Llegamos ya a la mitad de nuestra experiencia Erasmus y este día ha sido uno de los más intensos a nivel intelectual y emocional. Hemos recorrido una nueva ciudad combinando el aprendizaje académico y la vivencia cultural que tanto nos hace crecer.
A primera hora de la mañana, el trayecto en bus hacia Ancona se ha convertido en una improvisada clase de sociología gracias a Betta, quien nos ha abierto los ojos a una Italia que no sale en las guías turísticas. Hemos reflexionado sobre cómo un país referente en moda y estética puede ser, en ciertos aspectos, bastante conservador. Nos ha sorprendido descubrir que a pesar de tener una mujer como presidenta del consejo de ministros, se siguen usando cargos en masculino (como il ministro o medico), reservando el femenino solo para oficios sin estudios previos. Hemos conocido también algunas curiosidades, por ejemplo, que la influencia del catolicismo y el Vaticano sigue muy presente; temas como la diversidad familiar o la educación en valores requieren permisos especiales de las familias para ser tratados en clase.
Aquí el bachillerato termina a los 19 años, y las familias ven el aprendizaje de idiomas como una inversión vital, llegando a pagar cifras equivalentes al precio de un coche por cursos en el extranjero.
Ancona es la capital de la región de Las Marcas, donde se encuentra Senigallia.
Al llegar allí, hemos descubierto una ciudad encantadora rodeada de mar casi por todas partes.
Mientras subíamos sus «hermosas» cuestas, algunas chicas han ido leyendo la historia de la ciudad en inglés en un padlet preparado con mimo por nuestro compañero Andrea. Ha sido un momento de orgullo «de profe» ver a Rocío leer con mucha seguridad y bastante soltura ante el grupo.

Entre lecturas y con algunos descansos hemos subido al Duomo di San Ciriaco, que, curiosamente, tiene el campanario separado del cuerpo central de la iglesia formando una curiosa placita.
Para llegar aquí hemos tenido que subir, y mucho, pero el esfuerzo ha tenido recompensa, las vistas de la ciudad y del Adriático son maravillosas.
Hemos paseado por las colinas sobre las que se asienta la ciudad y hemos descubierto una enorme cicatriz de la II Guerra Mundial: el refugio donde una sola bomba sesgó 700 vidas. También hemos respirado calma y naturaleza pura en el Parque del Cardeto, donde hemos disfrutado además de unas espectaculares vistas de los acantilados sobre el mar. Nos han contado que, debido a la forma de «codo» que tiene la costa, (de ahí el nombre Ancona), la ciudad está rodeada por el mar al norte, al este y al oeste, así que en Ancona el sol sale y se pone sobre el mismo mar. Es un espectáculo único en Italia.
Pero la tarde nos reservaba la experiencia más impactante: la visita al Museo táctil Omero para personas ciegas.

Es uno de los pocos museos táctiles del mundo y su regla de oro es «prohibido no tocar».
Vendarte los ojos y recorrer con las manos las réplicas de la Piedad de Miguel Ángel o del Partenón de Atenas es una experiencia que te hace entender el arte de una forma mucho más cercana y emocionante. Pero esta experiencia se ha convertido en excelente gracias al alumnado de 2° de Bachillerato del Liceo E. Medi, que ha hecho de guía para nosotras hablando español y describiendo los detalles de algunas obras de arte.

Acercarte a una obra de arte, poder tocarla, sentir sus materiales, «ver»con las manos… ha sido una actividad que nos ha obligado a confiar, a sentir y a descubrir desde el tacto. Ha sido una experiencia muy enriquecedora donde hemos aprendido que la belleza no solo se mira, también se toca y se siente.
El cansancio ya empieza a notarse, pero la ilusión sigue intacta. Reponemos energía viendo cómo se desenvuelven nuestras siete alumnas. Su capacidad para adaptarse a estas realidades, su respeto ante la diversidad y su curiosidad tanto por la ciencia como por la historia y el arte nos demuestran que el programa Erasmus es mucho más que viajar: es construir ciudadanas del mundo.
Esther y Beatriz (profesora en Job Shadowing y profesora acompañante)