Comparación: Primates y hombre.

Ignacio Escañuela Romana.

Se pide relacionar a los primates y el hombre. Es decir, diferencias y similitudes en su comportamiento.

En la siguiente serie de enlaces tenemos un conjunto de elementos comparados que permiten reflexionar sobre los diferentes puntos de esa relación. Puedes leer las citas o bien entrar en los artículos y ver diferentes temas. Todos introducen problemas interesantes y cuestiones a debatir.

  1. «En el caso específico de la agresión humana, la etología, en general, y concretamente la obra de Lorenz la ven como el resultado de un instinto innato, una idea que ya hemos mencionado. Pero ciertamente que esta es la única forma de explicar el comportamiento continuo de enfrentamiento y de guerras entre una especie que se cree a sí misma razonable. La experiencia repetitiva de la destrucción de la guerra y de la pérdida de vidas humanas que ella implica no nos ha hecho ser más racionales con respecto a la necesidad de evitar la guerra. Lorenz cita la idea de Hegel según la cual la historia enseña claramente que los hombres no han aprendido nada de la historia. Esta conducta irracional debe inevitablemente tener un origen instintivo filogenético. La visión que tiene Lorenz presenta a la especie humana bajo el espectro de un profundo pesimismo. La capacidad conceptual no es suficiente para contrarrestar los efectos de la instintividad agresiva. Si bien comimos de la manzana del árbol del conocimiento, lo complicado es que la manzana no estaba madura. El conocimiento nacido del pensamiento conceptual le quitó al hombre la seguridad de la instintividad y la auto- regulación que el juego de instintos implicaba mucho antes de poder proveerlo con mecanismos de control que tuvieran la misma eficiencia. El hombre es un ser en peligro. Esta idea de la inadecuación entre la instintividad humana y la capacidad conceptual era un ítem teórico muy común en los estudios de la conducta de la época de Lorenz. La idea aparece claramente en la obra de Arthur Koestler y claro está que la inminenete posibilidad de una catástrofe nuclear tenía que haber influenciado esta visión pesimista de los años sesenta; el hombre es una criatura cuyo aparato conceptual puede armar una bomba atómica y cuyos instintos agresivos no vacilarán en detonarla. Así, Lorenz llega a una consecuencia desafortunada acerca del papel del pensamiento conceptual en la sociedad humana: “Todos los grandes peligros que amenazan a la humanidad con la extinción son consecuencias directas del pensamiento conceptual y del discurso verbal”.20 El asunto de la agresión en la sociedad humana se ve agravado por el hecho de que somos criaturas omnívoras, físicamente débiles, carentes de garras y pico, lo que hace difícil que un hombre mate a otro sin armas. Por esta razón, la evolución no nos dotó de fuertes mecanismos de inhibición de la lucha y las formas de agresión no se encuentran tan ritualizadas como en otras especies. El pensamiento conceptual, sin embargo, nos ha permitido desarrollar armas artificiales que permitían matar de un golpe y trastornó gravemente el equilibrio entre unas inhibiciones relativamente débiles y la capacidad de matar a otros. A esto me refería más arriba cuando hablaba de la ‘inadecuación’ de la agresión y la violencia en la sociedad humana. La situación se ve obviamente complicada por el desarrollo de armas que actúan a distancia»  (Roberto Palacio F, « La agresión y la guerra desde el punto de vista de la Etología y la Obra de Konrad Lorenz », Revista de Estudios Sociales [En línea], 14 | Febrero 2003, Publicado el 01 febrero 2003, consultado el 26 octubre 2020. URL : http://journals.openedition.org/revestudsoc/26508)
  2. «Pero sería un error llamar «ser moral» al chimpancé. No hay pruebas de que ningún animal juzgue la bondad de una acción que no le afecte a él. En cambio, propio de la moral humana es la búsqueda de criterios universales de actuación, unida a un sistema complejo de justificación, emulación o castigo. Tampoco hemos de caer en sesgos antropocéntricos. Aunque los primates toman la perspectiva de quienes se encuentran en dificultades y estrechan lazos de afecto y ayuda a los demás sean o no consanguíneos (altruismo de la hembra que auxilia a un macho anciano y desvalido), presentan también la cara opuesta. Por eso, unos prefieren presentar su conducta en términos hobbesianos: seres bestiales; otros se inclinan por el rostro amable» (https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/tdah-580/etologa-11232; Luis Alonso THE BONOBO AND THE ATHEIST. IN SEARCH OF HUMANISM AMONG THE PRIMATES Por Frans de Waal.)
  3. «Este estudio pretende enterrar una línea de pensamiento entre algunos antropólogos que prefieren pensar que los humanos —como los chimpancés— son benéficos por naturaleza y que las manifestaciones de violencia intergrupal son síntomas modernos, no instintos naturales. Según explica Wilson, la violencia mortal entre grupos de chimpancés ha llamado mucho la atención entre personas interesadas en los orígenes de las guerras humanas, y algunos han argumentado que se originó recientemente como resultado de innovaciones, sociedades sedentarias, la aparición de la agricultura, la formación del Estado, la llegada de las ideologías y así sucesivamente. Pero la conducta bélica en los chimpancés “muestra que ninguna de estas innovaciones es necesaria para que se produzca una guerra” (Javier Salas http://esmateria.com/2014/09/17/violencia-chimpances-estrategia-adaptativa-humanos-evolucion-mata/)
  4. «¿Es un disparate? Pues sí, pero sólo en parte. Como todo en El mono desnudo , esconde algo de verdad… aunque no tal y como nos lo cuenta su autor. “Ciertamente parece que hay algo de genético en el fenómeno religioso, y también abundan los estudios del fenómeno religioso desde el punto de vista de la neurobiología”, explica Marta Iglesias. “En realidad, parece que parte del fenómeno religioso es una extensión de mecanismos cognitivos corrientes a terrenos donde no son aplicables: por ejemplo, de la búsqueda de relaciones causa-efecto a aspectos en que la causalidad no es tan obvia. En cualquier caso la intuición de Morris, que parte de la idea de un macho alfa, no resulta muy plausible, dado que no parece ser este el modo de organización social de los primeros humanos. En cualquier caso, no deja de ser una hipótesis que podría tratar de testarse, si alguien estuviese interesado. Aunque por lo que sabemos hoy, va bastante desencaminada como explicación de las causas últimas del fenómeno religioso”.

    Así pues, forzando mucho la máquina podríamos decir que la religión es, efectivamente, algo natural, y aquí es donde nos encontramos con el matiz más peliagudo para seguir leyendo El mono desnudo en el siglo XXI. En su estudio zoológico del animal humano, Morris tiende a presentar “lo natural” como comprensible o incluso disculpable. Ese posicionamiento contribuye a borrar la línea que separa biología y determinismo, y el terreno en el que desarrolla sus elucubraciones se vuelve, por lo tanto, peligrosamente resbaladizo. “Es muy engañoso afirmar que lo natural es bueno”, explica Iglesias. “Ser devorado por un león quizá sea completamente natural. O morir de una infección. O congelado bajo la nieve. ¿Dónde ponemos el límite de lo natural que es tolerable y bueno y lo que no lo es?» (Manuel Ligero https://www.revistavanityfair.es/poder/articulos/el-mono-desnudo-demond-morris-ensayo-polemica/25898).

    Finalmente, ¿diferencias y similitudes entre pensamiento y conducta de los primates y el hombre?. ¿Qué partes de nuestra conducta proceden del hecho de ser primates?. ¿Qué tiene de natural e inevitable el comportamiento humano?.

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