{"id":508,"date":"2018-09-07T07:33:03","date_gmt":"2018-09-07T06:33:03","guid":{"rendered":"https:\/\/jmoragahc.wordpress.com\/?p=508"},"modified":"2018-09-07T07:33:03","modified_gmt":"2018-09-07T06:33:03","slug":"recuerdos-de-la-segunda-guerra-mundial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/aldeacordoba\/?p=508","title":{"rendered":"Recuerdos de la Segunda Guerra mundial."},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-large\" src=\"https:\/\/www.politicaexterior.com\/wp-content\/uploads\/helmut-schmidt_segunda-guerra-mundial-960x705.jpg\" width=\"960\" height=\"705\" \/><\/p>\n<p><strong>Autor:<\/strong>\u00a0<strong>HELMUT SCHMIDT<\/strong><\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.politicaexterior.com\/articulos\/politica-exterior\/recuerdos-de-la-segunda-guerra-mundial\/\">Revista<em> Estudios de Pol\u00edtica Exterio<\/em>r, n\u00ba 44, abril-mayo 1995<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En oto\u00f1o de 1937 me licenciaron del servicio laboral y fui inmediatamente llamado a filas. Me asignaron a una bater\u00eda antia\u00e9rea ligera de la Luftwaffe en Vegesack, cerca de Bremen: est\u00e1bamos 10 soldados en una sala, con literas dobles donde no hab\u00eda ning\u00fan nazi y, despu\u00e9s de habernos conocido mejor, todos ten\u00edamos la misma convicci\u00f3n: \u201cGracias a Dios estamos, por fin, en un sitio decente\u201d. No hab\u00eda ninguna clase de propaganda ideol\u00f3gica nacionalsocialista, as\u00ed que \u2013despu\u00e9s de los tiempos de las juventudes hitlerianas y el servicio laboral\u2013 nuestra bater\u00eda nos parec\u00eda un oasis. Por entonces, yo pensaba con toda seriedad que las fuerzas armadas eran la \u00fanica organizaci\u00f3n decente del Tercer Reich. Segu\u00ed pens\u00e1ndolo a pesar de la absurda y prolongada instrucci\u00f3n en el cuartel, que a veces adoptaba formas casi circenses y frecuentemente vejatorias.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Generalmente, los adolescentes llamados a filas quedaban apartados desde el primer d\u00eda de las influencias externas. En tiempos de paz estaba uno aislado en gran medida de la vida cotidiana, por lo que quedaba pr\u00e1cticamente libre de la influencia nazi. En la mayor\u00eda de los casos, tambi\u00e9n ocurr\u00eda as\u00ed entre la tropa. Posteriormente, durante la guerra, una de la excepciones m\u00e1s importantes a esta regla la constituyeron los muchos desafortunados que fueron asignados a las unidades militares de las SS.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En alg\u00fan momento recib\u00ed de la secci\u00f3n del partido nazi correspondiente a mi domicilio familiar de Hamburgo-Eilbek un formulario de solicitud que me instaba a ingresar en el partido. No lo hice, sino que respond\u00ed a la direcci\u00f3n comarcal (que probablemente no sab\u00eda que hab\u00eda sido expulsado de las juventudes hitlerianas) que era soldado y quer\u00eda concentrarme en mi servicio militar; de lo dem\u00e1s ya hablar\u00edamos m\u00e1s adelante. Reflexion\u00e9 durante mucho tiempo sobre la forma de redactar aquella carta sin despertar sospechas por mi negativa; naturalmente, ten\u00eda miedo por las consecuencias.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Durante un a\u00f1o se permanec\u00eda con la graduaci\u00f3n m\u00e1s baja, aunque se recib\u00edan 50 pfennigs diarios en lugar de los 25 del servicio laboral. Cuando en septiembre de 1938 lleg\u00f3 la \u201ccrisis de los Sudetes\u201d, a pesar de ser todav\u00eda soldado raso, me nombraron jefe de pieza, ya que se moviliz\u00f3 entonces a muchos reservistas y algunos nos fueron asignados, lo que significaba tener a seis o siete hombres bajo mi mando, que se deb\u00edan dirigir a m\u00ed como \u201cmi cabo\u201d. Me sent\u00eda muy importante.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Cre\u00edamos que los Sudetes, que \u2013como toda Bohemia\u2013 hab\u00edan pertenecido a Austria hasta 1938-1939, les hab\u00edan sido arrebatados ilegalmente a los austriacos por el \u201cvergonzoso tratado de Versalles\u201d. Desde marzo de 1938, Austria formaba parte del Reich alem\u00e1n \u2013algo que aplaudieron tambi\u00e9n muchos ciudadanos alemanes y austriacos que no eran nazis\u2013 por lo que nos parec\u00eda natural que los Sudetes, de habla alemana, entraran ahora en el Reich. Como j\u00f3venes soldados no ten\u00edamos sensibilidad para la ilegalidad del proceso, aunque tampoco experimentamos una sensaci\u00f3n de triunfo. Esa valoraci\u00f3n correspond\u00eda con las \u201cclases para la bater\u00eda\u201d que el jefe de la misma, el capit\u00e1n Paul Ullrich, nos impart\u00eda todos los s\u00e1bados por la ma\u00f1ana durante los dos a\u00f1os que pasamos en Vegesack.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">No recuerdo si comprend\u00edamos las tensiones internacionales provocadas por la demostraci\u00f3n de fuerza militar de Hitler que, hoy s\u00e9, fue en realidad una movilizaci\u00f3n parcial camuflada como maniobras. Acept\u00e1bamos todo de forma similar a como uno acepta al levantarse por la ma\u00f1ana que el tiempo es bueno o malo. Los soldados no \u00e9ramos conscientes de la injusticia cometida por Alemania ni de la presi\u00f3n contraria al Derecho internacional ejercida sobre Checoslovaquia, sobre todo porque la anexi\u00f3n de los Sudetes fue aprobada en Munich por Francia, Inglaterra e Italia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Un mes despu\u00e9s se produjo aquel pogromo antijud\u00edo que se conoce con la terrible expresi\u00f3n de Reichskristallnacht o \u201cnoche de los cristales rotos\u201d. Curiosamente no consigo acordarme de ello. El 9 de noviembre de 1938, cuando sucedieron aquellos hechos, no me enter\u00e9 de nada en un primer momento; en las clases semanales de la bater\u00eda no se hablaba de cosas as\u00ed, no le\u00edamos peri\u00f3dicos, y durante el permiso del domingo lo menos importante para m\u00ed era saber lo que pasaba en el mundo. En casa de mis padres se segu\u00eda sin hablar de pol\u00edtica. Sin embargo, acab\u00f3 corri\u00e9ndose la voz entre los compa\u00f1eros de sala sobre lo que hab\u00eda ocurrido el 9 de noviembre y seguramente discutimos sobre ello. En relaci\u00f3n con el final de 1938, mis notas tomadas en el campo de prisioneros de guerra incluyen las frases \u201cverg\u00fcenza por las persecuciones antijud\u00edas\u201d y \u201ca partir de ese momento, clara posici\u00f3n contraria al nacionalsocialismo, aunque todav\u00eda excluyo a la persona de Hitler\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Que excluyera a Hitler de mi valoraci\u00f3n negativa correspond\u00eda a una actitud que seguramente a\u00fan compart\u00eda mucha gente en Alemania; recuerdo el t\u00f3pico de \u201c\u00a1si lo supiese el F\u00fchrer!\u201d. Entretanto, ya sab\u00eda que hab\u00eda campos de concentraci\u00f3n, pero imaginaba que eran c\u00e1rceles improvisadas para personas detenidas sin proceso porque las autoridades albergaban sospechas respecto a ellas por alg\u00fan motivo. Ten\u00eda claro que, seguramente, esas personas no hab\u00edan cometido ning\u00fan delito, pero la Gestapo sab\u00eda que eran adversarios. Tard\u00e9 mucho en darme cuenta de que Hitler era la fuente de todos los males.