos nuestra tarea integrada tenemos que pensar con sumo cuidado cómo trabajarán nuestros estudiantes, qué tipo de responsabilidad personal asume cada uno y cada una dentro del grupo, qué papel jugamos los docentes dentro de la tarea y qué necesidad hay para el desarrollo de la tarea de agentes externos que acudan al aula o que el grupo-clase salga a conocer.
La evaluación integrada en la tarea
Una pregunta frecuente cuando se habla de tareas de enseñanza-aprendizaje es la evaluación, normalmente expresada con cierto tono de precaución que avisa de la dificultad de evaluar en las condiciones de trabajo que genera una tarea. Digamos con claridad que esta precaución no tiene fundamento: a lo largo de una tarea se generan múltiples evidencias del aprendizaje del estudiante, en forma de textos orales o escritos, grabaciones en vídeo o audio, imágenes, demostraciones en laboratorios, etc. El análisis de estas evidencias nos permite regular el aprendizaje (pues este es el sentido de la evaluación) e incluso calificar con mayor justicia que si se utiliza un único examen al final de un período de estudio.
Por tanto, la evaluación forma parte de las tareas integradas desde el momento en el cual nos preguntamos qué está haciendo el estudiante y su grupo en cada fase de la tarea (evaluación del proceso), qué consigue hacer (evaluación del producto) y cómo el docente observa lo que hacen los estudiantes y lo que consiguen (selección de estrategias de evaluación y técnicas de recogida de datos). En algunos casos tendremos que usar una plantilla de observación (demostraciones en laboratorios, salidas al campo, etc.); en otros casos algún mecanismo para analizar la calidad de un texto oral o escrito (cohesión, coherencia, relevancia, etc.) como por ejemplo las rúbricas; en todos los casos la creación de un portafolio del estudiante puede ser una buena idea para manejar el material que se elabora en las distintas materias o áreas de conocimiento.
Así pues, para evaluar una tarea integrada es necesario pensar si la tarea ha sido exitosa o no. Si los estudiantes tenían que “identificar rasgos significativos de los modos de vida de la sociedad
española en algunas épocas pasadas -prehistoria, clásica, medieval,
de los descubrimientos, del desarrollo industrial y siglo XX-, y situar hechos relevantes utilizando líneas del tiempo“, nos podemos preguntar
- si han sido capaces de elaborar un listado de rasgos significativos de los modos de vida de la sociedad española en distintas épocas, para lo cual tendrán que aportar ese listado;
- si han sido capaces de ordenar ese listado cronológicamente, para lo cual el listado deberá recoger la secuencia temporal con las categorías adecuadas;
- si han sido capaces de elaborar una línea del tiempo, por ejemplo con Dipity o alguna de las herramientas comentadas en Educ@contic por las compañeras de Bloggeando, para lo cual tendrán que mostrar una línea del tiempo con su propia biografía;
- si han sido capaces de elaborar una línea del tiempo con el listado de rasgos significativos del primer punto, para lo cual tendrán que aportar el enlace con la línea del tiempo finalmente realizada.
¿Se puede evaluar con una tarea? Es, como puedes imaginar, una pregunta retórica.
El papel de las TIC en las TIC
Y llegamos al punto central desde la perspectiva de este blog: ¿qué papel juegan las TIC en las TIC? Es decir, ¿dónde está lo digital en las tareas integradas? Pues intentaremos ser coherentes con lo expuesto para responder a esta pregunta:
1. Lo digital está en los criterios de evaluación
Los propios criterios de evaluación recogen lo digital en la descripción de la actividad que proponen, como en los siguientes ejemplos de Educación Secundaria:
- Educación Física (primero de ESO): “Recopilar actividades, juegos, estiramientos y ejercicios de movilidad articular apropiados para el calentamiento y realizados en clase. Se comprobará que el alumnado, una vez ha realizado en clase juegos y ejercicios diversos para calentar, propuestos por el profesorado, recoge en soporte escrito o digital ejercicios que pueden ser utilizados en el calentamiento de cualquier actividad física”.
