Quiere permanecer. Marta Díaz Almenta.

Autora: Marta Díaz Almenta.

Continuación cuarto fragmento. (Blas de Otero, fragmento del poema «La Tierra»)
«Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
-ese río del tiempo hacia la muerte-.

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contra muerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos».

Es que quiere permanecer. Necesita del
recuerdo, vive por él. Perdurar en la mente
de quien le verá envejecer y morir.

Solo el hombre está solo. El egoísmo se lo lleva.
Sabe que su caudal se agotará y con él
en la mar dará; aunque no lo quiere ver.

Es que culmina sus días en soledad,
menguándose porque cuando no lo logró,
como si de un sueño se tratase,
su vida, su mayor afán, se esfumó.

Marta Díaz Almenta.

Publicado por

Ignacio Escañuela Romana

Interesado por la filosofía y la economía, que tiendo a mezclar a menudo. Es decir, seguir el lema kantiano: "Sapere Aude".

One thought on “Quiere permanecer. Marta Díaz Almenta.”

  1. LOS SENTIMIENTOS DE UN SUSPIRO – GUILLERMO MARÍN DÍEZ

    «Es curiosa la vida … ese misterioso arreglo de lógica implacable orientada hacia un objetivo fútil. Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo … que llega demasiado tarde… y una cosecha de remordimientos inextinguibles» (Joseph Conrad, El Corazón de los Tinieblas).

    Continuación:

    Ese brillo en los labios de una persona con una sonrisa que penetra en lo más hondo de los demás, que tal vez marquen un hilo de alegría, o un grito de desesperación al exterior en el que se hunde, cargando un interior lleno de decepciones y fracasos. Una mente en la que ya pone todo como ha de ser pero que permanece bañada en una constante utopía irremediable, que te demuestra que la vida te tendrá siempre contra las cuerdas. Hijos del agobio con un largo camino sin ilusión que hay que recorrer, y que de vez en cuando nos muestra una estrella fugaz llena de esperanza, que nos enseña que por muy inmenso que sea el deseo de ser, es solo eso, un deseo fugaz, inconquistable y efímero a millones de vidas de ser alcanzado. Ese “yo lo sabía, tendría que haberlo hecho” que nunca se hizo y que se cultiva en un mar de fracasos y remordimientos que se ahogan en la incertidumbre del qué hubiera pasado, pero que se quedan en eso, el pasado, marcando una raya más en el tigre que no hace más que jugar a una ruleta rusa de sentimientos.

    Guillermo Marín Díez

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