¿Sesgos cognitivos en el votante?.

Ignacio Escañuela Romana.

31/05/2019.

Se discute en la literatura científica la posible existencia de sesgos cognitivos en los votantes. 

Sesgo cognitivo: es un prejuicio o predisposición que tenemos y que, sin reflexionar o cuestionar de modo suficiente las bases, nos hace decidir en uno u otro sentido. Hay diferentes sesgos, hay diferentes motivaciones de estos sesgos. 

Principio de racionalidad de Popper (1963, Myth of Framework) : actuar en la mejor forma posible dada la situación objetiva que se presente. Es decir, una persona es racional si su decisión es acode a la mejor opción objetivamente disponible. Supongamos que quiero ir de X a Y de la mejor forma posible, sería irracional ir dando una vuelta que me lleva costes y tiempo. 

Primero: ¿Cuáles son los sesgos más comunes?. Hay multitud de entradas de internet que los detallan. Por ejemplo  ( https://conceptually.org/concepts/cognitive-biases)

Sesgo de confirmación: Tendencia a pensar de acuerdo a los prejuicios previos, interpretando toda la información en función de esos criterios no analizados.

Sesgo conservador: Inclinación a reafirmar lo que creemos en vez de considerar racionalmente los argumentos que otros nos dan. Es una tendencia al partidismo.

Ese sesgo hace que cuánto más expuestos estemos a una idea, de forma repetida, más se asiente como prejuicio. Evitando el examen racional.

Sesgo de omisión: Tendencia a juzgar las acciones positivas como peores (moralmente) que las acciones por omisión. Si nos quitan digamos 10: lo vivimos peor que si por omisión dejan de ingresarnos 10.

Sesgo de planificación: Creemos que en un proyecto, todo saldrá bien. Sin pararnos a medir las posibles dificultades que nos encontraremos.

Sesgo de grupo: Tendencia a tratar a quienes creemos similares a nosotros más favorablemente. Y tratar a los difeentes con prejuicios negativos iniciales.

Sesgo de deseo de sociabilidad: Responder a alguien como él quiere oir.

Sesgo de identificación de la víctima: Nos movemos más fuertemente por una víctima particular que identificamos, que por un conjunto de personas sufriendo la misma situación pero de las que tenemos sólo información estadística.

El efecto Peltzman: Tomamos más riesgos cuando nos sentimos más seguros. Por ejemplo, la introducción del cinturón de seguridad en los coches llevó a un aumento de velocidad de circulación.

El sesgo de ceguera: los demás tienen sesgos y no se dan cuenta, pero yo no., yo sí hago un cálculo correcto.

Segundo: ¿Cuáles son los sesgos más comunes a la hora del voto?.

«Preferimos que las noticias nos den la razón y en caso contrario ya nos encargamos de que los datos encajen en nuestros esquemas mentales. En la década de 1990, la psicóloga social Ziva Kunda consolidó el concepto del razonamiento motivado: “Existen pruebas considerables de que es más probable que las personas lleguen a las conclusiones a las que desean llegar”, escribió. Esto es algo que hacemos constantemente en política: ante una corruptela del partido que votamos, pensamos en cómo limitar su importancia; si es del partido rival, convertiremos de inmediato la anécdota en categoría». Y: «En la campaña de 2012, Barack Obama dijo falsedades en el 25% de sus afirmaciones, según Politifact. Su rival, Mitt Romney, llegó al 40%. Donald Trump ha alcanzado el 70%, pero eso no le ha importado a los votantes republicanos, aunque le hayan pillado en casi todas las mentiras. La mayoría reconoce que si un medio da noticia de una falsedad de su líder, prefieren creerle a él antes que la noticia, según una encuesta de YouGov(https://elpais.com/elpais/2016/12/14/ciencia/1481728914_575054.html).

Tercero: ¿Qué consecuencias puede tener la existencia de dichos sesgos?.

«Que lo que los sujetos encuestados más recuerdan de la campaña sean
imágenes o comentarios transmitidos desde el medio televisivo, no hace
mas que confirmar la extendida presencia de la videopolítica en calidad de protagonista estelar de los procesos políticos contemporáneos. No cabe duda de que, engarzadas con esa lógica, las campañas electorales actuales son poderosos vehículos para la transmisión de imágenes de los candidatos.
(…) Las imágenes, en cuanto estrategia de comunicación, incluyen una propuesta limitada y accesible para determinados grupos de votantes. En muchos casos, los nuevos representantes son elegidos sobre la base de imágenes y «las imágenes constituyen en realidad representaciones políticas simplificadas y esquemáticas» (Manin, 1993: 36) que tienen contenido político. La imagen consiste en una representación simplificada y, cognitivamente, es un recurso valioso a la hora de la costosa búsqueda de información política. En este sentido, las imágenes pueden ser definidas como heurísticos cognitivos o atajos en términos de reglas informales de pensamiento que simplifican el procesamiento de la información (…)» (V. García Beaudoux – O. D’Adamo, 2004, CAMPAÑAS ELECTORALES Y SUS EFECTOS SOBRE EL VOTO, p. 21).

 

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Interesado por la filosofía y la economía, que tiendo a mezclar a menudo. Es decir, seguir el lema kantiano: "Sapere Aude".

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