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En torno al 4.000-3.500 antes de Cristo, se produjo en algunas zonas del planeta un enorme salto civilizatorio.
De pequeños estados, conformados por aldeas y algunas ciudades, con relativamente poca población y un pequeño territorio se pasa a enormes imperios, con grandes ciudades con miles de habitantes, un poder centralizado en un rey o faraón, que gobierna sobre un gigantesco territorio con miles y hasta millones de habitantes. Surgen así las primeras civilizaciones: Mesopotamia, en los cauces de los ríos Tigris y Éufrates, Egipto, India y China.
Estas primeras civilizaciones contaban además con una organización política y social estable, con leyes y normas escritas y una administración estatal permanente, una cultura, arte y construcciones características y distinguibles de la de otras civilizaciones y la capacidad de transmitir la información a través de la escritura. Gracias a eso, hablamos de las primeras sociedades históricas. Una vez desarrollada la escritura, estas sociedades pasan a formar parte de la historia, no de la prehistoria.

Las primeras civilizaciones se situaban en las orillas de grandes ríos, que fueron fundamentales en el crecimiento y la formación de estas sociedades. Por ello, son conocidas como civilizaciones fluviales. Las distintas civilizaciones que formaron Mesopotamia se conformaron en torno al Tigris y Éufrates, la civilización egipcia se formó a orillas del imponente río Nilo; la civilización india, en torno al río Indo, y la civilización china junto al Huang- Ho o río Amarillo.
¿Por qué fueron tan importantes los ríos para el crecimiento y el surgimiento de estas grandes civilizaciones milenarias?
Como ya hemos visto, el trabajo agrícola se convirtió en la actividad económica fundamental desde el Neolítico. La mayor parte de las personas se dedicaban al trabajo agrícola, y solo una minoría podía desempeñar otras actividades más especializadas (artesanía, comercio) o formar parte del grupo privilegiado (sacerdotes, militares), que vivía a costa del trabajo de los otros grupos.
En estas sociedades, las crecidas de los ríos permitían inundar e irrigar mejor la tierra de cultivo. Las tierras inundadas se fertilizaban con los sedimentos transportados por el agua y, al retirarse, se obtenían grandes cosechas. Estas grandes cosechas permitían que hubiera más cereal y más alimento. El trabajo de un agricultor permitía alimentar a un gran número de personas. De esta manera, no todas las personas debían dedicarse a la agricultura y podían especializarse en otras actividades (había mayor número de artesanos, sacerdotes, comerciantes, funcionarios…). Además, este aumento de la producción agrícola permitía seguir aumentando la población, ya que había alimentos para todos. Por eso, la población en el Antiguo Egipto o China llegó a sobrepasar el millón de habitantes, algo impensable en época paleolítica, cuando todos los habitantes del planeta apenas alcanzaban el millón, según las estimaciones de los prehistoriadores.
Sin embargo, las crecidas de los ríos precisaban de una organización social fuerte y centralizada, que pudiera llevar a cabo grandes obras hidráulicas (construcción de diques, canales para el regadío, etc). Debido a ello, estas sociedades se organizaron en torno a un rey, a menudo divinizado, es decir, tratado como un dios, con un enorme poder y muchos miles de funcionarios a su cargo, que podían organizar esos trabajos necesarios para el mantenimiento de esas imprescindibles obras hidráulicas. Si las obras se llevaban a cabo, la cosecha sería próspera y no habría desastres; si las obras no se realizaban a tiempo, las cosechas serían malas y sobrevendrían los desastres (hambre, enfermedades, guerra,…).
De esta manera, el gobierno contaba con miles de personas que se dedicaban a tareas administrativas, como la recaudación de impuestos, militares (soldados y oficiales), judiciales (para dirimir conflictos y mantener el orden), o religiosas (para conformar las creencias de los habitantes). La necesidad de organizar y mantener estas obras impulsó la creación de grandes Estados centralizados.
1. ¿Cuáles fueron las cuatro primeras civilizaciones que se formaron?
2. ¿Qué tenían en común estas primeras civilizaciones?
3. ¿Cuáles eran las funciones de los funcionarios?
4. ¿Por qué podía crecer la población?