Los Gobiernos Democráticos en España (1979-2000).
1. Introducción: Los llamados “gobiernos democráticos” en España transcurren desde 1979, con el segundo gobierno de Suárez y la UCD, tras la primera legislatura constituyente, que se encargó de redactar y promulgar la Constitución de 1978 y la actualidad. Aunque el título del tema cubre únicamente hasta 2011, nosotros vamos a abordar la historia hasta el momento presente.

De esta manera, los gobiernos que nos atañen serán los de Suárez (79-81), Calvo Sotelo (81), Felipe González (1982-1995), José María Aznar (1995-2004), quedando por tanto fuera la segunda legislatura de Aznar, y los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2012), Mariano Rajoy (2011-2018) y los gobiernos de Pedro Sánchez (2018-2020).
Este periodo viene caracterizado por varios procesos históricos que vienen desarrollándose desde los 80 y que marcan esta etapa. Podemos resumirlos en:
1. Proceso de apertura económica bajo un marco neoliberal, que viene a desmontar los restos del sector público creado con el franquismo, privatizar empresas y servicios, desarrollar una notable “reconversión industrial”, y provocar un crecimiento económico desigual y algo caótico -como ha puesto de manifiesto la crisis posterior a 2008-, todo ello marcado por la problemática estructural de un altísimo porcentaje de desempleo, especialmente en algunas zonas y precariedad laboral -sobretodo tras las sucesivas reformas laborales de PSOE y PP-.
2. Integración creciente en la Unión Europea. La apertura económica de corte neoliberal es claramente paralela y armónica con el marco de integración europeo. De tal manera, los recortes y programas económicos vienen impuestos desde la UE, especialmente tras el Tratado de Maastricht (1993). Esta integración se inicia con la entrada de España y Portugal en 1986 en la CEE, y se desarrolla mediante varios pasos, como la firma de los Tratados de Maastricht, Roma o Lisboa (2007), la entrada de la moneda única (Euro) en 2002 o la reforma constitucional del artículo 135 de la C. Española en 2011. Básicamente, esta integración creciente ha supuesto algunas ventajas, como un mayor desarrollo de la economía de servicios y el comercio, y numerosas desventajas, como una mayor dependencia de la política común europea y un aumento progresivo de la deuda desde 2008 haciendo obligatorio el desarrollo de recortes económicos.
3. Alternancia Bipartidista. Desde el 82, solo dos partidos, PSOE y PP, han conseguido formar gobiernos y han copado los principales puestos de responsabilidad política, tanto central como autonómica. Este bipartidismo viene reforzado por el sistema electoral diseñado en la Constitución del 78, que castiga a los partidos minoritarios, así como al gran peso que se otorgó a los partidos con el sistema de democracia representativa, un aumento progresivo de la abstención política y de la menor participación de la población española en los asuntos políticos, un desarrollo cada vez más restrictivo de la Constitución del 78 (olvido de los asuntos sociales, división de poderes más que cuestionable, aumento de la represión sobre las libertades en los últimos años…). Este proceso de alternancia bipartidista va unido a un desarrollo de un sistema de corrupción galopante, que es la raíz de un notable movimiento de descontento ciudadano (15-M) y de la aparición de nuevos partidos políticos que fracturan el marco bipartidista desde 2014-15 aproximadamente.
4. Creciente peso del nacionalismo centrífugo (Cataluña, País Vasco) desde los 90, y un aumento de la tensión nacionalista con dos momentos especialmente marcados: el plan Ibarretxe y el progresivo aumento del independentismo catalán hasta el referéndum de independencia del 1-O de 2017, y aumento del nacionalismo centrípeto o españolista como respuesta.
Todo ello con el trasfondo del terrorismo, especialmente de ETA hasta los años 90 aproximadamente, y del terrorismo islamista en el siglo XXI.
2. El segundo gobierno de Suárez, el 23-F y la crisis de la UCD.
El segundo gobierno de Adolfo Suárez viene marcado por el enfrentamiento y la ruptura entre el propio Suárez y las élites económicas y políticas que le llevaron al poder. El enfrentamiento interno y el desarrollo de los estatutos de autonomía (LOAPA) perjudicaron notablemente a la UCD, que tuvo además que enfrentarse al golpe de Estado de 23 de febrero de 1981, en medio de una situación convulsa tras la dimisión de Suárez.

El golpe de Estado queda en una asonada con poca organización, pero plasma el miedo generalizado a una reacción por parte del ejército y las fuerzas armadas -que tutelan el proceso de Tansición y siguen manteniendo un apoyo fuerte hacia lo que queda del franquismo- y consigue quebrar definitivamente el liderazgo y la independencia de Suárez en la UCD.
