Kraków, the place to be

Dzień dobry (“Buenos días”). Me llamo Ezequiel o a lo mejor me conoces por “Zeki”. Aprovecho este ensayo para contar lo que he vivido y por qué no decirlo, aprendido en mi movilidad Erasmus+ en Cracovia (Polonia) con el Instituto Cervantes.

Me gustaría empezar explicando el por qué decidí hacer mi FCT vía Erasmus +. No voy a mentir diciendo que vengo aquí para aprender inglés (y menos en Polonia a pesar de que sea mi única vía de comunicación), más bien vengo por un reto personal, el cual creo que en estos 3 meses me va a hacer crecer muchísimo tanto en el aspecto académico como el personal. Además cuando supe de la oportunidad de trabajar con una organización tan importante como lo es Instituto Cervantes no me lo pensé 2 veces, ya que además Polonia es “the place to be” para hacer un Erasmus. Ahora estoy a punto de hacer un mes aquí, y vaya mes… No tiene desperdicio ninguno contar, aunque sea de manera resumida, lo que he vivido en este plazo de tiempo tan corto e intenso a la vez.

Qué mejor que empezar contando mi experiencia en el viaje de Málaga hasta Cracovia en avión en estos tiempos que corren… Salí un 17 de marzo a las 19:30 de lo que es la mejor ciudad sobre la faz de la tierra rumbo al aeropuerto de Luton (London, UK), donde me esperaba una escala de toda la noche. Pasé toda la noche despierto por ser incapaz de echar una cabezada en un banco con la incertidumbre de que me podía quedar dormido y perder el vuelo que partía a Cracovia. Fuí la primera persona en hacer el “check in” a las 5:00 y corrí para la zona de salidas y así poder comprar una bebida energética porque era un muerto en vida en ese momento. Las últimas horas se me hicieron más cortas ya que mis amigos ya comenzaban a despertarse y me ayudaron bastante para que se me hiciera más amena la noche. Finalmente subí al avión donde también fui incapaz de echar una cabezada por mi compañero de asiento el cual no era muy fan del desodorante, pero si de roncar como un animal… A pesar de esto el vuelo se me hizo ameno ya que hice cosas productivas como hacer la lista de la compra, leer un poco y mirar por la ventanilla (lo cual se agradece para distraerse durante horas). Cuando llegué al aeropuerto de Cracovia me recibieron militares a cargo del control fronterizo y donde pasé lo que creo que fue la hora más larga de mi vida, ya que además de estar tremendamente cansado, tenía que estar de pie. Por fín pasé el control fronterizo y me dispuse a pedir un Uber, lo cual fue la primera experiencia cuanto menos curiosa, por decirlo de alguna manera. El conductor era un ruso que tenía puesta la radio a todo volumen con hardbass ruso (a pesar de que eran las 9 de la mañana), no llevaba mascarilla, iba a hablando por teléfono con su amigo ruso a voces, daba unos volantazos que daban miedo y le regaló un corte de mangas a otro conductor, todo esto en un trayecto de media hora. Lo bueno es que me costó el trayecto como unos 25zł (que al cambio son más o menos 5€). Tampoco podría pedir más por ese precio.