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">La asignaci\u00f3n diaria de 50 pfennigs del ej\u00e9rcito no era suficiente \u2013a pesar de alguna ayuda de mi padre\u2013 para ir a Hamburgo todos los fines de semana, as\u00ed que s\u00f3lo iba a casa uno de cada tres. Las otras dos semanas, cuando sal\u00eda del cuartel el s\u00e1bado iba a Bremen, a casa de amigos de mis padres o a Fischerhude, un pueblo en el valle del W\u00fcmme. En Fischerhude viv\u00edan \u2013adem\u00e1s de los campesinos, que seguramente eran en su mayor\u00eda ingenuos simpatizantes nazis y aspiraban a tener una heredad propia\u2013 Otto Modersohn, a quien conoc\u00ed en aquella \u00e9poca, y su tercera esposa, de soltera Breling, cuyo padre hab\u00eda sido pintor y hab\u00eda vivido en Fischerhude antes que Modersohn. Tambi\u00e9n estaba la disc\u00edpula de Maillol, Amelie Breling, otra hija del pintor, escultora y ceramista, que compart\u00eda la casa con su hermana Olga Bontjes van Beek y los tres hijos de \u00e9sta, Cato, Meme y Tim. Olga hab\u00eda sido bailarina y se hab\u00eda casado con Jan Bontjes van Beek, quien se convirti\u00f3 m\u00e1s tarde en un importante ceramista; por aquel entonces ya estaban separados. Olga se hab\u00eda hecho pintora y creaba cuadros de tonalidades suaves. Tambi\u00e9n viv\u00eda en Fischerhude la escultora Clara Rilke-Westhoff, que fue esposa de Rainer Mar\u00eda Rilke. Pero mi punto de contacto personal era la casita de Haina y Fritz Schmidt, que hab\u00eda sido compa\u00f1ero de mi t\u00edo Heinz Koch durante la guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Para m\u00ed, la mayor atracci\u00f3n en aquella comunidad de artistas era Olga Bontjes van Beek. Su casa \u2013como todo Fischerhude\u2013 fue mi principal fuente de orientaci\u00f3n intelectual en los a\u00f1os decisivos que marcaron mi vida antes de la guerra y al comienzo de la misma; era mi hogar m\u00e1s que Hamburgo y la casa de mis padres. Frecuentemente los artistas de Fischerhude recib\u00edan visitas de otros procedentes de Berl\u00edn y del resto de Alemania, incluso del extranjero. Casi nunca hab\u00eda nazis entre ellos; pero cuando as\u00ed suced\u00eda, se nos avisaba discretamente para que tuvi\u00e9ramos cuidado. Por lo dem\u00e1s, siempre eran conversaciones libres sobre problemas de arte, m\u00fasica o literatura, pero tambi\u00e9n sobre la evoluci\u00f3n pol\u00edtica y, m\u00e1s tarde, sobre la guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Entonces ya me hab\u00eda convertido en un adversario de los nazis, pero al mismo tiempo era un patriota alem\u00e1n con sentido del deber. En cambio, mis amigos de Fischerhude, de una generaci\u00f3n anterior a la m\u00eda, ten\u00edan una orientaci\u00f3n predominantemente internacionalista y cosmopolita. Esa diferencia llevaba en ocasiones a debates pol\u00edticos con Amelie Breling y Cato Bontjes. Amelie, que seguramente me doblaba en edad, conoc\u00eda el extranjero, ten\u00eda un juicio claro y era una personalidad que impon\u00eda respeto. Cato ten\u00eda algunos a\u00f1os menos que yo, pero ya hab\u00eda vivido alg\u00fan tiempo en Inglaterra y Holanda, por lo que ten\u00eda m\u00e1s experiencias positivas que yo; era una joven idealista.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En aquel c\u00edrculo de amigos de Fischerhude hab\u00eda una gran confianza; sin embargo, no mencion\u00e9 a mis antepasados jud\u00edos y seguramente mis amigos de Fischerhude s\u00f3lo se enteraron por casualidad y mucho despu\u00e9s de la guerra. Fue tambi\u00e9n mucho despu\u00e9s de la contienda cuando conoc\u00ed en el Partido Socialdem\u00f3crata al doctor Wilhelm K\u00f6nigswarter, parlamentario berlin\u00e9s, y a Adolf Ehlers, alcalde de Bremen; los dos hab\u00edan mantenido durante la \u00e9poca nazi, y de forma independiente, contactos con Fischerhude y con la familia Bontjes y hablaban de ellos con respeto y cari\u00f1o. En general, mis amigos de Fischerhude profundizaron y reforzaron mi rechazo a la ideolog\u00eda nazi.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">A lo largo de la primavera y el verano de 1939, mi jefe de bater\u00eda, Paul Ullrich \u2013al que llam\u00e1bamos \u201cel viejo capit\u00e1n\u201d\u2013 y otros superiores trataron de convencerme de que pasara a ser un oficial de carrera. Me negu\u00e9 y cit\u00e9 como motivo mi deseo de ser arquitecto. As\u00ed, a finales de septiembre de 1939, poco antes de mi mayor\u00eda de edad, cuando deb\u00edan terminar los dos a\u00f1os de servicio militar, mi padre ya me hab\u00eda comprado ropa de civil: una chaqueta azul con discretos cuadros y un pantal\u00f3n gris. Me dirig\u00ed a Shell Alemania, en el Alster hamburgu\u00e9s. Quer\u00eda salir de Alemania; el estudio de la arquitectura pasaba a un segundo plano. Esperaba poder ir, con ayuda del grupo internacional, a las Indias holandesas, donde \u2013seg\u00fan hab\u00eda o\u00eddo\u2013 la Shell estaba realizando prospecciones para encontrar petr\u00f3leo. En la actualidad, no recuerdo muy bien si s\u00f3lo quer\u00eda escapar del nacionalsocialismo durante un per\u00edodo limitado o si hab\u00eda detr\u00e1s una posible disposici\u00f3n a la emigraci\u00f3n definitiva. En cualquier caso, mi plan de marcharme al extranjero era serio y firme, aunque qued\u00f3 en nada porque nunca llegu\u00e9 a ser licenciado del servicio militar. Entretanto, la guerra hab\u00eda comenzado. Junto con otros compa\u00f1eros o\u00ed por la radio las palabras de Hitler: \u201cDesde las 5:45 horas se est\u00e1 respondiendo a los ataques\u201d. No imaginaba que el ataque polaco hab\u00eda sido simulado; cre\u00eda realmente que los polacos hab\u00edan atacado la emisora de Gleiwitz, por lo que los alemanes deb\u00edamos ahora defendernos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Despu\u00e9s de que algunos de nuestros compa\u00f1eros fueran transferidos a otras unidades, los j\u00f3venes bachilleres de la quinta del 37 que quedamos en Vegesack hab\u00edamos mantenido una relaci\u00f3n muy amistosa y estrecha hasta el comienzo de la guerra. Los que sobrevivimos a la guerra mantuvimos esa amistad. En aquella \u00e9poca \u2013como todos los que hac\u00edamos el servicio militar\u2013 fuimos ascendidos a cabos despu\u00e9s de 12 meses y, despu\u00e9s de otros seis, en el verano de 1939, a suboficiales (ya que ten\u00edamos el bachillerato) y \u201caspirantes a oficiales en la reserva\u201d. Ninguno de los siete u ocho suboficiales era nazi: con excepci\u00f3n de uno, que m\u00e1s tarde muri\u00f3 en la guerra, todos rechazaban el sistema nacionalsocialista.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">\n<p style=\"text-align:justify\"><strong>El estallido de la guerra<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Aceptamos el estallido del conflicto como un acontecimiento natural. S\u00f3lo la campa\u00f1a de Francia, m\u00e1s de medio a\u00f1o despu\u00e9s, y la r\u00e1pida derrota del pa\u00eds vecino, que nos hab\u00eda vencido hac\u00eda solamente 20 a\u00f1os, llev\u00f3 a muchos de mis coet\u00e1neos a pensar si no habr\u00eda algo bueno en las acciones del F\u00fchrer. En el caso de muchos de los j\u00f3venes soldados, sus conocimientos de Historia apenas eran suficientes para darse cuenta de que en 1918 no hab\u00edan sido s\u00f3lo los franceses quienes nos hab\u00edan derrotado, sino que al final casi todo el mundo hab\u00eda luchado contra Alemania. Por el contrario, yo conoc\u00eda bastante bien la historia y los proleg\u00f3menos de la Primera Guerra mundial; por eso supon\u00eda que se volver\u00eda a producir una coalici\u00f3n mundial contra Alemania. En Bremen, en casa de Liesel Scheel \u2013a la que llamaba \u201ct\u00eda\u201d\u2013 dije que la guerra durar\u00eda cuatro a\u00f1os y que acabar\u00edamos perdi\u00e9ndola.