- Lengua Castellana (primero de ESO): “Componer textos, en soporte papel o digital, tomando como modelo un texto literario de los leídos y comentados en el aula o realizar alguna transformación sencilla en esos textos”.
- Lengua Extranjera, de manera recurrente: “Comprender la información general y la específica de diferentes textos escritos, adaptados y auténticos, de extensión variada, y adecuados a la edad, demostrando la comprensión a través de una actividad específica…Se evalúa la capacidad para leer textos, en soporte papel o digital, de una cierta extensión, recurriendo al diccionario de forma espontánea cuando resulte difícil la comprensión global del argumento por desconocimiento de alguna palabra clave, y demostrando su comprensión a través de actividades lingüísticas y no lingüísticas”.
- Música (cuarto de ESO): “Elaborar un arreglo para una pieza musical a partir de la transformación de distintos parámetros (timbre, número de voces, forma, etc.) en un fichero MIDI, utilizando un secuenciador o un editor de partituras”.
2. Lo digital está en la realización de la tarea y puede ser evaluado
Como usuarios-docentes somos capaces también de insertar lo
digital en las tareas para enriquecerlas, hacerlas más interesantes o
simplemente factibles: situar hechos relevantes en líneas del tiempo no
implica usar Dipity pero si
lo usas tu tarea será más atractiva para tus estudiantes, estarán
desarrollando su competencia digital (y su competencia para la comunicación
en una lengua extranjera) y podrán realizar lo que indica el criterio
de evaluación al mismo tiempo, además de facilitarte a ti el acceso a
sus líneas del tiempo para su análisis y calificación.
3. Lo digital está en la interacción y la socialización
Ya tratamos el valor de lo digital para la interacción y la socialización en una entrada anterior: construir una escuela 2.0 supone mostrar lo que hacemos en el aula para que se vea desde fuera y asomarnos por las ventanas del aula para ver cómo es la realidad y qué podemos hacer en ella. Para ello, como ya argumentamos, es absolutamente necesario lo digital: quizás revisar la presentación en Prezi de Dolors Reig nos permita ampliar nuestra visión de la importancia de la interacción y la socialización en el aprendizaje y situar el debate en los términos adecuados para el siglo XXI.
Ahora ya sólo resta una última cosa: tu decisión para empezar a diseñar tareas integradas.
¿A qué esperas?
Tus estudiantes te lo agradecerán y tú encontrarás en tu trabajo un mayor nivel de desarrollo personal y profesional.
No te arrepentirás.
Profesionalidad y tIC (tareas integradas para el desarrollo de las competencias)
¿Qué significa “profesionalidad”? Podríamos hacer un extenso listado de rasgos de un docente “profesional” no tanto para diferenciarlo de un “aficionado” sino, sobre todo, para distinguirlo de un docente “no-profesional”. Podríamos hablar de actitudes, de destrezas, de ciertas habilidades o de la realización de ciertas prácticas como marca del docente profesional. En esta entrada nos centraremos en un único elemento: la programación dialogada como marca de profesionalidad.<!–break–>
El grupo de docentes, el aula y el centro como ecosistemas
La enseñanza es una profesión que se desarrolla, al menos, en tres planos. Por un lado, el aula nos vincula con aquellas personas sobre las cuales tenemos responsabilidad; por otro lado, el centro es el ámbito del cual dependemos para poder realizar nuestro trabajo y ante el cual, además, rendimos cuentas; finalmente, el grupo de docentes es nuestro grupo de iguales para la realización eficaz de nuestro trabajo. El éxito en educación es, por tanto, el éxito de una actividad colectiva en la cual las relaciones interpersonales tienen una importancia decisiva (sin mencionar la incidencia de otros agentes como las familias, la Inspección Educativa, los asesores y asesoras de formación, las editoriales, etc.).
