Comparación: Tomás de Aquino, Kant y Rawls. Propuesta para la Prueba Acceso Universidad.

Ignacio Escañuela Romana.

A continuación introduzco una posible respuesta a la pregunta de la prueba de Acceso que nos pide relacionar al autor del texto (Tomás o Kant) con algún autor contemporáneo (en este caso, Rawls). Considero posible e interesante comparar a esos dos autores con esta posición contemporánea. Enriqueciendo el debate. Primero doy una comparación a tres bandas. Después saco lo que podrían ser comparaciones dos a dos. como posible respuesta.

1.

Es interesante comparar a autores tan alejados en el tiempo como Tomás de Aquino (siglo XIII), Kant (XVIII) y Rawls (XX), en torno a la idea de justicia. Es preciso recordar que, según el profesor Sandel, autor de referencia actual, la idea de justicia, que implica una concepción ética de base necesariamente, se ha definido de tres modos distintos en la historia de la filosofía. Tomás participa de una concepción meritocrática: ser justo es practicar la virtud. Por lo tanto, consiste en premiar los comportamientos socialmente positivos y castigar los perjudiciales. Teoría adquirida de Aristóteles. Tales conductas virtuosas se relacionarían con la ley natural, que responde a aquello que nuestra naturaleza recoge (naturalismo ético), especialmente la racionalidad aplicada al control de impulsos naturales. Kant y Rawls, por el contrario, participarían de una concepción «libertaria» que da énfasis a los derechos y libertades y la idea de dignidad de un ser racional. Ninguno de estos tres pensadores apoyaría, pues, la definición utilitaria de justicia que la hace depender de lograr el objetivo de la máxima felicidad o satisfacción posible en la mayor parte de las personas posible (Bentham, Stuart Mill). Los tres rechazan, por lo tanto, una consideración de la mayoría como criterio de justicia.

A partir de esta base, las diferencias y similitudes se extienden dando base a respuestas diferentes a los problemas éticos que puedan ir planteándose. En los tres es común la idea de racionalidad como fuente fundamental de las obligaciones éticas y la justicia social. Tomás la considera como un hecho constitutivo de la naturaleza humana del que emanan todas las obligaciones personales y sociales. La sociedad debería establecer un sistema que estimulase que las personas fuesen racionales y trabajasen por fines que beneficiarán a esa sociedad. Finalmente, la ley natural o justa deberá dar a cada uno lo que merece: deberá repartir beneficios e incentivos, así como sanciones, en función de si se practica esa virtud o todo lo contrario.

Por su parte, Rawls y Kant no acuden a ese argumento de naturalismo ético, de defensa de que lo que somos es lo que debemos de ser; Kant, más bien, apoya que todo ser racional actuaría según su razón, de forma autónoma. En consecuencia, su característica fundamental sería la libertad, lo que en Rawls, a partir de su tradición liberal, es la afirmación de que todas las personas son dueñas de sí mismas y nada, ni nadie, tiene derecho a fijar heterónomamente sus decisiones.

Sin libertad, dirían Rawls y Kant, no hay ética ni justicia posibles. Una vez utilizamos la razón autónomamente, afirma Kant, ésta concluye que los fines de la acción ética no pueden ser el interés (imperativo hipotético): no admite como fines la satisfacción o la felicidad aristotélica, que se impondrían a la libertad humana y, además, son cuestiones empíricas, subjetivas y cambiantes. De ahí que sobre la base de la autonomía personal, del atrévete a pensar por ti mismo y rechaza autoridades y tradiciones, Kant afirmará que el deber o imperativo categórico puede tener como desarrollo dos planteamientos fundamentales: haz de tu conducta norma de comportamientos universal (por lo que no mentir sí es obligación, pero mentir no, pues llevaría a que nadie hablase y nadie pudiera mentir) y trata a los demás como fines en sí mismos. Luego, por ejemplo, legalizar la prostitución es rechazado porque implica utilizar a la otra persona como medio para un disfrute. No yo podría prostituirme porque haría de mi mismo un instrumento para el disfrute de otro. Lo que Tomás hubiese atacada por ir contra natura, Y, en el caso de Rawls, sería asimismo rechazado por ir contra las condicioens básicas de un pacto equitativo en derechos de los individuos.

Por último, Rawls no parte de la naturaleza a la manera tomista, ni de la razón personal de la forma kantiana, sino de un pacto social originario en el que las personas fuesen racionales, razonables y un velo de ignorancia les impidiese conocer si serán personas aventajadas socialmente o no. Nótese que Kant no habla de interacción social, pero Rawls sí. A partir del pacto social originario, Rawls concluye que la «ley natural» o norma justa o equitativa sería la siguiente. Primero, que las personas tengan los máximos derechos y libertades, sin que la sociedad pudiera quitarlos. Segundo, que las desigualdades conserven los necesarios incentivos para los más trabajadores y competentes, pero que sean lo más pequeñas posibles para que todos los miembros de la sociedad, tras el mencionado velo, pacten ese sistema social.