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Entonces empez\u00f3 para m\u00ed lo que podr\u00edamos llamar una divisi\u00f3n de la personalidad: mientras que, por un lado, rechazaba el nacionalsocialismo y pronosticaba un final negativo de la guerra, por otro no dudaba del deber de luchar por Alemania como soldado. Pero, al mismo tiempo, seg\u00fan indican mis notas del campo de prisioneros de guerra, ten\u00edan lugar \u201crepetidos acercamientos a ideas nacionalsocialistas individuales\u201d, las de la colectividad y el socialismo. El lema nacionalsocialista de que \u201cel bien com\u00fan tiene prioridad sobre el bien individual\u201d ten\u00eda todo mi apoyo. No sab\u00eda que la fraternidad, el compa\u00f1erismo o la solidaridad hab\u00edan sido desarrollados como valores b\u00e1sicos mucho antes de que hubiera nazis y que \u00e9stos s\u00f3lo los hab\u00edan adoptado superficialmente.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Poco despu\u00e9s del comienzo de la guerra pas\u00e9 a ser sargento de la reserva. A principios de 1940 \u2013junto con la mayor\u00eda de mis antiguos compa\u00f1eros de instituto\u2013 fui nombrado alf\u00e9rez de reserva. Por lo dem\u00e1s, ninguno fuimos a una escuela de oficiales ni nada parecido; probablemente, seg\u00fan creo hoy, gracias a las valoraciones positivas de nuestro superior directo en tiempos de paz, el capit\u00e1n Paul Ullrich. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde fui ascendido a teniente, aunque ya no de la reserva sino en activo. No deseaba hacerme oficial y hab\u00eda rechazado en repetidas ocasiones la carrera de oficial profesional, pero estaba de acuerdo con aquellos ascensos como reservista.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">A partir de finales de agosto de 1939 tuvimos que defender Bremen contra los anunciados bombardeos ingleses, que por entonces eran bastante inofensivos. En 1940 me mandaron con la misma misi\u00f3n a la zona industrial de la Alta Silesia. En 1941 fui trasladado a Berl\u00edn, al alto mando de la Luftwaffe, para inspeccionar la artiller\u00eda antia\u00e9rea y colaborar en la elaboraci\u00f3n de instrucciones de tiro para ca\u00f1ones antia\u00e9reos ligeros. All\u00ed me encontr\u00e9 con mi antiguo jefe de bater\u00eda, Ullrich, ascendido a comandante o teniente coronel y quien aparentemente hab\u00eda pedido mi traslado. Con dos excepciones relativamente breves, pertenec\u00ed hasta el final de la guerra a ese Estado Mayor, que m\u00e1s tarde se llam\u00f3 \u201cgeneral del arma antia\u00e9rea\u201d y \u201cgeneral de la instrucci\u00f3n antia\u00e9rea\u201d, o a alguna de las escuelas de artiller\u00eda antia\u00e9rea dependientes del mismo. En parte, me ocup\u00e9 de la prueba de nuevas armas autom\u00e1ticas antia\u00e9reas y los correspondientes aparatos y, en parte, de la elaboraci\u00f3n de instrucciones de utilizaci\u00f3n y formaci\u00f3n para los mismos o de la ense\u00f1anza de tiro.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En 1941 fui a Par\u00eds en un viaje de servicio como correo. La riqueza cultural de la ciudad me impresion\u00f3. Vi los paisajes urbanos que hab\u00eda pintado Maurice Utrillo y que s\u00f3lo conoc\u00eda por mis peque\u00f1as postales. Vi el Sena, Sacr\u00e9-Coeur, Notre-Dame y toda esa maravillosa metr\u00f3poli que se me qued\u00f3 grabada como obra de arte por sus edificios. Pero por impresionante que fuera aquella vivencia cultural, todav\u00eda no provoc\u00f3 en m\u00ed conclusiones pol\u00edticas para el futuro, puesto que en aquellos dos d\u00edas no tuve contactos con franceses: mis conocimientos del idioma se limitaban a una docena escasa de palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Poco despu\u00e9s del ataque de Hitler contra la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, el 22 de junio de 1941, en la casa de Liesel Scheel en Bremen tuvo lugar una agria discusi\u00f3n con un compa\u00f1ero de estudios de mi padre, capit\u00e1n de la reserva. Mencion\u00e9 la campa\u00f1a de Napole\u00f3n en direcci\u00f3n a Mosc\u00fa y dije: \u201cEsta guerra tendr\u00e1 un final terrible; si tenemos suerte, despu\u00e9s todos viviremos en barracones; si no, habitaremos en cuevas. El nuevo estilo arquitect\u00f3nico alem\u00e1n ser\u00e1 el barroco\u201d. Eso provoc\u00f3 un intenso enfrentamiento y el amigo de mi padre me acus\u00f3 de derrotismo.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Resulta t\u00edpico de la divisi\u00f3n de mi personalidad en aquella \u00e9poca que, por una parte, imaginara claramente el catastr\u00f3fico final de la guerrra pero, por otra, me avergonzara de no poder mostrar \u2013al contrario que la mayor\u00eda de los soldados que paseaban por Berl\u00edn\u2013 medallas al valor, ya que no hab\u00eda participado en ninguna campa\u00f1a. Eso hizo que, descontento con la guerra burocr\u00e1tica sin honores de Berl\u00edn, solicitara ser transferido a una unidad de combate.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Pero antes, en julio de 1941, volv\u00ed a reunirme con Loki en Berl\u00edn. Despu\u00e9s de varios distanciamientos entre los dos, amor\u00edos con otros y nuevos comienzos, aquella semana en com\u00fan nos llev\u00f3 a una uni\u00f3n definitiva. Comprendimos que ya no se trataba de una iniciaci\u00f3n a la vida, sino que era nuestra vida real. Era posible que despu\u00e9s no hubiera ninguna otra, que nuestra vida durase poco y no llegara una segunda oportunidad para unirnos. Desde entonces ha pasado m\u00e1s de medio siglo y la uni\u00f3n se ha mantenido. Nuestro encuentro en Berl\u00edn fue la \u00e9poca m\u00e1s feliz de mi vida hasta entonces; inmediatamente despu\u00e9s fui transferido al frente ruso.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Mi nueva unidad era una secci\u00f3n antia\u00e9rea ligera de la Luftwaffe enmarcada en la primera divisi\u00f3n Panzer, situada a las puertas de Leningrado. Entonces se acentu\u00f3 la divisi\u00f3n de mi personalidad. Estaba seguro de que perder\u00edamos aquella guerra. Por la noche, cuando no pod\u00eda dormir, por una u otra raz\u00f3n, reflexionaba sobre ello. Pero durante el d\u00eda, todos \u2013incluido yo\u2013 hac\u00edamos lo que nos ordenaban. No hac\u00eda falta que nadie estuviera vigil\u00e1ndome: hac\u00eda lo que consideraba mi deber como soldado. Pero por la noche volv\u00eda a pensar: ojal\u00e1 acabe pronto la guerra. Cuando el avance contra Leningrado se estanc\u00f3, la divisi\u00f3n se retir\u00f3 y fue llevada al norte de la secci\u00f3n central para avanzar contra Mosc\u00fa a trav\u00e9s de Kalinin, la antigua Tver. Nuestra divisi\u00f3n sufri\u00f3 p\u00e9rdidas elevadas y en nuestra bater\u00eda probablemente casi nadie cre\u00eda ya en la llamada \u201cvictoria final\u201d. El 6 de diciembre de 1941, despu\u00e9s de grandes p\u00e9rdidas y del comienzo del invierno, con temperaturas de hasta 35 grados bajo cero, se inici\u00f3 nuestra retirada a trav\u00e9s de Klin. Nuestros tanques y veh\u00edculos blindados hab\u00edan desaparecido y nuestro antia\u00e9reo autotransportado de dos cent\u00edmetros, un veh\u00edculo mixto de cadenas, sirvi\u00f3 de sustituto. Parec\u00eda repetirse el destino de Napole\u00f3n en Rusia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">\n<p