En este juego de relaciones interpersonales, la situación ideal podría ser que el centro gozara de un marco pedagógico consensuado entre los docentes que se pusiera en práctica en el aula (además de poder ser compartido con el resto de agentes implicados). El centro, a través de su Proyecto Educativo, analizaría el entorno en el cual se encuentra el centro, las necesidades de su alumnado, su particular organización, etc., y propondría cuál sería el modo más eficaz de trabajar dadas estas circunstancias.
Sin embargo, no es frecuente que los centros establezcan claramente cuál es su marco pedagógico – a pesar de que sí es deseable y será un camino que tendremos que recorrer para la mejora de nuestro sistema educativo. En la práctica, la negociación y la toma de decisiones se traslada a otros grupos de docentes más “cercanos al aula”, como pueden ser el equipo de ciclo en Educación Primaria o los departamentos en Educación Secundaria. A veces, además, surgen agrupamientos no recogidos en la estructura interna de los centros para poner en funcionamiento una actividad puntual, ya sea puramente curricular o complementaria al currículo.
Cuanto esto ocurre, cuando estos grupos de docentes asumen la responsabilidad de establecer cómo se trabajará en el aula, entonces ha llegado el momento de la programación dialogada.
La programación dialogada
¿Para qué programamos? Evidentemente, programamos para saber qué debemos hacer en cada momento y cómo debemos hacerlo; aunque la capacidad para improvisar es también un rasgo del docente profesional, la enseñanza debe ser una actividad planificada para garantizar la calidad del proceso. Y he aquí la respuesta, precisamente, a nuestra primera pregunta
¿Para qué programamos, entonces? Programamos para convencernos a nosotros mismos de que una determinada actuación educativa puede contribuir a que nuestros estudiantes desarrollen sus competencias y alcancen ciertos objetivos. Programar es, por tanto, una actividad argumentativa en la cual el docente se convence a su mismo de la posible efectividad futura de su trabajo. Programamos fundamentalmente para nosotros mismos; nuestro juez más implacable no puede ser la inspección, ni la dirección, ni la familia: somos nosotros mismos.
Ante este reto de profesionalidad, la programación dialogada puede tener una doble función. Por un lado, puede servir para garantizar la validez previa a la práctica de nuestra programación: el grupo de docentes puede ser un espacio colaborativo* donde mostremos nuestro convencimiento en forma de programación para recibir apoyo, ayuda, asesoramiento o alternativas. Por otro lado, mostrar a nuestras compañeras y compañeros cuál ha sido el recorrido para elaborar la programación, las claves para su diseño, las previsiones para su puesta en práctica y las decisiones en relación con su evaluación nos puede permitir abrir vías para el diseño de secuencias didácticas compartidas, como las tareas integradas que ya comentamos en otro post.
Cuestionario de valoración para la programación dialogada: un ejemplo
Contar con procedimientos para la programación dialogada podría facilitar esta fase del trabajo. En una entrada reciente, Jordi Adell valoraba críticamente – con buen juicio – la matriz de aprendizaje para la era digital de Louise Starkey. En mi opinión este tipo de matrices tienen al menos una ventaja y un claro inconveniente: la ventaja es que pretenden facilitar la labor de programación dialogada; el inconveniente es que se intenta predeterminar la actividad del estudiante a través de una taxonomía de procesos cognitivos, de resultados o de actividades de aula que suele dificultar la propia labor de programación para la cual se diseña la matriz.
La intención de la programación dialogada no es realizar el listado de respuestas posibles del alumnado a una actividad sino analizar el porqué proponemos esa actividad (y no otra) y cómo podríamos mejorarla. Por ello, contar con un cuestionario que nos permita centrar nuestra atención puede ser útil pero es necesario que este cuestionario se dirija fundamentalmente a las decisiones que los docentes tomemos en el diseño de nuestra secuencia didáctica.