En conclusión, el principio básico de organización sería en los tres autores la racionalidad. Pero ésta se configura como naturaleza ahistórica en Tomás, como facultad de la libertad autónoma y personal del individuo en Kant, y como fundamento de un eventual e imaginado pacto social equitativo en Rawls. Kant afirmaría que la naturaleza, lo que somos, y el pacto social, son ambos irrelevantes para un ser racional y autónomo, que debe fijar por sí mismo, y sin interés, sus derechos y deberes. Rawls diría que ese pacto social es preciso para fundar la idea de justicia en una sociedad que implica necesariamente interacción. Estos dos autores sí concluyen que los derechos y libertades, como inalienables, son la piedra angular de la existencia humana.

2. Tomás versus Rawls.

Es interesante comparar a autores tan alejados en el tiempo como Tomás de Aquino (siglo XIII), y y Rawls (XX), en torno a la idea de justicia. Es preciso recordar que, según el profesor Sandel, autor de referencia actual, la idea de justicia, que implica una concepción ética de base necesariamente, se ha definido de tres modos distintos en la historia de la filosofía. Tomás participa de una concepción meritocrática: ser justo es practicar la virtud. Por lo tanto, consiste en premiar los comportamientos socialmente positivos y castigar los perjudiciales. Teoría adquirida de Aristóteles. Tales conductas virtuosas se relacionarían con la ley natural, que responde a aquello que nuestra naturaleza recoge (naturalismo ético), especialmente la racionalidad aplicada al control de impulsos naturales. Kant y Rawls, por el contrario, participarían de una concepción «libertaria» que da énfasis a los derechos y libertades y la idea de dignidad de un ser racional. Ninguno de estos tres pensadores apoyaría, pues, la definición utilitaria de justicia que la hace depender de lograr el objetivo de la máxima felicidad o satisfacción posible en la mayor parte de las personas posible (Bentham, Stuart Mill). Tomás y Rawls rechazan, por lo tanto, una consideración de la mayoría como criterio de justicia.

A partir de esta base, las diferencias y similitudes se extienden dando base a respuestas diferentes a los problemas éticos que puedan ir planteándose. En los dos es común la idea de racionalidad como fuente fundamental de las obligaciones éticas y la justicia social. Tomás la considera como un hecho constitutivo de la naturaleza humana del que emanan todas las obligaciones personales y sociales. La sociedad debería establecer un sistema que estimulase que las personas fuesen racionales y trabajasen por fines que beneficiarán a esa sociedad. Finalmente, la ley natural o justa deberá dar a cada uno lo que merece: deberá repartir beneficios e incentivos, así como sanciones, en función de si se practica esa virtud o todo lo contrario.

Por su parte, Rawls no acude a ese argumento de naturalismo ético, de defensa de que lo que somos es lo que debemos de ser. Rawls, a partir de su tradición liberal, se basa en la afirmación o idea base de que todas las personas son dueñas de sí mismas y nada, ni nadie, tiene derecho a fijar heterónomamente sus decisiones.

Sin libertad, diría Rawls, no hay ética ni justicia posibles. Y ello implica el uso de la razón autónoma y la posibilidad de que diferentes personas se sienten y compartan razones para debateir sobre un acuerdo social. Luego, por ejemplo, legalizar la prostitución es rechazado por Rawls por infracción de las condiciones básicas de un pacto equitativo. El sujeto más vulnerable, con menos derechos, con peor acceso, es impulsado socialmente a ser un instrumento para el disfrute de otro. Lo que Tomás hubiese atacada por ir contra natura, Y, en el caso de Rawls, sería asimismo rechazado por ir contra las condiciones básicas de un pacto equitativo en derechos de los individuos.

Por último, Rawls no parte de la naturaleza a la manera tomista, ni de la razón personal de la forma kantiana, sino de un pacto social originario en el que las personas fuesen racionales, razonables y un velo de ignorancia les impidiese conocer si serán personas aventajadas socialmente o no. A partir del pacto social originario, Rawls concluye que la «ley natural» o norma justa o equitativa sería la siguiente. Primero, que las personas tengan los máximos derechos y libertades, sin que la sociedad pudiera quitarlos. Segundo, que las desigualdades conserven los necesarios incentivos para los más trabajadores y competentes, pero que sean lo más pequeñas posibles para que todos los miembros de la sociedad, tras el mencionado velo, pacten ese sistema social.

En conclusión, el principio básico de organización sería en los dos autores, y en otro clave como Kant, la racionalidad. Pero ésta se configura como naturaleza ahistórica en Tomás, como facultad de la libertad autónoma y personal del individuo en Kant, y como fundamento de un eventual e imaginado pacto social equitativo en Rawls. Kant afirmaría que la naturaleza, lo que somos, y el pacto social, son ambos irrelevantes para un ser racional y autónomo, que debe fijar por sí mismo, y sin interés, sus derechos y deberes. Rawls diría que ese pacto social es preciso para fundar la idea de justicia en una sociedad que implica necesariamente interacción. Estos dos autores sí concluyen que los derechos y libertades, como inalienables, son la piedra angular de la existencia humana.

