{"id":11163,"date":"2026-06-13T20:37:32","date_gmt":"2026-06-13T18:37:32","guid":{"rendered":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/?p=11163"},"modified":"2026-06-13T21:01:19","modified_gmt":"2026-06-13T19:01:19","slug":"del-sentimiento-tragico-de-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/del-sentimiento-tragico-de-la-vida\/","title":{"rendered":"Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/files\/2026\/06\/Miguel-de-Unamuno-Del-sentimiento.pdf\">Miguel de Unamuno Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/a><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/files\/2026\/06\/Del-sentimiento-tragico-de-la-vida.pdf\">Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El hombre de carne y hueso<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li><strong>El punto de partida<\/strong><\/li>\n<li><strong>El hambre de inmortalidad<\/strong><\/li>\n<li><strong>La esencia del catolicismo<\/strong><\/li>\n<li><strong>La disoluci\u00f3n racional<\/strong><\/li>\n<li><strong>En el fondo del abismo<\/strong><\/li>\n<li><strong>Amor, dolor, compasi\u00f3n y personalidad<\/strong><\/li>\n<li><strong>De Dios a Dios<\/strong><\/li>\n<li><strong>Fe, esperanza y caridad<\/strong><\/li>\n<li><strong>Religi\u00f3n, mitolog\u00eda de ultratumba y apocat\u00e1stasis<\/strong><\/li>\n<li><strong>El problema pr\u00e1ctico<\/strong><\/li>\n<li><strong>Don Quijote en la tragicomedia europea contempor\u00e1nea<\/strong> &nbsp;<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>I<br \/>\nEl hombre de carne y hueso<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Homo sum: nihil humani a me alienum puto<\/em>, dijo el c\u00f3mico latino. Y yo dir\u00eda m\u00e1s bien,&nbsp;<em>nullum hominem a me alienum puto<\/em>; soy hombre, a ning\u00fan otro hombre estimo extra\u00f1o. Porque el adjetivo&nbsp;<em>humanus<\/em>&nbsp;me es tan sospechoso como su sustantivo abstracto humanitas, la humanidad. Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo simple, ni el sustantivado, sino el sustantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere \u2014sobre todo muere\u2014, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano.<\/p>\n<p>Porque hay otra cosa, que llaman tambi\u00e9n hombre, y es el sujeto de no pocas divagaciones m\u00e1s o menos cient\u00edficas. Y es el b\u00edpedo implume de la leyenda, el&nbsp;<em>zoon politikon<\/em>&nbsp;de Arist\u00f3teles, el contratante social de Rousseau, el&nbsp;<em>homo oeconomicus<\/em>&nbsp;de los manchesterianos, el homo sapiens de Linneo o, si se quiere, el mam\u00edfero vertical. Un hombre que no es de aqu\u00ed o de all\u00ed ni de esta \u00e9poca o de la otra, que no tiene ni sexo ni patria, una idea, en fin. Es decir, un no hombre.<\/p>\n<p>El nuestro es otro, el de carne y hueso; yo, t\u00fa, lector m\u00edo; aquel otro de m\u00e1s all\u00e1, cuantos pensamos sobre la Tierra.<\/p>\n<p>Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto a la vez de toda filosof\u00eda, qui\u00e9ranlo o no ciertos sedicentes fil\u00f3sofos.<\/p>\n<p>En las m\u00e1s de las historias de la filosof\u00eda que conozco se nos presenta a los sistemas como origin\u00e1ndose los unos de los otros, y sus autores, los fil\u00f3sofos, apenas aparecen sino como meros pretextos. La \u00edntima biograf\u00eda de los fil\u00f3sofos, de los hombres que filosofaron, ocupa un lugar secundario. Y es ella, sin embargo, esa \u00edntima biograf\u00eda la que m\u00e1s cosas nos explica.<\/p>\n<p>C\u00famplenos decir, ante todo, que la filosof\u00eda se acuesta m\u00e1s a la poes\u00eda que no a la ciencia. Cuantos sistemas filos\u00f3ficos se han fraguado como suprema concinaci\u00f3n de los resultados finales de las ciencias particulares, en un per\u00edodo cualquiera, han tenido mucha menos consistencia y menos vida que aquellos otros que representaban el anhelo integral del esp\u00edritu de su autor.<\/p>\n<p>Y es que las ciencias, import\u00e1ndonos tanto y siendo indispensables para nuestra vida y nuestro pensamiento, nos son, en cierto sentido, m\u00e1s extra\u00f1as que la filosof\u00eda. Cumplen un fin m\u00e1s objetivo, es decir, m\u00e1s fuera de nosotros. Son, en el fondo, cosa de econom\u00eda. Un nuevo descubrimiento cient\u00edfico, de los que llamamos te\u00f3ricos, es como un descubrimiento mec\u00e1nico; el de la m\u00e1quina de vapor, el tel\u00e9fono, el fon\u00f3grafo, el aeroplano, una cosa que sirve para algo. As\u00ed, el tel\u00e9fono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer amada. \u00bfPero esta para qu\u00e9 nos sirve? Toma uno el tranv\u00eda el\u00e9ctrico para ir a o\u00edr una \u00f3pera; y se pregunta: \u00bfcu\u00e1l es, en este caso, m\u00e1s \u00fatil, el tranv\u00eda o la \u00f3pera?<\/p>\n<p>La filosof\u00eda responde a la necesidad de formarnos una concepci\u00f3n unitaria y total del mundo y de la vida, y como consecuencia de esa concepci\u00f3n, un sentimiento que engendre una actitud \u00edntima y hasta una acci\u00f3n. Pero resulta que ese sentimiento, en vez de ser consecuencia de aquella concepci\u00f3n, es causa de ella. Nuestra filosof\u00eda, esto es, nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida misma. Y esta, como todo lo afectivo, tiene ra\u00edces subconscientes, inconscientes tal vez.<\/p>\n<p>No suelen ser nuestras ideas las que nos hacen optimistas o pesimistas, sino que es nuestro optimismo o nuestro pesimismo, de origen filos\u00f3fico o patol\u00f3gico quiz\u00e1, tanto el uno como el otro, el que hace nuestras ideas.<\/p>\n<p>El hombre, dicen, es un animal racional. No s\u00e9 por qu\u00e9 no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y acaso lo que de los dem\u00e1s animales le diferencia sea m\u00e1s el sentimiento que no la raz\u00f3n. M\u00e1s veces he visto razonar a un gato que no re\u00edr o llorar. Acaso llore o r\u00eda por dentro, pero por dentro acaso tambi\u00e9n el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, lo que en un fil\u00f3sofo nos debe m\u00e1s importar es el hombre.<\/p>\n<p>Tomad a Kant, al hombre Manuel Kant, que naci\u00f3 y vivi\u00f3 en Koenigsberg, a fines del siglo XVIII y hasta pisar los umbrales del XIX. Hay en la filosof\u00eda de este hombre Kant, hombre de coraz\u00f3n y de cabeza, es decir, hombre, un significativo salto, como habr\u00eda dicho Kierkegaard, otro hombre \u2014\u00a1y tan hombre!\u2014, el salto de la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura a la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Reconstruye en esta, digan lo que quieran los que no ven al hombre, lo que en aquella abati\u00f3, despu\u00e9s de haber examinado y pulverizado con su an\u00e1lisis las tradicionales pruebas de la existencia de Dios, del Dios aristot\u00e9lico, que es el Dios que corresponde al \u03b6\u1ff7\u03bf\u03bd \u03c0\u03bf\u03bb\u03b9\u03c4\u03b9\u03ba\u03cc\u03bd; del Dios abstracto, del primer motor inm\u00f3vil, vuelve a reconstruir a Dios, pero al Dios de la conciencia, al autor del orden moral, al Dios luterano, en fin. Ese salto de Kant est\u00e1 ya en germen en la noci\u00f3n luterana de la fe.<\/p>\n<p>El un Dios, el Dios racional, es la proyecci\u00f3n al infinito de fuera del hombre por definici\u00f3n, es decir, del hombre abstracto, el hombre no hombre, y el otro Dios, el Dios sentimental o volitivo, es la proyecci\u00f3n al infinito de dentro del hombre por vida, del hombre concreto, de carne y hueso.<\/p>\n<p>Kant reconstruy\u00f3 con el coraz\u00f3n lo que con la cabeza hab\u00eda abatido. Y es que sabemos, por testimonio de los que le conocieron y por testimonio propio, en sus cartas y manifestaciones privadas, que el hombre Kant, el solter\u00f3n un s\u00ed es no es ego\u00edsta, que profes\u00f3 filosof\u00eda en Koenigsberg a fines del siglo de la Enciclopedia y de la diosa Raz\u00f3n, era un hombre muy preocupado del problema. Quiero decir del \u00fanico verdadero problema vital, del que m\u00e1s a las entra\u00f1as nos llega, del problema de nuestro destino individual y personal, de la inmortalidad del alma. El hombre Kant no se resignaba a morir del todo. Y porque no se resignaba a morir del todo, dio el salto aquel, el salto inmortal de una a otra cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Quien lea con atenci\u00f3n y sin anteojeras la Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, ver\u00e1 que, en rigor, se deduce en ella la existencia de Dios de la inmortalidad del alma, y no esta de aquella. El imperativo categ\u00f3rico nos lleva a un postulado moral que exige a su vez, en el orden teol\u00f3gico, o m\u00e1s bien escatol\u00f3gico, la inmortalidad del alma, y para sustentar esta inmortalidad aparece Dios. Todo lo dem\u00e1s es escamoteo de profesional de la filosof\u00eda.<\/p>\n<p>El hombre Kant sinti\u00f3 la moral como base de la escatolog\u00eda, pero el profesor de la filosof\u00eda invirti\u00f3 los t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>Ya dijo no s\u00e9 d\u00f3nde otro profesor, el profesor y hombre Guillermo James, que Dios para la generalidad de los hombres es el productor de inmortalidad. S\u00ed, para la generalidad de los hombres, incluyendo al hombre Kant, al hombre James y al hombre que traza estas l\u00edneas, que est\u00e1s, lector, leyendo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, hablando con un campesino, le propuse la hip\u00f3tesis de que hubiese, en efecto, un Dios que rige cielo y tierra, Conciencia del Universo, pero que no por eso sea el alma de cada hombre inmortal en el sentido tradicional y concreto. Y me respondi\u00f3: \u00abEntonces, \u00bfpara qu\u00e9 Dios?\u00bb Y as\u00ed se respond\u00edan en el rec\u00f3ndito foro de su conciencia el hombre Kant y el hombre James. S\u00f3lo que al actuar como profesores ten\u00edan que justificar racionalmente esa actitud tan poco racional. Lo que no quiere decir, claro est\u00e1, que sea absurda.<\/p>\n<p>Hegel hizo c\u00e9lebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo lo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional; que la raz\u00f3n construye sobre las irracionalidades. Hegel, gran definidor, pretendi\u00f3 reconstruir el universo con definiciones, como aquel sargento de artiller\u00eda dec\u00eda que se construyeran los ca\u00f1ones: tomando un agujero y recubri\u00e9ndolo de hierro.<\/p>\n<p>Otro hombre, el hombre Jos\u00e9 Butler, obispo anglicano, qu\u00e9 vivi\u00f3 a principios del siglo XVIII, y de quien dice el cardenal cat\u00f3lico Newman que es el hombre m\u00e1s grande de la Iglesia anglicana, al final del cap\u00edtulo primero de su gran obra sobre la analog\u00eda de la religi\u00f3n (<em>The Analogy of Religion<\/em>), cap\u00edtulo que trata de la vida futura, escribi\u00f3 estas peque\u00f1as palabras: \u00abEsta credibilidad en una vida futura, sobre lo que tanto aqu\u00ed se ha insistido, por poco que satisfaga nuestra curiosidad, parece responder a los prop\u00f3sitos todos de la religi\u00f3n tanto como responder\u00eda una prueba demostrativa. En realidad, una prueba, aun demostrativa, de una vida futura, no ser\u00eda una prueba de religi\u00f3n. Porque el que hayamos de vivir despu\u00e9s de la muerte es cosa que se compadece tan bien con el ate\u00edsmo, y que puede ser por este tan tomada en cuenta como el que ahora estamos vivos, y nada puede ser, por lo tanto, m\u00e1s absurdo que arg\u00fcir del ate\u00edsmo que no puede haber estado futuro.\u00bb<\/p>\n<p>El hombre Butler, cuyas obras acaso conociera el hombre Kant, quer\u00eda salvar la fe en la inmortalidad del alma, y para ello la hizo independiente de la fe en Dios. El cap\u00edtulo primero de su Antolog\u00eda trata, como os digo, de la vida futura, y el segundo del gobierno de Dios por premios y castigos. Y es que, en el fondo, el buen obispo anglicano deduce la existencia de Dios de la inmortalidad del alma. Y como el buen obispo anglicano parti\u00f3 de aqu\u00ed, no tuvo que dar el salto que a fines de su mismo siglo tuvo que dar el buen fil\u00f3sofo luterano. Era un hombre el obispo Butler, y era otro hombre el profesor Kant.<\/p>\n<p>Y ser un hombre es ser algo concreto, unitario y sustantivo es ser cosa, res. Y ya sabemos lo que otro hombre, al hombre Benito Spinoza, aquel jud\u00edo portugu\u00e9s que naci\u00f3 y vivi\u00f3 en Holanda a mediados del siglo XVII, escribi\u00f3 de toda cosa. La proposici\u00f3n 6.a de la parte III de su \u00c9tica dice:&nbsp;<em>unaquaeque res, quatenus in se est, in suo esse perseverare conatur<\/em>; es decir, cada cosa, en cuanto es en s\u00ed, se esfuerza por perseverar en su ser. Cada cosa es cuanto es en s\u00ed, es decir, en cuanto sustancia, ya que, seg\u00fan \u00e9l, sustancia es&nbsp;<em>id quod in se est et per se concipitur<\/em>, lo que es por s\u00ed y por s\u00ed se concibe. Y en la siguiente proposici\u00f3n, la 7.a, de la misma parte a\u00f1ade:&nbsp;<em>conatus, quo unaquaeque res in suo esse perseverare conatur nihil est praeter ipsius rei actualem essentiam<\/em>; esto es, el esfuerzo con que cada cosa trata de perseverar en su ser no es sino la esencia actual de la cosa misma. Quiere decirse que tu esencia, lector, la m\u00eda, la del hombre Spinoza, la del hombre Butler, la del hombre Kant y la de cada hombre que sea hombre, no es sino el conato, el esfuerzo que pone en seguir siendo hombre, en no morir. Y la otra proposici\u00f3n que sigue a estas dos, la 8.a, dice:&nbsp;<em>conatus, quo unaquaeque res in suo esse perseverare conatur, nullum tempus finitum, sed indefinitum involvit<\/em>, o sea: el esfuerzo con que cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser, no implica tiempo finito, sino indefinido. Es decir, que t\u00fa, yo y Spinoza queremos no morirnos nunca y que este nuestro anhelo de nunca morirnos es nuestra esencia actual. Y, sin embargo, este pobre jud\u00edo portugu\u00e9s, desterrado en las tinieblas holandesas, no pudo llegar a creer nunca en su propia inmortalidad personal, y toda su filosof\u00eda no fue sino una consolaci\u00f3n que fragu\u00f3 para esta su falta de fe. Como a otros les duele una mano o un pie o el coraz\u00f3n o la cabeza, a Spinoza le dol\u00eda Dios. \u00a1Pobre hombre! \u00a1Y pobres hombres los dem\u00e1s!<\/p>\n<p>Y el hombre, esta cosa, \u00bfes una cosa? Por absurda que parezca la pregunta, hay quienes se la han propuesto. Anduvo no ha mucho por el mundo una cierta doctrina que llam\u00e1bamos positivismo, que hizo muy bien y mucho mal. Y entre otros males que hizo, fue el de traernos un g\u00e9nero tal de an\u00e1lisis que los hechos se pulverizaban con \u00e9l, reduci\u00e9ndose a polvo de hechos. Los m\u00e1s de los que el positivismo llamaba hechos, no eran sino fragmentos de hechos. En psicolog\u00eda su acci\u00f3n fue delet\u00e9rea. Hasta hubo escol\u00e1sticos metidos a literatos \u2014no digo fil\u00f3sofos metidos a poetas, porque poeta y fil\u00f3sofo son hermanos gemelos, si es que no la misma cosa\u2014 que llevaron el an\u00e1lisis psicol\u00f3gico positivista a la novela y al drama, donde hay que poner en pie hombres concretos, de carne y hueso, y en fuerza de estados de conciencia las conciencias desaparecieron. Les sucedi\u00f3 lo que dicen sucede con frecuencia al examinar y ensayar ciertos complicados compuestos qu\u00edmicos org\u00e1nicos, vivos, y es que los reactivos destruyen el cuerpo mismo que se trata de examinar, y lo que obtenemos son no m\u00e1s que productos de su composici\u00f3n.<\/p>\n<p>Partiendo del hecho evidente de que por nuestra conciencia desfilan estados contradictorios entre s\u00ed, llegaron a no ver claro la conciencia, el yo. Preguntarle a uno por su yo, es como preguntarle por su cuerpo. Y cuenta que al hablar del yo, hablo del yo concreto y personal; no del yo de Fichte, sino de Fichte mismo, del hombre Fichte.<\/p>\n<p>Y lo que determina a un hombre, lo que le hace&nbsp;<em>un<\/em>&nbsp;hombre, uno y no otro, el que es y no el que no es, es un principio de unidad y un principio de continuidad. Un principio de unidad primero, en el espacio, merced al cuerpo, y luego en la acci\u00f3n y en el prop\u00f3sito. Cuando andamos, no va un pie hacia adelante, el otro hacia atr\u00e1s: ni cuando miramos mira un ojo al Norte y el otro al Sur, como estemos sanos. En cada momento de nuestra vida tenemos un prop\u00f3sito, y a \u00e9l conspira la sinergia de nuestras acciones. Aunque al momento siguiente cambiemos de prop\u00f3sito. Y es en cierto sentido un hombre tanto m\u00e1s hombre, cuanto m\u00e1s unitaria sea su acci\u00f3n. Hay quien en su vida toda no persigue sino un solo prop\u00f3sito, sea el que fuere.<\/p>\n<p>Y un principio de continuidad en el tiempo. Sin entrar a discutir \u2014discusi\u00f3n ociosa\u2014 si soy o no el que era hace veinte a\u00f1os, es indiscutible, me parece, el hecho de que el que soy hoy proviene, por serie continua de estados de conciencia, del que era en mi cuerpo hace veinte a\u00f1os. La memoria es la base de la personalidad individual, as\u00ed como la tradici\u00f3n lo es de la personalidad colectiva de un pueblo. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir.<\/p>\n<p>Todo esto es de una perogruller\u00eda chillante, bien lo s\u00e9: pero es que, rodando por el mundo, se encuentra uno con hombres que parece no se sienten a s\u00ed mismos. Uno de mis mejores amigos, con quien he paseado a diario durante muchos a\u00f1os enteros, cada vez que yo le hablaba de este sentimiento de la propia personalidad, me dec\u00eda: \u00abPues yo no me siento a m\u00ed mismo, no se qu\u00e9 es eso\u00bb.<\/p>\n<p>En cierta ocasi\u00f3n, este amigo a que aludo me dijo: \u00abQuisiera ser fulano\u00bb (aqu\u00ed un nombre), y le dije: Eso es lo que yo no acabo nunca de comprender, que uno quiera ser otro cualquiera. Querer ser otro, es querer dejar de ser uno el que es. Me explico que uno desee tener lo que otro tiene, sus riquezas o sus conocimientos; pero ser otro, es cosa que no me la explico. M\u00e1s de una vez se ha dicho que todo hombre desgraciado prefiere ser el que es, aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas. Y es que los hombres desgraciados, cuando conservan la sanidad en su desgracia, es decir, cuando se esfuerzan por perseverar en su ser, prefieren la desgracia a la no existencia. De m\u00ed s\u00e9 decir, que cuando era un mozo, y aun de ni\u00f1o, no lograron conmoverme las pat\u00e9ticas pinturas que del infierno se me hac\u00edan, pues ya desde entonces nada se me aparec\u00eda tan horrible como la nada misma. Era una furiosa hambre de ser, un apetito de divinidad como nuestro asc\u00e9tico dijo.<\/p>\n<p>Irle a uno con la embajada de que se haga otro, es irle con la embajada de que deje de ser \u00e9l. Cada cual defiende su personalidad, y s\u00f3lo acepta un cambio en su modo de pensar o de sentir en cuanto este cambio pueda entrar en la unidad de su esp\u00edritu y engarzar en la continuidad de \u00e9l; en cuanto ese cambio pueda armonizarse e integrarse con todo el resto de su modo de ser, pensar y sentir, y pueda a la vez enlazarse a sus recuerdos. Ni a un hombre, ni a un pueblo \u2014que es, en cierto sentido, un hombre tambi\u00e9n\u2014 se le puede exigir un cambio que rompa la unidad y la continuidad de su persona. Se le puede cambiar mucho, hasta por completo casi; pero dentro de continuidad.<\/p>\n<p>Cierto es que se da en ciertos individuos eso que se llama un cambio de personalidad; pero eso es un caso patol\u00f3gico, y como tal lo estudian los alienistas. En esos cambios de personalidad, la memoria, base de la conciencia, se arruina por completo, y s\u00f3lo le queda al pobre paciente, como substrato de continuidad individual \u2014ya que no personal\u2014, el organismo f\u00edsico. Tal enfermedad equivale a la muerte para el sujeto que la padece; para quienes no equivale a su muerte es para los que hayan de heredarle, si tiene bienes de fortuna. Y esa enfermedad no es m\u00e1s que una revoluci\u00f3n, una verdadera revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una enfermedad es, en cierto respecto, una disociaci\u00f3n org\u00e1nica; es un \u00f3rgano o un elemento cualquiera del cuerpo vivo que se rebela, rompe la sinergia vital y conspira a un fin distinto del que conspiran los dem\u00e1s elementos con \u00e9l coordinados. Su fin puede ser, considerado en s\u00ed, es decir, en abstracto, m\u00e1s elevado, m\u00e1s noble, m\u00e1s&#8230; todo lo que se quiera, pero es otro. Podr\u00e1 ser mejor volar y respirar en el aire que nadar y respirar en el agua; pero si las aletas de un pez dieran en querer convertirse en alas, el pez, como pez, perecer\u00eda. Y no sirve decir que acabar\u00eda por hacerse ave; si es que no hab\u00eda en ello un proceso de continuidad. No lo s\u00e9 bien, pero acaso se pueda dar que un pez engendre un ave, u otro pez que est\u00e1 m\u00e1s cerca del ave que \u00e9l; pero un pez, este pez, no puede \u00e9l mismo, y durante su vida, hacerse ave.<\/p>\n<p>Todo lo que en m\u00ed conspire a romper la unidad y la continuidad de mi vida, conspira a destruirme, y, por lo tanto, a destruirse. Todo individuo que en un pueblo conspira a romper la unidad y la continuidad espirituales de ese pueblo, tiende a destruirlo y a destruirse como parte de ese pueblo. \u00bfQue tal otro pueblo es mejor? Perfectamente, aunque no entendamos bien qu\u00e9 es eso de mejor o peor. \u00bfQue es m\u00e1s rico? Concedido. \u00bfQue es m\u00e1s culto? Concedido tambi\u00e9n. \u00bfQue vive m\u00e1s feliz? Esto ya&#8230;, pero, en fin, \u00a1pase! \u00bfQue vence, eso que llaman vencer, mientras nosotros somos vencidos? Enhorabuena. Todo esto est\u00e1 bien, pero es otro. Y basta. Porque para m\u00ed, el hacerme otro, rompiendo la unidad y la continuidad de mi vida, es dejar de ser el que soy, es decir, es sencillamente dejar de ser. Y esto no: \u00a1todo antes que esto!<\/p>\n<p>\u00bfQue otro llenar\u00eda tan bien o mejor que yo el papel que lleno? \u00bfQue otro cumplir\u00eda mi funci\u00f3n social? S\u00ed, pero no yo.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Yo, yo, yo, siempre yo! \u2014dir\u00e1 alg\u00fan lector\u2014; y \u00bfqui\u00e9n eres t\u00fa?\u00bb Podr\u00eda aqu\u00ed contestarle con Obermann, con el enorme hombre Obermann: \u00abpara el universo nada, para m\u00ed todo\u00bb; pero no, prefiero recordarle una doctrina del hombre Kant, y es la de que debemos considerar a nuestros pr\u00f3jimos, a los dem\u00e1s hombres, no como medios, sino como fines. Pues no se trata de m\u00ed tan s\u00f3lo: se trata de todos y de cada uno. Los juicios singulares tienen valor de universales, dicen los l\u00f3gicos. Lo singular no es particular, es universal.<\/p>\n<p>El hombre es un fin, no un medio. La civilizaci\u00f3n toda se endereza al hombre, a cada hombre, a cada yo. \u00bfO qu\u00e9 es ese \u00eddolo, ll\u00e1mese Humanidad o como se llamare, a que se han de sacrificar todos y cada uno de los hombres? Porque yo me sacrifico por mis pr\u00f3jimos, por mis compatriotas, por mis hijos, y estos a su vez por los suyos, y los suyos por los de ellos, y as\u00ed en serie inacabable de generaciones. \u00bfY qui\u00e9n recibe el fruto de ese sacrificio?<\/p>\n<p>Los mismos que nos hablan de ese sacrificio fant\u00e1stico, de esa dedicaci\u00f3n sin objeto, suelen tambi\u00e9n hablarnos del derecho a la vida. \u00bfY qu\u00e9 es el derecho a la vida? Me dicen que he venido a realizar no s\u00e9 qu\u00e9 fin social; pero yo siento que yo, lo mismo que cada uno de mis hermanos, he venido a realizarme, a vivir. S\u00ed, s\u00ed, lo veo; una enorme actividad social, una poderosa civilizaci\u00f3n, mucha ciencia, mucho arte, mucha industria, mucha moral, y luego, cuando hayamos llenado el mundo de maravillas industriales, de grandes f\u00e1bricas, de caminos, de museos, de bibliotecas, caeremos agotados al pie de todo esto, y quedar\u00e1 \u00bfpara qui\u00e9n? \u00bfSe hizo el hombre para la ciencia o se hizo la ciencia para el hombre?<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Ea! \u2014exclamar\u00e1 de nuevo el mismo lector\u2014, volvemos a aquello del catecismo. P: \u00bfPara qui\u00e9n hizo Dios el mundo? R: Para el hombre.\u00bb Pues bien, s\u00ed, as\u00ed debe responder el hombre que sea hombre. La hormiga, si se diese cuenta de esto, y fuera persona, consciente de s\u00ed misma contestar\u00eda que para la hormiga, y contestar\u00eda bien. El mundo se hace para la conciencia, para cada conciencia.<\/p>\n<p>Una alma humana vale por todo el universo, ha dicho no s\u00e9 qui\u00e9n, pero ha dicho egregiamente. Un alma humana, \u00bfeh? No una vida. La vida esta no. Y sucede que a medida que se cree menos en el alma, es decir, en su inmortalidad consciente, personal y concreta, se exagerar\u00e1 m\u00e1s el valor de la pobre vida pasajera. De aqu\u00ed arrancan todas las afeminadas sensibler\u00edas contra la guerra. S\u00ed, uno no debe querer morir, pero la otra muerte. \u00abEl que quiera salvar su vida, la perder\u00e1\u00bb, dice el Evangelio; pero no dice el que quiera salvar su alma, el alma inmortal. O que creemos y queremos que lo sea.<\/p>\n<p>Y todos los definidores del objetivismo no se fijan, o mejor dicho, no quieren fijarse, que al afirmar un hombre su yo, su conciencia personal, afirma al hombre, al hombre concreto y real, afirma el verdadero humanismo \u2014fue no es el de las cosas del hombre, sino el del hombre\u2014, y al afirmar al hombre, afirma la conciencia. Porque la \u00fanica conciencia de que tenemos conciencia es la del hombre.<\/p>\n<p>El mundo es para la conciencia. O, mejor dicho, este para, esta noci\u00f3n de finalidad, y mejor que noci\u00f3n sentimiento, este sentimiento teol\u00f3gico no nace sino donde hay conciencia. Conciencia y finalidad son la misma cosa en el fondo.<\/p>\n<p>Si el Sol tuviese conciencia, pensar\u00eda vivir para alumbrar a los mundos, sin duda; pero pensar\u00eda tambi\u00e9n, y sobre todo, que los mundos existen para que \u00e9l los alumbre y se goce en alumbrarlos y as\u00ed viva. Y pensar\u00eda bien.<\/p>\n<p>Y toda esa tr\u00e1gica batalla del hombre por salvarse, ese inmortal anhelo de inmortalidad que le hizo al hombre Kant dar aquel salto inmortal de que os dec\u00eda, todo eso no es m\u00e1s que una batalla por la conciencia. Si la conciencia no es, como ha dicho alg\u00fan pensador inhumano, nada m\u00e1s que un rel\u00e1mpago entre dos eternidades de tinieblas, entonces no hay nada m\u00e1s execrable que la existencia.<\/p>\n<p>Alguien podr\u00e1 ver un fondo de contradicci\u00f3n en todo cuanto voy diciendo, anhelando unas veces la vida inacabable, y diciendo otras que esa vida no tiene el valor que se le da. \u00bfContradicci\u00f3n? \u00a1Ya lo creo! \u00a1La de mi coraz\u00f3n, que dice que s\u00ed, mi cabeza, que dice no! Contradicci\u00f3n, naturalmente. \u00bfQui\u00e9n no recuerda aquellas palabras del Evangelio: \u00ab\u00a1Se\u00f1or, creo; ayuda a mi incredulidad!\u00bb? \u00a1Contradicci\u00f3n!, \u00a1naturalmente! Como que s\u00f3lo vivimos de contradicciones, y por ellas; como que la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella; es contradicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se trata, como veis, de un valor afectivo, y contra los valores afectivos no valen razones. Porque las razones no son nada m\u00e1s que razones, es decir, ni siquiera son verdades. Hay definidores de esos pedantes por naturaleza y por gracia, que me hacen el efecto de aquel se\u00f1or que va a consolar a un padre que acaba de perder un hijo, muerto de repente en la flor de sus a\u00f1os, y le dice: \u00ab\u00a1Paciencia, amigo, que todos tenemos que morirnos!\u00bb \u00bfOs chocar\u00eda que este padre se irritase contra semejante impertinencia? Porque es una impertinencia. Hasta un axioma puede llegar a ser en ciertos casos una impertinencia. Cu\u00e1ntas veces no cabe decir aquello de<\/p>\n<p><em>para pensar cual t\u00fa, s\u00f3lo es preciso<\/em>&nbsp;<em>no tener nada m\u00e1s que inteligencia.<\/em><\/p>\n<p>Hay personas, en efecto, que parecen no pensar m\u00e1s que con el cerebro, o con cualquier otro \u00f3rgano que sea el espec\u00edfico para pensar; mientras otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre, con el tu\u00e9tano de los huesos, con el coraz\u00f3n, con los pulmones, con el vientre, con la vida. Y las gentes que no piensan m\u00e1s que con el cerebro, dan en definidores; se hacen profesionales del pensamiento. \u00bfY sab\u00e9is lo que es un profesional? \u00bfSab\u00e9is lo que es un producto de la diferenciaci\u00f3n del trabajo?<\/p>\n<p>Aqu\u00ed ten\u00e9is un profesional del boxeo. Ha aprendido a dar pu\u00f1etazos con tal econom\u00eda, que reconcentra sus fuerzas en el pu\u00f1etazo, y apenas pone en juego sino los m\u00fasculos precisos para obtener el fin inmediato y concentrado de su acci\u00f3n: derribar al adversario. Un boleo dado por un no profesional, podr\u00e1 no tener tanta eficacia objetiva inmediata, pero vitaliza mucho m\u00e1s al que lo da, haci\u00e9ndole poner en juego casi todo su cuerpo. El uno es un pu\u00f1etazo de boxeador, el otro de hombre. Y sabido es que los h\u00e9rcules de circo, que los atletas de feria, no suelen ser sanos. Derriban a los adversarios, levantan enormes pesas, pero se mueren, o de tisis o de dispepsia.<\/p>\n<p>Si un fil\u00f3sofo no es un hombre, es todo menos un fil\u00f3sofo; es, sobre todo, un pedante, es decir, un remedo de hombre. El cultivo de una ciencia cualquiera, de la qu\u00edmica, de la f\u00edsica, de la geometr\u00eda, de la filolog\u00eda, puede ser, y aun esto muy restringidamente y dentro de muy estrechos l\u00edmites, obra de especializaci\u00f3n diferenciada; pero la filosof\u00eda, como la poes\u00eda, o es obra de integraci\u00f3n, de concinaci\u00f3n, o no es sino filosofer\u00eda, erudici\u00f3n seudofilos\u00f3fica.<\/p>\n<p>Todo conocimiento tiene una finalidad. Lo de saber para saber, no es, d\u00edgase lo que se quiera, sino una t\u00e9trica petici\u00f3n de principio. Se aprende algo, o para un fin pr\u00e1ctico inmediato, o para completar nuestros dem\u00e1s conocimientos. Hasta la doctrina que nos aparezca m\u00e1s te\u00f3rica, es decir, de menor aplicaci\u00f3n inmediata a las necesidades no intelectuales de la vida, responde a una necesidad \u2014que tambi\u00e9n lo es\u2014 intelectual, a una raz\u00f3n de econom\u00eda en el pensar, a un principio de unidad y continuidad de la conciencia. Pero as\u00ed como un conocimiento cient\u00edfico tiene su finalidad en los dem\u00e1s conocimientos, la filosof\u00eda extr\u00ednseca se refiere a nuestro destino todo, a nuestra actitud frente a la vida y al universo. Y el m\u00e1s tr\u00e1gico problema de la filosof\u00eda es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que ah\u00ed fracasa toda filosof\u00eda que pretende deshacer la eterna y tr\u00e1gica contradicci\u00f3n, base de nuestra existencia. \u00bfPero afrontan todos esta contradicci\u00f3n?<\/p>\n<p>Poco puede esperarse, verbigracia, de un gobernante que alguna vez, aun cuando sea por modo oscuro, no se ha preocupado del principio primero y del fin \u00faltimo de las cosas todas, y sobre todo de los hombres, de su primer por qu\u00e9 y de su \u00faltimo para qu\u00e9.<\/p>\n<p>Y esta suprema preocupaci\u00f3n no puede ser puramente racional, tiene que ser afectiva. No basta pensar, hay que sentir nuestro destino. Y el que, pretendiendo dirigir a sus semejantes, dice y proclama que le tienen sin cuidado las cosas de tejas arriba, no merece dirigirlos. Sin que esto quiera decir, \u00a1claro est\u00e1!, que haya de ped\u00edrsele soluci\u00f3n alguna determinada. \u00a1Soluci\u00f3n! \u00bfLa hay acaso?<\/p>\n<p>Por lo que a m\u00ed hace, jam\u00e1s me entregar\u00e9 de buen grado, y otorg\u00e1ndole mi confianza, a conductor alguno de pueblos que no est\u00e9 penetrado de que, al conducir un pueblo, conduce hombres, hombres de carne y hueso, hombres que nacen, sufren, y aunque no quieran morir, mueren; hombres que son fines en s\u00ed mismos, no s\u00f3lo medios; hombres que han de ser lo que son y no otros; hombres, en fin, que buscan eso que llamamos la felicidad. Es inhumano, por ejemplo, sacrificar una generaci\u00f3n de hombres a la generaci\u00f3n que le sigue, cuando no se tiene sentimiento del destino de los sacrificados. No de su memoria, no de sus nombres, sino de ellos mismos.<\/p>\n<p>Todo eso de que uno vive en sus hijos, o en sus obras, o en el universo, son vagas elucubraciones con que s\u00f3lo se satisfacen los que padecen de estupidez afectiva, que pueden ser, por lo dem\u00e1s, personas de una cierta eminencia cerebral. Porque puede uno tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un est\u00fapido del sentimiento y hasta un imb\u00e9cil moral. Se han dado casos. Estos est\u00fapidos afectivos con talento suelen decir que no sirve querer zahondar en lo inconocible ni dar coces contra el aguij\u00f3n. Es como si se le dijera a uno a quien le han tenido que amputar una pierna, que de nada le sirve pensar en ello. Y a todos nos falta algo; s\u00f3lo que unos lo sienten y otros no. O hacen como que no lo sienten, y entonces son unos hip\u00f3critas.<\/p>\n<p>Un pedante que vio a Sol\u00f3n llorar la muerte de un hijo, le dijo: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 lloras as\u00ed, si eso de nada sirve?\u00bb Y el sabio le respondi\u00f3: \u00abPor eso precisamente, porque no sirve.\u00bb Claro est\u00e1 que el llorar sirve de algo, aunque no sea m\u00e1s que de desahogo; pero bien se ve el profundo sentido de la respuesta de Sol\u00f3n al impertinente. Y estoy convencido de que resolver\u00edamos muchas cosas si saliendo todos a la calle, y poniendo a luz nuestras penas, que acaso resultasen una sola pena com\u00fan, nos pusi\u00e9ramos en com\u00fan a llorarlas y a dar gritos al cielo y a llamar a Dios. Aunque no nos oyese, que s\u00ed nos oir\u00eda. Lo m\u00e1s santo de un templo es que es el lugar a que se va a llorar en com\u00fan. Un Miserere, cantado en com\u00fan por una muchedumbre, azotada del destino, vale tanto como una filosof\u00eda. No basta curar la peste, hay que saber llorarla. \u00a1S\u00ed, hay que saber llorar! Y acaso esta es la sabidur\u00eda suprema. \u00bfPara qu\u00e9? Pregunt\u00e1dselo a Sol\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay algo que, a falta de otro nombre, llamaremos el sentimiento tr\u00e1gico de la vida, que lleva tras s\u00ed toda una concepci\u00f3n de la vida misma y del universo, toda una filosof\u00eda m\u00e1s o menos formulada, m\u00e1s o menos consciente. Y ese sentimiento pueden tenerlo, y lo tienen, no s\u00f3lo hombres individuales, sino pueblos enteros. Y ese sentimiento, m\u00e1s que brotar de ideas, las determina, aun cuando luego, claro est\u00e1, estas ideas reaccionan sobre \u00e9l, corrobor\u00e1ndolo. Unas veces puede provenir de una enfermedad adventicia, de una dispepsia, verbigracia, pero otras veces es constitucional. Y no sirve hablar, como veremos, de hombres sanos e insanos. Aparte de no haber una noci\u00f3n normativa de la salud, nadie ha probado que el hombre tenga que ser naturalmente alegre. Es m\u00e1s: el hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o a un cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.<\/p>\n<p>Ha habido entre los hombres de carne y hueso ejemplares t\u00edpicos de esos que tienen el sentimiento tr\u00e1gico de la vida. Ahora recuerdo a Marco Aurelio, San Agust\u00edn, Pascal, Rousseau,&nbsp;<em>Ren\u00e9<\/em>,&nbsp;<em>Obermann<\/em>, Thomson, Leopardi, Vigny, Lenau, Kleist, Amiel, Quental, Kierkegaard: hombres cargados de sabidur\u00eda m\u00e1s bien que de ciencia.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 quien crea que uno cualquiera de estos hombres adopt\u00f3 su actitud \u2014como si actitudes as\u00ed cupiese adoptar, como quien adopta una postura\u2014, para llamar la atenci\u00f3n o tal vez para congraciarse con los poderosos, con sus jefes acaso, porque no hay nada m\u00e1s menguado que el hombre cuando se pone a suponer intenciones ajenas; pero&nbsp;<em>honni soit qui mal y pense<\/em>. Y esto por no estampar ahora y aqu\u00ed otro proverbio, este espa\u00f1ol, mucho m\u00e1s en\u00e9rgico, pero que acaso raye en groser\u00eda.<\/p>\n<p>Y hay, creo, tambi\u00e9n pueblos que tienen el sentimiento tr\u00e1gico de la vida.<\/p>\n<p>Es lo que hemos de ver ahora, empezando por eso de la salud y la enfermedad.<\/p>\n<p><strong><em>II<br \/>\nEl punto de partida<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Acaso las reflexiones que vengo haciendo puedan parecer a alguien de un cierto car\u00e1cter morboso. \u00bfMorboso? \u00bfPero qu\u00e9 es eso de la enfermedad? \u00bfQu\u00e9 es la salud?<\/p>\n<p>Y acaso la enfermedad misma sea la condici\u00f3n esencial de lo que llamamos progreso, y el progreso mismo una enfermedad.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n no conoce la m\u00edtica tragedia del Para\u00edso? Viv\u00edan en \u00e9l nuestros primeros padres en estado de perfecta salud y de perfecta inocencia, y Yav\u00e9 les permit\u00eda comer del \u00e1rbol de la vida, y hab\u00eda creado todo para ellos; pero les prohibi\u00f3 probar del fruto del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal. Pero ellos, tentados por la serpiente, modelo de prudencia para el Cristo, probaron de la fruta del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal, y quedaron sujetos a las enfermedades todas y a la que es corona y acabamiento de ellas, la muerte, y al trabajo y al progreso. Porque el progreso arranca, seg\u00fan esta leyenda, del pecado original. Y as\u00ed fue c\u00f3mo la curiosidad de la mujer, de Eva, de la m\u00e1s presa a las necesidades org\u00e1nicas y de conservaci\u00f3n, fue la que trajo la ca\u00edda y con la ca\u00edda la redenci\u00f3n, la que nos puso en el camino de Dios, de llegar a \u00c9l y ser en \u00c9l. \u00bfQuer\u00e9is una versi\u00f3n de nuestro origen? Sea. Seg\u00fan ella, no es en rigor el hombre, sino una especie de gorila, orangut\u00e1n, chimpanc\u00e9 o cosa as\u00ed, hidroc\u00e9falo o algo parecido. Un mono antropoide tuvo una vez un hijo enfermo, desde el punto de vista estrictamente animal o zool\u00f3gico, enfermo, verdaderamente enfermo, y esa enfermedad result\u00f3, adem\u00e1s de una flaqueza, una ventaja para la lucha por la persistencia. Acab\u00f3 por ponerse derecho el \u00fanico mam\u00edfero vertical: el hombre. La posici\u00f3n erecta le libert\u00f3 las manos de tener que apoyarse en ellas para andar, y pudo oponerse el pulgar a los otros cuatro dedos, y escoger objetos y fabricarse utensilios, y son las manos, como es sabido, grandes fraguadoras de inteligencia. Y esa misma posici\u00f3n le puso pulmones, tr\u00e1quea, laringe y boca en aptitud de poder articular lenguaje, y la palabra es inteligencia. Y esa posici\u00f3n tambi\u00e9n, haciendo que la cabeza pese verticalmente sobre el tronco, permiti\u00f3 un mayor peso y desarrollo de aquella, en que el pensamiento se asienta. Pero necesitando para esto unos huesos de la pelvis m\u00e1s resistentes y recios que en las especies cuyo tronco y cabeza descansan sobre las cuatro extremidades, la mujer, la autora de la ca\u00edda, seg\u00fan el G\u00e9nesis, tuvo que dar salida en el parto a una criatura de mayor cabeza por entre unos huesos m\u00e1s duros. Y Yav\u00e9 la conden\u00f3, por haber pecado, a parir con dolor sus hijos.<\/p>\n<p>El gorila, el chimpanc\u00e9, el orangut\u00e1n y sus cong\u00e9neres deben de considerar como un pobre animal enfermo al hombre, que hasta almacena sus muertos. \u00bfPara qu\u00e9?<\/p>\n<p>Y esa enfermedad primera y las enfermedades todas que le siguen, \u00bfno son acaso el capital elemento del progreso? La artritis, pongamos por caso, inficiona la sangre, introduce en ella cenizas, escurrajas de una imperfecta combusti\u00f3n org\u00e1nica; pero esta impureza misma, \u00bfno hace por ventura m\u00e1s excitante a esa sangre? \u00bfNo provocar\u00e1 acaso esa sangre impura, y precisamente por serlo, a una m\u00e1s aguda celebraci\u00f3n? El agua qu\u00edmicamente pura es impotable. Y la sangre fisiol\u00f3gicamente pura, \u00bfno es acaso tambi\u00e9n inapta para el cerebro del mam\u00edfero vertical que tiene que vivir del pensamiento?<\/p>\n<p>La historia de la Medicina, por otra parte, nos ense\u00f1a que no consiste tanto el progreso en expulsar de nosotros los g\u00e9rmenes de las enfermedades, o m\u00e1s bien las enfermedades mismas, cuanto en acomodarlas a nuestro organismo, enriqueci\u00e9ndolo tal vez, en macerarlas en nuestra sangre. \u00bfQu\u00e9 otra cosa significan la vacunaci\u00f3n y los sueros todos, qu\u00e9 otra cosa la inmunizaci\u00f3n por el transcurso del tiempo? Si eso de la salud no fuera una categor\u00eda abstracta, algo que en rigor no se da, podr\u00edamos decir que un hombre perfectamente sano no ser\u00eda ya un hombre, sino un animal irracional. Irracional por falta de enfermedad alguna que encendiera su raz\u00f3n. Y es una verdadera enfermedad, y tr\u00e1gica, la que nos da el apetito de conocer por gusto del conocimiento mismo, por el deleite de probar de la fruta del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal.<\/p>\n<p>17\u00e1va&#8211;s \u00e1v0pamol z\u00f3v s1 CS\u00a3Va1 \u00f3p&#8211;yovaal (pv6&#8211;1 \u00abtodos los hombres se empe\u00f1an por naturaleza en conocer\u00bb. As\u00ed empieza Arist\u00f3teles su Metaf\u00edsica, y desde entonces se ha repetido miles de veces que la curiosidad o deseo de saber, lo que, seg\u00fan el G\u00e9nesis, llev\u00f3 a nuestra primer madre al pecado, es el origen de la ciencia.<\/p>\n<p>Mas es menester distinguir aqu\u00ed entre el deseo o apetito de conocer, aparentemente y a primera vista, por amor al conocimiento mismo, entre el ansia de probar del fruto del \u00e1rbol de la ciencia, y la necesidad de conocer para vivir. Esto \u00faltimo, que nos da el conocimiento directo e inmediato, y que en cierto sentido, si no pareciese parad\u00f3jico, podr\u00eda llamarse conocimiento inconsciente, es com\u00fan al hombre con los animales, mientras lo que nos distingue de estos es el conocimiento reflexivo, el conocer del conocer mismo. Mucho han disputado y mucho seguir\u00e1n todav\u00eda disputando los hombres, ya que a sus disputas fue entregado el mundo, sobre el origen del conocimiento; mas dejando ahora para m\u00e1s adelante lo que de ello sea en las hondas entra\u00f1as de la existencia, es lo averiguado y cierto que en el orden aparencial de las cosas, en la vida de los seres dotados de alg\u00fan conocer o percibir, m\u00e1s o menos brumoso, o que por sus actos parecen estar dotados de \u00e9l, el conocimiento se nos muestra ligado a la necesidad de vivir y de procurarse sustento para lograrlo. Es una secuela de aquella esencia misma del ser, que, seg\u00fan Spinoza, consiste en el conato por perseverar indefinidamente en su ser mismo. Con t\u00e9rminos en que la concreci\u00f3n raya acaso en groser\u00eda, cabe decir que el cerebro, en cuanto a su funci\u00f3n, depende del est\u00f3mago. En los seres que figuran en lo m\u00e1s abajo de la escala de los vivientes, los actos que presentan caracteres de voluntariedad, los que parecen ligados a una conciencia m\u00e1s o menos clara, son actos que se enderezan a procurarse subsistencia el ser que los ejecuta.<\/p>\n<p>Tal es el origen que podemos llamar hist\u00f3rico del conocimiento, sea cual fuere su origen en otro respecto. Los seres que parecen dotados de percepci\u00f3n, perciben para poder vivir, y s\u00f3lo en cuanto para vivir lo necesitan, perciben. Pero tal vez, atesorados estos conocimientos que empezaron siendo \u00fatiles y dejaron de serlo, han llegado a constituir un caudal que sobrepuja con mucho al necesario para la vida.<\/p>\n<p>Hay, pues, primero la necesidad de conocer para vivir, y de ella se desarrolla ese otro que podr\u00edamos llamar conocimiento de lujo o de exceso, que puede a su vez llegar a constituir una nueva necesidad. La curiosidad, el llamado deseo innato de conocer, s\u00f3lo se despierta, y obra luego que est\u00e1 satisfecha la necesidad de conocer para vivir; y aunque alguna vez no sucediese as\u00ed en las condiciones actuales de nuestro linaje, sino que la curiosidad se sobreponga a la necesidad y la ciencia al hombre, el hecho primordial es que la curiosidad brot\u00f3 de la necesidad de conocer para vivir, y este es el peso muerto y la grosera materia que en su seno la ciencia lleva; y es que aspirando a ser un conocer por conocer, un conocer la verdad por la verdad misma, las necesidades de la vida fuerzan y tuercen a la ciencia a que se ponga al servicio de ellas, y los hombres, mientras creen que buscan la verdad por ella misma, buscan de hecho la vida en la verdad. Las variaciones de la ciencia dependen de las variaciones de las necesidades humanas, y los hombres de ciencia suelen trabajar, queri\u00e9ndolo o sin quererlo, a sabiendas o no, al servicio de los poderosos o al del pueblo que les pide confirmaci\u00f3n de sus anhelos.<\/p>\n<p>\u00bfPero es esto realmente un peso muerto y una grosera materia de la ciencia, o no es m\u00e1s bien la \u00edntima fuente de su redenci\u00f3n? El hecho es que es ello as\u00ed, y torpeza grande pretender rebelarse contra la condici\u00f3n misma de la vida.<\/p>\n<p>El conocimiento est\u00e1 al servicio de la necesidad de vivir, y primariamente al servicio del instinto de conservaci\u00f3n personal. Y esta necesidad y este instinto han creado en el hombre los \u00f3rganos del conocimiento, d\u00e1ndoles el alcance que tienen. El hombre ve, oye, toca, gusta y huele lo que necesita ver, o\u00edr, tocar, gustar y oler para conservar su vida; la merma o la p\u00e9rdida de uno cualquiera de esos sentidos aumenta los riesgos de que su vida est\u00e1 rodeada, y si no los aumenta tanto en el estado de sociedad en que vivimos, es porque los unos ven, oyen, tocan, gustan o huelen por los otros. Un ciego solo, sin lazarillo, no podr\u00eda vivir mucho tiempo. La necesidad es otro sentido, el verdadero sentido com\u00fan.<\/p>\n<p>El hombre, pues, en su estado de individuo aislado, no ve, ni oye, ni toca, ni gusta, ni huele m\u00e1s que lo que necesita para vivir y conservarse. Si no percibe colores ni por debajo del rojo ni por encima del violeta, es acaso porque le bastan los otros para poder conservarse. Y los sentidos mismos son aparatos de simplificaci\u00f3n, que eliminan de la realidad objetiva todo aquello que no nos es necesario conocer para poder usar de los objetos a fin de conservar la vida. En la completa oscuridad, el animal que no perece, acaba por volverse ciego. Los par\u00e1sitos, que en las entra\u00f1as de otros animales viven de los jugos nutritivos por estos otros preparados ya, como no necesitan ni ver ni o\u00edr, ni ven ni oyen, sino que convertidos en una especie de saco, permanecen adheridos al ser de quien viven. Para estos par\u00e1sitos no deben de existir ni el mundo visual ni el mundo sonoro. Basta que vean y oigan aquellos que en sus entra\u00f1as los mantienen. Est\u00e1, pues, el conocimiento primariamente al servicio del instinto de conservaci\u00f3n, que es m\u00e1s bien, como con Spinoza dijimos, su esencia misma. Y as\u00ed cabe decir que es el instinto de conservaci\u00f3n el que nos hace la realidad y la verdad del mundo perceptible, pues del campo insondable e ilimitado de lo posible es ese instinto el que nos saca y separa lo para nosotros existente. Existe, en efecto, para nosotros todo lo que, de una o de otra manera, necesitamos conocer para existir nosotros; la existencia objetiva es, en nuestro conocer, una dependencia de nuestra propia existencia personal. Y nadie puede negar que no pueden existir y acaso existan aspectos de la realidad desconocidos, hoy al menos, de nosotros, y acaso inconocibles, porque en nada nos son necesarios para conservar nuestra propia existencia actual.<\/p>\n<p>Pero el hombre ni vive solo ni es individuo aislado, sino que es miembro de sociedad, encerrando no poca verdad aquel dicho de que el individuo, como el \u00e1tomo, es una abstracci\u00f3n. S\u00ed, el \u00e1tomo fuera del universo es tan abstracci\u00f3n como el universo aparte de los \u00e1tomos. Y si el individuo se mantiene es por el instinto de perpetuaci\u00f3n de aquel. Y de este instinto, mejor dicho, de la sociedad, brota la raz\u00f3n. La raz\u00f3n, lo que llamamos tal, el conocimiento reflejo y reflexivo, el que distingue al hombre, es un producto social.<\/p>\n<p>Debe su origen acaso al lenguaje. Pensamos articulada, o sea reflexivamente, gracias al lenguaje articulado, y este lenguaje brot\u00f3 de la necesidad de transmitir nuestro pensamiento a nuestros pr\u00f3jimos. Pensar es hablar consigo mismo, y hablamos cada uno consigo mismo gracias a haber tenido que hablar los unos con los otros, y en la vida ordinaria acontece con frecuencia que llega uno a encontrar una idea que buscaba, llega a darla forma, es decir, a obtenerla, sac\u00e1ndola de la nebulosa de percepciones oscuras a que representa, gracias a los esfuerzos que hace para presentarla a los dem\u00e1s. El pensamiento es lenguaje interior, y el lenguaje interior brota del exterior. De donde resulta que la raz\u00f3n es social y com\u00fan. Hecho pre\u00f1ado de consecuencias, como hemos de ver.<\/p>\n<p>Y si hay una realidad que es en cuanto conocida obra del instinto de conservaci\u00f3n personal y de los sentidos al servicio de este, \u00bfno habr\u00e1 de haber otra realidad, no menos real que aquella, obra, en cuanto conocida, del instinto de perpetuaci\u00f3n, el de la especie, y al servicio de \u00e9l? El instinto de conservaci\u00f3n, el hambre, es el fundamento del individuo humano; el instinto de perpetuaci\u00f3n, amor en su forma m\u00e1s rudimentaria y fisiol\u00f3gica, es el fundamento de la sociedad humana. Y as\u00ed como el hombre conoce lo que necesita conocer para que se conserve, as\u00ed la sociedad o el hombre, en cuanto ser social conoce lo que necesita conocer para perpetuarse en sociedad.<\/p>\n<p>Hay un mundo, el mundo sensible, que es hijo del hambre, y otro mundo, el ideal, que es hijo del amor. Y as\u00ed como hay sentidos al servicio del conocimiento del mundo sensible los hay tambi\u00e9n, hoy en su mayor parte dormidos, porque apenas si la conciencia social alborea, al servicio del conocimiento del mundo ideal. \u00bfY por qu\u00e9 hemos de negar la realidad objetiva a las creaciones del amor, del instinto de perpetuaci\u00f3n, ya que se lo concedemos a las del hambre o instinto de conservaci\u00f3n? Porque si se dice que estas otras creaciones no lo son m\u00e1s que de nuestra fantas\u00eda, sin valor objetivo, \u00bfno puede decirse igualmente de aquellas que no son sino creaciones de nuestros sentidos? \u00bfQui\u00e9n nos dice que no haya un mundo invisible e intangible, percibido por el sentido \u00edntimo, que vive al servicio del instinto de perpetuaci\u00f3n?<\/p>\n<p>La sociedad humana, como tal sociedad, tiene sentidos de que el individuo, a no ser por ella, carecer\u00eda, lo mismo que este individuo, el hombre, que es a su vez una especie de sociedad, tiene sentidos de que carecen las c\u00e9lulas que le componen. Las c\u00e9lulas ciegas del o\u00eddo, en su oscura conciencia, deben de ignorar la existencia del mundo visible, y si de \u00e9l les hablasen, lo estimar\u00edan acaso creaci\u00f3n arbitraria de las c\u00e9lulas sordas de la vista, las cuales, a su vez, habr\u00e1n de estimar ilusi\u00f3n el mundo sonoro que aquellas crean. Ment\u00e1bamos antes a los par\u00e1sitos que, viviendo en las entra\u00f1as de los animales superiores, de los jugos nutritivos que estos preparan, no necesitan ver ni o\u00edr, y no existe, por lo tanto, para ellos mundo visible ni sonoro. Y si tuviesen cierta conciencia y se hicieran cargo de que aquel a cuyas expensas viven cree en otro mundo, juzgar\u00edanlo acaso desvar\u00edos de la imaginaci\u00f3n. Y as\u00ed hay par\u00e1sitos sociales, como hace muy bien notar Mr. Balfour, que recibiendo de la sociedad en que viven los m\u00f3viles de su conducta moral, niegan que la creencia en Dios y en otra vida sean necesarias para fundamentar una buena conducta y una vida soportables, porque la sociedad les ha preparado ya los jugos espirituales de que viven. Un individuo suelto puede soportar la vida y vivirla buena, y hasta heroica, sin creer en manera alguna ni en la inmortalidad del alma ni en Dios, pero es que vive vida de par\u00e1sito espiritual. Lo que llamamos sentimiento del honor es, aun en los no cristianos, un producto cristiano. Y aun digo m\u00e1s, y es, que si se da en un hombre la fe en Dios unida a una vida de pureza y elevaci\u00f3n moral, no es tanto que el creer en Dios le haga bueno, cuanto que el ser bueno, gracias a Dios, le hace creer en \u00c9l. La bondad es la mejor fuente de clarividencia espiritual.<\/p>\n<p>No se me oculta tampoco que podr\u00e1 dec\u00edrseme que todo esto de que el hombre crea el mundo sensible, y el amor el ideal, todo lo de las c\u00e9lulas ciegas del o\u00eddo y las sordas de la vista, lo de los par\u00e1sitos espirituales, etc., son met\u00e1foras. As\u00ed es, y no pretendo otra cosa sino discurrir por met\u00e1foras. Y es que ese sentido social, hijo del amor, padre del lenguaje y de la raz\u00f3n y del mundo ideal que de \u00e9l surge, no es en el fondo otra cosa que lo que llamamos fantas\u00eda e imaginaci\u00f3n. De la fantas\u00eda brota la raz\u00f3n. Y si se toma a aquella como una facultad que fragua caprichosamente im\u00e1genes, preguntar\u00e9 qu\u00e9 es el capricho, y en todo caso tambi\u00e9n los sentidos y la raz\u00f3n yerran.<\/p>\n<p>Y hemos de ver que es esa facultad \u00edntima social, la imaginaci\u00f3n que lo personaliza todo, la que, puesta al servicio del instinto de perpetuaci\u00f3n, nos revela la inmortalidad del alma y a Dios, siendo as\u00ed Dios un producto social.<\/p>\n<p>Pero esto para m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Y ahora bien; \u00bfpara qu\u00e9 se filosofa?, es decir, \u00bfpara qu\u00e9 se investigan los primeros principios y los fines \u00faltimos de las cosas? \u00bfPara qu\u00e9 se busca la verdad desinteresada? Porque aquello de que todos los hombres tienden por naturaleza a conocer, est\u00e1 bien; pero \u00bfpara qu\u00e9? Buscan los fil\u00f3sofos un punto de partida te\u00f3rico o ideal a su trabajo humano, el de filosofar; pero suelen descuidar buscarle el punto de partida pr\u00e1ctico y real, el prop\u00f3sito. \u00bfCu\u00e1l es el prop\u00f3sito al hacer filosof\u00eda, al pensarla y exponerla luego a los semejantes? \u00bfQu\u00e9 busca en ello y con ello el fil\u00f3sofo? \u00bfLa verdad por la verdad misma? \u00bfLa verdad para sujetar a ella nuestra conducta y determinar conforme a ella nuestra actitud espiritual para con la vida y el universo?<\/p>\n<p>La filosof\u00eda es un producto humano de cada fil\u00f3sofo, y cada fil\u00f3sofo es un hombre de carne y hueso que se dirige a otros hombres de carne y hueso como \u00e9l. Y haga lo que quiera, filosofa, no con la raz\u00f3n s\u00f3lo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo. Filosofa el hombre.<\/p>\n<p>Y no quiero emplear aqu\u00ed el yo, diciendo que al filosofar filosofo yo y no el hombre, para que no se confunda este yo concreto, circunscrito, de carne y hueso, que sufre del mal de muelas y no encuentra soportable la vida si la muerte es la aniquilaci\u00f3n de la conciencia personal, para que no se le confunda con ese otro yo de matute, el Yo con letra may\u00fascula, el Yo te\u00f3rico que introdujo en la filosof\u00eda Fichte, ni aun con el \u00fanico, tambi\u00e9n te\u00f3rico, de Max Stirner. Es mejor decir nosotros. Pero nosotros los circunscritos en espacios.<\/p>\n<p>\u00a1Saber por saber! \u00a1La verdad por la verdad! Eso es inhumano. Y si decimos que la filosof\u00eda te\u00f3rica se endereza a la pr\u00e1ctica, la verdad al bien, la ciencia a la moral, dir\u00e9: y el bien \u00bfpara qu\u00e9? \u00bfEs acaso un fin en s\u00ed? Bueno no es sino lo que contribuye a la conservaci\u00f3n, perpetuaci\u00f3n y enriquecimiento de la conciencia. El bien se endereza al hombre, al mantenimiento y perfecci\u00f3n de la sociedad humana, que se compone de hombres. Y esto; \u00bfpara qu\u00e9? \u00abObra de modo que tu acci\u00f3n pueda servir de norma a todos los hombres\u00bb, nos dice Kant. Bien \u00bfy para qu\u00e9? Hay que buscar un para qu\u00e9.<\/p>\n<p>En el punto de partida, en el verdadero punto de partida, el pr\u00e1ctico, no el te\u00f3rico, de toda filosof\u00eda, hay un para qu\u00e9. El fil\u00f3sofo filosofa para algo m\u00e1s que para filosofar.&nbsp;<em>Primum vivere, deinde philosophari<\/em>, dice el antiguo adagio latino, y como el fil\u00f3sofo, antes que fil\u00f3sofo es hombre, necesita vivir para poder filosofar, y de hecho filosofa para vivir. Y suele filosofar, o para resignarse a la vida, o para buscarle alguna finalidad, o para divertirse y olvidar penas, o por deporte y juego. Buen ejemplo de este \u00faltimo, aquel terrible ironista ateniense que fue S\u00f3crates, y de quien nos cuenta Jenofonte, en sus Memorias, que de tal modo le expuso a Teodota la cortesana las artes de que deb\u00eda valerse para atraer a su casa amantes, que le pidi\u00f3 ella al fil\u00f3sofo que fuese su compa\u00f1ero de caza, avvOilpazds, su alcahuete, en una palabra. Y es que, de hecho, en arfe de alcahueter\u00eda, aunque sea espiritual, suele no pocas veces convertirse la filosof\u00eda. Y otras en opio para adormecer pesares.<\/p>\n<p>Tomo al azar un libro de metaf\u00edsica, el que encuentro m\u00e1s a mano.&nbsp;<em>Time and Space. A metaphysical essay<\/em>, de Shayworth H. Hodgson; lo abro, y en el p\u00e1rrafo quinto del primer cap\u00edtulo de su parte primera leo: \u00abLa metaf\u00edsica no es, propiamente hablando, una ciencia, sino una filosof\u00eda; esto es, una ciencia cuyo fin est\u00e1 en s\u00ed misma, en la gratificaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los esp\u00edritus que la cultivan, no en prop\u00f3sito alguno externo, tal como el de fundar un arte conducente al bienestar de la vida.\u00bb Examinemos esto. Y veremos primero que la metaf\u00edsica no es, hablando con propiedad properly speaking-, una ciencia, \u00abesto es\u00bb, that is, que es una ciencia cuyo fin etc\u00e9tera. Y esta ciencia, que no es propiamente una ciencia, tiene su fin en s\u00ed, en la gratificaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los esp\u00edritus que la cultivan. \u00bfEn qu\u00e9, pues, quedamos? \u00bfTiene su fin en s\u00ed, o es su fin gratificar y educar los esp\u00edritus que la cultivan? \u00a1O lo uno o lo otro! Luego a\u00f1ade Hodgson que el fin de la metaf\u00edsica no es prop\u00f3sito alguno externo, como el de fundar un arte conducente al bienestar de la vida. Pero es que la gratificaci\u00f3n del esp\u00edritu de aquel que cultiva la filosof\u00eda, \u00bfno es parte del bienestar de su vida? F\u00edjese el lector en ese pasaje del metaf\u00edsico ingl\u00e9s, y d\u00edgame si no es un tejido de contradicciones. Lo cual es inevitable, cuando se trate de fijar humanamente eso de una ciencia, de un conocer, cuyo fin est\u00e9 en s\u00ed mismo; eso de un conocer por el conocer mismo de un alcanzar la verdad por la misma verdad. La ciencia no existe sino en la conciencia personal, y gracias a ella; la astronom\u00eda, las matem\u00e1ticas, no tienen otra realidad que la que como conocimiento tienen en las mentes de los que las aprenden y cultivan. Y si un d\u00eda ha de acabarse toda conciencia personal sobre la tierra; si un d\u00eda ha de volver a la nada, es decir, a la absoluta inconsciencia de que brotara el esp\u00edritu humano, y no ha de haber esp\u00edritu que se aproveche de toda nuestra ciencia acumulada, \u00bfpara qu\u00e9 esta? Porque no se debe perder de vista que el problema de la inmortalidad personal del alma implica el porvenir de la especie humana toda.<\/p>\n<p>Esa serie de contradicciones en que el ingl\u00e9s cae, al querer explicarnos lo de una ciencia cuyo fin est\u00e1 en s\u00ed misma, es f\u00e1cilmente comprensible trat\u00e1ndose de un ingl\u00e9s que ante todo es hombre. Tal vez un especialista alem\u00e1n, un fil\u00f3sofo que haya hecho de la filosof\u00eda su especialidad, y en esta haya enterrado, mat\u00e1ndola antes, su humanidad, explicara mejor eso de la ciencia, cuyo fin est\u00e1 en s\u00ed misma, y lo del conocer por conocer. Tomad al hombre Spinoza, aquel jud\u00edo portugu\u00e9s desterrado en Holanda; leed su \u00c9tica, como lo que es, como un desesperado poema elegiaco, y decidme si no se oye all\u00ed, por debajo de las escuetas y al parecer serenas proposiciones expuestas more geometrico, el eco l\u00fagubre de los salmos prof\u00e9ticos. Aquella no es la filosof\u00eda de la resignaci\u00f3n, sino la de la desesperaci\u00f3n. Y cuando escrib\u00eda lo de que el hombre libre en todo piensa menos en la muerte, y es su sabidur\u00eda meditaci\u00f3n no de la muerte, sino de la vida humana &#8211;<em>homo librr de nulla re minus quam de morte cogitat et euis sapientiam non mortis, sed vitae meditatio est<\/em>&nbsp;(Ethice, pars. IV prop. LXVII); cuando escrib\u00eda, sent\u00edase, como nos sentimos todos, esclavo, y pensaba en la muerte, y para libertarse, aunque en vano, de este pensamiento, lo escrib\u00eda. Ni al escribir la proposici\u00f3n XLII de la parte V de que \u00abla felicidad no es premio de la virtud, sino la virtud misma\u00bb, sent\u00eda, de seguro, lo que escrib\u00eda. Pues para eso suelen filosofar los hombres, para convencerse a s\u00ed mismos, sin lograrlo. Y este querer convencerse, es decir, este querer violentar la propia naturaleza humana, suele ser el verdadero punto de partida \u00edntimo de no pocas filosof\u00edas.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde vengo yo y de d\u00f3nde viene el mundo en que vivo y del cual vivo? \u00bfAd\u00f3nde voy y ad\u00f3nde va cuanto me rodea? \u00bfQu\u00e9 significa esto? Tales son las preguntas del hombre, as\u00ed que se liberta de la embrutecedora necesidad de tener que sustentarse materialmente. Y si miramos bien, veremos que debajo de esas preguntas no hay tanto el deseo de conocer un por qu\u00e9 como el de conocer el para qu\u00e9; no de la causa, sino de la finalidad. Conocida es la definici\u00f3n que de la filosof\u00eda daba Cicer\u00f3n llam\u00e1ndola \u00abciencia de lo divino y de lo humano y de las causas en que ellos se contienen\u00bb,&nbsp;<em>retum divinarum et humanarum, causarumque quibus hae res continentur<\/em>; pero en realidad, esas causas son para nosotros, fines. Y la Causa Suprema, Dios, \u00bfqu\u00e9 es sino el Supremo Fin? S\u00f3lo nos interesa el por qu\u00e9 en vista del para qu\u00e9; s\u00f3lo queremos saber de d\u00f3nde venimos para mejor poder averiguar ad\u00f3nde vamos.<\/p>\n<p>Esta definici\u00f3n ciceroniana, que es estoica, se halla tambi\u00e9n en aquel formidable intelectualista que fue Clemente de Alejandr\u00eda, por la Iglesia cat\u00f3lica canonizado, el cual la expone en el cap\u00edtulo V del primero de sus Stromata. Pero este mismo fil\u00f3sofo cristiano -\u00bfcristiano?- en el cap\u00edtulo XXII de su cuarto stroma nos dice que debe bastarle al gn\u00f3stico, es decir, al intelectual, el conocimiento, la gnosis, y a\u00f1ade: \u00aby me atrever\u00eda a decir que no por querer salvarse escoger\u00e1 el conocimiento el que lo siga por la divina ciencia misma: el conocer tiende, mediante el ejercicio, al siempre conocer; pero el conocer siempre, hecho esencia del conocimiento por continua mezcla y hecho contemplaci\u00f3n eterna queda sustancia viva; y si alguien por su posici\u00f3n propusiese al intelectual qu\u00e9 prefer\u00eda, o el conocimiento de Dios o la salvaci\u00f3n eterna, y se pudieran dar estas cosas separadas, siendo como son, m\u00e1s bien una sola, sin vacilar escoger\u00eda el conocimiento de Dios\u00bb. \u00a1Que \u00c9l, que Dios mismo, a quien anhelamos gozar y poseer eternamente, nos libre de este gnosticismo o intelectualismo clementino!<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 quiero saber de d\u00f3nde vengo y ad\u00f3nde voy, de d\u00f3nde viene y ad\u00f3nde va lo que me rodea, y qu\u00e9 significa todo esto? Porque no quiero morirme del todo, y quiero saber si he de morirme o no definitivamente. Y si no muero, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de m\u00ed?; y si muero, ya nada tiene sentido. Y hay tres soluciones: a) o s\u00e9 que me muero del todo y entonces la desesperaci\u00f3n irremediable, o b) s\u00e9 que no muero del todo, y entonces la resignaci\u00f3n, o c) no puedo saber ni una cosa ni otra cosa, y entonces la resignaci\u00f3n en la desesperaci\u00f3n o esta en aquella, una resignaci\u00f3n desesperada, o una desesperaci\u00f3n resignada, y la lucha. \u00abLo mejor es -dir\u00e1 alg\u00fan lector- dejarse de lo que no se puede conocer.\u00bb \u00bfEs ello posible? En su hermos\u00edsimo poema El sabio antiguo (The ancient sage), dec\u00eda Tennyson: \u00abNo puedes probar lo inefable (The Nameless), \u00a1oh hijo m\u00edo, ni puedes probar el mundo en que te mueves; no puedes probar que eres cuerpo s\u00f3lo, ni puedes probar que eres s\u00f3lo esp\u00edritu, ni que eres ambos en uno; no puedes probar que eres inmortal, ni tampoco que eres mortal; s\u00ed, hijo m\u00edo, no puedes probar que yo, que contigo hablo, no eres t\u00fa que hablas contigo mismo, porque nada digno de probarse puede ser probado ni des-probado, por lo cual s\u00e9 prudente, ag\u00e1rrate siempre a la parte m\u00e1s soleada de la duda y trepa a la Fe allende las formas de la Fe!\u00bb S\u00ed, acaso, como dice el sabio, nada digno de probarse puede ser probado ni des-probado.<\/p>\n<p><em>for nothing worthy proving can be proven,<\/em><\/p>\n<p><em>nor yet disproven;<\/em><\/p>\n<p>\u00bfPero podemos contener a ese instinto que lleva al hombre a querer conocer y sobre todo a querer conocer aquello que a vivir, y a vivir siempre, conduzca? A vivir siempre, no a conocer siempre como el gn\u00f3stico alejandrino. Porque vivir es una cosa y conocer otra, y como veremos, acaso hay entre ellas una tal oposici\u00f3n que podamos decir que todo lo vital es antirracional, no ya s\u00f3lo irracional, y todo lo racional, antivital. Y esta es la base del sentimiento tr\u00e1gico de la vida.<\/p>\n<p>Lo malo del discurso del m\u00e9todo de Descartes no es la duda previa met\u00f3dica; no que empezara queriendo dudar de todo, lo cual no es m\u00e1s que un mero artificio; es que quiso empezar prescindiendo de s\u00ed mismo, del Descartes, del hombre real, de carne y hueso, del que no quiere morirse, para ser un mero pensador, esto es, una abstracci\u00f3n. Pero el hombre real volvi\u00f3 y se le meti\u00f3 en la filosof\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abLe bon sens est la chose du monde la mieux partag\u00e9e.\u00bb As\u00ed comienza el Discurso del M\u00e9todo, y ese buen sentido le salv\u00f3. Y sigue hablando de s\u00ed mismo, del hombre Descartes, dici\u00e9ndonos, entre otras cosas, que estimaba mucho la elocuencia y estaba enamorado de la poes\u00eda; que se complac\u00eda sobre todo en las matem\u00e1ticas, a causa de la certeza y evidencia de sus razones, y que veneraba nuestra teolog\u00eda, y pretend\u00eda, tanto como cualquier otro, ganar en el cielo,&nbsp;<em>et pr\u00e9tendais autant qu&#8217;aucun autre \u00e1 gagner le ciel<\/em>. Y esta pretensi\u00f3n, por lo dem\u00e1s creo que muy laudable, y sobre todo muy natural, fue la que le impidi\u00f3 sacar todas las consecuencias de la duda met\u00f3dica. El hombre Descartes pretend\u00eda, tanto como otro cualquiera, ganar el cielo; \u00abpero habiendo sabido, como cosa muy segura, que no est\u00e1 su camino menos abierto a los m\u00e1s ignorantes que a los m\u00e1s doctos, y que las verdades reveladas que a \u00e9l llevan est\u00e1n por encima de nuestra inteligencia, no me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mi razonamiento y pens\u00e9 que para emprender el examinarlos y lograrlo era menester tener alguna extraordinaria asistencia del cielo y ser m\u00e1s que hombre\u00bb. Y aqu\u00ed est\u00e1 el hombre. Aqu\u00ed est\u00e1 el hombre que no se sent\u00eda, a Dios gracias, en condici\u00f3n que le obligase a hacer de la ciencia un oficio -m\u00e9tier- para alivio de su fortuna, y que no se hac\u00eda una profesi\u00f3n de despreciar, en c\u00ednico, la gloria. Y luego nos cuenta c\u00f3mo tuvo que detenerse en Alemania, y encerrado en una estufa, poele, empez\u00f3 a filosofar su m\u00e9todo. En Alemania, \u00a1pero encerrado en una estufa! Y as\u00ed es, un discurso de estufa, y de estufa alemana, aunque el fil\u00f3sofo en ella encerrado haya sido un franc\u00e9s que se propon\u00eda ganar el cielo.<\/p>\n<p>Y llega al cogito ergo sum, que ya san Agust\u00edn preludiara; pero el ego impl\u00edcito en este entimema ego cogito, ergo ego sum, es un ego, un yo irreal, o sea ideal, y su sum, su existencia, algo irreal tambi\u00e9n, \u00abpienso luego soy\u00bb, no puedo querer decir sino \u00abpienso, luego soy pensante\u00bb; ese ser del soy que se deriva de pienso no es m\u00e1s que un conocer; ese ser es conocimiento, mas no vida. Y lo primitivo no es que pienso, sino que vivo, porque tambi\u00e9n viven los que no piensan. Aunque ese vivir no sea un vivir verdadero. \u00a1Qu\u00e9 de contradicciones, Dios m\u00edo, cuando queremos casar la vida y la raz\u00f3n!<\/p>\n<p>La verdad es sum, ergo cogito: soy, luego pienso, aunque no todo lo que es piense. La conciencia de pensar, \u00bfno ser\u00e1 ante todo conciencia de ser? \u00bfSer\u00e1 posible acaso un pensamiento puro, sin conciencia de s\u00ed, sin personalidad? \u00bfCabe acaso conocimiento puro, sin sentimiento, sin esta especie de materialidad que el sentimiento le presta? \u00bfNo se siente acaso el pensamiento y se siente u\u00f1o a s\u00ed mismo a la vez que se conoce y se quiere? \u00bfNo puede decir el hombre de la estufa: \u00absiento, luego soy\u00bb; o \u00abquiero, luego soy\u00bb? Y sentirse, \u00bfno es acaso sentirse imperecedero? Quererse, \u00bfno es quererse eterno, es decir, no querer morirse? Lo que el triste jud\u00edo de Amsterdam llamaba la esencia de la cosa, el conato que pone en perseverar indefinidamente en su ser, el amor propio, el ansia de inmortalidad, \u00bfno ser\u00e1 acaso la condici\u00f3n primera y fundamental de todo conocimiento reflexivo o humano? \u00bfY no ser\u00e1, por lo tanto, la verdadera base, el verdadero punto de partida de toda filosof\u00eda, aunque los fil\u00f3sofos, pervertidos por el intelectualismo, no lo reconozcan?<\/p>\n<p>Y fue adem\u00e1s el cogito el que introdujo una distinci\u00f3n que, aunque fecunda en verdades, lo ha sido tambi\u00e9n en confusiones, y es la distinci\u00f3n entre objeto, cogito, y sujeto, sum. Apenas hay distinci\u00f3n que no sirva tambi\u00e9n para confundir. Pero a esto volveremos.<\/p>\n<p>Qued\u00e9monos ahora en esta vehemente sospecha de que el ansia de no morir, el hambre de la inmortalidad personal, el conato con que tendemos a persistir indefinidamente en nuestro ser propio y que es, seg\u00fan el tr\u00e1gico jud\u00edo, nuestra misma esencia, eso es la base afectiva de todo conocer y el \u00edntimo punto de partida personal de toda filosof\u00eda humana, fraguada por un hombre y para hombres. Y veremos c\u00f3mo la soluci\u00f3n a ese \u00edntimo problema afectivo, soluci\u00f3n que puede ser la renuncia desesperada de solucionarlo, es la que ti\u00f1e todo el resto de la filosof\u00eda. Hasta debajo del llamado problema del conocimiento no hay sino el afecto ese humano, como debajo de la inquisici\u00f3n del por qu\u00e9 de la causa no hay sino la rebusca del para qu\u00e9, de la finalidad. Todo lo dem\u00e1s es o enga\u00f1arse o querer enga\u00f1ar a los dem\u00e1s. Y querer enga\u00f1ar a los dem\u00e1s para enga\u00f1arse a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Y ese punto de partida personal y afectivo de toda filosof\u00eda y de toda religi\u00f3n es el sentimiento tr\u00e1gico de la vida. Vamos a verlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>III<br \/>\nEl Hambre de Inmortalidad<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Par\u00e9monos en esto del inmortal anhelo de inmortali\u00acdad, aunque los gn\u00f3sticos o intelectuales puedan decir que es ret\u00f3rica lo que sigue y no filosof\u00eda. Tambi\u00e9n el di\u00acvino Plat\u00f3n, al disertar en su Fed\u00f3n sobre la inmortali\u00acdad del alma, dijo que conviene hacer sobre ella leyen\u00acdas, uv0o, oy&#8211;i v. Recordemos ante todo una vez m\u00e1s, y no ser\u00e1 la \u00faltima, aquello de Spinoza de que cada ser se esfuerza por perse\u00acverar en \u00e9l, y que este esfuerzo es su esencia misma actual, e implica tiempo indefinido, y que el \u00e1nimo, en fin, ya en sus ideas distintas y claras, ya en las confusas, tiende a per\u00acseverar en su ser con duraci\u00f3n indefinida y es sabedor de este su empe\u00f1o (Ethice, part. HI, props. VI-1X). Imposible nos es, en efecto, concebirnos como no exis\u00actentes, sin que haya esfuerzo alguno que baste a que la conciencia se d\u00e9 cuenta de la absoluta inconsciencia, de su propio anonadamiento. Intenta, lector, imaginarte en plena vela cu\u00e1l sea el estado de tu alma en el profundo sue\u00f1o; trata de llenar tu conciencia con la representaci\u00f3n de la inconsciencia, y lo ver\u00e1s. Causa congojos\u00edsimo v\u00e9r\u00actigo el empe\u00f1arse en comprenderlo. No podemos conce\u00acbirnos como no existiendo. El universo visible, el que es hijo del instinto de con\u00acservaci\u00f3n, me viene estrecho, esme como una jaula que me resulta chica, y contra cuyos barrotes da en sus revue\u00aclos mi alma; f\u00e1ltame en \u00e9l aire que respirar. M\u00e1s, m\u00e1s y cada vez m\u00e1s; quiero ser yo, y sin dejar de serlo, ser ade\u00acm\u00e1s los otros, adentrarme a la totalidad de las cosas visi\u00acbles e invisibles, extenderme a lo ilimitado del espacio y prolongarme a lo inacabable del tiempo. De no serlo todo y por siempre, es como si no fuera, y por lo menos ser todo yo, y serlo para siempre jam\u00e1s. Y ser yo, es ser todos los dem\u00e1s. \u00a1O todo o nada! \u00a1O todo o nada! \u00a1Y qu\u00e9 otro sentido puede tener el \u00abser o no ser\u00bb! To be or no to be shakesperiano, el de aquel mismo poeta que hizo decir a Marcio en su Coriolano (V, 4) que s\u00f3lo necesitaba la eternidad para ser dios; he wants nothing of a god but eternity? \u00a1Eternidad!, \u00a1eterni\u00acdad! Este es el anhelo: la sed de eternidad es lo que se llama amor entre los hombres; y quien a otro ama es que quiere eternizarse en \u00e9l. Lo que no es eterno tampoco es real. Gritos de las entra\u00f1as del alma ha arrancado a los poe\u00actas de los tiempos todos esta tremenda visi\u00f3n del fluir de las olas de la vida, desde el \u00absue\u00f1o de una sombra\u00bb \u00f3xtas \u00f3vap de P\u00edndaro, hasta el \u00abla vida es sue\u00f1o\u00bb, de Calder\u00f3n y el \u00abestamos hechos de la madera de los sue\u00f1os\u00bb, de Shakespeare, sentencia esta \u00faltima a\u00fan m\u00e1s tr\u00e1gica que la del castellano, pues mientras en aquella s\u00f3lo se declara sue\u00f1o a nuestra vida, mas no a nosotros los so\u00f1adores de ella, el ingl\u00e9s nos hace tambi\u00e9n a nosotros sue\u00f1o, sue\u00f1o que sue\u00f1a. La vanidad del mundo y el c\u00f3mo pasa, y el amor son las dos notas radicales y entra\u00f1adas de la verdadera poe\u00acs\u00eda. Y son dos notas que no pueden sonar la una sin que la otra a la vez resuene. El sentimiento de la vanidad del mundo pasajero nos mete el amor, \u00fanico en que se vence lo vano y transitorio, \u00fanico que rellena y eterniza la vida. Al parecer al menos, que en realidad&#8230; Y el amor, sobre todo cuando la lucha contra el destino s\u00famenos en el sen\u00actimiento de la vanidad de este mundo de apariencias, y nos abre la vislumbre de otro en que, vencido el destino, sea ley la libertad. \u00a1Todo pasa! Tal es el estribillo de los que han bebido de la fuente de la vida, boca al chorro, de los que han gus\u00actado del fruto del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal. \u00a1Ser, ser siempre, ser sin t\u00e9rmino, sed de ser, sed de ser m\u00e1s!, \u00a1hambre de Dios!, \u00a1sed de amor eternizante y eterno!, \u00a1ser siempre!, \u00a1ser Dios! \u00ab\u00a1Ser\u00e9is como dioses!\u00bb, cuenta el G\u00e9nesis (111, 5) que dijo la serpiente a la primera pareja de enamorados. \u00abSi en esta vida tan s\u00f3lo hemos de esperar en Cristo, somos los m\u00e1s lastimosos de los hombres\u00bb, escrib\u00eda el Ap\u00f3stol (1 Cor., XV, 19), y toda religi\u00f3n arranca hist\u00f3ricamente del culto a los muertos, es decir, a la inmortalidad. Escrib\u00eda el tr\u00e1gico jud\u00edo portugu\u00e9s de Amsterdam que el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte; pero ese hombre libre es un hombre muerto libre del re\u00acsorte de la vida, falto de amor, esclavo de su libertad. Ese pensamiento de que me tengo que morir y el enigma de lo que habr\u00e1 despu\u00e9s, es el latir mismo de mi conciencia. Contemplando el sereno campo verde o contemplando unos ojos claros, a que se asome un alma hermana de la m\u00eda, se me hinche la conciencia, siento la di\u00e1stole del alma y me empapo de vida ambiente, y creo en mi porve\u00acnir; pero al punto la voz del misterio me susurra \u00a1dejar\u00e1s de ser!, me roza con el ala el \u00c1ngel de la muerte, y la s\u00eds\u00actole del alma me inunda las entra\u00f1as espirituales en san\u00acgre de divinidad. Como Pascal, no comprendo al que asegura no d\u00e1rsele un ardite de este asunto, y ese abandono en cosa \u00aben que se trata de ellos mismos, de su eternidad, de su todo, me irrita mas que me enternece, me asombra y me espanta\u00bb, y el que as\u00ed siente \u00abes para m\u00ed\u00bb, como para Pascal, cuyas son las palabras se\u00f1aladas, \u00abun monstruo\u00bb. Mil veces y en mil tonos se ha dicho c\u00f3mo es el culto a los muertos antepasados lo que enceta, por lo com\u00fan, las religiones primitivas, y cabe en rigor decir que lo que m\u00e1s al hombre destaca de los dem\u00e1s animales es lo de que guarde, de una manera o de otra, sus muertos sin entre\u00acgarlos al descuido de su madre la tierra todoparidora; es un animal guardamuertos. \u00bfY de qu\u00e9 los guarda as\u00ed? \u00bfDe qu\u00e9 los ampara el pobre? La pobre conciencia huye de su propia aniquilaci\u00f3n, y as\u00ed que un esp\u00edritu animal despla\u00accent\u00e1ndose del mundo, se ve frente a este y como distinto de \u00e9l se conoce, ha de querer tener otra vida que no la del mundo mismo. Y as\u00ed la tierra correr\u00eda riesgo de conver\u00actirse en un vasto cementerio, antes que los muertos mis\u00acmos se remueran. Cuando no se hac\u00edan para los vivos m\u00e1s que chozas de tierra o caba\u00f1as de paja que la intemperie ha destruido, elev\u00e1banse t\u00famulos para los muertos, y antes se emple\u00f3 la piedra para las sepulturas que no para las habitaciones. Han vencido a los siglos por su fortaleza las casas de los muertos, no las de los vivos; no las moradas de paso, sino las de queda. Este culto, no a la muerte, sino a la inmortalidad, inicia y conserva las religiones. En el delirio de la destrucci\u00f3n, Robespierre hace declarar a la Convenci\u00f3n la existencia del Ser Supremo y \u00abel principio consolador de la inmor\u00actalidad del alma\u00bb, y es que el Incorruptible se aterraba ante la idea de tener que corromperse un d\u00eda. \u00bfEnfermedad? Tal vez, pero quien no se cuida de la en\u00acfermedad, descuida la salud, y el hombre es un animal esencial y sustancialmente enfermo. \u00bfEnfermedad? Tal vez lo sea como la vida misma a que va presa, y la \u00fanica salud posible la muerte; pero esa enfermedad es el ma\u00acnantial de toda salud poderosa. De lo hondo de esa con\u00acgoja, del abismo del sentimiento de nuestra mortalidad, se sale a luz de otro cielo, como de lo hondo del infierno sali\u00f3 el Dante a volver a ver las estrellas (Inf., XXXIV, 139).