{"id":730,"date":"2019-03-08T08:55:08","date_gmt":"2019-03-08T07:55:08","guid":{"rendered":"https:\/\/jmoragahc.wordpress.com\/?p=730"},"modified":"2019-03-08T08:55:08","modified_gmt":"2019-03-08T07:55:08","slug":"cuando-los-comics-eran-mas-peligrosos-que-el-nazismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/aldeacordoba\/?p=730","title":{"rendered":"Cuando los c\u00f3mics eran m\u00e1s peligrosos que el nazismo."},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_731\" aria-describedby=\"caption-attachment-731\" style=\"width: 720px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-731\" src=\"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/aldeacordoba\/files\/2019\/03\/1551540709_919486_1551542285_noticia_normal_recorte1.jpg\" alt=\"1551540709_919486_1551542285_noticia_normal_recorte1\" width=\"720\" height=\"1072\" srcset=\"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/aldeacordoba\/files\/2019\/03\/1551540709_919486_1551542285_noticia_normal_recorte1.jpg 720w, https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/aldeacordoba\/files\/2019\/03\/1551540709_919486_1551542285_noticia_normal_recorte1-201x300.jpg 201w, https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/aldeacordoba\/files\/2019\/03\/1551540709_919486_1551542285_noticia_normal_recorte1-688x1024.jpg 688w\" sizes=\"(max-width: 709px) 85vw, (max-width: 909px) 67vw, (max-width: 984px) 61vw, (max-width: 1362px) 45vw, 600px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-731\" class=\"wp-caption-text\"><span class=\"foto-texto\">Una p\u00e1gina del c\u00f3mic de 1952 &#8216;Teen-Age Dope Slaves&#8217;.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>Autor: Eduardo Bravo.<\/strong><br \/>\n<strong>Fuente: <\/strong><a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2019\/03\/02\/actualidad\/1551540709_919486.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><em>El Pa\u00eds,<\/em><\/a> 2 de marzo, de 2019.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">A mediados de los cuarenta, los tebeos de 32 p\u00e1ginas con grapa, conocidos como\u00a0<em>comic-books<\/em>, eran la forma de entretenimiento m\u00e1s popular en Estados Unidos. Sus ventas rondaban entre los 80 y 100 millones de copias semanales y lo habitual era que cada ejemplar pasase por seis o 10 lectores. Llegaban a m\u00e1s p\u00fablico que el cine, la radio o ese nuevo medio: la televisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Las buenas ventas permitieron desarrollar una floreciente industria que empleaba a m\u00e1s de un millar de profesionales. Tambi\u00e9n fue notable la ampl\u00edsima variedad de temas: haza\u00f1as b\u00e9licas, cr\u00edmenes truculentos, narraciones\u00a0<em>gore<\/em>, amor adolescente con toques de erotismo, historias de la mafia, venganzas por despecho, aventuras ex\u00f3ticas, sin olvidar el abuso de drogas. Un cat\u00e1logo que pronto llam\u00f3 la atenci\u00f3n de los salvadores de la moral.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">La persecuci\u00f3n a la industria de los c\u00f3mics y sus consecuencias han sido investigadas por David Hajdu, profesor de la Universidad de Columbia,\u00a0<a href=\"http:\/\/espop.es\/catalogo\/la-plaga-de-los-comics\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">en\u00a0<em>La plaga de los c\u00f3mics,<\/em>\u00a0publicado por Es Pop<\/a>\u00a0en dos ediciones: una convencional y otra en la que se incluye un volumen con m\u00e1s de cuatrocientas cubiertas de tebeos. \u201cEs dif\u00edcil comprender la cultura estadounidense. Por un lado, promueve la libertad creativa. Por otro, la ataca en nombre de la virtud puritana. La pol\u00e9mica sobre los c\u00f3mics a mediados del siglo XX es un buen ejemplo\u201d, explica el autor.<\/p>\n<h3 style=\"text-align:justify\">Hogueras p\u00fablicas<\/h3>\n<p style=\"text-align:justify\">El psiquiatra estadounidense Fredric Wertham lleg\u00f3 a afirmar en su ensayo\u00a0<em>La seducci\u00f3n de los inocentes<\/em>\u00a0que, \u201ccomparado con la industria del c\u00f3mic, Hitler era un principiante\u201d. Sin embargo, los m\u00e9todos de Wertham y sus seguidores no se diferenciaban demasiado a los empleados por el Tercer Reich.\u00a0<a href=\"http:\/\/espop.es\/catalogo\/la-plaga-de-los-comics\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Como explica Hajdu<\/a>, \u201calgunos grupos religiosos organizaron protestas p\u00fablicas en las que se recog\u00edan c\u00f3mics que posteriormente eran quemados en hogueras. Igual que los nazis y, adem\u00e1s, en el mismo periodo hist\u00f3rico\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Adem\u00e1s de amedrentar a la poblaci\u00f3n y a los dibujantes, los grupos religiosos promovieron la creaci\u00f3n de leyes que restring\u00edan la compraventa de c\u00f3mics independientemente de la edad de los destinatarios. Hacia 1950 en EE UU hab\u00eda m\u00e1s de medio centenar de normas que limitaban la venta de esos t\u00edtulos. Unas leyes que no solo afectaban a los tebeos de contenido m\u00e1s escabroso y violento, sino tambi\u00e9n a los de superh\u00e9roes, por considerar que conten\u00edan \u201cvalores est\u00e9ticos y culturales contrarios a los de la cultura dominante porque sus protagonistas eran indisciplinados, inadaptados y marginados\u201d, relata Hajdu.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Para resistir el embate, el mundo del c\u00f3mic decidi\u00f3 organizarse. A diferencia de lo que hab\u00eda hecho Random House, que apel\u00f3 a la libertad de expresi\u00f3n y creaci\u00f3n para defender la publicaci\u00f3n del\u00a0<em>Ulises<\/em>\u00a0de Joyce, los empresarios del tebeo optaron por la autorregulaci\u00f3n. \u201cFundaron la Comics Code Authority (CCA) creyendo que una autocensura ser\u00eda menos destructiva. Sin embargo, fue probablemente m\u00e1s restrictiva que la que hubiera impuesto el Gobierno\u201d, analiza el investigador.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">La CCA estuvo vigente hasta finales del siglo XX aunque, para entonces, su influencia era muy residual. Nada comparado con su \u00e9poca dorada, en la que muchos distribuidores se negaban a aceptar todo c\u00f3mic que no contase con su sello impreso en la portada. De hecho, fue ese detalle el que hizo que surgiera\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/diario\/2008\/01\/20\/cultura\/1200783601_850215.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">en los a\u00f1os sesenta el c\u00f3mic\u00a0<em>underground,<\/em><\/a>\u00a0cuyos autores nunca hubieran recibido el sello de aprobaci\u00f3n. Como aclara Hajdu, \u201cpara ellos, el c\u00f3digo era b\u00e1sicamente un manual de instrucciones: lo utilizaban para hacer totalmente lo contrario de lo que dec\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autor: Eduardo Bravo. Fuente: El Pa\u00eds, 2 de marzo, de 2019. A mediados de los cuarenta, los tebeos de 32 p\u00e1ginas con grapa, conocidos como\u00a0comic-books, eran la forma de entretenimiento m\u00e1s popular en Estados Unidos. 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