style=\"text-align:justify\"><strong>A la espera de un horrible final<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Ya algunos meses antes, en oto\u00f1o, hab\u00edamos experimentado un largo per\u00edodo en el que no se produjo ning\u00fan movimiento, lo que dio a la tropa no s\u00f3lo oportunidad para descansar, sino tambi\u00e9n para reflexionar e intercambiar opiniones personales. Marco Aurelio, cuyas reflexiones siempre llevaba conmigo, volvi\u00f3 a desempe\u00f1ar un papel importante para tranquilizar mi alma; me ense\u00f1\u00f3 a permanecer sereno y a controlarme ante acontecimientos en los que no se puede influir porque est\u00e1n fuera de nuestro alcance. Al mismo tiempo, me parec\u00eda un modelo de cumplimiento del deber, precisamente en la guerra. Tambi\u00e9n volv\u00ed a leer \u2013en una min\u00fascula edici\u00f3n del \u201cc\u00edrculo de lectores de Munich\u201d\u2013 la obra p\u00f3stuma de Matthias Claudius de 1799, que lleva el t\u00edtulo de\u00a0<em>A mi hijo Johannes<\/em>. Siempre me gust\u00f3 Claudius por su poema\u00a0<em>Abendlied<\/em>. Durante la guerra siempre llev\u00e9 conmigo su obra p\u00f3stuma y la conservo hasta hoy. En aquella \u00e9poca hab\u00eda tres frases que me parec\u00edan especialmente importantes: \u201c(\u2026) obedece a las autoridades y deja que los dem\u00e1s discutan sobre ellas. S\u00e9 justo con todo el mundo, pero no des tu confianza f\u00e1cilmente. No te inmiscuyas en las cosas ajenas, pero haz las tuyas con diligencia (\u2026)\u201d. Con un suboficial de mi secci\u00f3n, un estudiante de teolog\u00eda que se preparaba para ser p\u00e1rroco, mantuve dos largas conversaciones sobre la cuesti\u00f3n de la obediencia a las autoridades. Me explic\u00f3 que la advertencia de Claudius se hac\u00eda eco de la ep\u00edstola de san Pablo a los romanos, que cit\u00f3 de memoria: \u201cObedeced a las autoridades, porque toda autoridad es de Dios\u201d. As\u00ed, aquel futuro pastor trataba de tranquilizarme diciendo que en el mundo nada pod\u00eda suceder sin la voluntad de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Hasta mucho despu\u00e9s de la guerra no entend\u00ed que el cap\u00edtulo 13 de la ep\u00edstola a los romanos y su traducci\u00f3n luterana no pueden ser entendidos como un deber absoluto de obediencia a cualquier autoridad humana. Mucho m\u00e1s tarde conoc\u00ed, a trav\u00e9s de Gustav Heinemann, la tesis del s\u00ednodo de Barm de 1934, seg\u00fan la cual no s\u00f3lo los gobernantes sino tambi\u00e9n los gobernados tienen responsabilidades; tesis que en 1934 era otra forma de expresar el principio democr\u00e1tico. Tres lustros despu\u00e9s de la guerra mantuve un debate p\u00fablico con el obispo regional de Hamburgo, Witte; \u00e9l era un viejo pastor de pelo blanco, yo era un joven pol\u00edtico. Discutimos sobre \u201cRomanos 13\u201d y el obispo Witte dijo: \u201cSe\u00f1or senador, usted es mi autoridad\u201d. Yo lo discut\u00ed en\u00e9rgicamente. Para entonces hab\u00eda comprendido que un cargo estatal no puede significar en s\u00ed una autoridad deseada por Dios y que en cualquier caso la autoridad estatal no puede ser un valor absoluto; la palabra \u201cautoridad\u201d ya me resultaba desagradable. Pero eso fue en 1962, m\u00e1s de 20 a\u00f1os despu\u00e9s de la lectura de la obra p\u00f3stuma de Matthias Claudius.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En 1941, en Rusia, aprend\u00ed a confiar internamente en Dios. As\u00ed segu\u00ed haci\u00e9ndolo durante el resto de los a\u00f1os de guerra, cada vez peores, siempre que ten\u00eda miedo. Naturalmente, eso ocurr\u00eda con frecuencia. Cuando en aquella \u00e9poca le\u00ed\u00a0<em>Das einfache Leben<\/em>\u00a0(\u201cLa vida sencilla\u201d) de Ernst Wiechert, me pareci\u00f3 mod\u00e9lica esa forma de existencia humana.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En diciembre de 1941, un acontecimiento me conmocion\u00f3 profundamente. Cuando mi comandante nos anunci\u00f3 que Hitler era comandante en jefe de las fuerzas armadas y el general Von Brauschitz hab\u00eda pasado a la reserva, pens\u00e9 que Hitler deb\u00eda tener delirios de grandeza. Me parec\u00eda inimaginable que se atreviera a situarse a la cabeza del ej\u00e9rcito, una idea ingenua pero que result\u00f3 correcta. Por lo que supe, en nuestra unidad no hubo reacciones.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Al llegar a este punto quiero hablar de un hecho que, probablemente, resulta dif\u00edcil de imaginar para las generaciones posteriores y que a Leonid Br\u00e9znev, cuando se lo cont\u00e9 una vez, tambi\u00e9n le cost\u00f3 creer: entre todos los militares que hab\u00eda conocido hasta entonces, no hab\u00eda habido ninguno que se presentara como nazi, especialmente ning\u00fan superior. Tampoco despu\u00e9s, durante toda mi \u00e9poca militar hasta ser hecho prisionero de guerra en 1945, encontr\u00e9 a un solo nazi que se presentara abiertamente como tal. Por lo que yo pod\u00eda ver, mis superiores militares se cre\u00edan obligados a cumplir con su deber patri\u00f3tico, igual que sus padres en la Primera Guerra mundial y sus antepasados en la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Lo mismo pensaba yo. Creo que la gran mayor\u00eda de nuestras quintas se consideraban \u201cmiembros del ej\u00e9rcito alem\u00e1n\u201d y no luchadores por el nacionalsocialismo; sin embargo, hubo unidades \u2013sobre todo en las fuerzas militares de las SS, pero tambi\u00e9n en el ej\u00e9rcito de tierra, la marina y el ej\u00e9rcito del aire\u2013 en los que nazis convencidos ejerc\u00edan influencia pol\u00edtica y adoctrinamiento ideol\u00f3gico como \u201coficiales de mando nacionalsocialistas\u201d o superiores militares, descendiendo incluso hasta las compa\u00f1\u00edas individuales. Mi hermano, que pertenec\u00eda a la clase de tropa, vivi\u00f3 muchas veces este tipo de situaciones.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En la guerra tuve mucha suerte en general. En 1942 fui transferido desde el frente ruso, primero a Bonn y luego otra vez a Berl\u00edn, para colaborar en la preparaci\u00f3n de instrucciones de uso y de tiro para antia\u00e9reos ligeros. Pero ahora cumpl\u00eda mis tareas con la seguridad de un terrible final de la guerra y esa seguridad contribuy\u00f3 a que, en enero de 1942, Loki y yo decidi\u00e9ramos casarnos. Hab\u00edamos abandonado la esperanza de que nuestra vida real empezar\u00eda cuando terminara la guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Pero en aquel momento sucedi\u00f3 algo que yo no hab\u00eda previsto: \u201cNecesita usted un permiso de matrimonio\u201d. Me asust\u00e9: cre\u00ed que esa norma s\u00f3lo se aplicaba a los oficiales en activo. Yo estaba en un hospital de Bonn, donde estaba siendo tratado de un reuma que hab\u00eda contra\u00eddo en Rusia. Entonces el comandante me mand\u00f3 llamar y dijo: \u201c\u00bfQuiere usted casarse?\u201d.\u201cS\u00ed, mi teniente coronel\u201d. \u201cPues enc\u00e1rguese de que su prometida venga a visitarnos a mi esposa y a m\u00ed\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Entonces Loki trabajaba en Hamburgo como profesora, con lo que en plena guerra tuvo que trasladarse a Bonn durante sus vacaciones de Semana Santa para presentarse. En la actualidad parece grotesco y a m\u00ed ya me result\u00f3 c\u00f3mico en su d\u00eda. Pero lo que no fue c\u00f3mico sino preocupante fue que el ayudante me comunic\u00f3 de forma totalmente inesperada que, para obtener el permiso de matrimonio, deb\u00eda presentar mi certificado de raza aria. Fue la primera vez \u2013la \u00fanica, por otra parte\u2013 que se me plante\u00f3 ese problema de forma concreta. De pronto amenazaba con venirse abajo la seguridad que me hab\u00eda proporcionado la pertenencia al arma antia\u00e9rea de la Luftwaffe y a su cuerpo de oficiales.