<\/p>\n<p>e quindi uscimmo a riveder le stelle.<\/p>\n<p>Aunque al pronto nos sea congojosa esta meditaci\u00f3n de nuestra mortalidad, nos es al cabo corroboradora. Rec\u00f3\u00acgete, lector, en ti mismo, y fig\u00farate un lento deshacerte de ti mismo, en que la luz se te apague, se te enmudezcan las cosas y no te den sonido, envolvi\u00e9ndote en silencio, se te derritan de entre las manos los objetos asideros, se te escu\u00acrra de bajo los pies el piso, se te desvanezcan como en des\u00acmayo los recuerdos, se te vaya disipando todo en nada y disip\u00e1ndote tambi\u00e9n t\u00fa, y ni aun la conciencia de la nada te quede siquiera como fant\u00e1stico agarradero de una sombra. He o\u00eddo contar de un pobre segador muerto en cama de hospital, que al ir el cura a ungirle en extremaunci\u00f3n las manos, se resist\u00eda a abrir la diestra con que apu\u00f1aba unas sucias monedas, sin percatarse de que muy pronto no se\u00acr\u00eda ya suya su mano ni \u00e9l de s\u00ed mismo. Y as\u00ed cerramos y apu\u00f1amos, no ya la mano, sino el coraz\u00f3n, queriendo apu\u00f1ar en \u00e9l al mundo. Confes\u00e1bame un amigo, que previendo en pleno vigor de salud f\u00edsica la cercan\u00eda de una muerte violenta, pen\u00acsaba en concentrar la vida, vivi\u00e9ndola en los pocos d\u00edas que de ella calculaba le quedar\u00edan para escribir un libro. \u00a1Vanidad de vanidades! Si al mor\u00edrseme el cuerpo que me sustenta, y al que llamo m\u00edo para distinguirme de m\u00ed mismo, que soy yo, vuelve mi conciencia a la absoluta inconsciencia de que brotara, y como a la m\u00eda les acaece a las de mis hermanos todos en la humanidad, entonces no es nuestro trabajado linaje humano m\u00e1s que una fat\u00eddica procesi\u00f3n de fantas\u00acmas, que van de la nada a la nada, y el humanitarismo lo m\u00e1s inhumano que se conoce. Y el remedio no es el de la copla que dice:<\/p>\n<p>Cada vez que considero que me tengo que morir, tiendo la capa en el suelo y no me harto de dormir.<\/p>\n<p>\u00a1No! El remedio es considerarlo cara a cara, fija la mi\u00acrada en la morada de la Esfinge, que es as\u00ed como se des\u00achace el maleficio de su alojamiento. Si del todo morimos todos, \u00bfpara qu\u00e9 todo? \u00bfPara qu\u00e9? Es el \u00bfpara qu\u00e9? de la Esfinge, es el \u00bfpara qu\u00e9? que nos corroe el meollo del alma, es el padre de la congoja, la que nos da el amor de esperanza. Hay, entre los po\u00e9ticos quejidos del pobre Cowper, unas l\u00edneas escritas bajo el peso del delirio y en las cua\u00acles, crey\u00e9ndose blanco de la divina venganza, exclama que el infierno podr\u00e1 procurar un abrigo a sus miserias.<\/p>\n<p>Hell might afford my miseries a shelter<\/p>\n<p>Este es el sentimiento puritano, la preocupaci\u00f3n del pe\u00accado y de la predestinaci\u00f3n; pero leed estas otras mucho m\u00e1s terribles palabras de S\u00e9nancour, expresivas de la de\u00acsesperaci\u00f3n cat\u00f3lica, no ya de la protestante, cuando hace decir a su Obermann (carta XC): \u00abL&#8217;homme est p\u00e9rissa\u00acble. \u00edl se peut; mais, p\u00e9rissons en r\u00e9sistant, et, si le neant nous est res\u00e9rv\u00e9, ne faisons pas que ce soit une justice.\u00bb Y he de confesar, en efecto, por dolorosa que la confesi\u00f3n sea, que nunca, en los d\u00edas de la fe ingenua de mi moce\u00acdad, me hicieron temblar las descripciones, por truculen\u00actas que fuesen, de las torturas del infierno, y sent\u00ed siem\u00acpre ser la nada mucho m\u00e1s aterradora que \u00e9l. El que sufre vive, y el que vive sufriendo ama y espera, aunque a la puerta de su mansi\u00f3n le pongan el \u00ab\u00a1Dejad toda espe\u00acranza!\u00bb, y es mejor vivir en dolor que no dejar de ser en paz. En el fondo, era que no pod\u00eda creer en esa atrocidad de un infierno, de una eternidad de pena, ni ve\u00eda m\u00e1s ver\u00acdadero infierno que la nada y su perspectiva. Y sigo cre\u00acyendo que si crey\u00e9semos todos en nuestra salvaci\u00f3n de la nada ser\u00edamos todos mejores. \u00bfQu\u00e9 es arregosto de vivir, la joie de vivre, de que ahora nos hablan? El hambre de Dios, la sed de eterni\u00acdad, de sobrevivir, nos ahogar\u00e1 siempre ese pobre goce de la vida que pasa y no queda. Es el desenfrenado amor a la vida, el amor que la quiere inacabable, lo que m\u00e1s suele empujar al ansia de la muerte. \u00abAnonadado yo, si es que del todo me muero -nos decimos-, se me acab\u00f3 el mundo, acab\u00f3se, \u00bfy por qu\u00e9 no ha de acabarse cuanto antes para que no vengan nuevas conciencias a padecer el pesadumbroso enga\u00f1o de una existencia pa\u00acsajera y aparencial? Si deshecha la ilusi\u00f3n de vivir, el vi\u00acvir por el vivir mismo o para otros que han de morirse tambi\u00e9n no nos llena el alma, \u00bfpara qu\u00e9 vivir? La muerte es nuestro remedio.\u00bb Y as\u00ed es como se endecha al reposo inacabable por miedo a \u00e9l, y se le llama liberadora a la muerte. Ya el poeta del dolor, del aniquilamiento, aquel Leo\u00acpardi que, perdido el \u00faltimo enga\u00f1o, el de creerse eterno<\/p>\n<p>Peri l&#8217;inganno estremo ch&#8217;etemo io mi credei,<\/p>\n<p>le hablaba a su coraz\u00f3n de l&#8217;infinita vanit\u00e1 del tutto, vio la estrecha hermandad que hay entre el amor y la muerte y c\u00f3mo cuando \u00abnace en el coraz\u00f3n profundo un amoroso afecto, l\u00e1nguido y cansado juntamente con \u00e9l en el pecho, un deseo de morir se siente\u00bb. A la mayor parte de los que se dan a s\u00ed mismos la muerte, es el amor el que les mueve el brazo, es el ansia suprema de vida, de m\u00e1s vida, de pro\u00aclongar y perpetuar la vida lo que a la muerte les lleva, una vez persuadidos de la vanidad de su ansia. Tr\u00e1gico es el problema y de siempre, y cuanto m\u00e1s queramos de \u00e9l huir, m\u00e1s vamos a dar en \u00e9l. Fue el sereno -\u00bfsereno?- Plat\u00f3n, hace ya veinticuatro siglos, el que, en su di\u00e1logo sobre la inmortalidad del alma, dej\u00f3 esca\u00acpar de la suya, hablando de lo dudoso de nuestro ensue\u00f1o de ser inmortales, y del riesgo de que no sea vano aquel profundo dicho: \u00a1hermoso es el riesgo! Ka,\u00f3s y\u00e1p \u00f3 x\u00edv\u00ac\u00f3vvoS hermosa es la suerte que podemos correr de que no se nos muera el alma nunca, germen esta sentencia del ar\u00acgumento famoso de la apuesta de Pascal. Frente a este riesgo, y para suprimirlo, me dan racioci\u00acnios en prueba de lo absurda que es la creencia en la in\u00acmortalidad del alma; pero esos raciocinios no me hacen mella, pues son razones y nada m\u00e1s que razones, y no es de ellas de lo que se apacienta el coraz\u00f3n. No quiero mo\u00acrirme, no, no quiero ni quiero quererlo; quiero vivir siem\u00acpre, siempre, siempre, y vivir yo este pobre yo que me soy y me siento ser ahora y aqu\u00ed, y por esto me tortura el problema de la duraci\u00f3n de mi alma, de la m\u00eda propia. Yo soy el centro de mi universo, el centro del universo, y en mis angustias supremas grito con Michelet: \u00ab\u00a1Mi yo, que me arrebatan mi yo!\u00bb \u00bfDe qu\u00e9 le sirve al hombre ga\u00acnar el mundo todo si pierde su alma? (Mat. XVI, 26). \u00bfEgo\u00edsmo dec\u00eds? Nada hay m\u00e1s universal que lo indivi\u00acdual, pues lo que es de cada uno lo es de todos. Cada hombre vale m\u00e1s que la humanidad entera, ni sirve sacri\u00acficar cada uno a todos, sino en cuanto todos se sacrifi\u00acquen a cada uno. Eso que llam\u00e1is ego\u00edsmo, es el principio de la gravedad ps\u00edquica, el postulado necesario. \u00ab\u00a1Ama a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo!\u00bb, se nos dijo presuponiendo que cada cual se ame a s\u00ed mismo; y no se nos dijo, \u00a1\u00e1mate! Y, sin embargo, no sabemos amarnos. Quitad la propia persistencia, y meditad lo que os di\u00accen. \u00a1Sacrif\u00edcate por tus hijos! Y te sacrificar\u00e1s por ellos, porque son tuyos, parte prolongaci\u00f3n de ti, y ellos a su vez se sacrificar\u00e1n por los suyos, y estos por los de ellos, y as\u00ed ir\u00e1, sin t\u00e9rmino, un sacrificio est\u00e9ril del que nadie se aprovecha. Vine al mundo a hacer mi yo, y \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de nuestros yos todos? \u00a1Vive para la Verdad, el Bien, la Be\u00aclleza! Ya veremos la suprema vanidad, y la suprema in\u00acsinceridad de esta posici\u00f3n hip\u00f3crita. \u00ab\u00a1Eso eres t\u00fa!\u00bb -me dicen con las Upanisadas-. Y yo les digo: s\u00ed, yo soy eso, cuando eso es yo y todo es m\u00edo y m\u00eda la totalidad de las cosas. Y como m\u00eda la quiero y amo al pr\u00f3jimo porque vive en m\u00ed y como parte de mi concien\u00accia, porque es como yo, es m\u00edo. \u00a1Oh, qui\u00e9n pudiera prolongar este dulce momento y dormirse en \u00e9l y en \u00e9l eternizarse! \u00a1Ahora y aqu\u00ed, a esta luz discreta y difusa, en este remanso de quietud, cuando est\u00e1 aplacada la tormenta del coraz\u00f3n y no me llegan los ecos del mundo! Duerme el deseo insaciable y ni aun sue\u00f1a; el h\u00e1bito, el santo h\u00e1bito reina en mi eternidad; han muerto con los recuerdos los desenga\u00f1os, y con las esperanzas los temores. Y vienen queriendo enga\u00f1arnos con un enga\u00f1o de en\u00acga\u00f1os, y nos hablan de que nada se pierde, de que todo se transforma, muda y cambia, que ni se aniquila el menor cachito de materia ni se desvanece del todo el menor gol\u00acpecito de fuerza, \u00a1y hay quien pretende darnos consuelo con esto! \u00a1Pobre consuelo! Ni de mi materia ni de mi fuerza me inquieto, pues no son m\u00edas mientras no sea yo mismo m\u00edo, esto es, eterno. No, no es anegarse en el gran Todo, en la Materia o en la Fuerza infinitas y eternas o en Dios lo que anhelo; no es ser pose\u00eddo por Dios, sino pose\u00acerle, hacerme yo Dios sin dejar de ser el yo que ahora os digo esto. No nos sirven enga\u00f1ifas de monismo; quere\u00acmos bulto y no sombra de inmortalidad. \u00bfMaterialismo? \u00bfMaterialismo dec\u00eds? Sin duda; pero es que nuestro esp\u00edritu es tambi\u00e9n alguna especie de ma\u00acteria o no es nada. Tiemblo ante la idea de tener que des\u00acgarrarme de mi carne; tiemblo m\u00e1s a\u00fan ante la idea de te\u00acner que desgarrarme de todo lo sensible y material, de toda sustancia. Si, acaso esto merece el nombre de mate\u00acrialismo, y si a Dios me agarro con mis potencias y mis sentidos todos, es para que \u00c9l me lleve en sus brazos allende la muerte, mir\u00e1ndome con su cielo a los ojos cuando se me vayan estos a apagar para siempre. \u00bfQue me enga\u00f1o? \u00a1No me habl\u00e9is de enga\u00f1o y dejadme vivir! Llaman tambi\u00e9n a esto orgullo; \u00abhediondo orgullo\u00bb le llam\u00f3 Leopardi, y nos preguntan que qui\u00e9nes somos, vi\u00acles gusanos de la tierra, para pretender inmortalidad; \u00bfen gracia a qu\u00e9? \u00bfPara qu\u00e9? \u00bfCon qu\u00e9 derecho? \u00bfEn gracia a qu\u00e9?, pregunt\u00e1is, \u00bfy en gracia a qu\u00e9 vivimos? \u00bfPara qu\u00e9?, \u00bfy para qu\u00e9 somos? \u00bfCon qu\u00e9 derecho? \u00bfY con qu\u00e9 dere\u00accho somos? Tan gratuito es existir, como seguir exis\u00actiendo siempre. No hablemos de gracia, ni de derecho, ni del para qu\u00e9 de nuestro anhelo que es un fin en s\u00ed, porque perderemos la raz\u00f3n en un remolino de absurdos. No re\u00acclamo derecho ni merecimiento alguno; es s\u00f3lo una nece\u00acsidad, lo que necesito para vivir. \u00bfY qui\u00e9n eres t\u00fa?, me preguntas, y con Obermann te contesto: \u00a1para el universo nada, para m\u00ed todo! \u00bfOrgullo? \u00bfOrgullo querer ser inmortal? \u00a1Pobres hombres! Tr\u00e1gico hado, sin duda, el tener que cimentar en la movediza y deleznable piedra del deseo de inmortalidad la afirma\u00acci\u00f3n de esta; pero torpeza grande condenar el anhelo por creer probado, sin probarlo que no sea conseguidero. \u00bfQue sue\u00f1o&#8230;? Dejadme so\u00f1ar; si ese sue\u00f1o es mi vida, no me despert\u00e9is de \u00e9l. Creo en el inmortal origen de este anhelo de inmortalidad que es la sustancia misma de mi alma. \u00bfPero de veras creo en ello&#8230;? \u00bfY para qu\u00e9 quieres ser inmortal?, me preguntas, \u00bfpara qu\u00e9? No entiendo la pre\u00acgunta francamente, porque es preguntar la raz\u00f3n de la ra\u00acz\u00f3n, el fin del fin, el principio del principio. Pero de estas cosas no se puede hablar. Cuenta el libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles que a donde quiera que fuese Pablo se concitaban contra \u00e9l los celosos jud\u00edos para perseguirle. Apedre\u00e1ronle en Iconio y en Listra, ciudades de Licaonia, a pesar de las maravillas que en la \u00faltima obr\u00f3; le azotaron en Filipos de Macedo\u00acnia y le persiguieron sus hermanos de raza en Tesal\u00f3nica y en Berea. Pero lleg\u00f3 a Atenas, a la noble ciudad de los intelectuales, sobre la que velaba el alma excelsa de Pla\u00act\u00f3n, el de la hermosura del riesgo de ser inmortal, y all\u00ed disput\u00f3 Pablo con epic\u00fareos y estoicos, que dec\u00edan de \u00e9l, o bien: \u00bfqu\u00e9 quiere decir este charlat\u00e1n (\u00f3Zepuo\u00ac~\u00f3yos)?, o bien: \u00a1parece que es predicador de nuevos dio\u00acses! (Hechos, XVII, 18), y \u00abtom\u00e1ndole le llevaron al Are\u00ac\u00f3pago, diciendo: podremos saber qu\u00e9 sea esta nueva doctrina que dices, porque traes a nuestros o\u00eddos cosas peregrinas, y queremos saber qu\u00e9 quiere decir eso\u00bb (ver\u00acs\u00edculos 19-20), a\u00f1adiendo el libro esta maravillosa carac\u00acterizaci\u00f3n de aquellos atenienses de la decadencia, de aquellos lamineros y golosos de curiosidades, pues \u00aben\u00actonces los atenienses todos y sus hu\u00e9spedes extranjeros no se ocupaban de otra cosa sino en decir o en o\u00edr algo de m\u00e1s nuevo\u00bb (v. 21). \u00a1Rasgo maravilloso, que nos pinta a qu\u00e9 hab\u00edan venido a parar los que aprendieron en la Odi\u00acsea que los dioses traman y cumplen la destrucci\u00f3n de los mortales para que los venideros tengan algo que contar! Ya est\u00e1, pues, Pablo ante los refinados atenienses, ante los graeculos, los hombres cultos y tolerantes que admi\u00acten toda doctrina, toda la estudian y a nadie apedrean ni azotan ni encarcelan por profesar estas o las otras; ya est\u00e1 donde se respeta la libertad de conciencia y se oye y se escucha todo parecer. Y alza la voz all\u00ed, en medio del Are\u00ac\u00f3pago, y les habla como cumpl\u00eda a los cultos ciudadanos de Atenas, y todos, ansiosos de la \u00faltima novedad, le oyen, mas cuando llega a hablarles de la resurrecci\u00f3n de los muertos, se les acaba la paciencia y la tolerancia, y unos se burlan de \u00e9l y otros le dicen: \u00ab\u00a1ya oiremos otra vez de esto!\u00bb, con prop\u00f3sito de no o\u00edrle. Y una cosa pare\u00accida le ocurri\u00f3 en Cesarea con el pretor romano F\u00e9lix, hombre tambi\u00e9n tolerante y culto, que le alivi\u00f3 de la pe\u00acsadumbre de su prisi\u00f3n, y quiso o\u00edrle y le oy\u00f3 disertar de la justicia y de la continencia; mas al llegar al juicio veni\u00acdero, le dijo espantado (\u00e9u(poOos y&#8211;vou\u00e9vos): \u00ab\u00a1Ahora vete, te volver\u00e9 a llamar cuando cuadre!\u00bb (Hechos, XXIV, 22-25). Y cuando hablaba ante el rey Agripa, al o\u00edrle Festo, el gobernador, decir de resurrecci\u00f3n de muer\u00actos, exclam\u00f3: \u00abEst\u00e1s loco, Pablo; las muchas letras te han vuelto loco\u00bb (Hechos, XXVI, 24). Sea lo que fuere de la verdad del discurso de Pablo en el Are\u00f3pago, y aun cuando no lo hubiere habido, es lo cierto que en este relato admirable se ve hasta d\u00f3nde llega la tolerancia \u00e1tica y d\u00f3nde acaba la paciencia de los intelectuales. Os oyen todos en calma, y sonrientes, y a las veces os animan dici\u00e9ndoos: \u00a1es curioso!, o bien, \u00a1tiene ingenio!, o \u00a1es sugestivo!, o \u00a1qu\u00e9 hermosura!, o \u00a1l\u00e1stima que no sea verdad tanta belleza!, o \u00a1eso hace pensar!; pero as\u00ed que les habl\u00e1is de resurrecci\u00f3n y de vida allende la muerte, se les acaba la paciencia y os atajan la palabra dici\u00e9ndoos: \u00a1dejadlo, otro d\u00eda hablar\u00e1s de esto!; y es de esto, mis pobres atenienses, mis intolerables inte\u00aclectuales, es de esto de lo que voy a hablaros aqu\u00ed. Y aun si esa creencia fuese absurda, \u00bfpor qu\u00e9 se tolera menos el que se les exponga que otras muchas m\u00e1s absur\u00acdas a\u00fan? \u00bfPor qu\u00e9 esa evidente hostilidad a tal creencia? \u00bfEs miedo? \u00bfEs acaso pesar de no poder compartirla? Y vuelven los sensatos, los que no est\u00e1n a dejarse en\u00acga\u00f1ar, y nos machacan los o\u00eddos con el sonsonete de que no sirve entregarse a la locura y dar coces contra el agui\u00acj\u00f3n, pues lo que no puede ser es imposible. Lo viril, dicen, es resignarse a la suerte, y pues no somos inmortales, no queramos serlo; sojuzgu\u00e9monos a la raz\u00f3n sin acongojar\u00acnos por lo irremediable, entenebreciendo y entristeciendo la vida. Esa obsesi\u00f3n, a\u00f1aden, es una enfermedad. Enfer\u00acmedad, locura, raz\u00f3n&#8230; \u00a1el estribillo de siempre! Pues bien: \u00a1no! No me someto a la raz\u00f3n y me rebelo contra ella, y tiro a crear en fuerza de fe a mi Dios inmortali\u00aczador y a torcer con mi voluntad el curso de los astros, porque si tuvi\u00e9ramos fe como un gramo de mostaza, di\u00acr\u00edamos a ese monte: p\u00e1sate de ah\u00ed, y se pasar\u00eda, y nada nos ser\u00eda imposible (Mat. XVII, 20). Ah\u00ed ten\u00e9is a ese ladr\u00f3n de energ\u00edas, como \u00e9l llamaba torpemente al Cristo, que quiso casar al nihilismo con la lucha por la existencia, y os habla de valor. Su coraz\u00f3n le ped\u00eda el todo eterno, mientras su cabeza le ense\u00f1aba la nada, y desesperado y loco para defenderse de s\u00ed mismo, maldijo de lo que m\u00e1s amaba. Al no poder ser Cristo, blasfem\u00f3 del Cristo. Henchido de s\u00ed mismo, se quiso inacabable y so\u00f1\u00f3 con la vuelta eterna, mezquino remedio de la inmortalidad, y lleno de l\u00e1stima hacia s\u00ed, abomin\u00f3 de toda l\u00e1stima. \u00a1Y hay quien dice que es la suya filosof\u00eda de hombre fuerte! No; no lo es. Mi salud y mi fortaleza me empujan a perpetuarme. \u00a1Esa es doctrina de endebles que aspiran a ser fuertes; pero no de fuertes que lo son! S\u00f3lo los d\u00e9biles se resignan a la muerte final, y sustituyen con otro el anhelo de inmortalidad personal. En los fuer\u00actes, el ansia de perpetuidad sobrepuja a la duda de lograrla y su rebose de vida se vierte al m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Ante este terrible misterio de la inmortalidad, cara a cara de la Esfinge, el hombre adopta distintas actitudes y busca por varios modos consolarse de haber nacido. Y ya se le ocurre tomarla a juego, y se dice con Ren\u00e1n, que este universo es un espect\u00e1culo que Dios se da a s\u00ed mismo, y que debemos servir las intenciones del gran Co\u00acrega, contribuyendo a hacer el espect\u00e1culo lo m\u00e1s bri\u00acllante y lo m\u00e1s variado posible. Y han hecho del arte una religi\u00f3n y un remedio para el mal metaf\u00edsico, y han in\u00acventado la monserga del arte por el arte. Y no les basta. El que os diga que escribe, pinta, es\u00acculpe o canta para propio recreo, si da al p\u00fablico lo que hace, miente; miente si firma su escrito, pintura, estatua o canto. Quiere, cuando menos, dejar una sombra de su es\u00acp\u00edritu, algo que le sobreviva. Si la Imitaci\u00f3n de Cristo es an\u00f3nima, es porque su autor, buscando la eternidad del alma, no se inquietaba de la del nombre. Literato que os diga que desprecia la gloria, miente como un bellaco. De Dante, el que escribi\u00f3 aquellos treinta y tres vigoros\u00edsi\u00acmos versos (Purg. XI, 85-117), sobre la vanidad de la glo\u00acria mundana, dice Boccaccio que gust\u00f3 de los honores y las pompas m\u00e1s acaso de lo que correspond\u00eda a su \u00ednclita virtud. El deseo m\u00e1s ardiente de sus condenados es el de que se les recuerde aqu\u00ed, en la tierra, y se hable de ellos, y es esto lo que m\u00e1s ilumina las tinieblas del infierno. Y \u00e9l mismo expuso el concepto de la Monarqu\u00eda, no s\u00f3lo para utilidad de los dem\u00e1s, sino para lograr palma de gloria (lib. I, cap. 1). \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s? Hasta de aquel santo var\u00f3n, el m\u00e1s desprendido, al parecer, de vanidad terrena, del Po\u00acbrecito de As\u00eds cuenta los Tres Socios que dijo: adhuc adorabor per totum mundum! \u00a1Ver\u00e9is c\u00f3mo soy a\u00fan ado\u00acrado por todo el mundo! (11 Celano, 1, 1). Y hasta de Dios mismo dicen los te\u00f3logos que cre\u00f3 el mundo para mani\u00acfestaci\u00f3n de su gloria. Cuando las dudas invaden y nublan la fe en la inmorta\u00aclidad del alma, cobra br\u00edo y doloroso empuje el ansia de perpetuar el nombre y la fama. Y de aqu\u00ed esa tremenda lu\u00accha por singularizarse, por sobrevivir de alg\u00fan modo en la memoria de los otros y los venideros, esa lucha mil ve\u00acces m\u00e1s terrible que la lucha por la vida, y que da tono, color y car\u00e1cter a esta nuestra sociedad, en que la fe me\u00acdieval en el alma inmortal se desvanece. Cada cual quiere afirmarse siquiera en apariencia. Una vez satisfecha el hambre, y esta se satisface pronto, surge la vanidad, la necesidad -que lo es- de imponerse y sobrevivir en otros. El hombre suele entre\u00acgar la vida por la bolsa, pero entrega la bolsa por la vani\u00acdad. Engr\u00edese, a falta de algo mejor, hasta de sus flaque\u00aczas y miserias, y es como el ni\u00f1o, que con tal de hacerse notar se pavonea con el dedo vendado. \u00bfY la vanidad qu\u00e9 es sino ansia de sobrevivirse? Acont\u00e9cele al vanidoso lo que al avaro, que toma los medios por los fines, y olvidadizo de estos, se apega a aquellos en los que se queda. Al parecer algo, conducente a serlo, acaba por formar nuestro objetivo. Necesitamos que los dem\u00e1s nos crean superiores a ellos para creernos nosotros tales, y basar en ello nuestra fe en la propia per\u00acsistencia, por lo menos en la de la fama. Agradecemos m\u00e1s el que se nos encomie el talento con que defendemos una causa, que no el que se reconozca la verdad o bondad de ella. Una furiosa man\u00eda de originalidad sopla por el mundo moderno de los esp\u00edritus, y cada cual la pone en una cosa. Preferimos desbarrar con ingenio a acertar con ramploner\u00eda. Ya dijo Rousseau en su Emilio: \u00abAunque estuvieran los fil\u00f3sofos en disposici\u00f3n de descubrir la verdad, \u00bfqui\u00e9n de entre ellos se interesar\u00eda en ella? Sabe cada uno que su sistema no est\u00e1 mejor fundado que los otros, pero le sostiene porque es suyo. No hay uno solo que en llegando a conocer lo verdadero y lo falso, no pre\u00acfiera la mentira que ha hallado a la verdad descubierta por otro. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el fil\u00f3sofo que no enga\u00f1ase de buen grado, por su gloria, al g\u00e9nero humano? \u00bfD\u00f3nde el que en el secreto de su coraz\u00f3n se proponga otro objeto que dis\u00actinguirse? Con tal de elevarse por encima del vulgo, con tal de borrar el brillo de sus concurrentes, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s pide? Lo esencial es pensar de otro modo que los dem\u00e1s. Entre los creyentes es ateo; entre los ateos ser\u00eda creyente.\u00bb \u00a1Cu\u00e1nta verdad hay en el fondo de estas tristes confesio\u00acnes de aquel hombre de sinceridad dolorosa! Nuestra lucha a brazo partido por la sobrevivencia del nombre se retrae al pasado, as\u00ed como aspira a conquistar el porvenir; peleamos con los muertos, que son los que nos hacen sombra a los vivos. Sentimos celos de los ge\u00acnios que fueron, y cuyos nombres, como hitos de la histo\u00acria, salvan las edades. El cielo de la fama no es muy grande, y cuantos m\u00e1s en \u00e9l entren, menos toca a cada uno de ellos. Los grandes hombres del pasado nos roban lugar en \u00e9l; lo que ellos ocupan en la memoria de las gen\u00actes nos lo quitar\u00e1n a los que aspiramos a ocuparla. Y as\u00ed nos revolvemos contra ellos, y de aqu\u00ed la agrura con que cuantos buscan en las letras nombrad\u00eda juzgan a los que ya la alcanzaron y de ella gozan. Si la literatura se en\u00acriquece mucho, llegar\u00e1 el d\u00eda del cernimiento y cada cual teme quedarse entre las mallas del cedazo. El joven irre\u00acverente para con los maestros, al atacarlos, es que se de\u00acfiende: el iconoclasta o rompeim\u00e1genes es un estilita que se erige a s\u00ed mismo en imagen, en icono. \u00abToda com\u00acparaci\u00f3n es odiosa\u00bb, dice un dicho decidero, y es que, en efecto, queremos ser \u00fanicos. No le dig\u00e1is a Fern\u00e1ndez que es uno de los j\u00f3venes espa\u00f1oles de m\u00e1s talento, pues mientras finge agradec\u00e9roslo, mol\u00e9stale el elogio; si le dec\u00eds que es el espa\u00f1ol de m\u00e1s talento&#8230; \u00a1vaya!&#8230; pero a\u00fan no le basta; una de las eminencias mundiales es ya m\u00e1s de agradecer, pero s\u00f3lo le satisface que le crean el pri\u00acmero en todas partes y de los siglos todos. Cuanto m\u00e1s solo, m\u00e1s cerca de la inmortalidad aparencial, la del nom\u00acbre, pues los nombres se menguan los unos a los otros. \u00bfQu\u00e9 significa esa irritaci\u00f3n cuando creemos que no roban una frase, o un pensamiento, o una imagen que cre\u00edamos nuestra; cuando nos plagian? \u00bfRobar? \u00bfEs que acaso es nuestra, una vez que al p\u00fablico se la dimos? S\u00f3lo por nuestra la queremos, y m\u00e1s encari\u00f1ados vivi\u00acmos de la moneda falsa que conserva nuestro cu\u00f1o, que no de la pieza de oro puro de donde se ha borrado nuestra efigie y nuestra leyenda. Sucede muy com\u00fanmente que cuando no se pronuncia ya el nombre de un escritor es cuando m\u00e1s influye en su pueblo desparramado y en\u00acfusado su esp\u00edritu en los esp\u00edritus de los que le leyeron, mientras que se le citaba cuando sus dichos y pensamien\u00actos, por chocar con los corrientes, necesitaban garant\u00eda de nombre. Lo suyo es ya de todos y \u00e9l en todos vive. Pero en s\u00ed mismo vive triste y lacio y se cree en derrota. No oye ya los aplausos ni tampoco el latir silencioso de los corazones de los que le siguen leyendo. Preguntad a cual\u00acquier artista sincero qu\u00e9 prefiere, que se hunda su obra y sobreviva su memoria, o que hundida esta persista aque\u00aclla, y ver\u00e9is, si es de veras sincero, lo que os dice. Cuando el hombre no trabaja para vivir, e irlo pasando, trabaja para sobrevivir. Obrar por la obra misma es juego y no trabajo. \u00bfY el juego? Ya hablaremos de \u00e9l. Tremenda pasi\u00f3n esa de que nuestra memoria sobre\u00acviva por encima del olvido de los dem\u00e1s si es posible. De ella arranca la envidia a la que se debe, seg\u00fan el relato b\u00ed\u00acblico, el crimen que abri\u00f3 la historia humana: el asesinato de Abel por su hermano Ca\u00edn. No fue lucha por pan, fue lucha por sobrevivir a Dios, en la memoria divina. La en\u00acvidia es mil veces m\u00e1s terrible que el hambre, porque es hambre espiritual. Resuelto el que llamamos problema de la vida, el del pan, convertir\u00edase la tierra en un infierno, por surgir con m\u00e1s fuerza la lucha por la sobrevivencia. Al nombre se sacrifica no ya la vida, la dicha. La vida desde luego. \u00ab\u00a1Muera yo; viva mi fama!\u00bb, exclama en Las Mocedades del Cid Rodrigo Arias, al caer herido de muerte por don Diego de Ord\u00f3\u00f1ez de Lara. D\u00e9bese uno a su nombre. \u00ab\u00a1\u00c1nimo, Jer\u00f3nimo, que se te recordar\u00e1 largo tiempo; la muerte es amarga, pero la fama eterna!\u00bb, ex\u00acclam\u00f3 Jer\u00f3nimo Olgiati, disc\u00edpulo de Cola Montano y matador, conchabado con Lampugnani y Visconti, de Ga\u00acleazzo Sforza, tirano de Mil\u00e1n. Hay quien anhela hasta el patbulo para cobrar fama, aunque sea infame: avidus malae famae, que dijo T\u00e1cito. Y este erostratismo, \u00bfqu\u00e9 es en el fondo, sino ansia de in\u00acmortalidad, ya que no de sustancia y bulto, al menos de nombre y sombra? Y hay en ellos sus grados. El que desprecia el aplauso de la muchedumbre de hoy, es que busca sobrevivir en re\u00acnovadas minor\u00edas durante generaciones. \u00abLa posteridad es una superposici\u00f3n de minor\u00edas\u00bb, dec\u00eda Gounod. Quiere prolongarse en tiempo m\u00e1s que en espacio. Los \u00eddolos de las muchedumbres son pronto derribados por ellas mis\u00acmas, y su estatua se deshace al pie del pedestal sin que la mire nadie, mientras que quienes ganan el coraz\u00f3n de los escogidos recibir\u00e1n m\u00e1s largo tiempo fervoroso culto en una capilla siquiera recogida y peque\u00f1a, pero que salvar\u00e1 las avenidas del olvido. Sacrifica el artista la extensi\u00f3n de su fama a su duraci\u00f3n; ans\u00eda m\u00e1s durar por siempre en un rinconcito, a no brillar un segundo en el universo todo; quiere m\u00e1s ser \u00e1tomo eterno y consciente de s\u00ed mismo que moment\u00e1nea conciencia del universo todo; sacrifica la infinidad a la eternidad. Y vuelven a molernos los o\u00eddos con el estribillo aquel de \u00a1orgullo!, \u00a1hediondo orgullo! \u00bfOrgullo querer dejar nombre imborrable? \u00bfOrgullo? Es como cuando se habla de sed de placeres, interpretando as\u00ed la sed de riquezas. No, no es tanto ansia de procurarse placeres cuanto el terror a la pobreza lo que nos arrastra a los pobres hom\u00acbres a buscar el dinero, como no era el deseo de gloria, sino el terror al infierno lo que arrastraba a los hombres en la Edad Media al claustro con su aced\u00eda. Ni esto es or\u00acgullo, sino terror a la nada. Tendemos a serlo todo, por ver en ello el \u00fanico remedio para no reducirnos a nada. Queremos salvar nuestra memoria, siquiera nuestra me\u00acmoria. \u00bfCu\u00e1nto durar\u00e1? A lo sumo lo que durase el linaje humano. \u00bfY si salv\u00e1ramos nuestra memoria en Dios? Todo esto que confieso son, bien lo s\u00e9, miserias; pero del fondo de estas miserias surge vida nueva, y s\u00f3lo apu\u00acrando las heces del dolor espiritual puede llegarse a gus\u00actar la miel del poso de la copa de la vida. La congoja nos lleva al consuelo. Esa sed de vida eterna ap\u00e1ganla muchos, los sencillos sobre todo, en la fuente de la fe religiosa; pero no a to\u00acdos es dado beber de ella. La instituci\u00f3n cuyo fin pri\u00acmordial es proteger esa fe en la inmortalidad personal del alma es el catolicismo; pero el catolicismo ha que\u00acrido racionalizar esa fe haciendo de la religi\u00f3n teolog\u00eda, queriendo dar por base a la creencia vital una filosof\u00eda y una filosof\u00eda del siglo XIII. Vamos a verlo y ver sus consecuencias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>IV<br \/>\nLa esencia del catolicismo<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Vengamos ahora a la soluci\u00f3n cristiana cat\u00f3lica, pauliniana o atanasiana, de nuestro \u00edntimo problema vital, el hambre de inmortalidad. Brot\u00f3 el cristianismo de la confluencia de dos grandes corrientes espirituales, la una judaica y la otra hel\u00e9nica, ya de antes influidas mutuamente, y Roma acab\u00f3 de darle sello pr\u00e1ctico y permanencia social. Hase afirmado del cristianismo primitivo, acaso con precipitaci\u00f3n, que fue anescatol\u00f3gico, que en \u00e9l no aparece claramente la fe en otra vida despu\u00e9s de la muerte, sino en un pr\u00f3ximo fin del mundo y establecimiento del reino de Dios, en el llamado quiliasmo. \u00bfY es que no eran, en el fondo, una misma cosa? La fe en la inmortalidad del alma, cuya condici\u00f3n tal vez no se precisaba mucho, cabe decir que es una especie de subentendido, de supuesto t\u00e1cito, en el Evangelio todo, y es la situaci\u00f3n del esp\u00edritu de muchos de los que hoy le leen, situaci\u00f3n opuesta a la de los cristianos entre quienes brot\u00f3 el Evangelio, lo que les impide verlo. Sin duda que todo aquello de la segunda venida del Cristo, con gran poder, rodeado de majestad y entre nubes, para juzgar a los muertos y a los vivos, abrir a los unos el reino de los cielos y echar a los otros a la geena, donde ser\u00e1 el lloro y el crujir de dientes, cabe entenderlo quili\u00e1sticamente, y aun se hace decir al Cristo en el Evangelio (Marcos, IX, 1) que hab\u00eda con El algunos que no gustar\u00edan de la muerte sin haber visto el reino de Dios, esto es, que vendr\u00eda durante su generaci\u00f3n; y en el mismo cap\u00edtulo, vers\u00edculo 10, se hace decir a Jacobo, a Pedro y a Juan, que con Jes\u00fas subieron al monte de la Transfiguraci\u00f3n y le oyeron hablar de que resucitar\u00eda de entre los muertos, aquello de: \u201cy guardaron el dicho consigo, razonando unos con otros sobre qu\u00e9 ser\u00eda eso de resucitar de entre los muertos\u201d. Y en todo caso, el Evangelio se compuso cuando esa creencia, base y raz\u00f3n de ser del cristianismo, se estaba formando. V\u00e9ase en Mateo, XXII, 29-32; en Marcos, XII, 24-27; en Lucas, XVI, 22-31; XX, 34-37; en Juan, V, 24-29; VI, 40, 54, 58; VIII, 51; XI, 25, 56; XIV, 2, 19. Y, sobre todo, aquello de Mateo, XXVII, 52, de que al resucitar el Cristo, \u201cmuchos cuerpos santos que dorm\u00edan resucitaron\u201d. Y no era \u00e9sta una resurrecci\u00f3n natural, no. La fe cristiana naci\u00f3 de la fe de que Jes\u00fas no permaneci\u00f3 muerto, sino que Dios le resucit\u00f3 y que esta resurrecci\u00f3n era un hecho; pero esto no supon\u00eda una mera inmortalidad del alma al modo filos\u00f3fico. (V\u00e9ase Harnack, Dogmengeschichte. Proleg\u00f3meno, V, 4) Para los primeros Padres de la Iglesia mismos, la inmortalidad del alma no era algo natural; bastaba para su demostraci\u00f3n, domo dice Nemesio, la ense\u00f1anza de las Divinas Escrituras, y era, seg\u00fan Lactancio, un don -y, como tal, gratuito- de Dios. Pero sobre esto m\u00e1s adelante. Brot\u00f3, dec\u00edamos, el cristianismo de una confluencia de los dos grandes procesos espirituales, judaico y hel\u00e9nico, cada uno de los cuales hab\u00eda llegado por su parte, si no a la definici\u00f3n precisa, al preciso anhelo de otra vida. No fue entre los jud\u00edos ni general ni clara la fe en otra vida; pero a ella les llev\u00f3 la fe en un Dios personal y vivo, cuya formaci\u00f3n es toda su historia espiritual. Jahv\u00e9, el Dios judaico, empez\u00f3 siendo un dios entre otros muchos, el dios del pueblo de Israel, revelado entre el fragor de la tormenta en el monte Sina\u00ed. Pero era tan celoso, que exig\u00eda se le rindiese culto a \u00e9l solo, y fue por el monocultismo como los jud\u00edos llegaron al monote\u00edsmo. Era adorado como fuerza viva, no como entidad metaf\u00edsica, y era el dios de las batallas. Pero este Dios, de origen social y guerrero, sobre cuya g\u00e9nesis hemos de volver, se hizo m\u00e1s \u00edntimo y personal en los profetas, y al hacerse m\u00e1s \u00edntimo y personal, m\u00e1s individual y m\u00e1s universal, por tanto. Es Jahv\u00e9, que no ama a Israel por ser hijo suyo, sino que le toma por hijo, porque le ama (Oseas, XI, 1). Y la fe en el Dios personal, en el Padre de los hombres, lleva consigo la fe en la eternizaci\u00f3n del hombre individual, que ya en el farise\u00edsmo alborea, aun antes de Cristo. La cultura hel\u00e9nica, por su parte, acab\u00f3 descubriendo la muerte, y descubrir la muerte es descubrir el hambre de inmortalidad. No aparece este anhelo en los poemas hom\u00e9ricos, que no son algo inicial, sino final; no el arranque, sino el t\u00e9rmino de una civilizaci\u00f3n. Ellos marcan el paso de la vieja religi\u00f3n de la Naturaleza, la de Zeus, a la religi\u00f3n m\u00e1s espiritual de Apolo, la de la redenci\u00f3n. Mas en el fondo persist\u00eda siempre la religi\u00f3n popular e \u00edntima de los misterios eleusinos, el culto de las almas y de los antepasados. \u201cEn cuanto cabe hablar de una teolog\u00eda d\u00e9lfica hay que tomar en cuenta, entre los m\u00e1s importantes elementos de ella, la fe en la continuaci\u00f3n de la vida de las almas despu\u00e9s de la muerte en sus formas populares y en el culto a las almas de los difuntos\u201d, escribe Rhode. Hab\u00eda lo tit\u00e1nico y lo dionis\u00edaco, y el hombre deb\u00eda, seg\u00fan la doctrina \u00f3rfica, libertarse de los lazos del cuerpo, en que estaba el alma como prisionera en una c\u00e1rcel. (V\u00e9ase Rhode, Psyche, Die Orphinker, 4) La noci\u00f3n nietzscheniana de la vuelta eterna es una idea \u00f3rfica. Pero la idea de la inmortalidad del alma no fue un principio filos\u00f3fico. El intento de Emp\u00e9docles de hermanar un sistema hilozo\u00edstico con el espiritualismo prob\u00f3 que una ciencia natural filos\u00f3fica no puede llevar por s\u00ed a corroborar el axioma de la perpetuidad del alma individual; s\u00f3lo pod\u00eda servir de apoyo una especulaci\u00f3n teol\u00f3gica. Los primeros fil\u00f3sofos griegos afirmaron la inmortalidad por contradicci\u00f3n, sali\u00e9ndose de la filosof\u00eda natural y entrando en la teolog\u00eda, asentando un dogma dionis\u00edaco y \u00f3rfico, no apol\u00edneo. Pero \u201cuna inmortalidad del alma humana como tal, en virtud de su propia naturaleza y condici\u00f3n, como imperecedera fuerza divina del cuerpo mortal, no ha sido jam\u00e1s objeto de la fe popular hel\u00e9nica\u201d (Rhode, obra citada). Recordad el Fed\u00f3n plat\u00f3nico y las elucubraciones neo-plat\u00f3nicas. All\u00ed se ve ya el ansia de inmortalidad personal, ansia que, no satisfecha del todo por la raz\u00f3n, produjo el pesimismo hel\u00e9nico. Porque, como hace muy bien en notar Pfleiderer (Religionsphilosophie auf geschichtliche Grundlage, 3, Berl\u00edn, 1896), \u201cning\u00fan pueblo vino a la tierra tan sereno y soleado como el griego en los d\u00edas juveniles de su existencia hist\u00f3rica&#8230;; pero ning\u00fan pueblo cambi\u00f3 tan por completo su noci\u00f3n del valor de la vida. La grecidad que acaba en las especulaciones religiosas del neo-pitagorismo y el neo-platonismo, consideraba a este mundo, que tan alegre y luminoso se le apareci\u00f3 en un tiempo, cual morada de tinieblas y de errores, y la existencia terrena como un per\u00edodo de prueba que nunca se pasaba demasiado de prisa\u201d. El nirvana es una noci\u00f3n hel\u00e9nica. As\u00ed, cada uno por su lado, jud\u00edos y griegos llegaron al verdadero descubrimiento de la muerte, que es el que hace entrar a los pueblos, como a los hombres, en la pubertad espiritual, la del sentimiento tr\u00e1gico de la vida, que es cuando engendra la Humanidad al Dios vivo. El descubrimiento de la muerte es el que nos revela a Dios, y la muerte del hombre perfecto, del Cristo, fue la suprema revelaci\u00f3n de la muerte, la del hombre que no deb\u00eda morir y muri\u00f3. Tal descubrimiento, el de la inmortalidad, preparado por los procesos religiosos jud\u00e1ico y hel\u00e9nico, fue lo espec\u00edficamente cristiano. Y lo llev\u00f3 a cabo, sobre todo, Pablo de Tarso, aqu\u00e9l jud\u00edo fariseo helenizado. Pablo no hab\u00eda conocido personalmente a Jes\u00fas, y por eso le descubri\u00f3 como Cristo. \u201cSe puede decir que es, en general, la teolog\u00eda del Ap\u00f3stol la primera teolog\u00eda cristiana. Es para \u00e9l una necesidad; sustitu\u00edale, en cierto modo, la falta de conocimiento personal de Jes\u00fas\u201d, dice Weizsaecker (Das apostoliche Zeitalter der christlichen Kirche, Freiburg, i. B. 1892). No conoci\u00f3 a Jes\u00fas, pero le sinti\u00f3 renacer en s\u00ed, y pudo decir aquello de \u201cno vivo en m\u00ed, sino en Cristo\u201d. Y predic\u00f3 la cruz, que era esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos y necedad para los griegos (I Cor., I, 23), y el dogma central para el Ap\u00f3stol convertido fue el de la resurrecci\u00f3n del Cristo; lo importante para \u00e9l era que el Cristo se hubiese hecho hombre y hubiese muerto y resucitado y no lo que hizo en vida; no su obra moral y pedag\u00f3gica, sino su obra religiosa y eternizadora. Y fue quien escribi\u00f3 aquellas inmortales palabras: \u201cSi se predica que Cristo resucit\u00f3 de los muertos, \u00bfc\u00f3mo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrecci\u00f3n de muertos? Porque si no hay resurrecci\u00f3n de muertos, tampoco Cristo resucit\u00f3, y si Cristo no resucit\u00f3, vana es nuestra predicaci\u00f3n y vuestra fe es vana&#8230; Entonces los que durmieron en Cristo, se pierden. Si en esta vida s\u00f3lo esperamos en Cristo, somos los m\u00e1s miserables de los hombres\u201d (I Cor., XV, 12-14 y 18-19). Y puede, a partir de esto, afirmarse que quien no crea en esa resurrecci\u00f3n carnal de Cristo podr\u00e1 ser fil\u00f3cristo, pero no espec\u00edficamente cristiano. Cierto que un Justino m\u00e1rtir pudo decir que \u201cson cristianos cuantos viven conforme a la raz\u00f3n, aunque sean tenidos por ateos, como entre los griegos S\u00f3crates y Her\u00e1clito y otros tales\u201d; pero este m\u00e1rtir, \u00bfes m\u00e1rtir, es decir, testigo de cristianismo? No. Y en torno al dogma, de experiencia \u00edntima pauliniana, de la resurrecci\u00f3n e inmortalidad del Cristo, garant\u00eda de la resurrecci\u00f3n e inmortalidad de cada creyente, se form\u00f3 la cristolog\u00eda toda. El Dios hombre, el Verbo encarnado, fue para que el hombre, a su modo, se hiciese Dios, esto es, inmortal. Y el Dios cristiano, el Padre dice el Catecismo de la doctrina cristiana que en la escuela nos hicieron aprender de memoria, ha creado el mundo para el hombre, para cada hombre. Y el fin de la redenci\u00f3n fue, a pesar de las apariencias por desviaci\u00f3n \u00e9tica del dogma propiamente religioso, salvarnos de la muerte m\u00e1s bien que del pecado, o de \u00e9ste en cuanto implica muerte, Y Cristo muri\u00f3, o, m\u00e1s bien, resucit\u00f3, por m\u00ed, por cada uno de nosotros. Y estableci\u00f3se una cierta solidaridad entre Dios y su criatura. Dec\u00eda Mallebranche que el primer hombre cay\u00f3 para que Cristo nos redimiera, m\u00e1s bien que nos redimi\u00f3 porque aqu\u00e9l hab\u00eda ca\u00eddo. Despu\u00e9s de Pablo rondaron los a\u00f1os y las generaciones cristianas, trabajando en torno de aquel dogma central y sus consecuencias para asegurar la ge en la inmortalidad del alma individual, y vino el Niceno, y en \u00e9l aquel formidable Atanasio, cuyo nombre es ya un emblema, encarnaci\u00f3n de la fe popular. Era Atanasio un hombre de pocas letras, pero de mucha fe y, sobre todo, de la fe popular, henchido de hambre de inmortalidad. Y op\u00fasose al arrianismo, que, como el protestantismo unitario y soziniano, amenazaba, aun sin saberlo ni quererlo, la base de esa fe. Para los arrianos, Cristo era, ante todo, un maestro, un maestro de moral, el hombre perfect\u00edsimo, y garant\u00eda, por tanto, de que podemos los dem\u00e1s llegar a la suma perfecci\u00f3n; pero Atanasio sent\u00eda que no puede el Cristo hacernos dioses si el antes no se ha hecho Dios; si su divinidad hubiera sido por participaci\u00f3n, no podr\u00eda hab\u00e9rnosla participado. \u201cNo, pues -dec\u00eda-, siendo hombre se hizo despu\u00e9s Dios, sino que siendo Dios, se hizo despu\u00e9s hombre para que mejor nos deificara (\u03b8\u03b5\u03bf\u03c0\u03bf\u03b9\u03b7\u03c3\u03b7)\u201d. (Orat., I, 30) No era el Logos de los fil\u00f3sofos, el Logos cosmol\u00f3gico, el que Atanasio conoc\u00eda y adoraba. Y as\u00ed hizo se separasen naturaleza y revelaci\u00f3n. El Cristo atanasiano o niceno, que es el Cristo cat\u00f3lico, no es el cosmol\u00f3gico, ni siquiera en rigor el \u00e9tico; es el eternizador, el deificador, el religioso. Dice Harnack de este Cristo, del Cristo de la cristolog\u00eda nicena o cat\u00f3lica, que es en el fondo doc\u00e9tico, esto es, aparencial, porque el proceso de la divinizaci\u00f3n del hombre en Cristo se hizo en inter\u00e9s escatol\u00f3gico; pero \u00bfcu\u00e1l es el Cristo real? \u00bfAcaso ese llamado Cristo hist\u00f3rico de la ex\u00e9gesis racionalista que se nos diluye o en un mito o en un \u00e1tomo social? Este mismo Harnack, un racionalista protestante, nos dice que el arrianismo o unitarismo habr\u00eda sido la muerte del cristianismo, reduci\u00e9ndolo a cosmolog\u00eda y a moral, y que s\u00f3lo sirvi\u00f3 de puente para llevar a los doctos al catolicismo, es decir, de la raz\u00f3n a la fe. Par\u00e9cele a este mismo docto historiador de los dogmas, indicaci\u00f3n de perverso estado de cosas, el que el hombre Atanasio, que salv\u00f3 al cristianismo como religi\u00f3n de la comuni\u00f3n viva con Dios, hubiese borrado al Jes\u00fas de Nazaret, al hist\u00f3rico, al que no conocieron personalmente ni Pablo ni Atanasio, ni ha conocido Harnack mismo. Entre los protestantes, este Jes\u00fas hist\u00f3rico sufre bajo el escalpelo de la cr\u00edtica, mientras vive el Cristo cat\u00f3lico, el verdaderamente hist\u00f3rico, el que vive en los siglos garantizando la fe en la inmortalidad y la salvaci\u00f3n personales. Y Atanasio tuvo el valor supremo de la fe, el de afirmar cosas contradictorias entre s\u00ed; \u201cla perfecta contradicci\u00f3n que hay en el \u03bf\u03bc\u03bf\u03c5\u03c3\u03b9\u03bf\u03c2, trajo tras de s\u00ed todo un ej\u00e9rcito de contradicciones, y m\u00e1s cuanto m\u00e1s avanz\u00f3 el pensamiento\u201d, dice Harnack. S\u00ed, as\u00ed fue, y as\u00ed tuvo que ser. \u201cLa dogm\u00e1tica se despidi\u00f3 par siempre del pensamiento claro y de los conceptos sostenibles, y se acostumbr\u00f3 a lo contrarracional\u201d, a\u00f1ade. Es que se acost\u00f3 a la vida, que es contrarracional y opuesta al pensamiento claro. Las determinaciones de valor, no s\u00f3lo no son nunca racionalizables, son antirracionales. En Nicea vencieron, pues, como m\u00e1s adelante en el Vaticano, los idiotas -tomada esta palabra en su recto sentido primitivo y etimol\u00f3gico-, los ingenuos, los obispos cerriles y voluntariosos, representantes del genuino esp\u00edritu humano, del popular, del que no quiere morirse, diga lo que quiera la raz\u00f3n, y busca garant\u00eda, lo m\u00e1s material posible, a su deseo. Quid ad aeternitatem? He aqu\u00ed la pregunta capital. Y acaba el Credo con aquello de resurrectionem mortuorum et vitam venturi saeculi, la resurrecci\u00f3n de los muertos y la vida venidera. En el cementerio, hoy amortizado, de Mallona, en mi pueblo natal, Bilbao, hay grabada una cuarteta que dice:<\/p>\n<p>Aunque estamos en polvo convertidos, en ti, Se\u00f1or, nuestra esperanza f\u00eda, que tornaremos a vivir vestidos con la carne y la piel que nos cubr\u00eda;<\/p>\n<p>o, como el Catecismo dice: con los mismos cuerpos y almas que tuvieron. A punto tal, que es doctrina cat\u00f3lica ortodoxa la de que la dicha de los bienaventurados no es del todo perfecta hasta que recobren sus cuerpos. Qu\u00e9janse en el Cielo, y \u201caquel quejido les nace -dice nuestro fray Pedro Mal\u00f3n de Chaide, de la Orden de San Agust\u00edn, espa\u00f1ol y vasco- de que no est\u00e1n enteros en el Cielo, pues s\u00f3lo est\u00e1 all\u00e1 el alma, y aunque no pueden tener pena, parece que no est\u00e1n del todo contentos. Estarlo han cuando se vistieren de sus propios cuerpos\u201d. Y a este dogma central de la resurrecci\u00f3n de Cristo y por Cristo corresponde un sacramento central tambi\u00e9n, el eje de la piedad popular cat\u00f3lica, y es el sacramento de la Eucarist\u00eda. En \u00e9l se administra el cuerpo de Cristo, que es pan de inmortalidad. Es el sacramento genuinamente realista, dinglich, que se dir\u00eda en alem\u00e1n, y que no es gran violencia traducir material, el sacramento m\u00e1s genuinamente ex opere operato, sustituido entre los protestantes con el sacramento idealista de la palabra. Tr\u00e1tase, en el fondo, y lo digo con todo el posible respeto, pero sin querer sacrificar la expresividad de la frase, de comerse y beberse a Dios, al Eternizador, de alimentarse de \u00c9l. \u00bfQu\u00e9 mucho, pues, que nos diga Santa Teresa que cuando, estando en la Encarnaci\u00f3n el segundo a\u00f1o que ten\u00eda el priorato, octava de San Mart\u00edn, comulgando, parti\u00f3 la Forma el padre fray Juan de la Cruz para otra hermana, pens\u00f3 que no era falta de forma, sino que le quer\u00eda mortificar, \u201cporque yo le hab\u00eda dicho que gustaba mucho cuando eran grandes formas, no porque no entend\u00eda no importaba para dejar de estar entero el Se\u00f1or, aunque fuese muy peque\u00f1o el pedacito\u201d? Aqu\u00ed la raz\u00f3n va por un lado, el sentimiento por otro. \u00bfY qu\u00e9 importan para este sentimiento las mil y una dificultades que surgen de reflexionar racionalmente en el misterio de ese sacramento? \u00bfQu\u00e9 es un cuerpo divino? El cuerpo, en cuanto cuerpo de Cristo, \u00bfera divino? \u00bfQu\u00e9 es un cuerpo inmortal e inmortalizador? \u00bfQu\u00e9 es una sustancia separada de los accidentes? \u00bfQu\u00e9 es la sustancia del cuerpo? Hoy hemos afinado mucho en esto de la materialidad y la sustancialidad; pero hasta los Padres de la Iglesia hay para los cuales la inmaterialidad de Dios mismo no era una cosa tan definida y clara como para nosotros. Y este sacramento de la Eucarist\u00eda es el inmortalizador por excelencia y el eje, por tanto, de la piedad popular cat\u00f3lica. Y, si cabe decirlo, el m\u00e1s espec\u00edficamente religioso. Porque lo espec\u00edficamente religioso cat\u00f3lico es la inmortalizaci\u00f3n y no la justificaci\u00f3n al modo protestante. Esto es m\u00e1s bien \u00e9tico. Y es en Kant en quien el protestantismo, mal que pese a los ortodoxos de \u00e9l, sac\u00f3 sus pen\u00faltimas consecuencias: la religi\u00f3n depende de la moral, y no \u00e9sta de aqu\u00e9lla, como en el catolicismo. No ha sido la preocupaci\u00f3n del pecado nunca tan angustiosa entre los cat\u00f3licos o, por lo menos, con tanta aparencialidad de angustia. El sacramento de la confesi\u00f3n ayuda a ello. Y tal vez es que persiste aqu\u00ed m\u00e1s que entre ellos el fondo de la concepci\u00f3n primitiva jud\u00e1ica y pagana del pecado como de algo material e infeccioso y hereditario, que se cura con el bautismo y la absoluci\u00f3n. En Ad\u00e1n pec\u00f3 toda su descendencia, casi materialmente, y se trasmiti\u00f3 su pecado como una enfermedad material se trasmite. Ten\u00eda, pues, raz\u00f3n Renan, cuya educaci\u00f3n era cat\u00f3lica, al resolverse contra el protestante Amiel, que le acus\u00f3 de no dar la debida importancia al pecado. Y, en cambio, el protestantismo, absorto en eso de la justificaci\u00f3n, tomada en un sentido m\u00e1s \u00e9tico que otra cosa, aunque con apariencias religiosas, acaba por neutralizar y casi borrar lo escatol\u00f3gico, abandona la simb\u00f3lica nicanea, cae en la anarqu\u00eda confesional, en puro individualismo religioso y en vaga religiosidad est\u00e9tica, \u00e9tica o cultural. La que pod\u00edamos llamar \u201callendidad\u201d, Jenseitigkeit, se borra poco a poco detr\u00e1s de la \u201caquendidad\u201d, Diesseitigkeit. Y esto, a pesar del mismo Kant, que quiso salvarla, pero arruin\u00e1ndola. La vocaci\u00f3n terrenal y la confianza pasiva en Dios dan su ramploner\u00eda religiosa en el luteranismo, que estuvo a punto de naufragar en la edad de la ilustraci\u00f3n, de la Aufklaerung, y que apenas si el pietismo, imbuy\u00e9ndose alguna savia religiosa cat\u00f3lica, logr\u00f3 galvanizar un poco. Y as\u00ed resulta muy exacto lo que Oliveira Martins dec\u00eda en su espl\u00e9ndida Historia da civilisa\u00e7\u00e2o iberica, libro 4\u00ba, cap\u00edtulo III, y es que \u201cel catolicismo dio h\u00e9roes, y el protestantismo sociedades sensatas, felices, ricas, libres, en lo que respecta a las instituciones y a la econom\u00eda externa, pero incapaces de ninguna acci\u00f3n grandiosa, porque la religi\u00f3n comenzaba por despedazar en el coraz\u00f3n del hombre aquello que le hace susceptible de las audacias y de los nobles sacrificios\u201d. Coged una Dogm\u00e1tica cualquiera de las producidas por la \u00faltima disoluci\u00f3n protestante, la del ritschleniano Kaftan, por ejemplo, y ved a lo que all\u00ed queda reducida la escatolog\u00eda. Y su maestro mismo, Albrecht Ritschl, nos dice: \u201cEl problema de la necesidad de la justificaci\u00f3n o remisi\u00f3n de los pecados s\u00f3lo puede derivarse del concepto de la vida eterna como directa relaci\u00f3n de fin de aquella acci\u00f3n divina. Pero si se ha de aplicar este concepto no m\u00e1s que al estado de la vida de ultratumba, queda su contenido fuera de toda experiencia, y no puede fundar conocimiento alguno que tenga car\u00e1cter cient\u00edfico. No son, por tanto, m\u00e1s claras las esperanzas y los anhelos de la m\u00e1s fuerte certeza subjetiva, y no contienen en s\u00ed garant\u00eda alguna de la integridad de lo que se espera y anhela. Claridad e integridad de la representaci\u00f3n ideal son, sin embargo, las condiciones para la comprensi\u00f3n, esto es, para el conocimiento de la conexi\u00f3n necesaria de la cosa en s\u00ed y con sus dados presupuestos. As\u00ed es que la confesi\u00f3n evang\u00e9lica de que la justificaci\u00f3n por la fe fundamental lleva consigo la certeza de la vida eterna, es inaplicable teol\u00f3gicamente mientras no se muestre en la experiencia presente posible esa relaci\u00f3n de fin\u201d. (Rechtfertigung und Versoehnung, III, cap. VII, 52) Todo esto es muy racional, pero&#8230; En la primera edici\u00f3n de los Loci communes, de Melanchthon, la de 1521, la primera obra teol\u00f3gica luterana, omite su autor las especulaciones trinitaria y cristol\u00f3gica, la base dogm\u00e1tica de la escatolog\u00eda. Y el doctor Hermann, profesor en Marburgo, el autor del libro sobre el comercio cristiano con Dios (Der Verkehr des Christen mit Gott), libro cuyo primer cap\u00edtulo trata de la oposici\u00f3n entre la m\u00edstica y la religi\u00f3n cristiana, y que es, en sentir de Harnack, el m\u00e1s perfecto manual luterano, nos dice en otra parte, refiri\u00e9ndose a esta especulaci\u00f3n cristol\u00f3gica -o atanasiana-, que \u201cel conocimiento efectivo de Dios y de Cristo en que vive la fe es algo enteramente distinto. No debe hallar lugar en la doctrina cristiana nada que no pueda ayudar al hombre a reconocer sus pecados, lograr la gracia de Dios y servirle en verdad. Hasta entonces (es decir, hasta Lutero) hab\u00eda pasado en la Iglesia como doctrina sacra mucho que no puede en absoluto contribuir a dar a un hombre un coraz\u00f3n libre y una conciencia tranquila\u201d. Por mi parte, no concibo la libertad de un coraz\u00f3n ni la tranquilidad de una conciencia que no est\u00e9n seguras de su perdurabilidad despu\u00e9s de la muerte. \u201cEl deseo de salvaci\u00f3n del alma -prosigue Hermann- deb\u00eda llevar finalmente a los hombres a conocer y comprender la efectiva doctrina de la salvaci\u00f3n.\u201d Y a este eminente doctor en luteranismo, en su libro sobre el comercio del cristiano con Dios, todo se le vuelve hablarnos de confianza en Dios, de paz en la conciencia y de una seguridad en la salvaci\u00f3n que no es precisamente y en rigor la certeza de la vida perdurable, sino m\u00e1s bien de la remisi\u00f3n de los pecados. Y en un te\u00f3logo protestante, en Ernesto Troeltsch, he le\u00eddo que lo m\u00e1s alto que el protestantismo ha producido en el orden conceptual es el arte de la m\u00fasica, donde le ha dado Bach su m\u00e1s poderosa expresi\u00f3n art\u00edstica. \u00a1En eso se disuelve el protestantismo, en m\u00fasica celestial! Y podemos decir, en cambio, que la m\u00e1s alta expresi\u00f3n art\u00edstica cat\u00f3lica, por lo menos espa\u00f3la, es, en el arte m\u00e1s material, tangible y permanente \u2013pues a los sonidos se los lleva el aire-, de la escultura y la pintura, en el Cristo de Vel\u00e1zquez, \u00a1en ese Cristo que est\u00e1 siempre muri\u00e9ndose, sin acabar nunca de morirse, para darnos vida! \u00a1Y no es que el catolicismo abandone lo \u00e9tico, no! No hay religi\u00f3n moderna que pueda soslayarlo. Pero esta nuestra es en su fondo y en gran parte, aunque sus doctores protesten contra esto, un compromiso entre la escatolog\u00eda y la moral, aqu\u00e9lla puesta al servicio de \u00e9sta. \u00bfQu\u00e9 otra cosa es si no ese horror de las penas eternas del Infierno que tan mal se compadece con la apocat\u00e1stasis pauliniana? Ateng\u00e1monos a aquello que la Theologia deustch, el manual m\u00edstico que Lutero le\u00eda, hace decir a Dios, y es: \u201cSi he de recompensar tu maldad, tengo que hacerlo con bien, pues ni soy ni tengo otra cosa\u201d. Y el Cristo dijo: \u201cPadre, perd\u00f3nalos, pues no saben lo que se hacen\u201d, y no hay hombre que sepa lo que se hace. Pero ha sido menester convertir a la religi\u00f3n, a beneficio del orden social, en polic\u00eda, y de ah\u00ed el infierno. El cristianismo oriental o griego es predominantemente escatol\u00f3gico, predominantemente \u00e9tico el protestantismo, y el catolicismo, un compromiso entre ambas cosas, aunque con predominancia de lo primero. La m\u00e1s genuina moral cat\u00f3lica, la asc\u00e9tica mon\u00e1stica, es la moral de escatolog\u00eda enderezada a la salvaci\u00f3n del alma individual m\u00e1s que al mantenimiento de la sociedad. Y en el culto a la virginidad, \u00bfno habr\u00e1 acaso una cierta oscura idea de que el perpetuarse en otros estorba la propia perpetuaci\u00f3n? La moral asc\u00e9tica es una moral negativa. Y, en rigor, lo importante es no morirse, p\u00e9quese o no. Ni hay que tomar muy a la letra, sino como una efusi\u00f3n l\u00edrica y m\u00e1s bien ret\u00f3rica, aquello de nuestro c\u00e9lebre soneto:<\/p>\n<p>No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido<\/p>\n<p>y lo que sigue. El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Esp\u00edritu Santo, que no tiene remisi\u00f3n, es el pecado de herej\u00eda, el de pensar por cuenta propia. Ya se ha o\u00eddo aqu\u00ed, en nuestra Espa\u00f1a, que ser liberal, esto es, hereje, es peor que ser asesino, ladr\u00f3n o ad\u00faltero. El pecado m\u00e1s grave es no obedecer a la Iglesia, cuya infalibilidad nos defiende de la raz\u00f3n. \u00bfY por qu\u00e9 ha de escandalizar la infalibilidad de un hombre, del Papa? \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s da que sea infalible un libro: la Biblia; una sociedad de hombres: la Iglesia, o un hombre solo? \u00bfCambia por eso la dificultad racional de esencia? Y pues no siendo m\u00e1s racional la infalibilidad de un libro o la de una sociedad que la de un hombre solo, hab\u00eda que asentar este supremo esc\u00e1ndalo para el racionalismo. Es lo vital que se afirma, y para afirmarse crea, sirvi\u00e9ndose de lo racional, su enemigo, toda una construcci\u00f3n dogm\u00e1tica, y la Iglesia la defiende contra racionalismo, contra protestantismo y contra modernismo. Defiende la vida. Sali\u00f3 al paso a Galileo, e hizo bien, porque su descubrimiento en un principio, y hasta acomodarlo a la econom\u00eda de los conocimientos humanos, tend\u00eda a quebrantar la creencia antropoc\u00e9ntrica de que el universo ha sido creado para el hombre; se opuso a Darwin, e hizo bien, porque el darwinismo tiende a quebrantar nuestra creencia de que es el hombre un animal de excepci\u00f3n, creado expreso para ser eternizado. Y, por \u00faltimo, P\u00edo IX, el primer Pont\u00edfice declarado infalible, declar\u00f3se irreconciliable con la llamada civilizaci\u00f3n moderna. E hizo bien. Loisy, el ex abate cat\u00f3lico, dijo: \u201cDigo sencillamente que la Iglesia y la teolog\u00eda no ha favorecido el movimiento cient\u00edfico, sino que lo han estorbado m\u00e1s bien, en cuanto de ellas depend\u00eda, en ciertas ocasiones decisivas; digo, sobre todo, que la ense\u00f1anza cat\u00f3lica no se ha asociado ni acomodado a ese movimiento. La teolog\u00eda se ha comportado y se comporta todav\u00eda como si poseyese en s\u00ed misma una ciencia de la Naturaleza y una ciencia de la Historia con la filosof\u00eda general de estas cosas que resultan de su conocimiento cient\u00edfico. Dir\u00edase que el dominio de la teolog\u00eda y el de la ciencia, distintos en principio y hasta por definici\u00f3n del concilio del Vaticano, no deben serlo en la pr\u00e1ctica. Todo pasa por ser m\u00e1s o menos como si la teolog\u00eda no tuviese nada que aprender de la ciencia moderna, natural o hist\u00f3rica, y que estuviese en disposici\u00f3n y en derecho de ejercer por s\u00ed misma una inspecci\u00f3n directa y absoluta sobre todo el trabajo del esp\u00edritu homano.\u201d (Autour d\u2019un petit libre, p\u00e1ginas 211-212) Y as\u00ed tiene que ser y as\u00ed es en su lucha con el modernismo que fue Loisy doctor y caudillo. La lucha reciente contra el modernismo kantiano y fide\u00edsta es una lucha por la vida. \u00bfPuede acaso la vida, la vida que busca seguridad de la supervivencia, tolerar que un Loisy, sacerdote cat\u00f3lico, afirme que la resurrecci\u00f3n del Salvador no es un hecho de orden hist\u00f3rico, demostrable y demostrado por el solo testimonio de la Historia? Leed, por otra parte, en la excelente obra de E. Le Roy, Dogme et Critique, su exposici\u00f3n del dogma central, el de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, y decidme si queda algo s\u00f3lido en que apoyar nuestra esperanza. \u00bfNo ven que, m\u00e1s que la vida inmortal del Cristo, reducida acaso a una vida en la conciencia colectiva cristiana, se trata de una garant\u00eda de nuestra propia resurrecci\u00f3n personal, en alma y tambi\u00e9n en cuerpo? Esa nueva apolog\u00e9tica psicol\u00f3gica apela al milagro moral, y nosotros, como los jud\u00edos, queremos se\u00f1ales, algo que se pueda agarrar con todas las potencias del alma y con todos los sentidos del cuerpo. Y con las manos y los pies y la boca, si es posible. Pero, \u00a1ay!, que no lo conseguimos; la raz\u00f3n ataca, y la fe, que no se siente sin ella segura, tiene que pactar con ella. Y de aqu\u00ed vienen las tr\u00e1gicas contradicciones y las desgarraduras de conciencia. Necesitamos seguridad, certeza, se\u00f1ales, y se va a los motiva credibilitatis, a los motivos de credibilidad, para fundar el rationale obsequium, y aunque la fe preceda a la raz\u00f3n, fides praecedit rationem, seg\u00fan San Agust\u00edn, este mismo doctor y obispo quer\u00eda ir por la fe a la inteligencia, per fidem ad intellectum, y creer para entender, credo ut intelligam. \u00a1Cu\u00e1n lejos de aquella soberbia expresi\u00f3n de Tertuliano: et sepultus resurrexit, certum est, quia impossibile est!: \u201cy sepultado resucit\u00f3: es cierto porque es imposible\u201d, y su excelso credo quia absurdum!, esc\u00e1ndalo de racionalistas. \u00a1Cu\u00e1n lejos del il faut s\u2019ab\u00e2tir, de Pascal, y de aquel \u201cla raz\u00f3n humana ama el absurdo\u201d, de nuestro Donoso Cort\u00e9s, que debi\u00f3 aprenderlo del gran Jos\u00e9 de Maistre! Y busc\u00f3se como primera piedra de cimiento la autoridad de la tradici\u00f3n y la revelaci\u00f3n de las palabras de Dios, y se lleg\u00f3 hasta aquello del consentimiento un\u00e1nime. Quod apud multos unum invenitur non est erratum, sed traditum, dijo Tertuliano, y Lamennais a\u00f1adi\u00f3, siglos m\u00e1s tarde, que \u201cla certeza, principio de la vida y de la inteligencia\u2026 es, si se me permite la expresi\u00f3n, un producto social\u201d. Pero aqu\u00ed, como en tantas otras cosas, dio la f\u00f3rmula suprema aquel gran cat\u00f3lico del catolicismo popular y vital, el conde de Jos\u00e9 de Maistre, cuando escribi\u00f3: \u201cNo creo que sea posible mostrar una sola opini\u00f3n universalmente \u00fatil que no sea verdadera\u201d. Esta es la fija cat\u00f3lica: deducir la verdad de un principio de su bondad o utilidad suprema. \u00bfY qu\u00e9 hay de m\u00e1s \u00fatil, m\u00e1s soberanamente \u00fatil, que no mor\u00edrsenos nunca el alma? \u201cComo todo sea incierto, o hay que creer a todos o a ninguno\u201d, dec\u00eda Lactancio; pero aquel formidable m\u00edstico y asceta que fue el beato Enrique Suso, el dominicano, pidi\u00f3le a la eterna Sabidur\u00eda una sola palabra de qu\u00e9 era el amor; y al contestarle: \u201cTodas las criaturas invocan que lo soy\u201d, replic\u00f3 Suso, el servidor: \u201cAy, Se\u00f1or, eso no basta para un alma anhelante\u201d. La fe no se siente segura ni con el consentimiento de los dem\u00e1s, ni con la tradici\u00f3n, ni bajo la autoridad. Busca el apoyo de su enemiga la raz\u00f3n. Y as\u00ed se fragu\u00f3 la teolog\u00eda escol\u00e1stica, y saliendo de ella su criada, la ancilla theologiae, la filosof\u00eda escol\u00e1stica tambi\u00e9n, y esta criada sali\u00f3 respondona. La escol\u00e1stica, magn\u00edfica catedral con todos los problemas de mec\u00e1nica arquitect\u00f3nica resueltos por los siglos, pero catedral de adobes, llev\u00f3 poco a poco a eso que llaman teolog\u00eda natural, y no es sino cristianismo despotencializado. Busc\u00f3se apoyar hasta donde fuese posible racionalmente los dogmas; mostrar por lo menos que, si bien sobre-racionales, no eran contra-racionales, y se les ha puesto un basamento filos\u00f3fico de filosof\u00eda aristot\u00e9lico-neo-plat\u00f3nica-est\u00f3ica del siglo XIII que tal es el tomismo, recomendado por Le\u00f3n XIII. Y ya no se trata de aceptar el dogma, sino su interpretaci\u00f3n filos\u00f3fica medieval y tomista. No basta creer que al tomar la hostia consagrada se toma el cuerpo y sangre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo; hay que pasar por todo eso de la transustanciaci\u00f3n, y la sustancia separada de los accidentes, rompiendo con toda la concepci\u00f3n racional moderna de la sustancialidad. Pero para eso est\u00e1 la fe impl\u00edcita, la fe del carbonero, la de los que como Santa Teresa (Vida, cap\u00edtulo XXV, 2), no quieren aprovecharse de la teolog\u00eda. \u201cEso no me lo pregunt\u00e9is a m\u00ed, que soy ignorante; doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabr\u00e1n responder\u201d, como se nos hizo aprender en el Catecismo. Que para eso, entre otras cosas, se instituy\u00f3 el sacerdocio, para que la Iglesia docente fuese la depositaria, dep\u00f3sito m\u00e1s que un r\u00edo, reservoir instead of river, como dijo Brooks, de los secretos teol\u00f3gicos. \u201cLa labor del Niceno \u2013dice Harnack (Dogmengenschichte, II, I, cap. VII, 3)- fue un triunfo del sacerdocio sobre la fe del pueblo cristiano. Ya la doctrina del Logos se hab\u00eda hecho ininteligible para los te\u00f3logos. Con la erecci\u00f3n de la f\u00f3rmula nicenocapadocia, como confesi\u00f3n fundamental de la Iglesia, se hizo completamente imposible a los legos cat\u00f3licos de adquirir un conocimiento \u00edntimo de la fe cristiana seg\u00fan la norma de la doctrina eclesi\u00e1stica. Y arraig\u00f3se cada vez m\u00e1s la idea de que el cristianismo era la revelaci\u00f3n de lo ininteligible\u201d. Y as\u00ed es en verdad. \u00bfY por qu\u00e9 fue esto? Porque la fe, esto es, la vida, no se sent\u00eda ya segura de s\u00ed misma. No le bastaba ni el tradicionalismo ni el positivismo teol\u00f3gico de Duns Escoto; quer\u00eda racionalizarse. Y busc\u00f3 a poner su fundamento, no ya contra la raz\u00f3n, que es donde est\u00e1, sino sobre la raz\u00f3n, es decir, en la raz\u00f3n misma. La posici\u00f3n nominalista o positivista o voluntarista de Escoto, la de que la ley y la verdad dependen, m\u00e1s que de la esencia, de la libre e inescudri\u00f1able voluntad de Dios, acentuando la irracionalidad suprema de la religi\u00f3n, pon\u00eda a \u00e9sta en peligro entre los m\u00e1s de los creyentes dotados de raz\u00f3n adulta y no carboneros. De aqu\u00ed el triunfo del racionalismo teol\u00f3gico tomista. Y ya no basta creer en la existencia de Dios, sino que cae anatema sobre qui\u00e9n, aun creyendo en ella, no cree que esa su existencia sea por razones demostrable o que hasta hoy nadie con ellas las ha demostrado irrefutablemente. Aunque aqu\u00ed acaso quepa decir lo de Pohle: \u201cSi la salvaci\u00f3n eterna dependiera de los axiomas matem\u00e1ticos, habr\u00eda que contar con que la m\u00e1s odiosa sofister\u00eda humana habr\u00edase vuelto ya contra su validez universal con la misma fuerza con que ahora contra Dios, el alma y Cristo\u201d. Y es que el catolicismo oscila entre la m\u00edstica, que es experiencia \u00edntima del Dios vivo en Cristo, experiencia intrasmisible, y cuyo peligro es, por otra parte, absorber en Dios la propia personalidad, la cual no salva nuestro anhelo vital, y entre el racionalismo a que combate (v\u00e9ase Wezis\u00e4cker, obra citada); oscila entre ciencia religionizada y religi\u00f3n cientificada. El entusiasmo apocal\u00edptico fue cambiando poco a poco en misticismo neoplat\u00f3nico, a que la teolog\u00eda hizo arredrar. Tem\u00edase los excesos de la fantas\u00eda, que suplantaba a la fe, creando extravagancias gn\u00f3sticas. Pero hubo que firmar un cierto pacto con el gnosticismo, y con el racionalismo otro; ni la fantas\u00eda ni la raz\u00f3n se dejaban vencer del todo. Y as\u00ed se hizo la dogm\u00e1tica cat\u00f3lica un sistema de contradicciones, mejor o peor concordadas. La Trinidad fue un cierto pacto entre el monote\u00edsmo y el polite\u00edsmo, y pactaron la humanidad y la divinidad en Cristo, la naturaleza y la gracia, \u00e9sta y el libre albedr\u00edo, \u00e9ste con la presciencia divina, etc. Y es que acaso, como dice Hermann (loco citato), \u201cen cuanto se desarrolla un pensamiento religioso en sus consecuencias l\u00f3gicas, entra en conflicto con otros, que pertenecen igualmente a la vida de la religi\u00f3n\u201d. Que es lo que le da al catolicismo su profunda dial\u00e9ctica vital. Pero \u00bfa qu\u00e9 costa? A costa, preciso es decirlo, de oprimir las necesidades mentales de los creyentes en uso de raz\u00f3n adulta. Ex\u00edgeseles que crean o todo o nada, que acepten la entera totalidad de la dogm\u00e1tica o que se pierda todo m\u00e9rito si se rechaza la m\u00ednima parte de ella. Y as\u00ed resulta lo que el gran predicador unitariano Channing dec\u00eda, y es que tenemos en Francia y Espa\u00f1a multitudes que han pasado de rechazar el papismo al absoluto ate\u00edsmo, porque \u201cel hecho es que las doctrinas falsas y absurdas, cuando son expuestas, tienen natural tendencia a engendrar escepticismo en los que sin reflexi\u00f3n las reciben, y no hay quienes est\u00e9n m\u00e1s prontos a creer demasiado poco que aquellos que empezaron por creer demasiado (believing too much)\u201d. Aqu\u00ed est\u00e1, en efecto, el terrible peligro de creer demasiado. \u00a1Aunque no!; el terrible peligro est\u00e1 en otra parte, y es en querer creer con la raz\u00f3n y no con la vida. La soluci\u00f3n cat\u00f3lica de nuestro problema, de nuestro \u00fanico problema vital, del problema de la inmortalidad y salvaci\u00f3n eterna del alma individual, satisface a la voluntad y, por tanto, a la vida; pero al querer racionalizarla con la teolog\u00eda dogm\u00e1tica, no satisface a la raz\u00f3n. Y \u00e9sta tiene sus exigencias, tan imperiosas como las de la vida. No sirve querer forzarse a reconocer sobre-racional lo que claramente nos aparece contra-racional, ni sirve querer hacerse carbonero el que no lo es. La infalibilidad, noci\u00f3n de origen hel\u00e9nico, es en el fondo una categor\u00eda racionalista. Veamos ahora, pues, la soluci\u00f3n o, mejor, disoluci\u00f3n racionalista o cient\u00edfica de nuestro problema.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>V<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>La disoluci\u00f3n racional<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El gran maestro del fenomenalismo racionalista, David Hume, empieza su ensayo Sobre la inmortalidad del alma con estas definitivas palabras: \u201cParece dif\u00edcil probar con la mera luz de la raz\u00f3n la inmortalidad del alma. Los argumentos en favor de ella se derivan com\u00fanmente de t\u00f3picos metaf\u00edsicos, morales o f\u00edsicos. Pero es en realidad el Evangelio y s\u00f3lo el Evangelio, el que ha tra\u00eddo a luz la vida y la inmortalidad\u201d. Lo que equivale a negar la racionalidad de la creencia de que sea inmortal el alma de cada uno de nosotros.<\/p>\n<p>Kant, que parti\u00f3 de Hume para su cr\u00edtica, trat\u00f3 de establecer la racionalidad de ese anhelo y de la creencia que \u00e9ste importa, y tal es el verdadero origen, el origen \u00edntimo, de su cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica y de su imperativo categ\u00f3rico y de su Dios. Mas, a pesar de todo ello, queda en pie la afirmaci\u00f3n esc\u00e9ptica de Hume, y no hay manera alguna de probar racionalmente la inmortalidad del alma. Hay, en cambio, modos de probar racionalmente su mortalidad. Ser\u00eda no ya excusado, sino hasta rid\u00edculo, el que nos extendi\u00e9semos aqu\u00ed en exponer hasta qu\u00e9 punto la conciencia individual humana depende de la organizaci\u00f3n del cuerpo; c\u00f3mo va naciendo, poco a poco, seg\u00fan el cerebro recibe las impresiones de fuera; c\u00f3mo se interrumpe temporalmente durante el sue\u00f1o, los desmayos y otros accidentes, y c\u00f3mo todo nos lleva a conjeturar racionalmente que la muerte trae consigo la p\u00e9rdida de la conciencia. Y as\u00ed como antes de nacer no fuimos ni tenemos recuerdo alguno personal de entonces, as\u00ed despu\u00e9s de morir no seremos. Esto es lo racional.<\/p>\n<p>Lo que llamamos alma no es nada m\u00e1s que un t\u00e9rmino para designar la conciencia individual en su integridad y su persistencia; y que ella cambia, y que lo mismo que se integra se desintegra, es cosa evidente. Para Arist\u00f3teles era la forma sustancial del cuerpo, la entelequia, pero no una sustancia. Y m\u00e1s de un moderno la ha llamado epifen\u00f3meno, t\u00e9rmino absurdo. Basta llamarla fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>El racionalismo, y por \u00e9ste entiendo la doctrina que no se atiene sino a la raz\u00f3n, a la verdad objetiva, es forzosamente materialista. Y no se me escandalicen los idealistas.<\/p>\n<p>Es menester ponerlo todo en claro, y la verdad es que eso que llamamos materialismo no quiere decir para nosotros otra cosa que la doctrina que niega la inmortalidad del alma individual, la persistencia de la conciencia personal despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p>En otro sentido cabe decir que, como no sabemos m\u00e1s lo que sea la materia que el esp\u00edritu, y como eso de la materia no es para nosotros m\u00e1s que una idea, el materialismo es idealismo. De hecho, y para nuestro problema \u2014el m\u00e1s vital, el \u00fanico de veras vital\u2014, lo mismo da decir que todo es materia, como que es todo idea, o todo fuerza, o lo que se quiera. Todo sistema mon\u00edstico se nos aparecer\u00e1 siempre materialista. S\u00f3lo salvan la inmortalidad del alma los sistemas dualistas, los que ense\u00f1an que la conciencia humana es algo sustancialmente distinto y diferente de las dem\u00e1s manifestaciones fenom\u00e9nicas. Y la raz\u00f3n es naturalmente monista. Porque es obra de la raz\u00f3n comprender y explicar el universo, y para comprenderlo y explicarlo, para nada hace falta el alma como sustancia imperecedera. Para explicarnos y comprender la vida an\u00edmica, para la psicolog\u00eda, no es menester la hip\u00f3tesis del alma. La que en un tiempo llamaban psicolog\u00eda racional, por oposici\u00f3n a la llamada emp\u00edrica, ni es psicolog\u00eda, sino metaf\u00edsica, y muy turbia, y no es racional, sino profundamente irracional, o m\u00e1s bien contrarracional.<\/p>\n<p>La doctrina pretendida racional de la sustancialidad del alma y de su espiritualidad, con todo el aparato que la acompa\u00f1a, no naci\u00f3 sino de que los hombres sent\u00edan la necesidad de apoyar en raz\u00f3n de su incuestionable anhelo de inmortalidad la creencia a \u00e9ste subsiguiente. Todas las sofister\u00edas que tienden a probar que el alma es sustancia simple e incorruptible proceden de ese origen. Es m\u00e1s a\u00fan: el concepto mismo de sustancia, tal como lo dej\u00f3 asentado y definido la escol\u00e1stica, ese concepto que no resiste la cr\u00edtica, es un concepto teol\u00f3gico enderezado a apoyar la fe en la inmortalidad el alma.