De esa situación salen reforzados el rey Juan Carlos por un lado, y el PSOE de Felipe González por otro. Pero supone una salida que refuerza procesos en la derecha y la izquierda que venían desarrollándose desde tiempo atrás.
Suárez sale de la UCD, tras numerosos conflictos internos y crea el CDS (Centro Democrático y Social), de escaso peso político. UCD acabará desapareciendo poco después. El líder y el partido que han protagonizado el proceso de transición a la democracia acabarían desapareciendo de la escena política poco más tarde.
La crisis de la UCD viene del segundo gobierno de Suárez. Por un lado, aunque la firma de los Pactos de la Moncloa permiten promulgar un nuevo Estatuto de los Trabajadores y avanzar en la senda reformista y liberalizadora de la economía, la lentitud de dichas reformas exacerba los ánimos de algunos sectores empresariales y políticos que han apoyado anteriormente a Suárez. Dicha contestación acaba trasladándose al gobierno y a la UCD, donde Suárez empieza a ser abiertamente criticado.
Por otro lado, las elecciones municipales de abril de 1979 suponen un varapalo para la UCD. Aunque en muchas ciudades fue el primer partido en votos, acabó siendo superado por las alianzas de concejales de PSOE y PCE, especialmente en las grandes ciudades. Situación similar se produjo en las elecciones autonómicas de Cataluña y Esukadi (marzo de 1980), donde la UCD perdió la mitad de los votos conseguidos en 1979.
En mayo de 1980, se vota una moción de censura contra Suárez presentada por el PSOE en las Cortes, que ganaría el gobierno con escaso margen. A pesar del fracaso de dicha moción de censura, la actividad gubernamental se paralizó y las reformas quedaron frenadas.
Ante el fraccionamiento de la UCD y el cuestionamiento de su liderazgo, Suárez presentó su dimisión como presidente del gobierno y del partido en enero de 1981, poco antes del intento de golpe de estado.
El 23 de febrero de 1981 un grupo de guardias civiles interrumpen la votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como sucesor de Suárez como presidente del gobierno. A su mando está el teniente coronel Antonio Tejero. Paralelamente, el capitán general Milans del Bosch se sublevaba en Valencia y sacaba los tanques a la calle para imponer un golpe de Estado militar que cambiase el rumbo de la política española. Finalmente, el golpe no consigue sumar nuevos apoyos y el Rey, a las 23:00 h. comparece en televisión descalificando la intentona militar. Posiblemente el supuesto líder del golpe, el general Alfonso Armada, pretendía conformar un gobierno de coalición con políticos de casi todos los partidos (UCD, PSOE, AP, PCE…) como el que llevó a cabo De Gaulle en Francia en 1958.
Dos días después del golpe, Leopoldo Calvo Sotelo era investido presidente. En su labor, continuó algunas de las reformas que se estaban planteando (Ley del Divorcio, solicitud de entrada en la OTAN, aprobación de la Ley Orgánica del Proceso Autonómico -LOAPA-,…). Pero en el año 82 se convocaron las elecciones que darían mayoría absoluta al PSOE.
3. Los gobiernos del PSOE (1982-1995). Aceleración de las reformas.
En las elecciones de Octubre de 1982, el PSOE obtiene 202 diputados, la mayoría más holgada de la historia reciente, quedando AP como segunda fuerza, con 107 diputados y siendo notablemente castigados la UCD (11) y el PCE (4).
En estas elecciones se vislumbra ya el mantenimiento del bipartidismo como estructura clásica del sistema electoral español.
Por un lado, el PSOE se convierte en la fuerza absolutamente hegemónica del centro-izquierda, consolidando un dominio electoral que venía desarrollándose desde las primeras elecciones. Hay que señalar que el PSOE prácticamente no existía durante la dictadura franquista, y apenas ejerció labor de oposición, siendo ésta desarrollada principalmente por el PCE y CC.OO.
Sin embargo, la renovación de los líderes del PSOE, afrontada principalmente en el congreso de Suresnes (1974) puso a los mandos del partido a una generación de jóvenes (Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Solana, Enrique Múgica,…) venidos del interior, frente a la “dirección en el exilio” de Rodolfo Llopis.
A partir de las elecciones de 1979 el crecimiento del PSOE fue en ascenso, fundamentalmente en detrimento del PCE, lastrado por el mantenimiento de líderes muy veteranos, algunos asociados a la Guerra Civil, como Dolores Ibárruri o Santiago Carrillo, una estrategia de pactos extremadamente moderadora y un liderazgo férreo de Santiago Carrillo que acabaría saldándose con innumerables crisis internas y la casi desaparición del partido tras las elecciones de 1982.