Llegué a mi apartamento y se me pasó el cansancio del vuelo al ver que había dado con un lugar perfecto para vivir estos 3 meses que me esperaban. Todo era perfecto hasta que llegó el momento de darme una ducha… ¡EL CALENTADOR DE AGUA NO FUNCIONABA!. Aquí hago un inciso para destacar el tremendo frío que hace en Polonia. He vivido temperaturas de hasta -10 °C, aseguro que no lo voy a echar de menos, y menos mal que ya ha llegado la “primavera”, aún así hace un frío brutal, y más para un malacitano mal acostumbrado al clima de la capital de la Costa del Sol. En general me esperaba que iba a estar lloviendo todos los días, pero para nada. No ha llovido, ha nevado en pequeñas cantidades que al mediodía dejaba de existir y podías dar un paseo con tu par de capas de calcetines, de guantes y sudaderas incluyendo un chaquetón. Volviendo al tema del calentador, al final lo solucioné hablando con el casero (muy majo por cierto) y hasta me trajo una estufa portátil para poder pasar la noche calentito mientras estaba sin calefacción ni agua caliente. Lo solucionó en un par de días y tuve que darme un par de duchas heladas. Pero esto no quita que sea genial, ahora tengo agua caliente y calefacción funcionando de lujo. Esos días fueron muy eficientes ya que limpie como un loco y viví mi primera experiencia en un supermercado polaco, en concreto, Biedronka. Tardé como 2 horas en hacer una compra que en cualquier Mercadona de España me hubiera demorado apenas 15 minutos, ya que el idioma es una barrera importante y voy traduciendo con Google Lens todos los productos que veo para no equivocarme. Aún ayudándome de Google Lens, compré agua con gas por error y tuve que beber agua con gas todo el fin de semana y ahora tengo 4 botellas en casa de 2 litros de agua con gas. Finalmente llegó el lunes y compré agua corriente. También me dí el lujo de probar cosas típicas del país como pueden ser los pierogis o el vodka (siempre con responsabilidad). La gastronomía polaca es genial y acompaña genial con el frío, ya que hay una infinidad de tipos de sopa. Obviamente no es tan buena como la española donde tenemos los mejores sobre la faz de la tierra: croquetas, tortilla de patatas (con cebolla), gazpacho, patatas bravas, ensaladilla rusa… Pero como he dicho, la gastronomía polaca me ha sorprendido para bien. Un dato importante es que en general la vida es muy barata y puedo darme algún que otro capricho.

Cracovia es una ciudad preciosa y Polonia es un país que tiene muchísimo que ofrecer. Uno queda impresionado en cuanto a la historia del país (estamos de acuerdo en que es un país que ha sido tremendamente castigado a lo largo de la historia por la URSS, la Alemani nazi, reinados…) y lo que ves por la ciudad. Cracovia fue la única ciudad que no fue destruida en la segunda guerra mundial ya que los alemanes se asentaron aquí. Esto explica que Cracovia sea la mejor opción para conocer Polonia. Por desgracia Polonia está en una situación muy complicada respecto a la pandemia y todo lo cultural está cerrado y ni siquiera he podido ir al antiguo campo de exterminio de Auschwitz o a las minas de sal de Wieliczka. Al menos aquí la vacunación va bastante bien y tengo esperanzas en poder ver todo lo que quería. A pesar de todo solo tienes que dar una vuelta para darte cuenta que estás en un sitio de interés cultural y patrimonio de la humanidad con mayúsculas por la UNESCO. Un dato importante es que en general la vida es muy barata y puedo darme algún que otro capricho.

Respecto a la FCT en el Instituto Cervantes, no puedo estar más feliz con mis compañeros y mi trabajo. Estoy aprendiendo muchísimo y soy muy afortunado de estar aquí. El primer día ya me sentí integrado con los profesores y el equipo directivo del centro, que para el que no lo sepa el Instituto Cervantes se dedica a la divulgación del castellano y la cultura hispánica por el mundo entero. Mis compañeros en su gran mayoría son españoles, aunque también hay algunas compañeras polacas de las cuales quiero destacar su impresionante nivel de español (aunque no es de extrañar que sea fácil para ellos porque el polaco es imposible). Es genial ver cómo la cultura hispánica es de interés en el resto del mundo y como hay una organización y docentes que hacen una labor que más allá de lo económico, es algo pasional por la cultura hispanohablante puede transmitir al mundo, tanto enseñanzas como valores.

Para acabar, agradecer tanto a Jesús como a Salvador por todo su trabajo para brindarnos una experiencia excepcional con la movilidad Erasmus +. Y tampoco me debo olvidar de Esther que es mi tutora aquí en el Instituto Cervantes (y que hoy ha traído torrijas muy ricas por cierto). Recomiendo a cualquiera que solicite hacer su FCT en esta modalidad porque esto además de la formación profesional, te aporta algo personal que es muy bonito y útil para tu futuro. Esto solo acaba de empezar, espero que todo siga yendo así de bien y poder contarlo a todo el mundo incluyendo posibles futuros Erasmus.

Do widzenia (“Adios”).

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