<\/p>\n<ol>\n<li>James, en la tercera de las conferencias que dedic\u00f3 el pragmatismo en el Lowell Institute de Boston, en diciembre de 1906 y enero de 1907, y que es lo m\u00e1s d\u00e9bil de toda la obra del insigne pensador norteamericano \u2014algo excesivamente d\u00e9bil\u2014, dice as\u00ed: \u201cEl escolasticismo ha tomado la noci\u00f3n de sustancia del sentido com\u00fan, haci\u00e9ndola t\u00e9cnica y articulada. Pocas cosas parecer\u00edan tener menos consecuencias pragm\u00e1ticas para nosotros que las sustancias, privados como estamos de todo contacto con ellas. Pero hay un caso en que el escolasticismo ha probado la importancia de la sustancia-idea trat\u00e1ndola pragm\u00e1ticamente. Me refiero a ciertas disputas concernientes al misterio de la Eucarist\u00eda. La sustancia aparecer\u00eda aqu\u00ed con un gran valor pragm\u00e1tico. Desde que los accidentes de la hostia no cambian en la consagraci\u00f3n y se ha convertido ella, sin embargo, en el cuerpo de Cristo, el cambio no puede ser m\u00e1s que el de la sustancia. La sustancia del pan tiene que haberse retirado, sustituy\u00e9ndola milagrosamente la divina sustancia sin alterarse las propiedades sensibles inmediatas. Pero aun cuando \u00e9stas no se alteran, ha tenido lugar una tremenda diferencia; no menos sino el que nosotros, los que recibimos el sacramento, nos alimentamos ahora de la sustancia misma de la divinidad. La noci\u00f3n de sustancia irrumpe, pues, en la vida con terrible efecto si admit\u00eds que las sustancias pueden separarse de sus accidentes y cambiar estos \u00faltimos. Y es \u00e9sta la \u00fanica aplicaci\u00f3n pragm\u00e1tica de la idea de sustancia de que tenga yo conocimiento, y es obvio que s\u00f3lo puede ser tratada en serio por los que creen en la presencia por fundamentos independientes\u201d.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Ahora bien: dejando de lado la cuesti\u00f3n de si en buena teolog\u00eda, y no digo en buena raz\u00f3n, porque todo esto cae fuera de ella, se puede confundir la sustancia del cuerpo \u2014del cuerpo, no del alma\u2014 de Cristo con la sustancia misma de la divinidad, es decir, con Dios mismo, parece imposible que un tan ardiente anhelador de la inmortalidad del alma, un hombre como W. James, cuya filosof\u00eda toda no atiende sino a establecer racionalmente esa creencia, no hubiera echado de ver que la aplicaci\u00f3n pragm\u00e1tica del concepto de sustancia a la doctrina de la transustanciaci\u00f3n eucar\u00edstica no es sino una consecuencia de su aplicaci\u00f3n anterior a la doctrina de la inmortalidad del alma. Como en el anterior cap\u00edtulo expuse, el sacramento de la eucarist\u00eda no es sino el reflejo de la creencia en la inmortalidad; es, para el creyente, la prueba experimental m\u00edstica de que es inmortal el alma y gozar\u00e1 eternamente de Dios. Y el concepto de sustancia naci\u00f3, ante todo y sobre todo, del concepto de la sustancialidad del alma, y se afirm\u00f3 \u00e9ste para apoyar la fe en su persistencia despu\u00e9s de separada del cuerpo. Tal es su primera aplicaci\u00f3n pragm\u00e1tica, y con ella, su origen. Y luego hemos trasladado ese concepto a las cosas de fuera. Por sentirme sustancia, es decir, permanente en medio de mis cambios, es por lo que atribuyo sustancialidad a los agentes que fuera de m\u00ed, en medio de sus cambios, permanecen. Del mismo modo que el concepto de fuerza, en cuanto distinto del movimiento, nace de mi sensaci\u00f3n de esfuerzo personal al poner en movimiento algo. L\u00e9ase con cuidado, en la primera parte de la Summa Theologica, de Santo Tom\u00e1s de Aquino, los seis art\u00edculos primeros de la cuesti\u00f3n LXXV, en que trata de si el alma humana es cuerpo, de si es algo subsistente, de si lo es tambi\u00e9n el alma de los brutos, de si el hombre es alma, de si \u00e9sta se compone de materia y forma y de si es incorruptible, y d\u00edgase luego si todo aquello no est\u00e1 sutilmente enderezado a soportar la creencia de que esa sustancialidad incorruptible le permite recibir de Dios la inmortalidad, pues claro es que como la cre\u00f3 al infundirla en el cuerpo, seg\u00fan Santo Tom\u00e1s, pod\u00eda al separarlo de \u00e9l aniquilarla. Y como se ha hecho cien veces la cr\u00edtica de esas pruebas, no es cosa de repetirla aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n desprevenida puede concluir el que nuestra alma sea una sustancia del hecho de que la conciencia de nuestra identidad \u2014y esto dentro de muy estrechos y variables l\u00edmites\u2014 persista a trav\u00e9s de los cambios de nuestro cuerpo? Tanto valdr\u00eda hablar del alma sustancial de un barco que sale de un puerto, pierde hoy una tabla, que es sustituida por otra de igual forma y tama\u00f1o, luego pierde otra pieza, y as\u00ed, una a una, todas, y vuelve al mismo barco, con igual forma, iguales condiciones marineras, y todos lo reconocen por el mismo. \u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n desprevenida puede concluir la simplicidad del alma del hecho de que tengamos que juzgar y unificar pensamientos? Ni el pensamiento es uno, sino vario, ni el alma es para la raz\u00f3n nada m\u00e1s que la sucesi\u00f3n de estados de conciencia coordinados entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Es lo corriente que en los libros de psicolog\u00eda espiritualista, al tratarse de la existencia del alma como sustancia simple y separable del cuerpo, se empiece con una f\u00f3rmula por este estilo: Hay en m\u00ed un principio que piensa, quiere y siente\u2026 Lo cual implica una petici\u00f3n de principio. Porque no es una verdad inmediata, ni mucho menos, el que haya en m\u00ed tal principio; la verdad inmediata es que pienso, quiero y siento yo. Y yo, el yo que piensa, quiere y siente, es inmediatamente mi cuerpo vivo son los estados de conciencia que soporta. Es mi cuerpo vivo el que piensa, quiere y siente \u00bfC\u00f3mo? Como sea. Y pasan luego a querer fijar la sustancialidad del alma; hipostasiando los estados de conciencia, y empiezan por que esa sustancia tiene que ser simple, es decir, por oponer, al modo del dualismo cartesiano, el pensamiento a la extensi\u00f3n. Y como ha sido nuestro Balmes uno de los espiritualistas que han dado forma m\u00e1s concisa y clara al argumento de la simplicidad del alma, voy a tomarlo de \u00e9l tal y como lo expone en el cap\u00edtulo II de la Psicolog\u00eda de su Curso de filosof\u00eda elemental. \u201cEl alma humana es simple\u201d, dice, y a\u00f1ade: \u201cEs simple lo que carece de partes, y el alma no las tiene. Sup\u00f3ngase que hay en ella las partes A, B, C; pregunto: \u00bfD\u00f3nde reside el pensamiento? Si s\u00f3lo en A, est\u00e1n de m\u00e1s B y C; y, por consiguiente, el sujeto simple A ser\u00e1 el alma. Si el pensamiento reside en A, B y C, resulta el pensamiento dividido en partes, lo que es absurdo. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1n una percepci\u00f3n, una comparaci\u00f3n, un juicio, un raciocinio, distribuidos en tres sujetos?\u201d M\u00e1s evidente petici\u00f3n de principio no cabe. Empieza por darse como evidente que el todo, como todo, no puede juzgar. Prosigue Balmes: \u201cLa unidad de conciencia se opone a la divisi\u00f3n del alma: cuando pensamos, hay un sujeto que sabe todo lo que piensa, y esto es imposible atribuy\u00e9ndole partes. Del pensamiento que est\u00e1 en A, nada sabr\u00e1n B ni C, y rec\u00edprocamente; luego no habr\u00e1 una conciencia de todo el pensamiento; cada parte tendr\u00e1 su conciencia especial, y dentro de nosotros habr\u00e1 tantos seres pensantes cuantas sean las partes\u201d. Sigue la petici\u00f3n de principio; sup\u00f3nese, porque s\u00ed, sin prueba alguna, que un todo como todo no puede percibir unitariamente. Y luego, Balmes pasa a preguntar si esas partes A, B, C son simples o compuestas, y repite el argumento hasta venir a parar a que el sujeto pensante tiene que ser una parte que no sea todo, esto es, simple. El argumento se basa, como se ve, en la unidad de apercepci\u00f3n y de juicio. Y luego trata de refutar el supuesto de apelar a una comunicaci\u00f3n de las partes entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Balmes, y con \u00e9l los espiritualistas a priori que tratan de racionalizar la fe en la inmortalidad del alma, dejan de lado la \u00fanica explicaci\u00f3n racional: la de que la apercepci\u00f3n y el juicio son una resultante, la de que son las percepciones o las ideas mismas componentes las que se concuerdan. Empiezan por suponer algo fuera y distinto de los estados de conciencia que no es el cuerpo vivo que los soporta, algo que no soy yo, sino que est\u00e1 en m\u00ed.<\/p>\n<p>El alma es simple, dicen otros, porque se vuelve sobre s\u00ed toda entera. No, el estado de conciencia A, en que pienso en mi anterior estado de conciencia B, no es este mismo. O si pienso en mi alma, pienso en una idea distinta del acto en que pienso en ella. Pensar que se piensa, y nada m\u00e1s, no es pensar.<\/p>\n<p>El alma es el principio de la vida, dicen. S\u00ed; tambi\u00e9n se ha ideado la categor\u00eda de fuerza o de energ\u00eda como principio del movimiento. Pero eso son conceptos, no fen\u00f3menos, no realidades externas. El principio del movimiento \u00bfse mueve? Y s\u00f3lo tiene realidad externa lo que se mueve. \u00bfEl principio de la vida, vive? Con raz\u00f3n escrib\u00eda Hume: \u201cJam\u00e1s me encuentro con esta idea de m\u00ed mismo; s\u00f3lo me observo deseando u obrando o sintiendo algo\u201d. La idea de algo individual, de este tintero que tengo delante, de ese caballo que est\u00e1 a la puerta de casa, de ellos dos y no de otros cualesquiera individuos de su clase, es el hecho, el fen\u00f3meno mismo. La idea de m\u00ed mismo soy yo.<\/p>\n<p>Todos los esfuerzos para sustantivar la conciencia, haci\u00e9ndola independiente de la extensi\u00f3n \u2014recu\u00e9rdese que Descartes opon\u00eda el pensamiento a la extensi\u00f3n\u2014, no son sino sofisticadas argucias para asentar la racionalidad de la fe en que el alma es inmortal. Se quiere dar valor de realidad objetiva a lo que no la tiene; a aquello cuya realidad no est\u00e1 sino en el pensamiento. Y la inmortalidad que apetecemos es una inmortalidad fenom\u00e9nica, es una continuaci\u00f3n de esta vida.<\/p>\n<p>La unidad de la conciencia no es para la psicolog\u00eda cient\u00edfica \u2014la \u00fanica racional\u2014 sino una unidad fenom\u00e9nica. Nadie puede decir que sea una unidad sustancial. Es m\u00e1s a\u00fan, nadie puede decir que sea una sustancia. Porque la noci\u00f3n de sustancia es una categor\u00eda no fenom\u00e9nica. Es el n\u00famero y entra, en rigor, en lo inconocible. Es decir, seg\u00fan se la aplique. Pero en su aplicaci\u00f3n trascendente es algo en realidad inconocible y en rigor irracional. Es el concepto mismo de sustancia lo que una raz\u00f3n desprevenida reduce a un uso que est\u00e1 muy lejos de aquella su aplicaci\u00f3n pragm\u00e1tica a que James se refer\u00eda. Y no salva esta aplicaci\u00f3n al tomarla ideal\u00edsticamente, seg\u00fan el principio berkeleyano de que ser es ser percibido, esse est percipi. Decir que todo es idea o decir que todo es esp\u00edritu, es lo mismo que decir que todo es materia o que todo es fuerza, pues si, siendo todo idea o todo esp\u00edritu, este diamante es idea o esp\u00edritu, lo mismo que mi conciencia, no se ve por qu\u00e9 no ha de persistir eternamente el diamante, si mi conciencia, por ser idea o esp\u00edritu, persiste siempre. Jorge Berkeley, obispo anglicano de Cloyne y hermano en esp\u00edritu del tambi\u00e9n obispo anglicano Jos\u00e9 Butler, quer\u00eda salvar, como \u00e9ste, la fe en la inmortalidad del alma. Desde las primeras palabras del Prefacio en su Tratado referente a los principios del conocimiento humano (A Treatise concerning the Principles of Human Knowledge), nos dice que este su tratado le parece \u00fatil, especialmente para los tocados de escepticismo o que necesitan una demostraci\u00f3n de la existencia e inmaterialidad de Dios y de la inmortalidad natural del alma. En el cap\u00edtulo CXL establece que tenemos una idea, o m\u00e1s bien noci\u00f3n del esp\u00edritu, conociendo otros esp\u00edritus por medio de los nuestros, de lo cual afirma redondamente en el p\u00e1rrafo siguiente, que se sigue la natural inmortalidad del alma. Y aqu\u00ed entra en una serie de conclusiones basadas en la ambig\u00fcedad que al t\u00e9rmino noci\u00f3n da. Y es despu\u00e9s de haber establecido casi como per saltum la inmortalidad del alma, porque \u00e9sta no es pasiva, como los cuerpos, cuando pasa en el cap\u00edtulo CXLVII a decirnos que la existencia de Dios es m\u00e1s evidente que la del hombre. \u00a1Y decir que hay quien, a pesar de esto, duda de ella!<\/p>\n<p>Complic\u00e1base la cuesti\u00f3n porque se hac\u00eda de la conciencia una propiedad del alma, que era algo m\u00e1s que ella, es decir, una forma sustancial del cuerpo, originadora de las funciones org\u00e1nicas todas de \u00e9ste. El alma no s\u00f3lo piensa, siente y quiere, sino mueve al cuerpo y origina sus funciones vitales; en el alma humana se unen las funciones vegetativa, animal y racional. Tal es la doctrina. Pero el alma separada del cuerpo no puede tener ya funciones vegetativas y animales.<\/p>\n<p>Para la raz\u00f3n, en fin, un conjunto de verdaderas confusiones.<\/p>\n<p>A partir del Renacimiento y la restituci\u00f3n del pensamiento puramente racional y emancipado de toda teolog\u00eda, la doctrina de la mortalidad del alma se restableci\u00f3 con Alejandro Afrodisiense, Pedro Pomponazzi y otros. Y en rigor, poco o nada puede agregarse a cuanto Pomponazzi dej\u00f3 escrito en su Tractatus de inmortalitate animae. \u00c9sa es la raz\u00f3n, y es in\u00fatil darle vueltas.<\/p>\n<p>No han faltado, sin embargo, quienes hayan tratado de apoyar emp\u00edricamente la fe en la inmortalidad del alma, y ah\u00ed est\u00e1 la obra de Frederic W. H. Myers sobre la personalidad humana y su sobrevivencia a la muerte corporal: Human Personality and its Survival of Bodily Death. Nadie se ha acercado con m\u00e1s ansia que yo a los dos gruesos vol\u00famenes de esta obra, en que el que fue alma de la Sociedad de Investigaciones Ps\u00edquicas \u2014Society for Psychical Research\u2014 ha resumido el formidable material de datos, sobre todo g\u00e9nero de corazonadas, apariciones de muertos, fen\u00f3menos de sue\u00f1o, telepat\u00eda, hipnotismo, automatismo sensorial, \u00e9xtasis y todo lo que constituye el arsenal espiritista. Entr\u00e9 en su lectura no s\u00f3lo sin la prevenci\u00f3n de antemano que a tales investigaciones guardan los hombres de ciencia, sino hasta prevenido favorablemente, como quien va a buscar confirmaci\u00f3n a sus m\u00e1s \u00edntimos anhelos; pero, por esto, la decepci\u00f3n fue mayor. A pesar del aparato de cr\u00edtica, todo eso en nada se diferencia de las milagrer\u00edas medievales. Hay en el fondo un error de m\u00e9todo, de l\u00f3gica.<\/p>\n<p>Y si la creencia en la inmortalidad del alma no ha podido hallar comprobaci\u00f3n emp\u00edrica racional, tampoco le satisface el pante\u00edsmo. Decir que todo es Dios, y que al morir volvemos a Dios, mejor dicho, seguimos en \u00c9l, nada vale a nuestro anhelo; pues si es as\u00ed, antes de nacer, en Dios est\u00e1bamos, y si volvemos al morir adonde antes de nacer est\u00e1bamos, el alma humana, la conciencia individual, es perecedera. Y como sabemos muy bien que Dios, el Dios personal y consciente del monote\u00edsmo cristiano, no es sino el productor, y sobre todo, el garantizador de nuestra inmortalidad, de aqu\u00ed se dice, y se dice muy bien, que el pante\u00edsmo no es sino un ate\u00edsmo disfrazado. Y yo creo que sin disfrazar. Y ten\u00edan raz\u00f3n los que llamaron ateo a Spinoza, cuyo pante\u00edsmo es el m\u00e1s l\u00f3gico, el m\u00e1s racional. Ni salva el anhelo de inmortalidad, sino que lo disuelve y hunde, el agnosticismo o doctrina de lo inconocible, que cuando ha querido dejar a salvo los sentimientos religiosos, ha procedido siempre con la m\u00e1s refinada hipocres\u00eda. Toda la primera parte, y sobre todo su cap\u00edtulo V, el titulado \u201cReconciliaci\u00f3n\u201d \u2014entre la raz\u00f3n y la fe, o la religi\u00f3n y la ciencia se entiende\u2014, de los Primeros principios, de Spencer, es un modelo, a la vez que de superficialidad filos\u00f3fica y de insinceridad religiosa, del m\u00e1s refinado cant brit\u00e1nico. Lo inconocible, si es algo m\u00e1s que lo meramente desconocido hasta hoy, no es sino un concepto puramente negativo, un concepto de l\u00edmite. Y sobre eso no se edifica sentimiento ninguno.<\/p>\n<p>La ciencia de la religi\u00f3n, por otra parte, de la religi\u00f3n como fen\u00f3meno ps\u00edquico individual y social, sin entrar en la validez objetiva trascendente de las afirmaciones religiosas, es una ciencia que, al explicar el origen de la fe en que el alma es algo que puede vivir separado del cuerpo, ha destruido la racionalidad de esta creencia. Por m\u00e1s que el hombre religioso repita con Schleiermacher: \u201cLa ciencia no puede ense\u00f1arte nada, aprenda ella de ti\u201d, por dentro le queda otra.<\/p>\n<p>Por cualquier lado que la cosa se mire, siempre resulta que la raz\u00f3n se pone enfrente de ese nuestro anhelo de inmortalidad personal, y nos le contradice. Y es que, en rigor, la raz\u00f3n es enemiga de la vida.<\/p>\n<p>Es una cosa terrible la inteligencia. Tiende a la muerte como a la estabilidad la memoria. Lo vivo, lo que es absolutamente inestable, lo absolutamente individual, es, en rigor, ininteligible. La l\u00f3gica tira a reducirlo todo a identidades y a g\u00e9neros, a que no tenga cada representaci\u00f3n m\u00e1s que un solo y mismo contenido en cualquier lugar, tiempo o relaci\u00f3n en que se nos ocurra. Y no hay nada que sea lo mismo en dos momentos sucesivos de su ser. Mi idea de Dios es distinta cada vez que la concibo. La identidad, que es la muerte, es la aspiraci\u00f3n del intelecto. La mente busca lo muerto, pues lo vivo se le escapa; quiere cuajar en t\u00e9mpanos la corriente fugitiva, quiere fijarla. Para analizar un cuerpo hay que menguarlo o destruirlo. Para comprender algo hay que matarlo, enrigidecerlo en la mente. La ciencia es un cementerio de ideas muertas, aunque de ellas salga vida. Tambi\u00e9n los gusanos se alimentan de cad\u00e1veres. Mis propios pensamientos, tumultuosos y agitados en los senos de mi mente, desgajados de su ra\u00edz cordial, vertidos a este papel y fijados en \u00e9l en formas inalterables, son ya cad\u00e1veres de pensamientos. \u00bfC\u00f3mo, pues, va a abrirse la raz\u00f3n a la revelaci\u00f3n de la vida? Es un tr\u00e1gico combate, es el fondo de la tragedia, el combate de la vida con la raz\u00f3n. \u00bfY la verdad? \u00bfSe vive o se comprende?<\/p>\n<p>No hay sino leer el terrible Parm\u00e9nides, de Plat\u00f3n, y llegar a su conclusi\u00f3n tr\u00e1gica de que \u201cel uno existe y no existe, y \u00e9l y todo lo otro existen y no existen, aparecen y no aparecen en relaci\u00f3n a s\u00ed mismos, y unos a otros\u201d. Todo lo vital es irracional, y todo lo racional es antivital, porque la raz\u00f3n es esencialmente esc\u00e9ptica. Lo racional, en efecto, no es sino lo relacional; la raz\u00f3n se limita a relacionar elementos irracionales. Las matem\u00e1ticas son la \u00fanica ciencia perfecta en cuanto suman, restan, multiplican y dividen n\u00fameros, pero no cosas reales y de bulto; en cuanto son la m\u00e1s formal de las ciencias. \u00bfQui\u00e9n es capaz de extraer la ra\u00edz c\u00fabica de este fresno?<\/p>\n<p>Y, sin embargo, necesitamos de la l\u00f3gica, de este poder terrible, para transmitir pensamientos y percepciones y hasta para pensar y percibir, porque pensamos con palabras, percibimos con formas. Pensar es hablar uno consigo mismo, y el habla es social, y sociales son el pensamiento y la l\u00f3gica. Pero \u00bfno tienen acaso un contenido, una materia individual, intransmisible e intransferible? \u00bfY no est\u00e1 aqu\u00ed su fuerza?<\/p>\n<p>Lo que hay es que el hombre, prisionero de la l\u00f3gica, sin la cual no piensa, ha querido siempre ponerla al servicio de sus anhelos, y sobre todo del fundamental anhelo. Se quiso tener siempre a la l\u00f3gica, y m\u00e1s en la Edad Media, al servicio de la teolog\u00eda y la jurisprudencia, que part\u00edan ambas de lo establecido por la autoridad. La l\u00f3gica no se propuso hasta muy tarde el problema del conocimiento, el de la validez de ella misma, el examen de los fundamentos metal\u00f3gicos.<\/p>\n<p>\u201cLa teolog\u00eda occidental \u2014escribe Stanley\u2014 es esencialmente l\u00f3gica en su forma y se basa en la ley; la oriental es ret\u00f3rica en la forma y se basa en la filosof\u00eda. El te\u00f3logo latino sucedi\u00f3 al abogado romano; el te\u00f3logo oriental, al sofista griego\u201d.<\/p>\n<p>Y todas las elucubraciones pretendidas racionales o l\u00f3gicas en apoyo de nuestra hambre de inmortalidad, no son sino abogac\u00eda y sofister\u00eda. Lo propio y caracter\u00edstico de la abogac\u00eda, en efecto, es poner la l\u00f3gica al servicio de una tesis que hay que defender, mientras el m\u00e9todo, rigurosamente cient\u00edfico, parte de los hechos, de los datos que la realidad nos ofrece para llegar o no llegar a conclusi\u00f3n. Lo importante es plantear bien el problema, y de aqu\u00ed que el progreso consiste, no pocas veces, en deshacer lo hecho. La abogac\u00eda supone siempre una petici\u00f3n de principio, y sus argumentos todos son ad probandum. Y la teolog\u00eda supuesta racional no es sino abogac\u00eda.<\/p>\n<p>La teolog\u00eda parte del dogma, y dogma, dogma, en su sentido primitivo y m\u00e1s directo, significa decreto, algo como el lat\u00edn placitum, lo que ha parecido que debe ser ley a la autoridad legislativa. De este concepto jur\u00eddico parte la teolog\u00eda. Para el te\u00f3logo, como para el abogado, el dogma, la ley, es algo dado, un punto de partida que no se discute sino en cuanto a su aplicaci\u00f3n y a su m\u00e1s recto sentido. Y de aqu\u00ed que el esp\u00edritu teol\u00f3gico o abogadesco sea en su principio dogm\u00e1tico, mientras el esp\u00edritu estrictamente cient\u00edfico, puramente racional, es esc\u00e9ptico, skeptik\u00f3s, esto es, investigativo. Y a\u00f1ado en su principio, porque el otro sentido del t\u00e9rmino escepticismo, el que tiene hoy m\u00e1s corrientemente, el de un sistema de duda, de recelo y de incertidumbre, ha nacido del empleo teol\u00f3gico o abogadesco de la raz\u00f3n, del abuso del dogmatismo. El querer aplicar la ley de autoridad, el placitum, el dogma, a distintas y a las veces contrapuestas, necesidades pr\u00e1cticas, es lo que ha engendrado el escepticismo de duda. Es la abogac\u00eda, o lo que es igual, la teolog\u00eda la que ense\u00f1a a desconfiar de la raz\u00f3n, y no la verdadera ciencia, la ciencia investigativa, esc\u00e9ptica en el sentido primitivo y directo de este t\u00e9rmino, que no camina a una soluci\u00f3n ya prevista ni procede sino a ensayar una hip\u00f3tesis.<\/p>\n<p>Tomad la Summa Theologica, de Santo Tom\u00e1s, el cl\u00e1sico monumento de la teolog\u00eda \u2014esto es, de la abogac\u00eda\u2014 cat\u00f3lica, y abridla por dondequiera. Lo primero, la tesis: utrum\u2026 si tal cosa es as\u00ed o de otro modo; en seguida las objeciones: ad primum sic proceditur; luego las respuestas a las objeciones: sed contra est\u2026 o respondeo dicendum\u2026 Pura abogac\u00eda. Y en el fondo de una gran parte, acaso de la mayor\u00eda, de sus argumentos hallar\u00e9is una falacia l\u00f3gica que puede expresarse more scholastico con este silogismo: Yo no comprendo este hecho sino d\u00e1ndole esta explicaci\u00f3n; es as\u00ed que tengo que comprenderlo, luego \u00e9sta tiene que ser su explicaci\u00f3n. O me quedo sin comprenderlo. La verdadera ciencia ense\u00f1a, ante todo, a dudar y a ignorar; la abogac\u00eda no duda ni cree que ignora. Necesita de una soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>A este estado de \u00e1nimo en que se supone, m\u00e1s o menos a conciencia, que tenemos que conocer una soluci\u00f3n, acompa\u00f1a aquello de las funestas consecuencias. Coged cualquier libro apolog\u00e9tico, es decir, de teolog\u00eda abogadesca, y ver\u00e9is con qu\u00e9 frecuencia os encontr\u00e1is con ep\u00edgrafes que dicen: \u201cFunestas consecuencias de esta doctrina\u201d. Y las consecuencias funestas de una doctrina probar\u00e1n, a lo sumo, que esta doctrina es funesta, pero no que es falsa, porque falta probar que lo verdadero sea lo que m\u00e1s nos conviene. La identificaci\u00f3n de la verdad y el bien no es m\u00e1s que un piadoso deseo. A. Vinet, en sus \u00c9tudes sur Blaise Pascal, dice: \u201cDe las dos necesidades que trabajan sin cesar a la naturaleza humana, la de la felicidad no es s\u00f3lo la m\u00e1s universalmente sentida y m\u00e1s constantemente experimentada, sino que es tambi\u00e9n la m\u00e1s imperiosa. Y esta necesidad no es s\u00f3lo sensitiva: es intelectual. No s\u00f3lo para el alma, sino tambi\u00e9n para el esp\u00edritu, es una necesidad la dicha. La dicha forma parte de la verdad\u201d. Esta proposici\u00f3n \u00faltima: le bonheur fait partie de la v\u00e9rit\u00e9, es una proposici\u00f3n profundamente abogadesca, pero no cient\u00edfica ni de raz\u00f3n pura. Mejor ser\u00eda decir que la verdad forma parte de la dicha en un sentido tertulianesco, de credo quia absurdum, que en rigor quiere decir: credo quia consolans, creo porque es cosa que me consuela.<\/p>\n<p>No, para la raz\u00f3n, la verdad es lo que se puede demostrar que es, que existe, consu\u00e9lenos o no. Y la raz\u00f3n no es ciertamente una facultad consoladora. Aquel terrible poeta latino Lucrecio, bajo cuya aparente serenidad y ataraxia epic\u00farea tanta desesperaci\u00f3n se cela, dec\u00eda que la piedad consiste en poder contemplarlo todo con alma serena, pacata posse mente omnia tueri. Y fue este Lucrecio el mismo que escribi\u00f3 que la religi\u00f3n puede inducirnos a tantos males: tantum religio potuit suadere malorum. Y es que la religi\u00f3n, y sobre todo la cristiana m\u00e1s tarde, fue, como dice el Ap\u00f3stol, un esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos y una locura para los intelectuales. T\u00e1cito llam\u00f3 a la religi\u00f3n cristiana, a la de la inmortalidad del alma, perniciosa superstici\u00f3n, exitialis superstitio, afirmando que envolv\u00eda un odio al g\u00e9nero humano, odium generis humani.<\/p>\n<p>Hablando de la \u00e9poca de estos hombres, de la \u00e9poca m\u00e1s genuinamente racionalista, escrib\u00eda Flaubert a madame Roger des Genettes estas pre\u00f1adas palabras: \u201cTiene usted raz\u00f3n; hay que hablar con respeto de Lucrecio; no le veo comparable sino a Byron, y Byron no tiene ni su gravedad ni la sinceridad de su tristeza. La melancol\u00eda antigua me parece m\u00e1s profunda que la de los modernos, que sobrentienden todos m\u00e1s o menos la inmortalidad de m\u00e1s all\u00e1 del agujero negro. Pero para los antiguos, este agujero negro era el infinito mismo; sus ensue\u00f1os se dibujan y pasan sobre un fondo de \u00e9bano inmutable. No existiendo ya los dioses, y no existiendo todav\u00eda Cristo, hubo, desde Cicer\u00f3n a Marco Aurelio, un momento \u00fanico en que el hombre estuvo solo. En ninguna parte encuentro esta grandeza; pero lo que hace a Lucrecio intolerable es su f\u00edsica, que da como positiva. Si es d\u00e9bil, es por no haber dudado bastante; ha querido explicar \u00a1concluir!\u201d.<\/p>\n<p>S\u00ed, Lucrecio quiso concluir, solucionar y, lo que es peor, quiso hallar en la raz\u00f3n consuelo. Porque hay tambi\u00e9n una abogac\u00eda antiteol\u00f3gica y un odium antitheologicum.<\/p>\n<p>Muchos, much\u00edsimos hombres de ciencia, la mayor\u00eda de los que se llaman a s\u00ed mismos racionalistas, lo padecen.<\/p>\n<p>El racionalista se conduce racionalmente, esto es, est\u00e1 en su papel mientras se limita a negar que la raz\u00f3n satisfaga a nuestra hambre vital de inmortalidad; pero pronto, pose\u00eddo de la rabia de no poder creer, cae en la irritaci\u00f3n del odium antitheologicum, y dice con los fariseos: \u201cEstos vulgares que no saben la ley son malditos\u201d. Hay mucho de verdad en aquellas palabras de Soloviev: \u201cPresiento la proximidad de tiempos en que los cristianos se re\u00fanan de nuevo en las catacumbas porque se persiga la fe, acaso de una manera menos brutal que en la \u00e9poca de Ner\u00f3n, pero con un rigor no menos refinado, por la mentira, la burla y todas las hipocres\u00edas\u201d.<\/p>\n<p>El odio anti-teol\u00f3gico, la rabia cientificista \u2014no digo cient\u00edfica\u2014 contra la fe en otra vida, es evidente. Tomad no a los m\u00e1s serenos investigadores cient\u00edficos, los que saben dudar, sino a los fan\u00e1ticos del racionalismo, y ved con qu\u00e9 grosera brutalidad hablan de la fe. A Vogt le parec\u00eda probable que los ap\u00f3stoles ofreciesen en la estructura del cr\u00e1neo marcados caracteres simianos; de las groser\u00edas de Haeckel, este supremo incomprensivo, no hay que hablar; tampoco de las de Buchner; Virchow mismo no se ve libre de ellas. Y otros lo hacen m\u00e1s sutilmente. Hay gentes que parece como si no se limitasen a no creer que haya otra vida, o, mejor dicho, a creer que no la hay, sino que les molesta y duele que otros crean en ello o hasta que quieran que la haya. Y esta posici\u00f3n es despreciable, as\u00ed como es digna de respeto la de aquel que, empe\u00f1\u00e1ndose en creer que la hay, porque la necesita, no logra creerlo. Pero de este nobil\u00edsimo, y el m\u00e1s profundo, y el m\u00e1s humano, y el m\u00e1s fecundo estado de \u00e1nimo, el de la desesperaci\u00f3n, hablaremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Y los racionalistas que no caen en la rabia antiteol\u00f3gica se empe\u00f1an en convencer al hombre de que hay motivos para vivir y hay consuelo de haber nacido, aunque haya de llegar un tiempo, al cabo de m\u00e1s o menos decenas, centenas o millones de siglos, en que toda conciencia humana haya desaparecido. Y estos motivos de vivir y obrar, esto que algunos llaman humanismo, son la maravilla de la oquedad afectiva y emocional del racionalismo y de su estupenda hipocres\u00eda, empe\u00f1ada en sacrificar la sinceridad a la veracidad, y en no confesar que la raz\u00f3n es una potencia desconsoladora y disolvente.<\/p>\n<p>\u00bfHe de volver a repetir lo que ya he dicho sobre todo eso de fraguar cultura, de progresar, de realizar el bien, la verdad y la belleza, de traer la justicia a la Tierra, de hacer mejor la vida para los que nos sucedan, de servir a no s\u00e9 qu\u00e9 destino, sin preocuparnos del fin \u00faltimo de cada uno de nosotros? \u00bfHe de volver a hablaros de la suprema vaciedad de la cultura, de la ciencia, del arte, del bien, de la verdad, de la belleza, de la justicia\u2026, de todas estas hermosas concepciones, si al fin y al cabo, dentro de cuatro d\u00edas o dentro de cuatro millones de siglos \u2014que para el caso es igual\u2014, no ha de existir conciencia humana que reciba la cultura, la ciencia, el arte, el bien, la verdad, la belleza, la justicia y todo lo dem\u00e1s as\u00ed?<\/p>\n<p>Muchas y muy variadas son las invenciones racionalistas \u2014m\u00e1s o menos racionales\u2014 con que desde los tiempos de epic\u00fareos y estoicos se ha tratado de buscar en la verdad racional consuelo y de convencer a los hombres, aunque los que de ello trataran no estuviesen en s\u00ed mismos convencidos, de que hay motivos de obrar y alicientes de vivir, aun estando la conciencia humana destinada a desaparecer un d\u00eda.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n epic\u00farea, cuya forma extrema y m\u00e1s grosera es la de \u201ccomamos y bebamos, que ma\u00f1ana moriremos\u201d, o el carpe diem horaciano, que podr\u00eda traducirse por \u201cvive al d\u00eda\u201d, no es, en el fondo, distinta de la posici\u00f3n estoica con su \u201ccumple con lo que la conciencia moral te dicte, y que sea despu\u00e9s lo que fuere\u201d. Ambas posiciones tienen una base com\u00fan, y lo mismo es el placer por el placer mismo que el deber por el mismo deber.<\/p>\n<p>El m\u00e1s l\u00f3gico y consecuente de los ateos, quiero decir de los que niegan la persistencia en tiempo futuro indefinido de la conciencia individual, y el m\u00e1s piadoso a la vez de ellos, Spinoza, dedic\u00f3 la quinta y \u00faltima parte de su \u00c9tica a dilucidar la v\u00eda que conduce a la libertad y a fijar el concepto de la felicidad. \u00a1El concepto! \u00a1El concepto y no el sentimiento! Para Spinoza, que era un terrible intelectualista, la felicidad, la beatitudo, es un concepto, y el amor a Dios un amor intelectual. Despu\u00e9s de establecer en la proposici\u00f3n 21 de esta parte quinta que \u201cla mente no puede imaginarse nada ni acordarse de las cosas pasadas sino mientras dura el cuerpo\u201d, lo que equivale a negar la inmortalidad del alma, pues un alma que separada del cuerpo en que vivi\u00f3 no se acuerda ya de su pasado, ni es inmortal ni es alma, procede a decirnos en la proposici\u00f3n 23 que \u201cla mente humana no puede destruirse en absoluto con el cuerpo, sino que queda algo de ella que es eterno\u201d, y esta eternidad de la mente es cierto modo de pensar. Mas no os dej\u00e9is enga\u00f1ar; no hay tal eternidad de la mente individual. Todo es sub aeternitatis specie, es decir, un puro enga\u00f1o. Nada m\u00e1s triste, nada m\u00e1s desolador, nada m\u00e1s antivital que esa felicidad, esa beatitudo spinoziana, que consiste en el amor intelectual a Dios, el cual no es sino el amor mismo de Dios, el amor con que Dios se ama a s\u00ed mismo (proposici\u00f3n 36). Nuestra felicidad, es decir, nuestra libertad, consiste en el constante y eterno amor de Dios a los hombres. As\u00ed dice el escolio a esta proposici\u00f3n 36. Y todo para concluir en la proposici\u00f3n final de toda la \u00c9tica, en su coronamiento, con aquello de que la felicidad no es el precio de la virtud, sino la virtud misma. \u00a1Lo de todos! O dicho en plata: que de Dios salimos y a Dios volvemos; lo que, traducido a lenguaje vital, sentimental, concreto, quiere decir que mi conciencia personal brot\u00f3 de la nada, de mi inconsciencia, y a la nada volver\u00e1.<\/p>\n<p>Y esa voz trist\u00edsima y desoladora de Spinoza es la voz misma de la raz\u00f3n. Y la libertad de que nos habla es una libertad terrible. Y contra Spinoza y su doctrina de la felicidad no cabe sino un argumento incontrastable: el argumento ad hominem. \u00bfFue feliz \u00e9l, Baruc Spinoza, mientras para acallar su \u00edntima infelicidad disertaba sobre la felicidad misma? \u00bfFue \u00e9l libre?<\/p>\n<p>En el escolio a la proposici\u00f3n 41 de esta misma \u00faltima y m\u00e1s tr\u00e1gica parte de esa formidable tragedia de su \u00c9tica, nos habla el pobre jud\u00edo desesperado de Amsterdam, de la persuasi\u00f3n com\u00fan del vulgo sobre la vida eterna. Oig\u00e1mosle: \u201cParece que creen que la piedad y la religi\u00f3n y todo lo que se refiere a la fortaleza de \u00e1nimo son cartas que hay que deponer despu\u00e9s de la muerte, y esperan recibir el precio de la servidumbre, no de la piedad y la religi\u00f3n. Y no s\u00f3lo por esta esperanza, sino tambi\u00e9n, y m\u00e1s principalmente, por el miedo de ser castigados con terribles suplicios despu\u00e9s de la muerte, se mueven a vivir conforme a la prescripci\u00f3n de la ley divina en cuanto les lleva su debilidad y su \u00e1nimo impotente; y si no fuese por esta esperanza y este miedo, y creyeran, por el contrario, que las almas mueren con los cuerpos, ni les quedara el vivir m\u00e1s tiempo sino miserables bajo el peso de la piedad, volver\u00edan a su \u00edndole, prefiriendo acomodarlo todo a su gusto y entregarse a la fortuna m\u00e1s que a s\u00ed mismos. Lo cual no parece menos absurdo que si uno, por no creer poder alimentar a su cuerpo con buenos alimentos para siempre, prefiriese saturarse de venenos mort\u00edferos, o porque ve que el alma no es eterna o inmortal, prefiera ser sin alma (amens) y vivir sin raz\u00f3n; todo lo cual es tan absurdo, que apenas merece ser refutado (quae adeo absurda sunt, ut vix recenseri mereantur)\u201d.<\/p>\n<p>Cuando se dice de algo que no merece siquiera refutaci\u00f3n, tenedlo por seguro, o es una insigne necedad, y en este caso ni eso hay que decir de ella, o es algo formidable, es la clave misma del problema. Y as\u00ed es en este caso. Porque s\u00ed, pobre jud\u00edo portugu\u00e9s desterrado en Holanda, s\u00ed, que quien se convenza, sin rastro de duda, sin el m\u00e1s leve resquicio de incertidumbre salvadora, de que su alma no es inmortal, prefiera ser sin alma, amens, o irracional, o idiota, prefiera no haber nacido, no tiene nada, absolutamente nada de absurdo. \u00c9l, el pobre jud\u00edo intelectualista definidor del amor intelectual y de la felicidad, \u00bffue feliz? Porque \u00e9ste y no otro es el problema. \u201c\u00bfDe qu\u00e9 te sirve saber definir la compunci\u00f3n si no la sientes?\u201d, dice el Kempis. \u00bfY de qu\u00e9 te sirve meterte a definir la felicidad si no logra uno con ello ser feliz? Aqu\u00ed encaja aquel terrible cuento de Diderot sobre el eunuco, que, para mejor poder escoger esclavas con destino al har\u00e9n del sult\u00e1n, su due\u00f1o, quiso recibir lecciones de est\u00e9tica de un marsell\u00e9s. A la primera lecci\u00f3n, fisiol\u00f3gica, brutal y carnalmente fisiol\u00f3gica, exclam\u00f3 el eunuco compungido: \u201c\u00a1Est\u00e1 visto que yo nunca sabr\u00e9 est\u00e9tica!\u201d Y as\u00ed es; ni los eunucos sabr\u00e1n nunca est\u00e9tica aplicada a la selecci\u00f3n de mujeres hermosas, ni los puros racionalistas sabr\u00e1n \u00e9tica nunca, ni llegar\u00e1n a definir la felicidad, que es una cosa que se vive y se siente, y no una cosa que se razona y se define. Y ah\u00ed tenemos otro racionalista, \u00e9ste no ya resignado y triste, como Spinoza, sino rebelde, y fingi\u00e9ndose hip\u00f3critamente alegre cuando era no menos desesperado que el otro; ah\u00ed ten\u00e9is a Nietzsche, que invent\u00f3 matem\u00e1ticamente (!!!) aquel remedo de la inmortalidad del alma que se llama la vuelta eterna, y que es la m\u00e1s formidable tragicomedia o comitragedia. Siendo el n\u00famero de \u00e1tomos o primeros elementos irreductibles finito, en el universo eterno tiene que volver alguna vez a darse una combinaci\u00f3n como la actual y, por lo tanto, tiene que repetirse un n\u00famero eterno de veces lo que ahora pasa. Claro est\u00e1, y as\u00ed como volver\u00e9 a vivir la vida que estoy viviendo, la he vivido ya infinitas veces, porque hay una eternidad hacia el pasado, a parte ante, como la habr\u00e1 en el por venir a parte post. Pero se da el triste caso de que yo no me acuerdo de ninguna de mis experiencias anteriores, si es posible que me acuerde de ellas, pues dos cosas absoluta y totalmente id\u00e9nticas no son sino una sola. En vez de suponer que vivimos en un universo finito, de un n\u00famero finito de primeros elementos componentes irreductibles, suponed que vivamos en un universo infinito, sin l\u00edmite en el espacio \u2014la cual infinitud concreta no es menos inconcebible que la eternidad concreta en el tiempo\u2014, y entonces resultar\u00e1 que este nuestro sistema, el de la v\u00eda l\u00e1ctea, se repite infinitas veces en el infinito del espacio, y que estoy yo viviendo infinitas vidas, todas exactamente id\u00e9nticas. Una broma, como veis, pero no menos c\u00f3mica, es decir, no menos tr\u00e1gica que la de Nietzsche, la del le\u00f3n que se r\u00ede. \u00bfY de qu\u00e9 se r\u00ede el le\u00f3n? Yo creo que de rabia, porque no acaba de consolarle eso de que ha sido ya el mismo le\u00f3n antes y que volver\u00e1 a serlo.<\/p>\n<p>Pero es que tanto Spinoza como Nietzsche eran, s\u00ed, racionalistas, cada uno de ellos a su modo; pero no eran eunucos espirituales; ten\u00edan coraz\u00f3n, sentimiento y, sobre todo, hambre, un hambre loca de eternidad, de inmortalidad. El eunuco corporal no siente la necesidad de reproducirse carnalmente, en cuerpo, y el eunuco espiritual tampoco siente hambre de perpetuarse.<\/p>\n<p>Cierto es que hay quienes aseguran que con la raz\u00f3n les basta, y nos aconsejan desistamos de querer penetrar en lo impenetrable. Mas de \u00e9stos que dicen no necesitar de fe alguna en vida personal eterna para encontrar alicientes de vida y m\u00f3viles de acci\u00f3n, no s\u00e9 qu\u00e9 pensar. Tambi\u00e9n un ciego de nacimiento puede asegurarnos que no siente gran deseo de gozar del mundo de la visi\u00f3n, ni mucha angustia por no haberlo gozado, y hay que creerle, pues de lo totalmente desconocido no cabe anhelo, por aquello de nihil volitum quin praecognitum; no cabe querer sino lo de antes conocido; pero el que alguna vez en su vida o en sus mocedades o temporalmente ha llegado a abrigar la fe en la inmortalidad del alma, no puede persuadirme a creer que se aquiete sin ella. Y en ese respecto apenas cabe entre nosotros la ceguera de nacimiento, como no sea por una extra\u00f1a aberraci\u00f3n. Que aberraci\u00f3n y no otra cosa es el hombre mera y exclusivamente racional.<\/p>\n<p>M\u00e1s sinceros, mucho m\u00e1s sinceros, son los que dicen: \u201cDe eso no se debe hablar, que es perder el tiempo y enervar la voluntad; cumplamos aqu\u00ed con nuestro deber, y sea luego lo que fuere\u201d, pero esta sinceridad oculta una m\u00e1s profunda insinceridad. \u00bfEs que acaso con decir: \u201cDe eso no se debe hablar\u201d, se consigue que uno no piense en ello? \u00bfQue se enerva la voluntad?\u2026 \u00bfY qu\u00e9? \u00bfQue nos incapacita para una acci\u00f3n humana? \u00bfY qu\u00e9? Es muy c\u00f3modo decirle al que tiene una enfermedad mortal que le condena a corta vida, y lo sabe, que no piense en ello.<\/p>\n<p>Meglio oprando obliar, senza indagarlo, questo enorme mister de l\u2019universo! \u201c\u00a1Mejor obrando olvidar, sin indagarlo, este enorme misterio del universo!\u201d, escribi\u00f3 Carducci en su Idilio maremmano, el mismo Carducci que, al final de su oda Sobre el monte Mario nos habl\u00f3 de que la tierra madre del alma fugitiva, ha de llevar en torno al sol gloria y dolor: hasta que bajo el Ecuador rendida a las llamadas del calor que huye, la ajada prole una mujer tan s\u00f3lo tenga, y un hombre, que erguidos entre trozos de monta\u00f1as, en muertos bosques, l\u00edvidos, con ojos v\u00edtreos te vean sobre inmenso hielo, \u00a1oh, sol, ponerte! Pero \u00bfes posible trabajar en algo serio y duradero, olvidando el enorme misterio del universo y sin inquirirlo? \u00bfEs posible contemplarlo todo con alma serena, seg\u00fan la piedad lucreciana, pensando que un d\u00eda no se ha de reflejar eso todo en conciencia humana alguna?<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSois felices?\u201d, pregunta Ca\u00edn en el poema byroniano a Lucifer, pr\u00edncipe de los intelectuales, y \u00e9ste le responde: \u201cSomos poderosos\u201d; y Ca\u00edn replica: \u201c\u00bfSois felices?\u201d, y entonces el gran intelectual le dice: \u201cNo, \u00bflo eres t\u00fa?\u201d Y m\u00e1s adelante este mismo Luzbel dice a Adah, hermana y mujer de Ca\u00edn: \u201cEscoge entre el Amor y la Ciencia, pues no hay otra elecci\u00f3n\u201d. Y en este mismo estupendo poema, al decir Ca\u00edn que el \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal era un \u00e1rbol mentiroso, porque \u201cno sabemos nada, y su prometida ciencia fue el precio de la muerte\u201d, Luzbel le replica: \u201cPuede ser que la muerte conduzca al m\u00e1s alto conocimiento\u201d. Es decir, a la nada.<\/p>\n<p>En todos estos pasajes donde he traducido ciencia, dice lord Byron knowledge, conocimiento; el franc\u00e9s science y el alem\u00e1n Wissenschaft, al que muchos enfrentan la wisdom \u2014sagesse francesa y Weisheit alemana\u2014 la sabidur\u00eda. \u201cLa ciencia llega, pero la sabidur\u00eda se retarda, y trae un pecho cargado, lleno de triste experiencia, avanzando hacia la quietud de su descanso\u201d.<\/p>\n<p>Knowledge comes, but wisdom lingers, and he bears a laden breast, Full of sad experience, moving toward the stillness of his rest, dice otro lord, Tennyson, en su Locksley Hall. \u00bfY qu\u00e9 es esta sabidur\u00eda, que hay que ir a buscarla principalmente en los poetas, dejando la ciencia? Est\u00e1 bien que se diga, con Matthew Arnold \u2014en su pr\u00f3logo a los poemas de Wordsworth\u2014, que la poes\u00eda es la realidad y la filosof\u00eda la ilusi\u00f3n; la raz\u00f3n es siempre la raz\u00f3n, la realidad la realidad, lo que se puede probar que existe fuera de nosotros, consu\u00e9lenos o desesp\u00e9renos.<\/p>\n<p>No s\u00e9 por qu\u00e9 tanta gente se escandaliz\u00f3 o hizo que se escandalizaba cuando Bruneti\u00e8re volvi\u00f3 a proclamar la bancarrota de la ciencia. Porque la ciencia, en cuanto sustitutiva de la religi\u00f3n, y la raz\u00f3n en cuanto sustitutiva de la fe, han fracasado siempre. La ciencia podr\u00e1 satisfacer, y de hecho satisface en una medida creciente, nuestras crecientes necesidades l\u00f3gicas o mentales, nuestro anhelo de saber y conocer la verdad; pero la ciencia no satisface nuestras necesidades afectivas y volitivas, nuestra hambre de inmortalidad, y lejos de satisfacerla, contrad\u00edcela. La verdad racional y la vida est\u00e1n en contraposici\u00f3n. \u00bfY hay acaso otra verdad que la verdad racional?<\/p>\n<p>Debe quedar, pues, sentado que la raz\u00f3n, la raz\u00f3n humana, dentro de sus l\u00edmites, no s\u00f3lo no prueba racionalmente que el alma sea inmortal y que la conciencia humana haya de ser en la serie de los tiempos venideros indestructible, sino que prueba m\u00e1s bien, dentro de sus l\u00edmites, repito, que la conciencia individual no puede persistir despu\u00e9s de la muerte del organismo corporal de que depende. Y esos l\u00edmites, dentro de los cuales digo que la raz\u00f3n humana prueba esto, son los l\u00edmites de la racionalidad, de lo que conocemos comprobadamente. Fuera de ellos est\u00e1 lo irracional, que es lo mismo que se le llame sobre-racional que infra-racional o contra-racional; fuera de ellas est\u00e1 el absurdo de Tertuliano, el imposible del certum est, quia impossibile est. Y este absurdo no puede apoyarse sino en la m\u00e1s absoluta incertidumbre.<\/p>\n<p>La disoluci\u00f3n racional termina en disolver la raz\u00f3n misma en el m\u00e1s absoluto escepticismo, en el fenomenalismo de Hume o en el contingencialismo absoluto de Stuart Mill, \u00e9ste es el m\u00e1s consecuente y l\u00f3gico de los positivistas. El triunfo supremo de la raz\u00f3n, facultad anal\u00edtica, esto es, destructiva y disolvente, es poner en duda su propia validez. Cuando hay una \u00falcera en el est\u00f3mago, acaba \u00e9ste por digerirse a s\u00ed mismo. Y la raz\u00f3n acaba por destruir la validez inmediata y absoluta del concepto de verdad y del concepto de necesidad. Ambos conceptos son relativos; ni hay verdad ni hay necesidad absolutas. Llamamos verdadero a un concepto que concuerda con el sistema general de nuestros conceptos todos; verdadera, a una percepci\u00f3n que no contradice al sistema de nuestras percepciones; verdad es coherencia. Y en cuanto al sistema todo, al conjunto, como no hay fuera de \u00e9l nada para nosotros conocido, no cabe decir que sea o no verdadero. El universo es imaginable que sea en s\u00ed, fuera de nosotros, muy de otro modo que como a nosotros se nos aparece, aunque \u00e9sta sea una suposici\u00f3n que carezca de todo sentido racional. Y en cuanto a la necesidad, \u00bfla hay absoluta? Necesario no es sino lo que es y en cuanto es, pues en otro sentido m\u00e1s trascendente, \u00bfqu\u00e9 necesidad absoluta, l\u00f3gica, independiente del hecho de que el universo existe, hay de que haya universo ni cosa alguna? El absoluto relativismo, que no es ni m\u00e1s ni menos que el escepticismo, en el sentido m\u00e1s moderno de esta denominaci\u00f3n, es el triunfo supremo de la raz\u00f3n raciocinante.<\/p>\n<p>Ni el sentimiento logra hacer del consuelo verdad, ni la raz\u00f3n logra hacer de la verdad consuelo; pero esta segunda, la raz\u00f3n, procediendo sobre la verdad misma, sobre el concepto mismo de la realidad, logra hundirse en un profundo escepticismo. Y en este abismo encu\u00e9ntrase el escepticismo racional con la desesperaci\u00f3n sentimental, y de este encuentro es de donde sale una base \u2014\u00a1terrible base!\u2014 de consuelo. Vamos a verlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>VI<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>En el fondo del abismo<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Ni, pues, el anhelo vital de inmortalidad humana halla confirmaci\u00f3n racional, ni tampoco la raz\u00f3n nos da aliciente y consuelo de vida y verdadera finalidad a \u00e9sta. Mas he aqu\u00ed que en el fondo del abismo se encuentran la desesperaci\u00f3n sentimental y volitiva y el escepticismo racional frente a frente, y se abrazan como hermanos. Y va a ser de este abrazo, un abrazo tr\u00e1gico, es decir, entra\u00f1adamente amoroso, de donde va a brotar manantial de vida, de una vida seria y terrible. El escepticismo, la incertidumbre, \u00faltima posici\u00f3n a que llega la raz\u00f3n ejerciendo su an\u00e1lisis sobre s\u00ed misma, sobre su propia validez, es el fundamento sobre que la desesperaci\u00f3n del sentimiento vital ha de fundar su esperanza.<\/p>\n<p>Tuvimos que abandonar, desenga\u00f1ados, la posici\u00f3n de los que quieren hacer verdad racional y l\u00f3gica del consuelo, pretendiendo probar su racionalidad, o por lo menos su no irracionalidad, y tuvimos tambi\u00e9n que abandonar la posici\u00f3n de los que quer\u00edan hacer de la verdad racional consuelo y motivo de vida. Ni una ni otra de ambas posiciones nos satisfac\u00eda. La una ri\u00f1e con nuestra raz\u00f3n, la otra con nuestro sentimiento. La paz entre estas dos potencias se hace imposible, y hay que vivir de su guerra. Y hacer de \u00e9sta, de la guerra misma, condici\u00f3n de nuestra vida espiritual.<\/p>\n<p>Ni cabe aqu\u00ed tampoco ese expediente repugnante y grosero que han inventado los pol\u00edticos, m\u00e1s o menos parlamentarios, y a que llaman una f\u00f3rmula de concordia, de que no resulten ni vencedores ni vencidos. No hay aqu\u00ed lugar para el pasteleo. Tal vez una raz\u00f3n degenerada y cobarde llegase a proponer tal f\u00f3rmula de arreglo, porque en rigor la raz\u00f3n vive de f\u00f3rmulas; pero la vida, que es informulable; la vida, que vive y quiere vivir siempre, no acepta f\u00f3rmulas. Su \u00fanica f\u00f3rmula es: o todo o nada. El sentimiento no transige con t\u00e9rminos medios.<\/p>\n<p><em>Initium sapientiae timor Domini<\/em>, se dijo, queriendo acaso decir timor mortis, o tal vez timor vitae, que es lo mismo. Siempre resulta que el principio de la sabidur\u00eda es un temor.<\/p>\n<p>Y este escepticismo salvador de que ahora voy a hablaros, \u00bfpuede decirse que sea la duda? Es la duda, s\u00ed, pero es mucho m\u00e1s que la duda. La duda es con frecuencia una cosa muy fr\u00eda, muy poco vitalizadora, y, sobre todo, una cosa algo artificiosa, especialmente desde que Descartes la rebaj\u00f3 al papel de m\u00e9todo. El conflicto entre la raz\u00f3n y la vida es algo m\u00e1s que una duda. Porque la duda con facilidad se reduce a ser un elemento c\u00f3mico.<\/p>\n<p>La duda met\u00f3dica de Descartes es una duda c\u00f3mica, una duda puramente te\u00f3rica, provisoria, es decir, la duda de uno que hace como que duda sin dudar. Y porque era una duda de estufa, el hombre que concluy\u00f3 que exist\u00eda de que pensaba, no aprobaba \u00abesos humores turbulentos (brouillones) e inquietos que, no siendo llamados ni por su nacimiento ni por su fortuna al manejo de los negocios p\u00fablicos, no dejan de hacer siempre en idea alguna nueva reforma\u00bb, y se dol\u00eda de que pudiera haber algo de esto en su escrito. No; \u00e9l, Descartes, no se propuso sino \u00abreformar sus propios pensamientos y edificar sobre un cimiento suyo propio\u00bb. Y se propuso no recibir por verdadero nada que no conociese evidentemente ser tal, y destruir todos los prejuicios e ideas recibidas para construirse de nuevo su morada intelectual. Pero \u00abcomo no basta, antes de comenzar a reconstruir la casa en que se mora, abatirla y hacer provisi\u00f3n de materiales y arquitectos, o ejercitarse uno mismo en la arquitectura&#8230;, sino que es menester haberse provisto de otra en que pueda uno alojarse c\u00f3modamente mientras trabaja\u00bb, se form\u00f3 una moral provisional \u2014une morale de provision\u2014, cuya primera ley era obedecer a las costumbres de su pa\u00eds y retener constantemente la religi\u00f3n en que Dios le hizo la gracia de que se hubiese instru\u00eddo desde su infancia, gobern\u00e1ndose en todo seg\u00fan las opiniones m\u00e1s moderadas. Vamos, s\u00ed, una religi\u00f3n provisional, y hasta un Dios provisional. Y escog\u00eda las opiniones m\u00e1s moderadas, por ser \u00ablas m\u00e1s c\u00f3modas para la pr\u00e1ctica\u00bb. Pero m\u00e1s vale no seguir.<\/p>\n<p>Esta duda cartesiana, met\u00f3dica o te\u00f3rica, esta duda filos\u00f3fica de estufa, no es la duda, no es el escepticismo, no es la incertidumbre de que aqu\u00ed os hablo, \u00a1no! Esta otra duda es una duda de pasi\u00f3n, es el eterno conflicto entre la raz\u00f3n y el sentimiento, la ciencia y la vida, la l\u00f3gica y la bi\u00f3tica. Porque la ciencia destruye el concepto de personalidad, reduci\u00e9ndolo a un complejo en continuo flujo de momento, es decir, destruye la base misma sentimental de la vida del esp\u00edritu, que, sin rendirse se revuelve contra la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Y esta duda no puede valerse de moral alguna de provisi\u00f3n, sino que tiene que fundar su moral, como veremos, sobre el conflicto mismo, una moral de batalla, y tiene que fundar sobre s\u00ed misma la religi\u00f3n. Y habita una casa que se est\u00e1 derruyendo de continuo y a la que de continuo hay que restablecer. De continuo la voluntad, quiero decir, la voluntad de no morirse nunca, la irresignaci\u00f3n a la muerte, fragua la morada de la vida, y de continuo la raz\u00f3n la est\u00e1 abatiendo con vendavales y chaparrones.<\/p>\n<p>A\u00fan hay m\u00e1s, y es que en el problema concreto vital que nos interesa, la raz\u00f3n no toma posici\u00f3n alguna. En rigor, hace algo peor a\u00fan que negar la inmortalidad del alma, lo cual ser\u00eda una soluci\u00f3n, y es que desconoce el problema como el deseo vital nos lo presenta. En el sentido racional y l\u00f3gico del t\u00e9rmino problema no hay tal problema. Esto de la inmortalidad del alma, de la persistencia de la conciencia individual, no es racional, cae fuera de la raz\u00f3n. Es como problema, y aparte de la soluci\u00f3n que se le d\u00e9, irracional. Racionalmente carece de sentido hasta el plantearlo. Tan inconcebible es la inmortalidad del alma, como es, en rigor, su mortalidad absoluta. Para explicarnos el mundo y la existencia \u2014y tal es la obra de la raz\u00f3n\u2014, no es menester supongamos ni que es mortal ni inmortal nuestra alma. Es, pues, una irracionalidad el solo planteamiento del supuesto problema.<\/p>\n<p>Oigamos al hermano Kierkegaard, que nos dice: \u00abDonde precisamente se muestra el riesgo de la abstracci\u00f3n, es respecto al problema de la existencia cuya dificultad resuelve soslay\u00e1ndola, jact\u00e1ndose luego de haberlo explicado todo. Explica la inmortalidad en general, y lo hace egregiamente, identific\u00e1ndola con la eternidad; con la eternidad, que es esencialmente el medio del pensamiento. Pero que cada hombre singularmente existente sea inmortal, que es precisamente la dificultad, de esto no se preocupa la abstracci\u00f3n, no le interesa; pero la dificultad de la existencia es el inter\u00e9s del existente; al que existe le interesa infinitamente existir. El pensamiento abstracto no le sirve a mi inmortalidad sino para matarme en cuanto individuo singularmente existente, y as\u00ed hacerme inmortal, poco m\u00e1s o menos a la manera de aquel Doctor de Holberg, que con su medicina quitaba la vida al paciente, pero le quitaba tambi\u00e9n la fiebre. Cuando se considera un pensador abstracto que no quiere poner en claro y confesar la relaci\u00f3n que hay entre su pensamiento abstracto y el hecho de que \u00e9l sea existente, nos produce, por excelente y distinguido que sea, una impresi\u00f3n c\u00f3mica, porque corre el riesgo de dejar de ser hombre. Mientras un hombre efectivo, compuesto de infinitud y de finitud, tiene su efectividad precisamente en mantener juntas esas dos y se interesa infinitamente en existir, un semejante pensador abstracto es un ser doble, un ser fant\u00e1stico que vive en el puro ser de la abstracci\u00f3n, y a las veces la triste figura de un profesor que deja a un lado aquella esencia abstracta como deja el bast\u00f3n. Cuando se lee la vida de un pensador as\u00ed \u2014cuyos escritos pueden ser excelentes\u2014, tiembla uno ante la idea de lo que es ser hombre. Y cuando se lee en sus escritos que el pensar y el ser son una misma cosa, se piensa, pensando en su vida, que ese ser que es id\u00e9ntico al pensar, no es precisamente ser hombre.\u00bb (Afsluttende uvidenskabelig Efterskrift, cap. 3.)<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 intensa pasi\u00f3n, es decir, qu\u00e9 verdad encierra esta amarga invectiva contra Hegel, prototipo del racionalista, que nos quita la fiebre quit\u00e1ndonos la vida, y nos promete, en vez de una inmortalidad concreta, una inmortalidad abstracta, como si fuese abstracta, y no concreta, el hambre de ella, que nos consume! Podr\u00e1 decirse, s\u00ed, que muerto el perro se acab\u00f3 la rabia, y que despu\u00e9s que me muera no me atormentar\u00e1 ya esta hambre de no morir, y que el miedo a la muerte, o mejor dicho, a la nada, es un miedo irracional, pero&#8230; S\u00ed, pero&#8230; Eppur si muove! Y seguir\u00e1 movi\u00e9ndose. \u00a1Como que es la fuente de todo movimiento!<\/p>\n<p>Mas no creo est\u00e9 del todo en lo cierto el hermano Kierkegaard, porque el mismo pensador abstracto, o pensador de abstracciones, piensa para existir, para no dejar de existir, o tal vez piensa para olvidar que tendr\u00e1 que dejar de existir. Tal es el fondo de la pasi\u00f3n del pensamiento abstracto. Y acaso Hegel se interesaba tan infinitamente como Kierkegaard en su propia, concreta y singular existencia, aunque para mantener el decoro profesional de fil\u00f3sofo del Estado lo ocultase. Exigencias del cargo.<\/p>\n<p>La fe en la inmortalidad es irracional. Y, sin embargo, fe, vida y raz\u00f3n se necesitan mutuamente. Ese anhelo vital no es propiamente problema, no puede tomar estado l\u00f3gico, no puede formularse en proposiciones racionalmente discutibles, pero se nos plantea, como se nos plantea el hambre. Tampoco un lobo que se echa sobre su presa para devorarla, o sobre la loba para fecundarla, puede plantearse racionalmente y como problema l\u00f3gico su empuje. Raz\u00f3n y fe son dos enemigos que no pueden sostenerse el uno sin el otro. Lo irracional pide ser racionalizado, y la raz\u00f3n s\u00f3lo puede operar sobre lo irracional. Tienen que apoyarse uno en otro y asociarse. Pero asociarse en lucha, ya que la lucha es un modo de asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el mundo de los vivientes, la lucha por la vida, the struggle for life, establece una asociaci\u00f3n, y estrech\u00edsima, no ya entre los que se unen para combatir a otro, sino entre los que se combaten mutuamente. \u00bfY hay, acaso, asociaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima que la que se traba entre el animal que se come a otro y \u00e9ste que es por \u00e9l comido, entre el devorador y el devorado? Y si esto se ve claro en la lucha de los individuos entre s\u00ed, m\u00e1s claro aun se ve en la de los pueblos. La guerra ha sido siempre el m\u00e1s completo factor de progreso, m\u00e1s a\u00fan que el comercio. Por la guerra es como aprenden a conocerse y, como consecuencia de ello, a quererse vencedores y vencidos.<\/p>\n<p>Al cristianismo, a la locura de la cruz, a la fe irracional en que el Cristo hab\u00eda resucitado para resucitarnos, le salv\u00f3 la cultura hel\u00e9nica racionalista, y a \u00e9sta el cristianismo. Sin \u00e9ste, sin el cristianismo, habr\u00eda sido imposible el Renacimiento; sin el Evangelio, sin San Pablo, los pueblos que hab\u00edan atravesado la Edad Media no habr\u00edan comprendido ni a Plat\u00f3n ni a Arist\u00f3teles. Una tradici\u00f3n puramente racionalista es tan imposible como una tradici\u00f3n puramente religiosa. Suele discutirse si la Reforma naci\u00f3 como hija del Renacimiento o en protesta a \u00e9ste, y cabe decir que las dos cosas, porque el hijo nace siempre en protesta contra el padre. D\u00edcese tambi\u00e9n que fueron los cl\u00e1sicos griegos redivivos los que volvieron a hombres como Erasmo a San Pablo y al cristianismo primitivo, el m\u00e1s irracional; pero cabe retrucar diciendo que fu\u00e9 San Pablo, que fu\u00e9 la irracionalidad cristiana que sustentaba su teolog\u00eda cat\u00f3lica, lo que les volvi\u00f3 a los cl\u00e1sicos. \u00abEl cristianismo es lo que ha llegado a ser \u2014se dice\u2014 s\u00f3lo por su alianza con la antig\u00fcedad, mientras entre los coptos y et\u00edopes no es sino una bufonada. El Islam se desenvolvi\u00f3 bajo el influjo de cultura persa y griega, y bajo el de los turcos se ha convertido en destructora incultura.\u00bb<\/p>\n<p>Salimos de la Edad Media y de su fe tan ardiente como en el fondo desesperada, y no sin \u00edntimas y hondas incertidumbres, y entramos en la edad del racionalismo, no tampoco sin sus incertidumbres. La fe en la raz\u00f3n est\u00e1 expuesta a la misma insostenibilidad racional que toda otra fe. Y cabe decir con Roberto Browning, que \u00abtodo lo que hemos ganado con nuestra incredulidad es una vida de duda diversificada por la fe, en vez de una de fe diversificada por la duda\u00bb.<\/p>\n<p>All we have gained then by our unbelief Is a life of doubt diversified by faith, For one of faith diversified by doubt.<\/p>\n<p>(Bishop Blougram\u2019s Apology.)<\/p>\n<p>Y es que, como digo, si la fe, la vida, no se puede sostener sino sobre raz\u00f3n que la haga trasmisible \u2014y ante todo trasmisible de m\u00ed a m\u00ed mismo, es decir, refleja y consciente\u2014, la raz\u00f3n a su vez no puede sostenerse sino sobre fe, sobre vida, siquiera fe en la raz\u00f3n, fe en que \u00e9sta sirve para algo m\u00e1s que para conocer, sirve para vivir. Y, sin embargo, ni la fe es trasmisible o racional, ni la raz\u00f3n es vital.<\/p>\n<p>La voluntad y la inteligencia se necesitan y a aquel viejo aforismo de nihil volitum quin praecognitum, no se quiere nada que no se haya conocido antes, no es tan parad\u00f3jico como a primera vista parece retrucarlo diciendo nihil cognitum quin praevolitum, no se conoce nada que no se haya antes querido. \u00abEl conocimiento mismo del esp\u00edritu como tal \u2014escribe Vinet en su estudio sobre el libro de Cousin acerca de los Pensamientos de Pascal\u2014, necesita del coraz\u00f3n. Sin el deseo de ver, no se ve; en una gran materializaci\u00f3n de la vida y del pensamiento, no se cree en las cosas del esp\u00edritu.\u00bb Ya veremos que creer es en primera instancia querer creer.<\/p>\n<p>La voluntad y la inteligencia buscan cosas opuestas: aqu\u00e9lla absorber al mundo en nosotros, apropi\u00e1rnoslo; y \u00e9sta, que seamos absorbidos en el mundo. \u00bfOpuestas? \u00bfNo son m\u00e1s bien una misma cosa? No, no lo son, aunque lo parezca. La inteligencia es monista o pante\u00edsta, la voluntad es monote\u00edsta o egotista. La inteligencia no necesita algo fuera de ella en que ejercerse; se funde con las ideas mismas, mientras que la voluntad necesita materia. Conocer algo, es hacerme aquello que conozco; pero para servirme de ello, para dominarlo, ha de permanecer distinto de m\u00ed.<\/p>\n<p>Filosof\u00eda y religi\u00f3n son enemigas entre s\u00ed, y por ser enemigas se necesitan una a otra. Ni hay religi\u00f3n sin alguna base filos\u00f3fica, ni filosof\u00eda sin ra\u00edces religiosas; cada una vive de su contraria. La historia de la filosof\u00eda es, en rigor, una historia de la religi\u00f3n. Y los ataques que a la religi\u00f3n se dirigen desde un punto de vista presunto cient\u00edfico o filos\u00f3fico, no son sino ataques desde otro adverso punto de vista religioso. \u00abLa colisi\u00f3n que ocurre entre la ciencia natural y la religi\u00f3n cristiana no lo es, en realidad, sino entre el instinto de la religi\u00f3n natural, fundido en la observaci\u00f3n natural cient\u00edfica, y el valor de la concepci\u00f3n cristiana del universo, que asegura al esp\u00edritu su preeminencia en el mundo natural todo\u00bb, dice Ritschl (Rechtfertigung und Vers\u00f6hnung, III, cap. 4.o, \u00a7 28). Ahora, que ese instinto es el instinto mismo de racionalidad. Y el idealismo cr\u00edtico de Kant es de origen religioso, y para salvar a la religi\u00f3n es para lo que franque\u00f3 Kant los l\u00edmites de la raz\u00f3n despu\u00e9s de haberla en cierto modo disuelto en escepticismo. El sistema de ant\u00edtesis, contradicciones y antinomias sobre que construy\u00f3 Hegel su idealismo absoluto, tiene su ra\u00edz y germen en Kant mismo, y esa ra\u00edz es una ra\u00edz irracional.<\/p>\n<p>Ya veremos m\u00e1s adelante, al tratar de la fe, c\u00f3mo \u00e9sta no es en su esencia sino cosa de voluntad, no de raz\u00f3n, como creer es querer creer, y creer en Dios ante todo y sobre todo es querer que le haya. Y as\u00ed, creer en la inmortalidad del alma es querer que el alma sea inmortal, pero quererlo con tanta fuerza que esta querencia, atropellando a la raz\u00f3n, pasa sobre ella. Mas no sin represalia.<\/p>\n<p>El instinto de conocer y el de vivir, o m\u00e1s bien de sobrevivir, entran en lucha. El Dr. E. Mach, en su obra sobre El an\u00e1lisis de las sensaciones y la relaci\u00f3n de lo f\u00edsico a lo ps\u00edquico (Die Analyse der Empfindungen und das Verh\u00e4ltniss des Physischen zum Psychischen), nos dice en una nota (I, \u00a7 12), que tambi\u00e9n el investigador, el sabio, der Forscher, lucha en la batalla por la existencia, que tambi\u00e9n los caminos de la ciencia llevan a la boca, y que no es todav\u00eda sino un ideal en nuestras actuales condiciones sociales el puro instinto de conocer, der reine Erkenntnisstrieb. Y as\u00ed ser\u00e1 siempre. Primum vivere, deinde philosophari, o mejor acaso primum supervivere o superesse.<\/p>\n<p>Toda posici\u00f3n de acuerdo y armon\u00eda persistentes entre la raz\u00f3n y la vida, entre la filosof\u00eda y la religi\u00f3n, se hace imposible. Y la tr\u00e1gica historia del pensamiento humano no es sino la de una lucha entre la raz\u00f3n y la vida, aqu\u00e9lla empe\u00f1ada en racionalizar a \u00e9sta haci\u00e9ndola que se resigne a lo inevitable, a la mortalidad; y \u00e9sta, la vida, empe\u00f1ada en vitalizar a la raz\u00f3n oblig\u00e1ndola a que sirva de apoyo a sus anhelos vitales. Y esta es la historia de la filosof\u00eda, inseparable de la historia de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>El sentimiento del mundo, de la realidad objetiva, es necesariamente subjetivo, humano, antropom\u00f3rfico. Y siempre se levantar\u00e1 frente al racionalismo el vitalismo, siempre la voluntad se erguir\u00e1 frente a la raz\u00f3n. De donde el ritmo de la historia de la filosof\u00eda y la sucesi\u00f3n de per\u00edodos en que se impone la vida produciendo formas espiritualistas, y otros en que la raz\u00f3n se impone produciendo formas materialistas, aunque a una y otra clase de formas de creer se las disfrace con otros nombres. Ni la raz\u00f3n ni la vida se dan por vencidas nunca. Mas sobre esto volveremos en el pr\u00f3ximo cap\u00edtulo.<\/p>\n<p>La consecuencia vital del racionalismo ser\u00eda el suicidio. Lo dice muy bien Kierkegaard: \u00abEl suicidio es la consecuencia de existencia del pensamiento puro&#8230; No elogiamos el suicidio, pero s\u00ed la pasi\u00f3n. El pensador, por el contrario, es un curioso animal, que es muy inteligente a ciertos ratos del d\u00eda, pero que, por lo dem\u00e1s, nada tiene de com\u00fan con el hombre\u00bb. (Afsluttende uvidenskabelig Efterskrift, cap. 3, \u00a7 1).<\/p>\n<p>Como el pensador no deja, a pesar de todo, de ser hombre, pone la raz\u00f3n al servicio de la vida, s\u00e9palo o no. La vida enga\u00f1a a la raz\u00f3n; y \u00e9sta a aqu\u00e9lla. La filosof\u00eda escol\u00e1stico-aristot\u00e9lica, al servicio de la vida, fragu\u00f3 un sistema teleol\u00f3gico-evolucionista de metaf\u00edsica, al parecer racional, que sirviese de apoyo a nuestro anhelo vital. Esa filosof\u00eda, base del sobrenaturalismo ortodoxo cristiano, sea cat\u00f3lico o sea protestante, no era, en el fondo, sino una astucia de la vida para obligar a la raz\u00f3n a que la apoyase. Pero tanto la apoy\u00f3 \u00e9sta que acab\u00f3 por pulverizarla.<\/p>\n<p>He le\u00eddo que el ex carmelita Jacinto Loyson dec\u00eda poder presentarse a Dios tranquilo, pues estaba en paz con su conciencia y con su raz\u00f3n. \u00bfCon qu\u00e9 conciencia? \u00bfCon la religiosa? Entonces no lo comprendo. Y es que no cabe servir a dos se\u00f1ores, y menos cuando estos dos se\u00f1ores, aunque firmen treguas y armisticios y componendas, son enemigos por ser opuestos sus intereses.<\/p>\n<p>No faltar\u00e1 a todo esto quien diga que la vida debe someterse a la raz\u00f3n, a lo que contestaremos que nadie debe lo que no puede, y la vida no puede someterse a la raz\u00f3n. \u00abDebe, luego puede\u00bb, replicar\u00e1 alg\u00fan kantiano. Y le contrarreplicaremos: \u00abno puede, luego no debe.\u00bb Y no lo puede porque el fin de la vida es vivir y no lo es comprender.<\/p>\n<p>Ni ha faltado quien haya hablado del deber religioso de resignarse a la mortalidad. Es ya el colmo de la aberraci\u00f3n y de la insinceridad. Y a esto de la sinceridad vendr\u00e1 alguien oponi\u00e9ndonos la veracidad. Sea, mas ambas cosas pueden muy bien conciliarse. La veracidad, el respeto a lo que creo ser lo racional, lo que l\u00f3gicamente llamamos verdad, me mueve a afirmar una cosa en este caso: que la inmortalidad del alma individual es un contrasentido l\u00f3gico, es algo, no s\u00f3lo irracional, sino contrarracional; pero la sinceridad me lleva a afirmar tambi\u00e9n que no me resigno a esa otra afirmaci\u00f3n y que protesto contra su validez. Lo que siento es una verdad, tan verdad por lo menos como lo que veo, toco, oigo y se me demuestra \u2014yo creo que m\u00e1s verdad a\u00fan\u2014, y la sinceridad me obliga a no ocultar mis sentimientos.<\/p>\n<p>Y la vida, que se defiende, busca el flaco de la raz\u00f3n y lo encuentra en el escepticismo, y se agarra de \u00e9l y trata de salvarse asida a tal agarradero. Necesita de la debilidad de su adversaria.<\/p>\n<p>Nada es seguro; todo est\u00e1 al aire. Y exclama, henchido de pasi\u00f3n, Lamennais (Essai sur l\u2019indiff\u00e9rence en mati\u00e8re de religion, IIIe partie, chap. 67): \u00ab\u00a1Y qu\u00e9! \u00bfIremos a hundirnos, perdida toda esperanza y a ojos ciegas en las mudas honduras de un escepticismo universal? \u00bfDudaremos si pensamos, si sentimos, si somos? No nos lo deja la naturaleza; obl\u00edganos a creer hasta cuando nuestra raz\u00f3n no est\u00e1 convencida. La certeza absoluta y la duda absoluta nos est\u00e1n igualmente vedadas. Flotamos en un medio vago entre estos dos extremos, como entre el ser y la nada, porque el escepticismo completo ser\u00eda la extinci\u00f3n de la inteligencia y la muerte total del hombre. Pero no le es dado anonadarse; hay en \u00e9l algo que resiste invenciblemente a la destrucci\u00f3n, yo no s\u00e9 qu\u00e9 fe vital, indomable hasta para su voluntad misma. Qui\u00e9ralo o no, es menester que crea, porque tiene que obrar, porque tiene que conservarse. Su raz\u00f3n, si no escuchase m\u00e1s que a ella, ense\u00f1\u00e1ndole a dudar de todo y de s\u00ed misma, le reducir\u00eda a un estado de inacci\u00f3n absoluta; perecer\u00eda aun antes de haberse podido probar a s\u00ed mismo que existe.\u00bb<\/p>\n<p>No es, en rigor, que la raz\u00f3n nos lleve al escepticismo absoluto, \u00a1no! La raz\u00f3n no me lleva ni puede llevarme a dudar de que exista; adonde la raz\u00f3n me lleva es al escepticismo vital; mejor a\u00fan, a la negaci\u00f3n vital; no ya a dudar, sino a negar que mi conciencia sobreviva a mi muerte. El escepticismo vital viene del choque entre la raz\u00f3n y el deseo. Y de este choque, de este abrazo entre la desesperaci\u00f3n y el escepticismo, nace la santa, la dulce, la salvadora incertidumbre, nuestro supremo consuelo.<\/p>\n<p>La certeza absoluta, completa, de que la muerte es un completo y definitivo e irrevocable anonadamiento de la conciencia personal, una certeza de ello como estamos ciertos de que los tres \u00e1ngulos de un tri\u00e1ngulo valen dos rectos, o la certeza absoluta, completa, de que nuestra conciencia personal se prolonga m\u00e1s all\u00e1 de la muerte en estas o las otras condiciones, haciendo sobre todo entrar en ello la extra\u00f1a y adventicia a\u00f1adidura del premio o del castigo eternos, ambas certezas nos har\u00edan igualmente imposible la vida. En un escondrijo, el m\u00e1s rec\u00f3ndito del esp\u00edritu, sin saberlo acaso el mismo que cree estar convencido de que con la muerte acaba para siempre su conciencia personal, su memoria, en aquel escondrijo le queda una sombra, una vaga sombra, una sombra de sombra de incertidumbre, y mientras \u00e9l se dice: \u00abea, \u00a1a vivir esta vida pasajera, que no hay otra!\u00bb, el silencio de aquel escondrijo le dice: \u00ab\u00a1qui\u00e9n sabe!&#8230;\u00bb Cree acaso no oirlo, pero lo oye. Y en un repliegue tambi\u00e9n del alma del creyente que guarde m\u00e1s fe en la vida futura hay una voz tapada, voz de incertidumbre, que le cuchichea al o\u00eddo, espiritual: \u00ab\u00a1qui\u00e9n sabe!&#8230;\u00bb Son estas voces acaso como el zumbar de un mosquito cuando el vendaval brama entre los \u00e1rboles del bosque; no nos damos cuenta de ese zumbido y, sin embargo, junto con el fragor de la tormenta, nos llega al o\u00eddo. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edamos vivir, si no, sin esa incertidumbre?<\/p>\n<p>El \u00ab\u00bfy si hay?\u00bb y el \u00ab\u00bfy si no hay?\u00bb son las bases de nuestra vida \u00edntima. Acaso haya racionalista que nunca haya vacilado en su convicci\u00f3n de la mortalidad del alma, y vitalista que no haya vacilado en su fe en la inmortalidad; pero eso s\u00f3lo querr\u00e1 decir a lo sumo que as\u00ed como hay monstruos, hay tambi\u00e9n est\u00fapidos afectivos o de sentimiento, por mucha inteligencia que tengan, y est\u00fapidos intelectuales, por mucha que su virtud sea. Mas en lo normal no puedo creer a los que me aseguren que nunca, ni en un parpadeo el m\u00e1s fugaz, ni en las horas de mayor soledad y tribulaci\u00f3n, se les ha aflorado a la conciencia ese rumor de la incertidumbre. No comprendo a los hombres que me dicen que nunca les atorment\u00f3 la perspectiva del allende la muerte, ni el anonadamiento propio les inquieta; y por mi parte no quiero poner paz entre mi coraz\u00f3n y mi cabeza, entre mi fe y mi raz\u00f3n; quiero m\u00e1s bien que se peleen entre s\u00ed.<\/p>\n<p>En el cap. IX del Evangelio seg\u00fan Marcos, se nos cuenta c\u00f3mo llev\u00f3 uno a Jes\u00fas a ver a su hijo preso de un esp\u00edritu mudo, que dondequiera le cogiese le despedazaba, haci\u00e9ndole echar espumarajos, crujir de dientes e irse secando, por lo cual quer\u00eda present\u00e1rselo para que le curara. Y el Maestro, impaciente de aquellos hombres que no quer\u00edan sino milagros y se\u00f1ales, exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Oh generaci\u00f3n infiel! \u00bfhasta cu\u00e1ndo estar\u00e9 con vosotros? \u00bfhasta cu\u00e1ndo os tengo de sufrir? \u00a1Tra\u00e9dmele!\u00bb (v. 19), y se lo trajeron; le vi\u00f3 el Maestro revolc\u00e1ndose por tierra, pregunt\u00f3 a su padre cu\u00e1nto tiempo hac\u00eda de aqu\u00e9llo, contest\u00f3le \u00e9ste que desde que era su hijo ni\u00f1o, y Jes\u00fas le dijo: \u00abSi puedes creer, al que cree todo es posible\u00bb (v. 23). Y entonces el padre del epil\u00e9ptico o endemoniado contest\u00f3 con estas pre\u00f1adas y eternas palabras: \u00ab\u00a1Creo, Se\u00f1or; ayuda mi incredulidad!\u00bb \u03a0\u03b9\u03c3\u03c4\u03b5\u03cd\u03c9, \u03ba\u03cd\u03c1\u03b9\u03b5, \u03b2\u03bf\u03ae\u03b8\u03b5\u03b9 \u03c4\u1fc7 \u1f00\u03c0\u03b9\u03c3\u03c4\u03af\u1fb3 \u03bc\u03bf\u03c5 (v. 23).<\/p>\n<p>\u00a1Creo, Se\u00f1or; socorre a mi incredulidad! Esto podr\u00e1 parecer una contradicci\u00f3n, pues si cree, si conf\u00eda, \u00bfc\u00f3mo es que pide al Se\u00f1or que venga en socorro de su falta de confianza? Y, sin embargo, esa contradicci\u00f3n es lo que da todo su m\u00e1s hondo valor humano a ese grito de las entra\u00f1as del padre del endemoniado. Su fe es una fe a base de incertidumbre. Porque cree, es decir, porque quiere creer, porque necesita que su hijo se cure, pide al Se\u00f1or que venga en ayuda de su incredulidad, de su duda de que tal curaci\u00f3n pueda hacerse. Tal es la fe humana; tal fu\u00e9 la heroica fe que Sancho Panza tuvo en su amo el Caballero Don Quijote de la Mancha, seg\u00fan creo haberlo mostrado en mi Vida de Don Quijote y Sancho; una fe a base de incertidumbre, de duda. Y es que Sancho Panza era hombre, hombre entero y verdadero, y no era est\u00fapido, pues s\u00f3lo si\u00e9ndolo hubiese cre\u00eddo, sin sombra de duda, en las locuras de su amo. Que a su vez tampoco cre\u00eda en ellas de ese modo, pues tampoco, aunque loco, era est\u00fapido. Era, en el fondo, un desesperado, como en esa mi susomentada obra creo haber mostrado. Y por ser un heroico desesperado, el h\u00e9roe de la desesperaci\u00f3n \u00edntima y resignada, por eso es el eterno dechado de todo hombre cuya alma es un campo de batalla entre la raz\u00f3n y el deseo inmortal, Nuestro Se\u00f1or Don Quijote es el ejemplar del vitalista cuya fe se basa en incertidumbre, y Sancho lo es del racionalista que duda de su raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Atormentado Augusto Hermann Francke por torturadoras dudas, decidi\u00f3 invocar a Dios, a un Dios en que no cre\u00eda ya, o en quien m\u00e1s bien cre\u00eda no creer, para que tuviese piedad de \u00e9l, del pobre pietista Francke, si es que exist\u00eda. Y un estado an\u00e1logo de \u00e1nimo es el que me inspir\u00f3 aquel soneto titulado \u00abLa oraci\u00f3n del ateo\u00bb, que en mi Rosario de sonetos l\u00edricos figura y termina as\u00ed:<\/p>\n<p>Sufro yo a tu costa, Dios no existente, pues si t\u00fa existieras existir\u00eda yo tambi\u00e9n de veras.