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Mi padre y yo mantuvimos por primera vez una conversaci\u00f3n sobre nuestros antepasados. Me ense\u00f1\u00f3 un certificado que hab\u00eda obtenido en el archivo de la ciudad de Hamburgo que afirmaba que \u00e9l hab\u00eda nacido en tal fecha de tal madre y al lado pon\u00eda: \u201cPadre desconocido\u201d. Llev\u00e9 ese certificado a Bonn, sin estar seguro de si lo aceptar\u00edan y con bastantes temores.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Pero a mi comandante, Andersen, la certificaci\u00f3n de mi origen no le interesaba; lo que quer\u00eda era conocer a mi prometida y comprobar si era acorde con mi clase. Aparentemente, Loki caus\u00f3 una impresi\u00f3n aceptable al matrimonio Andersen, puesto que obtuve el permiso de matrimonio y una certificaci\u00f3n \u2013con el sello oficial y la firma del teniente coronel Andersen\u2013 de que hab\u00eda presentado mi certificado de raza aria en su departamento. Ese documento me pareci\u00f3 muy valioso, tambi\u00e9n para mi padre y mi hermano.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Ese mismo a\u00f1o nos casamos por la Iglesia. Mi amigo de juventud Kurt Philipp recuerda que nuestra boda le pareci\u00f3 una especie de toma de posici\u00f3n. Pero nosotros no ten\u00edamos ninguna intenci\u00f3n semejante, sino que s\u00f3lo pens\u00e1bamos en nuestra propia vinculaci\u00f3n a la Iglesia. Est\u00e1bamos convencidos de que Alemania se vendr\u00eda abajo dejando tras de s\u00ed un completo caos; no s\u00f3lo las ruinas de nuestras ciudades, sino tambi\u00e9n un marasmo moral. Hasta entonces, tampoco hab\u00edamos estado muy vinculados con la Iglesia; Loki ni siquiera era miembro, no hab\u00eda sido bautizada y tuvo que recibir clases en Hamburgo de un pastor de edad avanzada para poder as\u00ed bautizarse. Poco despu\u00e9s, un pastor al que ella conoc\u00eda nos cas\u00f3 en un pueblo junto al valle del Hamme, al norte de Bremen. Pens\u00e1bamos que despu\u00e9s del hundimiento moral de nuestro pa\u00eds, la Iglesia ser\u00eda la \u00fanica fuerza en torno a la cual se podr\u00eda volver a construir una sociedad decente. Pero si Hitler acaba por ganar la guerra \u2013dec\u00edamos\u2013 enviar\u00e1n a la gente como nosotros de profesores de alem\u00e1n a Tromso, en el norte de Noruega, o en el peor de los casos a Siberia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Aquel mismo a\u00f1o, en 1942, me sucedi\u00f3 algo que me atorment\u00f3 durante mucho tiempo. Como he contado, entre mis amigos de Fischerhude figuraba Cato Bontjes van Beek, algunos a\u00f1os m\u00e1s joven que yo. En aquel momento ella viv\u00eda tambi\u00e9n en Berl\u00edn. Casualmente nos encontramos all\u00ed en 1942 y Cato me invit\u00f3 una noche a una fiesta privada. Se hab\u00edan reunido 30 o 40 personas en una gran vivienda de la Bismarckstrasse que pertenec\u00eda a su t\u00edo Hans Schultze-Ritter. Se habl\u00f3 con la m\u00e1s absoluta libertad sobre toda clase de cuestiones y tambi\u00e9n sobre los nazis. Thomas von Randow, que posteriormente se convirti\u00f3 en yerno de los Schultze-Ritter, record\u00f3 en 1991 aquella fiesta: \u201cS\u00f3lo conoc\u00eda a algunos de los invitados, ya que todos pod\u00edan llevar a sus amigos (\u2026) La presencia de Helmut Schmidt dio pie a una discusi\u00f3n \u00bfun antinazi pod\u00eda ser oficial? Las bajas en el cuerpo de oficiales eran extremadamente altas. Esa fue precisamente la base de la que parti\u00f3 Helmut Schmidt para su apasionada defensa: (\u2026) debido al mayor riesgo de un oficial, alguien que no quisiera serlo se har\u00eda sospechoso de huir del peligro. Y \u00e9l no quer\u00eda parecer un cobarde. Hubo mucho desacuerdo con ese argumento, pero Hans Schultze-Ritter, ecu\u00e1nime, nos dej\u00f3 clara su validez: durante la Primera Guerra mundial, \u00e9l mismo, al que le resultaba odioso todo lo militar, ascendi\u00f3 hasta llegar a ser capit\u00e1n por motivos similares\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Yo no recuerdo esa discusi\u00f3n. Pero s\u00ed me acuerdo, de forma tremendamente v\u00edvida, del clima de los debates de aquella noche, mortalmente peligrosos y sin ninguna clase de reserva. Los nazis y el Tercer Reich fueron objeto de repulsa, burla y desprecio. Apenas conoc\u00eda a nadie y nadie me conoc\u00eda a m\u00ed; me dio la impresi\u00f3n de que muchos de los presentes tampoco se conoc\u00edan (hasta despu\u00e9s de la guerra no me enter\u00e9 de que la realidad era diferente). Eso era tremendamente irreflexivo, porque entonces en Berl\u00edn uno no pod\u00eda sentirse a salvo de posibles denuncias, por lo que, en vista del debate sin reservas, pens\u00e9, asustado: esta gente se est\u00e1 jugando la vida. Por eso no volv\u00ed a acudir a aquella casa.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Realmente estaban arriesgando su vida. Cato Bontjes Van Beek fue detenida en el oto\u00f1o de 1942 y posteriormente condenada a muerte por complicidad en la preparaci\u00f3n de alta traici\u00f3n (hab\u00eda repartido octavillas): el 5 de agosto de 1943 fue ejecutada en la prisi\u00f3n berlinesa de Pl\u00f6tzensee. Pero despu\u00e9s de aquella fiesta del verano de 1942 me avergonc\u00e9 de m\u00ed mismo por no haber intentado ponerme de nuevo en contacto con Cato para advertirla por su irresponsabilidad. Hoy s\u00e9 que entonces ya llevaba alg\u00fan tiempo colaborando con personas de la resistencia, cercanas a Harro Schulze-Boysen. As\u00ed que mi advertencia habr\u00eda llegado demasiado tarde y por lo que yo sab\u00eda de ella, seguramente tampoco la habr\u00eda aceptado. Pero eso no borra la verg\u00fcenza que volv\u00ed a sentir, recientemente, cuando Lew Kopelew honr\u00f3 a Cato Bontjes Van Beek con ocasi\u00f3n del 70 aniversario de su nacimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">\n<p style=\"text-align:justify\"><strong>El bombardeo de Hamburgo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En julio de 1943, la mitad de Hamburgo qued\u00f3 destruida en un terrible bombardeo y decenas de miles de personas murieron en una semana. Mi familia y la de Loki tuvieron relativamente buena suerte: casi todos nuestros parientes m\u00e1s pr\u00f3ximos sobrevivieron, aunque murieron la hermana de mi suegro y su marido. La casa de Barmbek donde Loki y yo ten\u00edamos un piso alquilado ardi\u00f3, igual que los bloques de viviendas donde viv\u00edan mis padres, en Eilbek y los de Loki, en Horn; lo mismo les sucedi\u00f3 a los suegros de mi hermano en Uhlenhorst y a los Koch en Mundsburger Damm. De pronto, todos quedamos en la pobreza, perdimos todo. Un capit\u00e1n en activo nos dej\u00f3 una peque\u00f1a habitaci\u00f3n en el piso de su familia y m\u00e1s tarde encontramos dos habitaciones en el cuartel Schnitter de Schmetzdorf.