3. Kant versus Rawls.

Es interesante comparar a autores tan alejados en el tiempo como Kant (XVIII) y Rawls (XX), en torno a la idea de justicia. Es preciso recordar que, según el profesor Sandel, autor de referencia actual, la idea de justicia, que implica una concepción ética de base necesariamente, se ha definido de tres modos distintos en la historia de la filosofía. Tomás y Aristóteles participan de una concepción meritocrática: ser justo es practicar la virtud. Por lo tanto, consiste en premiar los comportamientos socialmente positivos y castigar los perjudiciales. Tales conductas virtuosas se relacionarían con la ley natural, que responde a aquello que nuestra naturaleza recoge (naturalismo ético), especialmente la racionalidad aplicada al control de impulsos naturales. Kant y Rawls, por el contrario, participarían de una concepción «libertaria» que da énfasis a los derechos y libertades y la idea de dignidad de un ser racional. Ninguno de estos tres pensadores apoyaría, pues, la definición utilitaria de justicia que la hace depender de lograr el objetivo de la máxima felicidad o satisfacción posible en la mayor parte de las personas posible (Bentham, Stuart Mill). 

A partir de esta base, las diferencias y similitudes se extienden dando base a respuestas diferentes a los problemas éticos que puedan ir planteándose. En los dos es común la idea de racionalidad como fuente fundamental de las obligaciones éticas y la justicia social. Kant rehaza taxativamente la concepción aristotélica o tomista de la justicia y del deber ético. la ley natural o justa no debe consistir en dar a cada uno lo que merece: repartir beneficios e incentivos, así como sanciones, en función de si se practica una supuesta virtud o todo lo contrario. Sería tanto como justificar que sea aceptable éticamente las virtudes que históricamente pueden ir variando y que la sociedad puede afirmar o negar a su antojo. El deber es indiivdual, del sujeto libre, no sometible a objetivos convenientes colectivamente.

Kant apoya que todo ser racional actuaría según su razón, de forma autónoma. En consecuencia, su característica fundamental sería la libertad, lo que en Rawls, a partir de su tradición liberal, es la afirmación de que todas las personas son dueñas de sí mismas y nada, ni nadie, tiene derecho a fijar heterónomamente sus decisiones.

Sin libertad, dirían Rawls y Kant, no hay ética ni justicia posibles. Una vez utilizamos la razón autónomamente, afirma Kant, ésta concluye que los fines de la acción ética no pueden ser el interés (imperativo hipotético): no admite como fines la satisfacción o la felicidad aristotélica, que se impondrían a la libertad humana y, además, son cuestiones empíricas, subjetivas y cambiantes. De ahí que sobre la base de la autonomía personal, del atrévete a pensar por ti mismo y rechaza autoridades y tradiciones, Kant afirmará que el deber o imperativo categórico puede tener como desarrollo dos planteamientos fundamentales: haz de tu conducta norma de comportamientos universal (por lo que no mentir sí es obligación, pero mentir no, pues llevaría a que nadie hablase y nadie pudiera mentir) y trata a los demás como fines en sí mismos. Luego, por ejemplo, legalizar la prostitución es rechazado porque implica utilizar a la otra persona como medio para un disfrute. No yo podría prostituirme porque haría de mi mismo un instrumento para el disfrute de otro. Y, en el caso de Rawls, sería asimismo rechazado por ir contra las condicioens básicas de un pacto equitativo en derechos de los individuos.

Por último, Rawls no parte de la naturaleza a la manera tomista, ni de la razón personal de la forma kantiana, sino de un pacto social originario en el que las personas fuesen racionales, razonables y un velo de ignorancia les impidiese conocer si serán personas aventajadas socialmente o no. Nótese que Kant no habla de interacción social, pero Rawls sí. A partir del pacto social originario, Rawls concluye que la «ley natural» o norma justa o equitativa sería la siguiente. Primero, que las personas tengan los máximos derechos y libertades, sin que la sociedad pudiera quitarlos. Segundo, que las desigualdades conserven los necesarios incentivos para los más trabajadores y competentes, pero que sean lo más pequeñas posibles para que todos los miembros de la sociedad, tras el mencionado velo, pacten ese sistema social.

En conclusión, el principio básico de organización sería en los dos autores la racionalidad. Pero ésta se configura como facultad de la libertad autónoma y personal del individuo en Kant, y como fundamento de un eventual e imaginado pacto social equitativo en Rawls. Kant afirmaría que la naturaleza, lo que somos, y el pacto social, son ambos irrelevantes para un ser racional y autónomo, que debe fijar por sí mismo, y sin interés, sus derechos y deberes. Rawls diría que ese pacto social es preciso para fundar la idea de justicia en una sociedad que implica necesariamente interacción. Estos dos autores sí concluyen que los derechos y libertades, como inalienables, son la piedra angular de la existencia humana. Ambos defienden, desde bases conceptuales diferentes, la existencia de una dignidad humana indisponible por nada ni por nadie.