<\/p>\n<p>S\u00ed, si existiera el Dios garantizador de nuestra inmortalidad personal, entonces existir\u00edamos nosotros de veras. \u00a1Y si no, no!<\/p>\n<p>Aquel terrible secreto, aquella voluntad oculta de Dios que se traduce en la predestinaci\u00f3n, aquella idea que dict\u00f3 a Lutero su servum arbitrium y da su tr\u00e1gico sentido al calvinismo, aquella duda en la propia salvaci\u00f3n, no es en el fondo, sino la incertidumbre, que aliada a la desesperaci\u00f3n forma la base de la fe. La fe \u2014dicen algunos\u2014 es no pensar en ello; entregarse confiadamente a los brazos de Dios, los secretos de cuya providencia son inescudri\u00f1ables. S\u00ed, pero tambi\u00e9n la infidelidad es no pensar en ello. Esa fe absurda, esa fe sin sombra de incertidumbre, esa fe de est\u00fapidos carboneros, se une a la incredulidad absurda, a la incredulidad sin sombra de incertidumbre, a la incredulidad de los intelectuales atacados de estupidez afectiva, para no pensar en ello.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 sino la incertidumbre, la duda, la voz de la raz\u00f3n era el abismo, el gouffre terrible ante el que temblaba Pascal? Y ello fu\u00e9 lo que le llev\u00f3 a formular su terrible sentencia: il faut s\u2019ab\u00eatir, \u00a1hay que entontecerse!<\/p>\n<p>Todo el jansenismo, adaptaci\u00f3n cat\u00f3lica del calvinismo, lleva este mismo sello. Aquel Port Royal que se deb\u00eda a un vasco, el abate de Saint-Cyran, vasco como \u00cd\u00f1igo de Loyola, y como el que estas l\u00edneas traza, lleva siempre en su fondo un sedimento de desesperaci\u00f3n religiosa, de suicidio de la raz\u00f3n. Tambi\u00e9n \u00cd\u00f1igo la mat\u00f3 en la obediencia.<\/p>\n<p>Por desesperaci\u00f3n se afirma, por desesperaci\u00f3n se niega, y por ella se abstiene uno de afirmar y de negar. Observad a los m\u00e1s de nuestros ateos, y ver\u00e9is que lo son por rabia, por rabia de no poder creer que haya Dios. Son enemigos personales de Dios. Han sustantivado y personalizado la Nada, y su no Dios es un Anti-Dios.<\/p>\n<p>Y nada hemos de decir de aquella frase abyecta e innoble de \u00absi no hubiera Dios habr\u00eda que inventarlo\u00bb. Esta es la expresi\u00f3n del inmundo escepticismo de los conservadores, de los que estiman que la religi\u00f3n es un resorte de gobierno, y cuyo inter\u00e9s es que haya en la otra vida infierno para los que aqu\u00ed se oponen a sus intereses mundanos. Esa repugnante frase de saduceo es digna del incr\u00e9dulo adulador de poderosos a quien se atribuye.<\/p>\n<p>No, no es ese el hondo sentido vital. No se trata de una polic\u00eda trascendente, no de asegurar el orden \u2014\u00a1vaya un orden!\u2014 en la tierra con amenazas de castigos y halagos de premios eternos despu\u00e9s de la muerte. Todo esto es muy bajo, es decir, no m\u00e1s que pol\u00edtica, o si se quiere \u00e9tica. Se trata de vivir.<\/p>\n<p>Y la m\u00e1s fuerte base de la incertidumbre, lo que m\u00e1s hace vacilar nuestro deseo vital, lo que m\u00e1s eficacia da a la obra disolvente de la raz\u00f3n, es el ponernos a considerar lo que podr\u00eda ser una vida del alma despu\u00e9s de la muerte. Porque, aun venciendo, por un poderoso esfuerzo de fe, a la raz\u00f3n que nos dice y ense\u00f1a que el alma no es sino una funci\u00f3n del cuerpo organizado, queda luego el imaginarnos que pueda ser una vida inmortal y eterna del alma. En esta imaginaci\u00f3n las contradicciones y los absurdos se multiplican y se llega, acaso, a la conclusi\u00f3n de Kierkegaard, y es que si es terrible la mortalidad del alma, no menos terrible es su inmortalidad.<\/p>\n<p>Pero vencida la primera dificultad, la \u00fanica verdadera, vencido el obst\u00e1culo de la raz\u00f3n, ganada la fe, por dolorosa y envuelta en incertidumbre que \u00e9sta sea, de que ha de persistir nuestra conciencia personal despu\u00e9s de la muerte, \u00bfqu\u00e9 dificultad, qu\u00e9 obst\u00e1culo hay en que nos imaginemos esa persistencia a medida de nuestro deseo? S\u00ed, podemos imagin\u00e1rnosla como un eterno rejuvenecimiento, como un eterno acrecentarnos, e ir hacia Dios, hacia la Conciencia Universal, sin alcanzarle nunca, podemos imagin\u00e1rnosla&#8230; \u00bfQui\u00e9n pone trabas a la imaginaci\u00f3n, una vez que ha roto la cadena de lo racional?<\/p>\n<p>Ya s\u00e9 que me pongo pesado, molesto, tal vez tedioso, pero todo es menester. Y he de repetir una vez m\u00e1s que no se trata ni de polic\u00eda trascendente, ni de hacer de Dios un gran Juez o Guardia civil; es decir, no se trata de cielo y de infierno para apuntalar nuestra pobre moral mundana, ni se trata de nada ego\u00edsta y personal. No soy yo, es el linaje humano todo el que entra en juego; es la finalidad \u00faltima de nuestra cultura toda. Yo soy uno; pero todos son yos.<\/p>\n<p>\u00bfRecord\u00e1is el fin de aquel C\u00e1ntico del gallo salvaje, que en prosa escribiera el desesperado Leopardi, el v\u00edctima de la raz\u00f3n, que no logr\u00f3 llegar a creer? \u00abTiempo llegar\u00e1 \u2014dice\u2014 en que este Universo y la Naturaleza misma se habr\u00e1n extinguido. Y al modo que de grand\u00edsimos reinos e imperios humanos y sus maravillosas acciones que fueron en otra edad famos\u00edsimas, no queda hoy ni se\u00f1al ni fama alguna, as\u00ed igualmente del mundo entero y de las infinitas vicisitudes y calamidades de las cosas creadas no quedar\u00e1 ni un solo vestigio, sino un silencio desnudo y una quietud profund\u00edsima llenar\u00e1n el espacio inmenso. As\u00ed este arcano admirable y espantoso de la existencia universal, antes de haberse declarado o dado a entender, se extinguir\u00e1 y perder\u00e1se.\u00bb A lo cual llaman ahora, con un t\u00e9rmino cient\u00edfico y muy racionalista, la entrop\u00eda. Muy bonito, \u00bfno? Spencer invent\u00f3 aquello del homog\u00e9neo primitivo, del cual no se sabe c\u00f3mo pudo brotar heterogeneidad alguna. Pues bien; esto de la entrop\u00eda es una especie de homog\u00e9neo \u00faltimo, de estado de perfecto equilibrio. Para un alma ansiosa de vida, lo m\u00e1s parecido a la nada que puede darse.<\/p>\n<ul>\n<li style=\"list-style-type: none\">\n<ul>\n<li>&nbsp;<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p>He tra\u00eddo hasta aqu\u00ed al lector que ha tenido la paciencia de leerme al trav\u00e9s de una serie de dolorosas reflexiones, y procurando siempre dar a la raz\u00f3n su parte y dar tambi\u00e9n su parte al sentimiento. No he querido callar lo que callan otros; he querido poner al desnudo, no ya mi alma, sino el alma humana; sea ella lo que fuere y est\u00e9 o no destinada a desaparecer. Y hemos llegado al fondo del abismo, al irreconciliable conflicto entre la raz\u00f3n y el sentimiento vital. Y llegado aqu\u00ed, os he dicho que hay que aceptar el conflicto como tal y vivir de \u00e9l. Ahora me queda el exponeros c\u00f3mo, a mi sentir y hasta a mi pensar, esa desesperaci\u00f3n puede ser base de una vida vigorosa, de una acci\u00f3n eficaz, de una \u00e9tica, de una est\u00e9tica, de una religi\u00f3n y hasta de una l\u00f3gica. Pero en lo que va a seguir habr\u00e1 tanto de fantas\u00eda como de raciocinio; es decir, mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>No quiero enga\u00f1ar a nadie ni dar por filosof\u00eda lo que acaso no sea sino poes\u00eda o fantasmagor\u00eda, mitolog\u00eda en todo caso. El divino Plat\u00f3n, despu\u00e9s que en su di\u00e1logo Fed\u00f3n discuti\u00f3 la inmortalidad del alma \u2014una inmortalidad ideal, es decir, mentirosa\u2014, lanz\u00f3se a exponer los mitos sobre la otra vida, diciendo que se debe tambi\u00e9n mitologizar. Vamos, pues, a mitologizar.<\/p>\n<p>El que busque razones, lo que estrictamente llamamos tales, argumentos cient\u00edficos, consideraciones t\u00e9cnicamente l\u00f3gicas, puede renunciar a seguirme. En lo que de estas reflexiones sobre el sentimiento tr\u00e1gico resta, voy a pescar la atenci\u00f3n del lector a anzuelo desnudo, sin cebo; el que quiera picar que pique, mas yo a nadie enga\u00f1o. S\u00f3lo al final pienso recogerlo todo y sostener que esta desesperaci\u00f3n religiosa que os dec\u00eda, y que no es sino el sentimiento mismo tr\u00e1gico de la vida, es, m\u00e1s o menos velada, el fondo mismo de la conciencia de los individuos y de los pueblos cultos de hoy en d\u00eda, es decir, de aquellos individuos y de aquellos pueblos que no padecen ni de estupidez intelectual ni de estupidez sentimental.<\/p>\n<p>Y es ese sentimiento la fuente de las haza\u00f1as heroicas.<\/p>\n<p>Si en lo que va a seguir os encontr\u00e1is con apotegmas arbitrarios, con transiciones bruscas, con soluciones de continuidad, con verdaderos saltos mortales del pensamiento, no os llam\u00e9is a enga\u00f1o. Vamos a entrar, si es que quer\u00e9is acompa\u00f1arme, en un campo de contradicciones entre el sentimiento y el raciocinio, y teniendo que servirnos del uno y del otro.<\/p>\n<p>Lo que va a seguir no me ha salido de la raz\u00f3n, sino de la vida, aunque para trasmit\u00edroslo tengo en cierto modo que racionalizarlo. Lo m\u00e1s de ello no puede reducirse a teor\u00eda o sistema l\u00f3gico; pero como Walt Whitman, el enorme poeta yanqui, os encargo que no se funde escuela o teor\u00eda sobre m\u00ed.<\/p>\n<p>I charge that there be no theory or school founded out of me. (Myself and Mine.)<\/p>\n<p>Ni son las fantas\u00edas que han de seguir m\u00edas, \u00a1no! Son tambi\u00e9n de otros hombres, no precisamente de otros pensadores, que me han precedido en este valle de l\u00e1grimas y han sacado fuera su vida y la han expresado. Su vida, digo, y no su pensamiento sino en cuanto era pensamiento de vida; pensamiento a base irracional.<\/p>\n<p>\u00bfQuiere esto decir que cuanto vamos a ver, los esfuerzos de lo irracional por expresarse, carece de toda racionalidad, de todo valor objetivo? No; lo absoluta, lo irrevocablemente irracional es inexpresable, es intrasmisible. Pero lo contrarracional no. Acaso no haya modo de racionalizar lo irracional; pero lo hay de racionalizar lo contrarracional y es tratando de exponerlo. Como s\u00f3lo es inteligible, de veras inteligible, lo racional, como lo absurdo est\u00e1 condenado, careciendo como carece de sentido, a ser intrasmisible, ver\u00e9is que cuando algo que parece irracional o absurdo logra uno expresarlo y que se lo entiendan, se resuelve en algo racional siempre, aunque sea en la negaci\u00f3n de lo que se afirma.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s locos ensue\u00f1os de la fantas\u00eda tienen alg\u00fan fondo de raz\u00f3n, y qui\u00e9n sabe si todo cuanto puede imaginar un hombre no ha sucedido, sucede o suceder\u00e1 alguna vez en uno o en otro mundo. Las combinaciones posibles son acaso infinitas. S\u00f3lo falta saber si todo lo imaginable es posible.<\/p>\n<p>Se podr\u00e1 tambi\u00e9n decir, y con justicia, que mucho de lo que voy a exponer es repetici\u00f3n de ideas, cien veces expuestas antes y otras cien refutadas; pero cuando una idea vuelve a repetirse, es que, en rigor, no fu\u00e9 de veras refutada. No pretendo la novedad de las m\u00e1s de estas fantas\u00edas, como no pretendo tampoco, \u00a1claro est\u00e1!, el que no hayan resonado antes que la m\u00eda voces dando al viento las mismas quejas. Pero el que pueda volver la misma eterna queja, saliendo de otra boca, s\u00f3lo quiere decir que el dolor persiste.<\/p>\n<p>Y conviene repetir una vez m\u00e1s las mismas eternas lamentaciones, las que eran ya viejas en tiempo de Job y del Eclesiast\u00e9s, y aunque sea repetirlas con las mismas palabras, para que vean los progresistas que eso es algo que nunca muere. El que, haci\u00e9ndose propio el vanidad de vanidades del Eclesiast\u00e9s, o las quejas de Job, las repite, aun al pie de la letra, cumple una obra de advertencia. Hay que estar repitiendo de continuo el memento mori.<\/p>\n<p>\u00bfPara qu\u00e9? \u2014dir\u00e9is\u2014. Aunque s\u00f3lo sea para que se irriten algunos y vean que eso no ha muerto, que eso, mientras haya hombres, no puede morir; para que se convenzan de que subsisten hoy, en el siglo XX, todos los siglos pasados y todos ellos vivos. Cuando hasta un supuesto error vuelve, es, cre\u00e9dmelo, que no ha dejado de ser verdad en parte, como cuando uno reaparece, es que no muri\u00f3 del todo.<\/p>\n<p>S\u00ed, ya s\u00e9 que otros han sentido antes que yo lo que yo siento y expreso; que otros muchos lo sienten hoy, aunque se lo callan. \u00bfPor qu\u00e9 no lo callo tambi\u00e9n? Pues porque lo callan los m\u00e1s de los que lo sienten; pero, aun call\u00e1ndolo, obedecen en silencio a esa voz de las entra\u00f1as. Y no lo callo, porque es para muchos lo que no debe decirse, lo infando \u2014infandum\u2014, y creo que es menester decir una y otra vez lo que no debe decirse. \u00bfQue a nada conduce? Aunque s\u00f3lo condujese a irritar a los progresistas, a los que creen que la verdad es consuelo, conducir\u00eda a no poco. A irritarles y a que digan: \u00a1l\u00e1stima de hombre!; \u00a1si emplease mejor su inteligencia!&#8230; A lo que alguien acaso a\u00f1ada que no s\u00e9 lo que me digo, y yo le responder\u00e9 que acaso tenga raz\u00f3n \u2014\u00a1y tener raz\u00f3n es tan poco!\u2014, pero que siento lo que digo y s\u00e9 lo que siento, y me basta. Y que es mejor que le falte a uno raz\u00f3n que no el que le sobre.<\/p>\n<p>Y el que me siga leyendo ver\u00e1 tambi\u00e9n c\u00f3mo de este abismo de desesperaci\u00f3n puede surgir esperanza, y c\u00f3mo puede ser fuente de acci\u00f3n y de labor humana, hondamente humana, y de solidaridad y hasta de progreso, esta posici\u00f3n cr\u00edtica. El lector que siga ley\u00e9ndome ver\u00e1 su justificaci\u00f3n pragm\u00e1tica. Y ver\u00e1 c\u00f3mo para obrar, y obrar eficaz y moralmente, no hace falta ninguna de las dos opuestas certezas, ni la de la fe ni la de la raz\u00f3n, ni menos a\u00fan \u2014 esto en ning\u00fan caso\u2014 esquivar el problema de la inmortalidad del alma o deformarlo ideal\u00edsticamente, es decir, hip\u00f3critamente. El lector ver\u00e1 c\u00f3mo esa incertidumbre, y el dolor de ella y la lucha infructuosa por salir de la misma, puede ser y es base de acci\u00f3n y cimiento de moral.<\/p>\n<p>Y con esto de ser base de acci\u00f3n y cimiento de moral el sentimiento de la incertidumbre y la lucha \u00edntima entre la raz\u00f3n y la fe y el apasionado anhelo de vida eterna, quedar\u00eda, seg\u00fan un pragmatista, justificado tal sentimiento. Mas debe constar que no le busco esta consecuencia pr\u00e1ctica para justificarlo, sino porque la encuentro por experiencia \u00edntima. Ni quiero ni debo buscar justificaci\u00f3n alguna a ese estado de lucha interior y de incertidumbre y de anhelo; es un hecho, y basta. Y si alguien encontr\u00e1ndose en \u00e9l, en el fondo del abismo, no encuentra all\u00ed mismo m\u00f3viles e incentivos de acci\u00f3n y de vida, y por ende se suicida corporal o espiritualmente, o bien mat\u00e1ndose o bien renunciando a toda labor de solidaridad humana, no ser\u00e9 yo quien se lo censure. Y aparte de que las malas consecuencias de una doctrina, es decir, lo que llamamos malas, s\u00f3lo prueban, repito, que la doctrina es para nuestros deseos mala, pero no que sea falsa, las consecuencias dependen, m\u00e1s a\u00fan que de la doctrina, de quien las saca. Un mismo principio sirve a uno para obrar y a otro para abstenerse de obrar; a \u00e9ste para obrar en tal sentido, y a aqu\u00e9l para obrar en sentido contrario. Y es que nuestras doctrinas no suelen ser sino la justificaci\u00f3n a posteriori de nuestra conducta, o el modo como tratamos de explic\u00e1rnosla para nosotros mismos.<\/p>\n<p>El hombre, en efecto, no se aviene a ignorar los m\u00f3viles de su conducta propia, y as\u00ed como uno a quien habi\u00e9ndosele hipnotizado y sugerido tal o cual acto, inventa luego razones que lo justifiquen y hagan l\u00f3gico a sus propios ojos y a los de los dem\u00e1s, ignorando, en realidad, la verdadera causa de su acto, as\u00ed todo otro hombre, que es un hipnotizado tambi\u00e9n, pues que la vida es sue\u00f1o, busca razones de su conducta. Y si las piezas del ajedrez tuviesen conciencia, es f\u00e1cil que se atribuyeran albedr\u00edo en sus movimientos, es decir, la racionalidad finalista de ellos. Y as\u00ed resulta, que toda teor\u00eda filos\u00f3fica sirve para explicar y justificar una \u00e9tica, una doctrina de conducta, que surge en realidad del \u00edntimo sentimiento moral del autor de ella. Pero de la verdadera raz\u00f3n o causa de este sentimiento, acaso no tiene clara conciencia el mismo que lo abriga.<\/p>\n<p>Consiguientemente a esto creo poder suponer que si mi raz\u00f3n, que es en cierto modo parte de la raz\u00f3n de mis hermanos en humanidad, en tiempo y en espacio, me ense\u00f1a ese absoluto escepticismo por lo que al anhelo de vida inacabable se refiere, mi sentimiento de la vida, que es la esencia de la vida misma, mi vitalidad, mi apetito desenfrenado de vivir y mi repugnancia a morirme, esta mi irresignaci\u00f3n a la muerte, es lo que me sugiere las doctrinas con que trato de contrarrestar la obra de la raz\u00f3n. \u00bfEstas doctrinas tienen un valor objetivo? \u2014me preguntar\u00e1 alguien\u2014, y yo responder\u00e9 que no entiendo qu\u00e9 es eso del valor objetivo de una doctrina. Yo no dir\u00e9 que sean las doctrinas m\u00e1s o menos po\u00e9ticas o infilos\u00f3ficas que voy a exponer, las que me hacen vivir; pero me atrevo a decir que es mi anhelo de vivir y de vivir por siempre el que me inspira esas doctrinas. Y si con ellas logro corroborar y sostener en otro ese mismo anhelo, acaso desfalleciente, habr\u00e9 hecho obra humana, y sobre todo, habr\u00e9 vivido. En una palabra, que con raz\u00f3n, sin raz\u00f3n o contra ella, no me da la gana de morirme. Y cuando al fin me muera, si es del todo, no me habr\u00e9 muerto yo, esto es, no me habr\u00e9 dejado morir, sino que me habr\u00e1 matado el destino humano. Como no llegue a perder la cabeza, o mejor a\u00fan que la cabeza, el coraz\u00f3n, yo no dimito de la vida; se me destituir\u00e1 de ella.<\/p>\n<p>Y nada tampoco se adelanta con sacar a relucir las ambiguas palabras de pesimismo y optimismo, que con frecuencia nos dicen lo contrario que quien las emplea quiso decirnos. Poner a una doctrina el mote de pesimista, no es condenar su validez ni los llamados optimistas son m\u00e1s eficaces en la acci\u00f3n. Creo, por el contrario, que muchos de los m\u00e1s grandes h\u00e9roes, acaso los mayores, han sido desesperados, y que por desesperaci\u00f3n acabaron sus haza\u00f1as. Y que aparte esto y aceptando, ambiguas y todo como son, esas denominaciones de optimismo y pesimismo, cabe un cierto pesimismo trascendente engendrador de un optimismo temporal y terrenal, es cosa que me propongo desarrollar en lo sucesivo de este tratado.<\/p>\n<p>Muy otra es, bien s\u00e9, la posici\u00f3n de nuestros progresistas, los de la corriente central del pensamiento europeo contempor\u00e1neo; pero no puedo hacerme a la idea de que estos sujetos no cierran voluntariamente los ojos al gran problema y viven, en el fondo de una mentira, tratando de ahogar el sentimiento tr\u00e1gico de la vida.<\/p>\n<p>Y hechas estas consideraciones, que son a modo de resumen pr\u00e1ctico de la cr\u00edtica desarrollada en los seis primeros cap\u00edtulos de este tratado, una manera de dejar asentada la posici\u00f3n pr\u00e1ctica a que la tal cr\u00edtica puede llevar al que no quiere renunciar a la vida y no quiere tampoco renunciar a la raz\u00f3n, y tiene que vivir y obrar entre esas dos muelas contrarias que nos trituran el alma, ya sabe el lector que en adelante me siga, que voy a llevarle a un campo de fantas\u00edas no desprovistas de raz\u00f3n, pues sin ella nada subsiste, pero fundadas en sentimiento. Y en cuanto a su verdad, la verdad verdadera, lo que es independientemente de nosotros, fuera de nuestra l\u00f3gica y nuestra card\u00edaca, de eso, \u00bfqui\u00e9n sabe?<\/p>\n<p><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>VII<br \/>\nAmor, dolor, compasi\u00f3n y personalidad<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Ca\u00edn. \u2014Let me, or happy or unhappy, learn<br \/>\nTo anticipate my immortality.<br \/>\nLucifer. \u2014Thou didst before I came upon thee.<br \/>\nCa\u00edn. \u2014How?<br \/>\nLucifer. \u2014By suffering.<br \/>\n<strong>Lord Byron, Ca\u00edn, acto II, escena 1.<\/strong><\/p>\n<p>Es el amor, lectores y hermanos m\u00edos, lo m\u00e1s tr\u00e1gico que en el mundo y en la vida hay; es el amor hijo del enga\u00f1o y padre del desenga\u00f1o; es el amor el consuelo en el desconsuelo, es la \u00fanica medicina contra la muerte, siendo como es de ella hermana.<\/p>\n<p><em>Fratelli, a un tempo stesso,\u2028Amore e Morte\u2028ingener\u00f2 la sorte<\/em>,<\/p>\n<p>como cant\u00f3 Leopardi.<\/p>\n<p>El amor busca con furia, a trav\u00e9s del amado, algo que est\u00e1 allende este, y como no lo halla, se desespera.<\/p>\n<p>Siempre que hablamos de amor tenemos presente a la memoria el amor sexual, el amor entre hombre y mujer para perpetuar el linaje humano sobre la tierra. Y esto es lo que hace que no se consiga reducir el amor ni a lo puramente intelectivo ni a lo puramente volitivo, dejando lo sentimental o, si se quiere, lo sensitivo de \u00e9l. Porque el amor no es en el fondo ni idea ni volici\u00f3n: es m\u00e1s bien deseo, sentimiento; es algo carnal hasta en el esp\u00edritu. Gracias al amor sentimos todo lo que de carne tiene el esp\u00edritu.<\/p>\n<p>El amor sexual es el tipo generador de todo otro amor. En el amor y por \u00e9l buscamos perpetuarnos, y solo nos perpetuamos sobre la tierra a condici\u00f3n de morir, de entregar a otro nuestra vida.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s humildes animalitos, los vivientes \u00ednfimos, se multiplican dividi\u00e9ndose, parti\u00e9ndose, dejando de ser el uno que antes eran. Pero, agotada al fin la vitalidad del ser que as\u00ed se multiplica dividi\u00e9ndose, la especie tiene de vez en cuando que renovar el manantial de la vida mediante uniones de dos individuos decadentes, mediante lo que se llama conjugaci\u00f3n en los protozoarios. \u00danense para volver con m\u00e1s br\u00edo a dividirse.<\/p>\n<p>Y todo acto de engendramiento es un dejar de ser, total o parcialmente, lo que se era; un partirse, una muerte parcial. Vivir es darse, perpetuarse; y perpetuarse y darse es morir. Acaso el supremo deleite del engendrar no es sino un anticipado gustar la muerte, el desgarramiento de la propia esencia vital.<\/p>\n<p>Nos unimos a otro, pero es para partirnos; ese m\u00e1s \u00edntimo abrazo no es sino un m\u00e1s \u00edntimo desgarramiento. En su fondo, el deleite amoroso sexual, el espasmo gen\u00e9sico, es una sensaci\u00f3n de resurrecci\u00f3n, de resucitar en otro, porque solo en otros podemos resucitar para perpetuarnos.<\/p>\n<p>Hay, sin duda, algo de tr\u00e1gicamente destructivo en el fondo del amor, tal como en su forma primitiva animal se nos presenta, en el invencible instinto que empuja a un macho y una hembra a confundir sus entra\u00f1as en un apret\u00f3n de furia. Lo mismo que les confunde los cuerpos, les separa, en cierto respecto, las almas; al abrazarse se odian tanto como se aman, y sobre todo luchan, luchan por un tercero a\u00fan sin vida.<\/p>\n<p>El amor es una lucha, y especies animales hay en que, al unirse el macho a la hembra, la maltrata, y otras en que la hembra devora al macho luego que este la hubo fecundado.<\/p>\n<p>Hase dicho del amor que es un ego\u00edsmo mutuo. Y de hecho cada uno de los amantes busca poseer al otro, y buscando mediante \u00e9l, sin entonces pensarlo ni propon\u00e9rselo, su propia perpetuaci\u00f3n, que es el fin, \u00bfqu\u00e9 es sino avaricia? Y es posible que haya quien, para mejor perpetuarse, guarde su virginidad. Y para perpetuar algo m\u00e1s humano que la carne.<\/p>\n<p>Porque lo que perpet\u00faan los amantes sobre la tierra es la carne de dolor, es el dolor, es la muerte. El amor es hermano, hijo y a la vez padre de la muerte, que es su hermana, su madre y su hija. Y as\u00ed es que hay en la hondura del amor una hondura de eterno desesperarse, de la cual brotan la esperanza y el consuelo.<\/p>\n<p>Porque de este amor carnal y primitivo de que vengo hablando, de este amor de todo el cuerpo con sus sentidos, que es el origen animal de la sociedad humana, de este enamoramiento, surge el amor espiritual y doloroso. Esta otra forma del amor, este amor espiritual, nace del dolor, nace de la muerte del amor carnal; nace tambi\u00e9n del compasivo sentimiento de protecci\u00f3n que los padres experimentan ante los hijos desvalidos.<\/p>\n<p>Los amantes no llegan a amarse con dejaci\u00f3n de s\u00ed mismos, con verdadera fusi\u00f3n de sus almas, y no ya de sus cuerpos, sino luego que el mazo poderoso del dolor ha triturado sus corazones, remeji\u00e9ndolos en un mismo almirez de pena.<\/p>\n<p>El amor sensual confund\u00eda sus cuerpos, pero separaba sus almas, manten\u00edalas extra\u00f1as una a otra; mas de ese amor tuvieron un fruto de carne, un hijo. Y este hijo, engendrado en muerte, enferm\u00f3 acaso y se muri\u00f3. Y sucedi\u00f3 que, sobre el fruto de su fusi\u00f3n carnal y separaci\u00f3n o mutuo extra\u00f1amiento espiritual, separados y fr\u00edos de dolor sus cuerpos, pero confundidas en dolor sus almas, se dieron los amantes, los padres, un abrazo de desesperaci\u00f3n, y naci\u00f3 entonces, de la muerte del hijo de la carne, el verdadero amor espiritual.<\/p>\n<p>O bien, roto el lazo de la carne que les un\u00eda, respiraron con suspiro de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque los hombres solo se aman con amor espiritual cuando han sufrido juntos un mismo dolor, cuando araron durante alg\u00fan tiempo la tierra pedregosa uncidos al mismo yugo de un dolor com\u00fan. Entonces se conocieron y se sintieron, y se consintieron en su com\u00fan miseria, se compadecieron y se amaron. Porque amar es compadecer, y si a los cuerpos les une el goce, \u00faneles a las almas la pena.<\/p>\n<p>Todo lo cual se siente m\u00e1s clara y m\u00e1s frecuentemente a\u00fan cuando brota, arraiga y crece uno de esos amores tr\u00e1gicos que tienen que luchar contra las diamantinas leyes del Destino, uno de esos amores que nacen a destiempo o desaz\u00f3n, antes o despu\u00e9s del momento, o fuera de la norma en que el mundo, que es costumbre, los hubiera recibido.<\/p>\n<p>Cuantas m\u00e1s murallas pongan el Destino y el mundo y su ley entre los amantes, con tanta m\u00e1s fuerza se sienten empujados el uno al otro, y la dicha de quererse se les amarga, y se les acrecienta el dolor de no poder quererse a las claras y libremente, y se compadecen desde las ra\u00edces del coraz\u00f3n el uno del otro, y esta com\u00fan compasi\u00f3n, que es su com\u00fan miseria y su fidelidad com\u00fan, da fuego y p\u00e1bulo a su vez a su amor.<\/p>\n<p>Y sufren su gozo gozando su sufrimiento. Y ponen su amor fuera del mundo, y la fuerza de ese pobre amor sufriente bajo el yugo del Destino les hace intuir otro mundo en que no hay m\u00e1s ley que la libertad del amor, otro mundo en que no hay barreras porque no hay carne.<\/p>\n<p>Porque nada nos penetra m\u00e1s de la esperanza y la fe en otro mundo que la imposibilidad de que un amor nuestro fructifique de veras en este mundo de carne y de apariencias.<\/p>\n<p>Y el amor maternal, \u00bfqu\u00e9 es sino compasi\u00f3n al d\u00e9bil, al desvalido, al pobre ni\u00f1o inerme que necesita de la leche y del regazo de la madre? Y en la mujer todo amor es maternal.<\/p>\n<p>Amar en esp\u00edritu es compadecer, y quien m\u00e1s compadece m\u00e1s ama. Los hombres encendidos en ardiente caridad hacia sus pr\u00f3jimos lo son porque llegaron al fondo de su propia miseria, de su propia aparencialidad, de sus nader\u00edas, y, volviendo luego sus ojos as\u00ed abiertos hacia sus semejantes, los vieron tambi\u00e9n miserables, aparenciales, anonadables, y los compadecieron y los amaron.<\/p>\n<p>El hombre ans\u00eda ser amado, o, lo que es igual, ans\u00eda ser compadecido. El hombre quiere que se sientan y se compartan sus penas y sus dolores. Hay algo m\u00e1s que una artima\u00f1a para obtener limosna en eso de los mendigos que, a la vera del camino, muestran al viandante su llaga o su gangrenoso mu\u00f1\u00f3n. La limosna, m\u00e1s bien que socorro para sobrellevar los trabajos de la vida, es compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>No agradece el pordiosero la limosna al que se la da volvi\u00e9ndole la cara por no verle y para quit\u00e1rselo de al lado, sino que agradece mejor que se le compadezca no socorri\u00e9ndole, que no que socorri\u00e9ndole no se le compadezca, aunque por otra parte prefiera esto. Ved, si no, con qu\u00e9 complacencia cuenta sus cuitas al que se conmueve oy\u00e9ndoselas. Quiere ser compadecido, amado.<\/p>\n<p>El amor de la mujer, sobre todo, dec\u00eda que es siempre en su fondo compasivo, es maternal. La mujer se rinde al amante porque le siente sufrir con el deseo. Isabel compadeci\u00f3 a Lorenzo, Julieta a Romeo, Francisca a Pablo. La mujer parece decir: \u00ab\u00a1Ven, pobrecito, y no sufras tanto por mi causa!\u00bb Y por eso es su amor m\u00e1s amoroso y m\u00e1s puro que el del hombre, y m\u00e1s valiente y m\u00e1s largo.<\/p>\n<p>La compasi\u00f3n es, pues, la esencia del amor espiritual humano, del amor que tiene conciencia de serlo, del amor que no es puramente animal, del amor, en fin, de una persona racional. El amor compadece, y compadece m\u00e1s cuanto m\u00e1s ama.<\/p>\n<p>Invirtiendo el <em>nihil volitum quin praecognitum<\/em>, os dije que <em>nihil cognitum quin praevolitum<\/em>, que no se conoce nada que de un modo o de otro no se haya antes querido; y hasta cabe a\u00f1adir que no se puede conocer bien nada que no se ame, que no se compadezca.<\/p>\n<p>Creciendo el amor, esta ansia ardorosa de m\u00e1s all\u00e1 y m\u00e1s adentro va extendi\u00e9ndose a todo cuanto ve, lo que va compadeciendo todo. Seg\u00fan te adentras en ti mismo y en ti mismo ahondas, vas descubriendo tu propia inanidad: que no eres todo lo que eres, que no eres lo que quisieras ser, que no eres, en fin, m\u00e1s que nonada.<\/p>\n<p>Y al tocar tu propia nader\u00eda, al no sentir tu fondo permanente, al no llegar ni a tu propia infinitud ni menos a tu propia eternidad, te compadeces y te enciendes en doloroso amor a ti mismo, matando lo que se llama amor propio, y no es sino una especie de delectaci\u00f3n sensual de ti mismo, algo como un gozarse a s\u00ed misma la carne de tu alma.<\/p>\n<p>El amor espiritual a s\u00ed mismo, la compasi\u00f3n que uno cobra para consigo, podr\u00e1 acaso llamarse egotismo; pero es lo m\u00e1s opuesto que hay al ego\u00edsmo vulgar.<\/p>\n<p>Porque de este amor o compasi\u00f3n a ti mismo, de esta intensa desesperaci\u00f3n \u2014porque as\u00ed como antes de nacer no fuiste, as\u00ed tampoco despu\u00e9s de morir ser\u00e1s\u2014, pasas a compadecer, esto es, a amar, a todos tus semejantes y hermanos en aparencialidad, miserables sombras que desfilan de su nada a su nada, chispas de conciencia que brillan un momento en las infinitas y eternas tinieblas.<\/p>\n<p>Y de los dem\u00e1s hombres, tus semejantes, pasando por los que m\u00e1s semejantes te son, por tus convivientes, vas a compadecer a todos los que viven y hasta a lo que acaso no vive, pero existe.<\/p>\n<p>Aquella lejana estrella que brilla all\u00ed arriba durante la noche se apagar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda y se har\u00e1 polvo, y dejar\u00e1 de brillar y de existir. Y como ella, el cielo todo estrellado. \u00a1Pobre cielo!<\/p>\n<p>Y si doloroso es tener que dejar de ser un d\u00eda, m\u00e1s doloroso ser\u00eda acaso seguir siendo siempre uno mismo, y no m\u00e1s que uno mismo, sin poder ser a la vez otro, sin poder ser a la vez todo lo dem\u00e1s, sin poder serlo todo.<\/p>\n<p>Si miras al universo lo m\u00e1s cerca y lo m\u00e1s dentro que puedes mirarlo, que es en ti mismo; si sientes, y no ya solo contemplas, las cosas todas en tu conciencia, donde todas ellas han dejado su dolorosa huella, llegar\u00e1s al hond\u00f3n del tedio de la existencia, al pozo de vanidad de vanidades.<\/p>\n<p>Y as\u00ed es como llegar\u00e1s a compadecerlo todo, al amor universal. Para amarlo todo, para compadecerlo todo, humano y extrahumano, viviente y no viviente, es menester que lo sientas todo dentro de ti mismo, que lo personalices todo. Porque el amor personaliza todo cuanto ama, todo cuanto compadece.<\/p>\n<p>Solo compadecemos, es decir, amamos, lo que nos es semejante, y en cuanto nos lo es; y tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s se nos asemeja. Y as\u00ed crece nuestra compasi\u00f3n, y con ella nuestro amor a las cosas, a medida que descubrimos las semejanzas que con nosotros tienen. O m\u00e1s bien es el amor mismo, que de suyo tiende a crecer, el que nos revela esas semejanzas.<\/p>\n<p>Si llego a compadecer y amar a la pobre estrella que desaparecer\u00e1 del cielo un d\u00eda, es porque el amor, la compasi\u00f3n, me hace sentir en ella una conciencia, m\u00e1s o menos oscura, que la hace sufrir por no ser m\u00e1s que estrella y por tener que dejarlo de ser un d\u00eda. Pues toda conciencia lo es de muerte y de dolor.<\/p>\n<p>Conciencia, <em>conscientia<\/em>, es conocimiento participado, es consentimiento; y consentir es compadecer. El amor personaliza cuanto ama. Solo cabe enamorarse de una idea personaliz\u00e1ndola. Y cuando el amor es tan grande, tan vivo, tan fuerte y desbordante que lo ama todo, entonces lo personaliza todo y descubre que el total Todo, que el Universo, es Persona tambi\u00e9n; que tiene una Conciencia, Conciencia que a su vez sufre, compadece y ama, es decir, es conciencia.<\/p>\n<p>Y a esta Conciencia del Universo, que el amor descubre personalizando cuanto ama, es a lo que llamamos Dios.<\/p>\n<p>Y as\u00ed el alma compadece a Dios y se siente por \u00c9l compadecida; le ama y se siente por \u00c9l amada, abrigando su miseria en el seno de la miseria eterna e infinita, que es, al eternizarse e infinitarse, la felicidad suprema misma.<\/p>\n<p>Dios es, pues, la personalizaci\u00f3n del Todo, es la Conciencia eterna e infinita del Universo, Conciencia presa de la materia y luchando por libertarse de ella. Personalizamos al Todo para salvarnos de la nada, y el \u00fanico misterio verdaderamente misterioso es el misterio del dolor.<\/p>\n<p>El dolor es el camino de la conciencia, y es por \u00e9l como los seres vivos llegan a tener conciencia de s\u00ed. Porque tener conciencia de s\u00ed mismo, tener personalidad, es saberse y sentirse distinto de los dem\u00e1s seres; y a sentir esta distinci\u00f3n solo se llega por el choque, por el dolor m\u00e1s o menos grande, por la sensaci\u00f3n del propio l\u00edmite. La conciencia de s\u00ed mismo no es sino la conciencia de la propia limitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Me siento yo mismo al sentirme que no soy los dem\u00e1s; saber y sentir hasta d\u00f3nde soy es saber d\u00f3nde acabo de ser y desde d\u00f3nde no soy.<\/p>\n<p>\u00bfY c\u00f3mo saber que se existe no sufriendo poco o mucho? \u00bfC\u00f3mo volver sobre s\u00ed, lograr conciencia refleja, no siendo por el dolor? Cuando se goza, olv\u00eddase uno de s\u00ed mismo, de que existe; pasa a otro, a lo ajeno, se enajena. Y solo se ensimisma, se vuelve a s\u00ed mismo, a ser \u00e9l, en el dolor.<\/p>\n<p><em>Nessun maggior dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria<\/em>, hace decir el Dante a Francesca de Rimini (<em>Inferno<\/em>, V, 121-123); pero si no hay dolor m\u00e1s grande que el de acordarse del tiempo feliz en la desgracia, no hay placer, en cambio, en acordarse de la desgracia en el tiempo de prosperidad.<\/p>\n<p>\u00abEl m\u00e1s acerbo dolor entre los hombres es el de aspirar mucho y no poder nada\u00bb, como, seg\u00fan Her\u00f3doto, dijo un persa a un tebano en un banquete (<em>Historias<\/em>, libro IX, cap. 16). Y as\u00ed es. Podemos abarcarlo todo o casi todo con el conocimiento y el deseo; nada o casi nada con la voluntad. Y no es la felicidad contemplaci\u00f3n, \u00a1no!, si esa contemplaci\u00f3n significa impotencia.<\/p>\n<p>Y de este choque entre nuestro conocer y nuestro poder surge la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Compadecemos a lo semejante a nosotros, y tanto m\u00e1s lo compadecemos cuanto m\u00e1s y mejor sentimos su semejanza con nosotros. Y si esta semejanza podemos decir que provoca nuestra compasi\u00f3n, cabe sostener tambi\u00e9n que nuestro repuesto de compasi\u00f3n, pronto a derramarse sobre todo, es lo que nos hace descubrir la semejanza de las cosas con nosotros, el lazo com\u00fan que nos une con ellas en el dolor.<\/p>\n<p>Nuestra propia lucha por cobrar, conservar y acrecentar la propia conciencia nos hace descubrir en los forcejeos, movimientos y revoluciones de las cosas todas una lucha por cobrar, conservar o acrecentar conciencia, a la que todo tiende.<\/p>\n<p>Bajo los actos de mis m\u00e1s pr\u00f3ximos semejantes, los dem\u00e1s hombres, siento \u2014o consiento m\u00e1s bien\u2014 un estado de conciencia como es el m\u00edo bajo mis propios actos. Al o\u00edrle un grito de dolor a mi hermano, mi propio dolor se despierta y grita en el fondo de mi conciencia.<\/p>\n<p>Y de la misma manera siento el dolor de los animales y el de un \u00e1rbol al que le arrancan una rama, sobre todo cuando tengo viva la fantas\u00eda, que es la facultad de intuimiento, de visi\u00f3n interior.<\/p>\n<p>Descendiendo desde nosotros mismos, desde la propia conciencia humana, que es lo \u00fanico que sentimos por dentro y en que el sentirse se identifica con el ser, suponemos que tienen alguna conciencia, m\u00e1s o menos oscura, todos los vivientes y las rocas mismas, que tambi\u00e9n viven.<\/p>\n<p>Y la evoluci\u00f3n de los seres org\u00e1nicos no es sino una lucha por la plenitud de conciencia a trav\u00e9s del dolor, una constante aspiraci\u00f3n a ser otros sin dejar de ser lo que son, a romper sus l\u00edmites limit\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Y este proceso de personalizaci\u00f3n o de subjetivaci\u00f3n de todo lo externo, fenom\u00e9nico u objetivo, constituye el proceso mismo vital de la filosof\u00eda en la lucha de la vida contra la raz\u00f3n y de esta contra aquella. Ya lo indicamos en nuestro anterior cap\u00edtulo, y aqu\u00ed lo hemos de confirmar desarroll\u00e1ndolo m\u00e1s.<\/p>\n<p>Juan Bautista Vico, con su profunda penetraci\u00f3n est\u00e9tica en el alma de la Antig\u00fcedad, vio que la filosof\u00eda espont\u00e1nea del hombre era hacerse regla del universo guiado por <em>instinto d\u2019animazione<\/em>. El lenguaje, necesariamente antropom\u00f3rfico, mitopeico, engendra el pensamiento.<\/p>\n<p>\u00abLa sabidur\u00eda po\u00e9tica, que fue la primera sabidur\u00eda de la gentilidad \u2014nos dice en su <em>Scienza Nuova<\/em>\u2014, debi\u00f3 de comenzar por una metaf\u00edsica no razonada y abstracta, cual es la de los hoy adoctrinados, sino sentida e imaginada, cual debi\u00f3 ser la de los primeros hombres\u2026 Esta fue su propia poes\u00eda, que les era una facultad connatural, porque estaban naturalmente provistos de tales sentidos y tales fantas\u00edas, nacida de ignorancia de las causas, que fue para ellos madre de maravillas en todo, pues ignorantes de todo, admiraban fuertemente. Tal poes\u00eda comenz\u00f3 divina en ellos, porque al mismo tiempo que imaginaban las causas de las cosas que sent\u00edan y admiraban, las imaginaban dioses\u2026 De tal manera, los primeros hombres de las naciones gentiles, como ni\u00f1os del naciente g\u00e9nero humano, creaban de sus ideas las cosas\u2026 De esta naturaleza de cosas humanas qued\u00f3 la eterna propiedad explicada con noble expresi\u00f3n por T\u00e1cito, al decir no vanamente que los hombres aterrados <em>fingunt simul creduntque<\/em>.\u00bb<\/p>\n<p>Y luego Vico pasa a mostrarnos la era de la raz\u00f3n, no ya de la fantas\u00eda, esta edad nuestra en que nuestra mente est\u00e1 demasiado retirada de los sentidos, hasta en el vulgo, \u00abcon tantas abstracciones como est\u00e1n llenas las lenguas\u00bb, y nos est\u00e1 \u00abnaturalmente negado poder formar la vasta imagen de una tal dama a que se llama Naturaleza simpat\u00e9tica, pues mientras con la boca se la llama as\u00ed, no hay nada de eso en la mente, porque la mente est\u00e1 en lo falso, en la nada\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAhora \u2014a\u00f1ade Vico\u2014 nos est\u00e1 naturalmente negado poder entrar en la vasta imaginaci\u00f3n de aquellos primeros hombres.\u00bb<\/p>\n<p>Mas \u00bfes cierto? \u00bfNo seguimos viviendo de las creaciones de su fantas\u00eda, encarnadas para siempre en el lenguaje, con el que pensamos, o m\u00e1s bien el que en nosotros piensa?<\/p>\n<p>En vano Comte declar\u00f3 que el pensamiento humano sali\u00f3 ya de la edad teol\u00f3gica y est\u00e1 saliendo de la metaf\u00edsica para entrar en la positiva; las tres edades coexisten y se apoyan, aun oponi\u00e9ndose, unas en otras. El flamante positivismo no es sino metaf\u00edsico cuando deja de negar para afirmar algo, cuando se hace realmente positivo; y la metaf\u00edsica es siempre, en su fondo, teolog\u00eda; y la teolog\u00eda nace de la fantas\u00eda puesta al servicio de la vida, que se quiere inmortal.<\/p>\n<p>El sentimiento del mundo, sobre el que se funda la comprensi\u00f3n de \u00e9l, es necesariamente antropom\u00f3rfico y mitopeico.<\/p>\n<p>Cuando albore\u00f3 con Tales de Mileto el racionalismo, dej\u00f3 este fil\u00f3sofo al Oc\u00e9ano y Tetis, dioses y padres de dioses, para poner al agua como principio de las cosas; pero esta agua era un dios disfrazado. Debajo de la naturaleza, <em>physis<\/em>, y del mundo, <em>kosmos<\/em>, palpitaban creaciones m\u00edticas, antropom\u00f3rficas. La lengua misma lo llevaba consigo.<\/p>\n<p>S\u00f3crates distingu\u00eda en los fen\u00f3menos, seg\u00fan Jenofonte nos cuenta (<em>Memorabilia<\/em>, I, 1, 6-9), aquellos al alcance del estudio humano y aquellos otros que se han reservado los dioses, y execraba que Anax\u00e1goras quisiera explicarlo todo racionalmente.<\/p>\n<p>Hip\u00f3crates, su coet\u00e1neo, estimaba ser divinas las enfermedades todas, y Plat\u00f3n cre\u00eda que el Sol y las estrellas son dioses animados, con sus almas (<em>Filebo<\/em>, c. 16; <em>Leyes<\/em>, X), y solo permit\u00eda la investigaci\u00f3n astron\u00f3mica mientras no se blasfemara contra esos dioses.<\/p>\n<p>Y Arist\u00f3teles, en su <em>F\u00edsica<\/em>, nos dice que llueve Zeus, no para que el trigo crezca, sino por necesidad, <em>ex an\u00e1nk\u0113s<\/em>. Intentaron mecanizar o racionalizar a Dios, pero Dios se les rebelaba.<\/p>\n<p>Y el concepto de Dios, siempre redivivo, pues brota del eterno sentimiento de Dios en el hombre, \u00bfqu\u00e9 es sino la eterna protesta de la vida contra la raz\u00f3n, el nunca vencido instinto de personalizaci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 es la noci\u00f3n misma de sustancia sino objetivaci\u00f3n de lo m\u00e1s subjetivo, que es la voluntad o la conciencia? Porque la conciencia, aun antes de conocerse como raz\u00f3n, se siente, se toca, se es m\u00e1s bien como voluntad, y como voluntad de no morir.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed ese ritmo de que habl\u00e1bamos en la historia del pensamiento. El positivismo nos trajo una \u00e9poca de racionalismo, es decir, de materialismo, mecanismo y moralismo; y he aqu\u00ed que el vitalismo, el espiritualismo, vuelve. \u00bfQu\u00e9 han sido los esfuerzos del pragmatismo sino esfuerzos por restaurar la fe en la finalidad humana del Universo? \u00bfQu\u00e9 son los esfuerzos de un Bergson, verbigracia, sobre todo en su obra sobre la evoluci\u00f3n creadora, sino forcejeos por restaurar al Dios personal y la conciencia eterna?<\/p>\n<p>Y es que la vida no se rinde.<\/p>\n<p>Y de nada sirve querer suprimir ese proceso mitopeico o antropom\u00f3rfico y racionalizar nuestro pensamiento, como si se pensara solo para pensar y conocer, y no para vivir. La lengua misma, con la que pensamos, nos lo impide. La lengua, sustancia del pensamiento, es un sistema de met\u00e1foras a base m\u00edtica y antropom\u00f3rfica.<\/p>\n<p>Y para hacer una filosof\u00eda puramente racional habr\u00eda que hacerla por f\u00f3rmulas algebraicas, o crear una lengua \u2014una lengua inhumana, es decir, inapta para las necesidades de la vida\u2014 para ella, como lo intent\u00f3 el doctor Ricardo Avenarius, profesor de filosof\u00eda en Z\u00farich, en su <em>Cr\u00edtica de la experiencia pura<\/em> (<em>Kritik der reinen Erfahrung<\/em>), para evitar los preconceptos.<\/p>\n<p>Y este vigoroso esfuerzo de Avenarius, el caudillo de los empiriocriticistas, termina en rigor en puro escepticismo. \u00c9l mismo nos lo dice al final del pr\u00f3logo de la susomentada obra: \u00abHa tiempo que desapareci\u00f3 la infantil confianza de que nos sea dado hallar la verdad; mientras avanzamos, nos damos cuenta de sus dificultades, y con ello del l\u00edmite de nuestras fuerzas. \u00bfY el fin?\u2026 \u00a1Con tal de que lleguemos a ver claro en nosotros mismos!\u00bb<\/p>\n<p>\u00a1Ver claro!\u2026 \u00a1Ver claro!<\/p>\n<p>Solo ver\u00eda claro un puro pensador que, en vez de lenguaje, usara \u00e1lgebra, y que pudiese libertarse de su propia humanidad; es decir, un ser insustancial, meramente objetivo, un no-ser, en fin.<\/p>\n<p>Mal que pese a la raz\u00f3n, hay que pensar con la vida; y mal que pese a la vida, hay que racionalizar el pensamiento. Esa animaci\u00f3n, esa personificaci\u00f3n va entra\u00f1ada en nuestro mismo conocer.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQui\u00e9n llueve?\u00bb, \u00ab\u00bfqui\u00e9n truena?\u00bb, pregunta el viejo Estrepsiades a S\u00f3crates en <em>Las nubes<\/em>, de Arist\u00f3fanes, y el fil\u00f3sofo le contesta: \u00abNo Zeus, sino las nubes.\u00bb Y Estrepsiades: \u00abPero \u00bfqui\u00e9n sino Zeus las obliga a marchar?\u00bb A lo que S\u00f3crates: \u00abNada de eso, sino el Torbellino et\u00e9reo.\u00bb \u00ab\u00bfEl Torbellino? \u2014agrega Estrepsiades\u2014. No lo sab\u00eda\u2026 No es, pues, Zeus, sino el Torbellino el que en vez de \u00e9l rige ahora.\u00bb<\/p>\n<p>Y sigue el pobre viejo personificando y animando al Torbellino, que reina ahora como un rey no sin conciencia de su realeza. Y todos, al pasar de un Zeus cualquiera a un cualquier torbellino, de Dios a la materia, verbigracia, hacemos lo mismo.<\/p>\n<p>Y es porque la filosof\u00eda no trabaja sobre la realidad objetiva que tenemos delante de los sentidos, sino sobre el complejo de ideas, im\u00e1genes, nociones, percepciones, etc., incorporadas en el lenguaje y que nuestros antepasados nos transmitieron con \u00e9l. Lo que llamamos el mundo, el mundo objetivo, es una tradici\u00f3n social. Nos lo dan hecho.<\/p>\n<p>El hombre no se resigna a estar, como conciencia, solo en el Universo, ni a ser un fen\u00f3meno objetivo m\u00e1s. Quiere salvar su subjetividad vital o pasional haciendo vivo, personal, animado al Universo todo. Y por eso y para eso ha descubierto a Dios y la sustancia, Dios y sustancia que vuelven siempre en su pensamiento de uno u otro modo disfrazados.<\/p>\n<p>Por ser conscientes nos sentimos existir, que es muy otra cosa que sabernos existentes, y queremos sentir la existencia de todo lo dem\u00e1s, que cada una de las dem\u00e1s cosas individuales sea tambi\u00e9n un yo.<\/p>\n<p>El m\u00e1s consecuente, aunque m\u00e1s incongruente y vacilante idealismo, el de Berkeley, que negaba la existencia de la materia, de algo inerte, extenso y pasivo que sea la causa de nuestras sensaciones y el sustrato de los fen\u00f3menos externos, no es en el fondo m\u00e1s que un absoluto espiritualismo o dinamismo, la suposici\u00f3n de que toda sensaci\u00f3n nos viene, como de la causa, de otro esp\u00edritu, esto es, de otra conciencia.<\/p>\n<p>Y se da su doctrina, en cierto modo, la mano con las de Schopenhauer y Hartmann. La doctrina de la Voluntad del primero de estos dos y la de lo Inconsciente del otro est\u00e1n ya en potencia en la doctrina berkeleyana de que ser es ser percibido. A lo que hay que a\u00f1adir: y hacer que otro perciba al que es.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, el viejo adagio de que <em>operari sequitur esse<\/em>, el obrar se sigue al ser, hay que modificarlo diciendo que ser es obrar, y solo existe lo que obra, lo activo, y en cuanto obra.<\/p>\n<p>Y por lo que a Schopenhauer hace, no es menester esforzarse en mostrar c\u00f3mo la voluntad que pone como esencia de las cosas procede de la conciencia. Y basta leer su libro sobre la voluntad en la naturaleza para ver c\u00f3mo atribu\u00eda un cierto esp\u00edritu y hasta una cierta personalidad a las plantas mismas.<\/p>\n<p>Y esa su doctrina le llev\u00f3 l\u00f3gicamente al pesimismo, porque lo m\u00e1s propio y m\u00e1s \u00edntimo de la voluntad es sufrir. La voluntad es una fuerza que se siente, esto es, que sufre. Y que goza, a\u00f1adir\u00e1 alguien. Pero es que no cabe poder gozar sin poder sufrir, y la facultad de goce es la misma que la del dolor. El que no sufre tampoco goza, como no siente calor el que no siente fr\u00edo.<\/p>\n<p>Y es muy l\u00f3gico tambi\u00e9n que Schopenhauer, el que de la doctrina voluntarista o de personalizaci\u00f3n de todo sac\u00f3 el pesimismo, sacara de ambas que el fundamento de la moral es la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Solo que su falta de sentido social e hist\u00f3rico, el no sentir a la humanidad como una persona tambi\u00e9n, aunque colectiva, su ego\u00edsmo, en fin, le impidi\u00f3 sentir a Dios, le impidi\u00f3 individualizar y personificar la Voluntad total y colectiva: la Voluntad del Universo.<\/p>\n<p>Compr\u00e9ndese, por otra parte, su aversi\u00f3n a las doctrinas evolucionistas o transformistas puramente emp\u00edricas, y tal como alcanz\u00f3 a ver expuestas por Lamarck y Darwin, cuya teor\u00eda, juzg\u00e1ndola solo por un extenso extracto del <em>Times<\/em>, calific\u00f3 de \u00abrampl\u00f3n empirismo\u00bb (<em>platter Empirismus<\/em>) en una de sus cartas a Adam Ludwig von Doss, de 1 de marzo de 1860.<\/p>\n<p>Para un voluntarista como Schopenhauer, en efecto, en teor\u00eda tan sana y cautelosamente emp\u00edrica y racional como la de Darwin, quedaba fuera de cuenta el \u00edntimo resorte, el motivo esencial de la evoluci\u00f3n. Porque \u00bfcu\u00e1l es, en efecto, la fuerza oculta, el \u00faltimo agente del perpetuarse los organismos y pugnar por persistir y propagarse? La selecci\u00f3n, la adaptaci\u00f3n, la herencia no son sino condiciones externas.<\/p>\n<p>A esa fuerza \u00edntima esencial se le ha llamado voluntad, por suponer nosotros que sea en los dem\u00e1s seres lo que en nosotros mismos sentimos como sentimiento de voluntad: el impulso a serlo todo, a ser tambi\u00e9n los dem\u00e1s sin dejar de ser lo que somos. Y esa fuerza cabe decir que es lo divino en nosotros, que es Dios mismo, que en nosotros obra porque en nosotros sufre.<\/p>\n<p>Y esa fuerza, esa aspiraci\u00f3n a la conciencia, la simpat\u00eda nos la hace descubrir en todo. Mueve y agita a los m\u00e1s menudos seres vivientes, mueve y agita acaso a las c\u00e9lulas mismas de nuestro propio organismo corporal, que es una federaci\u00f3n m\u00e1s o menos unitaria de vivientes; mueve a los gl\u00f3bulos mismos de nuestra sangre.<\/p>\n<p>De vidas se compone nuestra vida; de aspiraciones, acaso en el limbo de la subconsciencia, nuestra aspiraci\u00f3n vital. No es un sue\u00f1o m\u00e1s absurdo que tantos sue\u00f1os que pasan por teor\u00edas valederas el creer que nuestras c\u00e9lulas, nuestros gl\u00f3bulos, tengan algo as\u00ed como una conciencia, o base de ella, rudimentaria, celular, globular. O que puedan llegar a tenerla.<\/p>\n<p>Y ya puestos en la v\u00eda de las fantas\u00edas, podemos fantasear el que estas c\u00e9lulas se comunicaran entre s\u00ed y expresara alguna de ellas su creencia de que formaban parte de un organismo superior dotado de conciencia colectiva personal. Fantas\u00eda que se ha producido m\u00e1s de una vez en la historia del sentimiento humano, al suponer alguien, fil\u00f3sofo o poeta, que somos los hombres a modo de gl\u00f3bulos de la sangre de un Ser Supremo que tiene su conciencia colectiva personal, la Conciencia del Universo.<\/p>\n<p>Tal vez la inmensa V\u00eda L\u00e1ctea que contemplamos durante las noches claras en el cielo, ese enorme anillo de que nuestro sistema planetario no es sino una mol\u00e9cula, es a su vez una c\u00e9lula del Universo, Cuerpo de Dios.<\/p>\n<p>Las c\u00e9lulas todas de nuestro cuerpo conspiran y concurren con su actividad a mantener y encender nuestra conciencia, nuestra alma; y si las conciencias o las almas de todas ellas entrasen enteramente en la nuestra, en la componente, si tuviese yo conciencia de todo lo que en mi organismo corporal pasa, sentir\u00eda pasar por m\u00ed al Universo, y se borrar\u00eda tal vez el doloroso sentimiento de mis l\u00edmites.<\/p>\n<p>Y si todas las conciencias de todos los seres concurren por entero a la conciencia universal, esta, es decir, Dios, es todo.<\/p>\n<p>En nosotros nacen y mueren a cada instante oscuras conciencias, almas elementales, y este nacer y morir de ellas constituye nuestra vida. Y cuando mueren bruscamente, en choque, hacen nuestro dolor. As\u00ed, en el seno de Dios nacen y mueren \u2014\u00bfmueren?\u2014 conciencias, constituyendo sus nacimientos y sus muertes su vida.<\/p>\n<p>Si hay una Conciencia Universal y Suprema, yo soy una idea de ella, y \u00bfpuede en ella apagarse del todo idea alguna? Despu\u00e9s que yo haya muerto, Dios seguir\u00e1 record\u00e1ndome, y el ser yo por Dios recordado, el ser mi conciencia mantenida por la Conciencia Suprema, \u00bfno es acaso ser?<\/p>\n<p>Y si alguien dijese que Dios ha hecho el Universo, se le puede retrucar que tambi\u00e9n nuestra alma ha hecho nuestro cuerpo tanto m\u00e1s que ha sido por \u00e9l hecha. Si es que hay alma.<\/p>\n<p>Cuando la compasi\u00f3n, el amor, nos revela al Universo todo luchando por cobrar, conservar y acrecentar su conciencia, por concientizarse m\u00e1s y m\u00e1s cada vez, sintiendo el dolor de las discordancias que dentro de \u00e9l se producen, la compasi\u00f3n nos revela la semejanza del Universo todo con nosotros; que es humano, y que nos hace descubrir en \u00e9l a nuestro Padre, de cuya carne somos carne. El amor nos hace personalizar al todo de que formamos parte.<\/p>\n<p>En el fondo lo mismo da decir que Dios est\u00e1 produciendo eternamente las cosas como que las cosas est\u00e1n produciendo eternamente a Dios. Y la creencia en un Dios personal y espiritual se basa en la creencia en nuestra propia personalidad y espiritualidad.<\/p>\n<p>Porque nos sentimos conciencia, sentimos a Dios conciencia, es decir, persona; y porque anhelamos que nuestra conciencia pueda vivir y ser independiente del cuerpo, creemos que la persona divina vive y es independientemente del Universo, que es su estado de conciencia <em>ad extra<\/em>.<\/p>\n<p>Claro es que vendr\u00e1n los l\u00f3gicos y nos pondr\u00e1n todas las evidentes dificultades racionales que de esto nacen; pero ya dijimos que, aunque bajo formas racionales, el contenido de todo esto no es, en rigor, racional. Toda concepci\u00f3n racional de Dios es en s\u00ed misma contradictoria.<\/p>\n<p>La fe en Dios nace del amor a Dios; creemos que existe por querer que exista, y nace acaso tambi\u00e9n del amor de Dios a nosotros. La raz\u00f3n no nos prueba que Dios exista, pero tampoco que no pueda existir. Pero m\u00e1s adelante, m\u00e1s sobre esto de que la fe en Dios sea la personalizaci\u00f3n del Universo.<\/p>\n<p>Y recordando lo que en otra parte de esta obra dijimos, podemos decir que las cosas materiales, en cuanto conocidas, brotan al conocimiento desde el hambre, y del hambre brota el Universo sensible o material en que las conglobamos; y las cosas ideales brotan del amor, y del amor brota Dios, en quien esas cosas ideales conglobamos como en Conciencia del Universo.<\/p>\n<p>Es la conciencia social, hija del amor, del instinto de perpetuaci\u00f3n, la que nos lleva a socializarlo todo, a ver en todo sociedad, y nos muestra, por \u00faltimo, cu\u00e1n de veras es una Sociedad infinita la Naturaleza toda.<\/p>\n<p>Y por lo que a m\u00ed hace, he sentido que la Naturaleza es sociedad cientos de veces, al pasearme en un bosque y tener el sentimiento de solidaridad con las encinas que de alguna oscura manera se daban sentido de mi presencia.<\/p>\n<p>La fantas\u00eda, que es el sentido social, anima lo inanimado, lo antropomorfiza todo; todo lo humaniza, y aun lo humana. Y la labor del hombre es sobrenaturalizar a la Naturaleza, esto es: divinizarla humaniz\u00e1ndola, hacerla humana, ayudarla a que se concientice, en fin.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n, por su parte, mecaniza o materializa. Y as\u00ed como se dan unidos y fecund\u00e1ndose mutuamente el individuo \u2014que es, en cierto modo, sociedad\u2014 y la sociedad \u2014que es tambi\u00e9n un individuo\u2014, inseparables el uno del otro, y sin que nos quepa decir d\u00f3nde empieza el uno para acabar el otro, siendo m\u00e1s bien aspectos de una misma esencia; as\u00ed se dan en uno el esp\u00edritu, el elemento social que, al relacionarnos con los dem\u00e1s, nos hace conscientes, y la materia o elemento individual e individuante; y se dan en uno, fecund\u00e1ndose mutuamente, la raz\u00f3n, la inteligencia y la fantas\u00eda; y en uno se dan el Universo y Dios.<\/p>\n<p>\u00bfEs esto todo verdad? \u00bfY qu\u00e9 es verdad? \u2014preguntar\u00e9 a mi vez como pregunt\u00f3 Pilato\u2014. Pero no para volver a lavarme las manos sin esperar respuesta.<\/p>\n<p>\u00bfEst\u00e1 la verdad en la raz\u00f3n, o sobre la raz\u00f3n, o bajo la raz\u00f3n, o fuera de ella, de un modo cualquiera? \u00bfEs solo verdadero lo racional? \u00bfNo habr\u00e1 realidad inasequible, por su naturaleza misma, a la raz\u00f3n, y acaso, por su misma naturaleza, opuesta a ella? \u00bfY c\u00f3mo conocer esa realidad si es que solo por la raz\u00f3n conocemos?<\/p>\n<p>Nuestro deseo de vivir, nuestra necesidad de vida, quisiera que fuese verdadero lo que nos hace conservarnos y perpetuarnos, lo que mantiene al hombre y a la sociedad; que fuese verdadera agua el l\u00edquido que, bebido, apaga la sed, y porque la apaga; y pan verdadero lo que nos quita el hambre, porque nos la quita.<\/p>\n<p>Los sentidos est\u00e1n al servicio del instinto de conservaci\u00f3n, y cuanto nos satisfaga esta necesidad de conservarnos, aun sin pasar por los sentidos, es a modo de una penetraci\u00f3n \u00edntima de la realidad en nosotros.<\/p>\n<p>\u00bfEs acaso menos real el proceso de asimilaci\u00f3n del alimento que el proceso de conocimiento de la cosa alimenticia? Se dir\u00e1 que comerse un pan no es lo mismo que verlo, tocarlo o gustarlo; que de un modo entra en nuestro cuerpo, mas no por eso en nuestra conciencia.<\/p>\n<p>\u00bfEs verdad esto? \u00bfEl pan que he hecho carne y sangre m\u00eda no entra m\u00e1s en mi conciencia que aquel otro al que, viendo y tocando, digo: \u00abEsto es m\u00edo\u00bb? Y a ese pan as\u00ed convertido en mi carne y sangre y hecho m\u00edo, \u00bfhe de negarle la realidad objetiva cuando solo lo toco? Hay quien vive del aire sin conocerlo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed vivimos de Dios y en Dios acaso, en Dios esp\u00edritu y conciencia de la sociedad y del Universo todo, en cuanto este tambi\u00e9n es sociedad. Dios no es sentido sino en cuanto es vivido, y no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de \u00c9l (<em>Mat.<\/em>, IV, 4; <em>Deut.<\/em>, VIII, 3).<\/p>\n<p>Y esta personalizaci\u00f3n del todo, del Universo, a que nos lleva el amor, la compasi\u00f3n, es la de una persona que abarca y encierra en s\u00ed a las dem\u00e1s personas que la componen. Es el \u00fanico modo de dar al Universo finalidad d\u00e1ndole conciencia. Porque donde no hay conciencia no hay tampoco finalidad, que supone un prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Y la fe en Dios no estriba, como veremos, sino en la necesidad vital de dar finalidad a la existencia, de hacer que responda a un prop\u00f3sito. No para comprender el porqu\u00e9, sino para sentir y sustentar el para qu\u00e9 \u00faltimo, necesitamos a Dios: para dar sentido al Universo.<\/p>\n<p>Y tampoco debe extra\u00f1ar que se diga que esa conciencia del Universo est\u00e9 compuesta e integrada por las conciencias de los seres que el Universo forman, por la conciencia personal distinta de las que la componen. Solo as\u00ed se comprende lo de que en Dios seamos, nos movamos y vivamos.<\/p>\n<p>Aquel gran visionario que fue Manuel Swedenborg vio o entrevi\u00f3 esto cuando en su libro sobre el cielo y el infierno (<em>De Coelo et Inferno<\/em>, 52) nos dice que: \u00abUna entera sociedad ang\u00e9lica aparece a las veces en forma de un solo \u00e1ngel, como el Se\u00f1or me ha permitido ver. Cuando el Se\u00f1or mismo aparece en medio de los \u00e1ngeles, no lo hace acompa\u00f1ado de una multitud, sino como un solo ser en forma ang\u00e9lica. De aqu\u00ed que en la Palabra se le llama al Se\u00f1or un \u00e1ngel, y que as\u00ed es llamada una sociedad entera: Miguel, Gabriel y Rafael no son sino sociedades ang\u00e9licas as\u00ed llamadas por las funciones que llenan.\u00bb<\/p>\n<p>\u00bfNo es que acaso vivimos y amamos, esto es, sufrimos y compadecemos en esa Gran Persona envolvente a todos, las personas todas que sufrimos y compadecemos y los seres todos que luchan por personalizarse, por adquirir conciencia de su dolor y de su limitaci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00bfY no somos acaso ideas de esa Gran Conciencia total, que al pensarnos existentes nos da la existencia? \u00bfNo es nuestro existir ser por Dios percibidos y sentidos?<\/p>\n<p>Y m\u00e1s adelante nos dice este mismo visionario, a su manera imaginativa, que cada \u00e1ngel, cada sociedad de \u00e1ngeles y el cielo todo contemplado de consuno se presentan en forma humana, y que por virtud de esta su humana forma lo rige el Se\u00f1or como a un solo hombre.<\/p>\n<p>\u00abDios no piensa, crea; no existe, es eterno\u00bb, escribi\u00f3 Kierkegaard (<em>Afsluttende uvidenskabelig Efterskrift<\/em>); pero es acaso m\u00e1s exacto decir con Mazzini, el m\u00edstico de la ciudad italiana, que \u00abDios es grande porque piensa obrando\u00bb (<em>Ai giovani d\u2019Italia<\/em>), porque en \u00c9l pensar es crear y hacer existir a aquello que piensa existente con solo pensarlo, y es lo imposible lo impensable por Dios.<\/p>\n<p>\u00bfNo se dice en la Escritura que Dios crea con su palabra, es decir, con su pensamiento, y que por este, por su Verbo, se hizo cuanto existe? \u00bfY olvida Dios lo que una vez hubo pensado? \u00bfNo subsisten acaso en la Suprema Conciencia los pensamientos todos que por ella pasan una vez? En \u00c9l, que es eterno, \u00bfno se eterniza toda existencia?<\/p>\n<p>Es tal nuestro anhelo de salvar a la conciencia, de dar finalidad personal y humana al Universo y a la existencia, que hasta en un supremo, doloros\u00edsimo y desgarrador sacrificio llegar\u00edamos a o\u00edr que se nos dijese que, si nuestra conciencia se desvanece, es para ir a enriquecer la Conciencia infinita y eterna, que nuestras almas sirven de alimento al Alma Universal.<\/p>\n<p>Enriquezco, s\u00ed, a Dios, porque antes de yo existir no me pensaba como existente, porque soy uno m\u00e1s, uno m\u00e1s aunque sea entre infinitos, que, como habiendo vivido y sufrido y amado realmente, quedo en su seno.<\/p>\n<p>Es el furioso anhelo de dar finalidad al Universo, de hacerle consciente y personal, lo que nos ha llevado a creer en Dios, a querer que haya Dios, a crear a Dios, en una palabra. \u00a1A crearle, s\u00ed! Lo que no debe escandalizar se diga ni al m\u00e1s piadoso te\u00edsta. Porque creer en Dios es, en cierto modo, crearlo; aunque \u00c9l nos cree antes. Es \u00c9l quien en nosotros se crea de continuo a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Hemos creado a Dios para salvar al Universo de la nada, pues lo que no es conciencia y conciencia eterna, consciente de su eternidad y eternamente consciente, no es nada m\u00e1s que apariencia. Lo \u00fanico de veras real es lo que siente, sufre, compadece, ama y anhela; es la conciencia. Lo \u00fanico sustancial es la conciencia.<\/p>\n<p>Y necesitamos a Dios para salvar la conciencia; no para pensar la existencia, sino para vivirla; no para saber por qu\u00e9 y c\u00f3mo es, sino para sentir para qu\u00e9 es.<\/p>\n<p>El amor es un contrasentido si no hay Dios.<\/p>\n<p>Veamos ahora eso de Dios, lo del Dios l\u00f3gico o Raz\u00f3n Suprema, y lo del Dios bi\u00f3tico o cordial, esto es, el Amor Supremo.<\/p>\n<p><strong><em>VIII<br \/>\nDe Dios a Dios<\/em><\/strong><\/p>\n<p>No creo que sea violentar la verdad decir que el sentimiento religioso es sentimiento de divinidad, y que solo con violencia del corriente lenguaje humano puede hablarse de religi\u00f3n atea. Aunque es claro que todo depender\u00e1 del concepto que de Dios nos formemos. Concepto que depende a su vez del de divinidad.<\/p>\n<p>Convi\u00e9nenos, en efecto, comenzar por el sentimiento de divinidad, antes de mayusculizar el concepto de esta cualidad y, articul\u00e1ndola, convertirla en la Divinidad, esto es, en Dios. Porque el hombre ha ido a Dios por lo divino, m\u00e1s bien que ha deducido lo divino de Dios.<\/p>\n<p>Ya antes, en el curso de estas algo errabundas y a la par insistentes reflexiones sobre el sentimiento tr\u00e1gico de la vida, record\u00e9 el <em>timor fecit deos<\/em> de Estacio para corregirlo y limitarlo. Ni es cosa de trazar una vez m\u00e1s el proceso hist\u00f3rico por que los pueblos han llegado al sentimiento y al concepto de un Dios personal como el del cristianismo. Y digo los pueblos y no los individuos aislados, porque si hay sentimiento y concepto colectivo, social, es el de Dios, aunque el individuo lo individualice luego.<\/p>\n<p>La filosof\u00eda puede tener, y de hecho tiene, un origen individual; la teolog\u00eda es necesariamente colectiva.<\/p>\n<p>La doctrina de Schleiermacher, que pone el origen, o m\u00e1s bien la esencia del sentimiento religioso, en el inmediato y sencillo sentimiento de dependencia, parece ser la explicaci\u00f3n m\u00e1s profunda y exacta.<\/p>\n<p>El hombre primitivo, viviendo en sociedad, se siente depender de misteriosas potencias que invisiblemente le rodean; se siente en comuni\u00f3n social, no solo con sus semejantes, los dem\u00e1s hombres, sino con la Naturaleza toda, animada e inanimada, lo que no quiere decir otra cosa sino que lo personaliza todo.<\/p>\n<p>No solo tiene \u00e9l conciencia del mundo, sino que se imagina que el mundo tiene tambi\u00e9n conciencia como \u00e9l. Lo mismo que un ni\u00f1o habla a su perro o a su mu\u00f1eco, cual si le entendiesen, cree el salvaje que lo oye su fetiche o que la nube tormentosa se acuerda de \u00e9l y le persigue.<\/p>\n<p>Y es que el esp\u00edritu del hombre natural, primitivo, no se ha desplacentado todav\u00eda de la Naturaleza, ni ha marcado el lindero entre el sue\u00f1o y la vigilia, entre la realidad y la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No fue, pues, lo divino algo objetivo, sino la subjetividad de la conciencia proyectada hacia fuera, la personalizaci\u00f3n del mundo. El concepto de divinidad surgi\u00f3 del sentimiento de ella, y el sentimiento de divinidad no es sino el mismo oscuro y naciente sentimiento de personalidad vertido a lo de fuera.<\/p>\n<p>Ni cabe en rigor decir fuera y dentro, objetivo y subjetivo, cuando tal distinci\u00f3n no era sentida, y siendo como es de esa distinci\u00f3n de donde el sentimiento y el concepto de divinidad proceden. Cuanto m\u00e1s clara la conciencia de la distinci\u00f3n entre lo objetivo y lo subjetivo, tanto m\u00e1s oscuro el sentimiento de divinidad en nosotros.<\/p>\n<p>Hase dicho, y al parecer con entera raz\u00f3n, que el paganismo hel\u00e9nico es, m\u00e1s bien que polite\u00edsta, pante\u00edsta. La creencia en muchos dioses, tomando el concepto de Dios como hoy le tomamos, no s\u00e9 que haya existido en cabeza humana. Y si por pante\u00edsmo se entiende la doctrina, no de que todo y cada cosa es Dios \u2014proposici\u00f3n para m\u00ed indispensable\u2014, sino de que todo es divino, sin gran violencia cabe decir que el paganismo era polite\u00edsta.<\/p>\n<p>Los dioses no solo se mezclaban entre los hombres, sino que se mezclaban con ellos; engendraban los dioses en mujeres mortales, y los hombres mortales engendraban en las diosas a semidioses. Y si hay semidioses, esto es, semihombres, es tan solo porque lo divino y lo humano eran caras de una misma realidad.<\/p>\n<p>La divinizaci\u00f3n de todo no era sino su humanizaci\u00f3n. Y decir que el Sol era un dios equival\u00eda a decir que era un hombre, una conciencia humana m\u00e1s o menos agrandada y sublimada. Y esto vale desde el fetichismo hasta el paganismo hel\u00e9nico.<\/p>\n<p>En lo que propiamente se distingu\u00edan los dioses de los hombres era en que aquellos eran inmortales. Un dios ven\u00eda a ser un hombre inmortal, y divinizar a un hombre, considerarle como a un dios, era estimar que, en rigor, al morirse no hab\u00eda muerto. De ciertos h\u00e9roes se cre\u00eda que fueron vivos al reino de los muertos.<\/p>\n<p>Y este es un punto important\u00edsimo para estimar el valor de lo divino.<\/p>\n<p>En aquellas rep\u00fablicas de dioses hab\u00eda siempre alg\u00fan dios m\u00e1ximo, alg\u00fan verdadero monarca. La monarqu\u00eda divina fue la que, por el monocultismo, llev\u00f3 a los pueblos al monote\u00edsmo. Monarqu\u00eda y monote\u00edsmo son, pues, cosas gemelas. Zeus, J\u00fapiter, iba en camino de convertirse en dios \u00fanico, como en dios \u00fanico, primero del pueblo de Israel, despu\u00e9s de la humanidad y, por \u00faltimo, del Universo todo, se convirti\u00f3 Yav\u00e9, que empez\u00f3 siendo uno de entre tantos dioses.<\/p>\n<p>Como la monarqu\u00eda, tuvo el monote\u00edsmo un origen guerrero.<\/p>\n<p>\u00abEs en la marcha y en tiempo de guerra \u2014dice Robertson Smith, <em>The Prophets of Israel<\/em>, lect. I\u2014 cuando un pueblo n\u00f3mada siente la instante necesidad de una autoridad central, y as\u00ed ocurri\u00f3 que en los primeros comienzos de la organizaci\u00f3n nacional en torno al santuario del arca, Israel se crey\u00f3 la hueste de Jehov\u00e1. El nombre mismo de Israel es marcial y significa \u201cDios pelea\u201d, y Jehov\u00e1 es en el Viejo Testamento <em>Iahw\u00e9 Zebah\u00f3t<\/em>, el Jehov\u00e1 de los ej\u00e9rcitos de Israel. Era en el campo de batalla donde se sent\u00eda m\u00e1s claramente la presencia de Jehov\u00e1; pero en las naciones primitivas, el caudillo de tiempo de guerra es tambi\u00e9n juez natural en tiempo de paz.\u00bb<\/p>\n<p>Dios, el Dios \u00fanico, surgi\u00f3, pues, del sentimiento de divinidad en el hombre como Dios guerrero, mon\u00e1rquico y social. Se revel\u00f3 al pueblo, no a cada individuo. Fue el Dios de un pueblo y exig\u00eda celoso se le rindiese culto a \u00e9l solo, y de este monocultismo se pas\u00f3 al monote\u00edsmo, en gran parte por la acci\u00f3n individual, m\u00e1s filos\u00f3fica acaso que teol\u00f3gica, de los profetas.<\/p>\n<p>Fue, en efecto, la actividad individual de los profetas lo que individualiz\u00f3 la divinidad. Sobre todo al hacerla \u00e9tica.<\/p>\n<p>Y de este Dios surgido as\u00ed en la conciencia humana a partir del sentimiento de divinidad apoder\u00f3se luego la raz\u00f3n, esto es, la filosof\u00eda, y tendi\u00f3 a definirlo, a convertirlo en idea. Porque definir algo es idealizarlo, para lo cual hay que prescindir de su elemento inconmensurable o irracional, de su fondo vital.<\/p>\n<p>Y el Dios sentido, la divinidad sentida como persona y conciencia \u00fanica fuera de nosotros, aunque envolvi\u00e9ndonos y sosteni\u00e9ndonos, se convirti\u00f3 en la idea de Dios.<\/p>\n<p>El Dios l\u00f3gico, racional, el <em>ens summum<\/em>, el <em>primum movens<\/em>, el Ser Supremo de la filosof\u00eda teol\u00f3gica, aquel a que se llega por los tres famosos caminos de negaci\u00f3n, eminencia y causalidad \u2014<em>viae negationis, eminentiae, causalitatis<\/em>\u2014, no es m\u00e1s que una idea de Dios, algo muerto.<\/p>\n<p>Las tradicionales y tantas veces debatidas pruebas de su existencia no son, en el fondo, sino un intento vano de determinar su esencia; porque, como hac\u00eda muy bien notar Vinet, la existencia se saca de la esencia; y decir que Dios existe, sin decir qu\u00e9 es Dios y c\u00f3mo es, equivale a no decir nada.<\/p>\n<p>Y este Dios, por eminencia y negaci\u00f3n o remoci\u00f3n de cualidades finitas, acaba por ser un Dios impensable, una pura idea, un Dios de quien, a causa de su excelencia misma ideal, podemos decir que no es nada, como ya defini\u00f3 Escoto Eri\u00fagena: <em>Deus propter excellentiam non immerito nihil vocatur<\/em>. O con frase del falso Dionisio Areopagita, en su ep\u00edstola 5: \u00abLa divina tiniebla es la luz inaccesible en la que se dice habita Dios.\u00bb<\/p>\n<p>El Dios antropom\u00f3rfico y sentido, al ir purific\u00e1ndose de atributos humanos, y como tales finitos, relativos y temporales, se evapora en el Dios del de\u00edsmo o del pante\u00edsmo.<\/p>\n<p>Las supuestas pruebas cl\u00e1sicas de la existencia de Dios, refiri\u00e9ndose todas a este Dios-Idea, a este Dios l\u00f3gico, al Dios por remoci\u00f3n, de aqu\u00ed que en rigor no prueben nada; es decir, no prueban m\u00e1s que la existencia de esa idea de Dios.<\/p>\n<p>Era yo un mozo que empezaba a inquietarme de estos eternos problemas cuando en cierto libro, de cuyo autor no quiero acordarme, le\u00ed esto: \u00abDios es una gran equis sobre la barrera \u00faltima de los conocimientos humanos; a medida que la ciencia avanza, la barrera se retira.\u00bb Y escrib\u00ed al margen: \u00abDe la barrera ac\u00e1, todo se explica sin \u00c9l; de la barrera all\u00e1, ni con \u00c9l ni sin \u00c9l; Dios, por lo tanto, sobra.\u00bb<\/p>\n<p>Y respecto al Dios-Idea, al de las pruebas, sigo en la misma sentencia.<\/p>\n<p>Atrib\u00fayese a Laplace la frase de que no hab\u00eda necesitado de la hip\u00f3tesis de Dios para construir su sistema del origen del Universo, y as\u00ed es muy cierto. La idea de Dios en nada nos ayuda para comprender mejor la existencia, la esencia y la finalidad del Universo.<\/p>\n<p>No es m\u00e1s concebible el que haya un Ser Supremo infinito, absoluto y eterno, cuya esencia desconocemos, que haya creado el Universo, que el que la base material del Universo mismo, su materia, sea eterna, infinita y absoluta. En nada comprendemos mejor la existencia del mundo con decirnos que lo cre\u00f3 Dios. Es una petici\u00f3n de principio o una soluci\u00f3n meramente verbal para encubrir nuestra ignorancia.<\/p>\n<p>En rigor, deducimos la existencia del Creador del hecho de que lo creado existe, y no se justifica racionalmente la existencia de Aquel; de un hecho no se saca una necesidad, o es necesario todo.<\/p>\n<p>Y si del modo de ser del Universo pasamos a lo que se llama orden, y que se supone necesita un ordenador, cabe decir que orden es lo que hay, y no concebimos otro. La prueba esa del orden del Universo implica un paso del orden ideal al real, un proyectar nuestra mente fuera, un suponer que la explicaci\u00f3n racional de una cosa produce la cosa misma.<\/p>\n<p>El arte humano, aleccionado por la Naturaleza, tiene un hacer consciente con que comprende el modo de hacer, y luego trasladamos este hacer art\u00edstico y consciente a una conciencia de un artista, que no se sabe de qu\u00e9 Naturaleza aprendi\u00f3 su arte.<\/p>\n<p>La comparaci\u00f3n ya cl\u00e1sica con el reloj y el relojero es inaplicable a un Ser absoluto, infinito y eterno. Es, adem\u00e1s, otro modo de no explicar nada. Porque decir que el mundo es como es y no de otro modo porque Dios as\u00ed lo hizo, mientras no sepamos por qu\u00e9 raz\u00f3n lo hizo as\u00ed, es no decir nada. Y si sabemos la raz\u00f3n de haberlo as\u00ed hecho Dios, este sobra, y la raz\u00f3n basta.<\/p>\n<p>Si todo fuera matem\u00e1ticas, si no hubiese elemento irracional, no se habr\u00eda acudido a esa explicaci\u00f3n de un Sumo Ordenador, que no es sino la raz\u00f3n de lo irracional y otra tapadera de nuestra ignorancia.<\/p>\n<p>Y no hablemos de aquella rid\u00edcula ocurrencia de que, echando al azar caracteres de imprenta, no puede salir compuesto el <em>Quijote<\/em>. Saldr\u00eda compuesta cualquier otra cosa que llegar\u00eda a ser un <em>Quijote<\/em> para los que a ella tuviesen que atenerse y en ella se formasen y formaran parte de ella.<\/p>\n<p>Esa ya cl\u00e1sica supuesta prueba red\u00facese, en el fondo, a hipostatizar o sustantivar la explicaci\u00f3n o raz\u00f3n de un fen\u00f3meno; a decir que la Mec\u00e1nica hace el movimiento, la Biolog\u00eda la vida, la Filolog\u00eda el lenguaje, la Qu\u00edmica los cuerpos, sin m\u00e1s que mayusculizar la ciencia y convertirla en una potencia distinta de los fen\u00f3menos de que la extraemos y distinta de nuestra mente que la extrae.<\/p>\n<p>Pero a ese Dios as\u00ed obtenido, y que no es sino la raz\u00f3n hipostatizada y proyectada al infinito, no hay manera de sentirlo como algo vivo y real, y ni aun de concebirlo sino como una mera idea que con nosotros morir\u00e1.<\/p>\n<p>Preg\u00fantase, por otra parte, si una cosa cualquiera imaginada, pero no existente, no existe porque Dios no lo quiere, o no lo quiere Dios porque no existe; y respecto a lo imposible, si es que no puede ser porque Dios as\u00ed lo quiere, o no lo quiere Dios porque ello en s\u00ed y por su absurdo mismo no puede ser.