Así, en el siguiente documento puedes ver un cuestionario** elaborado para dialogar en torno al diseño de tareas integradas (en los términos ya explicados en otras entradas de Educ@contic). La base de este cuestionario es el Sheltered Instruction Observation Protocol de J. Echevarria, M. E. Vogt y D. J. Short, una obra bien conocida en el ámbito de enseñanza de segundas lenguas y que recoge las “buenas prácticas” de los docentes para confeccionar una herramienta de análisis que ayude al diseño de secuencias didácticas para la enseñanza de lenguas y contenidos curriculares.
Sobre esta base se ha diseñado un cuestionario con los siguientes apartados:
- Preparación de la tarea
- Análisis de la tarea
- Revisión y evaluación
A su vez, el apartado de análisis de la tarea se subdivide en:
- Conocimientos previos,
- Descripción de la tarea,
- Reto cognitivo y sociocultural,
- Estrategias de aprendizaje,
- Trabajo cooperativo y
- Socialización rica.
Cada apartado puede ser valorado en una escala de cinco puntos entre el “no evidente” en la programación y el “muy evidente”. Además, en una columna a la izquierda de cada ítem se puede valorar la utilidad de cada pregunta pues en ciertos casos una pregunta puede no ser pertinente o se puede prestar más atención a unas preguntas que a otras.
Cuestionario de valoración de tareas integradas<!–
(function() { var scribd = document.createElement(“script”); scribd.type = “text/javascript”; scribd.async = true; scribd.src = “http://www.scribd.com/javascripts/embed_code/inject.js”; var s = document.getElementsByTagName(“script”)[0]; s.parentNode.insertBefore(scribd, s); })();
// –>
Así pues, a partir de este cuestionario podemos valorar cómo ha sido el diseño de nuestras tareas integradas, considerar modificaciones y plantear alternativas dentro del grupo de docentes. Evidentemente, su utilidad se limita a aquellos docentes que opten por trabajar a partir de tareas integradas o según el nuevo estilo: no hay herramientas universales en educación.
Sin embargo, la idea de una programación dialogada como garantía de profesionalidad sí es universal y muy probablemente ya ocurra en tu centro – de una u otra forma. La cuestión es cómo la organizas en tu centro. ¿Hay un protocolo determinado? ¿Quién, cuándo y cómo se hace programación dialogada? ¿Te animas a contárnoslo?
* Si el grupo de docentes (dígase claustro, equipo de ciclo o departamento) no es un espacio colaborativo, estamos ante un problema grave de gestión del centro que merma la eficacia – colectiva e individual – de nuestro trabajo. Corregir esta situación es una obligación prioritaria de todos los agentes implicados y para la cual se deben poner en funcionamiento todos los mecanismos a nuestra disposición. Desafortunadamente, el tratamiento de los problemas en las relaciones interpersonales en un centro (o grupo de docentes) escapa de las posibilidades de esta entrada y debemos, por tanto, asumir el ideal como posible, aun siendo conscientes de que es solo un ideal – que, por otro lado, se constata como realizable en muchos centros de manera cotidiana.
** Los autores del cuestionario agradecen a los claustros del CEIP San Walabonso (Niebla), del Instituto de Educación a Distancia de Andalucía (IEDA) y de los centros participantes en el Plan de Capacitación en Competencias Básicas de los CEP de Marbella-Coín, Castilleja, Osuna y Lebrija su expertición y colaboración a la hora de diseñar y evaluar este cuestionario. Todas las buenas ideas pertenecen a los docentes de estos centros y los posibles errores son responsabilidad de los autores.