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Hab\u00eda comenzado una vida sencilla. Por la noche cant\u00e1bamos a veces alrededor del piano, en casa del m\u00e9dico Willy Arnold, con su c\u00edrculo de amistades. Cuando en junio de 1944 tuvimos un hijo, los Arnold nos ayudaron mucho. Al contrario que en Berl\u00edn, en el cuartel de Bernau apenas hab\u00eda que temer una denuncia; si alguna vez hab\u00eda alg\u00fan posible nazi, lo sab\u00edamos de antemano. Lo mismo ocurr\u00eda en mi lugar de trabajo. Dos d\u00e9cadas m\u00e1s tarde pudimos devolver el favor: acogimos en nuestra casa de Hamburgo a la hija mayor de los Arnold, que no pod\u00eda estudiar en la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana (RDA) debido a una minusval\u00eda f\u00edsica y posteriormente pudimos ayudar a los Arnold en su huida de la RDA y responder a su hospitalidad en Hamburgo. Aparte del c\u00edrculo de los Arnold, en Bernau no mantuve ning\u00fan contacto con civiles; no as\u00ed Loki, que trabajaba como profesora.<br \/>\nEn Bernau viv\u00ed de lejos, s\u00f3lo a trav\u00e9s de la radio, el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. Muy ingenuamente, al principio lo consider\u00e9 una acci\u00f3n individual chapucera. Pens\u00e9: \u201cSi uno empieza algo as\u00ed, tiene que asegurarse de que funcione\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">El ambiente en el cuartel de Bernau era de abatimiento. Mi superior directo, el comandante Friedrich Georgi, fue inmediatamente detenido; era el yerno del general Olbricht, a quien mataron, pero Georgi consigui\u00f3 enga\u00f1arles en todos los interrogatorios y despu\u00e9s de la guerra pas\u00f3 a dirigir la editorial Parey. Yo apreciaba mucho a Georgi, pero no sab\u00eda nada de su conexi\u00f3n con los hombres del 20 de julio ni de su participaci\u00f3n en la preparaci\u00f3n del atentado. Lo que s\u00ed sab\u00eda era que le disgustaban tanto los nazis como al resto de los oficiales de la plana mayor que dirig\u00eda, igual que nuestro general, Heino von Rantzau y yo, el oficial m\u00e1s joven de la unidad.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Algunas semanas m\u00e1s tarde me enviaron como oyente a uno de los procesos ante la Corte Popular de Justicia, supongo que para intimidarme. Seguramente fue organizado por alg\u00fan departamento pol\u00edtico, porque varios oficiales de nuestra plana mayor fueron enviados como oyentes a distintas sesiones. Mucho despu\u00e9s de la guerra escuch\u00e9 al profesor Siegfried Sch\u00f6nherr, que hab\u00eda sido mi jefe de grupo y vecino de despacho en Berl\u00edn, expresar la sospecha de que en aquella acci\u00f3n de intimidaci\u00f3n hab\u00eda desempe\u00f1ado un papel importante el oficial de mando nacionalsocialista de nuestra plana mayor, un oficial ya viejo de la reserva, del que todos desconfi\u00e1bamos. El motivo de su iniciativa \u2013si es que fue suya\u2013 podr\u00eda haber sido el hecho de que fu\u00e9ramos colaboradores de Georgi. Por lo dem\u00e1s, el doctor Goebbels, en una conversaci\u00f3n que mantuvo en la torre antia\u00e9rea del zool\u00f3gico de Berl\u00edn a finales de verano de 1944 con el coronel Fischer (que hasta marzo de 1944 hab\u00eda sido jefe de la plana mayor en Bernau), le orden\u00f3 personalmente participar en una de las sesiones \u201c(\u2026) para que sepa usted la suerte que corren los traidores. He ordenado que env\u00eden a las sesiones de la Corte Popular de Justicia a los militares de todas las graduaciones cuya actitud nacionalsocialista exija una mejora (\u2026)\u201d (as\u00ed me lo transmiti\u00f3 por carta el general de brigada retirado Kurt Fischer).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Sch\u00f6nherr escribi\u00f3 en 1978: \u201cLa terrible experiencia de aquel d\u00eda se grab\u00f3 en mi memoria de forma indeleble\u201d. Comparto la frase totalmente porque aquella sesi\u00f3n del juicio que viv\u00ed a principios de septiembre de 1944 fue horrible e intimidatoria. El indigno presidente del tribunal, Roland Freisler, que ofend\u00eda continuamente, de forma vulgar y chabacana a los acusados, parec\u00eda salido del infierno de Dante. Se trataba del proceso contra Leuschner, Goerdeler, Von Hassel y Wirmer. Von Hassell y Wirmer, sobre todo, me causaron una excelente impresi\u00f3n. Se mantuvieron con entereza y conservaron su dignidad.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Despu\u00e9s de la guerra, le transmit\u00ed mis impresiones en una carta a la viuda de Von Hassel. Tras su muerte en 1987, su hijo Johann la encontr\u00f3 entre sus papeles y me devolvi\u00f3 una copia de la misma. Con fecha de 2 de junio de 1946 \u2013con el recuerdo todav\u00eda fresco\u2013 escrib\u00ed: \u201cEl proceso estaba exclusivamente destinado a la degradaci\u00f3n humana y la destrucci\u00f3n espiritual. Los vocales \u2013el general, el funcionario, el obrero o lo que fuera toda esa gente\u2013 eran puro decorado; no les vi abrir la boca. El abogado defensor tampoco era m\u00e1s que un ayudante teatral. Porque todo el juicio no era m\u00e1s que una puesta en escena de Freisler, que un\u00eda la inteligencia y la elocuencia demag\u00f3gica de Goebbels a la jerga del populacho. El juicio era una burla a todas las normas procesales; no hab\u00eda testigos; estaba claro que los defensores de oficio hab\u00edan sido designados la noche antes; los acusados apenas pod\u00edan acabar una frase sin ser interrumpidos; s\u00f3lo se trataba lo que encajaba con el plan de Freisler: todo era tan opresivo que no consegu\u00ed volver all\u00ed el segundo d\u00eda. Posteriormente dije en una conversaci\u00f3n con mis compa\u00f1eros que podr\u00eda matar a Freisler con satisfacci\u00f3n y sin ning\u00fan remordimiento\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Todo aquello hac\u00eda que la imagen de la personalidad de los acusados tuviera que resultar especialmente clara a los presentes a trav\u00e9s de sus palabras y su actitud. No cabe duda de que ser\u00eda signo de la m\u00e1xima disciplina si consegu\u00edan mantener su dignidad y el dominio de s\u00ed mismos. El embajador todav\u00eda pudo explicar que en su d\u00eda (1933 o 1934) permaneci\u00f3 en el cargo por voluntad de Hitler, creyendo que podr\u00eda servir a la causa alemana, aunque le hab\u00eda expresado claramente su rechazo del nacionalsocialismo. Pero pronto ya no pudo decir lo que consideraba importante para su defensa, porque Freisler, que deseaba evitar ante los oyentes, las cam\u00e1ras y los micr\u00f3fonos, cualquier matiz que pudiera interpretarse o considerarse como positivo para los acusados, le interrump\u00eda continuamente de la forma m\u00e1s hiriente, ante lo que su esposo prefiri\u00f3 callar y soportar todos los insultos y acusaciones, con un inaudito dominio de s\u00ed mismo. Sigui\u00f3 el juicio con la mirada apartada y el rostro r\u00edgido, en el que pod\u00eda leerse el desprecio por ese tribunal, y dio las respuestas que le pidieron en la forma m\u00e1s breve posible, sin mirar a Freisler. Creo que incluso los jefes de las SS presentes entre el p\u00fablico se dieron cuenta de qui\u00e9n era el aut\u00e9ntico vencedor del juicio.