<\/p>\n<p>Dios tiene que someterse a la ley l\u00f3gica de contradicci\u00f3n, y no puede hacer, seg\u00fan los te\u00f3logos, que dos m\u00e1s dos hagan m\u00e1s o menos que cuatro. La ley de la necesidad est\u00e1 sobre \u00c9l o es \u00c9l mismo.<\/p>\n<p>Y en el orden moral se pregunta si la mentira, o el homicidio, o el adulterio son malos porque as\u00ed lo estableci\u00f3, o si lo estableci\u00f3 as\u00ed porque ello es malo. Si lo primero, Dios o es un Dios caprichoso y absurdo que establece una ley pudiendo haber establecido otra, u obedece a una naturaleza y esencia intr\u00ednseca de las cosas mismas, independiente de \u00c9l, es decir, de su voluntad soberana; y si es as\u00ed, si obedece a una raz\u00f3n de ser de las cosas, esta raz\u00f3n, si la conoci\u00e9semos, nos bastar\u00eda sin necesidad alguna de m\u00e1s Dios, y no conoci\u00e9ndola, ni Dios tampoco nos aclara nada. Esa raz\u00f3n estar\u00eda sobre Dios.<\/p>\n<p>Ni vale decir que esa raz\u00f3n es Dios mismo, raz\u00f3n suprema de las cosas. Una raz\u00f3n as\u00ed, necesaria, no es algo personal. La personalidad la da la voluntad. Y es este problema de las relaciones entre la raz\u00f3n necesariamente necesaria de Dios y su voluntad necesariamente libre lo que har\u00e1 siempre del Dios l\u00f3gico o aristot\u00e9lico un Dios contradictorio.<\/p>\n<p>Los te\u00f3logos escol\u00e1sticos no han sabido nunca desenredarse de las dificultades en que se ve\u00edan metidos al tratar de conciliar la libertad humana con la presciencia divina y el conocimiento que Dios tiene de lo futuro contingente y libre; y es porque, en rigor, el Dios racional es completamente inaplicable a lo contingente, pues que la noci\u00f3n de contingencia no es, en el fondo, sino la noci\u00f3n de irracionalidad.<\/p>\n<p>El Dios racional es forzosamente necesario en su ser y en su obrar; no puede hacer en cada caso sino lo mejor, y no cabe que haya varias cosas igualmente mejores, pues entre infinitas posibilidades solo hay una que sea la m\u00e1s acomodada a su fin, como entre las infinitas l\u00edneas que pueden trazarse de un punto a otro solo hay una recta. Y el Dios racional, el Dios de la raz\u00f3n, no puede menos sino seguir en cada caso la l\u00ednea recta, la m\u00e1s conducente al fin que se propone, fin necesario, como es necesaria la \u00fanica recta direcci\u00f3n que a \u00e9l conduce.<\/p>\n<p>Y as\u00ed la divinidad de Dios es sustituida por su necesidad. Y en la necesidad de Dios perece su voluntad libre, es decir, su personalidad consciente.<\/p>\n<p>El Dios que anhelamos, el Dios que ha de salvar nuestra alma de la nada, el Dios inmortalizador, tiene que ser un Dios arbitrario. Y es que Dios no puede ser Dios porque piensa, sino porque obra, porque crea; no es un Dios contemplativo, sino activo.<\/p>\n<p>Un Dios Raz\u00f3n, un Dios te\u00f3rico o contemplativo, como es el Dios este del racionalismo teol\u00f3gico, es un Dios que se diluye en su propia contemplaci\u00f3n. A este Dios corresponde, como veremos, la visi\u00f3n beat\u00edfica como expresi\u00f3n suprema de la felicidad eterna. Un Dios quietista, en fin, como es quietista por su esencia misma la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Queda la otra famosa prueba, la del consentimiento, supuestamente un\u00e1nime, de los pueblos todos en creer en un Dios. Pero esta prueba no es en rigor racional ni a favor del Dios racional que explica el Universo, sino del Dios cordial que nos hace vivir.<\/p>\n<p>Solo podr\u00edamos llamarla racional en el caso de que crey\u00e9semos que la raz\u00f3n es el consentimiento, m\u00e1s o menos un\u00e1nime, de los pueblos, el sufragio universal; en el caso de que hici\u00e9semos raz\u00f3n a la <em>vox populi<\/em> que se dice <em>vox Dei<\/em>. As\u00ed lo cre\u00eda aquel tr\u00e1gico y ardiente Lamennais, el que dijo que la vida y la verdad no son sino una sola y misma cosa \u2014\u00a1ojal\u00e1!\u2014, y que declar\u00f3 a la raz\u00f3n una, universal, perpetua y santa (<em>Essai sur l\u2019indiff\u00e9rence<\/em>, IV parte, cap. XIII).<\/p>\n<p>Y glos\u00f3 el \u00abo hay que creer a todos o a ninguno\u00bb \u2014<em>aut omnibus credendum est aut nemini<\/em>\u2014, de Lactancio, y aquello de Her\u00e1clito de que toda opini\u00f3n individual es falible, y lo de Arist\u00f3teles de que la m\u00e1s fuerte prueba es el consentimiento de los hombres todos, y sobre todo lo de Plinio (<em>Paneg. Trajani<\/em>, LXII) de que ni enga\u00f1a uno a todos ni todos a uno \u2014<em>nemo omnes, neminem omnes fefellerunt<\/em>. \u00a1Ojal\u00e1!<\/p>\n<p>Y as\u00ed se acaba en lo de Cicer\u00f3n (<em>De natura deorum<\/em>, lib. III, cap. 11, 5 y 6) de que hay que creer a nuestros mayores, aun sin que nos den razones: <em>maioribus autem nostris, etiam nulla ratione reddita, credere<\/em>.<\/p>\n<p>S\u00ed, supongamos que es universal y constante esa opini\u00f3n de los antiguos que nos dice que lo divino penetra a la Naturaleza toda, y que sea un dogma paternal, <em>patrios doxa<\/em>, como dice Arist\u00f3teles (<em>Metaphysica<\/em>, lib. VII, cap. VII); eso probar\u00eda solo que hay un motivo que lleva a los pueblos y los individuos \u2014sean todos o casi todos o muchos\u2014 a creer en un Dios.<\/p>\n<p>Pero \u00bfno es que hay acaso ilusiones y falacias que se fundan en la naturaleza misma humana? \u00bfNo empiezan los pueblos todos por creer que el Sol gira en torno de ellos? \u00bfY no es natural que propendamos todos a creer lo que satisface nuestro anhelo?<\/p>\n<p>\u00bfDiremos con W. Herrmann \u2014v\u00e9ase <em>Christliche systematische Dogmatik<\/em>, en el tomo <em>Systematische christliche Religion<\/em>, de la colecci\u00f3n <em>Die Kultur der Gegenwart<\/em>, editada por P. Hinneberg\u2014 \u00abque si hay un Dios, no se ha dejado sin indic\u00e1rsenos de alg\u00fan modo, y quiere ser hallado por nosotros\u00bb? Piadoso deseo, sin duda, pero no raz\u00f3n en su estricto sentido, como no le apliquemos la sentencia agustiniana, que tampoco es raz\u00f3n, de \u00abpues que me buscas, es que me encontraste\u00bb, creyendo que es Dios quien hace que le busquemos.<\/p>\n<p>Este famoso argumento del consentimiento supuesto un\u00e1nime de los pueblos, que es el que con un seguro instinto m\u00e1s emplearon los antiguos, no es, en el fondo, y trasladado de la colectividad al individuo, sino la llamada prueba moral, la que Kant, en su <em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica<\/em>, emple\u00f3; la que se saca de nuestra conciencia \u2014o m\u00e1s bien de nuestro sentimiento de la divinidad\u2014 y que no es una prueba estricta y espec\u00edficamente racional, sino vital.<\/p>\n<p>Y no puede ser aplicada al Dios l\u00f3gico, al <em>ens summum<\/em>, al Ser simplic\u00edsimo y abstract\u00edsimo, al primer motor inm\u00f3vil e impasible, al Dios Raz\u00f3n, en fin, que ni sufre ni anhela, sino al Dios bi\u00f3tico, al ser complej\u00edsimo y concret\u00edsimo, al Dios paciente que sufre y anhela en nosotros y con nosotros, al Padre de Cristo, al que no se puede ir sino por el Hombre, por su Hijo \u2014v\u00e9ase Juan, XIV, 6\u2014, y cuya revelaci\u00f3n es hist\u00f3rica, o si se quiere, anecd\u00f3tica, pero no filos\u00f3fica ni categ\u00f3rica.<\/p>\n<p>El consentimiento un\u00e1nime \u2014\u00a1supong\u00e1mosle as\u00ed!\u2014 de los pueblos, o sea el universal anhelo de las almas todas humanas que llegaron a la conciencia de su humanidad, que quiere ser fin y sentido del Universo; ese anhelo, que no es sino aquella esencia misma del alma, que consiste en su conato por persistir eternamente y porque no se rompa la continuidad de la conciencia, nos lleva al Dios humano, antropom\u00f3rfico, proyecci\u00f3n de nuestra conciencia a la Conciencia del Universo; al Dios que da finalidad y sentido humanos al Universo, y que no es el <em>ens summum<\/em>, el <em>primum movens<\/em>, ni el creador del Universo, no es la Idea-Dios.<\/p>\n<p>Es un Dios vivo, subjetivo \u2014pues que no es sino la subjetividad objetivada o la personalidad universalizada\u2014, que es m\u00e1s que mera idea, y antes que raz\u00f3n es voluntad. Dios es Amor, esto es, Voluntad. La raz\u00f3n, el Verbo, deriva de \u00c9l; pero \u00c9l, el Padre, es, ante todo, Voluntad.<\/p>\n<p>\u00abNo cabe duda alguna \u2014escribe Ritschl (<em>Rechtfertigung und Vers\u00f6hnung<\/em>, III, cap. V)\u2014 de que la personalidad espiritual de Dios es estimada muy imperfectamente en la antigua teolog\u00eda al limitarla a las funciones de conocer y querer. La concepci\u00f3n religiosa no puede menos de aplicar a Dios tambi\u00e9n el atributo del sentimiento espiritual. Pero la antigua teolog\u00eda aten\u00edase a la impresi\u00f3n de que el sentimiento y el afecto son notas de una personalidad limitada y creada, y transformaba la concepci\u00f3n de la felicidad de Dios, verbigracia, en el eterno conocerse a s\u00ed mismo, y la del odio en el habitual prop\u00f3sito de castigar el pecado.\u00bb<\/p>\n<p>S\u00ed, aquel Dios l\u00f3gico, obtenido <em>via negationis<\/em>, era un Dios que, en rigor, ni amaba ni odiaba, porque ni gozaba ni sufr\u00eda; un Dios sin pena ni gloria, inhumano, y su justicia una justicia racional o matem\u00e1tica, esto es, una injusticia.<\/p>\n<p>Los atributos del Dios vivo, del Padre de Cristo, hay que deducirlos de su revelaci\u00f3n hist\u00f3rica en el Evangelio y en la conciencia de cada uno de los creyentes cristianos, y no de razonamientos metaf\u00edsicos que solo llevan al Dios-Nada de Escoto Eri\u00fagena, al Dios racional o pante\u00edstico, al Dios ateo, en fin, a la Divinidad despersonalizada.<\/p>\n<p>Y es que al Dios vivo, al Dios humano, no se llega por camino de raz\u00f3n, sino por camino de amor y de sufrimiento. La raz\u00f3n nos aparta m\u00e1s bien de \u00c9l. No es posible conocerle para luego amarle; hay que empezar por amarle, por anhelarle, por tener hambre de \u00c9l, antes de conocerle.<\/p>\n<p>El conocimiento de Dios procede del amor a Dios, y es un conocimiento que poco o nada tiene de racional. Porque Dios es indefinible. Querer definir a Dios es pretender limitarlo en nuestra mente; matarlo. En cuanto tratamos de definirlo, nos surge la nada.<\/p>\n<p>La idea de Dios de la pretendida teodicea racional no es m\u00e1s que una hip\u00f3tesis, como, por ejemplo, la idea del \u00e9ter. Este, el \u00e9ter, en efecto, no es sino una entidad supuesta, y que no tiene valor sino en cuanto explica lo que por ella tratamos de explicarnos: la luz, o la electricidad, o la gravitaci\u00f3n universal, y solo en cuanto no se puedan explicar estos hechos de otro modo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, la idea de Dios es una hip\u00f3tesis tambi\u00e9n, que solo tiene valor en cuanto con ella nos explicamos lo que tratamos con ella de explicarnos: la existencia y esencia del Universo, y mientras no se expliquen mejor de otro modo. Y como en realidad no nos explicamos ni mejor ni peor con esa idea que sin ella, la idea de Dios, suprema petici\u00f3n de principio, marra.<\/p>\n<p>Pero si el \u00e9ter no es sino una hip\u00f3tesis para explicar la luz, el aire, en cambio, es una cosa inmediatamente sentida; y aunque con \u00e9l no nos explic\u00e1semos el sonido, tendr\u00edamos siempre su sensaci\u00f3n directa, sobre todo la de su falta, en momentos de ahogo, de hambre de aire.<\/p>\n<p>Y de la misma manera, Dios mismo, no ya la idea de Dios, puede llegar a ser una realidad inmediatamente sentida; y aunque no nos expliquemos con su idea ni la existencia ni la esencia del Universo, tenemos a las veces el sentimiento directo de Dios, sobre todo en los momentos de ahogo espiritual.<\/p>\n<p>Y este sentimiento \u2014obs\u00e9rvese bien, porque en esto estriba todo lo tr\u00e1gico de \u00e9l y el sentimiento tr\u00e1gico de toda la vida\u2014 es un sentimiento de hambre de Dios, de carencia de Dios. Creer en Dios es, en primera instancia, y como veremos, querer que haya Dios, no poder vivir sin \u00c9l.<\/p>\n<p>Mientras peregrin\u00e9 por los campos de la raz\u00f3n a busca de Dios, no pude encontrarle, porque la idea de Dios no me enga\u00f1aba, ni pude tomar por Dios a una idea; y fue entonces, cuando erraba por los p\u00e1ramos del racionalismo, cuando me dije que no debemos buscar m\u00e1s consuelo que la verdad, llamando as\u00ed a la raz\u00f3n, sin que por eso me consolara.<\/p>\n<p>Pero al ir hundi\u00e9ndome en el escepticismo racional, de una parte, y en la desesperaci\u00f3n sentimental, de otra, se me encendi\u00f3 el hambre de Dios, y el ahogo de esp\u00edritu me hizo sentir, con su falta, su realidad. Y quise que haya Dios, que exista Dios.<\/p>\n<p>Y Dios no existe, sino que m\u00e1s bien sobreexiste, y est\u00e1 sustentando nuestra existencia existi\u00e9ndonos. Dios, que es el Amor, el Padre del Amor, es hijo del amor en nosotros.<\/p>\n<p>Hay hombres ligeros y exteriores, esclavos de la raz\u00f3n que nos exterioriza, que creen haber dicho algo con decir que, lejos de haber hecho Dios al hombre a su imagen y semejanza, es el hombre el que a su imagen y semejanza se hace sus dioses o su Dios, sin reparar, los muy livianos, que si esto segundo es, como realmente es, as\u00ed, se debe a que no es menos verdad lo primero.<\/p>\n<p>Dios y el hombre se hacen mutuamente, en efecto; Dios se hace o se revela en el hombre, y el hombre se hace en Dios. Dios se hizo a s\u00ed mismo, <em>Deus ipse se fecit<\/em>, dijo Lactancio (<em>Divinarum institutionum<\/em>, II, 8), y podemos decir que se est\u00e1 haciendo, y en el hombre y por el hombre.<\/p>\n<p>Y si cada cual de nosotros, en el empuje de su amor, en su hambre de divinidad, se imagina a Dios a su medida, y a su medida se hace Dios para \u00e9l, hay un Dios colectivo, social, humano, resultante de las imaginaciones todas humanas que le imaginan. Porque Dios es y se revela en la colectividad. Y es Dios la m\u00e1s rica y m\u00e1s personal concepci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Nos dijo el Maestro de divinidad que seamos perfectos como es perfecto nuestro Padre que est\u00e1 en los cielos (<em>Mat.<\/em>, V, 48), y en el orden de sentir y el pensar nuestra perfecci\u00f3n consiste en ahincarnos porque nuestra imaginaci\u00f3n llegue a la total imaginaci\u00f3n de la humanidad de que formamos, en Dios, parte.<\/p>\n<p>Conocida es la doctrina l\u00f3gica de la contraposici\u00f3n entre la extensi\u00f3n y la comprensi\u00f3n de un concepto, y c\u00f3mo a medida que la una crece, la otra mengua. El concepto m\u00e1s extenso y a la par menos comprensivo es el de ente o cosa, que abarca todo lo existente y no tiene m\u00e1s nota que la de ser; y el concepto m\u00e1s comprensivo y el menos extenso es el del Universo, que solo a s\u00ed mismo se aplica y comprende todas las notas existentes.<\/p>\n<p>Y el Dios l\u00f3gico o racional, el Dios obtenido por v\u00eda de negaci\u00f3n, el ente sumo, se sume, como realidad, en la nada, pues el ser puro y la pura nada, seg\u00fan ense\u00f1aba Hegel, se identifican. Y el Dios cordial o sentido, el Dios de los vivos, es el Universo mismo personalizado, es la conciencia del Universo. Un Dios universal y personal, muy otro que el Dios individual del r\u00edgido monote\u00edsmo metaf\u00edsico.<\/p>\n<p>Debo aqu\u00ed advertir una vez m\u00e1s c\u00f3mo opongo la individualidad a la personalidad, aunque se necesiten la una a la otra. La individualidad es, si puedo as\u00ed expresarme, el continente, y la personalidad el contenido; o podr\u00eda tambi\u00e9n decir, en un cierto sentido, que mi personalidad es mi comprensi\u00f3n, lo que comprendo y encierro en m\u00ed \u2014y que es de una cierta manera todo el Universo\u2014, y mi individualidad es mi extensi\u00f3n; lo uno, lo infinito m\u00edo, y lo otro, mi finito.<\/p>\n<p>Cien tinajas de fuerte casco de barro est\u00e1n vigorosamente individualizadas, pero pueden ser iguales y vac\u00edas, a lo sumo llenas del mismo l\u00edquido homog\u00e9neo, mientras que dos vejigas de membrana sutil\u00edsima, a trav\u00e9s de la cual se verifica activa \u00f3smosis y ex\u00f3smosis, pueden diferenciarse fuertemente y estar llenas de l\u00edquidos muy complejos. Y as\u00ed puede uno destacarse fuertemente de otros, en cuanto individuo, siendo como un crust\u00e1ceo espiritual, y ser pobr\u00edsimo de contenido diferencial.<\/p>\n<p>Y sucede m\u00e1s a\u00fan, y es que cuanta m\u00e1s personalidad tiene uno, cuanto mayor riqueza interior, cuanto m\u00e1s sociedad es en s\u00ed mismo, menos rudamente se divide de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Y de la misma manera, el r\u00edgido Dios del de\u00edsmo, del monote\u00edsmo aristot\u00e9lico, el <em>ens summum<\/em>, es un ser en quien la individualidad, o m\u00e1s bien la simplicidad, ahoga a la personalidad. La definici\u00f3n le mata, porque definir es poner fines, es limitar, y no cabe definir lo absolutamente indefinible. Carece ese Dios de riqueza interior; no es sociedad en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Y a esto obvi\u00f3 la revelaci\u00f3n vital con la creencia en la Trinidad, que hace de Dios una sociedad, y hasta una familia en s\u00ed, y no ya un puro individuo. El Dios de la fe es personal; es personal porque incluye tres personas, puesto que la personalidad no se siente aislada. Una persona aislada deja de serlo. \u00bfA qui\u00e9n, en efecto, amar\u00eda? Y si no ama, no es persona. Ni cabe amarse a s\u00ed mismo siendo simple y sin desdoblarse por el amor.<\/p>\n<p>Fue el sentir a Dios como al Padre lo que trajo consigo la fe en la Trinidad. Porque un Dios Padre no puede ser un Dios soltero, esto es, solitario. Un padre es siempre padre de familia.<\/p>\n<p>Y el sentir a Dios como padre ha sido una perenne sugesti\u00f3n a concebirlo, no ya antropom\u00f3rficamente, es decir, como a hombre \u2014<em>\u00e1nthropos<\/em>\u2014, sino androm\u00f3rficamente, como a var\u00f3n \u2014<em>an\u00e9r<\/em>. A Dios Padre, en efecto, conc\u00edbelo la imaginaci\u00f3n popular cristiana como a un var\u00f3n. Y es porque el hombre, <em>homo<\/em>, <em>\u00e1nthropos<\/em>, no se nos presenta sino como var\u00f3n, <em>vir<\/em>, <em>an\u00e9r<\/em>, o como mujer, <em>mulier<\/em>, <em>gyn\u00e9<\/em>. A lo que puede a\u00f1adirse el ni\u00f1o, que es neutro.<\/p>\n<p>Y de aqu\u00ed, para completar con la imaginaci\u00f3n la necesidad sentimental de un Dios hombre perfecto, esto es, familia, el culto al Dios Madre, a la Virgen Mar\u00eda, y el culto al ni\u00f1o Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El culto a la Virgen, en efecto, la mariolatr\u00eda, que ha ido poco a poco elevando en dignidad lo divino de la Virgen, hasta casi deificarla, no responde sino a la necesidad sentimental de que Dios sea hombre perfecto, de que entre la feminidad en Dios.<\/p>\n<p>Desde la expresi\u00f3n de Madre de Dios, <em>Theot\u00f3kos<\/em>, <em>de\u00edpara<\/em>, ha ido la piedad cat\u00f3lica exaltando a la Virgen Mar\u00eda hasta declararla corredentora y proclamar dogm\u00e1tica su concepci\u00f3n sin mancha de pecado original, lo que la pone ya entre la Humanidad y la Divinidad y m\u00e1s cerca de esta que de aquella.<\/p>\n<p>Y alguien ha manifestado su sospecha de que, con el tiempo, acaso se llegue a hacer de ella algo as\u00ed como una persona divina m\u00e1s. Y tal vez no por esto la Trinidad se convirtiese en Cuaternidad.<\/p>\n<p>Si <em>pneuma<\/em>, esp\u00edritu en griego, en vez de ser neutro fuese femenino, \u00bfqui\u00e9n sabe si no se hubiese hecho ya de la Virgen Mar\u00eda una encarnaci\u00f3n o humanizaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo? El texto del Evangelio seg\u00fan Lucas, en el vers\u00edculo 35 del cap\u00edtulo I, donde se narra la Anunciaci\u00f3n por el \u00e1ngel Gabriel, que le dice: \u00abEl Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti\u00bb, <em>pneuma h\u00e1gion epele\u00fasetai ep\u00ec se<\/em>, habr\u00eda bastado para una encendida piedad que sabe siempre plegar a sus deseos la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica. Y habr\u00edase hecho un trabajo dogm\u00e1tico paralelo al de la divinizaci\u00f3n de Jes\u00fas, el Hijo, y su identificaci\u00f3n con el Verbo.<\/p>\n<p>De todos modos, el culto a la Virgen, a lo eterno femenino, a la maternidad divina, acude a completar la personalizaci\u00f3n de Dios haci\u00e9ndole familia.<\/p>\n<p>En uno de mis libros (<em>Vida de Don Quijote y Sancho<\/em>, segunda parte, cap. LXVII) he dicho que \u00abDios era y es en nuestras mentes masculino. Su modo de juzgar y condenar a los hombres, modo de var\u00f3n, no de persona humana por encima de sexo; modo de Padre. Y para compensarlo hac\u00eda falta la Madre, la madre que perdona siempre, la madre que abre siempre los brazos al hijo cuando huye este de la mano levantada o del ce\u00f1o fruncido del irritado padre; la madre en cuyo regazo se busca como consuelo una oscura remembranza de aquella tibia paz de la inconsciencia que dentro de \u00e9l fue el alba que precedi\u00f3 a nuestro nacimiento y un dejo de aquella dulce leche que embalsam\u00f3 nuestros sue\u00f1os de inocencia; la madre que no conoce m\u00e1s justicia que el perd\u00f3n ni m\u00e1s ley que el amor. Nuestra pobre e imperfecta concepci\u00f3n de un Dios con largas barbas y voz de trueno, de un Dios que impone preceptos y pronuncia sentencias, de un Dios Amo de casa, <em>Pater familias<\/em> a la romana, necesitaba compensarse y completarse; y como en el fondo no podemos concebir al Dios personal y vivo, no ya por encima de rasgos humanos, mas ni aun por encima de rasgos varoniles, y menos un Dios neutro o hermafrodita, acudimos a darle un Dios femenino, y junto al Dios Padre hemos puesto a la Diosa Madre, a la que perdona siempre, porque como mira con amor ciego, ve siempre el fondo de la culpa y en ese fondo la justicia \u00fanica del perd\u00f3n\u2026\u00bb<\/p>\n<p>A lo que debo ahora a\u00f1adir que no solo no podemos concebir al Dios vivo y entero como solamente var\u00f3n, sino que no le podemos concebir como solamente individuo, como proyecci\u00f3n de un yo solitario, fuera de sociedad, de un yo en realidad abstracto.<\/p>\n<p>Mi yo vivo es un yo que es en realidad un nosotros; mi yo vivo, personal, no vive sino en los dem\u00e1s, de los dem\u00e1s y por los dem\u00e1s yos; procedo de una muchedumbre de abuelos y en m\u00ed lo llevo en extracto, y llevo a la vez en m\u00ed, en potencia, una muchedumbre de nietos, y Dios, proyecci\u00f3n de mi yo al infinito \u2014o m\u00e1s bien, yo proyecci\u00f3n de Dios a lo infinito\u2014, es tambi\u00e9n muchedumbre.<\/p>\n<p>Y de aqu\u00ed, para salvar la personalidad de Dios, es decir, para salvar al Dios vivo, la necesidad de fe \u2014esto es, sentimental e imaginativa\u2014 de concebirle y sentirle con una cierta multiplicidad interna.<\/p>\n<p>El sentimiento pagano de divinidad viva obvi\u00f3 a esto con el polite\u00edsmo. Es el conjunto de sus dioses, la rep\u00fablica de estos, lo que constituye realmente su Divinidad. El verdadero Dios del paganismo hel\u00e9nico es, m\u00e1s bien que Zeus Padre \u2014J\u00fapiter\u2014, la sociedad toda de los dioses y semidioses. Y de aqu\u00ed la solemnidad de la invocaci\u00f3n de Dem\u00f3stenes cuando invocaba a los dioses todos, a todas las diosas: <em>tois theo\u00ees euchomai p\u00e2si kai p\u00e1sais<\/em>.<\/p>\n<p>Y cuando los razonadores sustantivaron el t\u00e9rmino dios, <em>the\u00f3s<\/em>, que es propiamente un adjetivo, una cualidad predicada de cada uno de los dioses, y le a\u00f1adieron un art\u00edculo, forjaron el dios \u2014<em>ho the\u00f3s<\/em>\u2014 abstracto o muerto del racionalismo filos\u00f3fico, una cualidad sustantivada y falta de personalidad, por lo tanto. Porque el dios no es m\u00e1s que lo divino.<\/p>\n<p>Y es que de sentir la divinidad en todo no puede pasarse, sin riesgo para el sentimiento, a sustantivarla y hacer de la Divinidad Dios. Y el Dios aristot\u00e9lico, el de las pruebas l\u00f3gicas, no es m\u00e1s que la Divinidad, un concepto y no una persona viva a que se pueda sentir y con la que pueda por el amor comunicarse el hombre.<\/p>\n<p>Ese Dios que no es sino un adjetivo sustantivado es un dios constitucional que reina, pero no gobierna; la Ciencia es su carta constitucional.<\/p>\n<p>Y en el propio paganismo grecolatino, la tendencia al monote\u00edsmo vivo se ve en concebir y sentir a Zeus como padre, <em>Zeus pat\u00e9r<\/em>, que le llama Homero, <em>Iu-piter<\/em>, o sea <em>Iu pater<\/em>, entre los latinos, y padre de toda una dilatada familia de dioses y diosas que con \u00e9l constituyen la Divinidad.<\/p>\n<p>De la conjunci\u00f3n del polite\u00edsmo pagano con el monote\u00edsmo judaico, que hab\u00eda tratado por otros medios de salvar la personalidad de Dios, result\u00f3 el sentimiento del Dios cat\u00f3lico, que es sociedad, como era sociedad ese Dios pagano de que dije, y es uno como el Dios de Israel acab\u00f3 si\u00e9ndolo. Y tal es la Trinidad, cuyo m\u00e1s hondo sentido rara vez ha logrado comprender el de\u00edsmo racionalista, m\u00e1s o menos impregnado de cristianismo, pero siempre unitario o sociniano.<\/p>\n<p>Y es que sentimos a Dios, m\u00e1s bien que como una conciencia sobrehumana, como la conciencia misma del linaje humano todo, pasado, presente y futuro; como la conciencia colectiva de todo el linaje, y a\u00fan m\u00e1s como la conciencia total e infinita que abarca y sostiene las conciencias todas, infrahumanas, humanas y acaso sobrehumanas.<\/p>\n<p>La divinidad que hay en todo, desde la m\u00e1s baja, es decir, desde la menos consciente forma viva, hasta la m\u00e1s alta, pasando por nuestra conciencia humana, la sentimos personalizada, consciente de s\u00ed misma, en Dios.<\/p>\n<p>Y a esa gradaci\u00f3n de conciencias, sintiendo el salto de la nuestra humana a la plenamente divina, a la universal, responde la creencia en los \u00e1ngeles con sus diversas jerarqu\u00edas, como intermedios entre nuestra conciencia humana y la de Dios. Gradaciones que una fe coherente consigo misma ha de creer infinitas, pues solo por infinito n\u00famero de grados puede pasarse de lo finito a lo infinito.<\/p>\n<p>El racionalismo de\u00edsta concibe a Dios como Raz\u00f3n del Universo, pero su l\u00f3gica le lleva a concebirlo como una raz\u00f3n impersonal, es decir, como una idea, mientras el vitalismo de\u00edsta siente e imagina a Dios como Conciencia y, por lo tanto, como persona o m\u00e1s bien como sociedad de personas.<\/p>\n<p>La conciencia de cada uno de nosotros, en efecto, es una sociedad de personas; en m\u00ed viven varios yos, y hasta los yos de aquellos con quien vivo.<\/p>\n<p>El Dios del racionalismo de\u00edsta, en efecto, el Dios de las pruebas l\u00f3gicas de su existencia, el <em>ens realissimum<\/em> y primer motor inm\u00f3vil, no es m\u00e1s que una Raz\u00f3n suprema, pero en el mismo sentido en que podemos llamar raz\u00f3n de la ca\u00edda de los cuerpos a la ley de la gravitaci\u00f3n universal, que es su explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero dir\u00e1 alguien que esa que llamamos ley de la gravitaci\u00f3n universal, u otra cualquiera ley o un principio matem\u00e1tico, es una realidad propia e independiente, es un \u00e1ngel, es algo que tiene conciencia de s\u00ed y de los dem\u00e1s, \u00bfque es persona? No, no es m\u00e1s que una idea sin realidad fuera de la mente del que la concibe.<\/p>\n<p>Y as\u00ed ese Dios Raz\u00f3n o tiene conciencia de s\u00ed o carece de realidad fuera de la mente de quien lo concibe. Y si tiene conciencia de s\u00ed, es ya una raz\u00f3n personal, y entonces todo el valor de aquellas pruebas se desvanece, porque las tales pruebas solo probaban una raz\u00f3n, pero no una conciencia suprema.<\/p>\n<p>Las matem\u00e1ticas prueban un orden, una constancia, una raz\u00f3n en la serie de los fen\u00f3menos mec\u00e1nicos, pero no prueban que esa raz\u00f3n sea consciente en s\u00ed. Es una necesidad l\u00f3gica, pero la necesidad l\u00f3gica no prueba la necesidad teol\u00f3gica o finalista. Y donde no hay finalidad no hay personalidad tampoco, no hay conciencia.<\/p>\n<p>El Dios, pues, racional, es decir, el Dios que no es sino Raz\u00f3n del Universo, se destruye a s\u00ed mismo en nuestra mente en cuanto tal Dios, y solo renace en nosotros cuando en el coraz\u00f3n lo sentimos como persona viva, como Conciencia, y no ya solo como Raz\u00f3n impersonal y objetiva del Universo.<\/p>\n<p>Para explicarnos racionalmente la construcci\u00f3n de una m\u00e1quina nos basta conocer la ciencia mec\u00e1nica del que la construy\u00f3; pero para comprender que la tal m\u00e1quina exista, pues que la Naturaleza no las hace y s\u00ed los hombres, tenemos que suponer un ser consciente constructor. Pero esta segunda parte del razonamiento no es aplicable a Dios, aunque se diga que en \u00c9l la ciencia mec\u00e1nica y el mecanismo constructores de la m\u00e1quina son una sola y misma cosa. Esta identificaci\u00f3n no es racionalmente sino una petici\u00f3n de principio.<\/p>\n<p>Y as\u00ed es como la raz\u00f3n destruye a esa Raz\u00f3n Suprema en cuanto persona.<\/p>\n<p>No es la raz\u00f3n humana, en efecto, raz\u00f3n que a su vez tampoco se sustenta sino sobre lo irracional, sobre la conciencia vital toda, sobre la voluntad y el sentimiento; no: es esa nuestra raz\u00f3n la que puede probarnos la existencia de una Raz\u00f3n Suprema, que tendr\u00eda a su vez que sustentarse sobre lo Supremo Irracional, sobre la Conciencia Universal.<\/p>\n<p>Y la revelaci\u00f3n sentimental e imaginativa, por amor, por fe, por obra de personalizaci\u00f3n, de esa Conciencia Suprema, es la que nos lleva a creer en el Dios vivo.<\/p>\n<p>Y este Dios, el Dios vivo, tu Dios, nuestro Dios, est\u00e1 en m\u00ed, est\u00e1 en ti, vive en nosotros, y nosotros vivimos, nos movemos y somos en \u00c9l. Y est\u00e1 en nosotros por el hambre que de \u00c9l tenemos, por el anhelo, haci\u00e9ndose apetecer.<\/p>\n<p>Y es el Dios de los humildes, porque Dios escogi\u00f3 lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo flaco para avergonzar a lo fuerte, seg\u00fan el Ap\u00f3stol (<em>I Cor.<\/em>, I, 27). Y es Dios en cada uno seg\u00fan cada uno lo siente y seg\u00fan le ama.<\/p>\n<p>\u00abSi de dos hombres \u2014dice Kierkegaard\u2014 reza el uno al verdadero Dios con insinceridad personal, y el otro con la pasi\u00f3n toda de la infinitud reza a un \u00eddolo, es el primero el que en realidad ora a un \u00eddolo, mientras que el segundo ora en verdad a Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Mejor es decir que es Dios verdadero Aquel a quien se reza y se anhela de verdad. Y hasta la superstici\u00f3n misma puede ser m\u00e1s reveladora que la teolog\u00eda. El viejo Padre de luengas barbas y melenas blancas, que aparece entre nubes llevando la bola del mundo en la mano, es m\u00e1s vivo y m\u00e1s verdadero que el <em>ens realissimum<\/em> de la teodicea.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n es una fuerza anal\u00edtica, esto es, disolvente, cuando, dejando de obrar sobre la forma de las intuiciones, ya sean del instinto individual de conservaci\u00f3n, ya del instinto social de perpetuaci\u00f3n, obra sobre el fondo, sobre la materia misma de ellas.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n ordena las percepciones sensibles que nos dan el mundo material; pero cuando su an\u00e1lisis se ejerce sobre la realidad de las percepciones mismas, nos las disuelve y nos sume en un mundo aparencial, de sombras sin consistencia, porque la raz\u00f3n, fuera de lo formal, es nihilista, aniquiladora.<\/p>\n<p>Y el mismo terrible oficio cumple cuando, sac\u00e1ndola del suyo propio, la llevamos a escudri\u00f1ar las intuiciones imaginativas que nos dan el mundo espiritual.<\/p>\n<p>Porque la raz\u00f3n aniquila y la imaginaci\u00f3n entera, integra o totaliza; la raz\u00f3n por s\u00ed sola mata, y la imaginaci\u00f3n es la que da vida. Si bien es cierto que la imaginaci\u00f3n por s\u00ed sola, al darnos vida sin l\u00edmites, nos lleva a confundirnos con todo, y en cuanto individuos nos mata tambi\u00e9n, nos mata por exceso de vida.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n, la cabeza, nos dice: \u00a1nada!; la imaginaci\u00f3n, el coraz\u00f3n, nos dice: \u00a1todo! Y entre nada y todo, fundi\u00e9ndose el todo y la nada en nosotros, vivimos en Dios, que es todo, y vive Dios en nosotros, que sin \u00c9l somos nada.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n repite: \u00a1vanidad de vanidades, y todo vanidad! Y la imaginaci\u00f3n replica: \u00a1plenitud de plenitudes, y todo plenitud! Y as\u00ed vivimos la vanidad de la plenitud, o la plenitud de la vanidad.<\/p>\n<p>Y tan de las entra\u00f1as del hombre arranca esta necesidad vital de vivir un mundo il\u00f3gico, irracional, personal o divino, que cuantos no creen en Dios, o creen no creer en \u00c9l, creen en cualquier diosecillo, o siquiera en un demoniejo, o en un ag\u00fcero, o en una herradura que encontraron por acaso al azar de los caminos, y que guardan sobre su coraz\u00f3n para que les traiga buena suerte y les defienda de esa misma raz\u00f3n de que se imaginan ser fieles servidores y devotos.<\/p>\n<p>El Dios de que tenemos hambre es el Dios a que oramos, el Dios del <em>Pater noster<\/em>, de la oraci\u00f3n dominical; el Dios a quien pedimos, ante todo y sobre todo, d\u00e9monos o no de esto cuenta, que nos infunda fe, fe en \u00c9l mismo, que haga que creamos en \u00c9l, que se haga \u00c9l en nosotros; el Dios a quien pedimos que sea santificado su nombre y que se haga su voluntad \u2014su voluntad, no su raz\u00f3n\u2014, as\u00ed en la tierra como en el cielo, mas sintiendo que su voluntad no puede ser sino la esencia de nuestra voluntad, el deseo de persistir eternamente.<\/p>\n<p>Y tal es el Dios del amor, sin que sirva el que nos pregunten c\u00f3mo sea, sino que cada cual consulte a su coraz\u00f3n y deje a su fantas\u00eda que se lo pinte en las lontananzas del Universo, mir\u00e1ndole por sus millones de ojos, que son los luceros del cielo de la noche.<\/p>\n<p>Ese en que crees, lector, ese es tu Dios, el que ha vivido contigo en ti, y naci\u00f3 contigo y fue ni\u00f1o cuando t\u00fa eras ni\u00f1o, y fue haci\u00e9ndose hombre seg\u00fan t\u00fa te hac\u00edas hombre, y que se te disipa cuando te disipas, y que es tu principio de continuidad en la vida espiritual, porque es el principio de la solidaridad entre los hombres todos y en cada hombre, y de los hombres con el Universo, y que es como t\u00fa, persona.<\/p>\n<p>Y si crees en Dios, Dios cree en ti, y creyendo en ti te crea de continuo. Porque t\u00fa no eres en el fondo sino la idea que de ti tiene Dios; pero una idea viva, como de Dios vivo y consciente de s\u00ed, como de Dios Conciencia, y fuera de lo que eres en la sociedad no eres nada.<\/p>\n<p>\u00bfDefinir a Dios? S\u00ed, ese es nuestro anhelo; ese era el anhelo del hombre Jacob cuando, luchando la noche toda, hasta el rayar del alba, con aquella fuerza divina, dec\u00eda: \u00ab\u00a1Dime, te lo ruego, tu nombre!\u00bb (<em>G\u00e9n.<\/em>, XXXII, 29).<\/p>\n<p>Y o\u00edd lo que aquel gran predicador cristiano, Federico Guillermo Robertson, predicaba en la capilla de la Trinidad, de Brighton, el 10 de junio de 1849, diciendo:<\/p>\n<p>\u00abY esta es nuestra lucha \u2014la lucha\u2014. Que baje un hombre veraz a las profundidades de su propio ser y nos responda: \u00bfcu\u00e1l es el grito que le llega de la parte m\u00e1s real de su naturaleza? \u00bfEs pidiendo el pan de cada d\u00eda? Jacob pidi\u00f3 en su primera comuni\u00f3n con Dios esto; pidi\u00f3 seguridad, conservaci\u00f3n. \u00bfEs acaso el que se nos perdonen nuestros pecados? Jacob ten\u00eda un pecado por perdonar; mas en este, el m\u00e1s solemne momento de su existencia, no pronunci\u00f3 una s\u00edlaba respecto a \u00e9l. \u00bfO es acaso esto: \u201csantificado sea tu nombre\u201d? No, hermanos m\u00edos. De nuestra fr\u00e1gil, aunque humilde humanidad, la petici\u00f3n que surja en las horas m\u00e1s terrenales de nuestra religi\u00f3n puede ser esta de: \u00a1salva mi alma!; pero en los momentos menos terrenales es esta otra: \u00a1dime tu nombre!<\/p>\n<p>\u00bbNos movemos por un mundo misterioso, y la m\u00e1s profunda cuesti\u00f3n es la de cu\u00e1l es el ser que nos est\u00e1 cerca siempre, a las veces sentido, jam\u00e1s visto; que es lo que nos ha obsesionado desde la ni\u00f1ez con un sue\u00f1o de algo soberanamente hermoso y que jam\u00e1s se nos aclara; que es lo que a las veces pasa por el alma como una desolaci\u00f3n, como el soplo de las alas del \u00c1ngel de la Muerte, dej\u00e1ndonos aterrados y silenciosos en nuestra soledad; lo que nos ha tocado en lo m\u00e1s vivo y la carne se ha estremecido de agon\u00eda, y nuestros afectos morales se han contra\u00eddo de dolor; que es lo que nos viene en aspiraciones de nobleza y concepciones de sobrehumana excelencia. \u00bfHemos de llamarle Ello o \u00c9l? (<em>It or He?<\/em>) \u00bfQu\u00e9 es Ello? \u00bfQui\u00e9n es \u00c9l? Estos presentimientos de inmortalidad y de Dios, \u00bfqu\u00e9 son? \u00bfSon meras ansias de mi propio coraz\u00f3n no tomadas por algo vivo fuera de m\u00ed? \u00bfSon el sonido de mis propios anhelos que resuenan por el vasto vac\u00edo de la nada? \u00bfO he de llamarlas Dios, Padre, Esp\u00edritu, Amor? \u00bfUn ser vivo dentro o fuera de m\u00ed? \u00a1Dime tu nombre, t\u00fa, terrible misterio del amor! Tal es la lucha de toda mi vida seria.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed Robertson.<\/p>\n<p>A lo que he de hacer notar que \u00ab\u00a1dime tu nombre!\u00bb no es en el fondo otra cosa que \u00ab\u00a1salva mi alma!\u00bb. Le pedimos su nombre para que salve nuestra alma, para que salve el alma humana, para que salve la finalidad humana del Universo.<\/p>\n<p>Y si nos dicen que se llama \u00c9l, que es o <em>ens realissimum<\/em> o Ser Supremo o cualquier otro nombre metaf\u00edsico, no nos conformamos, pues sabemos que todo su nombre metaf\u00edsico es equis, y seguimos pidi\u00e9ndole su nombre.<\/p>\n<p>Y solo hay un nombre que satisfaga a nuestro anhelo, y este nombre es Salvador: Jes\u00fas, Dios es el amor que salva.<\/p>\n<p><em>For the loving worm within its clod,\u2028Were diviner than a loveless God\u2028Amid his worlds, I will dare to say.<\/em><\/p>\n<p>\u00abMe atrever\u00e9 a decir que el gusano que ama en su terr\u00f3n ser\u00eda m\u00e1s divino que un dios sin amor entre sus mundos\u00bb, dice Roberto Browning (<em>Christmas-Eve and Easter-Day<\/em>).<\/p>\n<p>Lo divino es el amor, la voluntad personalizadora y eternizadora, la que siente hambre de eternidad y de infinitud. Es a nosotros mismos, es nuestra eternidad, lo que buscamos en Dios; es que nos divinice.<\/p>\n<p>Fue ese mismo Browning el que dijo (<em>Saul<\/em>, en <em>Dramatic Lyrics<\/em>):<\/p>\n<p><em>\u2019Tis the weakness in strength, that I cry for!\u2028my flesh that I seek\u2028In the Godhead!<\/em><\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Es la debilidad en la fuerza por lo que clamo; mi carne lo que busco en la Divinidad!\u00bb<\/p>\n<p>Pero este Dios que nos salva, este Dios personal, Conciencia del Universo que envuelve y sostiene nuestras conciencias, este Dios que da finalidad humana a la creaci\u00f3n toda, \u00bfexiste? \u00bfTenemos prueba de su existencia?<\/p>\n<p>Lo primero que aqu\u00ed se nos presenta es el sentido de la noci\u00f3n esta de existencia. \u00bfQu\u00e9 es existir y c\u00f3mo son las cosas de que decimos que no existen? Existir, en la fuerza etimol\u00f3gica de su significado, es estar fuera de nosotros, fuera de nuestra mente: <em>ex-sistere<\/em>.<\/p>\n<p>\u00bfPero es que hay algo fuera de nuestra mente, fuera de nuestra conciencia, que abarca a lo conocido todo? Sin duda que lo hay. La materia del conocimiento nos viene de fuera. \u00bfY c\u00f3mo es esa materia? Imposible saberlo, porque conocer es informar la materia, y no cabe, por tanto, conocer lo informe como informe. Valdr\u00eda tanto como tener ordenado el caos.<\/p>\n<p>Este problema de la existencia de Dios, problema racionalmente insoluble, no es en el fondo sino el problema de la conciencia de la <em>ex-sistencia<\/em> y no de la <em>in-sistencia<\/em> de la conciencia; el problema mismo de la existencia sustancial del alma; el problema mismo de la perpetuidad del alma humana; el problema mismo de la finalidad humana del Universo.<\/p>\n<p>Creer en un Dios vivo y personal, en una conciencia eterna y universal que nos conoce y nos quiere, es creer que el Universo existe para el hombre. Para el hombre o para una conciencia en el orden de la humana, de su misma naturaleza, aunque sublimada; de una conciencia que nos conozca y en cuyo seno viva nuestro recuerdo para siempre.<\/p>\n<p>Acaso en un supremo y desesperado esfuerzo de resignaci\u00f3n lleg\u00e1ramos a hacer, ya lo he dicho, el sacrificio de nuestra personalidad si supi\u00e9ramos que al morir iba a enriquecer una Personalidad, una Conciencia Suprema; si supi\u00e9ramos que el Alma Universal se alimenta de nuestras almas y de ellas necesita.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos tal vez morir en una desesperada resignaci\u00f3n o en una desesperaci\u00f3n resignada, entregando nuestra alma al alma de la humanidad, legando nuestra labor, la labor que lleva el sello de nuestra persona, si esa humanidad hubiera de legar a su vez su alma a otra alma cuando al cabo se extinga la conciencia sobre esta Tierra de dolor de ansias.<\/p>\n<p>\u00bfPero y si no ocurre as\u00ed? Y si el alma de la humanidad es eterna, si es eterna la conciencia colectiva humana, si hay una Conciencia del Universo y esta es eterna, \u00bfpor qu\u00e9 nuestra propia conciencia individual, la tuya, lector, la m\u00eda, no ha de serlo?<\/p>\n<p>En todo el vasto Universo, \u00bfhabr\u00eda de ser esto de la conciencia que se conoce, se quiere y se siente una excepci\u00f3n unida a un organismo que no puede vivir sino entre tales y cuales grados de calor, un pasajero fen\u00f3meno?<\/p>\n<p>No es, no, una mera curiosidad lo de querer saber si est\u00e1n o no los astros habitados por organismos vivos animados, por conciencias hermanas de las nuestras, y hay un profundo anhelo en el ensue\u00f1o de la transmigraci\u00f3n de nuestras almas por los astros que pueblan las vastas lontananzas del cielo.<\/p>\n<p>El sentimiento de lo divino nos hace desear y creer que todo es animado, que la conciencia, en mayor o menor grado, se extiende a todo. Queremos no solo salvarnos, sino salvar al mundo de la nada. Y para esto, Dios. Tal es su finalidad sentida.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda un Universo sin conciencia alguna que lo reflejase y lo conociese? \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda la raz\u00f3n objetivada, sin voluntad ni sentimiento? Para nosotros, lo mismo que la nada; mil veces m\u00e1s pavoroso que ella. Si tal supuesto llega a ser realidad, nuestra vida carece de valor y de sentido.<\/p>\n<p>No es, pues, necesidad racional, sino angustia vital, lo que nos lleva a creer en Dios. Y creer en Dios es, ante todo y sobre todo, he de repetirlo, sentir hambre de Dios, hambre de divinidad, sentir su ausencia y vac\u00edo, querer que Dios exista. Y es querer salvar la finalidad humana del Universo.<\/p>\n<p>Porque hasta podr\u00eda llegar uno a resignarse a ser absorbido por Dios si en una Conciencia se funda nuestra conciencia, si es la conciencia el fin del Universo.<\/p>\n<p>\u00abDijo el malvado en su coraz\u00f3n: no hay Dios.\u00bb Y as\u00ed es en verdad. Porque un justo puede decirse en su cabeza: \u00ab\u00a1Dios no existe!\u00bb Pero en el coraz\u00f3n solo puede dec\u00edrselo el malvado.<\/p>\n<p>No querer que haya Dios o creer que no le haya es una cosa; resignarse a que no le haya es otra, aunque inhumana y horrible; pero no querer que le haya excede a toda otra monstruosidad moral. Aunque, de hecho, los que reniegan de Dios es por desesperaci\u00f3n de no encontrarlo.<\/p>\n<p>Y ahora viene de nuevo la pregunta racional esf\u00edngica \u2014la Esfinge, en efecto, es la raz\u00f3n\u2014 de: \u00bfexiste Dios? Esa persona eterna y eternizadora que da sentido \u2014y no a\u00f1adir\u00e9 humano, porque no hay otro\u2014 al Universo, \u00bfes algo sustancial fuera de nuestra conciencia, fuera de nuestro anhelo?<\/p>\n<p>He aqu\u00ed algo insoluble, y vale m\u00e1s que as\u00ed lo sea. B\u00e1stele a la raz\u00f3n el no poder probar la imposibilidad de su existencia.<\/p>\n<p>Creer en Dios es anhelar que le haya, y es, adem\u00e1s, conducirse como si le hubiera; es vivir de ese anhelo y hacer de \u00e9l nuestro \u00edntimo resorte de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>De este anhelo o hambre de divinidad surge la esperanza; de esta, la fe, y de la fe y la esperanza, la caridad. De ese anhelo arrancan los sentimientos de belleza, de finalidad, de bondad.<\/p>\n<p>Ve\u00e1moslo.<\/p>\n<p><strong><em>IX<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Fe, esperanza y caridad<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Sanctiusque ne reverentius visum de actis deorum credere quam scire. (T\u00c1CITO, Germania, 34.) A este Dios cordial o vivo se llega, y se vuelve a \u00c9l cuando por el Dios l\u00f3gico o muerto se le ha dejado, por el camino de la fe y no de convicci\u00f3n racional o matem\u00e1tica. \u00bfY qu\u00e9 cosa es fe? As\u00ed pregunta el catecismo de la doctrina cristiana que se nos ense\u00f1\u00f3 en la escuela, y contesta as\u00ed: creer lo que no vimos. A lo que hace ya una docena de a\u00f1os correg\u00ed en un ensayo diciendo: \u00ab\u00a1Creer lo que no vimos!, \u00a1no!, sino crear lo que no vemos.\u00bb Y antes os he dicho que creer en Dios es, en primera instancia al menos, querer que le haya, anhelar la existencia de Dios. La virtud teologal de la fe es, seg\u00fan el ap\u00f3stol Pablo, cuya definici\u00f3n sirve de base a las tradicionales disquisiciones cristianas sobre ella, \u00abla sustancia de las cosas que se esperan, la demostraci\u00f3n de lo que no se ve\u00bb: \u00c9~),ci~\u00f3- #Evpv vz\u00f3\u00f3za\u00f3as, )cpayM\u00e1zow a&#8211;yxoS ov f,,e2r\u00f3~csvo)v (Hebreos, XI, T). La sustancia o m\u00e1s bien el sustento o base de la esperanza, la garant\u00eda de ella. Lo cual conexiona, y m\u00e1s que conexiona subordina, la fe a la esperanza. Y de hecho no es que esperamos porque creemos, sino m\u00e1s bien que creemos porque esperamos. Es la esperanza en Dios, esto es, el ardiente anhelo de que haya un Dios que garantice la eternidad de la conciencia la que nos lleva a creer en \u00c9l. Pero la fe, que es al fin y al cabo algo compuesto en que entra un elemento conocido, l\u00f3gico o racional juntamente con uno afectivo, bi\u00f3tico o sentimental, y en rigor irracional, se nos presenta en forma de conocimiento. Y de aqu\u00ed la insuperable dificultad de separarla de un dogma cualquiera. La fe pura, libre de dogmas, de que tanto escrib\u00ed en un tiempo, es un fantasma. Ni con inventar aquello de la fe en la fe misma se sal\u00eda del paso. La fe necesita una materia en que ejercerse. El creer es una forma de conocer, siquiera no fuese otra cosa que conocer nuestro anhelo vital y hasta formularlo. S\u00f3lo que el t\u00e9rmino creer tiene en nuestro lenguaje corriente una doble y hasta contradictoria significaci\u00f3n, queriendo decir por una parte el mayor grado de adhesi\u00f3n de la mente a un conocimiento como verdadero, de otra parte una d\u00e9bil y vacilante adhesi\u00f3n. Pues si en un sentido creer algo es el mayor asentimiento que cabe dar, la expresi\u00f3n \u00abcreo que sea as\u00ed, aunque no estoy de ello seguro\u00bb, es corriente y vulgar. Lo cual responde a lo que respecto a la incertidumbre, como base de la fe, dijimos. La fe m\u00e1s robusta, en cuanto distinta de todo otro conocimiento que no sea pistico o de fe -fiel como si dij\u00e9ramos-, se basa en incertidumbre. Y es porque la fe, la garant\u00eda de lo que se espera, es, m\u00e1s que adhesi\u00f3n racional a un principio te\u00f3rico, confianza en la persona que nos asegura algo. La fe supone un elemento personal objetivo. M\u00e1s bien que creemos algo, creemos a alguien que nos promete o asegura esto o lo otro. Se cree a una persona y a Dios en cuanto persona y personalizaci\u00f3n del Universo. Este elemento personal o religioso, en la fe es evidente. La fe, suele decirse, no es en s\u00ed ni un conocimiento te\u00f3rico o adhesi\u00f3n racional a una verdad, ni se explica tampoco suficientemente en esencia por la confianza en Dios. \u00abLa fe es la sumisi\u00f3n \u00edntima o la autoridad espiritual de Dios, la obediencia inmediata. Y en cuanto esta obediencia es el medio de alcanzar un principio racional es la fe una convicci\u00f3n personal.\u00bb As\u00ed dice Seeberg. La fe que defini\u00f3 san Pablo, la 2r\u00ed6zis, pistis griega, se traduce mejor por confianza. La voz pistis, en efecto, procede del verbo zei0o,), peitho, que si en su voz activa significa persuadir, en la media equivale a confiar en uno, hacerle caso, fiarse de \u00e9l, obedecer. Y fiarse, fidare se, procede del tema fid -de donde fides, fe, y de donde tambi\u00e9n confianza-. Y el tema griego mB pith- y el latino fid parecen hermanos. Y en resoluci\u00f3n, que la voz misma fe lleva en su origen impl\u00edcito el sentido de confianza, de rendimiento a una voluntad ajena, a una persona. S\u00f3lo se conf\u00eda en las personas. Conf\u00edase en la Providencia, que concebimos como algo personal y consciente, no en el Hado, que es algo impersonal. Y as\u00ed se cree en quien nos dice la verdad, en quien nos da la esperanza; no en la verdad misma directa o inmediatamente, no en la esperanza misma. Y este sentido personal o m\u00e1s bien personificante de la fe, se delata en sus formas m\u00e1s bajas, pues es el que produce la fe en la ciencia infusa, en la inspiraci\u00f3n, en el milagro. Conocido es, en efecto, el caso de aquel m\u00e9dico parisiense que al ver que en su barrio le quitaba un curandero la clientela, traslad\u00f3se a otro, al m\u00e1s distante, donde por nadie era conocido, anunci\u00e1ndose como curandero y conduci\u00e9ndose como tal. Y al denunciarle por ejercicio ilegal de la medicina, exhibi\u00f3 su t\u00edtulo, viniendo a decir poco m\u00e1s o menos esto: \u00abSoy m\u00e9dico, pero si como tal me hubiese anunciado, no habr\u00eda obtenido la clientela que como curandero tengo; mas ahora, al saber mis clientes que he estudiado medicina y poseo t\u00edtulo de m\u00e9dico, huir\u00e1n de m\u00ed a un curandero que les ofrezca la garant\u00eda de no haber estudiado, de curar por inspiraci\u00f3n.\u00bb Y es que se Comentario: Reinold Seeberg, Christliche-protestantische, Ethik en la Systematische christliche Religion de la colecci\u00f3n Die Kultur der Gegenwart. desacredita al m\u00e9dico a quien se le prueba que no posee t\u00edtulo ni hizo estudios, y se desacredita al curandero a quien se le prueba que los hizo y que es m\u00e9dico titulado. Porque unos creen en la ciencia, en el estudio, y otros creen en la persona, en la inspiraci\u00f3n y hasta en la ignorancia. \u00abHay una distinci\u00f3n en la geograf\u00eda del mundo que se nos presenta cuando establecemos los diferentes pensamientos y deseos de los hombres respecto a su religi\u00f3n. Recordemos c\u00f3mo el mundo todo est\u00e1 en general dividido en dos hemisferios por lo que a esto hace. Una mitad del mundo, el gran Oriente oscuro, es m\u00edstico. Insiste en no ver cosa alguna demasiado clara. Poned distinta y clara una cualquiera de las grandes ideas de la vida, e inmediatamente le parece al oriental que no es verdadera. Tiene un instinto que le dice que los m\u00e1s vastos pensamientos son demasiado vastos para la humana mente, y que si se presentan en forma de expresi\u00f3n que la mente humana puede comprender, se violenta su naturaleza y se pierde su fuerza. Y por otra parte, el Occidente exige claridad y se impacienta con el misterio. Le gusta una proposici\u00f3n definida tanto como a su hermano del Oriente le desagrada. Insiste en saber lo que significan para su vida personal las fuerzas eternas e infinitas, c\u00f3mo han de hacerle personalmente m\u00e1s feliz y mejor y casi c\u00f3mo han de construir la casa que le abrigue y cocerle la cena en el fog\u00f3n&#8230; Sin duda hay excepciones; m\u00edsticos en Boston y San Luis, hombres atenidos a los hechos en Bombay y Calcuta. Ambas disposiciones de \u00e1nimo no pueden estar separadas una de la otra por un oc\u00e9ano o una cordillera. En ciertas naciones y tierras, como, por ejemplo, entre los jud\u00edos y en nuestra propia Inglaterra, se mezclan mucho. Pero en general, dividen as\u00ed el mundo. El Oriente cree en la luz de luna del misterio; el Occidente, en el mediod\u00eda del hecho cient\u00edfico. El Oriente pide al Eterno vagos impulsos; el Occidente coge el presente con ligera mano y no quiere soltarlo hasta que le d\u00e9 motivos razonables, inteligibles. Cada uno de ellos entiende mal al otro, desconf\u00eda de \u00e9l, y hasta en gran parte le desprecia. Pero ambos hemisferios juntos, y no uno de ellos por s\u00ed forman el mundo todo.\u00bb As\u00ed dijo en uno de sus sermones el reverendo Philips Brooks, obispo que fue de Massachusetts, el gran predicador unitariano (Ver The Mistery of Iniquity and Other Sermons, serm\u00f3n XII). Podr\u00edamos m\u00e1s bien decir que en el mundo todo, lo mismo en Oriente que en Occidente, los racionalistas buscan la definici\u00f3n y creen en el concepto, y los vitalistas buscan la inspiraci\u00f3n y creen en la persona. Los unos estudian el Universo para arrancarle sus secretos; los otros rezan a la Conciencia del Universo, tratan de ponerse en relaci\u00f3n inmediata con el Alma del mundo, con Dios, para encontrar garant\u00eda o sustancia a lo que esperan, que es no morirse, y demostraci\u00f3n de lo que no ven. Y como la persona es una voluntad, y la voluntad se refiere siempre al porvenir, el que cree, cree en lo que vendr\u00e1, esto es, en lo que espera. No se cree, en rigor lo que es y lo que fue, sino como garant\u00eda, como sustancia de lo que ser\u00e1. Creer el cristiano en la resurrecci\u00f3n de Cristo, es decir, creer a la tradici\u00f3n y al Evangelio -y ambas potencias son personales- que le dicen que el Cristo resucit\u00f3, es creer que resucitar\u00e1 \u00e9l un d\u00eda por la gracia de Cristo. Y hasta la fe cient\u00edfica, pues la hay, se refiere al porvenir y es acto de confianza. El hombre de ciencia cree que en tal d\u00eda venidero se verificar\u00e1 un eclipse de sol, cree que las leyes que hasta hoy han regido al mundo seguir\u00e1n rigi\u00e9ndolo. Creer, vuelvo a decir, es dar cr\u00e9dito a uno, y se refiere a persona. Digo que s\u00e9 que hay un animal llamado caballo, y que tiene estos y aquellos caracteres, porque lo he visto, y que creo en la existencia del llamado jirafa u ornitorrinco, y que sea de este o del otro modo, porque creo a los que aseguran haberlo visto. Y he aqu\u00ed el elemento de incertidumbre que la fe lleva consigo, pues una persona puede enga\u00f1arse o enga\u00f1arnos. M\u00e1s, por otra parte, este elemento personal de la creencia le da un car\u00e1cter afectivo, amoroso y sobre todo, en la fe religiosa, el referirse a lo que se espera. Apenas hay quien sacrificara la vida por mantener que los tres \u00e1ngulos de un tri\u00e1ngulo valgan dos rectos, pues tal verdad no necesita del sacrificio de nuestra vida; mas, en cambio, muchos han perdido la vida por mantener su fe religiosa, y es que los m\u00e1rtires hacen la fe m\u00e1s a\u00fan que la fe los m\u00e1rtires. Pues la fe no es la mera adhesi\u00f3n del intelecto a un principio abstracto, no es el reconocimiento de una verdad te\u00f3rica en que la voluntad no hace sino movernos a entender; la fe es cosa de la voluntad, es movimiento del \u00e1nimo hacia una verdad pr\u00e1ctica, hacia una persona, hacia algo que nos hace vivir y no tan s\u00f3lo comprender la vida. La fe nos hace vivir mostr\u00e1ndonos que la vida, aunque dependa de la raz\u00f3n, tiene en otra parte su manantial y su fuerza, en algo sobrenatural y maravilloso. Un esp\u00edritu singularmente equilibrado y muy nutrido de ciencia, el del matem\u00e1tico Cournot, dijo ya que es la tendencia a lo sobrenatural y lo maravilloso lo que da vida, y que a falta de eso, todas las especulaciones de la raz\u00f3n, no vienen a parar sino a la aflicci\u00f3n de esp\u00edritu (Trait\u00e9 de d&#8217;enchainement des id\u00e9es fondamentales dans les sciences et dans l&#8217;histoire, \u00a7 329). Y es que queremos vivir. Mas, aunque decimos que la fe es cosa de la voluntad, mejor ser\u00eda acaso decir que es la voluntad misma, la voluntad de no morir, o m\u00e1s bien otra potencia an\u00edmica distinta de la inteligencia, de la voluntad y del sentimiento. Tendr\u00edamos, pues, el sentir, el conocer; el querer y el creer, o sea crear. Porque ni el sentimiento, ni la inteligencia, ni la voluntad crean, sino que se ejercen sobre la materia dada ya, sobre materia dada por la fe. La fe es el poder creador del hombre. Pero como tiene m\u00e1s \u00edntima relaci\u00f3n con la voluntad que con cualquiera otra de las potencias, la presentamos en forma volitiva. Advi\u00e9rtase, sin embargo, c\u00f3mo querer creer, es decir, querer crear, no es precisamente creer o crear, aunque s\u00ed es comienzo de ello. La fe es, pues, si no potencia creativa, flor de la voluntad, y su oficio crear. La fe crea, en cierto modo, su objeto. Y la fe en Dios consiste en crear a Dios y como es Dios el que nos da la fe en \u00c9l, es Dios el que se est\u00e1 creando a s\u00ed mismo de continuo en nosotros. Por lo que dijo san Agust\u00edn: \u00abTe buscar\u00e9, Se\u00f1or, invoc\u00e1ndote, y te invocar\u00e9 creyendo en Ti. Te invoca, Se\u00f1or, mi fe, la fe que me dice, que me inspiraste con la humanidad de tu Hijo, por el misterio de tu predicador\u00bb (Confesiones, lib. I, cap. I). El poder de crear un Dios a nuestra imagen y semejanza, de personalizar el Universo, no significa otra cosa sino que llevamos a Dios dentro, como sustancia de lo que esperamos, y que Dios nos est\u00e1 de continuo creando a su imagen y semejanza. Comentario: Cot\u00e9jese Santo Tom\u00e1s, Summa, Secunda secundae, quaestio 4, art. 2. Y se crea a Dios, es decir, se crea Dios a s\u00ed mismo en nosotros por la compasi\u00f3n, por el amor. Creer en Dios es amarle y tenerle con amor, y se empieza por amarle aun antes de conocerle, y am\u00e1ndole es como se acaba por verle y descubrirle en todo. Los que dicen creer en Dios, y ni le aman ni le temen, no creen en \u00c9l, sino en aquellos que les han ense\u00f1ado que Dios existe, los cuales, a su vez con harta frecuencia, tampoco creen en \u00c9l. Los que sin pasi\u00f3n de \u00e1nimo, sin congoja, sin incertidumbre, sin duda, sin la desesperaci\u00f3n en el consuelo, creen creer en Dios, no creen sino en la idea de Dios, mas no en Dios mismo. Y as\u00ed como se cree en \u00c9l por amor, puede tambi\u00e9n creerse por temor, y hasta por odio, como cre\u00eda en \u00c9l aquel ladr\u00f3n Vanni Fucci, a quien el Dante hace insultarle con torpes gestos desde el Infierno (Inf., XXV, I, 3). Que tambi\u00e9n los demonios creen en Dios y muchos ateos. \u00bfNo es acaso una manera de creer en \u00c9l esa furia con que le niegan y hasta le insultan los que no quieren que le haya, ya que no logran creer en \u00c9l? Quieren que exista como lo quieren los creyentes; pero siendo hombres d\u00e9biles y pasivos o malvados, en quienes la raz\u00f3n puede m\u00e1s que la voluntad, se sienten arrastrados por aquella, bien a su \u00edntimo pesar, y se desesperan y niegan por desesperaci\u00f3n, y al negar, afirman y creen lo que niegan, y Dios se revela en ellos, afirm\u00e1ndose por la negaci\u00f3n de s\u00ed mismo. Mas a todo esto se me dir\u00e1 que ense\u00f1ar que el tal objeto no lo es sino para la fe, que carece de realidad objetiva fuera de la fe misma; como por otra parte, sostener que le hace falta la fe para contener o para consolar al pueblo, es declarar ilusorio el objetivo de la fe. Y lo cierto es que creer en Dios es hoy, ante todo y sobre todo, para los creyentes intelectuales, querer que Dios exista. Querer que exista Dios, y conducirse y sentir como si existiera. Y por este cambio de querer su existencia, y obrar conforme a tal deseo, es como creamos a Dios, esto es, como Dios se crea en nosotros, como se nos manifiesta, se abre y se revela a nosotros. Porque Dios sale al encuentro de quien le busca con amor y por amor, y se hurta de quien le inquiere por fr\u00eda raz\u00f3n, no amoroso. Quiere Dios que el coraz\u00f3n descanse, pero que no descanse la cabeza, ya que en la vida f\u00edsica duerme y descansa a veces la cabeza, y vela y trabaja arreo el coraz\u00f3n. Y as\u00ed, la ciencia sin amor nos aparta de Dios, y el amor, aun sin ciencia y acaso mejor sin ella, nos lleva a Dios; y por Dios a la sabidur\u00eda. \u00a1Bienaventurados los limpios de coraz\u00f3n, porque ellos ver\u00e1n a Dios! Y si se me preguntara c\u00f3mo creo en Dios, es decir, c\u00f3mo Dios se crea en m\u00ed mismo y se me revela, tendr\u00e9 acaso que hacer sonre\u00edr, re\u00edr o escandalizarse tal vez al que se lo diga. Creo en Dios como creo en mis amigos, por sentir el aliento de su cari\u00f1o y su mano invisible e intangible que me trae y me lleva y me estruja, por tener \u00edntima conciencia de una providencia particular y de una mente universal que me traba mi propio destino. Y el concepto de la ley -\u00a1concepto al cabo!- nada me dice ni me ense\u00f1a. Una y otra vez durante mi vida heme visto en trance de suspensi\u00f3n sobre el abismo; una y otra vez heme encontrado sobre encrucijadas en que se me abr\u00eda un haz de senderos, tomando uno de los cuales renunciaba a los dem\u00e1s, pues que los caminos de la vida son irreversibles, y una vez y otra vez en tales \u00fanicos momentos he sentido el empuje de una fuerza consciente soberana y amorosa. Y \u00e1bresele a uno la senda del Se\u00f1or. Puede uno sentir que el Universo le llama y le gu\u00eda como una persona a otra, o\u00edr en su interior su voz sin palabras que le dice: \u00a1Ve y predica a los pueblos todos! \u00bfC\u00f3mo sab\u00e9is que un hombre que se os est\u00e1 delante tiene una conciencia como vosotros, y que tambi\u00e9n la tiene, m\u00e1s o menos oscura un animal y no una piedra? Por la manera como el hombre, a modo de hombre, a vuestra semejanza, se conduce con vosotros, y la manera como la piedra no se conduce para con vosotros, sino que sufre vuestra conducta. Pues as\u00ed es como creo que el Universo tiene una cierta conciencia como yo, por la manera como se conduce conmigo humanamente, y siento que una personalidad me envuelve. Ah\u00ed est\u00e1 una masa informe; parece una especie de animal, no se le distinguen miembros; s\u00f3lo veo dos ojos, y ojos que me miran con mirada humana, de semejante, mirada que me pide compasi\u00f3n, y oigo que respira. Y concluyo que en aquella masa informe hay una conciencia. Y as\u00ed, y no de otro modo, mira al creyente el cielo estrellado, con mirada sobrehumana, divina, que le pide suprema compasi\u00f3n y amor supremo y oye en la noche serena la respiraci\u00f3n de Dios que le toca el cogollo del coraz\u00f3n, y se revela a \u00e9l. Es el Universo que vive, ama y pide amor. De amar estas cosillas de tomo que se nos van como se nos vinieron sin tenernos apego alguno, pasamos a amar las cosas m\u00e1s permanentes y que no pueden agarrarse con las manos; de amar los bienes pasamos a amar el Bien; de las cosas bellas, a la Belleza; de lo verdadero, a la Verdad; de amar los goces, a amar la Felicidad, y, por \u00faltimo, a amar al Amor. Se sale uno de s\u00ed mismo para adentrarse m\u00e1s en su Yo supremo; la conciencia individual se nos sale a sumergirse en la Conciencia total de que forma parte, pero sin disolverse en ella. Y Dios no es sino el Amor que surge del dolor universal y se hace conciencia. Aun esto, se dir\u00e1, es moverse en un cerco de hierro, y tal Dios no es objetivo. Y aqu\u00ed convendr\u00eda darle a la raz\u00f3n su parte y examinar qu\u00e9 sea eso de que algo existe, es objetivo. \u00bfQu\u00e9 es, en efecto, existir, y cu\u00e1ndo decimos que una cosa existe? Existir es ponerse algo de tal modo fuera de nosotros, que precediera a nuestra percepci\u00f3n de ello y pueda subsistir fuera cuando desaparezcamos. \u00bfY estoy acaso seguro de que algo me precediera o de que algo me ha de sobrevivir? \u00bfPuede mi conciencia saber que hay algo fuera de ella? Cuanto conozco o puedo conocer est\u00e1 en mi conciencia. No nos enredemos, pues, en el insoluble problema de otra objetividad de nuestras percepciones, sino que existe cuanto obra, y existir es obrar. Y aqu\u00ed volver\u00e1 a decirse que no es Dios, sino la idea de Dios, la que obra en nosotros. Y diremos que Dios por su idea, y m\u00e1s bien muchas veces por s\u00ed mismo. Y volver\u00e1n a redarg\u00fcimos pidi\u00e9ndonos pruebas de la verdad objetiva de la existencia de Dios, pues que pedimos se\u00f1ales. Y tendremos que preguntar por Pilato: \u00bfqu\u00e9 es la verdad? As\u00ed pregunt\u00f3, en efecto, y sin esperar respuesta, volvi\u00f3 a lavarse las manos para sincerarse de haber dejado condenar a muerte al Cristo. Y as\u00ed preguntan muchos \u00bfqu\u00e9 es verdad?, sin \u00e1nimo alguno de recibir respuesta, y s\u00f3lo para volver a lavarse las manos del crimen de haber contribuido a matar a Dios de la propia conciencia o de las conciencias ajenas. \u00bfQu\u00e9 es verdad? Dos clases hay de verdad, la l\u00f3gica u objetiva, cuyo contrario es el error, y la moral o subjetiva a que se opone la mentira. Y ya en otro ensayo he tratado de demostrar c\u00f3mo el error es hijo de la mentira. La verdad moral, camino para llegar a la otra, tambi\u00e9n moral, nos ense\u00f1a a cultivar la ciencia, que es ante todo y sobre todo una escuela de sinceridad y de humildad. La ciencia nos ense\u00f1a, en efecto, a someter nuestra raz\u00f3n a la verdad y a conocer y a juzgar las cosas como ellas son; es decir, como ellas quieren ser, y no como nosotros queremos que ellas sean. En una investigaci\u00f3n religiosamente cient\u00edfica, son los datos mismos de la realidad, son las percepciones que del mundo recibimos las que en nuestra mente llegan a formularse en ley, y no somos nosotros los que en nosotros hacen matem\u00e1ticas. Y es la ciencia la m\u00e1s recogida escuela de resignaci\u00f3n y de humildad, pues nos ense\u00f1a a doblegarnos ante el hecho, al parecer, m\u00e1s menudo. Y es p\u00f3rtico de la religi\u00f3n: pero dentro de esta, su funci\u00f3n acaba. Y es que as\u00ed como hay verdad l\u00f3gica a que se opone el error y verdad moral a que se opone la mentira, hay tambi\u00e9n verdad est\u00e9tica o verosimilitud a que se opone el disparate, y verdad religiosa, o de esperanza, a que se opone la inquietud de la desesperanza absoluta. Pues ni la verosimilitud est\u00e9tica, la de lo que cabe expresar con sentido, es la verdad l\u00f3gica, la de lo que se demuestra con razones, ni la verdad religiosa, la de la fe, la sustancia de lo que se espera, equivale a la verdad moral, sino que se le sobrepone. El que afirma su fe a base de incertidumbre, no miente ni puede mentir. Y no s\u00f3lo no se cree con la raz\u00f3n ni a\u00fan sobre la raz\u00f3n o por debajo de ella, sino que se cree contra la raz\u00f3n. La fe religiosa, habr\u00e1 que decirlo una vez m\u00e1s, no es ya tan s\u00f3lo irracional, es contrarracional. \u00abLa poes\u00eda es la ilusi\u00f3n antes del conocimiento; la religiosidad, la ilusi\u00f3n despu\u00e9s del conocimiento. La poes\u00eda y la religiosidad suprimen al vaudeville de la mundana sabidur\u00eda del vivir. Todo individuo que no vive o po\u00e9tica o religiosamente es tonto.\u00bb As\u00ed nos dice Comentario: En mi ensayo \u00ab\u00bfQu\u00e9 es verdad?\u00bb, publicado en La Espa\u00f1a Moderna, n\u00famero de marzo de 1906, tomo 207. Kierkegaard (Afsluttende uvidenskabelig Efterskrift, cap. 4 secc. 11, A \u00a7 2), el mismo que nos dice tambi\u00e9n que el cristianismo es una salida desesperada. Y as\u00ed es, pero s\u00f3lo mediante la desesperaci\u00f3n de esta salida podemos llegar a la esperanza, a esa esperanza cuya ilusi\u00f3n vitalizadora sobrepuja a todo conocimiento racional, dici\u00e9ndonos que hay siempre algo irreductible a la raz\u00f3n. Y de esta, de la raz\u00f3n, puede decirse lo que del Cristo, y es que quien no est\u00e1 con ella, est\u00e1 contra ella. Lo que no es racional, es contrarracional, Y as\u00ed es la esperanza. Por todo este camino llegamos siempre a la esperanza. El misterio del amor, que lo es de dolor, tiene una forma misteriosa, que es el tiempo. Atamos el ayer al ma\u00f1ana con eslabones de ansia, y no es el ahora, en rigor, otra cosa que el esfuerzo del antes por hacerse despu\u00e9s; no es el presente, sino el empe\u00f1o del pasado por hacerse porvenir. El ahora, es un punto que no bien pronunciado se disipa, y, sin embargo, en ese punto est\u00e1 la eternidad toda, sustancia del tiempo. Cuanto ha sido no puede ser ya sino como fue, y cuanto es no puede ser sino como es; lo posible queda siempre relegado a lo venidero, \u00fanico reino de libertad y en que la imaginaci\u00f3n, potencia creadora y libertadora, carne de la fe, se mueve a sus anchas. El amor mira y tiende siempre al porvenir, pues que su obra es la obra de nuestra perpetuaci\u00f3n; lo propio del amor, el esperar, y s\u00f3lo de esperanzas se mantiene. Y as\u00ed que el amor ve realizado su anhelo, se entristece y descubre al punto que no es su fin propio aquello a que tend\u00eda, y que no se lo puso Dios sino como se\u00f1uelo para moverle a la obra; que su fin est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1, y emprende de nuevo tras \u00e9l su afanosa carrera de enga\u00f1os y desenga\u00f1os por la vida. Y va haciendo recuerdos de sus esperanzas fallidas, y saca de esos recuerdos nuevas esperanzas. La cantera de las divisiones de nuestro porvenir est\u00e1 en los soterra\u00f1os de nuestra memoria; con recuerdos nos fragua la imaginaci\u00f3n esperanzas. Y es la humanidad como una moza henchida de anhelos, hambrienta de vida y sedienta de amor, que teje sus d\u00edas con ensue\u00f1os, y espera, espera siempre, espera sin cesar al amador eterno, que por estarle destinado desde antes de antes, desde mucho m\u00e1s atr\u00e1s de sus remotos recuerdos, desde allende la cuna hacia el pasado, ha de vivir con ella y para ella, despu\u00e9s de despu\u00e9s, hasta mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus remotas esperanzas, hasta allende la tumba, hacia el porvenir. Y el deseo m\u00e1s caritativo para con esta pobre enamorada es, como para con la moza que espera siempre a su amado, que las dulces esperanzas de la primavera de su vida se le conviertan, en el invierno de ella, en recuerdos m\u00e1s dulces todav\u00eda y recuerdos engendradores de esperanzas nuevas. \u00a1Qu\u00e9 jugo de apacible felicidad, de resignaci\u00f3n al destino debe dar en los d\u00edas de nuestro sol m\u00e1s breve el recordar esperanzas que no se han realizado a\u00fan, y que por no haberse realizado conservan su pureza! El amor espera, espera siempre sin cansarse nunca de esperar, y el amor a Dios, nuestra fe en Dios, es ante todo, esperanza en \u00c9l. Porque Dios no muere, y quien espera en Dios, vivir\u00e1 siempre. Y es nuestra esperanza fundamental, la ra\u00edz, y tronco de nuestras esperanzas todas, la esperanza de la vida eterna. Y si es la fe la sustancia de la esperanza, esta es a su vez la forma de la fe. La fe antes de darnos esperanza es una fe informe, vaga, ca\u00f3tica, potencial; no es sino la posibilidad de creer, anhelo de creer. Mas hay que creer en algo, y se cree en lo que se espera, se cree en la esperanza. Se recuerda el pasado, se conoce el presente, s\u00f3lo se cree en el porvenir. Creer lo que no vimos es creer lo que veremos. La fe es, pues, lo repito, fe en la esperanza; creemos lo que esperamos. El amor nos hace creer en Dios, en quien esperamos, y de quien esperamos la vida futura; el amor nos hace creer en lo que el ensue\u00f1o de la esperanza nos crea. La fe es nuestro anhelo a lo eterno, a Dios, y la esperanza es el anhelo de Dios, de lo eterno, de nuestra divinidad, que viene al encuentro de aquella y nos eleva. El hombre aspira a Dios por la fe, y le dice: \u00abCreo, \u00a1dame, se\u00f1or, en qu\u00e9 creer!\u00bb Y Dios, su divinidad, le manda la esperanza en otra vida para que crea en ella. La esperanza es el premio a la fe. S\u00f3lo el que cree espera la verdad, y s\u00f3lo el que de la verdad espera, cree. No creemos sino lo que esperamos, ni esperamos lo que creemos. Fue la esperanza la que llam\u00f3 a Dios Padre, y es ella la que sigue d\u00e1ndole ese nombre pre\u00f1ado de consuelo y de misterio. El padre nos dio la vida y nos da el pan para mantenerla, y al padre pedimos que nos la conserve. Y si el Cristo fue el que a coraz\u00f3n m\u00e1s lleno y a boca m\u00e1s pura llam\u00f3 Padre a su Padre y nuestro, si el sentimiento cristiano se encumbra en el sentimiento de la paternidad de Dios, es porque en el Cristo sublim\u00f3 el linaje humano su hambre de eternidad. Se dir\u00e1 tal vez que este anhelo de la fe, que esta esperanza es, m\u00e1s que otra cosa, un sentimiento est\u00e9tico. Lo informa tambi\u00e9n acaso, pero sin satisfacerle del todo. En el arte, en efecto, buscamos un remedo de eternizaci\u00f3n. Si en lo bello se aquieta un momento el esp\u00edritu, y descansa y se alivia, ya que no se le cura la congoja, es por ser lo bello revelaci\u00f3n de lo eterno, de lo divino de las cosas, y la belleza no es sino la perpetuaci\u00f3n de la momentaneidad. Que as\u00ed como la verdad es el fin del conocimiento racional, as\u00ed la belleza es el fin de la esperanza, acaso irracional en su fondo. Nada se pierde, nada pasa del todo, pues que todo se perpet\u00faa de una manera o de otra, y todo, luego de pasar por el tiempo, vuelve a la eternidad. Tiene el mundo temporal ra\u00edces en la eternidad, y all\u00ed est\u00e1 junto al ayer con el hoy y el ma\u00f1ana. Ante nosotros pasan las escenas como en un cinemat\u00f3grafo, pero la cinta permanece una y entera m\u00e1s all\u00e1 del tiempo. Dicen los f\u00edsicos que no se pierde un solo pedacito de materia ni un solo golpecito de fuerza, sino que uno y otro se transforman y transmiten persistiendo. \u00bfY es que se pierde acaso forma alguna, por huidera que sea? Hay que creer -\u00a1creerlo y esperarlo!- que tampoco, que en alguna parte quede archivada y perpetuada, que hay un espejo de eternidad en que se suman, sin perderse unas en otras, las im\u00e1genes todas que desfilan por el tiempo. Toda impresi\u00f3n que me llegue queda en mi cerebro almacenada, aunque sea tan hondo o con tan poca fuerza que se hunda en lo profundo de mi subconsciencia; pero desde all\u00ed anima mi vida, y si mi esp\u00edritu todo, si el contenido total de mi alma se me hiciera consciente, resurgir\u00edan todas las fugitivas impresiones olvidadas no bien percibidas, y aun las que se me pasa- ron inadvertidas. Llevo dentro de m\u00ed todo cuanto ante m\u00ed desfil\u00f3 y conmigo lo perpet\u00fao, y acaso va todo ello en mis g\u00e9rmenes, y viven en mis antepasados todos por entero, y vivir\u00e1n, juntamente conmigo, en mis descendientes. Y voy yo tal vez, todo yo, con todo este mi universo, en cada una de mis obras, o por los menos va en ellas lo esencial de m\u00ed, lo que me hace ser yo, mi esencia individual. Y esta esencia individual de cada cosa, esto que la hace ser ella y no otra, \u00bfc\u00f3mo se nos revela sino como belleza? \u00bfQu\u00e9 es la belleza de algo sino es su fondo eterno, lo que une su pasado con su porvenir, lo que de ello reposa y queda en las entra\u00f1as de la eternidad? \u00bfO qu\u00e9 es m\u00e1s bien sino la revelaci\u00f3n de su divinidad? Y esta belleza, que es la ra\u00edz de eternidad, se nos revela por el amor, y es la m\u00e1s grande revelaci\u00f3n del amor de Dios y la se\u00f1al de que hemos de vencer al tiempo. El amor es quien nos revela lo eterno nuestro y de nuestros pr\u00f3jimos. \u00bfEs lo bello, lo eterno de las cosas, lo que despierta y enciende nuestro amor a ellas, o es nuestro amor a las cosas lo que nos revela lo bello, lo eterno de ellas? \u00bfNo es acaso la belleza una creaci\u00f3n del amor, lo mismo que el mundo sensible lo es del instinto de conservaci\u00f3n y el supersensible del de perpetuaci\u00f3n y en el mismo sentido? \u00bfNo es la belleza, y la eternidad con ella, una creaci\u00f3n del amor? \u00abNuestro hombre exterior -escribe el Ap\u00f3stol, 11 Cor., IV, 16- se va desgastando, pero el interior se renueva de d\u00eda en d\u00eda.