El PSOE también acabó concentrando los votos (y cuadros políticos) de otros partidos minoritarios, como el Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván, o la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores, de corte maoísta).
Este gobierno del sevillano Felipe González se caracterizó básicamente por aplicar un programa de reformas liberal, llevado a cabo en gran parte por el ministro Solchaga, totalmente contrario al proclamado en la campaña electoral, que significó una durísima política de ajustes (congelación de salarios y prestaciones sociales, desindustrialización, aumento del desempleo, control de la inflación…). La reconversión industrial consistió en la práctica desaparición del tejido industrial español, adaptándose a las exigencias del mercado internacional. Dicha reconversión -paralela a la que Tatcher abordó en Gran Bretaña- se saldó con numerosas huelgas y conflictos, especialmente en Asturias y Euskadi y contribuyó a convertir España en un país básciamente suministrador de servicios (turismo, desarrollo inmobiliario, comercio…) en lugar de un país industrial, con un empleo progresivamente precarizado, temporal y de escasa calidad.
En materia educativa se llevaron a cabo dos leyes: LODE y LOGSE, que suavizaron notablemente el proyectado control de la educación privada (concertada) y reformaron el programa de la antigua norma educativa (LGE).
En política exterior, se pasó del “OTAN, de entrada no” (el PSOE se opuso a la entrada en la organización militar durante el gobierno de Calvo Sotelo), al “OTAN, quizás” a, finalmente el “OTAN, sí”, finalmente aprobado en referéndum en 1986 (56 frente al 43%), por lo que España acabaría integrada en el bloque militar occidental en medio de la Guerra Fría.
El principal éxito socialista fue la entrada en la Comunidad Económica Europea a partir de 1986.
A partir de 1988 se desarrollaron importantes huelgas generales (CC.OO. y UGT) contra las reformas económicas y con notable éxito. Como respuesta a la grave situación de tensión el gobierno respondió con medidas sociales, como la universalización de la asistencia sanitaria, o la consolidación del sistema público de Pensiones (Pacto de Toledo).
Sin embargo, las elecciones, cada vez con menor apoyo, siguieron manteniendo al PSOE en el poder (1986 con mayoría absoluta, 1989 y 1993 con mayoría relativa y apoyo en grupos nacionalistas). A partir de 1986, el PCE se integra junto con otras fuerzas políticas en Izquierda Unida, que con el liderazgo de Julio Anguita, ex alcalde de Córdoba, recupera gran parte de la influencia de la izquierda y resta notables apoyos al PSOE.
El terrorismo de ETA fue especialmente activo en esta época, pasando a una actividad más sanguinaria con atentados contra población civil. Para afrontar el problema del terrorismo en Euskadi se firmó el Pacto de Ajuria Enea en 1988 con la práctica totalidad de fuerzas políticas vascas a excepción de Herri Batasuna.
Sin embargo, los gobiernos de González se vieron envueltos en la llamada “guerra sucia” contra ETA, con la creación de grupos de terrorismo de Estado (GAL -Grupos Antiterroristas de Liberación-), grupos de pistoleros relacionados con sectores de las fuerzas armadas y la extrema derecha.
La etapa final socialista fue especialmente conflictiva con el estallido de numerosos casos de corrupción (Caso Roldán, director general de la Guardia Civil; Caso Filesa; Caso Juan Guerra, hermano del vicepresidente, caso de Mariano Rubio, gobernador del Banco de España…) y el escándalo de la “guerra sucia”. Estos escándalos fueron notablemente aireados por la prensa (especialmente por el periódico El Mundo, dirigido por Pedro J. Ramírez y con notable influencia en esa época). En esta etapa final y en el proceso de desgaste del gobierno socialista también destacan las huelgas generales, auspiciadas por las centrales sindicales CC.OO. y UGT, contra la precarización laboral y las reformas económicas liberalizadoras, como la de 1988 y la división del Partido Socialista entre sectores “renovadores” (seguidores de Felipe González) y “guerristas” (seguidores de Alfonso Guerra, que controlaban el aparato del partido en algunas regiones y que tendrían un discurso más crítico con las reformas económicas y sociales).
Los últimos gobiernos de González, en minoría, se basaron en apoyos de los partidos nacionalistas (CiU de Pujol y PNV) a cambio de concesiones autonómicas, lo que significó un mayor peso de estos partidos, y del nacionalismo centrífugo, en sus respectivos territorios
3. Los Gobiernos del PP y Aznar 1995-2004.
Este desgaste acabó propiciando la victoria del Partido Popular (reforma de AP junto con numerosos dirigentes de UCD) de Aznar en 1996, victoria en minoría, que tuvo que basarse en el apoyo de las derechas nacionalistas (PNV, CiU y Coalición Canaria).