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Aunque a los oyentes nos hab\u00edan prohibido hablar del proceso bajo la amenaza de graves penas, a la ma\u00f1ana siguiente inform\u00e9 de la experiencia, conmocionado y nervioso, al que era mi jefe en aquellos momentos, el teniente general Von Rantzau. Me enter\u00e9 por \u00e9l de que otros oficiales de nuestra unidad, enviados anteriormente como oyentes a los procesos contra el mariscal de campo Von Witzleben, el general Fellgiebel, entre otros, le hab\u00edan expresado de forma similar su indignaci\u00f3n y repulsa y de que \u00e9l mismo compart\u00eda nuestra condena y nuestros sentimientos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">\u201cComprender\u00e1, estimada se\u00f1ora, que el conflicto entre la visi\u00f3n del final hacia el que nos encamin\u00e1bamos y la idea del cumplimiento militar del deber hacia la patria, para el que nos hab\u00edan educado de forma imperativa, se hizo insoportable a partir de ese momento, sobre todo entre nosotros, los oficiales j\u00f3venes (\u2026)\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Casi un cuarto de siglo despu\u00e9s de esa carta \u2013entonces yo era ministro de Defensa\u2013 tambi\u00e9n pude informar, oralmente, al entonces director ministerial, Ernst Wirmer, sobre los hechos y, ante todo, sobre el comportamiento varonil de su hermano Josef Wirmer en el mismo proceso.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">A las cinco de la tarde, la sesi\u00f3n de la Corte Popular de Justicia se aplaz\u00f3 hasta el d\u00eda siguiente. Acud\u00ed a Bernau a ver a mi comandante Von Rantzau y le rogu\u00e9 que me eximiera de la orden de volver al d\u00eda siguiente a la Corte Popular de Justicia. Rantzau me salud\u00f3 diciendo (yo a\u00fan no hab\u00eda abierto la boca): \u201c\u00bfQu\u00e9, Schmidt, qu\u00e9 han vuelto a organizar los camisas pardas?\u201d. El era general y yo no era m\u00e1s que un joven teniente; pero ese tono familiar era el que se empleaba entre los oficiales de aquella unidad para hablar de los nazis. Rantzau me autoriz\u00f3 a no volver al juicio.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En aquel momento, en oto\u00f1o de 1944, no sab\u00eda que se estaba exterminando a los jud\u00edos, aunque hoy es conocido que el exterminio en masa, organizado y planificado, ya hab\u00eda empezado antes de la tristemente famosa conferencia de Wannsee del a\u00f1o 1942. Por el contrario, hab\u00eda o\u00eddo mencionar una vez en Rusia, durante el medio a\u00f1o que pas\u00e9 en la primera divisi\u00f3n Panzer, aquella \u201corden de los comisarios\u201d seg\u00fan la cual los comisarios pol\u00edticos del Ej\u00e9rcito Rojo que cayeran prisioneros deb\u00edan ser fusilados: sin embargo, no se me comunic\u00f3 oficialmente esa orden. Mientras estuve en ella, nuestra divisi\u00f3n no pudo hacer prisioneros; avanz\u00e1bamos con grupos de combate motorizados, retroced\u00edamos y volv\u00edamos a avanzar. Ten\u00edamos bajas y vi muchos alemanes muertos y tambi\u00e9n muchos rusos; en cambio, s\u00f3lo vi prisioneros una vez y de lejos, en la retaguardia, en un tren de mercanc\u00edas. As\u00ed que nunca nos vimos en la necesidad de tener que cumplir la orden de asesinar a los comisarios pol\u00edticos. Creo que en ese caso ni habr\u00edamos cumplido la orden ni nos habr\u00edamos negado a hacerlo, sino que habr\u00edamos evitado la comprobaci\u00f3n de que el prisionero de guerra en cuesti\u00f3n era un comisario. Seguramente fue en aquella \u00e9poca cuando recib\u00ed por correo en Schmetzdorf una carta manuscrita de Hilde Ahlgrimm, a la que no conoc\u00edamos ni Loki ni yo. Me comunicaba que Erna Stahl, que hab\u00eda sido nuestra profesora de Literatura, hab\u00eda sido detenida y me ped\u00eda que interviniese en favor de su puesta en libertad. A Loki y a m\u00ed nos conmocion\u00f3 la detenci\u00f3n de Erna Stahl; sin embargo, la carta parec\u00eda una ingenuidad o una provocaci\u00f3n camuflada. Mandarla por correo tend\u00eda a indicar ingenuidad, igual que la esperanza de que un insignificante oficial de guerra de la Luftwaffe pudiera ayudar a alguien detenido por motivos pol\u00edticos y por a\u00f1adidura a solicitud de una persona desconocida para \u00e9l. \u00bfPero acaso no pod\u00eda ser todo un m\u00e9todo refinado de la Gestapo para ponerme a prueba? \u00bfHabr\u00edan escrito tambi\u00e9n cartas similares a otros conocidos de Erna Stahl para descubrir una posible red de contactos? \u00bfPod\u00eda ser yo mismo sospechoso?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Despu\u00e9s de mucha reflexi\u00f3n, escrib\u00ed a la remitente una carta cort\u00e9s pero negativa; no hice ninguna otra cosa. Al mismo tiempo experiment\u00e9 un sentimiento de verg\u00fcenza, similar al que sent\u00ed en relaci\u00f3n con Cato Bontjes van Beek. Despu\u00e9s de la guerra averig\u00fc\u00e9 que la se\u00f1ora Stahl y la se\u00f1ora Ahlgrimm eran realmente amigas y cuando despu\u00e9s de 1945 volv\u00ed a ver a Erna Stahl en Hamburgo, donde dirig\u00eda un colegio, opin\u00f3 que \u201cyo hab\u00eda estado en el otro bando\u201d. Desde luego, eso no era cierto; pero no pude hablar de la carta de Ahlgrimm ni explicar a la se\u00f1ora Stahl que no podr\u00eda haberla ayudado en ning\u00fan caso. Sin embargo, s\u00ed me ha quedado un resto de verg\u00fcenza. En cambio, Loki, que despu\u00e9s de la guerra conoci\u00f3 a la se\u00f1ora Ahlgrimm y habl\u00f3 con ella sobre los hechos, no comparte ese sentimiento; afirma que la se\u00f1ora Ahlgrimm comprendi\u00f3, posteriormente, la inutilidad de un intento por mi parte, as\u00ed como el peligro adicional que podr\u00eda haber conllevado.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">A finales de 1944 me resultaba cada vez m\u00e1s dif\u00edcil soportar mi divisi\u00f3n interior, ese desdoblamiento de personalidad: por una parte, cumpl\u00edamos nuestro deber como militares y, por otra, sab\u00edamos que en \u00faltimo t\u00e9rmino s\u00f3lo aplazaba la inevitable derrota y el final del r\u00e9gimen nacionalsocialista. Algunas semanas despu\u00e9s de la experiencia de la Corte Popular de Justicia volv\u00ed a hablar en exceso, en un campo de tiro antia\u00e9reo en Rerik, junto al B\u00e1ltico, y dej\u00e9 caer un par de observaciones negativas sobre Hermann G\u00f6ring y \u201clos camisas pardas\u201d, del estilo de las que hab\u00eda o\u00eddo a mi general, lo que llev\u00f3 a una denuncia por \u201cactos contra la moral de combate\u201d, que acab\u00f3 llegando al oficial de mando nacionalsocialista de la plana mayor a la que est\u00e1bamos subordinados, un teniente de la reserva que fue el \u00fanico nazi declarado que encontr\u00e9 en las fuerzas armadas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Pero los dos coroneles del Estado Mayor de mi unidad y de la de Bernau a la que estaba subordinada se ocuparon de que no llegara a ser sometido a una investigaci\u00f3n o consejo de guerra. Me transfirieron desde Berl\u00edn a una unidad de antia\u00e9reos ligeros en el frente. No me deb\u00edan nada: ni era noble, como mis generales, ni pertenec\u00eda a uno de los muchos grupos de oficiales profesionales de un regimiento determinado o de una promoci\u00f3n de la escuela de oficiales; tal vez era simplemente alguien que les ca\u00eda bien. Estos superiores, como buenos compa\u00f1eros mayores, evitaron que se pusiera en marcha un consejo de guerra contra m\u00ed. Como me dijo uno de ellos, ante la acusaci\u00f3n de \u201cactos contra la moral de combate\u201d s\u00f3lo hab\u00eda dos posibilidades extremas: o la libre absoluci\u00f3n o la pena de muerte. Por eso, el jefe de la plana mayor me dijo: \u201cTiene que desaparecer de aqu\u00ed. Ir\u00e1 al frente occidental\u201d. As\u00ed, en el invierno de 1944-1945 me vi envuelto en la retirada de la ofensiva de las Ardenas, que los estadounidenses llamaron Battle of the Bulge. All\u00ed me trasladaron varias veces y hasta marzo de 1945 combat\u00ed en diferentes unidades.