\u00bb El hombre de las apariencias que pasan se desgasta, y con ellas pasa; pero el hombre de la realidad queda y crece. \u00abPorque lo que al presente es moment\u00e1neo y leve en nuestra tribulaci\u00f3n, nos da un peso de gloria sobremanera alto y eterno\u00bb (vers. 17). Nuestro dolor nos da congoja, y la congoja, al estallar de la plenitud de s\u00ed misma, nos parece consuelo. \u00abNo mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven; porque las coas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas\u00bb (vers. 18). Este dolor da esperanzas, que es lo bello de la vida, la suprema belleza, o sea, el supremo consuelo. Y como el amor es dolor, es compasi\u00f3n y no es sino el consuelo temporal que esta se busca. Tr\u00e1gico consuelo. Y la suprema belleza es la de la tragedia. Acongojados al sentir que todo pasa, que pasamos nosotros, que pasa lo nuestro, que pasa cuanto nos rodea, la congoja misma nos revela el consuelo de lo que no pasa, de lo eterno, de lo hermoso. Y esta hermosura as\u00ed revelada, esta perpetuaci\u00f3n de la momentaneidad, s\u00f3lo se realiza pr\u00e1cticamente, s\u00f3lo vive por obra de la caridad. La esperanza en la acci\u00f3n es la caridad, as\u00ed como la belleza en acci\u00f3n es el bien. La ra\u00edz de la caridad que eterniza cuanto ama y nos saca la belleza en ello oculta, d\u00e1ndonos el bien, es el amor a Dios, o si se quiere, la caridad hacia Dios, la compasi\u00f3n a Dios. El amor, la compasi\u00f3n, lo personaliza todo, dijimos; al descubrir el sufrimiento en todo y personaliz\u00e1ndolo todo, personaliza tambi\u00e9n el Universo mismo, que tambi\u00e9n sufre, y nos descubre a Dios. Porque Dios se nos revela porque sufre y porque sufrimos; -porque sufre exige nuestro amor, y porque sufrimos nos da el suyo y cubre nuestra congoja con la congoja eterna e infinita. Este fue el esc\u00e1ndalo del cristianismo entre jud\u00edos y helenos, entre fariseos y estoicos, y este, que fue su esc\u00e1ndalo, el esc\u00e1ndalo de la cruz, sigue si\u00e9ndolo y lo seguir\u00e1 a\u00fan entre cristianos; el de un Dios que se hace hombre para padecer y morir y resucitar por haber padecido y muerto, el de un Dios que sufre y muere. Y esta verdad de que Dios padece, ante la que se sienten aterrados los hombres, es la revelaci\u00f3n de las entra\u00f1as mismas del Universo y de su misterio, la que nos revel\u00f3 al enviar a su Hijo a que nos redimiese sufriendo y muriendo. Fue la revelaci\u00f3n de lo divino del dolor, pues s\u00f3lo es divino lo que sufre. Y los hombres hicieron dios al Cristo, que padeci\u00f3, y descubrieron por \u00e9l la eterna esencia de un Dios vivo, humano, esto es, que sufre -s\u00f3lo no sufre lo muerto, lo inhumano-, que ama, que tiene sed de amor, de compasi\u00f3n, que es persona. Quien no conozca al Hijo jam\u00e1s conocer\u00e1 al Padre, y al Padre s\u00f3lo por el Hijo se le conoce; quien no conozca al Hijo del hombre, que sufre congojas de sangre y desgarramientos del coraz\u00f3n, que vive con el alma triste hasta la muerte, que sufre dolor que mata y resucita, no conocer\u00e1 al Padre ni sabr\u00e1 del Dios paciente. El que no sufre, y no sufre porque no vive, es ese l\u00f3gico y congelado ens realissimum, es el primum movens, es esa entidad impasible y por impasible no m\u00e1s que pura idea. La categor\u00eda no sufre, pero tampoco vive ni existe como persona. \u00bfY c\u00f3mo va a fluir y vivir el mundo desde una idea impasible? No ser\u00eda sino idea del mundo mismo. Pero el mundo sufre, y el sufrimiento es sentir la carne de la realidad, es sentirse de bulto y de tomo el esp\u00edritu, es tocarse a s\u00ed mismo, es la realidad inmediata. El dolor es la sustancia de la vida y la ra\u00edz de la personalidad, pues s\u00f3lo sufriendo se es persona. Y es universal, y lo que a los seres todos nos une es el dolor, la sangre universal o divina que por todos circula. Eso que llamamos voluntad, \u00bfqu\u00e9 es sino dolor? Y tiene el dolor sus grados, seg\u00fan se adentra; desde aquel dolor que flota en el mar de las apariencias, hasta la eterna congoja, la fuente del sentimiento tr\u00e1gico de la vida, que va a posarse en lo hondo de lo eterno, y all\u00ed despierta el consuelo; desde aquel dolor f\u00edsico que nos hace retroceder el cuerpo hasta la congoja religiosa, que nos hace acostarnos en el seno de Dios y recibir all\u00ed el riego de sus l\u00e1grimas divinas. La congoja es algo mucho m\u00e1s hondo, m\u00e1s \u00edntimo y m\u00e1s espiritual que el dolor. Suele uno sentirse acongojado hasta en medio de eso que llamamos felicidad y por la felicidad misma, a la que no se resigna y ante la cual tiembla. Los hombres felices que se resignan a su aparente dicha, a una dicha pasajera, creer\u00edase que son hombres sin sustancia, o, por lo menos, que no la han descubierto en s\u00ed, que no se la han tocado. Tales hombres suelen ser impotentes para amar y ser amados, y viven, en su fondo, sin pena ni gloria. No hay verdadero amor sino en el dolor, y en este mundo hay que escoger o el amor, que es el dolor, o la dicha. Y el amor no nos lleva a otra dicha que a las del amor mismo, y su tr\u00e1gico consuelo de esperanza incierta. Desde el momento en que el amor se hace dichoso, se satisface, ya no desea y ya no es amor. Los satisfechos, los felices, no aman; adu\u00e9rmense en la costumbre, rayana en el anonadamiento. Acostumbrarse es ya empezar a no ser. El hombre es tanto m\u00e1s hombre, esto es, tanto m\u00e1s divino, cuanto m\u00e1s capacidad para el sufrimiento, o mejor dicho, para la congoja, tiene. Al venir al mundo, d\u00e1senos a escoger entre el amor y la dicha, y queremos &#8211; ipobrecillos!- uno y otra: la dicha de amar y el amor de la dicha. Pero debemos pedir que se nos d\u00e9 amor y no dicha, que no se nos deje adormecernos en la costumbre, pues podr\u00edamos dormirnos del todo, y, sin despertar, perder conciencia para no recobrarla. Hay que pedir a Dios que se sienta uno en s\u00ed mismo, en su dolor. \u00bfQu\u00e9 es el Hado, qu\u00e9 la Fatalidad, sino la hermandad del amor y el dolor, y ese terrible misterio de que, tendiendo el amor a la dicha, as\u00ed que la toca se muere, y se muere la verdadera dicha con \u00e9l? El amor y el dolor se engendran mutuamente, y el amor es caridad y compasi\u00f3n, y amor que no es caritativo no es tal amor. Es el amor, en fin, la desesperaci\u00f3n resignada. Eso que llaman los matem\u00e1ticos un problema de m\u00e1ximos y m\u00ednimos, lo que tambi\u00e9n se llama ley de econom\u00eda, es la f\u00f3rmula de todo movimiento existencial, esto es, pasional. En mec\u00e1nica material y en la social, en industria y econom\u00eda pol\u00edtica, todo el problema se reduce a lograr el mayor resultado \u00fatil posible con el menor posible esfuerzo, lo m\u00e1s de ingresos con lo menos de gastos, lo m\u00e1s de placeres con lo menos de dolores. Y la f\u00f3rmula, terrible, tr\u00e1gica, de la vida \u00edntima espiritual, es: o lograr lo m\u00e1s de dicha con lo menos de amor o lo m\u00e1s de amor con lo menos de dicha. Y hay que escoger entre una y otra cosa. Y estar seguro de que quien se acerque al infinito del amor, al amor infinito, se acerca al cero de la dicha, a la suprema congoja. Y en tocando a este cero, se est\u00e1 fuera de la miseria que mata. \u00abNo seas y podr\u00e1s m\u00e1s que todo lo que es\u00bb, dice el maestro fray Juan de los Angeles en uno de sus Di\u00e1logos de la conquista del reino de Dios (Di\u00e1l.III, 8). Y hay algo m\u00e1s congojoso que el sufrir. Esperaba aquel hombre, al recibir el temido golpe, haber de sufrir tan reciamente como hasta sucumbir al sufrimiento, y el golpe le vino encima y apenas si sinti\u00f3 dolor; pero luego, vuelto en s\u00ed, al sentirse insensible, se sobreco- gi\u00f3 de espanto, de un tr\u00e1gico espanto, del m\u00e1s espantoso, y grit\u00f3 ahog\u00e1ndose en angustia: \u00ab\u00a1Es que no existo!\u00bb \u00bfQu\u00e9 te aterrar\u00eda m\u00e1s: sentir un dolor que te privase de sentido al atravesarte las entra\u00f1as con un hierro candente, o ver que te las atravesaban as\u00ed, sin sentir dolor alguno? \u00bfNo has sentido nunca el espanto, el horrendo espanto, de sentirte sin l\u00e1grimas y sin dolor? el dolor nos dice que existimos, el dolor nos dice que existen aquellos que amamos; el dolor nos dice que existe y que sufre Dios; pero es el dolor de la congoja, de la congoja de sobrevivir y ser eternos. La congoja nos descubre a Dios y nos hace quererle. Creer en Dios es amarle, y amarle es sentirle sufriente, compadecerle. Acaso parezca blasfemia esto de que Dios sufre, pues el sufrimiento implica limitaci\u00f3n. Y, sin embargo, Dios, la conciencia del Universo, est\u00e1 limitado por la materia bruta en que vive, por lo inconsciente, de que trata de libertarse y de libertarnos. Y nosotros, a nuestra vez, debemos de tratar de libertarle de ella. Dios sufre en todos y en cada uno de nosotros; en todas y en cada una de las conciencias, presa de la materia pasajera, y todos sufrimos en \u00c9l. La congoja religiosa no es sino el divino sufrimiento, sentir que Dios sufre en m\u00ed, y que yo sufro en \u00c9l. El dolor universal es la congoja de todo por ser todo lo dem\u00e1s sin poder conseguirlo, de ser cada uno el que es, siendo a la vez todo lo que no es, y si\u00e9ndolo por siempre. La esencia de no ser no es s\u00f3lo un empe\u00f1o en persistir por siempre, como nos ense\u00f1\u00f3 Spinoza, sino, adem\u00e1s el empe\u00f1o por universalizarse; es el hambre y sed de eternidad y de infinitud. Todo ser creado tiende no s\u00f3lo a conservarse en s\u00ed, sino a perpetuarse, y adem\u00e1s a invadir a todos los otros, a ser los otros sin dejar de ser \u00e9l, a ensanchar sus linderos al infinito, pero sin romperlos. No quiere romper sus muros y dejarlos todos en tierra llana, comunal, indefensa, confundi\u00e9ndose y perdiendo su individualidad, sino que quiere llevar sus muros a los extremos de lo creado y abarcarlo todo dentro de ellos. Quiere el m\u00e1ximo de individualidad con el m\u00e1ximo tambi\u00e9n de personalidad, aspira a que el Universo sea \u00e9l, a Dios. Y ese vasto yo dentro del cual quiere cada yo meter al Universo, \u00bfqu\u00e9 es sino Dios? Y por aspirar a \u00c9l le amo, y esa mi aspiraci\u00f3n a Dios es mi amor a \u00c9l, y como yo sufro por ser \u00c9l, tambi\u00e9n \u00c9l sufre por ser yo y cada uno de nosotros. Bien s\u00e9 que a pesar de mi advertencia, de que se trata aqu\u00ed de dar forma l\u00f3gica a un sistema de sentimientos al\u00f3gicos, seguir\u00e1 m\u00e1s de un lector escandaliz\u00e1ndose de que le hable de un Dios paciente, que sufre, y de que aplique a Dios mismo en cuanto a Dios, la pasi\u00f3n de Cristo. El Dios de la teolog\u00eda llamada racional excluye, en efecto, todo sufrimiento. Y el lector pensar\u00e1 que esto del sufrimiento no puede tener sino un valor metaf\u00f3rico aplicado a Dios, como le tiene, dicen, cuando el Antiguo Testamento nos habla de pasiones humanas del Dios de Israel. Pues no caben c\u00f3lera, ira y venganza sin sufrimiento. Y por lo que hace que sufra atado a la materia, se me dir\u00eda, con Plotino (Eneada segunda, IX, 7), que el alma del todo no puede estar atada, por aquello mismo -que son los cuerpos o la materia- que est\u00e1 por ella atado. En esto va incluso el problema todo del origen del mal, tanto del mal de culpa como del mal de pena, pues si Dios no sufre, hace sufrir, y si no es su vida, pues que Dios vive, un ir haci\u00e9ndose conciencia total cada vez m\u00e1s llena, es decir, cada vez m\u00e1s Dios, es un ir llevando las cosas todas hacia s\u00ed, un ir d\u00e1ndose a todo, un hacer que la conciencia del todo que es \u00c9l mismo, hasta llegar a ser \u00c9l todo en todos z\u00e1vaa \u00e9v z\u00faaa seg\u00fan la expresi\u00f3n de san Pablo, el primer m\u00edstico cristiano. Mas de esto, en el pr\u00f3ximo ensayo sobre la apocat\u00e1stasis o uni\u00f3n beat\u00edfica. Por ahora, digamos que una formidable corriente de dolor empuja a unos seres hacia otros, y les hace amarse y buscarse, y tratar de completarse, y de ser cada uno \u00e9l mismo y los otros a la vez. En Dios vive todo, y en su padecimiento padece todo, y al amar a Dios amamos en \u00c9l a las criaturas, as\u00ed como al amar a las criaturas y compadecerles, amamos en ellas y compadecemos a Dios. El alma de cada uno de nosotros no ser\u00e1 libre mientras haya algo esclavo en este mundo de Dios, ni Dios tampoco, que vive en el alma de cada uno de nosotros, ser\u00e1 libre mientras no sea libre nuestra alma. Y lo m\u00e1s inmediato es sentir y amar mi propia miseria, mi congoja, compadecerme de m\u00ed mismo, tenerme a m\u00ed mismo amor. Y esta compasi\u00f3n, cuando es viva y superabundante, se vierte de m\u00ed a los dem\u00e1s, y del exceso de mi compasi\u00f3n propia, compadezco a mis pr\u00f3jimos. La miseria propia es tanta, que la compasi\u00f3n que hacia m\u00ed mismo me despierta se me desborda pronto, revel\u00e1ndome la miseria universal. Y la caridad, \u00bfqu\u00e9 es sino un desbordamiento de compasi\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 es sino dolor reflejado, que sobrepasa y se vierte a compadecer los males ajenos y ejercer caridad? Cuando el colmo de nuestro compadecimiento nos trae a la conciencia de Dios en nosotros, nos llena tan grande congoja por la miseria divina derramada en todo, que tenemos que verterla fuera, y lo hacemos en forma de caridad. Y al as\u00ed verterla, sentimos alivio y la dulzura dolorosa del bien. Es lo que llam\u00f3 \u00abdolor sabroso\u00bb la m\u00edstica doctora Teresa de Jes\u00fas, que de amores dolorosos sab\u00eda. Es como el que contempla algo hermoso y siente la necesidad de hacer part\u00edcipes de ello a los dem\u00e1s. Porque el impulso a la producci\u00f3n, en que consiste la caridad, es obra de amor doloroso. Sentimos, en efecto, una satisfacci\u00f3n en hacer el bien cuando el bien nos sobra, cuando estamos henchidos de compasi\u00f3n, y estamos henchidos de ella cuando Dios, llen\u00e1ndonos el alma, nos da la dolorosa sensaci\u00f3n de la vida universal, del universal anhelo a la divinizaci\u00f3n eterna. Y es que no estamos en el mundo puestos nada m\u00e1s junto a los otros, sin ra\u00edz com\u00fan con ellos, ni nos es su suerte indiferente, sino que nos duele su dolor, nos acongojamos con su congoja, y sentimos nuestra comunidad de origen y de dolor aun sin conocerla. Son el dolor, y la compasi\u00f3n que de \u00e9l nace, los que nos revelan la hermandad de cuanto de vivo y m\u00e1s o menos consciente existe. \u00abHermano lobo\u00bb, llamaba san Francisco de As\u00eds al pobre lobo que siente dolorosa hambre de ovejas, y acaso el dolor de tener que devorarlas, y esa hermandad nos revela la paternidad de dios, que Dios es Padre y existe. Y como Padre ampara nuestra com\u00fan miseria. Es, pues, la caridad el impulso a libertarse y a libertar a todos mis pr\u00f3jimos del dolor y a libertar a Dios que nos abarca a todos. Es el dolor algo espiritual y la revelaci\u00f3n m\u00e1s inmediata de la conciencia, que acaso no se nos dio el cuerpo sino para dar ocasi\u00f3n a que el dolor se manifestase. Quien no hubiese nunca sufrido, poco o mucho, no tendr\u00eda conciencia de s\u00ed. El primer llanto del hombre al nacer es cuando entr\u00e1ndole el aire en el pecho y limit\u00e1ndole, parece como que le dice: \u00a1tienes que respirarme para poder vivir! El mundo material o sensible, el que nos crean los sentidos, hemos de creer con la fe, ense\u00f1e lo que nos ense\u00f1are la raz\u00f3n, que no existe sino para encarnar y sustentar al otro mundo, al mundo espiritual o imaginable, al que la imaginaci\u00f3n nos crea. La conciencia tiende a ser m\u00e1s conciencia cada vez, a concientizarse, a tener conciencia plena de toda ella misma, de su contenido todo. En las profundidades de nuestro propio cuerpo, en los animales, en las plantas, en las rocas, en todo lo vivo, en el Universo todo, hemos de creer con la fe, ense\u00f1e lo que nos ense\u00f1are la raz\u00f3n, que hay un esp\u00edritu que lucha por conocerse, por cobrar conciencia de s\u00ed, por serse -pues serse es conocerse-, por ser esp\u00edritu puro, y como s\u00f3lo puede lograrlo mediante el cuerpo, mediante la materia, la crea y de ella se sirve a la vez que de ella quede preso. S\u00f3lo puede verse uno la cara retratada en un espejo, pero del espejo en que se ve queda preso para verse, y se ve en \u00e9l tal y como el espejo le deforma, y si el espejo se le rompe, r\u00f3mpesele su imagen, y si se le empa\u00f1a, emp\u00e1\u00f1asele. H\u00e1llase el esp\u00edritu limitado por la materia en que tiene que vivir y cobrar conciencia de s\u00ed, de la misma manera que est\u00e1 el pensamiento limitado por la palabra, que es su cuerpo social. Sin materia no hay esp\u00edritu, pero la materia hace sufrir al esp\u00edritu limit\u00e1ndolo. Y no es el dolor, sino el obst\u00e1culo que la materia pone al esp\u00edritu, es el choque de la conciencia con lo inconciente. Es el dolor, en efecto, la barrera que la inconciencia, o sea la materia, pone a la conciencia, al esp\u00edritu; es la resistencia a la voluntad, el l\u00edmite que el Universo visible pone a Dios, es el muro con que toca la conciencia al querer ensancharse a costa de la inconciencia, es la resistencia que esta \u00faltima pone a concientizarse. Aunque lo creamos por autoridad, no sabemos tener coraz\u00f3n, est\u00f3mago o pulmones mientras no nos duelen, oprimen o angustian. Es el dolor f\u00edsico, o siquiera la molestia, lo que nos revela la existencia de nuestras propias entra\u00f1as. Y as\u00ed ocurre tambi\u00e9n con el dolor espiritual, con la angustia, pues no nos damos cuenta de tener alma hasta que esta nos duele. Es la congoja lo que hace que la conciencia vuelva sobre s\u00ed. El no acongojado conoce lo que hace y lo que piensa, pero no conoce de veras que lo hace y lo piensa. Piensa, pero no piensa, y sus pensamientos son como si no fuesen suyos. Ni \u00e9l es tampoco de s\u00ed mismo. Y es que s\u00f3lo por la congoja, por la pasi\u00f3n de no morir nunca, se adue\u00f1a de s\u00ed mismo un esp\u00edritu humano. El dolor, que es un deshacimiento, nos hace descubrir nuestras entra\u00f1as, y en el deshacimiento supremo, el de la muerte, llegaremos por el dolor del anonadamiento a las entra\u00f1as de nuestras entra\u00f1as temporales, a Dios, a quien en la congoja espiritual respiramos y aprendemos a amar. Es as\u00ed como hay que creer con la fe, ens\u00e9\u00f1enos lo que nos ense\u00f1are la raz\u00f3n. El origen del mal no es, como ya de antiguo lo han visto muchos, sino eso que por otro nombre se llama inerc\u00eda de la materia, y en el esp\u00edritu pereza. Y por algo se dijo que la pereza es la madre de todos los vicios. Sin olvidar que la suprema pereza es la de no anhelar locamente la inmortalidad. La conciencia, el ansia de m\u00e1s y m\u00e1s, cada vez m\u00e1s, el hambre de eternidad y sed de infinitud, las ganas de Dios, jam\u00e1s se satisfacen; cada conciencia quiere ser ella y ser todas las dem\u00e1s sin dejar de ser ella, quiere ser Dios. Y la materia, la conciencia, tiende a ser menos, cada vez menos; a no ser nada, siendo la suya una sed de reposo. El esp\u00edritu dice: \u00a1quiero ser!, y la materia le responde: \u00a1no lo quiero! Y en el orden de la vida humana el individuo, movido por el mero instinto de conservaci\u00f3n, creador del mundo material, tender\u00eda a la destrucci\u00f3n, a la nada, si no fuese por la sociedad que, d\u00e1ndole el instinto de perpetuaci\u00f3n, creador del mundo espiritual, le lleva y empuja al todo, a inmortalizarse. Y todo lo que el hombre hace como mero individuo, frente a la sociedad, por conservarse aunque sea a costa de ella, es malo, y es bueno cuanto hace como persona social, por la sociedad en que \u00e9l se incluye, por perpetuarse en ella y perpetuarla. Y muchos que parecen grandes ego\u00edstas y que todo lo atropellan por llevar a cabo su obra, no son sino almas encendidas de caridad y rebosantes de ella, porque su yo mezquino lo someten y soyugan al yo social que tiene una misi\u00f3n que cumplir. El que ata la obra del amor, de la espiritualizaci\u00f3n de la liberaci\u00f3n, a formas transitorias e individuales, crucifica a Dios en la materia; crucifica a Dios en la materia todo el que hace servir el ideal a sus intereses temporales o a su gloria mundana. Y el tal es un deicida. La obra de la caridad, del amor a Dios, es tratar de libertarle de la materia bruta, tratar de espiritualizarlo, concientizarlo, o universalizarlo todo; es so\u00f1ar en que lleguen a hablar las rocas y obrar conforme a ese ensue\u00f1o; que se haga todo lo existente consciente, que resucite el Verbo. No hay sino verlo en el s\u00edmbolo eucar\u00edstico. Han apresado al Verbo en un pedazo de pan material, y lo han apresado en \u00e9l para que nos lo comamos, y al com\u00e9rnoslo nos lo hagamos nuestro, de que nuestro cuerpo en que el esp\u00edritu habita, y que se agite en nuestro coraz\u00f3n y piense en nuestro cerebro y sea conciencia. Lo han apresado en ese pan para que enterr\u00e1ndolo en nuestro cuerpo, resucite en nuestro esp\u00edritu. Y es que hay que espiritualizarlo todo. Y esto se consigue dando a todos y a todo mi esp\u00edritu que m\u00e1s se acrecienta cuanto m\u00e1s lo reparto. Y dar mi esp\u00edritu es invadir el de los otros y adue\u00f1arme de ellos. En todo esto hay que creer con la fe, ens\u00e9\u00f1enos lo que nos ense\u00f1are la raz\u00f3n&#8230; Y ahora vamos a ver las consecuencias pr\u00e1cticas de todas estas m\u00e1s o menos fant\u00e1sticas doctrinas, a la l\u00f3gica, a la est\u00e9tica, a la \u00e9tica sobre todo, su concreci\u00f3n religiosa. Y acaso entonces podr\u00e1 hallarlas m\u00e1s justificadas quienquiera que a pesar de mis advertencias, haya buscado aqu\u00ed el desarrollo cient\u00edfico o siquiera filos\u00f3fico de un sistema irracional. No creo excusado remitir al lector una vez m\u00e1s a cuanto dije al final del sexto cap\u00edtulo, aquel titulado \u00abEn el fondo del abismo\u00bb; pero ahora nos acercamos a la parte pr\u00e1ctica o pragm\u00e1tica de todo este tratado. Mas antes nos falta ver c\u00f3mo puede concretarse el sentimiento religioso en la visi\u00f3n esperanzosa de otra vida.<\/p>\n<p><strong><em>X<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Religi\u00f3n, mitolog\u00eda de ultratumba y apocat\u00e1stasis<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Kai yap 1acc&gt;;Kai u\u00e1ltura ZP\u00c9ZE1 p\u00e9Al,ovza z=x- \u00a3\u00eda8 \u00e1zo817usiv 8ta6Kozsiv 1&#8211;Kai, ,uVO0,,oyeiv Z&#8211;Pi z&gt;)s \u00e1ZOS17p\u00edas z\u00f1s ~KSt, ico\u00edav aiv\u00e1 a\u00faMv o\u00ed\u00f3u&#8211;Oa givat, (PLAT\u00d3N, Fed\u00f3n.) El sentimiento de divinidad y de Dios, y la fe, la esperanza y la caridad en \u00e9l fundadas, fundan a su vez la religi\u00f3n. De la fe en Dios nace la fe en los hombres, de la esperanza en \u00c9l la esperanza en estos, y de la caridad o piedad hacia Dios -pues como Cicer\u00f3n, De natura deorum, libro 1, cap\u00edtulo XII, dijo, est enim pietas iustitia adversum deos- la caridad para con los hombres. En Dios se cifra no ya s\u00f3lo la Humanidad, sino el Universo todo, y \u00e9ste espiritualizado e intimado ya que la fe cristiana dice que Dios acabar\u00e1 siendo todo en todos. Santa Teresa dijo, y con m\u00e1s \u00e1spero y desesperado sentido lo repiti\u00f3 Miguel de Molinos, que el alma debe hacerse cuenta que no hay sino ella y Dios. Y a la relaci\u00f3n con Dios, a la uni\u00f3n m\u00e1s o menos \u00edntima con \u00c9l, es a lo que llamamos religi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 es la religi\u00f3n? \u00bfEn qu\u00e9 se diferencia de la religiosidad y qu\u00e9 relaciones median entre ambas? Cada cual define la religi\u00f3n seg\u00fan la sienta en s\u00ed m\u00e1s a\u00fan que seg\u00fan en los dem\u00e1s la observe, ni cabe definirla sin de un modo o de otro sentirla. Dec\u00eda T\u00e1cito (Hist., V, 4) hablando de los jud\u00edos, que era para estos profano todo lo que para ellos, para los romanos, era sagrado, y a la contraria entre los jud\u00edos lo que para los romanos impuro: profana illic omnia quae apud nos sacra, rursum conversa apud illos quae nobis incesta. Y de aqu\u00ed que llame \u00e9l, el romano, a los jud\u00edos (V 13), gente sometida a la superstici\u00f3n y contraria a la religi\u00f3n: gens superstitioni obnoxia, religionibus adversa, y que al fijarse en el cristianismo, que conoc\u00eda muy mal y apenas si distingu\u00eda del juda\u00edsmo, lo reputa una perniciosa superstici\u00f3n, existialis superstitio, debida a odio al g\u00e9nero humano, odium generis humani (Ab. excessu Aug., XV, 44). As\u00ed T\u00e1cito y as\u00ed muchos con \u00e9l. Pero \u00bfd\u00f3nde acaba la religi\u00f3n y la superstici\u00f3n?, o tal vez: \u00bfd\u00f3nde acaba esta para empezar aquella?, \u00bfcu\u00e1l es el criterio para discernirlas? A poco nos conducir\u00eda recorrer aqu\u00ed, siquiera someramente, las principales definiciones que de la religi\u00f3n, seg\u00fan el sentimiento de cada definidor, han sido dadas. La religi\u00f3n, m\u00e1s que se define se describe, y m\u00e1s que se describe se siente. Pero si alguna de esas definiciones alcanz\u00f3 recientemente boga, ha sido la de Schleiermacher, de que es el sencillo sentimiento de una relaci\u00f3n de dependencia con algo superior a nosotros y el deseo de entablar relaciones con esa misteriosa potencia. Ni est\u00e1 mal aquello de W. Hermann (en la obra ya citada), de que el anhelo religioso del hombre es el deseo de la verdad de su existencia humana. Y para acabar con testimonios ajenos citar\u00e9 el del ponderado y clarividente Cournot, al decir que \u00ablas manifestaciones religiosas son la consecuencia necesaria de la inclinaci\u00f3n del hombre a creer en la existencia de un mundo invisible, sobrenatural y maravilloso, inclinaci\u00f3n que ha podido mirarse, ya como reminiscencia de un estado anterior ya como el presentimiento de un destino futuro\u00bb (Trait\u00e9 de l&#8217;enchainement des id\u00e9es fondamentales dans les sciences et dans l&#8217;histoire, \u00a7 396). Y estamos ya en lo del destino futuro, la vida eterna, o sea la finalidad humana del Universo, o bien de Dios. A ella se llega por todos los caminos religiosos, pues que es la esencia misma de toda religi\u00f3n. La religi\u00f3n, desde la del salvaje que personaliza en el fetiche al Universo todo, arranca, en efecto, de la necesidad vital de dar finalidad humana al Universo, a Dios, para lo cual hay que atribuirle conciencia de s\u00ed y de su fin, por lo tanto. Y cabe decir que no es la religi\u00f3n, sino la uni\u00f3n con Dios, sintiendo a este como cada cual le sienta. Dios da sentido y finalidad trascendentes a la vida; pero se la da en relaci\u00f3n con cada uno de nosotros que en \u00c9l creemos. Y as\u00ed Dios es para el hombre tanto como el hombre es para Dios, ya que se dio al hombre haci\u00e9ndose hombre, humaniz\u00e1ndose, por amor a \u00e9l. Y este religioso anhelo de unirnos con Dios no es ni por ciencia ni por arte, es por vida. \u00abQuien posee ciencia y arte, tiene religi\u00f3n; quien no posee ni una ni otra, tenga religi\u00f3n\u00bb, dec\u00eda en uno de sus muy frecuentes accesos de paganismo Goethe. Y, sin embargo, de lo que dec\u00eda, \u00bf\u00e9l, Goethe&#8230;? Y desear unirnos con Dios no es perdernos y anegarnos en \u00c9l; que perderse y anegarse es siempre ir a deshacerse en el sue\u00f1o sin ensue\u00f1os del nirvana; es poseerlo, m\u00e1s bien que ser por \u00c9l pose\u00eddos. Cuando, en vista de la imposibilidad humana de entrar un rico en el reino de los cielos, le preguntaban a Jes\u00fas sus disc\u00edpulos qui\u00e9n podr\u00e1 salvarse, respondi\u00e9ndoles el Maestro que para con los hombres era ello imposible, mas no para con Dios, Pedro le dijo: \u00abHe aqu\u00ed que nosotros lo hemos dejado todo sigui\u00e9ndote, \u00bfqu\u00e9, pues, tendremos?\u00bb Y Jes\u00fas les contest\u00f3, no que se anegar\u00edan en el Padre sino que se sentar\u00edan en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Mat., XIX, 23-28). Fue un espa\u00f1ol, y muy espa\u00f1ol, Miguel de Molinos, el que en su Gu\u00eda espiritual que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplaci\u00f3n y el rico tesoro de la paz interior, dijo (\u00a7 175): \u00abque se ha de despegar y negar de cinco cosas el que ha de llegar a la ciencia m\u00edstica: la primera, de las criaturas; la segunda, de las cosas temporales; la tercera, de los mismos dones del Esp\u00edritu Santo; la cuarta, de s\u00ed misma; y la quinta se ha de despegar del mismo Dios\u00bb. Y a\u00f1ade que \u00abesta \u00faltima es la m\u00e1s perfecta, porque el alma que as\u00ed se sabe despegar es la que se llega a perder en Dios, y s\u00f3lo la que as\u00ed se llega a perder es la que se acierta a hallar\u00bb. Muy espa\u00f1ol Molinos, s\u00ed, y no menos espa\u00f1ola esta parad\u00f3jica expresi\u00f3n de quietismo o m\u00e1s bien nihilismo &#8211; ya que \u00e9l mismo habla de aniquilaci\u00f3n en otra parte-, pero no menos, sino acaso m\u00e1s espa\u00f1oles los jesuitas que le combatieron volviendo por los fueros del todo contra nada. Porque la religi\u00f3n no es anhelo de aniquilarse, sino de totalizarse, es anhelo de vida y no de muerte. La \u00abeterna religi\u00f3n de las entra\u00f1as del hombre&#8230;, el ensue\u00f1o individual del coraz\u00f3n, es el culto de su ser, es la adoraci\u00f3n de la vida\u00bb, como sent\u00eda el atormentado Flaubert (Par les champs et par les gr\u00e9ves, VII). Cuando a los comienzos de la llamada Edad Moderna, con el Renacimiento, resucita el sentimiento religioso pagano, toma este forma concreta en el ideal caballeresco con sus c\u00f3digos del amor y del honor. Pero es un paganismo cristianizado, bautizado. \u00abLa mujer, la dama \u2013la donna- era la divinidad de aquellos rudos pechos. Quien busque en las memorias de la primera edad ha de hallar \u00e9ste ideal de la mujer en su pureza y en su omnipotencia: el Universo es la mujer. Y tal fue en los comienzos de la Edad Moderna en Alemania, en Francia, en Provenza, en Espa\u00f1a, en Italia. H\u00edzose la historia a esta imagen; figur\u00e1banse a troyanos y romanos como caballeros andantes, y as\u00ed los \u00e1rabes sarracenos, turcos, el sold\u00e1n y Saladino&#8230; En esta fraternidad universal se hallan los \u00e1ngeles, los santos, los milagros, el para\u00edso, en extra\u00f1a mezcolanza con lo fant\u00e1stico y lo voluptuoso del mundo oriental, bautizado todo bajo el nombre de caballer\u00eda.\u00bb As\u00ed, Francesco de Sanctis (Storia della letteratura italiana, 11), quien poco antes nos dice que para aquellos hombres, \u00aben el mismo para\u00edso el goce del amante es contemplar a su dama -Madonna- y sin su dama ni querr\u00eda ir all\u00e1\u00bb. \u00bfQu\u00e9 era, en efecto, la caballer\u00eda que luego depur\u00f3 y cristianiz\u00f3 Cervantes en Don Quijote, al querer acabar con ella por la risa, sino una verdadera monstruosa religi\u00f3n h\u00edbrida de paganismo y cristianismo, cuyo Evangelio fue acaso la leyenda de Trist\u00e1n e Iseo? \u00bfY la misma religi\u00f3n cristiana de los m\u00edsticos -estos caballeros andantes a lo divino-, no culmin\u00f3 acaso en el culto a la mujer divinizada, a la Virgen Madre? \u00bfQu\u00e9 es la mariolatr\u00eda de un san Buenaventura, el trovador de Mar\u00eda? Y ello era el amor a la fuente de la vida, a la que nos salva de la muerte. Mas avanzado el Renacimiento, de esta religi\u00f3n de la mujer se pas\u00f3 a la religi\u00f3n de la ciencia; la concupiscencia termin\u00f3 en lo que era ya en su fondo, en curiosidad, en ansia de probar del fruto del \u00e1rbol del bien y del mal. Europa corr\u00eda a aprender a la Universidad de Bolonia. A la caballer\u00eda sucedi\u00f3 el platonismo. Quer\u00edase descubrir el misterio del mundo y de la vida. Pero era en el fondo para salvar la vida, que con el culto a la mujer quiso salvarse. Quer\u00eda la conciencia humana penetrar en la Conciencia Universal, pero era, supi\u00e9ralo o no, para salvarse. Y es que no sentimos e imaginamos la Conciencia Universal -y este sentimiento e imaginaci\u00f3n con la religiosidad- sino para salvar nuestras sendas conciencias. \u00bfY c\u00f3mo? Tengo que repetir una vez m\u00e1s que el anhelo de la inmortalidad del alma, de la permanencia, en una u otra forma, de nuestra conciencia personal en individual, es tan de la esencia de la religi\u00f3n corno el anhelo de que haya Dios. No se da el uno sin el otro, y es porque en el fondo los dos son una sola y misma cosa. Mas desde el momento en que tratamos de concretar y racionalizar aquel primer anhelo, de defin\u00edrnoslo a nosotros mismos, surgen m\u00e1s dificultades a\u00fan que surgieron al tratar de racionalizar a Dios. Para justificar ante nuestra propia pobre raz\u00f3n el inmortal anhelo de inmortalidad, hase apelado tambi\u00e9n a lo del consenso humano: Permanere animos arbitratur consensu nationum omnium, dec\u00eda, con los antiguos, Cicer\u00f3n (Tuscul. Quaest., XVI, 36); pero este mismo compilador de sus sentimientos confesaba que mientras le\u00eda en el Fed\u00f3n plat\u00f3nico los razonamientos en pro de la inmortalidad del alma, asent\u00eda a ellos; mas as\u00ed que dejaba el libro y empezaba a resolver en su mente el problema, todo aquel asentimiento se le escapaba, assentio omnis illa illabitur (cap. XI, 25). Y lo que a Cicer\u00f3n, nos ocurre a los dem\u00e1s, y le ocurr\u00eda a Swedenborg, el m\u00e1s intr\u00e9pido visionario de otro mundo, al confesar que quien habla de la vida ultramundana sin doctas cavilaciones respecto al alma o a su modo de uni\u00f3n con el cuerpo, cree, que despu\u00e9s de muerto, vivir\u00e1 en goce y en visi\u00f3n espl\u00e9ndidas, como un hombre entre \u00e1ngeles; mas en cuanto se pone a pensar en la doctrina de la uni\u00f3n del alma con el cuerpo, o en hip\u00f3tesis respecto a aquella, s\u00fargenle dudas de si es el alma as\u00ed o as\u00e1, y en cuanto esto surge, la idea anterior desaparece (De coelo et inferno, \u00a7 183). Y, sin embargo, \u00ablo que me toca, lo que me inquieta, lo que me consuela, lo que me lleva a la abnegaci\u00f3n y al sacrificio, es el destino que me aguarda a m\u00ed o a mi persona, sean cuales fueren el origen, la naturaleza, la esencia del lazo inasequible, sin el cual place a los fil\u00f3sofos decidir que mi persona se desvanecer\u00eda\u00bb, como dice Cournot (Trait\u00e9.., \u00a7 297). \u00bfHemos de aceptar la pura y desnuda fe en una vida eterna sin tratar de represent\u00e1rnosla? Esto es imposible; no nos es hacedero hacernos a ello. Y hay, sin embargo, quienes se dicen cristianos y tienen poco menos que dejada de lado esa representaci\u00f3n. Tomad un libro cualquiera del protestantismo m\u00e1s ilustrado, es decir, del m\u00e1s racionalista, del m\u00e1s cultural, la Dogmatik, del doctor Julio Kaftan, verbigracia, y de las 668 p\u00e1ginas de que consta su sexta edici\u00f3n, la de 1909, s\u00f3lo una, la \u00faltima, dedica a este problema. Y en esa p\u00e1gina, despu\u00e9s de asentar que Cristo es as\u00ed como principio y medio, as\u00ed tambi\u00e9n fin de la Historia, y que quienes en Cristo son alcanzar\u00e1n la vida de plenitud, la eterna vida de los que son en Cristo, ni una sola palabra siquiera sobre lo que esa vida puede ser. A lo m\u00e1s cuatro palabras sobre la muerte eterna, esto es, el infierno, \u00abporque lo exige el car\u00e1cter moral de la fe y de la esperanza cristiana\u00bb. Su car\u00e1cter moral, \u00bfeh?, no su car\u00e1cter religioso, pues este no s\u00e9 que exija tal cosa. Y todo ello de una prudente parsimonia agn\u00f3stica. S\u00ed, lo prudente, lo racional, y alguien dir\u00e1 que lo piadoso, es no querer penetrar en misterios que est\u00e1n a nuestro conocimiento vedados, no empe\u00f1arnos en lograr una representaci\u00f3n pl\u00e1stica de la gloria eterna como la de una Divina Comedia. La verdadera fe, la verdadera piedad cristiana, se nos dir\u00e1, consiste en reposar en la confianza de que Dios, por la gracia de Cristo, nos har\u00e1, de una o de otra manera, vivir en Este, su Hijo; que, como est\u00e1 en sus todopoderosas manos nuestro destino, nos abandonemos a ellas seguros de que \u00c9l har\u00e1 de nosotros lo que mejor sea, para el fin \u00faltimo de la vida, del esp\u00edritu y del Universo. Tal es la lecci\u00f3n que ha atravesado muchos siglos, y, sobre todo, lo que va de Lutero hasta Kant. Y, sin embargo, los hombres no han dejado de tratar de representarse el c\u00f3mo puede ser esa vida eterna, ni dejar\u00e1n nunca, mientras sean hombres y no m\u00e1quinas de pensar, de intentarlo. Hay libros de teolog\u00eda -o de lo que ello fuerellenos de disquisiciones sobre la condici\u00f3n en que vivan los bienaventurados, sobre la manera de goce, sobre las propiedades del cuerpo glorioso, ya que sin alg\u00fan cuerpo no se concibe el alma. Y a esta misma necesidad, verdadera necesidad de formarnos una representaci\u00f3n concreta de lo que pueda esa otra vida ser, responde en gran parte la indestructible vitalidad de doctrinas como las del espiritismo, la metemps\u00edcosis, la transmigraci\u00f3n de las almas a trav\u00e9s de los astros, y otras an\u00e1logas doctrinas que cuantas veces se las declara vencidas ya y muertas, otras tantas renacen en una u otra forma m\u00e1s o menos nueva. Y es insigne torpeza querer en absoluto prescindir de ellas y no buscar un meollo permanente. Jam\u00e1s se avendr\u00e1 el hombre al renunciamiento de concretar en representaci\u00f3n esa otra vida. \u00bfPero es acaso pensable una vida eterna y sin fin despu\u00e9s de la muerte? \u00bfQu\u00e9 puede ser la vida de un esp\u00edritu desencarnado? \u00bfQu\u00e9 puede ser un esp\u00edritu as\u00ed? \u00bfQu\u00e9 puede ser una conciencia pura, sin organismo corporal? Descartes dividi\u00f3 el mundo entre el pensamiento y la extensi\u00f3n, dualismo que le impuso el dogma cristiano de la inmortalidad del alma. \u00bfPero es la extensi\u00f3n, la materia, la que piensa o se espiritualiza, o es el pensamiento el que se extiende y materializa? Las m\u00e1s graves cuestiones metaf\u00edsicas surgen pr\u00e1cticamente -y por ello adquieren su valor dejando de ser ociosas discusiones de curiosidad in\u00fatil- al querer darnos cuenta de la posibilidad de nuestra inmortalidad. Y es que la metaf\u00edsica no tiene valor sino en cuanto trate de explicar c\u00f3mo puede o no puede realizarse ese nuestro anhelo vital. Y as\u00ed es que hay y habr\u00e1 siempre una metaf\u00edsica racional y otra vital, en conflicto perenne una con otra, partiendo la una de la noci\u00f3n de causa, de la sustancia la otra. Y aun imaginada una inmortalidad personal, \u00bfno cabe que la sintamos como algo tan terrible como su negaci\u00f3n? \u00abCalipso no pod\u00eda consolarse de la marcha de Ulises; en su dolor, hall\u00e1base desolada de ser inmortal\u00bb, nos dice el dulce Fenel\u00f3n, el m\u00edstico, al comienzo de su Tel\u00e9maco. \u00bfNo lleg\u00f3 a ser la condena de los antiguos dioses, como la de los demonios, el que no les era dado suicidarse? Cuando Jes\u00fas, habiendo llevado a Pedro, Jacobo y Juan a un alto monte, se transfigur\u00f3 ante ellos volvi\u00e9ndosele como la nieve de blanco resplandeciente los vestidos, y se le aparecieron Mois\u00e9s y El\u00edas que con \u00e9l hablaban, le dijo Pedro al Maestro: \u00abMaestro, estar\u00eda bien que nos qued\u00e1semos aqu\u00ed haciendo tres pabellones, para ti uno y otros dos para Mois\u00e9s y El\u00edas\u00bb, porque quer\u00eda eternizar aquel momento. Y al bajar del monte les mand\u00f3 Jes\u00fas que a nadie dijesen lo que hab\u00edan visto sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos. Y ellos, reteniendo este dicho, altercaban sobre qu\u00e9 ser\u00eda aquello de resucitar de los muertos, como quienes no lo entend\u00edan. Y fue despu\u00e9s de esto cuando encontr\u00f3 Jes\u00fas al padre del chico presa de esp\u00edritu mudo, el que le dijo: \u00abCreo, \u00a1ayuda mi incredulidad!\u00bb (Marcos, IX, 24). Aquellos tres ap\u00f3stoles no entend\u00edan qu\u00e9 sea eso de resucitar a los muertos. Ni tampoco aquellos saduceos que le preguntaron al Maestro de qui\u00e9n ser\u00e1 mujer en la resurrecci\u00f3n la que en esta vida hubiese tenido varios maridos (Mat., XXII, 23-32), que es cuando \u00e9l dijo que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Y no es, en efecto, pensable otra vida sino en las formas mismas de esta terrena y pasajera. Ni aclara nada el misterio todo aquello del grano y el trigo que de \u00e9l sale con que el ap\u00f3stol Pablo se contesta a la pregunta de: \u00ab\u00bfc\u00f3mo resucitar\u00e1n los muertos?, \u00bfcon qu\u00e9 cuerpo vendr\u00e1n?\u00bb (1 Cor., XV, 35). \u00bfC\u00f3mo puede vivir y gozar de Dios eternamente un alma humana sin perder su personalidad individual, es decir, sin perderse? \u00bfQu\u00e9 es gozar de Dios? \u00bfQu\u00e9 es la eternidad por oposici\u00f3n a tiempo? \u00bfCambia el alma o no cambia en la otra vida? Si no cambia, \u00bfc\u00f3mo vive? Y si cambia, \u00bfc\u00f3mo conserva su individualidad en tan largo tiempo? Y la otra vida puede excluir el espacio, pero no puede excluir el tiempo, como hace notar Cournot, ya citado. Si hay vida en el cielo hay cambio, y Swedenborg hac\u00eda notar que los \u00e1ngeles cambian, porque el deleite de la vida celestial perder\u00eda poco a poco su valor si gozaran siempre de \u00e9l en plenitud y porque los \u00e1ngeles, lo mismo que los hombres, se aman a s\u00ed mismos, y el que a s\u00ed mismo se ama, experimenta alteraciones de estado, y a\u00f1ade que a las veces los \u00e1ngeles se entristecen, y que \u00e9l, Swedenborg, habl\u00f3 con algunos de ellos cuando estaban tristes (De coelo et inferno, \u00a7 158, 160), en todo caso, nos es imposible concebir vida sin cambio, cambio de crecimiento o de mengua, de tristeza o de alegr\u00eda, de amor o de odio. Es que una vida eterna es impensable y m\u00e1s impensable a\u00fan una vida eterna de absoluta felicidad, de visi\u00f3n beat\u00edfica. \u00bfY qu\u00e9 es esto de la visi\u00f3n beat\u00edfica? Vemos en primer lugar que se llama visi\u00f3n y no acci\u00f3n, suponiendo algo pasivo. Y esta visi\u00f3n beat\u00edfica, \u00bfno supone p\u00e9rdida de la propia conciencia? Un santo en el cielo es, dice Bossuet, un ser que apenas se siente a s\u00ed mismo, tan pose\u00eddo est\u00e1 de Dios y tan abismado de su gloria&#8230; No puede uno detenerse en \u00e9l porque se le encuentra fuera de s\u00ed mismo, y sujeto por un amor inmutable a la fuente de su ser, y de su dicha (Du culte qui est d\u00fa \u00e1 Dieu). Y esto lo dice Bossuet el antiquietista. Esa visi\u00f3n amorosa de Dios supone una absorci\u00f3n en \u00c9l. Un bienaventurado que goza plenamente de Dios no debe pensar en s\u00ed mismo, no acordarse de s\u00ed, ni tener de s\u00ed conciencia, sino que ha de estar en perpetuo \u00e9xtasis &#8211; K6aa6cs- fuera de s\u00ed, en enajenamiento. Y un preludio de esa visi\u00f3n nos describen los m\u00edsticos en el \u00e9xtasis. El que ve a Dios se muere, dice la Escritura (Jueces, XIII, 22); y la visi\u00f3n eterna de Dios, \u00bfno es acaso una eterna muerte, desfallecimiento de la personalidad? Pero santa Teresa, en el cap\u00edtulo XX de su Vida, al descubrirnos el \u00faltimo grado de oraci\u00f3n, el arrobamiento, arrebatamiento, vuelo o \u00e9xtasis del alma, nos dice que es esta levantada como por una nube o \u00e1guila caudalosa, pero \u00abveisos llevar y no sab\u00e9is d\u00f3nde\u00bb, y es \u00abcon deleite\u00bb, y \u00absi no se resiste, no se pierde el sentido, al menos estaba de manera en m\u00ed que pod\u00eda entender era llevada\u00bb, es decir, sin p\u00e9rdida de conciencia. Y Dios \u00abno parece se contenta con llevar tan de veras el alma a s\u00ed, sino que quiere el cuerpo aun siendo tan mortal y de tierra tan sucia\u00bb. \u00abMuchas veces se engolfa el alma, o la engolfa el Se\u00f1or en s\u00ed, por mejor decir, y teni\u00e9ndola en s\u00ed un poco, qu\u00e9dase con sola la voluntad\u00bb, no con sola la inteligencia. No es, pues, como se ve, visi\u00f3n, sino uni\u00f3n volutiva, y entretanto \u00abel entendimiento y memoria divertidos&#8230; como una persona que ha mucho dormido y so\u00f1ado y a\u00fan no acaba de despertar\u00bb. Es \u00abvuelo suave, es vuelo deleitoso, vuelo sin ruido\u00bb. Y es vuelo deleitoso, es con conciencia de s\u00ed, sabi\u00e9ndose distinto de Dios con quien se une uno. Y a este arrobamiento se sube, seg\u00fan la m\u00edstica doctora espa\u00f1ola, por la contemplaci\u00f3n de la Humanidad de Cristo, es decir, de algo concreto y humano; es la visi\u00f3n del Dios vivo, no de la idea de Dios. Y en el cap\u00edtulo XXVIII nos dice que \u00abcuando otra cosa no hubiere para deleitar la vista en el cielo, sino la gran hermosura de los cuerpos glorificados, es grand\u00edsima gloria, en especial ver la Humanidad de Jesucristo Se\u00f1or nuestro\u00bb&#8230; \u00abEsta visi\u00f3n -a\u00f1ade-, aunque es imaginaria nunca la vi con los ojos corporales, ni ninguna, sino con los ojos del alma.\u00bb Y resulta que en el cielo no se ve s\u00f3lo a Dios, sino todo en Dios; mejor dicho, se ve todo Dios, pues que \u00c9l lo abarca todo. Y esta idea la recalca m\u00e1s Jacobo Boehme. La santa, por su parte, nos dice en las Moradas s\u00e9ptimas, cap\u00edtulo II, que \u00abpasa esta secreta uni\u00f3n en el centro muy interior del alma, que debe ser adonde est\u00e1 el mismo Dios\u00bb. Y luego que \u00abqueda el alma, digo el esp\u00edritu de esta alma, hecho una cosa con Dios&#8230;\u00bb; y es \u00abcomo si dos velas de cera se juntasen tan en extremo, que toda la luz fuese una o que el p\u00e1bilo y la luz y la cera es todo uno; mas despu\u00e9s bien se puede apartar la una vela de la otra, y quedar en dos velas o el p\u00e1bilo de la cera\u00bb. Pero hay otra m\u00e1s \u00edntima uni\u00f3n, que es \u00abcomo si cayendo agua del cielo en un r\u00edo o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podr\u00e1n ya dividir ni apartar cu\u00e1l es el agua del r\u00edo o la que cay\u00f3 del cielo; o como si un arroyito peque\u00f1o entra en la mar, que no habr\u00e1 remedio de apartarse; o como si en una pieza estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz, aunque entra dividida, se hace toda una luz\u00bb. \u00bfY qu\u00e9 diferencia va de esto a aquel silencio interno y m\u00edstico de Miguel de Molinos, cuyo tercer grado y perfect\u00edsimo es el silencio del pensamiento? (Gu\u00eda, cap. XVII, \u00a7 129). \u00bfNo estamos cerca de aquello de que es la nada el camino para llegar a aquel estado del \u00e1nimo reforzado? (cap. XX, \u00a7 186). \u00bfY qu\u00e9 extra\u00f1o es que Amiel usara hasta por dos veces de la palabra espa\u00f1ola nada en su Diario \u00edntimo, sin duda por no encontrar en otra lengua alguna otra m\u00e1s expresiva? Y, sin embargo, si se lee con cuidado a nuestra m\u00edstica doctora, se ver\u00e1 que nunca queda fuera el elemento sensitivo, el del deleite, es decir, el de la propia conciencia. Se deja el alma absorber de Dios para absorberlo, para cobrar conciencia de su propia divinidad. Una visi\u00f3n beat\u00edfica, una contemplaci\u00f3n amorosa en que est\u00e9 el alma absorta en Dios y como perdida en \u00c9l aparece, o como un aniquilamiento propio o como un tedio prolongado a nuestro modo natural de sentir. Y de aqu\u00ed ese sentimiento que observamos con frecuencia y que se ha expresado m\u00e1s de una vez en expresiones sat\u00edricas no exentas de irreverencia y acaso de impiedad, de que el cielo de la gloria eterna es una morada de eterno aburrimiento. Sin que sirva querer desde\u00f1ar estos sentimientos as\u00ed, tan espont\u00e1neos y naturales, o pretender denigrarlos. Claro est\u00e1 que sienten as\u00ed los que no aciertan a darse cuenta de que el supremo placer del hombre es adquirir y acrecentar conciencia. No precisamente el de conocer, sino el de aprender. En conociendo una cosa, se tiende a olvidarla, a hacer su conocimiento inconsciente, si cabe decir as\u00ed. El placer, el deleite m\u00e1s puro del hombre, va unido al acto de aprender, de enterarse: de adquirir conocimiento, esto es, a una diferenciaci\u00f3n. Y de aqu\u00ed el dicho famoso de Lessing, ya citado. Conocido es el caso de aquel anciano espa\u00f1ol que acompa\u00f1aba a Vasco N\u00fa\u00f1ez de Balboa, cuando al llegar a la cumbre del Dari\u00e9n, dieron vista a los dos oc\u00e9anos, y es que cayendo de rodillas exclam\u00f3: \u00abGracias, Dios m\u00edo, porque no me has dejado morir sin haber visto tal maravilla.\u00bb Pero si este hombre se hubiese quedado all\u00ed, pronto la maravilla habr\u00eda dejado de serlo, y con ella, el placer. Su goce fue el del descubrimiento, y acaso el goce de la visi\u00f3n beat\u00edfica sea, no precisamente el de la contemplaci\u00f3n de la Verdad suma, entera y toda, que a esto no resistir\u00eda el alma, sino el de un continuo descubrimiento de ella, el de un incesante aprender mediante un esfuerzo que mantenga siempre el sentimiento de la propia conciencia activa. Una visi\u00f3n beat\u00edfica de quietud mental, de conocimiento pleno y no de aprensi\u00f3n gradual, no es dif\u00edcil concebir como otra cosa que como un nirvana, una difusi\u00f3n espiritual, una disipaci\u00f3n de la energ\u00eda en el seno de Dios, una vuelta a la inconsciencia por falta de choque, de diferencia, o sea de actividad. \u00bfNo es acaso que la condici\u00f3n misma que hace pensable nuestra eterna uni\u00f3n con Dios, destruye nuestro anhelo? \u00bfQu\u00e9 diferencia va de ser absorbido por Dios a absorberle uno en s\u00ed? \u00bfEs el arroyito el que se pierde en el mar o el mar en el arroyito? Lo mismo da. El fondo sentimental es nuestro anhelo de no perder el sentido de la continuidad de nuestra conciencia, de no romper el encadenamiento de nuestros recuerdos, el sentimiento de nuestra propia identidad personal concreta, aunque acaso vayamos poco a poco absorbi\u00e9ndonos en \u00c9l, enriqueci\u00e9ndole. \u00bfQui\u00e9n a los ochenta a\u00f1os se acuerda del que a los ocho fue, aunque sienta el encadenamiento entre ambos? Y podr\u00eda decirse que el problema sentimental se reduce a si hay un Dios, una finalidad humana al Universo. Pero \u00bfqu\u00e9 es finalidad? Porque as\u00ed como siempre cabe preguntar por un por qu\u00e9 de todo por qu\u00e9, as\u00ed cabe preguntar tambi\u00e9n siempre por un para qu\u00e9 de todo para qu\u00e9. Supuesto que haya un Dios, \u00bfpara qu\u00e9 Dios? Para s\u00ed mismo, se dir\u00e1. Y no faltar\u00e1 quien replique: \u00bfy qu\u00e9 m\u00e1s da esta conciencia de la no conciencia? Mas siempre resultar\u00e1 lo que ya dijo Plotino (Enn., II, IX, 8), que el por qu\u00e9 hizo el mundo, es lo mismo que el por qu\u00e9 hay alma. O mejor a\u00fan que el por qu\u00e9, 8l\u00e1 aa, el para qu\u00e9. Para el que se coloca fuera de s\u00ed mismo en una hipot\u00e9tica posici\u00f3n objetiva -lo que vale decir inhumano-, el \u00faltimo para qu\u00e9 es tan inasequible y en rigor tan absurdo, como el \u00faltimo por qu\u00e9. \u00bfQue m\u00e1s da, en efecto, que no haya finalidad alguna? \u00bfQu\u00e9 contradicci\u00f3n l\u00f3gica hay en que el Universo no est\u00e9 destinado a finalidad alguna, ni humana ni sobrehumana? \u00bfEn qu\u00e9 se opone a la raz\u00f3n que todo esto no tenga m\u00e1s objeto que existir, pasando como existe y pasa? Esto, para el que se coloca fuera de s\u00ed, pero para el que vive y sufre y anhela dentro de s\u00ed&#8230; para este es ello cuesti\u00f3n de vida o muerte. \u00a1B\u00fascate, pues, a ti mismo! Pero al encontrarse, \u00bfno es que se encuentra uno con su propia nada? \u00abHabi\u00e9ndose hecho el hombre pecador busc\u00e1ndose a s\u00ed mismo, se ha hecho desgraciado al encontrarse\u00bb, dijo Bossuet (Trait\u00e9 de la concupiscente, cap. XI). \u00ab\u00a1B\u00fascate a ti mismo!\u00bb, empieza por \u00ab\u00a1con\u00f3cete a ti mismo!\u00bb. A lo que replica Carlyle (Past and present, book III; chap. XI): \u00abEl \u00faltimo evangelio de este mundo es: \u00a1con\u00f3cete tu obra y c\u00famplela! \u00a1Con\u00f3cete a ti mismo!&#8230; Largo tiempo ha que este mismo tuyo te ha atormentado; jam\u00e1s llegar\u00e1s a conocerlo, me parece. No creas que es tu tarea la de conocerte, eres un individuo inconocible, conoce lo que puedes hacer y hazlo como un H\u00e9rcules. Esto ser\u00e1 lo mejor.\u00bb S\u00ed; pero eso que yo haga, \u00bfno se perder\u00e1 tambi\u00e9n al cabo? Y si se pierde, \u00bfpara qu\u00e9 hacerlo? S\u00ed, s\u00ed; el llevar a cabo mi obra -\u00bfy cu\u00e1l es mi obra?- sin pensar en m\u00ed, sea acaso amar a Dios. \u00bfY qu\u00e9 es amar a Dios? Y por otra parte, el amar a Dios en m\u00ed, \u00bfno es que me amo m\u00e1s que a Dios, que me amo en Dios a m\u00ed mismo? Lo que en rigor anhelamos para despu\u00e9s de la muerte es seguir viviendo esta vida, esta misma vida mortal, pero sin sus males, sin el tedio y sin la muerte. Es lo que expres\u00f3 S\u00e9neca, el espa\u00f1ol, en su Consolaci\u00f3n a Marcia (XXVI); es lo que quer\u00eda, volver a vivir esta vida: ista moliri. Y es lo que ped\u00eda Job (XIX, 25-27), ver a Dios en carne, no en esp\u00edritu. \u00bfY qu\u00e9 otra cosa significa aquella c\u00f3mica ocurrencia de la vuelta eterna que brot\u00f3 de las tr\u00e1gicas entra\u00f1as del pobre Nietzsche, hambriento de inmortalidad correcta y temporal? Esa visi\u00f3n beat\u00edfica que se nos presenta como primera soluci\u00f3n cat\u00f3lica, \u00bfc\u00f3mo puede cumplirse, repito, sin anegar la conciencia de s\u00ed? \u00bfNo ser\u00e1 como en el sue\u00f1o en que so\u00f1amos sin saber lo que so\u00f1amos? \u00bfQui\u00e9n apetecer\u00eda una vida eterna as\u00ed? Pensar sin saber lo que se piensa, no es sentirse a s\u00ed mismo, no es serse. Y la vida eterna, \u00bfno es acaso conciencia eterna; no s\u00f3lo ver a Dios, sino ver que se le ve, vi\u00e9ndose uno a s\u00ed mismo a la vez y como distinto de \u00c9l? El que duerme, vive, pero no tiene conciencia de s\u00ed; \u00bfy apetecer\u00e1 nadie su sue\u00f1o as\u00ed eterno? Cuando Circe recomienda a Ulises que baje a la morada de los muertos, a consultar al adivino Tiresias, d\u00edcele que este es all\u00ed, entre las sombras de los muertos, el \u00fanico que tiene sentido, pues los dem\u00e1s se agitan como sombras (Odisea, X, 487-495). Y es que los otros, aparte de Tiresias, \u00bfvencieron a la muerte? \u00bfEs vencerla acaso errar as\u00ed como sombras sin sentido? Por otra parte, \u00bfno cabe acaso imaginar que sea esta nuestra vida eterna respecto a la otra como es aqu\u00ed el sue\u00f1o para con la vigilia? \u00bfNo ser\u00e1 ensue\u00f1o nuestra vida toda, y la muerte un despertar? \u00bfPero despertar a qu\u00e9? \u00bfY si todo esto no fuese sino un sue\u00f1o de Dios, y Dios despertara un d\u00eda? \u00bfRecordar\u00e1 su ensue\u00f1o? Arist\u00f3teles, el racionalista, nos habla en su \u00c9tica de la superior felicidad de la vida contemplativa -\/l\u00edos 6ecopilzw\u00f3s-, y es corriente en los racionalistas todos poner la dicha en el conocimiento. Y la concepci\u00f3n de la felicidad eterna, del goce de Dios, como visi\u00f3n beat\u00edfica, como conocimiento y comprensi\u00f3n de Dios, es algo de origen racionalista, es la clase de felicidad que corresponde al Dios idea del aristotelismo. Pero es que para la felicidad se requiere, adem\u00e1s de la visi\u00f3n, la delectaci\u00f3n, y esta es muy poco racional y s\u00f3lo conseguidera sinti\u00e9ndose uno distinto de Dios. Nuestro te\u00f3logo cat\u00f3lico aristot\u00e9lico, el que trat\u00f3 de racionalizar el sentimiento cat\u00f3lico, santo Tom\u00e1s de Aquino, d\u00edcenos en su Summa (primae, secundae partis, quaestio IV, art. l.\u00b0) que \u00abla delectaci\u00f3n se requiere concomitante\u00bb. Pero \u00bfqu\u00e9 delectaci\u00f3n es la del que descansa? Descansar, requiescere, \u00bfno es dormir y no tener siquiera conciencia de que se descansa? \u00abDe la misma visi\u00f3n de Dios, se origina la delectaci\u00f3n\u00bb, a\u00f1ade el te\u00f3logo. Pero el alma, \u00bfse siente a s\u00ed misma como distinta de Dios? \u00abLa delectaci\u00f3n que acompa\u00f1a a la operaci\u00f3n del intelecto no impide esta, sino m\u00e1s bien la conforta\u00bb, dice luego. \u00a1Claro est\u00e1! Si no, \u00bfqu\u00e9 dicha es esa? Y para salvar la delectaci\u00f3n, el deleite, el placer que tiene siempre, como el dolor, algo de material, y que no concebimos sino en un alma encarnada en cuerpo, hubo de imaginar que el alma bienaventurada est\u00e9 unida a su cuerpo. Sin alguna especie de cuerpo, \u00bfc\u00f3mo el deleite? La inmortalidad del alma pura, sin alguna especie de cuerpo o periesp\u00edritu, no es inmortalidad verdadera. Y en el fondo, el anhelo de prolongar esta vida, esta y no otra, esta de carne y de dolor, esta de que maldecimos a las veces tan s\u00f3lo porque se acaba. Los m\u00e1s de los suicidas no se quitar\u00edan la vida si tuviesen la seguridad de no morirse nunca sobre la tierra. El que se mata, se mata por no esperar a morirse. Cuando el Dante llega a contarnos en el canto XXXIII del Paradiso c\u00f3mo lleg\u00f3 a la visi\u00f3n de Dios, nos dice que como aquel que ve so\u00f1ando y despu\u00e9s del sue\u00f1o le queda la pasi\u00f3n impresa, y no otra cosa, en la mente, as\u00ed a \u00e9l, que casi cesa toda su visi\u00f3n y a\u00fan le destila en el coraz\u00f3n lo dulce que naci\u00f3 de ella. Cotal son io, che quasi tutta cesa mia visione, ed ancor mi distilla nel cuor lo dulce che nacque da essa, no de otro modo que la nieve se descuaja al sol Cos\u00ed la neve al Sol si disigilla. Esto es, que se le va la visi\u00f3n, lo intelectual, y le queda el deleite; la passione impressa, lo emotivo, lo irracional, lo corporal, en fin. Una felicidad corporal, de deleite, no s\u00f3lo espiritual, no s\u00f3lo visi\u00f3n, es lo que apetecemos. Esa otra felicidad, esa beatitud racionalista, la de anegarse en la comprensi\u00f3n, s\u00f3lo puede&#8230; no digo satisfacer ni enga\u00f1ar, porque creo que ni le satisfizo ni le enga\u00f1\u00f3 a un Spinoza. El cual, al fin de su \u00c9tica, en las proposiciones XXXV y XXXVI de la parte quinta, establece que Dios se ama a s\u00ed mismo con infinito amor intelectual; que el amor intelectual de la mente de Dios es el mismo amor de Dios con que Dios se ama a s\u00ed mismo; no en cuanto es infinito, sino en cuanto puede explicarse por la esencia de la mente humana considerada en respecto de eternidad, esto es, que el amor intelectual de la mente hacia Dios es parte del infinito amor con que Dios a s\u00ed mismo se ama. Y despu\u00e9s de estas tr\u00e1gicas, de estas desoladoras proposiciones, la \u00faltima del libro todo, la que cierra y corona esa tremenda tragedia de la \u00c9tica, nos dice que la felicidad no es premio de la virtud, sino la virtud misma, y que no nos gozamos en ella por comprimir los apetitos, sino que por gozar de ella podemos comprimirlos. \u00a1Amor intelectual!, \u00a1amor intelectual! \u00bfQu\u00e9 es eso de amor intelectual? Algo as\u00ed como un sabor rojo, o un sonido amargo, o un color arom\u00e1tico o m\u00e1s bien, algo as\u00ed como un tri\u00e1ngulo enamorado o una elipse encolerizada, una pura met\u00e1fora, pero una met\u00e1fora tr\u00e1gica. Y una met\u00e1fora que corresponde tr\u00e1gicamente a aquello de que tambi\u00e9n el coraz\u00f3n tiene sus razones. \u00a1Razones de coraz\u00f3n!, \u00a1amores de cabeza!, \u00a1deleite intelectivo! \u00a1Intelecci\u00f3n deleitosa!, \u00a1tragedia, tragedia y tragedia! Y, sin embargo, hay algo que se puede llamar amor intelectual y que es el amor de entender, la vida misma contemplativa de Arist\u00f3teles, porque el comprender es algo activo y amoroso, y la visi\u00f3n beat\u00edfica es la visi\u00f3n de la verdad total. \u00bfNo hay acaso en el fondo de toda pasi\u00f3n la curiosidad? \u00bfNo cayeron, seg\u00fan el relato b\u00edblico, nuestros primeros padres por el ansia de probar el fruto del \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal, y ser como dioses, conocedores de esa ciencia? La visi\u00f3n de Dios, es decir, del Universo mismo en su alma, en su \u00edntima esencia, \u00bfno apagar\u00eda todo nuestro anhelo? Y esta perspectiva s\u00f3lo no puede satisfacer a los hombres groseros que no penetran el que el mayor goce de un hombre es ser m\u00e1s hombre, esto es, m\u00e1s dios, y que es m\u00e1s dios cuanta m\u00e1s conciencia tiene. Y ese amor intelectual, que no es sino el llamado amor plat\u00f3nico, es un medio de dominar y de poseer. No hay, en efecto, m\u00e1s perfecto dominio que el conocimiento; el que conoce algo, lo posee. El conocimiento une al que conoce con lo conocido. \u00abYo te contemplo y te hago m\u00eda al contemplarte\u00bb; tal es la f\u00f3rmula. Y conocer a Dios, \u00bfqu\u00e9 ha de ser sino poseerlo? El que a Dios conoce, es ya Dios \u00e9l. Cuenta B. Brunhes (La D\u00e9gradation de l&#8217;Energie, IV&#8217; partee, chap. XVIII, E. 2) haberle contado M. Sarrau, que lo ten\u00eda del padre Gratry, que este se paseaba por los jardines de Luxemburgo departiendo con el gran matem\u00e1tico y cat\u00f3lico Cauchy, respecto a la dicha que tendr\u00edan los elegidos en conocer, al fin, sin restricci\u00f3n ni velo, las verdades largo tiempo perseguidas trabajosamente en el mundo. Y aludiendo el padre Gratry a los estudios de Cauchy sobre la teor\u00eda mec\u00e1nica de la reflexi\u00f3n de la luz, emiti\u00f3 la idea de que uno de los m\u00e1s grandes goces intelectuales del ilustre ge\u00f3metra ser\u00eda penetrar en el secreto de la luz, a lo que replic\u00f3 Cauchy que no le parec\u00eda posible saber en esto m\u00e1s que ya sab\u00eda, ni conceb\u00eda que la inteligencia m\u00e1s perfecta pudiese comprender el misterio de la reflexi\u00f3n mejor que \u00e9l lo hab\u00eda expuesto, ya que hab\u00eda dado una teor\u00eda mec\u00e1nica del fen\u00f3meno. \u00abSu piedad -a\u00f1ade Brunhes-, no llegaba hasta creer que fuese posible hacer otra cosa ni hacerla mejor.\u00bb Hay en este relato dos partes que nos interesan. La primera es la expresi\u00f3n de lo que sea la contemplaci\u00f3n, el amor intelectual o la visi\u00f3n beat\u00edfica para hombres superiores, que hacen del conocimiento su pasi\u00f3n central, y otra la fe en la explicaci\u00f3n mecanicista del mundo. A esta disposici\u00f3n mecanicista del intelecto va unida la ya c\u00e9lebre f\u00f3rmula de \u00abnada se crea, nada se pierde, todo se transforma\u00bb, con que se ha querido interpretar el ambiguo principio de la conservaci\u00f3n de la energ\u00eda, olvidando que para nosotros, para los hombres, pr\u00e1cticamente energ\u00eda es la energ\u00eda utilizable, y que esta se pierde de continuo, se disipa por la difusi\u00f3n del calor, se degrada, tendiendo a la nivelaci\u00f3n y a lo homog\u00e9neo. Lo valedero para nosotros, m\u00e1s a\u00fan, lo real para nosotros, es lo diferencial, que es lo cualitativo; la cantidad pura, sin diferencia, es como si para nosotros no existiese, pues que no obra. Y el Universo material, el cuerpo del Universo, parece camina poco a poco, y sin que sirva la acci\u00f3n retardadora de los organismos vivos y m\u00e1s a\u00fan la acci\u00f3n consciente del hombre, a un estado de perfecta estabilidad, de homogeneidad (v\u00e9ase Brunhes, obra citada). Que si el esp\u00edritu tiende a concentrarse, la energ\u00eda material tiende a difundirse. \u00bfY no tiene esto acaso una \u00edntima relaci\u00f3n con nuestro problema? \u00bfNo habr\u00e1 una relaci\u00f3n entre esta conclusi\u00f3n de la filosof\u00eda cient\u00edfica respecto a un estado final de esta estabilidad y homogeneidad y el ensue\u00f1o m\u00edstico de la apocat\u00e1stasis? \u00bfEsa muerte del cuerpo del Universo no ser\u00e1 el triunfo final de su esp\u00edritu de Dios? Es evidente la relaci\u00f3n \u00edntima que media entre la exigencia religiosa de una vida eterna despu\u00e9s de la muerte, y las conclusiones -siempre provisionales- a que la filosof\u00eda cient\u00edfica llega respecto al probable porvenir del Universo material o sensitivo. Y el hecho es que as\u00ed como hay te\u00f3logos de Dios y de la inmortalidad del alma, hay tambi\u00e9n los que Brunhes (obra citada, cap. XXVI, \u00a7 2) llama te\u00f3logos del monismo, a los que estar\u00eda mejor llamar ate\u00f3logos, gentes que persisten en el esp\u00edritu de afirmaci\u00f3n a priori; y que se hacen insoportables &#8211; a\u00f1adeeuando abrigan la pretensi\u00f3n de desde\u00f1ar la teolog\u00eda. Un ejemplar de estos se\u00f1ores es Haeckel, \u00a1que ha logrado disipar los enigmas de la Naturaleza! Estos ate\u00f3logos se han apoderado de la conservaci\u00f3n de la energ\u00eda, del \u00abnada se crea y nada se pierde, todo se transforma\u00bb, que es de origen teol\u00f3gico ya en Descartes, y se han servido de \u00e9l para dispensarnos de Dios. \u00abEl mundo construido para durar -escribe Brunhes-, que no se gasta, o m\u00e1s bien repara por s\u00ed mismo las grietas que aparecen en \u00e9l; \u00a1qu\u00e9 hermoso tema de ampliaciones oratorias!; pero estas mismas ampliaciones, despu\u00e9s de haber servido en el siglo XVII para probar la sabidur\u00eda del Creador, han servido en nuestros d\u00edas de argumentos para los que pretenden pasarse sin \u00e9l.\u00bb Es lo de siempre: la llamada filosof\u00eda cient\u00edfica, de origen y de inspiraci\u00f3n teol\u00f3gica o religiosa en su fondo, yendo a dar en una ateolog\u00eda o irreligi\u00f3n, que no es otra cosa que teolog\u00eda y religi\u00f3n. Recordemos aquello de Ritschl, ya citado en estos ensayos. Ahora la \u00faltima palabra de la ciencia, m\u00e1s bien a\u00fan que de la filosof\u00eda cient\u00edfica, parece ser que el mundo material, sensible, camina por la degradaci\u00f3n de la energ\u00eda, por la predominancia de los fen\u00f3menos irreversibles, a una nivelaci\u00f3n \u00faltima, a una especie de homog\u00e9neo final. Y este nos recuerda aquel hipot\u00e9tico homog\u00e9neo primitivo de que tanto us\u00f3 y abus\u00f3 Spencer, y aquella fant\u00e1stica inestabilidad de lo homog\u00e9neo. Inestabilidad de que necesitaba el agnosticismo ateol\u00f3gico de Spencer para explicar el inexplicable paso de lo homog\u00e9neo a lo heterog\u00e9neo. Porque \u00bfc\u00f3mo puede surgir heterogeneidad alguna, sin acci\u00f3n externa, del perfecto y absoluto homog\u00e9neo? Mas hab\u00eda que descartar todo g\u00e9nero de creaci\u00f3n, y para ello el ingeniero desocupado, metido a metaf\u00edsico, como lo llam\u00f3 Papini, invent\u00f3 la inestabilidad de lo homog\u00e9neo, que es m\u00e1s&#8230; \u00bfc\u00f3mo lo dir\u00e9?, m\u00e1s m\u00edstico y hasta m\u00e1s mitol\u00f3gico, si se quiere, que la acci\u00f3n creadora de Dios. Acertado anduvo aquel positivista italiano, Roberto Ardig\u00f3, que, objetando a Spencer, le dec\u00eda que lo m\u00e1s natural era suponer que siempre fue como hoy, que siempre hubo mundos en formaci\u00f3n, en nebulosa, mundos formados y mundos que se deshac\u00edan; que la heterogeneidad es eterna. Otro modo, como se ve, de no resolver. \u00bfSer\u00e1 esta la soluci\u00f3n? Mas en tal caso, el Universo ser\u00eda infinito, y en realidad no cabe concebir un Universo eterno y limitado como el que sirvi\u00f3 de base a Nietzsche para lo de la vuelta eterna. Si el Universo ha de ser eterno, si han de seguirse en \u00e9l, para cada uno de sus mundos, per\u00edodos de homogeneizaci\u00f3n, de degradaci\u00f3n de energ\u00eda, y otros de heterogeneizaci\u00f3n, es menester que sea infinito; que haya lugar siempre y en cada mundo para una acci\u00f3n de fuera. Y de hecho, el cuerpo de Dios no puede ser sino eterno e infinito. Mas para nuestro mundo parece probada su gradual nivelaci\u00f3n, o si queremos, su muerte. \u00bfY cu\u00e1l ha de ser la suerte de nuestro esp\u00edritu en este proceso? \u00bfMenguar\u00e1 con la degradaci\u00f3n de la energ\u00eda de nuestro mundo y volver\u00e1 a la inconsciencia, o crecer\u00e1 m\u00e1s bien a medida que la energ\u00eda utilizable mengua y por los esfuerzos mismos para retardarlo y dominar a la Naturaleza, que es lo que constituye la vida del esp\u00edritu? \u00bfSer\u00e1n la conciencia y su soporte extenso dos poderes en contraposici\u00f3n tal que el uno crezca a expensas del otro? El hecho es que lo mejor de nuestra labor cient\u00edfica, que lo mejor de nuestra industria, es decir, lo que en ella no conspira a destrucci\u00f3n -que es mucho-, se endereza a retardar ese fatal proceso de degradaci\u00f3n de la energ\u00eda. Ya la vida misma org\u00e1nica, sost\u00e9n de la conciencia, es un esfuerzo por evitar en lo posible ese t\u00e9rmino fat\u00eddico, por irlo alargando. De nada sirve querernos enga\u00f1ar con himnos paganos a la Naturaleza, a aquella a que con m\u00e1s profundo sentido llam\u00f3 Leopardi, este ateo cristiano, \u00abmadre en el parto, en el querer madrastra\u00bb, en aquel su estupendo canto a la retama (La Ginesta). Contra ella se orden\u00f3 en un principio la humana compa\u00f1\u00eda; fue horror contra la limpia Naturaleza lo que anud\u00f3 primero a los hombres en cadena social. Es la sociedad humana, en efecto, madre de la conciencia refleja y del ansia de inmortalidad, la que inaugura el estado de gracia sobre el de Naturaleza, y es el hombre el que, humanizando, espiritualizando a la Naturaleza con su industria, la sobrenaturaliza. El tr\u00e1gico poeta portugu\u00e9s, Antero de Quental, so\u00f1\u00f3, en dos estupendos sonetos a que titul\u00f3 Redenci\u00f3n, que hay un esp\u00edritu preso, no ya en los \u00e1tomos o en los iones o en los cristales, sino -como a un poeta correspondeen el mar, en los \u00e1rboles, en la selva, en la monta\u00f1a, en el viento, en las individualidades y formas todas materiales, y que un d\u00eda, todas esas almas, en el limbo de la existencia, despertar\u00e1n en la conciencia, y cerni\u00e9ndose como puro pensamiento, ver\u00e1n a las formas, hijas de la ilusi\u00f3n, caer deshechas como un sue\u00f1o vano. Es el ensue\u00f1o grandioso de la concientizaci\u00f3n de todo. \u00bfNo es acaso que empez\u00f3 el Universo, este nuestro Universo -\u00bfqui\u00e9n sabe si hay otros?-, con un cero de esp\u00edritu -y cero no es lo mismo que nada- y un infinito de materia, y marcha a acabar en un infinito de esp\u00edritu con un cero de materia? \u00a1Ensue\u00f1os! \u00bfNo es acaso que todo tiene su alma, y que esa alma pide liberaci\u00f3n? \u00ab\u00a1Oh tierras de Alvargonz\u00e1lez \/ en el coraz\u00f3n de Espa\u00f1a, \/ tierras pobres, tierras tristes, \/tan tristes que tienen alma!\u00bb, canta nuestro poeta Antonio Machado (Campos de Castilla). La tristeza de los campos, \u00bfest\u00e1 en ellos o en nosotros que los contemplamos? \u00bfNo es que sufren? Pero \u00bfqu\u00e9 puede ser una alma individual en un mundo de la materia? \u00bfEs individuo una roca o una monta\u00f1a? \u00bfLo es un \u00e1rbol? Y siempre resulta, sin embargo, que luchan el esp\u00edritu y la materia. Ya lo dijo Espronceda al decir que: Aqu\u00ed, para vivir en santa calma, o sobra la materia o sobra el alma. \u00bfY no hay en la historia del pensamiento, o si quer\u00e9is, de la imaginaci\u00f3n humana, algo que corresponda a ese proceso de reducci\u00f3n de lo material, en el sentido de una reducci\u00f3n de todo a conciencia? S\u00ed, la hay, y es del primer m\u00edstico cristiano, de san Pablo de \u00c9feso, del ap\u00f3stol de los gentiles, de aquel que por no haber visto con los ojos carnales de la cara al Cristo carnal y mortal, al \u00e9tico, le cre\u00f3 en s\u00ed inmortal y religioso, de aquel que fue arrebatado al tercer cielo donde vio secretos inefables (1I, Cor., XIII). Y este primer m\u00edstico cristiano so\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n en un triunfo final del esp\u00edritu, de la conciencia, y es lo que se llama t\u00e9cnicamente en teolog\u00eda la apocat\u00e1statis o reconstituci\u00f3n. Es en los vers\u00edculos 26 al 28 del cap\u00edtulo XV de su primera ep\u00edstola a los Corintios donde nos dice que el \u00faltimo enemigo que ha de ser dominado ser\u00e1 la muerte, pues Dios puso todo bajo sus pies; pero cuando diga que todo le est\u00e1 sometido, es claro que excluyendo al que hizo que todo se le sometiese, y cuando le haya sometido todo, entonces tambi\u00e9n \u00c9l, el Hijo, se someter\u00e1 al que le someti\u00f3 todo para que Dios sea en todos: \u00a1va rj d B&#8211;\u00f3s &#8216;t\u00e1vza \u00c9v zz\u00f3cv. Es decir, que el fin es que Dios la Conciencia, acabe si\u00e9ndolo todo en todo. Doctrina que se completa con cuanto el mismo ap\u00f3stol expone respecto al fin de la historia toda del mundo en su Ep\u00edstola a los efesios. Pres\u00e9ntanos en ella, como es sabido, a Cristo -que es por quien fueron hechas las cosas todas del cielo y de la tierra, visibles e invisibles (Col., I, 16)-, como cabeza del todo (EL, 1, 22), y en \u00e9l, en esta cabeza, hemos de resucitar todos para vivir en comuni\u00f3n de santos y comprender con todos los santos cu\u00e1l sea la anchura, la largura, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento (EL, 111, 18, 19). Y a este recogernos en Cristo, cabeza de la Humanidad, y como resumen de ella, es a lo que el Ap\u00f3stol llama recaudarse, recapitularse o recogerse todo en Cristo, \u00e1vaw&#8211; rpaAaiojua69az. z\u00e1 iravaa \u00c9v Xp\u00edaao). Y esta recapitulaci\u00f3n -\u00e1vaic&#8211;tpa\u00eda\u00edcouis, anacefaleosis-, fin de la historia del mundo y del linaje humano, no es sino otro aspecto de la apocat\u00e1stasis. Esta, la apocat\u00e1statis, el que llegue a ser Dios todo en todos, red\u00facese, pues, a la anacefaleosis, a que todo se recoja en Cristo, en la Humanidad, siendo por lo tanto la Humanidad el fin de la creaci\u00f3n. Y esta apocat\u00e1stasis, esta humanaci\u00f3n o divinizaci\u00f3n de todo, \u00bfno suprime la materia? \u00bfPero es que suprimida la materia, que es el principio de la individuaci\u00f3n principium individuationis, seg\u00fan la Escuela-, no vuelve todo a una conciencia pura, que en pura pureza, ni se conoce as\u00ed, ni es cosa alguna concebible y sensible? Y suprimida toda materia, \u00bfen qu\u00e9 se apoya el esp\u00edritu? Las mismas dificultades, las mismas impensabilidades, se nos vienen por otro camino. Alguien podr\u00eda decir por otra parte, que la apocat\u00e1stasis, el que Dios llegue a ser todo en todos, supone que no lo era antes. El que los seres todos lleguen a gozar de Dios, supone que Dios llegue a gozar de los seres todos, pues la visi\u00f3n beat\u00edfica es mutua, y Dios se perfecciona con ser mejor conocido, y de almas se alimenta y con ellas se enriquece. Podr\u00eda en ese camino de locos ensue\u00f1os imaginarse un Dios inconsciente, dormitando en la materia, y que va a un Dios consciente de todo, consciente de su divinidad; que el Universo todo se haga consciente de s\u00ed como todo y de cada una de las conciencias que le integran, que se haga Dios. Mas, en tal caso, \u00bfc\u00f3mo empez\u00f3 ese Dios inconsciente? \u00bfNo es la materia misma? Dios no ser\u00eda as\u00ed el principio, sino el fin del Universo; pero \u00bfpuede ser fin lo que no fue principio? \u00bfO es que hay fuera del tiempo, en la eternidad, diferencia entre el principio y el fin? \u00abEl alma de todo no estar\u00eda atada por aquello mismo (esto es: la materia) que est\u00e1 por ella atado\u00bb, dice Plotino. (Enn., H, IX, 7.) \u00bfO no es m\u00e1s bien la Conciencia del Todo que se esfuerza por hacerse de cada parte, y en que cada conciencia parcial tenga de ella, de la total conciencia? \u00bfNo es un Dios monote\u00edsta o solitario que camina a hacerse pante\u00edsta? Y si no es as\u00ed, si la materia y el dolor son extra\u00f1os a Dios, se preguntar\u00e1 uno: \u00bfpara qu\u00e9 cre\u00f3 Dios el mundo? \u00bfPara qu\u00e9 hizo la materia e introdujo el dolor? \u00bfNo era mejor que no hubiese hecho nada? \u00bfQu\u00e9 gloria le a\u00f1ade al crear \u00e1ngeles u hombres que caigan y a los que tenga que condenar a tormento eterno? \u00bfHizo acaso el mal para curarlo? \u00bfO fue la redenci\u00f3n, y la redenci\u00f3n total y absoluta, de todo y de todos, su designio? Porque no es esta hip\u00f3tesis ni m\u00e1s racional ni m\u00e1s piadosa que la otra. En cuanto tratamos de representarnos la felicidad eterna, pres\u00e9ntasenos una serie de preguntas sin respuesta alguna satisfactoria, esto es, racional, sea que partamos de una suposici\u00f3n monote\u00edsta o de una pante\u00edsta o siquiera panente\u00edsta. Volvamos a la apocat\u00e1stais pauliniana. Al hacerse Dios todo en todos, \u00bfno es acaso que se completa, que acaba de ser Dios, conciencia infinita que abarca las conciencias todas? \u00bfY qu\u00e9 es una conciencia infinita? Suponiendo, como supone, la conciencia, l\u00edmite, o siendo m\u00e1s bien la conciencia conciencia de l\u00edmite, de distinci\u00f3n, \u00bfno excluye por lo mismo la infinitud? \u00bfQu\u00e9 valor tiene la noci\u00f3n de infinitud aplicada a la conciencia? \u00bfQu\u00e9 es una conciencia toda ella conciencia, sin nada fuera de ella que no lo sea? \u00bfDe qu\u00e9 es conciencia la conciencia en tal caso? \u00bfDe su contenido? \u00bfO no ser\u00e1 m\u00e1s bien que nos acercamos a la apocat\u00e1stasis o apoteosis final sin llegar nunca a ella a partir de un caos, de una absoluta inconsciencia, en lo eterno del pasado? \u00bfNo ser\u00e1 m\u00e1s bien eso de la apocat\u00e1stasis, de la vuelta de todo a Dios, un t\u00e9rmino ideal a que sin cesar nos acercamos sin haber nunca de llegar a \u00e9l, y unos a m\u00e1s ligera marcha que otros? \u00bfNo ser\u00e1 la absoluta y perfecta felicidad eterna una eterna esperanza que de realizarse morir\u00eda? \u00bfSe puede ser feliz sin esperanza? Y no cabe esperar ya una vez realizada la posesi\u00f3n, porque esta mata la esperanza, el ansia. \u00bfNo ser\u00e1, digo, que todas las almas crezcan sin cesar, unas en mayor proporci\u00f3n que otras, pero habiendo todas de pasar alguna vez por un mismo grado cualquiera de crecimiento y sin llegar nunca al infinito, a Dios, a quien de continuo se acercan? \u00bfNo es la eterna felicidad, una eterna esperanza, con su n\u00facleo eterno de pesar para que la dicha no se suma en la nada? Siguen las preguntas sin respuesta. \u00abSer\u00e1 todo en todos\u00bb, dice el Ap\u00f3stol. \u00bfPero lo ser\u00e1 de distinta manera en cada uno o de la misma en todos? \u00bfNo ser\u00e1 Dios todo en un condenado? \u00bfNo est\u00e1 en su alma? \u00bfNo est\u00e1 en el llamado infierno? \u00bfY c\u00f3mo est\u00e1 en \u00e9l? De donde surgen nuevos problemas, y son los referentes a la oposici\u00f3n entre cielo e infierno, entre felicidad e infelicidad eternas. \u00bfNo es que al cabo se salvan todos, incluso Ca\u00edn y Judas, y Satan\u00e1s mismo, como desarrollando la apocat\u00e1stais pauliniana quer\u00eda Or\u00edgenes? Cuando nuestros te\u00f3logos cat\u00f3licos quieren justificar racionalmente -o sea \u00e9ticamente- el dogma de la eternidad de las penas del infierno, dan unas razones tan especiosas, rid\u00edculas e infantiles que parece mentira hayan logrado curso. Porque decir que siendo Dios infinito la ofensa a \u00c9l inferida es infinita tambi\u00e9n, y exige, por lo tanto, un castigo eterno, es, aparte de lo inconcebible de una ofensa infinita, desconocer que en moral y no en polic\u00eda humanas la gravedad de la ofensa se mide, m\u00e1s que por la dignidad del ofendido, por la intenci\u00f3n del ofensor, y que una intenci\u00f3n culpable infinita es un desatino, y nada m\u00e1s. Lo que aqu\u00ed cabr\u00eda aplicar son aquellas palabras del Cristo, dirigi\u00e9ndose a su Padre: \u00ab\u00a1Padre, perd\u00f3nales, porque no saben lo que se hacen!