El PP se había conformado de la evolución de Alianza Popular de Manuel Fraga, partido conservador, marcado por los apoyos de sus líderes al franquismo. Los fundadores de AP fueron exministros franquistas, los llamados “siete magníficos” (Fraga, Federico Silva, López Rodó, Fernández de la Mora, Licinio de la Fuente…), que representaban diferentes tendencias dentro del Movimiento (azules o falangistas, democristianos, tecnócratas asociados al Opus Dei,…).
El partido se posicionó en gran parte en contra del proceso de Transición (aunque Fraga formó parte de la comisión que promulgó la Constitución de 1978, varios de sus fundadores como Silva o Fernández de la Mora votaron en contra de la Constitución) y sus primeros resultados electorales fueron poco esperanzadores.
Pero con el descalabro de la UCD, AP se convirtió en el principal partido de oposición al PSOE, durante el “largo invierno” de la derecha durante los años 80. En 1989 AP se refundó en el Partido Popular, uniéndose a él numerosos cuadros que venían del CDS o la UCD y eligiéndose poco después a José María Aznar, entonces presidente de la Junta de Castilla y León, como líder en sustitución de Fraga. Aznar perdió frente a González en las elecciones de 1993 y ganó por la mínima en las de 1995, pasando a formar gobierno.
El interés inicial de este gobierno estuvo centrado en la política económica, donde se desarrollaron numerosas privatizaciones de empresas públicas (Telefónica, Iberia, Endesa…), con resultados desiguales, y un control de la inflación y el gasto público, consiguiéndose los criterios de convergencia para la entrada en la moneda única (Euro).
El aspecto más complejo que tuvo que afrontar este gobierno fue su relación con el PNV y su actuación frente al terrorismo de ETA. Después de una primera etapa de entendimiento entre el gobierno y el PNV, el secuestro y asesinato del concejal del PP en Ermua, Miguel Ángel Blanco, cambió notablemente la situación. Las movilizaciones de protesta tuvieron un apoyo masivo y de denuncia no solo contra el terrorismo sino contra el entorno abertzale. Los partidos nacionalistas interpretaron que se estaba produciendo un frente de partidos no nacionalistas. Frente al anterior Pacto de Ajuria Enea, se fueron conformando el Pacto Antiterrorista (firmado por PP y PSOE en el 2000), que incidía en tratar el problema del terrorismo como un problema meramente policial y de seguridad y el Pacto de Lizarra (1998), que unía a diferentes fuerzas nacionalistas, y que trataba de buscar una solución política al conflicto vasco.
Las elecciones del 2000 dieron mayoría absoluta al PP, dando lugar a una legislatura más liberal, con un notable descenso del desempleo y crecimiento económico, si bien marcadamente desigual y dependiente excesivamente del sector inmobiliario (el precio del suelo aumenta exponencialmente y se construyen anualmente más casas que en Italia y Alemania juntas), y caracterizada por la ausencia de consenso y acuerdos.
El gobierno Aznar llega a posicionarse como uno de los integrantes del llamado Trío de las Azores (Bush, Blair, Aznar) que propició la invasión de Irak, alineando a España con los líderes más militaristas y atlantistas del planeta, a pesar de que una notable mayoría de la población española era contraria a dicha intervención militar.
Esta segunda legislatura viene marcada además por el continuo enfrentamiento con los nacionalismos vascos y catalanes al no necesitarse ya los votos de los diputados nacionalistas con la mayoría absoluta. La política antiterrorista, en alianza con el PSOE, es extremadamente dura con todo el entorno abertzale, lo cual provoca un notable debilitamiento de ETA, pero también un clima de progresiva represión y criminalización de la desobediencia civil aplicando la doctrina de “Todo es ETA”.
Aznar no se presentaría a las elecciones tal como anunció años atrás, dejando en su lugar a Mariano Rajoy frente a otros candidatos como Rodrigo Rato o Jaime Mayor Oreja.
El 11/03/2004, tres días antes de las elecciones generales, tuvieron lugar varios atentados de Al Qaeda en Madrid, donde murieron 193 personas a manos de terroristas integristas islámicos. Ha sido hasta la fecha el mayor atentadomortal ocurrido en España. En las elecciones del 14/03/2004
el PSOE, con su nuevo secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, que venció a José Bono en el Congreso del PSOE, capitalizó el rechazo de la población a la intervención militar y obtuvo la victoria, convirtiéndose en el nuevo presidente.