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Las cartas del correo de campa\u00f1a se perd\u00edan entonces con frecuencia, por lo que se numeraban los env\u00edos para saber si se hab\u00eda perdido alguno. Al final me lleg\u00f3 de Bernau la carta n\u00famero 13 o 17 \u2013recuerdo que era un n\u00famero impar de dos cifras\u2013 de Loki, de la que deduje que nuestro hijo hab\u00eda muerto hac\u00eda ya alg\u00fan tiempo. Esta noticia me caus\u00f3 una gran tristeza. Me present\u00e9 ante el que era mi comandante en aquel momento, que me dijo: \u201cLe extender\u00e9 un permiso por tres semanas; pero no es eso lo que pretendo. Prom\u00e9tame que volver\u00e1 en cuanto haya visto a su mujer\u201d. Eso se llamaba \u201cpermiso bajo palabra\u201d. Inmediatamente part\u00ed hacia Hamburgo, donde supon\u00eda que estaba Loki, como as\u00ed fue. Hab\u00eda vuelto all\u00ed desde Bernau, donde ya se pod\u00eda o\u00edr la artiller\u00eda rusa.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Pero yo quer\u00eda visitar a toda costa la tumba de mi hijo en Sch\u00f6now, un lugar cercano a Schmetzdorf. Por eso, Loki y yo fuimos a ver al general Von Rantzau, que entre tanto hab\u00eda pasado a ser comandante de la regi\u00f3n a\u00e9rea de Hamburgo y le pregunt\u00e9: \u201cMi general, \u00bfno podr\u00eda conseguir que pudi\u00e9ramos ir a Bernau?\u201d. A Rantzau se le ocurri\u00f3 la idea de movilizar ficticiamente a Loki como ayudante de antia\u00e9reo y darnos a ambos una orden de marcha oficial a Bernau, para que pudi\u00e9ramos visitar la tumba del ni\u00f1o. Al lado estaba su ayudante, Rantzau le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfQu\u00e9 cuesta eso?\u201d \u201cSi se sabe, le decapitar\u00e1n, mi general\u201d. \u201cBien, entonces lo haremos as\u00ed\u201d, dijo Rantzau y nos puso en camino. Despu\u00e9s de diversas aventuras fuimos a Bernau, visitamos la tumba y volvimos al d\u00eda siguiente a Hamburgo. Dos d\u00edas despu\u00e9s volv\u00ed al frente occidental en la regi\u00f3n de Eifel.<br \/>\nCuento estas an\u00e9cdotas porque durante mi \u00e9poca en las fuerzas armadas tuve buenas experiencias humanas, mucho mejores de las que podr\u00eda imaginar en la actualidad una persona m\u00e1s joven. Me encontr\u00e9 con personas honradas y viv\u00ed la camarader\u00eda; no obstante, tambi\u00e9n me encontr\u00e9 con personas con debilidades excesivamente humanas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Cuando volv\u00ed a presentarme a mi comandante en la regi\u00f3n de Eifel, todo el mundo sent\u00eda que el fin de la guerra estaba pr\u00f3ximo. Le dije: \u201cMi comandante, ser\u00eda mucho m\u00e1s razonable que lanz\u00e1ramos todas las fuerzas hacia el Este para contener a los rusos y en cambio dej\u00e1ramos entrar aqu\u00ed en el Oeste a los norteamericanos todo lo que quieran\u201d. Su respuesta fue: \u201cNo he o\u00eddo nada, eso se borrar\u00e1 ahora mismo de mi memoria\u201d. S\u00f3lo nos conoc\u00edamos superficialmente, pero aquel oficial no pod\u00eda ser un nazi, porque no present\u00f3 ninguna denuncia contra m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Todav\u00eda derribamos algunos de los aviones estadounidenses Jabo que volaban bajo y que a su vez nos causaron fuertes p\u00e9rdidas en Luxemburgo y despu\u00e9s en la actual Renania-Palatinado. Algunas semanas despu\u00e9s lleg\u00f3 el cautiverio brit\u00e1nico en B\u00e9lgica. Mi barrac\u00f3n en Yabbecke era un campo s\u00f3lo para oficiales. Los ingleses no estaban preparados para mantener a muchos prisioneros de guerra y lo \u00fanico que pudieron improvisar fueron las letrinas, aunque desgraciadamente no hab\u00eda papel. Esa deficiencia les resultaba muy embarazosa a los ingleses. Pero para nosotros, lo peor, con diferencia, era que apenas ten\u00edamos nada de comida. Pas\u00e1bamos hambre; un d\u00eda, al levantarme por la ma\u00f1ana, me ca\u00ed al suelo de debilidad. A algunos de los oficiales les empezaron a abandonar las buenas maneras. C\u00f3mo s\u00f3lo daban un pan blanco cada dos d\u00edas, que hab\u00eda que cortar en cuatro partes \u2013cada uno recib\u00eda un cuarto del tama\u00f1o aproximado de un panecillo de Ham\u00adburgo\u2013 algunos hombres adultos construyeron balanzas para que nadie obtuviera m\u00e1s que otro. Una parte de los generales perdi\u00f3 las formas: era deprimente.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Los soldados alemanes prisioneros establecieron cursillos y ciclos de conferencias y as\u00ed sucedi\u00f3 en nuestro campo. Conoc\u00ed a un teniente coronel de la reserva ya mayor, poseedor de una alta condecoraci\u00f3n militar: el profesor Hans Bohnenkamp, brillante pedagogo y socialista religioso. Ten\u00eda un compa\u00f1ero de igual graduaci\u00f3n, tambi\u00e9n reservista y con la misma condecoraci\u00f3n. Los dos tenientes coroneles y yo dimos una serie de tres conferencias. Yo habl\u00e9 de aquel juicio presidido por Roland Freisler y el segundo teniente coronel habl\u00f3 de una horrible, indigna y al mismo tiempo cruel ejecuci\u00f3n de algunos miembros de la resistencia en Pl\u00f6tzensee, a la que hab\u00eda asistido personalmente o que hab\u00eda visto en una filmaci\u00f3n. La tercera conferencia corri\u00f3 a cargo de Hans Bohnenkamp; se trataba de una amplia valoraci\u00f3n general, moral y pol\u00edtica del Tercer Reich y dio t\u00edtulo al ciclo de conferencias: \u201cUn pueblo enga\u00f1ado\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Las conferencias llevaron a una divisi\u00f3n en el campo. Una parte de los j\u00f3venes oficiales nos hizo el vac\u00edo porque, seg\u00fan ellos, hab\u00edamos \u201censuciado nuestro propio nido\u201d. La mayor\u00eda no tom\u00f3 posici\u00f3n. Cuando los ingleses se enteraron, nos liberaron a nosotros tres y a algunos pocos m\u00e1s; los otros no quedaron libres hasta mucho despu\u00e9s, tras haber sido trasladados antes a Francia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Cuando, a finales de abril de 1945, llegu\u00e9 al campo de prisioneros de guerra todav\u00eda no ten\u00eda una concepci\u00f3n de lo que puede y debe ser la democracia. Hans Bohnenkamp fue quien sent\u00f3 las bases de mi educaci\u00f3n para la democracia. Me dio las primeras ideas b\u00e1sicas positivas, el Estado de Derecho y el socialismo. Despu\u00e9s, hacerme socialdem\u00f3crata result\u00f3 casi inevitable, ser dem\u00f3crata por la necesidad de libertad personal experimentada en el Tercer Reich y ser social por la necesidad que hab\u00eda sentido de camarader\u00eda, solidaridad o fraternidad. Para m\u00ed eran sin\u00f3nimos, distintos nombres de un mismo principio. No hubo necesidad de hacerme abandonar la ideolog\u00eda nazi, porque nunca la hab\u00eda aceptado.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Tuve mucha suerte: a finales de verano pude reunirme con mi esposa. Incluso hab\u00edamos conservado nuestro hogar. Nuestra actitud b\u00e1sica, que eclipsaba todo lo dem\u00e1s, era: \u201cGracias a Dios ha terminado todo\u201d. Era la liberaci\u00f3n de una pesadilla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autor:\u00a0HELMUT SCHMIDT Fuente: Revista Estudios de Pol\u00edtica Exterior, n\u00ba 44, abril-mayo 1995. En oto\u00f1o de 1937 me licenciaron del servicio laboral y fui inmediatamente llamado a filas. 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