\u00bb, y no hay hombre que al ofender a Dios o a su projimo sepa lo que se hace. En \u00e9tica humana, o si se quiere en polic\u00eda humana -eso que llaman Derecho penal, y que es todo menos derecho- una pena eterna es un desatino. \u00abDios es justo, y se nos castiga; he aqu\u00ed cuanto es indispensable sepamos; lo dem\u00e1s no es para nosotros sino pura curiosidad.\u00bb As\u00ed, Lamennais (Essai, parte IV cap. VII), y as\u00ed otros con \u00e9l. Y as\u00ed tambi\u00e9n Calvino. \u00bfPero hay quien se contente con eso? \u00a1Pura curiosidad! \u00a1Llamar pura curiosidad a lo que m\u00e1s estruja el coraz\u00f3n! \u00bfNo ser\u00e1 acaso que el malo se aniquila porque dese\u00f3 aniquilarse o que no dese\u00f3 lo bastante eternizarse por ser malo? \u00bfNo podremos decir que no es el creer en otra vida lo que le hace a uno bueno, sino por ser bueno cree en ella? \u00bfY qu\u00e9 es ser bueno y ser malo? Esto es ya del dominio de la \u00e9tica, no de la religi\u00f3n. O m\u00e1s bien, \u00bfno es de \u00e9tica el hacer el bien, aun siendo malo, y de la religi\u00f3n el ser bueno, aun haciendo mal? \u00bfNo se nos podr\u00e1 acaso decir, por otra parte, que si el pecador sufre un castigo eterno es porque sin cesar peca, porque los condenados no cesan de pecar? Lo cual no resuelve el problema, cuyo absurdo todo proviene de haber concebido el castigo como vindicta o venganza, no como correcci\u00f3n; de haberlo concebido a la manera de los pueblos b\u00e1rbaros. Y as\u00ed un infierno policiaco, para meter miedo en este mundo. Siendo lo peor que ya no amedrenta, por lo cual habr\u00e1 que cerrarlo. Mas, por otra parte, en concepci\u00f3n religiosa y dentro del misterio, \u00bfpor qu\u00e9 no una eternidad de dolor, aunque esto subleve nuestros sentimientos? \u00bfPor qu\u00e9 no un Dios que se alimenta de nuestro dolor? \u00bfEs acaso nuestra dicha el fin del Universo? \u00bfO no alimentamos con nuestro dolor alguna dicha ajena? Volvamos a leer las Eum\u00e9nides del formidable tr\u00e1gico Esquilo, aquellos coros de las Furias, porque los dioses nuevos, destruyendo las antiguas leyes, les arrebataban a Orestes de las manos: aquellas encendidas invectivas contra la redenci\u00f3n apol\u00ednea. \u00bfNo es que la redenci\u00f3n arranca de las manos de los dioses a los hombres, su presa y su juguete, con cuyos dolores juegan y se gozan como los chiquillos atormentando a un escarabajo, seg\u00fan la sentencia del tr\u00e1gico? Y recordemos aquello de: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Dios m\u00edo!, \u00bfporqu\u00e9 me has abandonado?\u00bb S\u00ed, \u00bfpor qu\u00e9 no una eternidad de dolor? El infierno es una eternizaci\u00f3n del alma, aunque sea en pena. \u00bfNo es la pena esencial a la vida? Los hombres andan inventando teor\u00edas para explicarse eso que llaman el origen del mal. \u00bfY por qu\u00e9 no el origen del bien? \u00bfPor qu\u00e9 suponer que es el bien lo positivo y originario, y el mal lo negativo y derivado? \u00abTodo lo que es en cuanto es, es bueno\u00bb, sentenci\u00f3 san Agust\u00edn; pero \u00bfpor qu\u00e9?, \u00bfqu\u00e9 quiere decir ser bueno? Lo bueno es bueno para algo, conducente a un fin, y decir que todo es bueno, vale decir que todo va a su fin. Pero \u00bfcu\u00e1l es su fin? Nuestro apetito es eternizarnos, persistir, y llamamos bueno a cuanto conspira a ese fin, y malo a cuanto tiende a amenguarnos o destruirnos la conciencia. Suponemos que la conciencia humana es fin y no medio para otra cosa que no sea conciencia, ya humana, ya sobrehumana. Todo optimismo metaf\u00edsico, como el de Leibniz, o pesimismo de igual orden, como el de Schopenhauer, no tienen otro fundamento. Para Leibniz este mundo es el mejor, porque conspira a perpetuar la conciencia y con ella la voluntad, porque la inteligencia acrecienta la voluntad y la perfecciona, porque el fin del hombre es la contemplaci\u00f3n de Dios, y para Schopenhauer es este mundo el peor de los posibles, porque conspira a destruir la voluntad, porque la inteligencia, la representaci\u00f3n, anula a la voluntad, su madre. Y as\u00ed Franklin, que cre\u00eda en otra vida, aseguraba que volver\u00eda a vivir esta, la vida que vivi\u00f3, de cabo a rabo, from its beginning to the end, y Leopardi, que no cre\u00eda en otra, aseguraba que nadie aceptar\u00eda volver a vivir la vida que vivi\u00f3. Ambas doctrinas, no ya \u00e9ticas, sino religiosas, y el sentimiento del bien moral, en cuanto valor teol\u00f3gico, de origen religioso tambi\u00e9n. Y vuelve uno a preguntarse: \u00bfno se salvan, no se eternizan, y no ya en dolor, sino en dicha, todos, lo mismo los que llamamos buenos que los llamados malos? \u00bfEn esto de bueno y de malo no entra la malicia del que juzga? \u00bfLa maldad est\u00e1 en la intenci\u00f3n del que ejecuta el acto o no est\u00e1 m\u00e1s bien en la del que lo juzga malo? \u00a1Pero es lo terrible que el hombre se juzga a s\u00ed mismo, se hace juez de s\u00ed propio! \u00bfQui\u00e9nes se salvan? Ahora otra imaginaci\u00f3n -ni m\u00e1s ni menos racional que cuantas van interrogativamente expuestas-, y es que s\u00f3lo se salven los que anhelaron salvarse, que s\u00f3lo se eternicen los que vivieron aquejados del terrible hambre de eternidad y de etemizaci\u00f3n. El que anhela no morir nunca, y cree no haberse nunca de morir en esp\u00edritu, es porque lo merece, o m\u00e1s bien, s\u00f3lo anhela la eternidad personal el que la lleva ya dentro. No deja de anhelar con pasi\u00f3n su propia inmortalidad, y con pasi\u00f3n avasalladora de toda raz\u00f3n, sino aquel que no la merece y porque no la merece no la anhela. Y no es injusticia no darle lo que no sabe desear, porque pedid y se os dar\u00e1. Acaso se le d\u00e9 a cada uno lo que dese\u00f3. Y acaso el pecado aquel contra el Esp\u00edritu Santo, para el que no hay, seg\u00fan el Evangelio, remisi\u00f3n, no sea otro que no desear a Dios, no anhelar eternizarse. \u00abSeg\u00fan es vuestro esp\u00edritu, as\u00ed es vuestra rebusca; hallar\u00e9is lo que dese\u00e9is, y esto es ser cristiano\u00bb, as is your sort of mind \/ so is your sort of search; you&#8217;ll find \/ what you desire, and thats to be a Christian, dec\u00eda R. Browning (Christmaseve and Easterday, VII). El Dante condena en su infierno a los epic\u00fareos, a los que no creyeron en otra vida a algo m\u00e1s terrible que no tenerla, y es a la conciencia de que no la tienen, y esto en forma pl\u00e1stica, haciendo que permanezcan durante la eternidad toda encerrados dentro de sus tumbas, sin luz, sin aire, sin fuego, sin movimiento, sin vida (Inferno, X; 10-15). \u00bfQu\u00e9 crueldad hay en negar a uno lo que no dese\u00f3 o no pudo desear? Virgilio el dulce, en el canto VI de su Eneida (426-429), nos hace o\u00edr las voces y vagidos quejumbrosos de los ni\u00f1os que lloran a la entrada del infierno. continuo auditae voces, vagitus et ingens infantumque animae flentes in limine primo, desdichados que apenas entraron en la vida ni conocieron sus dulzuras, y a quienes un negro d\u00eda les arrebat\u00f3 de los pechos maternos para sumergirlos en acerbo luto. quos dulcis vitae exsortes et ab ubere raptos abstulit atra dies et funere mersit acerbo. \u00bfPero qu\u00e9 vida perdieron, si no la conoc\u00edan ni la anhelaban? \u00bfO es que en realidad no la anhelaron? Aqu\u00ed podr\u00e1 decirse que la anhelaron otros por ellos, que sus padres les quisieron eternos, para con ellos recrearse luego en la gloria. Y as\u00ed entramos en un nuevo campo de imaginaciones, y es el de la solidaridad y representatividad de la salvaci\u00f3n eterna. Son muchos, en efecto, los que se imaginan al linaje humano como un ser, un individuo colectivo y solidario, y en que cada miembro representa o puede llegar a representar a la colectividad toda y se imaginan la salvaci\u00f3n como algo colectivo tambi\u00e9n. Como algo colectivo el m\u00e9rito, como algo colectivo tambi\u00e9n la culpa; y la redenci\u00f3n. O se salvan todos o no se salva nadie, seg\u00fan este &#8211; nodo de sentir y de imaginar; la redenci\u00f3n es total y es mutua; cada hombre un Cristo de su pr\u00f3jimo. \u00bfY no hay acaso como una vislumbre de esto en la creencia popular cat\u00f3lica de las benditas \u00e1nimas del Purgatorio y de los sufragios que por ellas, por sus muertos, rinden los vivos y los m\u00e9ritos que les aplican? Es corriente en la piedad popular cat\u00f3lica este sentimiento de transmisi\u00f3n de m\u00e9ritos, ya a vivos, ya a muertos. No hay tampoco que olvidar el que muchas veces se ha presentado ya en la historia del pensamiento religioso humano la idea de la inmortalidad restringida a un n\u00famero de elegidos, de esp\u00edritus representativos de los dem\u00e1s, y que en cierto modo los incluyen en s\u00ed, idea de abolengo pagano -pues tales eran los h\u00e9roes y semidioses- que se abroquela a las veces en aquello de que son muchos los llamados y pocos los elegidos. En estos d\u00edas mismos en que me ocupaba en preparar este ensayo, lleg\u00f3 a mis manos la tercera edici\u00f3n del Dialogue sur la vie et sur la mort, de Charles Bonnefon, libro en que imaginaciones an\u00e1logas a las que vengo exponiendo hallan expresi\u00f3n concentrada y sugestiva. Ni el alma puede vivir sin el cuerpo, ni este sin aquella, nos dice Bonnefon, y as\u00ed no existen en realidad ni la muerte ni el nacimiento, ni hay en rigor, ni cuerpo, ni alma, ni nacimiento, ni muerte, todo lo cual son abstracciones o apariencias, sino tan s\u00f3lo una vida pensante, de que formamos parte, y que no puede ni nacer ni morir. Lo que le lleva a negar la individualidad humana, afirmando que nadie puede decir: \u00abyo soy\u00bb, sino m\u00e1s bien \u00abnosotros somos\u00bb, o mejor a\u00fan: \u00abes en nosotros\u00bb. Es la humanidad, la especie, la que piensa y ama en nosotros. Y como se transmiten los cuerpos se transmiten las almas. \u00abEl pensamiento vivo o la vida presente que somos, volver\u00e1 a encontrarse inmediatamente bajo una forma an\u00e1loga a la que fue nuestro origen y correspondiente a nuestro ser en el seno de una mujer fecundado.\u00bb Cada uno de nosotros, pues, ha vivido ya y volver\u00e1 a vivir, aunque lo ignore. \u00abSi la humanidad se eleva gradualmente por encima de s\u00ed misma, \u00bfqui\u00e9n nos dice que al momento de morir el \u00faltimo hombre, que contendr\u00e1 en s\u00ed a todos los dem\u00e1s, no haya llegado a la humanidad superior tal como existe en cualquier otra parte, en el cielo?&#8230; Solidarios todos, recogeremos todos poco a poco los frutos de nuestros esfuerzos.\u00bb Seg\u00fan este modo de imaginar y de sentir, como nadie nace, nadie muere, sino que cada alma no ha cesado de luchar y varias veces hase sumergido en medio de la pelea humana, \u00abdesde que el tipo de embri\u00f3n correspondiente a la misma conciencia se representaba en la sucesi\u00f3n de los fen\u00f3menos humanos\u00bb. Claro es que como Bonnefon empieza por negar la individualidad personal, deja fuera nuestro verdadero anhelo, que es el de salvarla; mas como, por otra parte, \u00e9l, Bonnefon, es individuo personal y siente ese anhelo, acude a la distinci\u00f3n entre llamados y elegidos, y a la noci\u00f3n de esp\u00edritus representati vos, y concede a un n\u00famero de hombres esa inmortalidad representativa. De estos elegidos dice que \u00abser\u00e1n un poco m\u00e1s necesarios a Dios que nosotros mismos\u00bb. Y termina este grandioso ensue\u00f1o en que \u00abde ascensi\u00f3n en ascensi\u00f3n no es imposible que lleguemos a la dicha suprema, y que nuestra vida se funda en la Vida perfecta como la gota de agua en el mar. Comprenderemos entonces -prosigue diciendo- que todo era necesario, que cada filosof\u00eda o cada religi\u00f3n tuvo su hora de verdad, que a trav\u00e9s de nuestros rodeos y errores y en los momentos m\u00e1s sombr\u00edos de nuestra historia, hemos columbrado el faro y que est\u00e1bamos todos predestinados a participar de la Luz Eterna. Y si el Dios que volveremos a encontrar posee un cuerpo -y no podemos concebir Dios vivo que no le tenga-, seremos una de sus c\u00e9lulas conscientes a la vez que las mir\u00edadas de razas brotadas en las mir\u00edadas de soles. Si este ensue\u00f1o se cumpliera, un oc\u00e9ano de amor batir\u00eda nuestras playas, y el fin de toda vida ser\u00eda a\u00f1adir una gota de agua a su infinito\u00bb. \u00bfY qu\u00e9 es este sue\u00f1o c\u00f3smico de Bonnefon sino la forma pl\u00e1stica de la apocat\u00e1stasis pauliniana? S\u00ed, este tal ensue\u00f1o, de viejo abolengo cristiano, no es otra cosa, en el fondo, que la anacefaleosis pauliniana, la fusi\u00f3n de los hombres todos en el Hombre, en la Humanidad toda hecha Persona, que es Cristo, y con los hombres todos, y la sujeci\u00f3n luego de todo ello a Dios, para que Dios, la Conciencia, lo sea todo en todos. Lo cual supone una redenci\u00f3n colectiva y una sociedad de ultratumba. A mediados del siglo xviii dos pietistas de origen protestante, Juan Jacobo Moser y Federico Crist\u00f3bal Oetinger, volvieron a dar fuerza y valor a la anacefaleosis pauliniana. Moser declaraba que su religi\u00f3n no consist\u00eda en tener por verdaderas ciertas doctrinas y vivir virtuosamente conforme a ellas, sino en unirse de nuevo con Dios por Cristo; a lo que corresponde el conocimiento, creciente hasta el fin de la vida, de los propios pecados y de la misericordia y paciencia de Dios, la alteraci\u00f3n del sentido natural todo, la adquisici\u00f3n de la reconciliaci\u00f3n fundada en la muerte de Cristo, el goce de la paz con Dios en el testimonio permanente del Esp\u00edritu Santo, respecto a la remisi\u00f3n de los pecados; el conducirse seg\u00fan el modelo de Cristo, lo cual s\u00f3lo brota de la fe, el acercarse a Dios y tratar con \u00c9l, y la disposici\u00f3n de morir en gracia y la esperanza del juicio que otorga la bienaventuranza en el pr\u00f3ximo goce de Dios y en trato con todos los santos (C. Ritschl, Geschichte der Pietismus, III, \u00a7 43). El trato con todos los santos, es decir, considera la felicidad eterna, no como la visi\u00f3n de Dios en su infinitud, sino bas\u00e1ndose en la Ep\u00edstola a los efesios, como la contemplaci\u00f3n de Dios en la armon\u00eda de la criatura con Cristo. El trato con todos los santos era, seg\u00fan \u00e9l, esencial contenido de la felicidad eterna. Era la realizaci\u00f3n del reino de Dios, que resulta as\u00ed ser el reino del Hombre. Y al exponer estas doctrinas de los dos pietistas confiesa Ritschl (obra citada, III, \u00a7 46) que ambos testigos adquirieron para el protestantismo con ellas algo de tanto valor como el m\u00e9todo teol\u00f3gico de Spencer, otro pietista. Vese, pues, c\u00f3mo el \u00edntimo anhelo m\u00edstico cristiano, desde san Pablo, ha sido dar finalidad humana, o sea divina, al Universo, salvar la conciencia humana y salvarla haciendo una persona de la humanidad toda. A ello responde la anacefaleosis, la recapitulaci\u00f3n de todo, todo lo de la tierra y el cielo, lo visible y lo invisible, en Cristo, y la apocat\u00e1stais, la vuelta del todo a Dios, a la conciencia, para que Dios sea todo en todo. \u00bfY ser Dios todo en todo no es acaso el que cobre todo conciencia y resucite en esta todo lo que pas\u00f3, y que se eternice todo cuanto en el tiempo fue? Y entre ellos todas las conciencias individuales, las que han sido, las que son y las que ser\u00e1n, y tal como se dieron, se dan y se dar\u00e1n en sociedad y solidaridad. Mas este resucitar a conciencia todo lo que alguna vez fue, \u00bfno trae necesariamente consigo una fusi\u00f3n de lo id\u00e9ntico, una amalgama de lo semejante? Al hacerse el linaje humano verdadera sociedad en Cristo, comuni\u00f3n de santos, reino de Dios, \u00bfno es que las enga\u00f1osas y hasta pecaminosas diferencias individuales se borran, y quede s\u00f3lo de cada hombre que fue lo esencial de \u00e9l en la sociedad perfecta? \u00bfNo resultar\u00eda tal vez, seg\u00fan la suposici\u00f3n de Bonnefon, que esta conciencia que vivi\u00f3 en el siglo xx en este rinc\u00f3n de esta tierra se sintiese la misma que tales otras que vivieron en otros siglos y acaso en otras tierras? \u00a1Y qu\u00e9 no puede ser una efectiva y real uni\u00f3n, una uni\u00f3n sustancial e \u00edntima, alma a alma, de todos los que han sido! \u00abSi dos criaturas cualesquiera se hicieran una, har\u00edan m\u00e1s que ha hecho el mundo.\u00bb If any two creatures grew into one They would do more than the world has done. sentenci\u00f3 Browning (The flight of the Duchess), y el Cristo nos dej\u00f3 dicho que donde se re\u00fanan dos en su nombre all\u00ed est\u00e1 \u00c9l. La gloria es, pues, seg\u00fan muchos, sociedad, m\u00e1s perfecta sociedad que la de este mundo: es la sociedad humana hecha persona. Y no falta quien crea que el progreso humano todo conspira a hacer de nuestra especie un ser colectivo con verdadera conciencia -\u00bfno es acaso un organismo humano individual una especie de federaci\u00f3n de c\u00e9lulas?- y que cuando la haya adquirido plena, resucitar\u00e1n en ella cuantos fueron. La gloria, piensan muchos, es sociedad. Como nadie vive aislado, nadie puede sobrevivir aislado tampoco. No puede gozar de Dios en el cielo quien vea que su hermano sufre en el infierno, porque fueron comunes la culpa y el m\u00e9rito. Pensamos con los pensamientos de los dem\u00e1s y con sus sentimientos sentimos. Ver a Dios, cuando Dios sea todo en todos, es verlo todo en Dios y vivir en Dios con todo. Este grandioso ensue\u00f1o de la solidaridad final humana es la anacefaleosis y la apocat\u00e1stasis paulinianas. Somos los cristianos, dec\u00eda el Ap\u00f3stol (1 Cor., XII, 27), el cuerpo de Cristo, miembros de \u00e9l, carne de su carne y hueso de sus huesos (Efesios, V 30), sarmientos de la vid. Pero en esta final solidarizaci\u00f3n, en esta verdadera y suprema cristinaci\u00f3n de las criaturas todas, \u00bfqu\u00e9 es de cada conciencia individual?, \u00bfqu\u00e9 es de m\u00ed, de este pobre yo fr\u00e1gil, de este yo esclavo del tiempo y del espacio, de este yo que la raz\u00f3n me dice ser un mero accidente pasajero, pero por salvar al cual, vivo y sufro y espero y creo? Salvada la finalidad humana del Universo, si al fin se salva; salvada la conciencia, \u00bfme resignar\u00eda a hacer el sacrificio de este mi pobre yo, por el cual y s\u00f3lo por el cual conozco esa finalidad y esa conciencia? Y henos aqu\u00ed en lo m\u00e1s alto de la tragedia, en su nudo, en la perspectiva de este supremo sacrificio religioso: el de la propia conciencia individual en aras de la conciencia humana perfecta, de la Conciencia Divina. Pero \u00bfhay tal tragedia? Si lleg\u00e1ramos a ver claro esa anacefaleosis; si lleg\u00e1ramos a comprender y sentir que vamos a enriquecer a Cristo, \u00bfvacilar\u00edamos un momento en entregarnos del todo a \u00c9l? El arroyico que entra en el mar y siente en la dulzura de sus aguas el amargor de la sal oce\u00e1nica, \u00bfretroceder\u00eda hacia su fuente?, \u00bfquerr\u00eda volver a la nube que naci\u00f3 de mar?, \u00bfno es un gozo sentirse absorbido? Y, sin embargo&#8230; S\u00ed, a pesar de todo, la tragedia culmina aqu\u00ed. Y el alma, mi alma al menos, anhela otra cosa, no absorci\u00f3n, no quietud, no paz, no apagamiento, sino eterno acercarse sin llegar nunca, inacabable anhelo, eterna esperanza que eternamente se renueva sin acabarse del todo nunca. Y con ello un eterno carecer de algo y un dolor eterno. Un dolor, una pena, gracias a la cual se crece sin cesar en conciencia y en anhelo. No pong\u00e1is a la puerta de la Gloria, como a la del Infierno puso el Dante, el Lasciate ogni speranza! \u00a1No mat\u00e9is el tiempo! Es nuestra vida una esperanza que se est\u00e1 convirtiendo sin cesar en recuerdo, que engendra a su vez a la esperanza. \u00a1Dejadnos vivir! La eternidad, como un eterno presente, sin recuerdo y sin esperanza, es la muerte. As\u00ed son las ideas, pero as\u00ed no viven los hombres. As\u00ed son las ideas en el DiosIdea; pero no pueden vivir as\u00ed los hombres en el Dios vivo, en el Dios-Hombre. Un eterno Purgatorio, pues, m\u00e1s que una Gloria; una ascensi\u00f3n eterna. Si desaparece todo dolor, por puro y espiritualizado que lo supongamos, toda ansia, \u00bfqu\u00e9 hace vivir a los bienaventurados? Si no sufren all\u00ed por Dios, \u00bfc\u00f3mo le aman? Y si aun all\u00ed, en la Gloria, viendo a Dios poco a poco y cada vez de m\u00e1s cerca sin llegar a \u00c9l del todo nunca, no les queda siempre algo por conocer y anhelar, no les queda siempre un poco de incertidumbre, \u00bfc\u00f3mo no se aduermen? O en resoluci\u00f3n, si all\u00ed no queda algo de la tragedia \u00edntima del alma, \u00bfqu\u00e9 vida es esa? \u00bfHay acaso goce mayor que acordarse de la miseria -y acordarse de ella es sentirla- en el tiempo de la felicidad? \u00bfNo a\u00f1ora la c\u00e1rcel quien se libert\u00f3 de ella? \u00bfNo echa de menos aquellos sus anhelos de libertad? \u00a1Ensue\u00f1os mitol\u00f3gicos!, se dir\u00e1. Ni como otra cosa los hemos presentado. Pero \u00bfes que el ensue\u00f1o mitol\u00f3gico no contiene su verdad? \u00bfEs que el ensue\u00f1o y el mito no son acaso revelaciones de una verdad inefable, de una verdad irracional, de una verdad que no puede probarse? \u00a1Mitolog\u00eda! Acaso; pero hay que mitologizar respecto a la otra vida como en tiempos de Plat\u00f3n. Acabamos de ver que cuando tratamos de dar forma concreta, concebible, es decir, racional, a nuestro anhelo primario, primordial y fundamental de vida eterna consciente de s\u00ed y de su individualidad personal, los absurdos est\u00e9ticos, l\u00f3gicos y \u00e9ticos se multiplican y no hay modo de concebir sin contradicciones y desprop\u00f3sitos la visi\u00f3n beat\u00edfica y la apocat\u00e1stasis. \u00a1Y sin embargo! Sin embargo, s\u00ed, hay que anhelarla, por absurda que nos parezca; es m\u00e1s, hay que creer en ella, de una manera o de otra, para vivir. Para vivir, \u00bfeh?, no para comprender el Universo. Hay que creer en ella, y creer en ella es religioso. El cristianismo, la \u00fanica religi\u00f3n que nosotros, los europeos del siglo XX, podemos de veras sentir, es, como dec\u00eda Kierkegaard, una salida desesperada (Afsluttende uvidenskabelig Efferskrift, 11, 1, cap. 1), salida que s\u00f3lo se logra mediante el martirio de la fe, que es la crucifixi\u00f3n de la raz\u00f3n, seg\u00fan el mismo tr\u00e1gico pensador. No sin raz\u00f3n qued\u00f3 dicho por quien pudo decirlo aquello de la locura de la cruz. Locura, sin duda, locura. Y no andaba del todo descaminado el humorista yanqui -Oliver Wendell Holmes- al hacer decir a uno de los personajes de sus ingeniosas conversaciones, que se,formaba mejor idea de los que estaban encerrados en un manicomio por monoman\u00eda religiosa que no de los que, profesando los mismos principios religiosos, andaban sueltos y sin enloquecer. Pero \u00bfes que realmente no viven estos tambi\u00e9n, gracias a Dios, enloquecidos? \u00bfEs que no hay locuras mansas, que no s\u00f3lo nos permiten convivir con nuestros pr\u00f3jimos sin detrimento de la sociedad, sino que m\u00e1s bien nos ayudan a ello, d\u00e1ndonos como nos dan sentido y finalidad a la vida y a la sociedad misma? Y despu\u00e9s de todo, \u00bfqu\u00e9 es la locura y c\u00f3mo distinguirla de la raz\u00f3n no poni\u00e9ndose fuera de una y de otra, lo cual nos es imposible? Locura tal vez, y locura grande, querer penetrar en el misterio de ultratumba; locura querer sobreponer nuestras imaginaciones, pre\u00f1adas de contradicci\u00f3n \u00edntima, por encima de lo que una sana raz\u00f3n nos dicta. Y una sana raz\u00f3n nos dice que no se debe fundar nada sin cimientos, y que es labor, m\u00e1s que ociosa, destructiva, la de llenar con fantas\u00edas el hueco de lo desconocido. Y sin embargo&#8230; Hay que creer en la otra vida, en la vida eterna de m\u00e1s all\u00e1 de la tumba, y en una vida individual y personal, en una vida en que cada uno de nosotros sienta su conciencia y la sienta unirse, sin confundirse con las dem\u00e1s conciencias todas en la Conciencia Suprema, en Dios; hay que creer en esa otra vida para poder vivir esta y soportarla y darle sentido y invalidad. Y hay que creer acaso en esa otra vida para merecerla, para conseguirla, o tal vez ni la merece ni la consigue el que no la anhela sobre la raz\u00f3n y, si fuere menester, hasta contra ella. Y hay, sobre todo, que sentir y conducirse como si nos estuviese reservada una continuaci\u00f3n sin fin de nuestra vida terrenal despu\u00e9s de la muerte; y si es la nada lo que nos est\u00e1 reservado, no hacer que esto sea una justicia, seg\u00fan la frase de Obennann. Lo que nos trae como de la mano a examinar el aspecto pr\u00e1ctico o \u00e9tico de nuestro \u00fanico problema.<\/p>\n<p><strong><em>XI<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>El problema pr\u00e1ctico<\/em><\/strong><\/p>\n<p>L&#8217;homme est p\u00e9rissable. -II se peut; mais p\u00e9rissons en r\u00e9sistant, et, si le n\u00e9ant nous est reserv\u00e9, ne faisons pas que ce soit une justice. (S\u00c9NANCOUR: Obennann, legre XC.) Varias veces, en el errabundo curso de estos ensayos, he definido, a pesar de mi horror a las definiciones, mi propia posici\u00f3n frente al problema que vengo examinando; pero s\u00e9 que no faltar\u00e1 nunca el lector, insatisfecho, educado en un dogmatismo cualquiera, que se dir\u00e1: \u00abEste hombre no se decide, vacila; ahora parece afirmar una cosa, y luego la contraria: est\u00e1 lleno de contradicciones; no le puedo encasillar; \u00bfqu\u00e9 es?\u00bb Pues eso, uno que afirma contrarios, un hombre de contradicci\u00f3n y de pelea, como de s\u00ed mismo dec\u00eda Job: uno que dice una cosa con el coraz\u00f3n y la contraria con la cabeza, y que hace de esta lucha su vida. M\u00e1s claro, ni el agua que sale de la nieve de las cumbres. Se me dir\u00e1 que esta es una posici\u00f3n insostenible, que hace falta un cimiento en que cimentar nuestra acci\u00f3n y nuestras obras, que no cabe vivir en contradicciones, que la unidad y la claridad son condiciones esenciales de la vida y del pensamiento, y que se hace preciso unificar este. Y seguimos siempre en lo mismo. Porque es la contradicci\u00f3n \u00edntima precisamente lo que unifica mi vida, le da raz\u00f3n pr\u00e1ctica de ser. O m\u00e1s bien es el conflicto mismo, es la misma apasionada incertidumbre lo que unifica mi acci\u00f3n y me hace vivir y obrar. Pensamos para vivir, he dicho; pero acaso fuera m\u00e1s acertado decir que pensamos porque vivimos, y que la forma de nuestro pensamiento responde a la de nuestra vida. Una vez m\u00e1s tengo que repetir que nuestras doctrinas \u00e9ticas y filos\u00f3ficas, en general, no suelen ser sino la justificaci\u00f3n a posteriori de nuestra conducta, de nuestros actos. Nuestras doctrinas suelen ser el medio que buscamos para explicar y justificar a los dem\u00e1s y a nosotros mismos nuestro propio modo de obrar. Y n\u00f3tese que no s\u00f3lo a los dem\u00e1s, sino a nosotros mismos. El hombre, que no sabe en rigor por qu\u00e9 hace lo que hace y no otra cosa, siente la necesidad de darse cuenta de su raz\u00f3n de obrar, y la forja. Los que creemos m\u00f3viles de nuestra conducta no suelen ser sino pretextos. La misma raz\u00f3n que uno cree que le impulsa a cuidarse para prologar su vida, es la que en la creencia de otro le lleva a este a pegarse un tiro. No puede, sin embargo, negarse que los razonamientos, las ideas, no influyan en los actos humanos, y aun a las veces los determinen por un proceso an\u00e1logo al de la sugesti\u00f3n en un hipnotizado, y es por la tendencia que toda idea -que no es sino un acto incoado o abortadotiene a resolverse en acci\u00f3n. Esta noci\u00f3n es la que llev\u00f3 a Fouill\u00e9e a lo de las ideas-fuerzas. Pero son de ordinario fuerzas que acomodamos a otras m\u00e1s \u00edntimas y mucho menos conscientes. Mas dejando por ahora todo esto, quiero establecer la incertidumbre, la duda, el perpetuo combate con el misterio de nuestro final destino, la desesperaci\u00f3n mental y la falta de s\u00f3lido y estable fundamento dogm\u00e1tico, pueden ser base de moral. El que basa o cree basar su conducta -interna o externa, de sentimiento o de acci\u00f3n- en un dogma o principio te\u00f3rico que estima incontrovertible, corre riesgo de hacerse un fan\u00e1tico, y, adem\u00e1s, el d\u00eda en que se le quebrante o afloje ese dogma, su moral se relaja. Si la tierra que cree firme vacila, \u00e9l, ante el terremoto, tiembla, porque no todos somos el estoico ideal a quien le hieren impavido las ruinas del orbe hecho pedazos. Afortunadamente, le salvar\u00e1 lo que hay debajo de sus ideas. Pues al que os diga que si no estafa y pone cuernos a su m\u00e1s \u00edntimo amigo, es porque teme al infierno, pod\u00e9is asegurar que, si dejase de creer en este, tampoco lo har\u00eda, inventando entonces otra explicaci\u00f3n cualquiera. Y esto en honra del g\u00e9nero humano. Pero al que cree que navega, tal vez sin rumbo en balsa movible y anegable, no ha de inmutarle el que la balsa se le mueva bajo los pies y amenace hundirse. Este tal cree obrar, no porque estime su principio de acci\u00f3n verdadero, sino para hacerlo tal, para probarse su verdad, para crearse su mundo espiritual. Mi conducta ha de ser la mejor prueba, la prueba moral de mi anhelo supremo; y si no acabo de convencerme, dentro de la \u00faltima o irremediable incertidumbre, de la verdad de lo que espero, es que mi conducta no es bastante pura. No se basa, pues, la virtud en el dogma, sino este en aquella, y es el m\u00e1rtir el que hace la fe m\u00e1s que la fe al m\u00e1rtir. No hay seguridad y descanso -los que se pueden lograr en esta vida, esencialmente insegura y fatigosa- sino en una conducta apasionadamente buena. Es la conducta, la pr\u00e1ctica, la que sirve de prueba a la doctrina, a la teor\u00eda. \u00abEl que quiera hacer la voluntad de \u00c9l -Aquel que me envi\u00f3, dice Jes\u00fas- conocer\u00e1 si es la doctrina de Dios o si hablo por m\u00ed mismo\u00bb (Juan, VII, 17); y es conocido aquello de Pascal de: empieza por tomar agua bendita y acabar\u00e1s creyendo. En esta misma l\u00ednea pensaba Juan Jacobo Moser, el pietista, que ning\u00fan ateo o naturalista tiene derecho a considerar infundada la religi\u00f3n cristiana mientras no haya hecho la prueba de cumplir con sus prescripciones y mandamientos (v\u00e9ase Ritschl, Geschichte der Pietismus, libro VII, 43). \u00bfCu\u00e1l es nuestra verdad cordial y antirracional? La inmortalidad del alma humana, la de la persistencia sin t\u00e9rmino alguno de nuestra conciencia, la de la finalidad humana del Universo. \u00bfY cu\u00e1l su prueba moral? Podemos formularla as\u00ed: obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los dem\u00e1s la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir. O tal vez as\u00ed: obra como si hubieses de morirte ma\u00f1ana, pero para sobrevivir y eternizarte. El fin de la moral es dar finalidad humana, personal, al Universo; descubrir la que tenga -si es que la tiene- y descubrirla obrando. Hace ya m\u00e1s de un siglo, en 1804, el m\u00e1s hondo y m\u00e1s intenso de los hijos espirituales del patriarca Rousseau, el m\u00e1s tr\u00e1gico de los sentidores franceses, sin excluir a Pascal, S\u00e9nancour, en la carta XC de las que constituyen aquella inmensa monodia de su Obermann, escribi\u00f3 las palabras que van como lema a la cabeza de este cap\u00edtulo: \u00abEl hombre es perecedero. Puede ser, m\u00e1s perezcamos resistiendo, y si es la nada lo que nos est\u00e1 reservado, no hagamos que sea esto justicia.\u00bb Cambiad esta sentencia de su forma negativa en la positiva diciendo: \u00abY si es la nada lo que nos est\u00e1 reservado, hagamos que sea una injusticia esto\u00bb, y tendr\u00e9is la m\u00e1s firme base de acci\u00f3n para quien no pueda o no quiera ser un dogm\u00e1tico. Lo irreligioso, lo demoniaco, lo que incapacita para la acci\u00f3n o nos deja sin defensa ideal contra nuestras malas tendencias, es el pesimismo aquel que pone Goethe en boca de Mefist\u00f3feles cuando le hace decir: \u00abTodo lo que nace merece hundirse\u00bb (denn alles was entsteht ist wert dass es zugrunde geht). Este es el pesimismo que los hombres llamamos malo, y no aquel otro que ante el temor de que todo al cabo se aniquile, consiste en deplorar y en luchar contra ese temor. Mefist\u00f3feles afirma que todo lo que nace merece hundirse, aniquilarse, pero no que se hunda o se aniquile, y nosotros afirmamos que todo cuanto nace merece elevarse, eternizarse, aunque nada de ello lo consiga. La posici\u00f3n moral es la contraria. S\u00ed, merece eternizarse todo, absolutamente todo, hasta lo malo mismo, pues lo que llamamos malo, al eternizarse perder\u00eda su maleza, perdiendo su temporalidad. Que la esencia del mal est\u00e1 en su temporalidad, en que no se enderece a fin \u00faltimo y permanente. Y no estar\u00eda acaso de m\u00e1s decir aqu\u00ed algo de esa distinci\u00f3n, una de las m\u00e1s profundas que hay, entre lo que suele llamarse pesimismo y el optimismo, confusi\u00f3n no menor que la que reina al distinguir el individualismo del socialismo. Apenas cabe ya darse cuenta de qu\u00e9 sea eso del pesimismo. Hoy precisamente acabo de leer en The Nation (n\u00famero de julio 6, 1912) un editorial titulado \u00abUn infierno dram\u00e1tico\u00bb (A dramatic Inferno), referente a una traducci\u00f3n inglesa de obras de Strindberg, y en \u00e9l se empieza con estas juiciosas observaciones: \u00abSi hubiera en el mundo un pesimismo sincero y total, ser\u00eda por necesidad silencioso. La desesperaci\u00f3n que encuentra voz es un modo social, es el grito de angustia que un hermano lanza a otro cuando van ambos tropezando por un valle de sombras que est\u00e1 poblado de camaradas. En su angustia atestigua que hay algo bueno en la vida, porque presume simpat\u00eda&#8230; La congoja real, la desesperaci\u00f3n sincera, es muda y ciega; no escribe libros ni siente impulso alguno a cargar a un universo intolerable con un monumento m\u00e1s duradero que el bronce.\u00bb En este juicio hay, sin duda, un sofisma, porque el hombre a quien de veras le duele, llora y hasta grita, aunque est\u00e9 solo y nadie le oiga, para desahogarse, si bien esto acaso provenga de h\u00e1bitos sociales. Pero el le\u00f3n aislado en el desierto, \u00bfno ruge si le duele una muela? Mas aparte esto, no cabe negar el fondo de verdad de esas reflexiones. El pesimismo que protesta y se defiende, no puede decirse que sea tal pesimismo. Y desde luego no lo es, en rigor, el que reconoce que nada debe hundirse aunque se hunda todo, y lo es el que declara que se debe hundir todo aunque no se hunda nada. El pesimismo, adem\u00e1s, adquiere varios valores. Hay un pesimismo eudemon\u00edstico o econ\u00f3mico, y es el que niega la dicha; le hay \u00e9tico, y es el que niega el triunfo del bien moral; y le hay religioso, que es el que desespera de la finalidad humana del Universo, de que el alma individual se salve para la eternidad. Todos merecen salvarse, pero merece ante todo y sobre todo la inmortalidad, como en mi anterior cap\u00edtulo dej\u00e9 dicho, el que apasionadamente y hasta contra raz\u00f3n la desea. Un escritor ingl\u00e9s que se dedica a profeta -lo que no es raro en su tierra-, Wells, en su libro Anticipations, nos dice que \u00ablos hombres activos y capaces, de toda clase de confesiones religiosas de hoy en d\u00eda, tienden en la pr\u00e1ctica a no tener para nada en cuenta (to disregard&#8230; altogether) la cuesti\u00f3n de la inmortalidad\u00bb. Y es por lo que las confesiones religiosas de esos hombres activos y capaces a que Wells se refiere, no suelen pasar de ser una mentira, y una mentira sus vidas si quieren basarlas sobre religi\u00f3n. Mas acaso en el fondo no sea eso que afirma Wells tan verdadero como \u00e9l y otros se figuran. Esos hombres activos y capaces viven en el seno de una sociedad empapada en principios cristianos, bajo unas instituciones y unos sentimientos sociales que el cristianismo fragu\u00f3, y la fe en la inmortalidad del alma es en sus almas como un r\u00edo soterra\u00f1o, al que ni se ve ni se oye, pero cuyas aguas riegan las ra\u00edces de las acciones y de los prop\u00f3sitos de esos hombres. Hay que confesar que no hay, en rigor, fundamento m\u00e1s s\u00f3lido para la moralidad que el fundamento de la moral cat\u00f3lica. El fin del hombre es la felicidad eterna, que consiste en la visi\u00f3n y goce de Dios por los siglos de los siglos. Ahora, en lo que marra es en la busca de los medios conducentes a ese fin; porque hacer depender la consecuci\u00f3n de la felicidad eterna de que se crea o no que el Esp\u00edritu Santo procede del Padre y del Hijo, y no s\u00f3lo de Aqu\u00e9l, o de que Jes\u00fas fue Dios y todo lo de que la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, o hasta siquiera de que haya Dios, resulta, a poco que se piense en ello, una monstruosidad. Un Dios humano -e1 \u00fanico que podemos concebir- no rechazar\u00eda nunca al que no pudiese creer en \u00c9l con la cabeza, y no en su cabeza, sino en su coraz\u00f3n, dice el imp\u00edo que no hay Dios, es decir, que no quiere que le haya. Si a alguna creencia pudiera estar ligada la consecuci\u00f3n de la felicidad eterna, ser\u00eda a la creencia en esa misma felicidad y en que sea posible. \u00bfY qu\u00e9 diremos de aquello otro del emperador de los pedantes, de aquello de que no hemos venido al mundo a ser felices, sino a cumplir nuestro deber? (Wir sind nicht auf der Welt, um gl\u00fccklich zu sein, sondern um unsere Schuldigkeit zu tun.) Si estamos en el mundo para algo -um etwas-, \u00bfde d\u00f3nde puede sacarse ese para, sino del fondo mismo de nuestra voluntad, que pide felicidad y no deber como fin \u00faltimo? Y si a ese para se le quiere dar otro valor, un valor objetivo que dir\u00eda cualquier pedante saduceo, entonces hay que reconocer que la realidad objetiva, la que quedar\u00eda aunque la humanidad desapareciese, es tan indiferente a nuestro deber como a nuestra dicha; se le da tan poco de nuestra moralidad como de nuestra felicidad. No s\u00e9 que J\u00fapiter, Urano o Sirio se dejen alterar en su curso porque cumplamos o no con nuestro deber, m\u00e1s que porque seamos o no felices. Consideraciones estas que habr\u00e1n de parecer de una rid\u00edcula vulgaridad y superficialidad de dilettante, a los pedantes esos. (El mundo intelectual se divide en dos clases: dilettantes de un lado y pedantes de otro.) \u00a1Qu\u00e9 le hemos de hacer! El hombre moderno es el que se resigna a la verdad y a ignorar el conjunto de la cultura, y si no, v\u00e9ase lo que al respecto dice Windelband en su estudio sobre el sino de Hblderlin (Praeludien, l). S\u00ed, esos hombres culturales se resignan, pero quedamos unos cuantos pobrecitos salvajes que no nos podemos resignar. No nos resignamos a la idea de haber de desaparecer un d\u00eda, y la cr\u00edtica del gran Pedante no nos consuela. Lo sensato, a lo sumo, es aquello de Galileo Galilei, cuando dec\u00eda: \u00abDir\u00e1 alguien acaso que es acerb\u00edsimo el dolor de la p\u00e9rdida de la vida, mas yo dir\u00e9 que es menor que los otros; pues quien se despoja de la vida, pr\u00edvase al mismo tiempo de poder quejarse no ya de esa, mas de cualquier otra p\u00e9rdida.\u00bb Sentencia de un humorismo, no s\u00e9 si consciente o inconsciente en Galileo, pero tr\u00e1gico. Y volviendo atr\u00e1s, digo que si a alguna creencia pudiera estar ligada la consecuci\u00f3n de la felicidad eterna, ser\u00eda a la creencia de la posibilidad de su realizaci\u00f3n. Mas en rigor, ni aun esto. El hombre razonable le dice a su cabeza: \u00abNo hay otra vida despu\u00e9s de esta\u00bb, pero s\u00f3lo el imp\u00edo lo dice en su coraz\u00f3n. Mas aun a este mismo imp\u00edo, que no es acaso sino un desesperado, \u00bfva un Dios humano a condenarle por su desesperaci\u00f3n? Harta desgracia tiene con ella. Pero de todos modos, tomemos el lema calderoniano en su La vida es sue\u00f1o: que estoy so\u00f1ando y que quiero obrar bien, pues no se pierde el hacer bien aun en sue\u00f1os. \u00bfDe veras no se pierde? \u00bfLo sab\u00eda Calder\u00f3n? Y a\u00f1ad\u00eda: Acudamos a lo eterno que es la fama vividora, donde ni duermen las dichas ni las grandezas reposan. \u00bfDe veras lo sab\u00eda Calder\u00f3n? Calder\u00f3n ten\u00eda fe, robusta fe cat\u00f3lica; pero al que no puede tenerla, al que no puede creer en lo que don Pedro Calder\u00f3n de la Barca cre\u00eda, le queda siempre lo de Obermann. Hagamos que la nada, si es que nos est\u00e1 reservada, sea una injusticia; peleemos contra el destino, y aun sin esperanzas de victoria; peleemos contra \u00e9l quijotescamente. Y no s\u00f3lo se pelea contra \u00e9l anhelando lo irracional, sino obrando de modo que nos hagamos insustituibles, acu\u00f1ando en los dem\u00e1s nuestra marca y cifra; obrando sobre nuestros pr\u00f3jimos para dominarlos, d\u00e1ndonos a ellos, para eternizarnos en lo posible. Ha de ser nuestro mayor esfuerzo el de hacernos insustituibles, el de hacer una verdad pr\u00e1ctica el hecho te\u00f3rico -si es que esto de hecho te\u00f3rico no envuelve una contradicci\u00f3n in adiecto- de que es cada uno de nosotros \u00fanico e irreemplazable, de que no pueda llenar otro el hueco que dejamos al morirnos. Cada hombre es, en efecto, \u00fanico e insustituible; otro yo no puede darse; cada uno de nosotros -nuestra alma, no nuestra vida- vale por el Universo todo. Y digo el esp\u00edritu y no la vida, porque el valor, rid\u00edculamente excesivo, que conceden a la vida humana los que no creyendo en realidad en el esp\u00edritu, es decir, en su inmortalidad personal, peroran contra la guerra y contra la pena de muerte, verbigracia, es un valor que se lo conceden precisamente por no creer de veras en el esp\u00edritu, a cuyo servicio est\u00e1 la vida. Porque s\u00f3lo sirve la vida en cuanto a su due\u00f1o y se\u00f1or, el esp\u00edritu, sirve, y si el due\u00f1o perece con la sierva, ni uno ni otra valen gran cosa. Y el obrar de modo que sea nuestra aniquilaci\u00f3n una injusticia, que nuestros hermanos, hijos y los hijos de nuestros hermanos y sus hijos, reconozcan que no debimos haber muerto, es algo que est\u00e1 al alcance de todos. El fondo de la doctrina de la redenci\u00f3n cristiana, es que sufri\u00f3 pasi\u00f3n y muerte el \u00fanico hombre, esto es, el Hombre, el Hijo del Hombre, o sea el Hijo de Dios, que no mereci\u00f3 por su inocencia haberse muerto, y que esta divina v\u00edctima propiciatoria se muri\u00f3 para resucitar y resucitarnos, para librarnos de la muerte aplic\u00e1ndonos sus m\u00e9ritos y ense\u00f1\u00e1ndonos el camino de la vida. Y el Cristo que se dio todo a sus hermanos en humanidad sin reservarse nada, es el modelo de acci\u00f3n. Todos, es decir, cada uno puede y debe proponerse dar de s\u00ed todo cuanto puede dar, m\u00e1s aun de lo que puede dar, excederse, superarse a s\u00ed mismo, hacerse insustituible, darse a los dem\u00e1s para recogerse de ellos. Y cada cual en su oficio, en su vocaci\u00f3n civil. La palabra oficio, officium, significa obligaci\u00f3n, deber, pero en concreto, y esto debe significar siempre en la pr\u00e1ctica. Sin que se deba tratar acaso tanto de buscar aquella vocaci\u00f3n que m\u00e1s crea uno que se le acomoda y cuadra, cuanto de hacer vocaci\u00f3n del menester en que la suerte o la Providencia, no nuestra voluntad, nos han puesto. El m\u00e1s grande servicio acaso que Lutero ha rendido a la civilizaci\u00f3n cristiana, es el de haber establecido el valor religioso de la propia profesi\u00f3n civil, quebrantando la noci\u00f3n mon\u00e1stica medieval de la vocaci\u00f3n religiosa, noci\u00f3n envuelta en nieblas pasionales e imaginativas y engendradoras de terribles tragedias de vida. \u00a1Si se entrara por los claustros a inquirir qu\u00e9 sea eso de la vocaci\u00f3n de pobres hombres a quienes el ego\u00edsmo de sus padres les encerr\u00f3 de peque\u00f1itos en la celda de un noviciado, y de repente despiertan a la vida del mundo, si es que despiertan alguna vez! O los que en un trabajo de propia sugesti\u00f3n se enga\u00f1aron. Y Lutero que lo vio de cerca y lo sufri\u00f3, pudo entender y sent\u00eda el valor religioso de la profesi\u00f3n civil que a nadie liga por votos perpetuos. Cuanto respecto a las vocaciones de los cristianos, nos dice el Ap\u00f3stol en el cap\u00edtulo IV de su Ep\u00edstola a los efesios, hay que trasladarlo a la vida civil, ya que hoy entre nosotros el cristiano -s\u00e9palo o no y qui\u00e9ralo o no- es el ciudadano, y en el caso en que \u00e9l, el Ap\u00f3stol, exclam\u00f3: \u00ab\u00a1soy ciudadano romano!\u00bb, exclamar\u00edamos cada uno de nosotros, aun los ateos: \u00a1soy cristiano! Y ello exige civilizar el cristianismo, esto es, hacerlo civil deseclesiastiz\u00e1ndolo, que fue la labor de Lutero, aunque luego \u00e9l, por su parte, hiciese iglesia. The right man in the right place, dice una sentencia inglesa: el hombre que conviene en el puesto que le conviene. A lo que cabe replicar: \u00a1zapatero a tus zapatos! \u00bfQui\u00e9n sabe el puesto que mejor conviene a cada uno y para el que est\u00e1 m\u00e1s apto? \u00bfLo sabe \u00e9l mejor que los dem\u00e1s? \u00bfLo saben los dem\u00e1s mejor que \u00e9l? \u00bfQui\u00e9n mide capacidades y aptitudes? Lo religioso es, sin duda, tratar de hacer que sea nuestra vocaci\u00f3n el puesto en que nos encontramos, y, en \u00faltimo caso, cambiarlo por otro. Este de la propia vocaci\u00f3n es acaso el m\u00e1s grave y m\u00e1s hondo problema social, el que est\u00e1 en la base de todos ellos. La llamada por antonomasia cuesti\u00f3n social, es acaso m\u00e1s que un problema de reparto de riquezas, de productos del trabajo, un problema de reparto de vocaciones, de modos de producir. No por la aptitud &#8211; casi imposible de averiguar sin ponerla antes a prueba, y no bien especificada en cada hombre, ya que para la mayor\u00eda de los oficios el hombre no nace, sino que se hace-, no por la aptitud especial, sino por razones sociales, pol\u00edticas, rituales, se ha venido determinando el oficio de cada uno. En unos tiempos y pa\u00edses las castas religiosas y la herencia: en otros las guildas (gildas) y gremios; luego, la m\u00e1quina, la necesidad casi siempre, la libertad casi nunca. Y llega lo tr\u00e1gico de ello a esos oficios de lenocinio en que se gana la vida vendiendo el alma, en que el obrero trabaja a conciencia no ya de la inutilidad, sino de la perversidad social de su trabajo, fabricando el veneno que ha de ir mat\u00e1ndole, el arma acaso con que asesinar\u00e1n a sus hijos. Este, y no el del salario, es el problema m\u00e1s grave. . En mi vida olvidar\u00e9 un espect\u00e1culo que pude presenciar en la r\u00eda de Bilbao, mi pueblo natal. Martillaba a sus orillas no s\u00e9 qu\u00e9 cosa, en un astillero, un obrero, y hac\u00edalo a desgana, como quien no tiene fuerzas o no va sino a pretextar su salario, cuando de pronto se oye un grito de una mujer: \u00ab\u00a1Socorro!\u00bb Y era que un ni\u00f1o cay\u00f3 a la r\u00eda. Y aquel hombre se transform\u00f3 en un momento, y con una energ\u00eda, presteza y sangre fr\u00eda admirables, se aliger\u00f3 la ropa y se ech\u00f3 al agua a salvar al peque\u00f1uelo. Lo que da acaso su menor ferocidad al movimiento socialista agrario es que el ga\u00f1\u00e1n del campo, aunque no gane m\u00e1s ni viva mejor que el obrero industrial o minero, tiene una m\u00e1s clara conciencia del valor social de su trabajo. No es lo mismo sembrar trigo que sacar diamantes de la tierra. Y acaso el mayor progreso consista en una cierta indiferenciaci\u00f3n del trabajo, en la facilidad de dejar uno para tomar otro, no ya acaso m\u00e1s lucrativo, sino m\u00e1s noble -porque hay trabajos m\u00e1s y menos nobles-. Mas suele suceder con triste frecuencia, que ni el que ocupa una profesi\u00f3n y no la abandona suele preocuparse de hacer vocaci\u00f3n religiosa de ella, ni el que la abandona y va en busca de otra lo hace con religiosidad de prop\u00f3sitos. Y, \u00bfno conoc\u00e9is, acaso, casos en que uno, fundado en que el organismo profesional a que pertenece y en que trabaja est\u00e1 mal organizado y no funciona como debiera, se hurta al cumplimiento estricto de su deber, a pretexto de otro deber m\u00e1s alto? \u00bfNo llaman a este cumplimiento ordenancismo y no hablan de burocracia y de farise\u00edsmo de funcionarios? Y ello suele ser a las veces como si un militar inteligente y muy estudioso que se ha dado cuenta de las deficiencias de la organizaci\u00f3n b\u00e9lica de su patria, y se las ha denunciado a sus superiores y tal vez al p\u00fablico -cumpliendo con ello su deber-, se negara a ejecutar en campa\u00f1a una operaci\u00f3n que se le ordenase, por estimarla de escas\u00edsima probabilidad de buen \u00e9xito, o tal vez de seguro fracaso, mientras no se corrigiesen aquellas deficiencias. Merecer\u00eda ser fusilado. Y en cuanto a lo de farise\u00edsmo&#8230; Y queda siempre un modo de obedecer mandando, un modo de llevar a cabo la operaci\u00f3n que se estima absurda, corrigiendo su absurdidad, aunque s\u00f3lo sea con la propia muerte. Cuando en mi funci\u00f3n burocr\u00e1tica me he encontrado alguna vez con alguna disposici\u00f3n legislativa que por su evidente absurdidad estaba en desuso, he procurado siempre aplicarla. Nada hay peor que una pistola cargada en un rinc\u00f3n, y de la que no se usa; llega un ni\u00f1o, se pone a jugar con ella y mata a su padre. Las leyes en desuso son las m\u00e1s terribles de las leyes, cuando el desuso viene de lo malo de la ley. Y esto no son vaguedades, y menos en nuestra tierra. Porque mientras andan algunos por ac\u00e1 buscando yo no s\u00e9 qu\u00e9 deberes y responsabilidades ideales, esto es, ficticios, ellos mismos no ponen su alma toda en aquel menester inmediato y concreto de que viven, y los dem\u00e1s, la inmensa mayor\u00eda, no cumplen con su oficio sino para eso que se llama vulgarmente cumplir para cumplir, frase terriblemente inmoral-, para salir del paso, para hacer que se hace, para dar pretexto y no justicia al emolumento, sea de dinero o de otra cosa. Aqu\u00ed ten\u00e9is un zapatero que vive de hacer zapatos, y que los hace con el esmero preciso para conservar su clientela y no perderla. Ese otro zapatero vive en un plano espiritual algo m\u00e1s elevado, pues que tiene el amor propio del oficio, y por pique o pundonor se esfuerza en pasar por el mejor zapatero de la ciudad o del reino, aunque esto no le d\u00e9 ni m\u00e1s clientela ni m\u00e1s ganancia, y s\u00ed s\u00f3lo m\u00e1s renombre y prestigio. Pero hay otro grado a\u00fan mayor de perfeccionamiento moral en el oficio de la zapater\u00eda, y es tender a hacerse para con sus parroquianos el zapatero \u00fanico e insustituible, el que de tal modo les haga el calzado, que tengan que echarle de menos cuando se les muera -\u00abse les muera\u00bb , y no s\u00f3lo \u00abse muera\u00bb-, y piensen ellos, sus parroquianos, que no deb\u00eda haberse muerto, y esto s\u00ed porque les hizo calzado pensando en ahorrarles toda molestia y que no fuese el cuidado de los pies lo que les impidiera vagar a la contemplaci\u00f3n de las m\u00e1s altas verdades; les hizo el calzado por amor a ellos y por amor a Dios en ellos: se lo hizo por religiosidad. Adrede he escogido este ejemplo, que acaso os parezca pedestre. Y es porque el sentimiento, no ya \u00e9tico, sino religioso, de nuestras respectivas zapater\u00edas, anda muy bajo. Los obreros se asocian, forman sociedades cooperativas y de resistencia, pelean muy justa y noblemente por el mejoramiento de su clase; pero no se ve que esas asociaciones influyan gran cosa en la moral del oficio. Han llegado a imponer a los patronos el que estos tengan que recibir al trabajo a aquellos que la sociedad obrera respectiva designe en cada caso, y no a otros; pero de la selecci\u00f3n t\u00e9cnica de los designados, se cuidan bien poco. Ocasiones hay en que apenas si le cabe al patrono rechazar al inepto por su ineptitud, pues defienden esta sus compa\u00f1eros. Y cuando trabajan, lo hacen a menudo no m\u00e1s que por cumplir, por pretextar el salario, cuando no lo hacen mal aposta para perjudicar al amo, que se dan casos de ello. En aparente justificaci\u00f3n de todo lo cual cabe decir que los patronos, por su parte, cien veces m\u00e1s culpables que sus obreros, maldito si se cuidan ni de pagar mejor al que mejor trabaja, ni de fomentar la educaci\u00f3n general y t\u00e9cnica del obrero, ni mucho menos de la bondad intr\u00ednseca del producto. La mejora de este producto que deb\u00eda ser en s\u00ed, aparte de razones de concurrencia industrial y mercantil, en bien de los consumidores, por caridad, lo capital, no lo es ni para patronos ni para obreros, y es que ni aquellos ni estos sienten religiosamente su oficio social. Ni unos ni otros quieren ser insustituibles. Mal que se agrava con esa desdichada forma de sociedades y empresas industriales an\u00f3nimas, donde con la firma personal, se pierde hasta aquella vanidad de acreditarla que sustituye al anhelo de eternizarse. Con la individualidad concreta, cimiento de toda religi\u00f3n, desaparece la religiosidad del oficio. Y lo que se dice de patronos y obreros, se dice mejor de cuantos a profesiones liberales se dedican y de los funcionarios p\u00fablicos. Apenas si hay servidor del Estado que sienta la religiosidad de su menester oficial y p\u00fablico. Nada m\u00e1s turbio, nada m\u00e1s confuso entre nosotros que el sentimiento de los deberes para con el Estado, sentimiento que oblitera a\u00fan m\u00e1s la Iglesia cat\u00f3lica, que por lo que al Estado hace, es en rigor de verdad, anarquista. Entre sus ministros no es raro hallar quienes defiendan la licitud moral del matute y del contrabando, como si el que matuteando o contrabandeando desobedece a la autoridad legalmente constituida que lo prohibe, no pecara contra el cuarto mandamiento de la ley de Dios, que al mandar honrar padre y madre, manda obedecer a esa autoridad legal en cuanto ordene que no sea contrario, como no lo es el imponer esos tributos, a la ley de Dios. Son muchos los que, considerando el trabajo como un castigo, por aquello de \u00abcomer\u00e1s el pan con el sudor de tu frente\u00bb, no estiman el trabajo del oficio civil sino bajo su aspecto econ\u00f3mico pol\u00edtico y, a lo sumo, bajo su aspecto est\u00e9tico. Para estos tales -entre los que se encuentran principalmente los jesuitas- hay dos negocios: el negocio inferior y pasajero de ganarnos la vida, de ganar el pan para nosotros y nuestros hijos de una manera honrada -y sabida es la elasticidad de la honradez-, y el .gran negocio de nuestra salvaci\u00f3n, de ganarnos la gloria eterna. Aquel trabajo inferior o mundano no es menester llevarlo sino en cuanto, sin enga\u00f1o ni grave detrimento de nuestros pr\u00f3jimos, nos permita vivir decorosamente a la medida de nuestro rango social, pero de modo que nos vaque el mayor tiempo posible para atender al otro gran negocio. Y hay quienes elev\u00e1ndose un poco sobre esa concepci\u00f3n, m\u00e1s que \u00e9tica, econ\u00f3mica, del trabajo de nuestro oficio civil, llegan hasta una concepci\u00f3n y un sentimiento est\u00e9tico de \u00e9l, que se cifran en adquirir lustre y renombre en nuestro oficio, y hasta en hacer de \u00e9l arte por el arte mismo, por la belleza. Pero hay que elevarse a\u00fan m\u00e1s, a un sentimiento \u00e9tico de nuestro oficio civil que deriva y desciende de nuestro sentimiento religioso, de nuestra hambre de eternizaci\u00f3n. El trabajar cada uno en su propio oficio civil, puesta la vista en Dios, por amor a Dios, lo que vale decir por amor a nuestra eternizaci\u00f3n, es hacer de ese trabajo una obra religiosa. El texto aquel de \u00abcomer\u00e1s el pan con el sudor de tu frente\u00bb, no quiere decir que condenase Dios al hombre al trabajo, sino a la penosidad de \u00e9l. Al trabajo mismo no pudo condenarle, porque es el trabajo el \u00fanico consuelo pr\u00e1ctico de haber nacido. Y la prueba de que no le conden\u00f3 al trabajo mismo est\u00e1, para un cristiano, en que al ponerle en el Para\u00edso, antes de la ca\u00edda, cuando se hallaba a\u00fan en el estado de inocencia, dice la Escritura que le puso en \u00e9l para que lo guardase y lo labrase (G\u00e9nesis, 11, 15). Y de hecho, \u00bfen qu\u00e9 iba a pasar el tiempo en el Para\u00edso si no lo trabajaba? \u00bfY es que acaso la visi\u00f3n beat\u00edfica misma no es una especie de trabajo? Y aun cuando el trabajo fuese nuestro castigo, deber\u00edamos tender a hacer de \u00e9l, del castigo mismo, nuestro consuelo y nuestra redenci\u00f3n, y de abrazarnos a alguna cruz, no hay para cada uno otra mejor que la cruz del trabajo de su propio oficio civil. Que no nos dijo Cristo \u00abtoma mi cruz y s\u00edgueme\u00bb, sino \u00abtoma tu cruz y s\u00edgueme\u00bb: cada uno la suya, que la del Salvador \u00e9l solo la lleva. Y no consiste, por lo tanto, la imitaci\u00f3n de Cristo en aquel ideal mon\u00e1stico que resplandece en el libro que lleva el nombre vulgar de Kempis, ideal s\u00f3lo aplicable a un muy limitado n\u00famero de personas, y, por lo tanto, anticristiano, sino que imitar a Dios es tomar cada uno su cruz, la cruz de su propio oficio civil, como Cristo tom\u00f3 la suya, la de su oficio civil tambi\u00e9n a la par que religioso, y abrazarse a ella y llevarla puesta la vista en Dios y tendiendo a hacer una verdadera oraci\u00f3n de los actos propios de ese oficio. Haciendo zapatos, y por hacerlos, se puede ganar la gloria si se esfuerza el zapatero perfecto como es perfecto nuestro Padre celestial. Ya Fourier, el so\u00f1ador socialista, so\u00f1aba con hacer el trabajo atrayente en sus falansterios por la libre elecci\u00f3n de las vocaciones y por otros medios. El \u00fanico es la libertad. El contento del juego de azar, que es trabajo, \u00bfde qu\u00e9 depende sino de que se somete uno libremente a la libertad de la Naturaleza, esto es, al azar? Y no nos perdamos en un cotejo entre el trabajo y el deporte. Y el sentimiento de hacernos insustituibles, de no merecer la muerte, de hacer que nuestra aniquilaci\u00f3n, si es que nos est\u00e1 reservada, sea una injusticia, no s\u00f3lo debe llevarnos a cumplir religiosamente, por amor a Dios y a nuestra eternidad y eternizaci\u00f3n, nuestro propio oficio, sino a cumplirlo apasionadamente, tr\u00e1gicamente, si se quiere. Debe llevarnos a esforzarnos por sellar a los dem\u00e1s con nuestro sello, por perpetuarnos en ellos y en sus hijos, domin\u00e1ndolos, por dejar en todo imperecedera nuestra cifra. La m\u00e1s fecunda moral es la moral de la imposici\u00f3n mutua. Ante todo cambiar en positivos los mandamientos que en forma negativa nos leg\u00f3 la Ley Antigua. Y as\u00ed, donde se nos dijo: \u00a1no mentir\u00e1s!, entender que nos dice: \u00a1dir\u00e1s siempre la verdad, oportuna o inoportunamente!, aunque sea cada uno de nosotros, y no los dem\u00e1s, quien juzgue en cada caso de esa oportunidad. Y donde se nos dijo: \u00a1no matar\u00e1s!, entender: \u00a1dar\u00e1s vida y la acrecentar\u00e1s! Y donde: \u00a1no hurtar\u00e1s!, que dice: \u00a1acrecentar\u00e1s la riqueza p\u00fablica\u00a1 Y donde: \u00a1no cometer\u00e1s adulterio!, esto: \u00a1dar\u00e1s a tu tierra y al cielo hijos sanos, fuertes y buenos! Y as\u00ed todo lo dem\u00e1s. El que no pierda su vida, no la lograr\u00e1. Entr\u00e9gate, pues, \u00e1 los dem\u00e1s, pero para entregarte a ellos dom\u00ednalos primero. Pues no cabe dominar sin ser dominado. Cada uno se alimenta de la carne de aquel a quien devora. Para dominar al pr\u00f3jimo hay que conocerlo y quererlo. Tratando de imponerle mis ideas es como recibo las suyas. Amar al pr\u00f3jimo es querer que sea como yo, que sea otro yo, es decir, es querer yo ser \u00e9l; es querer borrar la divisoria entre \u00e9l y yo, suprimir el mal. Mi esfuerzo por imponerme a otro, por ser y vivir yo en \u00e9l y de \u00e9l, por hacerle m\u00edo -que es lo mismo que hacerme suyo-, es lo que da sentido religioso a la colectividad, a la solidaridad humana. El sentimiento de solidaridad parte de m\u00ed mismo; como soy sociedad, necesito adue\u00f1arme de la sociedad humana; como soy un producto social, tengo que socializarme y de m\u00ed voy a Dios -que soy yo proyectado al Todo- y de Dios a cada uno de mis pr\u00f3jimos. De primera intenci\u00f3n protesto contra el inquisidor, y a \u00e9l prefiero el comerciante que viene a colocarme sus mercanc\u00edas; pero si recogido en m\u00ed mismo lo pienso mejor, ver\u00e9 que aquel, el inquisidor, cuando es de buena intenci\u00f3n, me trata como a un hombre, como a un fin en s\u00ed, pues si me molesta es por el caritativo deseo de salvar mi alma, mientras que el otro no me considera sino como a un cliente, como a un medio, y su indulgencia y tolerancia no es en el fondo sino la m\u00e1s absoluta indiferencia respecto a mi destino. Hay mucha m\u00e1s humanidad en el inquisidor. Como suele haber mucha m\u00e1s humanidad en la guerra que no en la paz. La no resistencia al mal implica resistencia al bien, y aun fuera de la defensiva, la ofensiva misma es lo m\u00e1s divino acaso de lo humano. La guerra es escuela de fraternidad y lazo de amor; es la guerra la que, por el choque y la agresi\u00f3n mutua, ha puesto en contacto a los pueblos, y les ha hecho conocerse y quererse. El m\u00e1s puro y m\u00e1s fecundo abrazo de amor que se den entre s\u00ed los hombres, es el que sobre el campo de batalla se dan el vencedor y el vencido. Y aun el odio depurado que surge de la guerra es fecundo. La guerra es, en su m\u00e1s estricto sentido, la santificaci\u00f3n del homicidio. Ca\u00edn se redime como general de ej\u00e9rcitos. Y si Ca\u00edn no hubiese matado a su hermano Abel, habr\u00eda acaso muerto a manos de este. Dios se revel\u00f3 sobre todo en la guerra; empez\u00f3 siendo el dios de los ej\u00e9rcitos, y uno de los mayores servicios de la cruz es el de defender en la espada la mano que esgrime esta. Fue Ca\u00edn el fratricida, el fundador del Estado, dicen los enemigos de este. Y hay que aceptarlo y volverlo en gloria del Estado, hijo de la guerra. La civilizaci\u00f3n empez\u00f3 el d\u00eda que un hombre, sujetando a otro y oblig\u00e1ndole a trabajar para los dos, pudo vagar a la contemplaci\u00f3n del mundo y obligar a su sometido a trabajos de lujo. Fue la esclavitud lo que permiti\u00f3 a Plat\u00f3n especular sobre la rep\u00fablica ideal, y fue la guerra lo que trajo la esclavitud. No en vano es Atenea la diosa de la guerra y de la ciencia. Pero \u00bfser\u00e1 menester repetir una vez m\u00e1s estas verdades tan obvias, mil veces desatendidas y que otras mil vuelven a renacer? El precepto supremo que surge del amor a Dios y la base de toda moral es este: entr\u00e9gate por entero; da tu esp\u00edritu para salvarlo, para eternizarlo. Tal es el sacrificio de vida. Y el entregarse supone, lo he de repetir, imponerse. La verdadera moral religiosa es en el fondo agresiva, invasora. El individuo en cuanto individuo, el miserable individuo que vive preso del instinto de conservaci\u00f3n y de los sentidos, no quiere sino conservarse, y todo su hipo es que no penetren los dem\u00e1s en su esfera, que no le inquieten, que no le rompan la pereza, a cambio de lo cual, o para dar ejemplo y norma, renuncia a penetrar \u00e9l en los otros, a romperles la pereza, a inquietarles, a apoderarse de ellos. El \u00abno hagas a otro lo que para ti no quieras\u00bb, lo traduce \u00e9l as\u00ed: yo no me meto con los dem\u00e1s; que no se metan los dem\u00e1s conmigo. Y se achica y se engurru\u00f1a y perece en esta avaricia espiritual y en esta moral repulsiva del individualismo an\u00e1rquico: cada uno para s\u00ed. Y como cada uno no es \u00e9l mismo, mal puede ser para s\u00ed. Mas as\u00ed que el individuo se siente en la sociedad, se siente en Dios, y el instinto de perpetuaci\u00f3n le enciende en amor a Dios y en caridad dominadora, busca perpetuarse en los dem\u00e1s, perennizar su esp\u00edritu, eternizarlo, desclavar a Dios, y s\u00f3lo anhela sellar su esp\u00edritu en los dem\u00e1s esp\u00edritus y recibir el sello de estos. Es que se sacudi\u00f3 de la pereza y de la avaricia espirituales. La pereza, se dice, es la madre de todos los vicios, y la pereza, en efecto, engendra los dos vicios -la avaricia y la envidia- que son a su vez fuentes de todos los dem\u00e1s. La pereza es el peso de la materia de suyo inerte, en nosotros, y esa pereza, mientras nos dice que trata de conservarnos por el ahorro, en realidad no trata sino de amenguarnos, de anonadarnos. Al hombre le sobra materia o le sobra esp\u00edritu, o mejor dicho, o siente hambre de esp\u00edritu, esto es, de eternidad o hambre de materia, resignaci\u00f3n a anonadarse. Cuando le sobra esp\u00edritu y siente hambre de m\u00e1s de \u00e9l, lo vierte y derrama fuera, y al derramarlo, se le acrecienta, con lo de los dem\u00e1s; y, por el contrario, cuando, avaro de s\u00ed mismo, se recoge en s\u00ed pensando mejor conservarse, acaba por perderlo todo, y le ocurre lo que al que recibi\u00f3 un solo talento: lo enterr\u00f3 para no perderlo, y se qued\u00f3 sin \u00e9l. Porque al que tiene, se le dar\u00e1; pero al que no tiene sino poco, hasta eso poco le ser\u00e1 quitado. Sed perfectos como vuestro Padre celestial lo es, se nos dijo, y este terrible precepto -terrible porque la perfecci\u00f3n infinita del Padre nos es inasequibledebe ser nuestra suprema norma de conducta. El que no aspire a lo imposible, apenas har\u00e1 nada hacedero que valga la pena. Debemos aspirar a lo imposible, a la perfecci\u00f3n absoluta e infinita, y decir al Padre: \u00ab\u00a1Padre, no puedo: ayuda a mi impotencia!\u00bb Y \u00c9l lo har\u00e1 en nosotros. Y ser perfecto es serlo todo, es ser yo y ser todos los dem\u00e1s, es ser humanidad, es ser universo. Y no hay otro camino para ser todo lo dem\u00e1s sino darse a todo, y cuando todo sea en todo, todo ser\u00e1 en cada uno de nosotros. La apocat\u00e1stasis es m\u00e1s que un ensue\u00f1o m\u00edstico: es una norma de acci\u00f3n, es un faro de altas haza\u00f1as. De donde la moral invasora, dominadora, agresiva, inquisidora, si quer\u00e9is. Porque la caridad verdadera es invasora, y consiste en meter mi esp\u00edritu en los dem\u00e1s esp\u00edritus, en darles mi dolor como p\u00e1bulo y consuelo a sus dolores, en despertar con mi inquietud sus inquietudes, en aguzar su hambre de Dios con mi hambre de \u00c9l. La caridad no es brezar y adormecer a nuestros hermanos en la inercia y modorra de la materia, sino despertarles en la zozobra y el tormento del esp\u00edritu. A las catorce obras de misericordia que se nos ense\u00f1\u00f3 en el Catecismo de la doctrina cristiana, habr\u00eda que a\u00f1adir a las veces una m\u00e1s, y es el de despertar al dormido. A las veces por lo menos, y desde luego cuando el dormido duerme al borde de una sima, el despertarle es mucho m\u00e1s misericordioso que enterrarle despu\u00e9s de muerto, pues dejemos que los muertos entierren a sus muertos. Bien se dijo aquello de \u00abquien bien te quiera, te har\u00e1 llorar\u00bb y la caridad suele hacer llorar. \u00abEl amor que no mortifica, no merece tan divino nombre\u00bb, dec\u00eda el encendido ap\u00f3stol portugu\u00e9s fray Thom\u00e9 de Jes\u00fas (Trabalhos de Jes\u00fas, parte primera); el de esta jaculatoria: \u00ab\u00a1Oh fuego infinito, oh amor eterno, que si no tienes donde abraces y te alargues y muchos corazones a que quemes, lloras!\u00bb El que ama al pr\u00f3jimo le quema el coraz\u00f3n, y el coraz\u00f3n, como la le\u00f1a fresca, cuando se quema, gime y destila l\u00e1grimas. Y el hacer eso es generosidad, una de las virtudes madres que surgen cuando se vence a la inercia, a la pereza. Las m\u00e1s de nuestras miserias vienen de avaricia espiritual. El remedio al dolor, que es, dijimos, el choque de la conciencia en la inconciencia, no es hundirse en esta, sino elevarse a aquella y sufrir m\u00e1s. Lo malo del dolor se cura con m\u00e1s dolor, con m\u00e1s alto dolor. No hay que darse opio, sino ponerse vinagre y sal en la herida del alma, porque cuando te duermas y no sientas ya el dolor, es que no eres. Y hay que ser. No cerr\u00e9is, pues, los ojos a la esfinge acongojadora, sino miradla cara a cara, y dejad que os coja y os masque en su boca de cien mil dientes venenosos y os trague. Ver\u00e9is qu\u00e9 dulzura cuando os haya tragado, qu\u00e9 dolor m\u00e1s sabroso. Y a esto se va pr\u00e1cticamente por la moral de la imposici\u00f3n mutua. Los hombres deben tratar de imponerse los unos a los otros, de darse mutuamente sus esp\u00edritus, de sellarse mutuamente las almas. Es cosa que da en qu\u00e9 pensar eso de que hayan llamado a la moral cristiana moral de esclavos, \u00bfqui\u00e9nes? \u00a1Los anarquistas! El anarquismo s\u00ed que es moral de esclavos, pues s\u00f3lo el esclavo canta la libertad an\u00e1rquica. \u00a1Anarquismo, no!, sino panarquismo; no aquello de ni Dios ni amo, sino todos dioses y amos todos, todos esforz\u00e1ndose por divinizarse, por inmortalizarse. Y para ello dominando a los dem\u00e1s. \u00a1Y hay tantos modos de dominar! A las veces, hasta pasivamente, al parecer al menos, se cumple con esta ley de vida. El acomodarse al \u00e1mbito, el imitar, el ponerse uno en lugar de otro, la simpat\u00eda, en fin, adem\u00e1s de ser una manifestaci\u00f3n de la unidad de la especie, es un modo de expansionarse, de ser otro. Ser vencido, o por lo menos aparecer vencido, es muchas veces vencer; tomar lo de otro es un modo de vivir en \u00e9l. Y es que al decir dominar, no quiero decir como el tigre. Tambi\u00e9n domina el zorro por la astucia, y la liebre huyendo, la v\u00edbora por su veneno, y el mosquito por su peque\u00f1ez, y el calamar por su tinta con que oscurece el \u00e1mbito y huye. Y nadie se escandalice de esto, pues el mismo Padre de todos, que dio fiereza, garras y fauces al tigre, dio astucia al zorro, patas veloces a la liebre, veneno a la v\u00edbora, peque\u00f1ez al mosquito y tinta al calamar. Y no consiste la nobleza o innobleza en las armas de que se use, pues cada especie, y hasta cada individuo, tiene las suyas, sino en c\u00f3mo las use, y, sobre todo, en el fin para que uno las esgrima. Y entre las armas de vencer hay tambi\u00e9n la de la paciencia y la resignaci\u00f3n apasionadas llenas de actividad y de anhelos interiores. Recordad aquel estupendo soneto del gran luchador, del gran inquietador puritano Juan Milton, el secuaz de Cromwell y cantor de Satan\u00e1s, el que al verse ciego y considerar su luz apagada, e in\u00fatil en \u00e9l aquel talento cuya ocultaci\u00f3n es muerte, oye que la . paciencia le dice: \u00abDios no necesita ni de obra de hombre, ni de sus dones; quienes mejor llevan su blando yugo le sirven mejor; su estado es regio; miles hay que se lanzan a su se\u00f1al y corren sin descanso tierras y mares, pero tambi\u00e9n le sirven los que no hacen sino estarse y aguardar.\u00bb They also serve who only stand and wait. S\u00ed, tambi\u00e9n le sirven los que s\u00f3lo se est\u00e1n aguard\u00e1ndole, pero es cuando le aguardan apasionadamente, hambrientamente, llenos de anhelos de inmortalidad en \u00c9l. Y hay que imponerse, aunque s\u00f3lo sea por la paciencia. \u00abMi vaso es peque\u00f1o, pero bebo en mi vaso\u00bb, dec\u00eda un poeta ego\u00edsta y de un pueblo de avaros. No, en mi vaso beben todos, quiero que todos beban de \u00e9l; se lo doy, y mi vaso crece, seg\u00fan el n\u00famero de los que en \u00e9l beben, y todos, al poner en \u00e9l sus labios, dejan all\u00ed algo de su esp\u00edritu. Y bebo tambi\u00e9n de los vasos de los dem\u00e1s, mientras ellos beben del m\u00edo. Porque cuanto m\u00e1s soy de m\u00ed mismo, y cuanto soy m\u00e1s yo mismo, m\u00e1s soy de los dem\u00e1s; de la plenitud de m\u00ed mismo me vierto a mis hermanos, y al verterme a ellos, ellos entran en m\u00ed. \u00abSed perfectos como vuestro Padre\u00bb, se nos dijo, y nuestro Padre es perfecto porque es \u00c9l, y es cada uno de sus hijos que en \u00c9l viven, son y se mueven. Y el fin de la perfecci\u00f3n es que seamos todos una sola cosa (Juan, XVII, 21), todos un cuerpo en Cristo (Rom., XII, 5), y que al cabo, sujetas todas las cosas al Hijo, el Hijo mismo se sujete a su vez a quien le sujet\u00f3 todo para que Dios sea todo en todos. Y esto es hacer que el Universo sea conciencia; hacer de la Naturaleza sociedad, y sociedad humana. Y entonces se le podr\u00e1 a Dios llamar Padre a boca llena. Ya s\u00e9 que los que dicen que la \u00e9tica es ciencia, dir\u00e1n que todo esto que vengo exponiendo no es m\u00e1s que ret\u00f3rica; pero cada cual tiene su lenguaje y su pasi\u00f3n. Es decir, el que la tiene, y el que no tiene pasi\u00f3n, de nada le sirve tener ciencia. Y a la pasi\u00f3n que se expresa por esta ret\u00f3rica, le llaman egotismo los de la ciencia \u00e9tica, y el tal egotismo es el \u00fanico verdadero remedio del ego\u00edsmo, de la avaricia espiritual, del vicio de conservarse y ahorrarse, y no de tratar perennizarse d\u00e1ndose. \u00abNo seas, y dar\u00e1s m\u00e1s que todo lo que es\u00bb, dec\u00eda nuestro fray Juan de los \u00c1ngeles en uno de sus Di\u00e1logos de la conquista del reino de Dios (Di\u00e1l. 111, 8); pero \u00bfque quiere decir eso de no seas? \u00bfNo querr\u00e1 acaso decir parad\u00f3jicamente, como a menudo en los m\u00edsticos sucede, lo contrario de lo que tomado a la letra y a primera lecci\u00f3n dice? \u00bfNo es una inmensa paradoja, un gran contrasentido tr\u00e1gico, m\u00e1s bien, la moral toda de la sumisi\u00f3n y del quietismo? La moral mon\u00e1stica, la puramente mon\u00e1stica, \u00bfno es absurdo? Y llamo aqu\u00ed moral mon\u00e1stica a la del cartujo solitario, a la del eremita, que huye del mundo -llev\u00e1ndose acaso consigo- para vivir solo y a solas con un Dios solo tambi\u00e9n y solitario; no a la del dominio inquisidor, que recorre la Provenza a quemar corazones de albigenses. \u00ab\u00a1Que lo haga todo Dios!\u00bb, dir\u00e1 alguien; pero es que si el hombre se cruza de brazos Dios se echa a dormir. Esa moral cartujana y la otra moral cient\u00edfica, la que sacan de la ciencia \u00e9tica -\u00a1 oh, la \u00e9tica como ciencia!, \u00a1la \u00e9tica racional y racionalista!, \u00a1pedanter\u00eda de pedanter\u00edas y todo pedanter\u00eda!-, eso s\u00ed que puede ser ego\u00edsmo y frialdad de coraz\u00f3n. Hay quien dice aislarse con Dios para mejor salvarse, para mejor redimirse; pero es que la redenci\u00f3n tiene que ser colectiva, pues que la culpa lo es. \u00abLo religioso es la determinaci\u00f3n de totalidad, y todo lo que est\u00e1 fuera de esto es enga\u00f1o de los sentidos, por lo cual el mayor criminal es, en el fondo, inocente y un hombre bondadoso, un santo.\u00bb As\u00ed Merkegaard (Afsluttende, etc., II, 11, cap. IV, setc. II, A). \u00bfY se comprende, por otra parte, que se quiera ganar la otra vida, la eterna, renunciando a esta, a la temporal? Si algo es la otra vida, ha de ser continuaci\u00f3n de esta, y s\u00f3lo como continuaci\u00f3n, m\u00e1s o menos depurada de ella, la imagina nuestro anhelo, y si as\u00ed es, cual sea esta vida del tiempo ser\u00e1 la de la eternidad. \u00abEste mundo y el otro son como dos mujeres de un solo marido, que si agradas a la una, mueves a la otra a envidia\u00bb, dice un pensador \u00e1rabe citado por Windelband (Das Heilige, en el vol. 11 de Praeludien); mas tal pensamiento no ha podido brotar sino de quien no ha sabido resolver en una lucha fecunda, en una contradicci\u00f3n pr\u00e1ctica, el conflicto tr\u00e1gico entre su esp\u00edritu y el mundo. \u00abVenga a nos el tu reino\u00bb, nos ense\u00f1\u00f3 el Cristo a pedir a su Padre, y no \u00abvayamos al tu reino\u00bb, y seg\u00fan las primitivas creencias cristianas, la vida eterna hab\u00eda de cumplirse sobre esta misma tierra, y como continuaci\u00f3n de la de ella. Hombres y no \u00e1ngeles se nos hizo para que busc\u00e1semos nuestra dicha a trav\u00e9s de la vida, y el Cristo de la fe cristiana no se angeliz\u00f3, sino que se human\u00f3, tomando cuerpo real y efectivo, y no apariencia de \u00e9l para redimirnos. Y seg\u00fan esa misma fe, los \u00e1ngeles, hasta los m\u00e1s encumbrados, adoran a la Virgen, s\u00edmbolo supremo de la Humanidad terrena. No es, pues, el ideal ang\u00e9lico un ideal cristiano, y desde luego no lo es humano, ni puede serlo. Es, adem\u00e1s, un \u00e1ngel neutro, sin sexo y sin patria. No nos cabe sentir la otra vida eterna, lo he repetido ya varias veces, como una vida de contemplaci\u00f3n ang\u00e9lica; ha de ser vida de acci\u00f3n. Dec\u00eda Goethe que \u00abel hombre debe creer en la inmortalidad; tiene para ello un derecho conforme a su naturaleza\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda as\u00ed: \u00abLa convicci\u00f3n de nuestra perduraci\u00f3n me brota del concepto de la actividad. Si obro sin tregua hasta mi fin, la Naturaleza est\u00e1 obligada -so ist die Natur verpflichtet- a proporcionarme otra forma de existencia, ya que mi actual esp\u00edritu no puede soportar m\u00e1s.\u00bb Cambiad lo de Naturaleza por Dios, y tendr\u00e9is un pensamiento que no deja de ser cristiano, pues los primeros padres de la Iglesia no creyeron que la inmortalidad del alma fuera un don natural -es decir, algo racional-, sino un don divino de gracia. Y lo que de gracia suele ser, en el fondo, de justicia, ya que la justicia es divina y gratuita, no natural. Y agregaba Goethe: \u00abNo sabr\u00eda empezar nada con una felicidad eterna si no me ofreciera nuevas tareas y nuevas dificultades a que vencer.