Cómo abrir una puerta: una entrada sobre puertas, lazos, redes y otras cosas de andar por casa
¿De cuántas maneras se puede abrir una puerta? No me refiero a una puerta automática ni tampoco a una puerta giratoria: me refiero a una simple y tradicional puerta. Tras mucho pensarlo, observar la realidad, hablarlo con expertos y consultar bibliografía, he llegado a la sesuda conclusión de que hay dos modos de abrir una puerta: empujar o tirar. Quizás tu respuesta sea que la puerta se abre para un solo lado y dependiendo de hacia donde se abra la puerta, así empujas o tiras. Efectivamente, si nos dejamos llevar por nuestra “cultura de enseñanza”, lo más probable es que haya que empujar para abrir la puerta. Pero, sin embargo, la puerta de la cual estamos hablando puede abrir para los dos lados y depende de ti elegir si empujas o tiras. Así pues, ¿cómo abres la puerta de tu clase? ¿Empujando o tirando?<!–break–>
¿Quieres saber qué implica cada acción, empujar o tirar? Quizás el siguiente documento, preparado para una sesión de trabajo con las compañeras y compañeros del CEIP Tomás de Ybarra y el IES Ítaca, te pueda ayudar a comprender qué implica empujar y qué implica tirar:
Cómo abrir una puerta<!–
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// –>
De cómo abrir una puerta hacia fuera: propuestas
El aprendizaje como práctica social
¿Te has preguntado alguna vez si enseñas empujando o tirando? ¿Pasas más tiempo volcando contenidos dentro de la clase o ayudando a que tus estudiantes encuentren información? Pues bien, si te atreves a hacerte estas preguntas, te propongo ahora – un poco camuflado entre las cenas de navidad y de nochebuena – un propósito para el año nuevo: abramos las puertas del aula hacia fuera.
Para empezar, podríamos plantearnos si aprender es, como siempre hemos asumido, simplemente un proceso cognitivo, frecuentemente relacionado con la memorización. Si aprender es eso, somos un fracaso colectivo: ¿quién de nosotros recuerda toda la información que ha recibido durante su escolarización obligatoria? ¿Alguien puede hacerlo? Apuesto una cena de nochebuena a que muy pocos podemos recordar aquellos nombres de ríos o los elementos de la tabla periódica – e incluso que ninguna de las dos cosas han tenido gran influencia en nuestras vidas a no ser que seamos profesionales de la geografía, la química o algunas otras áreas relacionadas.
Si, por otro lado, aprender es parte de una práctica social, entonces cambian las cosas. Hay muchos aprendizajes que forman parte de nuestras prácticas sociales: uno aprende a tocar la guitarra como parte de formar un grupo musical; aprendemos a jugar muchos juegos o incluso a practicar deportes como una manera de estar con nuestros amigos y amigas; aprendemos astronomía porque nos unimos a un club local o fotografía cuando participamos en una “quedada” con otras personas aficionadas a la fotografía en nuestro entorno (o, como veremos más adelante, cuando subimos nuestras fotografías a Flickr y de repente empiezan a aparecer comentarios sobre nuestras fotos).
Pues bien, el aprendizaje en la escuela se rige, cuando es efectivo, por los mismos patrones: el aprendizaje de la lectura y la escritura es más eficaz cuando está relacionado con prácticas sociales; las matemáticas se aprenden mejor cuando “miramos” matemáticamente nuestro entorno social; incluso conocemos mejor el medio (social, natural o cultural) no cuando lo leemos en un libro de texto sino cuando estamos inmersos en él observándolo, investigándolo o intentando comprenderlo.
Lazos: la vía para el aprendizaje
Nuestra vida social está determinada por los lazos que nos unen a los demás. Las teorías de las redes sociales nos dicen que hay lazos fuertes y débiles. Los lazos fuertes nos unen, por ejemplo, con personas como nuestra familia o ciertos amigos; los lazos débiles nos unen a personas que conocemos más superficialmente. Ambos son necesarios y cumplen una función en el complejo entramado social del cual formamos parte.
