Mente-cerebro: relación. La conciencia.

Ignacio Escañuela Romana. 22/02/2019.

El problema de la relación mente y cerebro es uno de los más complejos. Además, no se puede considerar solucionado (pues no existe consenso en la literatura científica sobre esta respuesta).

Quizá la teoría con más apoyos es la de la identidad: «The identity theory of mind holds that states and processes of the mind are identical to states and processes of the brain» (https://plato.stanford.edu/entries/mind-identity/). Es decir, de un modo u otro, con mayor o menor complejidad, los procesos mentales están relacionados con hechos neuronales. No habría ideas, hechos mentales, que pudieran producirse, de un modo u otro, sin tener un correlato cerebral. Estrictamente hablando, el cerebro causa la mente, aunque las propiedades mentales puedan considerarse holísticas: causadas por la totalidad compleja del cerebro.

«Lewis’s 1966 was a particularly clear headed presentation of the identity theory in which he says (I here refer to the reprint in Lewis 1983, p. 100):

My argument is this: The definitive characteristic of any (sort of) experience as such is its causal role, its syndrome of most typical causes and effects. But we materialists believe that these causal roles which belong by analytic necessity to experiences belong in fact to certain physical states. Since these physical states possess the definitive character of experiences, they must be experiences» (https://plato.stanford.edu/entries/mind-identity/#The).

«American philosopher, mathematician, and computer scientist Hilary Putnam in the 1960s published a series of papers that introduced «multiple realizability» — the idea that, in very simple terms, the same mental state can be realized in different physical states. It is seen as one of the strongest arguments against identity theory, although discussion and debate on the mind-body relationship continues in philosophy and academic spheres» (https://searchcio.techtarget.com/definition/mind-brain-identity-theory). Putnam apunta a una teoría diferente, la funcionalista. El funcionalismo defiende que la mente sea una especie de software del cerebro o hardware. La mente, como tal, no es estrictamente reducible al cerebro, de modo directo, al menos. Sino que tiene sus propios principios y propiedades.

Ahora bien, se ha planteado la cuestión de si la conciencia es «real» o es más bien ilusoria. «Los ensayos para determinar si los fenómenos mentales repercuten en los cerebrales siguen la senda abierta por Benjamín Libet. Se instruía a los voluntarios para que movieran la mano en el momento de su decisión. Mientras realizaban el ensayo contemplaban un reloj y declaraban luego en qué momento tuvieron la intención de mover la mano, en promedio unos 200 milisegundos antes del inicio de la actividad muscular desencadenante del movimiento de la mano. Sin embargo, los electrodos instalados en el cuero cabelludo registraban (en cada episodio de movimiento de la mano) la constitución de un potencial de disponibilidad, que era una prueba de un tipo particular de fenómeno cerebral (llamémosle B1), que ocurría, en promedio, 550 milisegundos antes de la actividad muscular. Los experimentos de otro tipo, sostenía Libet, mostraban que los sujetos informaban del tiempo de las sensaciones como produciéndose 50 milisegundos antes del tiempo de los fenómenos cerebrales que las causaban. Ello condujo a Libet a sostener que los sujetos enjuician mal el tiempo de los fenómenos conscientes en 50 milisegundos. Llegó así a la conclusión de que, en promedio, la «intención» aparecía 150 milisegundos antes de la actividad muscular y 400 milisegundos después de B1. Ello mostraría que B1 causaba el movimiento de la mano y que la intención era un epifenómeno. Swinburne objeta las limitaciones y las conclusiones de los experimentos de Libet» (https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/supersticin-592/filosofa-de-la-mente-11724).

A partir de aquí, surge el problema de si el ser humano es libre, o esa sensación es falsa.

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Ignacio Escañuela Romana

Interesado por la filosofía y la economía, que tiendo a mezclar a menudo. Es decir, seguir el lema kantiano: "Sapere Aude".

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