\u00bb Y as\u00ed es: la ociosidad contemplativa no es dicha. Mas \u00bfno tendr\u00e1 alguna justificaci\u00f3n la moral erem\u00edtica, cartujana, la de la Tebaida? \u00bfNo se podr\u00e1, acaso, decir que es menester se conserven esos tipos de excepci\u00f3n para que sirvan de eterno modelo a los otros? \u00bfNo cr\u00edan los hombres caballos de carreras, in\u00fatiles para todo otro menester utilitario, pero que mantienen la pureza de la sangre y son padres de excelentes caballos de tiro y de silla? \u00bfNo hay, acaso, un lujo \u00e9tico, no menos justificable que el otro? Pero por otra parte, \u00bfno es esto, en el fondo, est\u00e9tica y no moral, y mucho menos religi\u00f3n? \u00bfNo es que ser\u00e1 est\u00e9tico y no religioso, ni siquiera \u00e9tico, el ideal mon\u00e1stico contemplativo medieval? Y al fin los de entre aquellos solitarios que nos han contado sus coloquios a solas con Dios, han hecho una obra eternizadora, se han metido en las almas de los dem\u00e1s. Y ya s\u00f3lo con eso, con que el claustro haya podido darnos un Eckart, un Suso, un Taulero, un Ruisbroquio, un Juan de la Cruz, una Catalina de Siena, una \u00c1ngela de Foligo, una Teresa de Jes\u00fas, est\u00e1 justificado el claustro. Pero nuestras \u00f3rdenes espa\u00f1olas son, sobre todo, las de Predicadores, que Domingo de Guzm\u00e1n instituy\u00f3 para la obra agresiva de extirpar la herej\u00eda; la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, una milicia en medio del mundo, y con ello est\u00e1 dicho todo; la de las Escuelas P\u00edas, para la obra tambi\u00e9n invasora de la ense\u00f1anza&#8230; Cierto es que se me dir\u00e1 tambi\u00e9n que la reforma del Carmelo, Orden contemplativa que. emprendi\u00f3 Teresa de Jes\u00fas, fue obra espa\u00f1ola. S\u00ed, espa\u00f1ola fue, y en ella se buscaba libertad. &#8211; Era el ansia de libertad, de libertad interior, en efecto, lo que en aquellos revueltos tiempos de la Inquisici\u00f3n llevaba a las almas escogidas al claustro. Encarcel\u00e1banse para ser mejor libres. \u00ab\u00bfNo es linda cosa que una pobre monja de San Jos\u00e9 pueda llegar a ense\u00f1orear toda la tierra y elementos?\u00bb, dec\u00eda en su Vida santa Teresa. Era el ansia pauliniana de libertad, de sacudirse de la ley externa, que era bien dura, y, como dec\u00eda el maestro fray Luis de Le\u00f3n, bien cabezuda entonces. \u00bfPero lograron libertad as\u00ed? Es muy dudoso que la lograran, y hoy es imposible. Porque la verdadera libertad no es cosa de sacudirse de la ley externa; la libertad es la conciencia de la ley. Es libre no el que se sacude de la ley, sino el que se adue\u00f1a de ella. La libertad hay que buscarla en medio del mundo que es donde vive la ley, y con la ley la culpa, su hija. De lo que hay que libertarse es de la culpa, que es colectiva. En vez de renunciar al mundo para dominarlo -\u00bfqui\u00e9n no conoce el instinto colectivo de dominaci\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas cuyos individuos renuncian al mundo?- lo que habr\u00eda que hacer es dominar al mundo para poder renunciar a \u00e9l. No buscar la pobreza y la sumisi\u00f3n, sino buscar la riqueza para emplearla en acrecentar la conciencia humana, y buscar el poder para servirse de \u00e9l con el mismo fin. Es cosa curiosa que frailes y anarquistas se combatan entre s\u00ed, cuando en el fondo profesan la misma moral y tienen un tan \u00edntimo parentesco unos con otros. Como que el anarquismo viene a ser una especie de monacato ateo, y m\u00e1s una doctrina religiosa que \u00e9tica y econ\u00f3mica social. Los unos parten de que el hombre nace malo, en pecado original, y la gracia le hace luego bueno, si es que le hace tal, y los otros de que nace bueno y la sociedad le pervierte luego. Y en resoluci\u00f3n, lo mismo da una cosa que otra pues en ambas se opone el individuo a la sociedad, y como si precediera, y, por lo tanto, hubiese de sobrevivir a ella. Y las dos morales son morales de claustro. Y el que la culpa es colectiva no ha de servir para sacudirme de ella sobre los dem\u00e1s, sino para cargar sobre m\u00ed las culpas de los otros, las de todos: no para difundir mi culpa y anegarla en la culpa total, sino para hacer la culpa total m\u00eda; no para enajenar mi culpa, sino para ensimismarme y apropiarme, adentr\u00e1ndomela, la de todos. Y cada uno debe contribuir a curarla, por lo que otros no hacen. El que la sociedad sea culpable, agrava la culpa de cada uno. \u00abAlguien tiene que hacerlo, pero \u00bfpor qu\u00e9 he de ser yo?; es la frase que repiten los d\u00e9biles bien intencionados. Alguien tiene que hacerlo, \u00bfpor qu\u00e9 no yo?, es el grito de un serio servidor del hombre que afronta cara a cara un serio peligro. Entre estas dos sentencias median siglos enteros de evoluci\u00f3n moral.\u00bb As\u00ed dijo Mrs. Annie Besant en su autobiograf\u00eda. As\u00ed dijo la te\u00f3sofa. El que la sociedad sea culpable agrava la culpa de cada uno y es m\u00e1s culpable el que m\u00e1s siente la culpa. Cristo, el inocente, como conoc\u00eda mejor que nadie la intensidad de la culpa, era en un cierto sentido el m\u00e1s culpable. En \u00e9l lleg\u00f3 a conciencia la divinidad humana y con ella su culpabilidad. Suele dar que re\u00edr a no pocos el leer de grand\u00edsimos santos que por peque\u00f1\u00edsimas faltas, por faltas que hacen sonre\u00edrse a un hombre de mundo, se tuvieron por los m\u00e1s grandes pecadores. Pero la intensidad de la culpa no se mide por el acto externo, sino por la conciencia de ella, y a uno le causa agud\u00edsimo dolor lo que a otro apenas si un ligero cosquilleo. Y en un santo puede llegar la conciencia moral a tal plenitud y agudeza, que el m\u00e1s leve pecado le remuerda m\u00e1s que al mayor criminal su crimen. Y la culpa estriba en tener conciencia de ella, est\u00e1 en el que juzga y en cuanto juzga. Cuando uno comete un acto pernicioso creyendo de buena fe hacer una acci\u00f3n virtuosa, no podemos tenerle por moralmente culpable, y cuando otro cree que es mala una acci\u00f3n indiferente o acaso beneficiosa, y la lleva a cabo, es culpable. El acto pasa, la intenci\u00f3n queda, y lo malo del mal acto es que malea la intenci\u00f3n, que haciendo mal a sabiendas se predispone uno a seguir haci\u00e9ndolo, se oscurece la conciencia. Y no es lo mismo hacer el mal que ser malo. El mal oscurece la conciencia, y no s\u00f3lo la conciencia moral, sino la conciencia general, la ps\u00edquica. Y es que es bueno cuanto exalta y ensancha la conciencia, y malo lo que la deprime y amengua. Y aqu\u00ed acaso cabr\u00eda aquello que ya S\u00f3crates, seg\u00fan Plat\u00f3n, se propon\u00eda, y es si la virtud es ciencia. Lo que equivale a decir si la virtud es racional. Los eticistas, los de que la moral es ciencia, los que al leer todas estas divagaciones dir\u00e1n: \u00a1ret\u00f3rica, ret\u00f3rica, ret\u00f3rica!, creer\u00e1n, me parece, que la virtud se adquiere por ciencia, por estudio racional, y hasta que las matem\u00e1ticas nos ayudan a ser mejores. No lo s\u00e9, pero yo siento que la virtud, como la religiosidad, como el anhelo de no morirse nunca -y todo ello es la misma cosa en el fondose adquiere m\u00e1s bien por pasi\u00f3n. Pero y la pasi\u00f3n \u00bfqu\u00e9 es?, se me dir\u00e1. No lo s\u00e9: o, mejor dicho, lo s\u00e9 muy bien, porque la siento, y, sinti\u00e9ndola; no necesito definirla. Es m\u00e1s a\u00fan: temo que si llego a definirla, dejar\u00e9 de sentirla y de tenerla. La pasi\u00f3n es como el dolor, y como el dolor, crea su objeto. Es m\u00e1s f\u00e1cil al fuego hallar combustible que al combustible fuego. Vaciedad y sofister\u00eda habr\u00e1n de parecer esto, bien lo s\u00e9. Y se me dir\u00e1 tambi\u00e9n que hay la ciencia de la pasi\u00f3n, y que hay pasi\u00f3n de la ciencia, y que es en la esfera moral donde la raz\u00f3n y la vida humana se a\u00fanan. No lo s\u00e9, no lo s\u00e9, no lo s\u00e9&#8230; Y acaso est\u00e9 yo diciendo en el fondo, aunque m\u00e1s turbiamente, lo mismo que esos, los adversarios que me finjo para tener a quien combatir, dicen, s\u00f3lo que m\u00e1s clara, m\u00e1s definida y m\u00e1s racionalmente. No lo s\u00e9, no lo s\u00e9&#8230; Pero sus cosas me hielan y me suenan a vaciedad afectiva. Y volviendo a lo mismo, \u00bfes la virtud ciencia? \u00bfEs la ciencia virtud? Porque son dos cosas distintas. Puede ser ciencia la virtud, ciencia de saber conducirse bien, sin que por eso toda otra ciencia sea virtud. Ciencia es la de Maquiavelo; y no puede decirse que su virt\u00fa sea virtud moral siempre. Sabido es, adem\u00e1s, que no son mejores ni los m\u00e1s inteligentes, ni los m\u00e1s instruidos. No, no, no; ni la fisiolog\u00eda ense\u00f1a a digerir, ni la l\u00f3gica a discurrir, ni la est\u00e9tica a sentir la belleza o a expresarla, ni la \u00e9tica a ser bueno. Y menos mal si no ense\u00f1a a ser hip\u00f3crita; porque la pedanter\u00eda, sea de l\u00f3gica, sea de est\u00e9tica, no es en el fondo sino hipocres\u00eda. Acaso la raz\u00f3n ense\u00f1a ciertas virtudes burguesas, pero no hace ni h\u00e9roes ni santos. Porque santo es el que hace el bien no por el bien mismo, sino por Dios, por la eternizaci\u00f3n. Acaso, por otra parte, la cultura, es decir, la Cultura \u00a1oh la cultura!-, obra sobre todo de fil\u00f3sofos y de hombres de ciencia, no la han hecho ni los h\u00e9roes ni los santos. Porque los santos se han cuidado muy poco del progreso de la cultura humana; se cuidaron m\u00e1s bien de la salvaci\u00f3n de las almas individuales de aquellos con quienes conviv\u00edan. \u00bfQu\u00e9 significa, por ejemplo, en la historia de la cultura humana nuestro san Juan de la Cruz, aquel frailecito incandescente, como se le ha llamado culturalmente -y no s\u00e9 si cultamente-, junto a Descartes? Todos esos santos, encendidos de religiosa caridad hacia sus pr\u00f3jimos, hambrientos de eternizacion propia y ajena, que iban a quemar corazones ajenos, inquisidores acaso, todos esos santos, \u00bfqu\u00e9 han hecho por el progreso de la ciencia de la \u00e9tica? \u00bfInvent\u00f3 acaso alguno de ellos el imperativo categ\u00f3rico, como lo invent\u00f3 el solter\u00f3n de Koenigsberg, que si no fue santo mereci\u00f3 serlo? Quej\u00e1baseme un d\u00eda el hijo de un gran profesor de \u00e9tica, de uno a quien apenas si se le ca\u00eda de la boca el imperativo ese, que viv\u00eda en una desolada sequedad de esp\u00edritu, en un vac\u00edo interior. Y hubo de decirle: -Es que su padre de usted, amigo m\u00edo, ten\u00eda un r\u00edo soterra\u00f1o en el esp\u00edritu, una fresca corriente de antiguas creencias infantiles, de esperanzas de ultratumba; y cuando cre\u00eda alimentar su alma con el imperativo ese o con algo parecido, lo estaba en realidad alimentando con aquellas aguas de la ni\u00f1ez. Y a usted le ha dado la flor acaso de su esp\u00edritu, sus doctrinas racionales de moral, pero no la ra\u00edz, no lo soterra\u00f1o, no lo irracional. \u00bfPor qu\u00e9 prendi\u00f3 aqu\u00ed en Espa\u00f1a el krausismo y no el hegelianismo o el kantismo, siendo estos sistemas mucho m\u00e1s profundos, racional y filos\u00f3ficamente que aquel? Porque el uno nos le trajeron con ra\u00edces. El pensamiento filos\u00f3fico de un pueblo o de una \u00e9poca es como su flor, o si se quiere fruto, toma sus jugos de las ra\u00edces de la planta, y las ra\u00edces, que est\u00e1n dentro y est\u00e1n debajo de tierra, son el sentimiento religioso. El pensamiento filos\u00f3fico de Kant, suprema flor de la evoluci\u00f3n mental del pueblo germ\u00e1nico, tiene sus ra\u00edces en el sentimiento religioso de Lutero, y no es posible que el kantismo, sobre todo en su parte pr\u00e1ctica, prendiese y diese flores y frutos en pueblos que ni hab\u00edan pasado por la Reforma ni acaso pod\u00edan pasar por ella. El kantismo es protestante, y nosotros, los espa\u00f1oles, somos fundamentalmente cat\u00f3licos. Y si Krause ech\u00f3 aqu\u00ed algunas ra\u00edces -m\u00e1s que se cree, y no tan pasajeras como se supone-, es porque Krause ten\u00eda ra\u00edces pietistas, y el pietismo, como lo demostr\u00f3 Ritschl en la historia de \u00e9l (Geschichte der Pietismus), tiene ra\u00edces espec\u00edficamente cat\u00f3licas y significa en gran parte la invasi\u00f3n, o m\u00e1s bien la persistencia del misticismo cat\u00f3lico en el seno del racionalismo protestante. Y as\u00ed se explica que se krausizaran aqu\u00ed hasta no pocos pensadores cat\u00f3licos. Y puesto que los espa\u00f1oles somos cat\u00f3licos, sep\u00e1moslo o no lo sepamos, queri\u00e9ndolo o sin quererlo, y aunque alguno de nosotros presuma de racionalista o de ateo, acaso nuestra m\u00e1s honda labor de cultura y lo que vale m\u00e1s que de cultura, de religiosidad -si es que no son lo mismo-, es tratar de darnos clara cuenta de ese nuestro catolicismo subconciente, social o popular. Y esto es lo que he tratado de hacer en esta obra. Lo que llamo el sentimiento tr\u00e1gico de la vida en los hombres y en los pueblos es por lo menos nuestro sentimiento tr\u00e1gico de la vida, el de los espa\u00f1oles y el pueblo espa\u00f1ol, tal y como se refleja en mi conciencia, que es una conciencia espa\u00f1ola, hecha en Espa\u00f1a. Y ese sentimiento tr\u00e1gico de la vida es el sentimiento mismo cat\u00f3lico de ella, pues el catolicismo y mucho m\u00e1s el popular, es tr\u00e1gico. El pueblo aborrece la comedia. El pueblo, cuando Pilato, el se\u00f1orito, el distinguido, el esteta, racionalista si quer\u00e9is, quiere darle comedia y le presenta al Cristo en irrisi\u00f3n dici\u00e9ndole: \u00a1He aqu\u00ed el hombre!, se amotina y grita: \u00a1crucif\u00edcale! No quiere comedia, sino tragedia. Y lo que el Dante, el gran cat\u00f3lico, llam\u00f3 comedia divina, es la m\u00e1s tr\u00e1gica comedia que se haya escrito. Y como he querido en estos ensayos mostrar el alma de un espa\u00f1ol y en ella el alma espa\u00f1ola, he escatimado las citas de escritores espa\u00f1oles, prodigando, acaso en exceso, las de los otros pa\u00edses. Y es que todas las almas humanas son hermanas. Y hay una figura, una figura c\u00f3micamente tr\u00e1gica, una figura en que se ve todo lo profundamente tr\u00e1gico de la comedia humana, la figura de Nuestro Se\u00f1or Don Quijote, el Cristo espa\u00f1ol en que se cifra y encierra el alma inmortal de este mi pueblo. Acaso la pasi\u00f3n y muerte del Caballero de la Triste Figura es la pasi\u00f3n y muerte del pueblo espa\u00f1ol. Su muerte y su resurrecci\u00f3n. Y hay una filosof\u00eda y hasta una metaf\u00edsica quijotesca y una l\u00f3gica y una \u00e9tica quijotesca, y una religiosidad -religiosidad cat\u00f3lica espa\u00f1ola- quijotesca. En la filosof\u00eda, es la l\u00f3gica, es la \u00e9tica, es la religiosidad que he tratado de esbozar y m\u00e1s de sugerir que de desarrollar en esta obra. Desarrollarlas racionalmente no; la locura quijotesca no consiente la l\u00f3gica cient\u00edfica. Y ahora, antes de concluir, y despedirme de mis lectores, qu\u00e9dame hablar del papel que le est\u00e1 reservado a Don Quijote en la tragicomedia europea moderna. Vamos a verlo en un \u00faltimo ensayo de estos.<\/p>\n<p><strong><em>CONCLUSI\u00d3N DON QUIJOTE EN LA TRAGICOMEDIA EUROPEA CONTEMPOR\u00c1NEA <\/em><\/strong><\/p>\n<p>\u00a1Voz que clama en el desierto! (Isa\u00edas, XL, 3.) Fuerza me es ya concluir, por ahora al menos, estos ensayos que amenazan convert\u00edrseme en el cuento de nunca acabar. Han ido saliendo de mis manos a la imprenta en . una casi improvisaci\u00f3n sobre notas recogidas durante a\u00f1os, sin haber tenido presentes al escribir cada ensayo los que le precedieron. Y as\u00ed ir\u00e1n llenos de contradicciones \u00edntimas -al menos aparentes- como la vida y como yo mismo. Mi pecado ha sido, si alguno, el haberlos exornado en exceso con citas ajenas, muchas de las cuales parecer\u00e1n tra\u00eddas con cierta violencia. Mas yo lo explicar\u00e9 otra vez. Muy pocos a\u00f1os despu\u00e9s de haber andado Nuestro Se\u00f1or Don Quijote por Espa\u00f1a, dec\u00edanos Jacobo Boehme (Aurora, cap. XI, \u00a7 75), que no escrib\u00eda una historia que le hubiesen contado otros, sino que ten\u00eda que estar \u00e9l mismo en la batalla, y en ella en gran pelea, donde a menudo ten\u00eda que ser vencido como todos los hombres, y m\u00e1s adelante (\u00a7 83) a\u00f1ade que aunque tenga que hacerse espect\u00e1culo del mundo y del demonio, le queda la esperanza en Dios sobre la vida futura, en quien quiere arriesgarla y no resistir al Esp\u00edritu. Am\u00e9n. Y tampoco yo, como este Quijote del pensamiento alem\u00e1n, quiero resistir al Esp\u00edritu. Y por eso lanzo mi voz que clamar\u00e1 en el desierto, y la lanzo desde esta Universidad de Salamanca, que se llam\u00f3 a s\u00ed misma arrogantemente omnium scientiarium princeps, y a la que Carlyle llam\u00f3 fortaleza de la ignorancia, y un literato franc\u00e9s, hace muy poco, Universidad fantasma; desde esta Espa\u00f1a, \u00abtierra de los ensue\u00f1os que se hacen realidades, defensora de Europa, hogar del ideal caballeresco\u00bb, as\u00ed me dec\u00eda en carta no ha mucho Mr. Archer M. Huntington, poeta; desde esta Espa\u00f1a, cabeza de la Contrarreforma en el siglo xvi. \u00a1Y bien se lo guardan! En el cuarto de estos ensayos os habl\u00e9 de la esencia del catolicismo. Y a desesenciarlo, esto es, a descatolizar a Europa, han contribuido el Renacimiento, la Reforma y la Revoluci\u00f3n, sustituyendo aquel ideal de una vida eterna ultraterrena por el ideal del progreso, de la raz\u00f3n, de la ciencia. O mejor de la Ciencia, con letra may\u00fascula. Y lo \u00faltimo, lo que hoy m\u00e1s se lleva, es la cultura. Y en la segunda mitad del pasado siglo XIX, \u00e9poca infilos\u00f3fica y tecnicista, dominada por especialismo miope y por el materialismo hist\u00f3rico, ese ideal se tradujo en una obra no ya de vulgarizaci\u00f3n sino de avulgaramiento cient\u00edfico -o m\u00e1s bien seudocient\u00edfico- que se desahogaba en democr\u00e1ticas bibliotecas baratas y sectarias. Quer\u00eda as\u00ed popularizarse la ciencia, como si hubiese de ser esta la que haya de bajar al pueblo y servir sus pasiones, y no el pueblo el que debe subir a ella y por ella m\u00e1s arriba a\u00fan, a nuevos y m\u00e1s profundos anhelos. Todo esto llev\u00f3 a Bruneti\u00e9re a proclamar la bancarrota de la ciencia, y esa ciencia o lo que fuere, bancarrote\u00f3, en efecto. Y como ella no satisfac\u00eda, no dejaba de buscarse la felicidad; sin encontrarla en la riqueza, ni en el saber, ni en el poder\u00edo, ni en el goce; ni en la resignaci\u00f3n, ni en la buena conciencia moral, ni en la cultura. Y vino el pesimismo. El progresismo no satisfac\u00eda tampoco. Progresar, \u00bfpara qu\u00e9? El hombre no se conformaba con lo racional, el Kulturkampf no le bastaba; quer\u00eda dar finalidad final a la vida, que esta que llamo la invalidad final es el verdadero \u00f3viws \u00f3v. Y la famosa maladie du si\u00e9cle, que se anuncia en Rousseau, y acusa m\u00e1s claramente que nadie el Obermann de S\u00e9nancour, no era ni es otra cosa que la p\u00e9rdida de la fe en la inmortalidad del alma, en la finalidad humana del Universo. Su s\u00edmbolo, su verdadero s\u00edmbolo, es un ente de ficci\u00f3n, el doctor Fausto. Este inmortal doctor Fausto que se nos aparece ya a principios del siglo XVII, en 1604, por obra del Renacimiento y de la Reforma y por ministerio de Crist\u00f3bal Marlowe, es ya el mismo que volver\u00e1 a descubrir Goethe, aunque en ciertos respectos m\u00e1s espont\u00e1neo y m\u00e1s fresco. Y junto a \u00e9l aparece Mefist\u00f3feles, a quien pregunta Fausto aquello de \u00ab\u00bfqu\u00e9 bien har\u00e1 mi alma a tu se\u00f1or?\u00bb Y le contesta: \u00abEnsanchar su reino.\u00bb \u00ab\u00bfY es esa la raz\u00f3n por la que nos tienta as\u00ed?\u00bb, vuelve a preguntar el doctor, y el esp\u00edritu maligno responde: \u00abSolamen miseris socios habuisse doloris\u00bb, que es lo que mal traducido en romance, decimos: mal de muchos, consuelo de tontos. \u00abDonde estamos, all\u00ed est\u00e1 el infierno, y donde est\u00e1 el infierno, all\u00ed tenemos que estar siempre\u00bb, a\u00f1ade Mefist\u00f3feles, a lo que Fausto agrega que cree ser una f\u00e1bula tal infierno, y le pregunta qui\u00e9n hizo el mundo. Y este tr\u00e1gico doctor, torturado por nuestra tortura, acaba encontrando a Helena, que no es otra, aunque Marlowe acaso no lo sospechase, que la Cultura renaciente. Y hay aqu\u00ed en este Faust de Marlowe una escena que vale por toda la segunda parte del Faust de Goethe. Le dice a Helena Fausto: \u00abDulce Helena, hazme inmortal con un beso -y le besa-. Sus labios me chupan el alma; \u00a1mira c\u00f3mo huye! \u00a1Ven, Helena, ven; devu\u00e9lveme el alma! Aqu\u00ed quiero quedarme, porque el cielo est\u00e1 en estos labios, y todo lo que no es Helena escoria es.\u00bb \u00ab\u00a1Devu\u00e9lveme el alma!\u00bb He aqu\u00ed el grito de Fausto, el doctor, cuando despu\u00e9s de haber besado a Helena va a perderse para siempre. Porque al Fausto primitivo no hay ingenua Margarita alguna que le salve. Esto de la salvaci\u00f3n fue invenci\u00f3n de Goethe. \u00bfY qui\u00e9n no conoce a su Fausto, nuestro Fausto, que estudi\u00f3 Filosof\u00eda, Jurisprudencia, Medicina, hasta Teolog\u00eda, y s\u00f3lo vio que no podemos saber nada, y quiso huir al campo libre -hinaus ins weite Land!- y top\u00f3 con Mefist\u00f3feles, parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal haciendo siempre el bien, y este le llev\u00f3 a los brazos de Margarita, del pueblo sencillo, a la que aquel, el sabio, perdi\u00f3; pero merced a la cual, que por \u00e9l se entreg\u00f3, se salva, redimido por el pueblo creyente con fe sencilla? Pero tuvo esa segunda parte, porque aquel otro Fausto era el Fausto anecd\u00f3tico y no el categ\u00f3rico de Goethe, y volvi\u00f3 a entregarse a la Cultura, a Helena, y a engendrar en ella a Eufori\u00f3n, acabando todo con aquello del eterno femenino entre coros m\u00edsticos. \u00a1Pobre Eufori\u00f3n! Y esta Helena \u00bfes la esposa del rubio Menelao, la que rob\u00f3 Paris, y caus\u00f3 la guerra de Troya, y de quien los ancianos troyanos dec\u00edan que no deb\u00eda indignar el que se pelease por mujer que por su rostro se parec\u00eda tan terriblemente a las diosas inmortales? Creo m\u00e1s bien que esa Helena de Fausto era otra, la que acompa\u00f1aba a Sim\u00f3n Mago, y que este dec\u00eda ser la inteligencia divina. Y Fausto puede decirle: \u00a1devu\u00e9lveme el alma! Porque Helena con sus besos nos saca el alma. Y lo que queremos y necesitamos es alma, y alma de bulto y de sustancia. Pero vinieron el Renacimiento, la Reforma y la Revoluci\u00f3n, tray\u00e9ndonos a Helena, o m\u00e1s bien empujados por ella, y ahora nos hablan de Cultura y de Europa. \u00a1Europa! Esta noci\u00f3n primitiva e inmediatamente geogr\u00e1fica nos la han convertido por arte m\u00e1gico en una categor\u00eda casi metaf\u00edsica. \u00bfQui\u00e9n sabe hoy ya, en Espa\u00f1a por lo menos, lo que es Europa? Yo s\u00f3lo s\u00e9 que es un chi~ bolete (v\u00e9ase mis Tres ensayos). Y cuando me pongo a escudri\u00f1ar lo que llaman Europa nuestros europeizantes, par\u00e9ceme a las veces que queda fuera de ella mucho de lo perif\u00e9rico -Espa\u00f1a desde luego, Inglaterra, Italia, Escandinavia, Rusia&#8230;- y que se reduce a lo central, a Franco-Alemania con sus anejos y dependencias. Todo esto nos lo han tra\u00eddo, digo, el Renacimiento y la Reforma, hermanos mellizos que vivieron en aparente guerra intestina. Los renacientes italianos, socinianos todos ellos; los humanistas, con Erasmo a la cabeza, tuvieron por,un b\u00e1rbaro a aquel fraile Lutero, que del claustro sac\u00f3 su \u00edmpetu, como de \u00e9l lo sacaron Bruno y Campanella. Pero aquel b\u00e1rbaro era su hermano mellizo; combati\u00e9ndolos, combat\u00eda a su lado contra el enemigo com\u00fan. Todo eso nos han tra\u00eddo el Renacimiento y la Reforma, y luego la Revoluci\u00f3n, su hija, y nos han tra\u00eddo tambi\u00e9n una nueva Inquisici\u00f3n: la de la ciencia o la cultura, que usa por armas el rid\u00edculo y el desprecio para los que no se rinden a su ortodoxia. Al enviar Galileo al Gran Duque de Toscana su escrito sobre la movilidad de la Tierra, le dec\u00eda que conviene obedecer y creer a las determinaciones de los superiores, y que reputaba aquel escrito \u00abcomo una poes\u00eda o bien un ensue\u00f1o, y por tal rec\u00edbalo Vuestra Alteza\u00bb. Y otras veces le llama \u00abquimera\u00bb y \u00abcapricho matem\u00e1tico\u00bb. Y as\u00ed yo en estos ensayos, por temor tambi\u00e9n -\u00bfpor qu\u00e9 no confesarlo?- a la Inquisici\u00f3n, pero a la de hoy, a la cient\u00edfica, presento como poes\u00eda, ensue\u00f1o, quimera o capricho m\u00edstico lo que m\u00e1s de dentro me brota. Y digo con Galileo: Eppur si muove! Mas \u00bfes s\u00f3lo por ese temor? \u00a1Ah, no!, que hay otra m\u00e1s tr\u00e1gica Inquisici\u00f3n, y es la que un hombre moderno, culto, europeo -como lo soy yo, qui\u00e9ralo o no-, lleva dentro de s\u00ed. Hay un m\u00e1s terrible rid\u00edculo, y es el rid\u00edculo de uno ante s\u00ed mismo y para consigo. Es mi raz\u00f3n, que se burla de mi fe y la desprecia. Y aqu\u00ed es donde tengo que acogerme a mi se\u00f1or Don Quijote para aprender a afrontar el rid\u00edculo y vencerlo, y un rid\u00edculo que acaso -\u00bfqui\u00e9n sabe?- \u00e9l no conoci\u00f3. S\u00ed, s\u00ed, \u00bfc\u00f3mo no ha de sonre\u00edr mi raz\u00f3n de estas construcciones seudofilos\u00f3ficas, pretendidas m\u00edsticas, diletantescas, en que hay de todo menos paciente estudio, objetividad y m\u00e9todo&#8230; cient\u00edfico? \u00a1Y, sin embargo&#8230; Eppur si muove! Eppur si muove!, s\u00ed. \u00a1Y me acojo al dilettantismo, a lo que un pedante llamar\u00eda filosof\u00eda demimondaine, contra la pedanter\u00eda especialista, contra la filosof\u00eda de los fil\u00f3sofos profesionales. Y qui\u00e9n sabe&#8230; Los progresos suelen venir del b\u00e1rbaro, y nada m\u00e1s estancado que la filosof\u00eda de los fil\u00f3sofos y la teolog\u00eda de los te\u00f3logos. \u00a1Y que nos hablen de Europa! La civilizaci\u00f3n del T\u00edbet es paralela a la nuestra, y ha hecho y hace vivir a hombres que desaparecen como nosotros. Y queda flotando sobre las civilizaciones todas del Eclesiast\u00e9s, y aquello de \u00abas\u00ed muere el sabio como el necio\u00bb (Ec., II, 16). Corre entre las gentes de nuestro pueblo una respuesta admirable a la ordinaria pregunta de \u00ab\u00bfqu\u00e9 tal?\u00bb o \u00ab\u00bfc\u00f3mo va?\u00bb, y es aquella que responde: \u00ab\u00a1se vive!\u00bb&#8230; Y de hecho es as\u00ed; se vive, vivimos tanto como los dem\u00e1s. \u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s puede pedirse? \u00bfY qui\u00e9n no recuerda lo de la copla? \u00abCada vez que considero \/ que me tengo que morir, \/ tiendo la capa en el suelo \/ y no me harto de dormir.\u00bb Pero no dormir, no, sino so\u00f1ar; so\u00f1ar la vida, ya que la vida es sue\u00f1o. Proverbial se ha hecho tambi\u00e9n en muy poco tiempo entre nosotros, los espa\u00f1oles, la frase de que la cuesti\u00f3n es pasar el rato, o sea matar el tiempo. Y de hecho hacemos tiempo para matarlo. Pero hay algo que nos ha preocupado siempre tanto o m\u00e1s que pasar el rato -f\u00f3rmula que marca una posici\u00f3n est\u00e9tica- y es ganar la eternidad; f\u00f3rmula de la posici\u00f3n religiosa. Y es que saltamos de lo est\u00e9tico y lo econ\u00f3mico a lo religioso, por encima de lo l\u00f3gico y lo \u00e9tico; del arte a la religi\u00f3n. Un joven novelista nuestro, Ram\u00f3n P\u00e9rez de Ayala, en su reciente novela La pata de la raposa, nos dice que la idea de la muerte es el cepo; el esp\u00edritu, la raposa, o sea virtud astuta con qu\u00e9 burlar las celadas de la fatalidad, y a\u00f1ade: \u00abCogidos en el cepo, hombres d\u00e9biles y pueblos d\u00e9biles yacen por tierra&#8230;; los esp\u00edritus recios y los pueblos fuertes reciben en el peligro clarividente estupor, desentra\u00f1an de pronto la desmesurada belleza de la vida y, renunciando para siempre a la agilidad y locura primeras, salen del cepo con los m\u00fasculos tensos para la acci\u00f3n y con las fuerzas del alma centuplicadas en \u00edmpetu, potencia y eficacia.\u00bb Pero veamos: hombre d\u00e9biles&#8230;, pueblos d\u00e9biles&#8230;, esp\u00edritus recios&#8230;, pueblos fuertes&#8230;, \u00bfqu\u00e9 es eso? Yo no lo s\u00e9. Lo que creo saber es que unos individuos y pueblos no han pensado a\u00fan de veras en la muerte y la inmortalidad; no las han sentido, y otros han dejado de penar en ellas, o m\u00e1s bien han dejado de sentirlas. Y no es, creo, cosa de que se engr\u00edan los hombres y los pueblos que no han pasado por la edad religiosa. Lo de la desmesurada belleza de la vida est\u00e1 bien para escrito, y hay, en efecto, quienes se resignan y la aceptan tal cual es, y hasta quienes no quieren persuadir que el del cepo no es problema. Pero ya dijo Calder\u00f3n (Gustos y disgustos no son m\u00e1s que imaginaci\u00f3n, acto 1, sec. 4.a) que \u00abNo es consuelo de desdichas, \/ es otra desdicha aparte, \/ querer a quien las padece \/ persuadir que no son tales.\u00bb Y adem\u00e1s \u00aba un coraz\u00f3n no habla sino otro coraz\u00f3n\u00bb, seg\u00fan fray Diego de Estela (Vanidad del mundo, cap. XXI). No ha mucho hubo quien hizo como que se escandalizaba de que, respondiendo yo a los que nos reprochaban a los espa\u00f1oles nuestra incapacidad cient\u00edfica, dijese, despu\u00e9s de hacer observar que la luz el\u00e9ctrica luce aqu\u00ed, corre aqu\u00ed la locomotora tan bien como donde se inventaron, y nos servimos de los logaritmos como en el pa\u00eds donde fueron ideados, aquello de: \u00ab\u00a1que inventen ellos!\u00bb. Expresi\u00f3n parad\u00f3jica a que no renuncio. Los espa\u00f1oles deber\u00edamos apropiarnos no poco de aquellos sabios consejos que a los rusos, nuestros semejantes, dirig\u00eda el conde Jos\u00e9 de Maistre en aquellas sus admirables cartas al conde Rasoumowski, sobre la educaci\u00f3n p\u00fablica en Rusia, cuando le dec\u00eda que no por no estar hecha para la ciencia debe una naci\u00f3n estimarse menos; que los romanos no entendieron de arte ni tuvieron matem\u00e1tico, lo que no les impidi\u00f3 hacer su papel, y todo lo que a\u00f1ad\u00eda sobre esa muchedumbre de semisabios falsos y orgullosos, id\u00f3latras de los gustos, las modas y las lenguas extranjeras y siempre prontos a derribar cuanto desprecian, que es todo. \u00bfQue no tenemos esp\u00edritu cient\u00edfico? \u00bfY qu\u00e9, si tenemos alg\u00fan esp\u00edritu? \u00bfY se sabe si el que tenemos es o no compatible con ese otro? Mas al decir, \u00a1que inventen ellos!, no quise decir que hayamos de contentarnos con un papel pasivo, no. Ellos a la ciencia de que nos aprovecharemos; nosotros, a lo nuestro. No basta defenderse, hay que atacar. Pero atacar con tino y cautela. La raz\u00f3n ha de ser nuestra arma. Lo es hasta del loco. Nuestro loco sublime, nuestro modelo, Don Quijote, despu\u00e9s que destroz\u00f3 de dos cuchilladas aquella a modo de media celada que encaj\u00f3 con el morri\u00f3n, \u00abla torn\u00f3 a hacer de nuevo, poni\u00e9ndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera que \u00e9l qued\u00f3 satisfecho de su fortaleza, y sin querer hacer nueva experiencia della la diput\u00f3 y tuvo por celada fin\u00edsima de encaje\u00bb. Y con ella en la cabeza se inmortaliz\u00f3. Es decir, se puso en rid\u00edculo. Pues fue poni\u00e9ndose en rid\u00edculo como alcanz\u00f3 su inmortalidad Don Quijote. \u00a1Y hay tantos modos de ponerse en rid\u00edculo&#8230;! Cournot (Trait\u00e9 de l&#8217;enchainement des id\u00e9es fondamentales, etc., \u00a7 510) dijo: \u00abNo hay que hablar ni a los pr\u00edncipes ni a los pueblos de sus probabilidades de muerte: los pr\u00edncipes castigan esa temeridad con la desgracia: el p\u00fablico se venga de ella por el rid\u00edculo.\u00bb As\u00ed es, y por eso dicen que hay que vivir con el siglo. Corrumpere et corrumpi saeculum vocatur (T\u00e1cito, Germania, 19). Hay que saber ponerse en rid\u00edculo, y no s\u00f3lo ante los dem\u00e1s, sino ante nosotros mismos. Y m\u00e1s ahora, en que tanto se charla de la conciencia de nuestro atraso respecto a los dem\u00e1s pueblos cultos; ahora, en que unos cuantos atolondrados que no conocen nuestra propia historia -que est\u00e1 por hacer, deshaciendo antes lo que la calumnia protestante ha tejido en torno a ella- dicen que no hemos tenido ni ciencia, ni arte, ni filosof\u00eda, ni Renacimiento (este acaso nos sobraba), ni nada. Carducci, el que habl\u00f3 de los contorcimenti dell&#8217;afannosa grandiosit\u00e1 spagnola, dej\u00f3 escrito (en Mosche coehiere) que \u00abhasta Espa\u00f1a, que jam\u00e1s tuvo hegemon\u00eda de pensamiento, tuvo su Cervantes\u00bb. \u00bfPero es que Cervantes se dio aqu\u00ed solo, aislado, sin ra\u00edces, sin tronco, sin apoyo? Mas se comprende que diga que Espa\u00f1a non ebbe mai egemonia di pensiero un racionalista italiano que recuerda que fue Espa\u00f1a la que reaccion\u00f3 contra el Renacimiento de su patria. Y qu\u00e9, \u00bfacaso no fue algo, y algo hegem\u00f3nico en el orden cultural, la Contrarreforma que acaudill\u00f3 Espa\u00f1a y que comenz\u00f3 de hecho con el saco de Roma, providencial castigo contra la ciudad de los paganos Papas del Renacimiento pagano? Dejemos ahora si fue mala o buena la Contrarreforma, pero \u00bfes que no fueron algo hegem\u00f3nico Loyola y el Concilio de Trento? Antes de este d\u00e1banse en Italia cristianismo y paganismo, o mejor, inmortalismo y mortalismo en nefando abrazo y contubernio, hasta en las almas de algunos Papas, y era verdad en filosof\u00eda lo que en teolog\u00eda no lo era, y todo se arreglaba con la f\u00f3rmula de salva la fe. Despu\u00e9s ya no, despu\u00e9s vino la lucha franca y abierta entre la raz\u00f3n y la fe, la ciencia y la religi\u00f3n. Y el haber tra\u00eddo esto, gracias sobre todo a la testarudez espa\u00f1ola, \u00bfno fue hegem\u00f3nico? Sin la Contrarreforma, no habr\u00eda la Reforma seguido el curso de que sigui\u00f3; sin aquella, acaso esta, falta del sost\u00e9n del pietismo, habr\u00eda perecido en la ramplona racionalidad de la Aufkl\u00fcrung, de la Ilustraci\u00f3n. \u00bfSin Carlos I, sin Felipe II, nuestro gran Felipe, habr\u00eda sido todo igual? Labor negativa, dir\u00e1 alguien. \u00bfQu\u00e9 es eso? \u00bfQu\u00e9 es lo negativo?, \u00bfqu\u00e9 es lo positivo? En el tiempo, la l\u00ednea que va siempre en la misma direcci\u00f3n, del pasado al porvenir, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 el cero que marca el l\u00edmite entre lo positivo y lo negativo? Espa\u00f1a, esta tierra que dicen de caballeros y p\u00edcaros -y todos p\u00edcaros-, ha sido la gran calumniada de la historia precisamente por haber acaudillado la Contrarreforma. Y porque su arrogancia le ha impedido salir a la plaza p\u00fablica, a la feria de las vanidades, a justificarse. Dejemos su lucha de ocho siglos con la morisma, defendiendo a Europa del mahometanismo, su labor de unificaci\u00f3n interna, su descubrimiento de Am\u00e9rica y las Indias -que lo hicieron Espa\u00f1a y Portugal, y no Col\u00f3n y Gama-, dejemos eso y m\u00e1s, y no es dejar poco. \u00bfNo es nada cultural crear veinte naciones sin reservarse nada y engendrar, como engendr\u00f3 el conquistador, en pobres indias siervas hombres libres? Fuera de esto, en el orden del pensamiento, \u00bfno es nada nuestra m\u00edstica? Acaso un d\u00eda tengan que volver a ella, a buscar su alma, los pueblos a quienes Helena se la arrebatara con sus besos. Pero ya se sabe, la Cultura se compone de ideas y s\u00f3lo de ideas y el hombre no es sino un instrumento de ella. El hombre para la idea, y no la idea para el hombre; el cuerpo para la sombra. El fin del hombre es hacer ciencia, catalogar el Universo para devolv\u00e9rselo a Dios en orden, como escrib\u00ed hace unos a\u00f1os, en mi novela Amor y pedagog\u00eda. El hombre no es, al parecer, ni siquiera una idea. Y al cabo el g\u00e9nero humano sucumbir\u00e1 al pie de las bibliotecas -talados bosques enteros para hacer el papel que en ellas se almacena-, museos, m\u00e1quinas, f\u00e1bricas, laboratorios&#8230; para legarlos&#8230; \u00bfa qui\u00e9n? Porque Dios no los recibir\u00e1. Aquella h\u00f3rrida literatura regeneracionista, casi toda ella embuste, que provoc\u00f3 la p\u00e9rdida de nuestras \u00faltimas colonias americanas, trajo la pedanter\u00eda de hablar del trabajo perseverante y callado -eso s\u00ed, voce\u00e1ndolo mucho, voceando el silencio-, de la prudencia, la exactitud, la moderaci\u00f3n, la fortaleza espiritual, la sind\u00e9resis, la ecuanimidad, las virtudes sociales, sobre todo los que m\u00e1s carecemos de ellas. En esa rid\u00edcula literatura ca\u00edmos casi todos los espa\u00f1oles, unos m\u00e1s y otros menos, y se dio el caso de aquel archiespa\u00f1ol Joaqu\u00edn Costa, uno de los esp\u00edritus menos europeos que hemos tenido, sacando lo de europeizarnos y poni\u00e9ndose a cidear mientras proclamaba que hab\u00eda que cerrar con siete llaves el sepulcro del Cid y&#8230; conquistar \u00c1frica. Y yo di un \u00a1muera Don Qui-jote!, y de esta blasfemia, que quer\u00eda decir todo lo contrario que dec\u00eda -as\u00ed est\u00e1bamos entonces-, brot\u00f3 mi Vida de Don Quijote y Sancho y mi culto al quijotismo como religi\u00f3n nacional. Escrib\u00ed aquel libro para repensar el Quijote contra cervantistas y eruditos, para hacer obra de vida de lo que era y sigue siendo para los m\u00e1s letra muerta. \u00bfQu\u00e9 me importa lo que Cervantes quiso o no quiso poner all\u00ed y lo que realmente puso? Lo vivo es lo que yo all\u00ed descubro, pusi\u00e9ralo o no Cervantes, lo que yo all\u00ed pongo y sobrepongo y sotopongo, y lo que ponemos all\u00ed todos. Quise all\u00ed rastrear nuestra filosof\u00eda. Pues abrigo cada vez m\u00e1s la convicci\u00f3n de que nuestra filosof\u00eda, la filosof\u00eda espa\u00f1ola, est\u00e1 l\u00edquida y difusa en nuestra literatura, en nuestra vida, en nuestra acci\u00f3n, en nuestra m\u00edstica, sobre todo, y no en sistemas filos\u00f3ficos. Es concreta. \u00bfY es que acaso no hay en Goethe, verbigracia, tanta o m\u00e1s filosof\u00eda que en Hegel? Las coplas de Jorge Manrique, el Romancero, el Quijote, La vida es sue\u00f1o, la Subida al Monte Carmelo, implican una intuici\u00f3n del mundo y un concepto de la vida Weltanschaung und Labensansicht. Filosof\u00eda esta nuestra que era dif\u00edcil de formularse en esa segunda mitad del siglo xix, \u00e9poca afilos\u00f3fica, positivista, tecnicista, de pura historia y de ciencias naturales, \u00e9poca en el fondo materialista y pesimista. Nuestra lengua misma, como toda lengua culta, lleva impl\u00edcita una filosof\u00eda. Una lengua, en efecto, es una filosof\u00eda potencial. El platonismo es la lengua griega que discurre en Plat\u00f3n, desarrollando sus met\u00e1foras seculares; la escol\u00e1stica es la filosof\u00eda del lat\u00edn muerto de la Edad Media en lucha con las lenguas vulgares; en Descartes discurre la lengua francesa, la alemana en Kant y en Hegel, y el ingl\u00e9s en Hume y en Suart Mill. Y es que el punto de partida l\u00f3gico de toda especulaci\u00f3n filos\u00f3fica no es el yo, ni es la representaci\u00f3n &#8211; vorstellung- o el mundo tal como se nos presenta inmediatamente a los sentidos, sino que es la representaci\u00f3n mediata o hist\u00f3rica, humanamente elaborada y tal como se nos da principalmente en el lenguaje por medio del cual conocemos el mundo; no es la representaci\u00f3n ps\u00edquica sino la pnum\u00e1tica. Cada uno de nosotros parte para pensar, sabi\u00e9ndolo o no y qui\u00e9ralo o no lo quiera, de lo que han pensado los dem\u00e1s que le precedieron y le rodean. El pensamiento es una herencia, Kant pensaba en alem\u00e1n, y al alem\u00e1n tradujo a Hume y a Rousseau, que pensaban en ingl\u00e9s y en franc\u00e9s, respectivamente. Y Spinoza, \u00bfno pensaba en judeo-portugu\u00e9s, bloqueado por el holand\u00e9s y en lucha con \u00e9l? El pensamiento reposa en prejuicios y los prejuicios van en la lengua. Con raz\u00f3n adscrib\u00eda Bacon al lenguaje no pocos errores de los idola fori. Pero \u00bfcabe filosofar en pura \u00e1lgebra o siquiera en esperanto? No hay sino leer el libro de Avenarius de cr\u00edtica de la experiencia pura -reine Erfahrung-, de esta experiencia prehumana, o sea inhumana, para ver ad\u00f3nde puede llevar eso. Y Avenarius mismo, que ha tenido que inventarse un lenguaje, lo ha inventado sobre la tradici\u00f3n latina, con ra\u00edces que lleva en su fuerza metaf\u00f3rica todo un contenido de impura experiencia, de experiencia social humana. Toda filosof\u00eda es, pues, en el fondo, filolog\u00eda. Y la filolog\u00eda, con su grande y. fecunda ley de las formaciones anal\u00f3gicas, da su parte al azar, a lo irracional, a lo absolutamente inconmensurable. La historia no es matem\u00e1tica ni la filosof\u00eda tampoco. \u00a1Y cu\u00e1ntas ideas filos\u00f3ficas no se deben en rigor a algo as\u00ed como rima, a la necesidad de colocar un consonante! En Kant mismo abunda no poco de esto, de simetr\u00eda est\u00e9tica; de rima. La representaci\u00f3n es, pues, como el lenguaje, como la raz\u00f3n misma -que no es sino el lenguaje interior-, un producto social y racial, y la raza, la sangre del esp\u00edritu es la lengua, como ya lo dej\u00f3 dicho, y yo muy repetido, Oliver Wendell Holmes, el yanqui. Nuestra filosof\u00eda occidental entr\u00f3 en madurez, lleg\u00f3 a conciencia de s\u00ed, en Atenas, con S\u00f3crates, y lleg\u00f3 a esta conciencia mediante el di\u00e1logo, la conversaci\u00f3n social. Y es hondamente significativo que la doctrina de las ideas innatas, del valor objetivo y normativo de las ideas, de lo que luego, en la Escol\u00e1stica, se llam\u00f3 realismo, se formulase en di\u00e1logos. Y esas ideas, que son la realidad, son nombres, como el nominalismo ense\u00f1aba. No que no sean m\u00e1s que nombres, flatus vocis, sino que son nada menos que nombres. El lenguaje es el que nos da la realidad, y no como un mero veh\u00edculo de ella, sino como su verdadera carne, de que todo lo otro, la representaci\u00f3n muda o inarticulada, no es sino esqueleto. Y as\u00ed la l\u00f3gica opera sobre la est\u00e9tica; el concepto sobre la expresi\u00f3n, sobre la palabra, y no sobre la percepci\u00f3n bruta. Y esto basta trat\u00e1ndose del amor. El amor no se descubre a s\u00ed mismo hasta que no habla, hasta que no dice: \u00a1Yo te amo! Con muy profunda intuici\u00f3n, Stendhal, en su novela La Chartreuse de Parme, hace que el conde Mosca, furioso de celos y pensando en el amor que cree une a la duquesa de Sanseverina con su sobrino Fabricio, se diga: \u00abHay que calmarse; si empleo maneras duras, la duquesa es capaz, por simple pique de vanidad, de seguirle a Belgirate, y all\u00ed, durante el viaje, el azar puede traer una palabra que dar\u00e1 nombre a lo que sienten uno por otro, y despu\u00e9s en un instante, todas las consecuencias.\u00bb As\u00ed es, todo lo hecho se hizo por la palabra, y la palabra fue en un principio. El pensamiento, la raz\u00f3n, esto es, el lenguaje vivo, es una herencia, y el solitario de Aben Tofail, el fil\u00f3sofo ar\u00e1bigo guadije\u00f1o, tan absurdo como el yo de Descartes. La verdad concreta y real, no met\u00f3dica e ideal es: homo sum, ergo cogito. Sentirse hombre es m\u00e1s inmediato que pensar. Mas por otra parte, la Historia, el proceso de la cultura no halla su perfecci\u00f3n y efectividad plena sino en el individuo; el fin de la Historia y de la Humanidad somos los sendos hombres, cada hombre, cada individuo. Homo sum, ergo cogito: cogito ut sim Michael de Unamuno. El individuo es el fin del Universo. Y esto de que el individuo sea el fin del Universo, lo sentimos muy bien nosotros los espa\u00f1oles. \u00bfNo dijo Martin A. J. Hume (The Spanish People) aquello de la individualidad introspectiva del espa\u00f1ol, y lo coment\u00e9 yo en un ensayo publicado en la revista La Espa\u00f1a Moderna?. Y es acaso este individualismo mismo introspectivo el que no ha permitido que brotaran aqu\u00ed sistemas estrictamente filos\u00f3ficos, o m\u00e1s bien metaf\u00f3ricos. Y ello, a pesar de Su\u00e1rez, cuyas sutilezas formales no merecen tal nombre. Nuestra metaf\u00edsica, si algo, ha sido metantr\u00f3pica, y los nuestros, fil\u00f3logos, o m\u00e1s bien humanistas en el m\u00e1s comprensivo sentido. Men\u00e9ndez y Pelayo, de quien con exactitud dijo Benedetto Croce (Est\u00e9tica, ap\u00e9ndice bibliogr\u00e1fico) que se inclinaba al idealismo metaf\u00edsico, pero parec\u00eda querer acoger algo de los otros sistemas, hasta de las teor\u00edas emp\u00edricas; por lo cual su obra sufr\u00eda, al parecer de Croce -que se refer\u00eda a su Historia de las ideas est\u00e9ticas en Espa\u00f1a-, de cierta incerteza, desde el punto de vista te\u00f3rico del autor, Men\u00e9ndez y Pelayo, en su exaltaci\u00f3n de humanista espa\u00f1ol, que no quer\u00eda renegar del Renacimiento, invent\u00f3 lo del vivismo, la filosof\u00eda de Luis Vives, y acaso, no por otra cosa que por ser, como \u00e9l, este otro, espa\u00f1ol renaciente y ecl\u00e9ctico. Y es que Men\u00e9ndez y Pelayo, cuya filosof\u00eda era, ciertamente, todo incerteza, educado en Barcelona, en las timideces del escocesismo traducido al esp\u00edritu catal\u00e1n, en aquella filosof\u00eda rastrera del common sense que no quer\u00eda comprometerse, y era toda de compromiso, y que tan bien present\u00f3 Balmes, huy\u00f3 siempre de toda robusta lucha interior y fragu\u00f3 con compromisos su conciencia. Comentario: \u00abEl individualismo espa\u00f1ol\u00bb, en el tomo 171, correspondiente al 1 de marzo de 1903. M\u00e1s acertado anduvo, a mi entender, \u00c1ngel Ganivet, todo adivinaci\u00f3n e instinto, cuando pregon\u00f3 como nuestro el senequismo, la filosof\u00eda, sin originalidad de pensamiento, pero grand\u00edsima de acento y tono, de aquel estoico cordob\u00e9s pagano, a quien por suyo tuvieron no pocos cristianos. Su acento fue un acento espa\u00f1ol, latinoafricano, no hel\u00e9nico, y ecos de \u00e9l se oyen en aquel -tambi\u00e9n tan nuestro- Tertuliano, que crey\u00f3 corporales de bulto a Dios y al alma, y que fue algo as\u00ed como un Quijote del pensamiento cristiano de la segunda centuria. Mas donde acaso hemos de ir a buscar el h\u00e9roe de nuestro pensamiento, no es a ning\u00fan fil\u00f3sofo que viviera en carne y hueso, sino a un ente de ficci\u00f3n y de acci\u00f3n, m\u00e1s real que los fil\u00f3sofos todos; es a Don Quijote. Porque hay un quijotismo filos\u00f3fico, sin duda, pero tambi\u00e9n una filosof\u00eda quijotesca. \u00bfEs acaso otra, en el fondo, la de los conquistadores, la de los contrarreformadores, la de Loyola, y, sobre todo, ya en el orden del pensamiento abstracto, pero sentido, la de nuestros m\u00edsticos? \u00bfQu\u00e9 era la m\u00edstica de san Juan de la Cruz sino una caballer\u00eda andante del sentimiento a lo divino? Y el Don Quijote no puede decirse que fuera en rigor idealismo; no peleaba por ideas. Era espiritualismo; peleaba por esp\u00edritu. Convertid a Don Quijote a la especulaci\u00f3n religiosa, como ya \u00e9l so\u00f1\u00f3 una vez en hacerlo cuando encontr\u00f3 aquellas im\u00e1genes de relieve y entalladura que llevaban unos labradores para el retablo de su aldea, y a la meditaci\u00f3n de las verdades eternas, y vedle subir al Monte Carmelo por medio de la noche oscura del alma, a ver desde all\u00ed arriba, desde la cima, salir el sol que no se pone, y como el \u00e1guila que acompa\u00f1a a san Juan en Patmos, mirarle cara a cara y escudri\u00f1ar sus manchas, dejando a la lechuza que acompa\u00f1a en el Olimpo a Atena -la de los ojos glaucos, esto es, lechucinos, la que ve en las sombras, pero a la que la luz del mediod\u00eda deslumbra- buscar entre sombras con sus ojos la presa para sus cr\u00edas. Y el quijotismo especulativo o meditativo es, como el pr\u00e1ctico, locura hija de la locura de la cruz. Y por eso es despreciado por la raz\u00f3n. La filosof\u00eda, en el fondo, aborrece al cristianismo, y bien lo prob\u00f3 el manso Marco Aurelio. Comentario: V\u00e9ase cap\u00edtulo LVIII de la segunda parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y el mismo de mi Vida de Don Quijote y Sancho. La tragedia de Cristo, la tragedia divina, es la de la cruz. Pilato, el esc\u00e9ptico, el cultural, quiso convertirla por la burla en sainete, e ide\u00f3 aquella farsa del rey de cetro de ca\u00f1a y corona de espinas, diciendo: \u00ab\u00a1He aqu\u00ed el hombre!\u00bb, pero el pueblo, m\u00e1s humano que \u00e9l, el pueblo que busca tragedia grita: \u00ab\u00a1Crucif\u00edcale, crucif\u00edcale!\u00bb Y la otra tragedia, la tragedia humana, intrahumana, es la de Don Quijote con la cara enjabonada para que se riera de \u00e9l la servidumbre de los duques, y los duques mismos, tan siervos como ellos. \u00ab\u00a1He aqu\u00ed el loco!\u00bb, se dir\u00edan. Y la tragedia c\u00f3mica, irracional, es la pasi\u00f3n por la burla y el desprecio. El m\u00e1s alto hero\u00edsmo para un individuo, como para un pueblo, es saber afrontar el rid\u00edculo; es, mejor a\u00fan, saber ponerse en rid\u00edculo y no acobardarse en \u00e9l. Aquel tr\u00e1gico suicida portugu\u00e9s, Anthero de Quental, de cuyos poderosos sonetos os he ya dicho, dolorido en su patria a ra\u00edz del ultim\u00e1tum ingl\u00e9s a ella en 1890, escribi\u00f3: \u00abDijo un hombre de Estado ingl\u00e9s del siglo pasado, que era tambi\u00e9n por cierto un perspicaz observador y un fil\u00f3sofo, Horacio Walpole, que la vida es una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan. Pues bien: si hemos de acabar tr\u00e1gicamente, nosotros, portugueses, que sentimos, prefiramos con mucho ese destino terrible, pero noble, a aquel que le est\u00e1 reservado, y tal vez en un futuro no muy remoto, a Inglaterra que piensa y calcula, el cual destino es el acabar miserable y c\u00f3micamente.\u00bb Dejemos lo de que Inglaterra piensa y calcula, como implicando que no siente, en lo que hay una injusticia que se explica por la ocasi\u00f3n en que fue eso escrito, y dejemos lo que los portugueses sienten, implicando que apenas piensan ni calculan, pues siempre nuestros hermanos atl\u00e1nticos se distinguieron por cierta pedanter\u00eda sentimental, y qued\u00e9monos con el fondo de la terrible idea, y es que unos, los que ponen el pensamiento sobre el sentimiento, yo dir\u00eda la raz\u00f3n sobre la fe, mueren c\u00f3micamente, y mueren tr\u00e1gicamente los que ponen la fe sobre la raz\u00f3n. Porque son los burladores los que mueren c\u00f3micamente, y Dios se r\u00ede luego de ellos, y es para los burlados la tragedia, la parte noble. Y hay que buscar, tras de las huellas de Don Quijote, la burla. Comentario: En un folleto que estuvo para publicarse con ocasi\u00f3n del ultim\u00e1tum, y cuyos originales obran en poder del se\u00f1or conde de Ameal. Este fragmento se public\u00f3 en el n\u00famero 3 de la revista portuguesa A Agu\u00eda, marzo de 1912. \u00bfY volver\u00e1 a dec\u00edrsenos que no ha habido filosof\u00eda espa\u00f1ola en el sentido t\u00e9cnico de esa palabra? Y digo: \u00bfcu\u00e1l es ese sentido?, \u00bfqu\u00e9 quiere decir filosof\u00eda? Windelband, historiador de la filosof\u00eda, en su ensayo sobre lo que la filosof\u00eda sea (Was ist Philosophie? en el volumen primero de sus Praeludien), nos dice que \u00abla historia del nombre de la filosof\u00eda es la historia de la significaci\u00f3n cultural de la ciencia\u00bb; a\u00f1adiendo: \u00abMientras el pensamiento cient\u00edfico se independiza como impulso del conocer por saber, toma el nombre de filosof\u00eda; cuando despu\u00e9s la ciencia unitaria se divide en sus ramas, es la filosof\u00eda del conocimiento general del mundo que abarca a los dem\u00e1s. Tan pronto como el pensamiento cient\u00edfico se rebaja de nuevo a un medio moral o de la contemplaci\u00f3n religiosa, transf\u00f3rmase la filosof\u00eda en un arte de la vida o en una formulaci\u00f3n de creencias religiosas. Y as\u00ed que despu\u00e9s se liberta . de nuevo la vida cient\u00edfica, vuelve a encontrar la filosof\u00eda el car\u00e1cter de independiente conocimiento del mundo, y en cuanto empieza a renunciar a la soluci\u00f3n de este problema, c\u00e1mbiase en una teor\u00eda de la ciencia misma.\u00bb He aqu\u00ed una breve caracterizaci\u00f3n de la filosof\u00eda desde Tales hasta Kant pasando por la escol\u00e1stica medieval en que intent\u00f3 fundamentar las creencias religiosas. \u00bfPero es que acaso no hay lugar para otro oficio de la filosof\u00eda, y es que sea la reflexi\u00f3n sobre el sentimiento mismo tr\u00e1gico de la vida tal como lo hemos estudiado, la formaci\u00f3n de la lucha entre la raz\u00f3n y la fe, entre la ciencia y la religi\u00f3n, y el mantenimiento reflexivo de ella? Dice luego Windelband: \u00abPor filosof\u00eda en el sentido sistem\u00e1tico, no en el hist\u00f3rico, no entiendo otra cosa que la ciencia cr\u00edtica de los valores de validez universal (allgemeingutigen Werten). \u00bb \u00bfPero qu\u00e9 valores de m\u00e1s universal validez que el de la voluntad humana queriendo ante todo y sobre todo la inmortalidad personal, individual y concreta del alma, o sea la finalidad humana del Universo, y el de la raz\u00f3n humana, negando la racionalidad y hasta la posibilidad de ese anhelo? \u00bfQu\u00e9 valores de m\u00e1s universal validez que el valor racial o matem\u00e1tico y el valor volitivo o teol\u00f3gico del Universo en conflicto uno con otro? Para Windelband, como para los kantianos y neokantianos en general, no hay sino tres categor\u00edas normativas, tres normas universales, y son las de lo verdadero o falso, lo bello y lo feo, y lo bueno o lo malo moral. La filosof\u00eda se reduce a l\u00f3gica, est\u00e9tica y \u00e9tica, seg\u00fan estudia la ciencia, el arte o la moral. Queda fuera otra categor\u00eda, y es la de lo grato y lo ingrato -o agradable y desagradable-; esto es, lo hed\u00f3nico. Lo hed\u00f3nico no puede, seg\u00fan ellos, pretender validez universal, no puede ser normativo. \u00abQuien eche sobre la filosof\u00eda -escribe Windelbandla carga de decidir en la cuesti\u00f3n del optimismo y del pensamiento, quien le pida que d\u00e9 un juicio acerca de si el mundo es m\u00e1s apropiado a engendrar dolor que placer o viceversa, el tal, si se conduce m\u00e1s que dilettantescamente, trabaja en el fantasma de hallar una determinaci\u00f3n absoluta en un terreno en que ning\u00fan hombre razonable la ha buscado.\u00bb Hay que ver, sin embargo, si esto es tan claro como parece, en caso de que sea yo un hombre razonable y no me conduzca nada m\u00e1s que dilettantescamente, lo cual ser\u00eda la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n. Con muy hondo sentido, Benedetto Croce, en su filosof\u00eda del esp\u00edritu, junto a la est\u00e9tica como ciencia de la expresi\u00f3n y a la l\u00f3gica como ciencia del concepto puro, dividi\u00f3 la filosof\u00eda de la pr\u00e1ctica en dos ramas: econom\u00eda y \u00e9tica. Reconoce, en efecto, la existencia de un grado pr\u00e1ctico del esp\u00edritu, meramente econ\u00f3mico, dirigido a lo singular, sin preocupaci\u00f3n de lo universal. Yago o Napole\u00f3n son tipos de perfecci\u00f3n, de genialidad econ\u00f3mica, y este grado queda fuera de la moralidad. Y por \u00e9l pasa todo hombre, porque ante todo, debe querer ser \u00e9l mismo, como individuo, y sin ese grado no se explicar\u00eda la moralidad, como sin la est\u00e9tica la l\u00f3gica carece de sentido. Y el descubrimiento del valor normativo del grado econ\u00f3mico que busca lo hed\u00f3nico, ten\u00eda que partir de un italiano, de un disc\u00edpulo de Maquiavelo, que tan honradamente especul\u00f3 sobre la virt\u00fa, la eficacia pr\u00e1ctica, que no es precisamente la virtud moral. Pero ese grado econ\u00f3mico no es, en el fondo, sino la incoaci\u00f3n del religioso. Lo religioso es lo econ\u00f3mico o hed\u00f3nico trascendental. La religi\u00f3n es una econom\u00eda o una hedon\u00edstica trascendental. Lo que el hombre busca en la religi\u00f3n, en la fe religiosa, es salvar su propia individualidad, eternizarla, lo que no se consigue ni con la ciencia, ni con el arte, ni con la moral. Ni ciencia, ni arte, ni moral nos exigen a Dios; lo que nos exige a Dios es la religi\u00f3n. Y con muy genial acierto hablan nuestros jesuitas del gran negocio de nuestra salvaci\u00f3n. Negocio, s\u00ed, negocio, algo de g\u00e9nero econ\u00f3mico, hedon\u00edstico, aunque trascendente. Y a Dios no le necesitamos ni para que nos ense\u00f1e la verdad de las cosas, ni su belleza, ni nos asegure la moralidad con penas y castigos, sino para que nos salve, para que no nos deje morir del todo. Y este anhelo singular es por ser de todos y de cada uno de los hombres normales -los anormales por barbarie o por supercultura no entran en cuenta-, universal y normativo. Es, pues, la religi\u00f3n una econom\u00eda trascendente, o si se Wiere, metaf\u00edsica. El Universo tiene para el hombre, junto a sus valores l\u00f3gico, est\u00e9tico y \u00e9tico, tambi\u00e9n un valor econ\u00f3mico, que hecho as\u00ed universal y normativo, es el valor religioso. No se trata s\u00f3lo para nosotros de verdad, belleza y bondad; tr\u00e1tase tambi\u00e9n, y ante todo, de salvaci\u00f3n del individuo, de perpetuaci\u00f3n, que aquellas normas no nos procuran. La econom\u00eda llamada pol\u00edtica nos ense\u00f1a el modo m\u00e1s adecuado, m\u00e1s econ\u00f3mico de satisfacer nuestras necesidades, sean o no racionales, feas o bellas, morales o inmorales -un buen negocio econ\u00f3mico puede ser una estafa o algo que a la larga nos lleve a la muerte-, y la suprema necesidad humana es la de no morir, la de gozar por siempre la plenitud de la propia limitaci\u00f3n individual. Que si la doctrina cat\u00f3lica eucar\u00edstica ense\u00f1a que la sustancia del cuerpo de Jesucristo est\u00e1 toda en la hostia consagrada y toda en cada parte de esta, eso quiere decir que Dios est\u00e1 todo en todo el Universo, y que todo en cada uno de los individuos que la integran. Y este es, en el fondo, un principio no l\u00f3gico, ni est\u00e9tico, ni \u00e9tico, sino econ\u00f3mico trascendente o religioso. Y con esa norma puede la filosof\u00eda juzgar del optimismo y del pesimismo. Si el alma humana es inmortal, el mundo es econ\u00f3mica o hedon\u00edsticamente bueno; y si no lo es, es malo. Y el sentido que a las categor\u00edas de bueno y de malo dan el pesimismo y el optimismo, no es sentido \u00e9tico, sino un sentido econ\u00f3mico o hedon\u00edstico. Es bueno lo que satisface nuestro anhelo vital, y malo aquello que no lo satisface. Es, pues, la filosof\u00eda tambi\u00e9n ciencia de la tragedia de la vida, reflexi\u00f3n del sentimiento tr\u00e1gico de ella. Y un ensayo de esta filosof\u00eda, con sus inevitables contradicciones o antinomias \u00edntimas, es lo que he pretendido en estos ensayos. Y no ha de pasar por alto el lector que he estado operando sobre m\u00ed mismo; que ha sido este un trabajo de autocirug\u00eda y sin m\u00e1s anest\u00e9sico que el trabajo mismo. El goce de operante ennoblec\u00edame el dolor de ser operado. Y en cuanto a mi otra pretensi\u00f3n, es la de que esto sea filosof\u00eda espa\u00f1ola, tal vez la filosof\u00eda espa\u00f1ola, de que si un italiano descubre el valor normativo y universal del grado econ\u00f3mico, sea un espa\u00f1ol el que enuncie que ese grado no es sino el principio del religioso y que la esencia de nuestra religi\u00f3n, de nuestro catolicismo espa\u00f1ol, es precisamente el ser no una ciencia, ni un arte, ni una moral, sino una econom\u00eda a lo eterno, o sea a lo divino; que esto sea lo espa\u00f1ol, digo, dejo para otro trabajo -este hist\u00f3rico-, el intento siquiera de justificarlo. Mas por ahora y aun dejando la tradici\u00f3n expresa y externa, la que se nos muestra en documentos hist\u00f3ricos, \u00bfes que no soy yo un espa\u00f1ol -y un espa\u00f1ol que apenas si ha salido de Espa\u00f1a-, un producto, por lo tanto, de la tradici\u00f3n espa\u00f1ola, de la tradici\u00f3n viva, de la que se transmite en sentimientos e ideas que sue\u00f1an y no en textos que duermen? Apar\u00e9ceseme la filosof\u00eda en el alma de mi pueblo como la expresi\u00f3n de una tragedia \u00edntima an\u00e1loga a la tragedia del alma de Don Quijote, como la expresi\u00f3n de una lucha entre lo que el mundo es, seg\u00fan la raz\u00f3n de la ciencia nos lo muestra, y lo que queremos que sea, seg\u00fan la fe de nuestra religi\u00f3n nos lo dice? Y en esta filosof\u00eda est\u00e1 el secreto de eso que suele decirse de que somos en el fondo irreductibles a la Kultura, es decir, que no nos resignamos a ella. No, Don Quijote, no se resigna ni al mundo ni a su verdad, ni a la ciencia o l\u00f3gica, ni al arte o est\u00e9tica, ni a la moral o \u00e9tica. \u00abEs que con todo eso -se me ha dicho m\u00e1s de una vez _ y m\u00e1s que por uno- no conseguir\u00edas en todo caso sino empujar a las gentes al m\u00e1s loco catolicismo.\u00bb Y se me ha acusado de reaccionario y hasta de jesuita. \u00a1Sea! \u00bfY qu\u00e9? S\u00ed, ya lo s\u00e9, ya s\u00e9 que es locura querer volver las aguas del r\u00edo a su fuente, que es el vulgo el que busca la medicina de sus males en el pasado; pero tambi\u00e9n s\u00e9 que todo el que pelea por un ideal cualquiera, aunque parezca del pasado, empuja el mundo al porvenir, y que los \u00fanicos reaccionarios son los que se encuentran bien en el presente. Toda supuesta restauraci\u00f3n del pasado es hacer porvenir, y si el pasado ese es un ensue\u00f1o, algo mal conocido&#8230; mejor que mejor. Como siempre, se marcha al porvenir, el que anda, a \u00e9l va, aunque marche de espaldas. \u00a1Y qui\u00e9n sabe si no es esto mejor!&#8230; Si\u00e9ntome con un alma medieval, y se me antoja que es medieval el alma de mi patria; que ha atravesado esta, a la fuerza, por el Renacimiento, la Reforma y la Revoluci\u00f3n, aprendiendo, s\u00ed, de ellas, pero sin dejarse tocar el alma, conservando la herencia espiritual de aquellos tiempos que llaman caliginosos. Y el quijotismo no es sino lo m\u00e1s desesperado de la lucha de la Edad Media contra el Renacimiento, que sali\u00f3 de ella. Y si los unos me acusaren de servir a una obra de reacci\u00f3n cat\u00f3lica, acaso los otros, los cat\u00f3licos oficiales&#8230; Pero estos en Espa\u00f1a apenas se fijan en cosa alguna ni se entretienen sino en sus propias disensiones y querellas. \u00a1Y adem\u00e1s, tienen unas entendederas los pobres! Pero es que mi obra -iba a decir mi misi\u00f3n- es quebrantar la fe de unos y de otros y de los terceros, la fe en la negaci\u00f3n y la fe en la abstenci\u00f3n, y esto por fe en la fe misma; es combatir a todos los que se resignan, sea el catolicismo, sea el racionalismo, sea el agnosticismo: es hacer que vivan todos inquietos y anhelantes. \u00bfSer\u00e1 esto eficaz? \u00bfPero es que cre\u00eda Don Quijote acaso en la eficacia inmediata aparencial de su obra? Es muy dudoso, y por lo menos no volvi\u00f3, por si acaso, a acuchillar segunda vez su celada. Y numerosos pasajes de su historia delatan que no cre\u00eda gran cosa conseguir de momento su prop\u00f3sito de restaurar la caballer\u00eda andante. \u00bfY qu\u00e9 importaba si as\u00ed viv\u00eda \u00e9l y se inmortalizaba? Y debi\u00f3 de adivinar, y adivin\u00f3 de hecho, otra m\u00e1s alta eficacia de aquella su obra, cual era la que ejercer\u00eda en cuanto con piadoso esp\u00edritu leyesen sus haza\u00f1as. Don Quijote se puso en rid\u00edculo, \u00bfpero conoci\u00f3 acaso el m\u00e1s tr\u00e1gico rid\u00edculo, el rid\u00edculo reflejo, el que uno hace ante s\u00ed mismo, a sus propios ojos del alma? Convertid el campo de batalla de Don Quijote a su propia alma; ponedle luchando en ella por salvar a la Edad Media del Renacimiento, por no perder su tesoro de la infancia; haced de \u00e9l un Don Quijote interior -con su Sancho, un Sancho tambi\u00e9n interior y tambi\u00e9n heroico, al lado- y decidme de la tragedia c\u00f3mica. \u00bfY qu\u00e9 ha dejado Don Quijote?, dir\u00e9is. Y yo os dir\u00e9 que se ha dejado a s\u00ed mismo, y que un hombre, un hombre vivo y eterno, vale por todas las teor\u00edas y por todas las filosof\u00edas. Otros pueblos nos han dejado sobre todo instituciones, libros; nosotros hemos dejado almas. Santa Teresa vale por cualquier instituto, por cualquier Cr\u00edtica de la raz\u00f3n pura. Es que Don Quijote se convirti\u00f3. S\u00ed, para morir el pobre. Pero el otro, el real, el que se qued\u00f3 y vive entre nosotros, ese sigue alent\u00e1ndonos con su aliento, ese no se convirti\u00f3, ese sigue anim\u00e1ndonos a que nos pongamos en rid\u00edculo, ese no debe morir. Y el otro, el que se convirti\u00f3 para morir, pudo haberse convertido porque fue loco y fue su locura, y no su muerte ni su conservaci\u00f3n, lo que lo inmortaliz\u00f3 mereci\u00e9ndole el perd\u00f3n del delito de haber nacido. Felix culpa! Y no se cur\u00f3 tampoco, sino que cambi\u00f3 de locura. Su muerte fue su \u00faltima aventura caballeresca; con ella forz\u00f3 el cielo, que padece fuerza. Muri\u00f3 aquel Don Quijote y baj\u00f3 a los infiernos, y entr\u00f3 en ellos lanza en ristre, y libert\u00f3 a los condenados todos, como a los galeotes, y cerr\u00f3 sus puertas, y quitando de ellas el r\u00f3tulo que all\u00ed viera el Dante puso uno que dec\u00eda: \u00a1viva la esperanza!, y escoltado por los libertados, que de \u00e9l se re\u00edan, se fue al cielo. Y Dios se ri\u00f3 paternalmente de \u00e9l y esta risa divina le llen\u00f3 de felicidad eterna el alma. Y el otro Don Quijote se qued\u00f3 aqu\u00ed, entre nosotros, luchando a la desesperada. \u00bfEs que su lucha no arranca de desesperaci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 entre las palabras que el ingl\u00e9s ha tomado a nuestra lengua figura entre siesta, camarilla, guerrilla y otras, la de desperado, esto es, desesperado? Este Quijote interior que os dec\u00eda, consciente de su propia tr\u00e1gica comicidad, \u00bfno es un desesperado? Un desperado, s\u00ed, como Pizarro y como Loyola. Pero \u00abes la desesperaci\u00f3n due\u00f1a de los imposibles\u00bb, nos ense\u00f1a Salazar y Torres (en Elegir al enemigo, act. I), y es de la desesperaci\u00f3n y s\u00f3lo de ella de donde nace la esperanza heroica, la esperanza absurda, la esperanza loca. Spero quia absurdum, deb\u00eda decirse, m\u00e1s bien que credo. Y Don Quijote, que estaba solo, buscaba m\u00e1s soledad a\u00fan, buscaba las soledades de la Pe\u00f1a Pobre para entregarse all\u00ed, a solas, sin testigos, a mayores disparates en que desahogar el alma. Pero no estaba tan solo, pues le acompa\u00f1a Sancho, Sancho el bueno, Sancho el creyente, Sancho el sencillo. S\u00ed, como dicen algunos, Don Quijote muri\u00f3 en Espa\u00f1a y queda Sancho, estamos salvados, porque Sancho se har\u00e1, muerto su amo, caballero andante. Y en todo caso, espera otro caballero loco a quien seguir de nuevo. Hay tambi\u00e9n una tragedia de Sancho. Aquel, el otro, el que anduvo con el Don Quijote que muri\u00f3 no consta que muriese, aunque hay quien cree que muri\u00f3 loco de remate, pidiendo la lanza y creyendo que hab\u00eda sido verdad cuanto su amo abomin\u00f3 por mentira en su lecho de muerte y de conversi\u00f3n. Pero tampoco consta que murieran ni el bachiller Sans\u00f3n Carrasco, ni el cura, ni el barbero, ni los duques y can\u00f3nigos, y con estos es con los que tiene que luchar el heroico Sancho. Solo anduvo Don Quijote, solo con Sancho, solo con su soledad. \u00bfNo andaremos tambi\u00e9n solos sus enamorados, forj\u00e1ndonos una Espa\u00f1a quijotesca que s\u00f3lo en nuestro mag\u00edn existe? Y volver\u00e1 a pregunt\u00e1rsenos: \u00bfqu\u00e9 ha dejado a la Kultura Don Quijote? Y dir\u00e9: \u00a1el quijotismo, y no es poco! Todo un m\u00e9todo, toda una epistemolog\u00eda, toda una est\u00e9tica, toda una l\u00f3gica, toda una \u00e9tica, toda una religi\u00f3n sobre todo, es decir, toda una econom\u00eda a lo eterno y lo divino, toda una esperanza en lo absurdo racional. \u00bfPor qu\u00e9 pele\u00f3 Don Quijote? Por Dulcinea, por la gloria, por vivir, por sobrevivir. No por Iseo, que es la carne eterna; no por Beatriz, que es la teolog\u00eda; no por Margarita, que es el pueblo; no por Helena, que es la cultura. Pele\u00f3 por Dulcinea, y la logr\u00f3, pues que vive. Y lo m\u00e1s grande de \u00e9l fue haber sido burlado y vencido, porque siendo vencido es como venc\u00eda: dominaba al mundo d\u00e1ndole que re\u00edr de \u00e9l. \u00bfY hoy? Hoy siente su propia comicidad y la vanidad de su esfuerzo en cuanto a lo temporal; se ve desde fuera -la cultura le ha ense\u00f1ado a objetivarse, esto es, a enajenarse en vez de ensimismarse-, y al verse desde fuera, se r\u00ede de s\u00ed mismo, pero amargamente. El personaje m\u00e1s tr\u00e1gico acaso fuese un Margutte \u00edntimo, que, como el de Pulci, muera reventando de risa, pero de risa de s\u00ed mimo. E rider\u00e1 in eterno, reir\u00e1 eternamente, dijo de Margutte el \u00e1ngel Gabriel. \u00bfNo o\u00eds la risa de Dios? Don Quijote el mortal, al morir, comprendi\u00f3 su propia comicidad, y llor\u00f3 sus pecados, pero el inmortal, comprendi\u00e9ndola se sobrepone a ella y la vence sin desecharla. Y Don Quijote no se rinde, porque no es pesimista, y Pelea. No es pesimista porque el pesimismo es hijo de la vanidad, es cosa de moda, puro snobismo, y Don Quijote ni es vano ni vanidoso, ni moderno de ninguna modernidad &#8211; menos modernista-, y no entiende qu\u00e9 es eso de snob mientras no se lo digan en cristiano viejo espa\u00f1ol. No es pesimista Don Quijote, porque como no entiende qu\u00e9 sea eso de la joie de vivre, no entiende de su contrario. Ni entiende de tonter\u00edas futuristas tampoco. A pesar de Clavile\u00f1o, no ha llegado al aeroplano, que parece querer alejar del cielo a no pocos atolondrados. Don Quijote no ha llegado a la edad del tedio de la vida, que suele traducirse en esa tan caracter\u00edstica topofobia de no pocos esp\u00edritus modernos, que se pasan la vida corriendo a todo correr de un lado para otro, y no por amor a aquel adonde van, sino por odio a aquel otro de donde vienen, huyendo de todos. Lo que es una de las formas de la desesperaci\u00f3n. Pero Don Quijote oye ya su propia risa, oye la risa divina, y como no es pesimista, como cree en la vida eterna, tiene que pelear, arremetiendo contra la ortodoxia inquisitorial cient\u00edfica moderna por traer una nueva e imposible Edad Media, dual\u00edstica, contradictoria, apasionada. Como un nuevo Savonarola, Quijote italiano de fines del siglo xv, pelea contra esa Edad Moderna que abri\u00f3 Maquiavelo y que acabar\u00e1 c\u00f3micamente. Pelea contra el racionalismo heredado del XVIII. La paz de la conciencia, la conciliaci\u00f3n entre la raz\u00f3n y la fe, gracias a Dios providente, no cabe. El mundo tiene que ser como Don Quijote quiere y las ventas tienen que ser castillos, y pelear\u00e1 con \u00e9l y ser\u00e1, al parecer, vencido, pero vencer\u00e1 al ponerse en rid\u00edculo. Y se vencer\u00e1 ri\u00e9ndose de s\u00ed mismo y haci\u00e9ndose re\u00edr. \u00abLa raz\u00f3n habla y el sentido muerde\u00bb, dijo el Petrarca; pero tambi\u00e9n la raz\u00f3n muerde, y muerde en el cogollo del coraz\u00f3n. Y no hay m\u00e1s calor a m\u00e1s luz. \u00ab\u00a1Luz, luz, m\u00e1s luz todav\u00eda!\u00bb, dicen que dijo Goethe moribundo. No, calor, calor, m\u00e1s calor todav\u00eda, que nos morimos de fr\u00edo y no de oscuridad. La noche no mata; mata el hielo. Y hay que libertar a la princesa encantada y destruir el retablo de Maese Pedro. \u00bfY no habr\u00e1 tambi\u00e9n pedanter\u00eda. Dios m\u00edo, en esto de creerse uno burlado y haciendo el Quijote? Los regenerados (Opvakte) desean que el mundo imp\u00edo se burle de ellos para estar seguros de ser regenerados, puesto que son burlados, y gozar la ventaja de poder quejarse de la impiedad del mundo, dijo Kierkegaard (Afsluttende uvidenskabelig Efterskrift, II, Afsnit II, cap. IV, sect. II B). \u00bfC\u00f3mo escapar a una u otra pedanter\u00eda, o una u otra afectaci\u00f3n, si el hombre natural no es sino un mito, y somos artificiales todos? \u00a1Romanticismo! S\u00ed, acaso sea esa, en parte, la palabra. Y nos sirve m\u00e1s y mejor por su impresi\u00f3n misma. Contra eso, contra el romanticismo, se ha desencadenado recientemente, sobre todo en Francia, la pedanter\u00eda racionalista y clasicista. \u00bfQue \u00e9l, que el romanticismo, es otra pedanter\u00eda, la pedanter\u00eda sentimental? Tal vez. En este mundo un hombre culto, o es dilettante o es pedante; a escoger, pues. S\u00ed, pedantes acaso Ren\u00e9 y Adolfo Obermann y Larra&#8230; El caso es buscar consuelo en el desconsuelo. Ala filosof\u00eda de Bergson, que es una restauraci\u00f3n espiritualista, en el fondo m\u00edstica, medieval, quijotesca, se la ha llamado filosof\u00eda demi-mondaine. Quitadle el demi; mondaine, mundana. Mundana, s\u00ed, para el mundo y no para los fil\u00f3sofos, como no debe ser la qu\u00edmica para los qu\u00edmicos solos. El mundo quiere ser enga\u00f1ado -mundus vult decipi-, o con el enga\u00f1o de antes de la raz\u00f3n, que es la poes\u00eda, con el enga\u00f1o de despu\u00e9s de ella, que es la religi\u00f3n. Y ya dijo Maquiavelo que quien quisiera enga\u00f1ar, encontrar\u00e1 siempre quien deje que le enga\u00f1en. \u00a1Y bienaventurados los que hacen el primo! Un franc\u00e9s, Jules de Gaultier, dijo que el privilegio de su pueblo, era n&#8217;\u00e9tre pas dupe, no hacer el primo. \u00a1Triste privilegio! La ciencia no le da a Don Quijote lo que este le pide. \u00ab\u00a1Que no le pida eso &#8211; dir\u00e1n-; que se resigne, que acepte la vida y la verdad como son!\u00bb Pero \u00e9l no la acepta as\u00ed, y pide se\u00f1ales, a lo que le mueve Sancho, que est\u00e1 a su lado. Y no es que Don Quijote no comprenda lo que comprende quien as\u00ed le habla, el que procura resignarse y aceptar la vida y la verdad racionales. No; es que sus necesidades efectivas son mayores. \u00bfPedanter\u00eda? \u00a1Qui\u00e9n sabe!&#8230; Y en este siglo cr\u00edtico, Don Quijote, que se ha contaminado de cristicismo tambi\u00e9n, tiene que arremeter contra s\u00ed mismo, v\u00edctima de intelectualismo y de sentimentalismo, y que cuando quiere ser m\u00e1s espont\u00e1neo, m\u00e1s afectado aparece. Y quiere el pobre racionalizar lo irracional e irracionalizar lo racional. Y cae en la desesperaci\u00f3n \u00edntima del siglo cr\u00edtico de que fueron las dos m\u00e1s grandes v\u00edctimas Nietzsche y Tolstoi. Y por desgracia entra en el furor heroico de que hablaba aquel Quijote del pensamiento que escap\u00f3 al claustro, Giordano Bruno, y se hace despertador de las almas que duermen, dormitantium animorum excubitor, como dijo de s\u00ed mismo el ex dominicano, el que escribi\u00f3: \u00abEl amor heroico es propio de las naturalezas superiores llamadas insanas -in-sane-, no porque no saben -non sanno-, sino porque sobresaben -soprasanno. \u00bb Pero Bruno cre\u00eda en el triunfo de sus doctrinas, o por lo menos al pie de su estatua, en el Campo dei Fiori, frente al Vaticano, han puesto que se la ofrece el siglo por \u00e9l adivinado, il secolo da lui divinato. Mas nuestro Don Quijote, el redivivo, el interior, el consciente de su propia comicidad, no cree que triunfen sus doctrinas en este mundo porque no son de \u00e9l. Y es mejor que no triunfen. Y si le quisiera hacer a Don Quijote rey, se retirar\u00eda solo, al monte, huyendo de las turbas regificientes y regicidas, como se retir\u00f3 solo al monte el Cristo cuando, despu\u00e9s del milagro de los peces y los panes, le quisieron proclamar rey. Dej\u00f3 el t\u00edtulo de rey para encima de la cruz. \u00bfCu\u00e1l es, pues, la nueva misi\u00f3n de Don Quijote hoy en este mundo? Clamar, clamar en el desierto. Pero el desierto oye, aunque no oigan los hombres, y un d\u00eda se convertir\u00e1 en selva sonora, y esa voz solitaria que va posando en el desierto como semilla, dar\u00e1 un cedro gigantesco que con sus cien mil leguas cantar\u00e1 un hosanna eterno al Se\u00f1or de la vida y de la muerte. Y vosotros ahora, bachilleres Carrascos del regeneracionismo europeizante, j\u00f3venes que trabaj\u00e1is a la europea, con m\u00e9todo y cr\u00edtica&#8230; cient\u00edficos, haced riqueza, haced patria, haced arte, haced ciencia, haced \u00e9tica, haced o m\u00e1s bien traducid sobre todo Kultura, que as\u00ed matar\u00e9is a la vida y a la muerte. \u00a1Para lo que ha de durarnos todo!&#8230; Y con esto se acaban ya-\u00a1 ya era hora!-, por ahora al menos, estos ensayos sobre el sentimiento tr\u00e1gico de la vida en los hombres y en los pueblos, o por lo menos en m\u00ed -que soy hombre- y en el alma de mi pueblo, tal como en la m\u00eda se refleja. Espero, lector, que mientras dure nuestra tragedia, en alg\u00fan entreacto, volvamos a encontrarnos. Y nos reconoceremos. Y perdona si te he molestado m\u00e1s de lo debido e inevitable, m\u00e1s de lo que, al tomar la pluma para distraerte un poco de tus ilusiones, me propuse. \u00a1Y Dios no te d\u00e9 paz y s\u00ed gloria! En Salamanca, a\u00f1o de gracia de 1912.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel de Unamuno Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida &nbsp; El hombre de carne y hueso El punto de partida El hambre de inmortalidad&#46;&#46;&#46;<\/p>\n","protected":false},"author":2696,"featured_media":11166,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[1965077],"tags":[],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11163"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2696"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11163"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11163\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11174,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11163\/revisions\/11174"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11166"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11163"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11163"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/blablablas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11163"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}