Por todo lo vivido estos días, somos conscientes de que los lazos entre Almería y Senigallia son ya indestructibles.
La mañana en el Aula de Comunicación empezó con un sobresalto emocional. Tocaron a la puerta y aparecieron Noemí y su compañera italiana… ¡con muletas! Rebecca se lesionó ayer en un entrenamiento de gimnasia rítmica, pero ni el dolor ni el vendaje le han quitado las ganas de seguir viviendo esta aventura. En todo momento, Noemí ha estado atenta a ella, pendiente de que no se caiga y regalándole esa sonrisa que tanto alivia cuando el cuerpo duele.
A menudo hablamos de que el programa Erasmus sirve para aprender idiomas, pero hoy hemos recordado que su esencia va más allá: la empatía sin fronteras. Ver situaciones como esta, nos demuestra que el espíritu Erasmus no es solo viajar, es cuidar, acompañar y crear un vínculo que no entiende de idiomas ni de nacionalidades.
A las nueve, pusimos rumbo a un taller de cetrería (o Falconeria, como dicen aquí). Si en la Edad Media era una forma de cazar, hoy en día tiene una finalidad didáctica y vital para el ecosistema: de conservación (recuperan especies en peligro de extinción) y de seguridad (controlan la fauna en lugares críticos como aeropuertos).
Además, hemos aprendido curiosidades como que el «Caracara» (un ave fascinante) cambia el color amarillo de su cara según su estado de ánimo. ¡Casi como nuestras alumnas cuando ven a un chico italiano guapete!

Por la tarde, el protagonismo fue total para ellas. El Aula de Comunicación es un sueño tecnológico fruto de la inversión post-pandemia para devolver la ilusión a las aulas. Bajo la dirección del profesor Andrea, nuestras chicas hicieron sus intervenciones:
– Rocío y Chiara explicaron la esencia del proyecto Erasmus, el proceso de selección y qué las motivó a cruzar el Mediterráneo.
– Taribay, Hiba, Rebecca y Sveva hicieron un repaso de lo vivido, analizando cada detalle de la experiencia.

Mientras unas estaban ante el micro y las cámaras, las demás miraban con mucha atención a sus compañeras y amigas. Y como era de esperar… En mitad de la grabación, cuando los nervios estaban a flor de piel, ocurrió lo inevitable: les entró «la risa floja». Lo que empezó como una sonrisilla nerviosa por un error cometido, terminó en un ataque de risa grupal de esos que son imposibles de frenar. Pero debemos decir, que ese rato de risas compartidas fue un claro ejemplo de lo bien que se llevan. Al final, los mejores recuerdos de un viaje no son solo los monumentos, sino esos momentos en los que la risa te impide hasta hablar.
Para acabar la jornada y para celebrar esta unión, tuvimos la cena de despedida en la «Pizzería Simoncelli». Porque en Italia, las amistades se sellan alrededor de una buena masa crujiente.
Empezamos a notar que las fuerzas flaquean un poco, pero si os decimos la verdad, es un cansancio del bueno, de quien tiene la retina llena de paisajes nuevos. Nos duelen un poco los pies de caminar, sí, pero nos llevamos el corazón mucho más ancho de lo que traíamos.
Por desgracia, esto va llegando a su fin. Mañana nos tocará empezar a pensar en maletas y despedidas, pero lo haremos con la tranquilidad de haber vivido cada segundo. Nos vamos a descansar con una sonrisa, sabiendo que estas siete chicas regresarán a Almería siendo un poquito más grandes, un poquito más sabias y, sobre todo, mucho más unidas.
Senigallia, nos has agotado… pero qué manera tan bonita de hacernos sentir vivas.
Esther y Beatriz (profesora en Job Shadowing y profesora acompañante).