Así, en un aula se pueden crear lazos fuertes mediante el uso de grupos y técnicas cooperativas – tutorías entre iguales, por ejemplo – con un alto nivel de interdependencia entre sus miembros. Los estudiantes se dan apoyo, se ayudan en las dificultades, se muestran unos a otros cuál puede ser el camino para resolver un problema. Al mismo tiempo, podemos crear lazos débiles – temporales, más superficiales – utilizando distintas técnicas de trabajo cooperativo como el rompecabezas o con estudiantes de otros niveles o, a través de la red, con estudiantes de otros centros.
Desde la perspectiva del aprendizaje y de las TIC son los lazos débiles, precisamente, los más interesantes: los lazos débiles son más informativos que los lazos fuertes. La relación que se puede crear entre un grupo de estudiantes y un médico de familia que acude a la clase a ser entrevistado sobre consumo alimentario o relaciones sexuales representa un lazo débil y es, al mismo tiempo, mucho más informativo que la relación que existe entre el docente y los estudiantes. En ese sentido, los lazos débiles son decisivos para el aprendizaje como práctica social.
Además, mediante las redes sociales se puede construir una nueva variante: los lazos débiles fuertes. En una entrada anterior ya analizamos los espacios de afinidad apasionada y su potencial para el desarrollo profesional docente. En realidad estos espacios constituyen el reforzamiento de unos lazos débiles basados en una afinidad compartida mediante los miembros de un grupo y, como intentamos demostrar en la anterior entrada, constituyen una manera de encontrar información y formación sin saber siquiera que la estabas buscando: ese es el poder de los espacios de afinidad apasionada para el desarrollo profesional.
La combinación: cooperación en el aula, colaboración en la red
Así pues, para abrir la puerta del aula hacia fuera es necesario proponer proyectos a los estudiantes que se basen en lazos fuertes en el aula – grupos cooperativos – y la búsqueda de lazos débiles fuera de ella – principalmente a través de la red, mediante la presencia de agentes sociales en el aula o a través de salida para tomar datos fuera de la escuela. De esta manera estamos promoviendo en nuestro alumnado una socialización rica que no solo los une con sus compañeros y compañeras sino que traza puentes con otras realidades y otras experiencias.
Aprender, entendido así, es ganar capital social, un término muy usado en sociología pero poco en educación. Aprendemos a través de nuestras experiencias en distintas prácticas sociales y gracias a estas prácticas ampliamos nuestra red de contactos y nuestros recursos: es decir, desarrollamos nuestro mundo social, lo cual es tanto como decir que desarrollamos nuestras competencias básicas. ¿No depende nuestra competencia comunicativa de nuestras experiencias comunicativas? ¿Y nuestra competencia social y ciudadana no dependerá de nuestras experiencias sociales? ¿Y la autonomía e iniciativa personal? ¿Y la competencia cultural y artística, etc.? Desarrollar nuestras competencias básicas pasa por ampliar nuestras propias experiencias vitales, establecer nuevos lazos – fuertes y débiles – y ganar un capital social que nos permita desenvolvernos como miembros de pleno derecho en una sociedad compleja como la que vivimos.
Puede que estés pensando que esto, abrir la puerta hacia fuera, ni es posible ni tenemos por qué hacerlo. Para responder a tu primera pregunta (¿es esto posible?), te recomiendo que te des un paseo por los ejemplos de “proyectos para aprender“, una wiki donde se recogieron ejemplos variados de proyectos de infantil, primaria y secundaria. Para responder a tu segunda pregunta (¿es que acaso tenemos que hacerlo?), te animo a que eches un vistazo a una entrada en Educ@contic donde ya hablamos de cómo el currículo nos pide que abramos la puerta.
Sí, la puerta abre hacia los dos lados. Pero empujar y empujar contenidos dentro del aula nos conduce hacia aquí y abrir la puerta hacia fuera nos puede conducir hacia aquí. En fin, tú decides. Nosotros estaremos aquí, esperando tus comentarios, para ver cómo tenemos que abrir la puerta: ¿empujando o tirando?
