Yo pienso. Descartes.

Ignacio Escañuela Romana.

21/05/2020.

Descartes: «pienso luego existo» («cogito ergo sum»). ¿Qué quiere decirnos Descartes exactamente?. ¿Para qué va a utilizar esta primera verdad?.

Descartes parte de la duda metódica o universal: voy a aceptar como verdadero sólo aquello acerca de lo cual tenga absoluta certeza. La certeza es la sensación subjetiva de que algo es obligatoriamente verdadero y procede de una investigación que considero exhaustiva acerca de los fundamentos. Es decir, cuando aplico esa duda debo desestimar cualquier creencia que, desde algún punto de vista, podría ser falsa. Existe aquí un problema escondido: ¿cómo podré estar seguro de algo si no puedo demostrar que he aplicado todas las posibilidades para considerar a algo como falso?.

Descartes llega al «pienso. existo»: como verdad indubitable. Cierta. Ahora bien: ¿Por qué sé que «pienso, existo» es verdadero?. No puede ser un razonamiento o inferencia, pues aplicaría una regla cuya verdad no he demostrado. No puedo, pues, derivarlo de una creencia o enunciado anterior. ¿Entonces?. La respuesta es: no procede de un razonamiento, sino que es una intuición. La intuición es una percepción interna directa de algo. Sería absolutamente cierto que existo, pensando, porque tengo una percepción interna absolutamente indubitable. Dicho de otro modo: podría dudar de que este lápiz es azul, pero no podría dudar de que lo veo azul. Es el punto de partida de la filosofía moderna: fundamentar la verdad a partir del sujeto.

¿De qué nos sirve esta primera verdad?. Se suele decir que Descartes fundamenta la existencia de yo como sujeto y de los objetos a partir del mismo hecho del pensamiento. Que pienso. No es así, el «cogito» sólo nos dice que sé que existo conforme pienso. Pero no puedo afirmar nada de la existencia como «sustancia»: no puedo saber, de ningún modo, si existen las cosas, si el pensamiento es anterior o posterior a esa existencia.

Por lo tanto, Descartes no deriva la existencia de sustancias, ni el carácter previo o fundacional de una cosa sobre otra. Simplemente encuentra una primera verdad y ésta le enseña qué criterio debería utilizar para construir mi conocimiento: la percepción clara y distinta.  Si percibo algo («x») sin ninguna confusión y puedo distinguir esa percepción de otras, sin ninguna duda, entonces es verdadero el enunciado que describe a «x». 

Más tarde, al acudir a la idea de Dios, entrará en el problema de las sustancias y la existencia fundacional. Pero en ese momento, abandonará el criterio del «cogito» como fundamento de verdad.

 

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Interesado por la filosofía y la economía, que tiendo a mezclar a menudo. Es decir, seguir el lema kantiano: "Sapere Aude".

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