Málaga capitanea el camino hacia la igualdad en el arte andaluz. E.A. San Telmo.

En una de las paredes blancas y radiantes de la sala de exposiciones del Rectorado espera un cuadrado con marco. El fondo también es blanco y en su interior, en letras de color fucsia, puede leerse: ‘Forget princess, call me president’ (algo así como ‘Déjate de princesa, llámame presidenta’). Es el título de la obra y de toda la exposición que Verónica Ruth Frías presenta en el espacio de la Universidad de Málaga (UMA), en un nuevo giro de tuerca de su propuesta de marcada reivindicación feminista. Y justo desde la institución académica llega un potente y ambicioso estudio que arrojar luz -y sobre todo, datos– a los desequilibrios que ofrece el sistema artístico andaluz en lo relacionado con la presencia de creadoras y comisarias en las propuestas de los museos, centros de arte, galerías y privadas y demás espacios expositivos.

«El objetivo esencial del proyecto pasa por emplear estrategias de análisis de datos para generar conocimiento estratégico que después se pueda utilizar para la toma de decisiones en el diseño de políticas culturales públicas y privadas«. Habla la catedrática y jefa del departamento de Historia del Arte de la UMA Nuria Rodríguez Ortega, que capitanea el equipo de investigadores que ha elaborado el informe titulado  ‘Aportaciones al conocimiento de la presencia de las mujeres en el ecosistema expositivo de Andalucía (2008-2018)’.

Como recuerda Rodríguez Ortega, la iniciativa nació de un proyecto financiado por la Fundación BBVA, que después decidieron ampliar a través de una convocatoria del Centro de Estudios Andaluces. Durante más de dos años, los investigadores de la UMA han analizado 11.145 exposiciones, han censado 2.570 entidades, de las 1.311 han presentado una actividad expositiva constante, y han tomado nota de 14.406 «actores» en la escena plástica andaluza.

A la hora de analizar los datos, el vaso puede verse medio vacío, con el «desequilibrio» constatado en el
ecosistema artístico regional, pero también medio lleno, con una puerta abierta al optimismo. Esta llega al
comprobar cómo las artistas y comisarias se van incorporando de manera decidida a las propuestas de las
entidades expositivas, sobre todo en los tramos de edades más jóvenes y con Málaga como cabeza de puente en este incipiente cambio de tendencia.

«Queríamos analizar el ecosistema de las exposiciones, porque son uno de los dispositivos más importantes desde el punto de vista del desarrollo económico y social y porque desde la perspectiva del sistema del arte también resulta fundamental, porque pone en conexión factores muy heterogéneo«, detalla Rodríguez Ortega. Y así, de partida, el análisis realizado por este equipo de investigación concreta el desequilibrio inicial en el sistema artístico andaluz entre 2008 y 2018. En esa década, las mujeres apenas representan el 32% de los artistas y comisarios en las exposiciones programadas, quedando el 68% para los hombres. Rodríguez Ortega avanza que los porcentajes son muy similares a los recabados en el ámbito nacional (69% hombres y 26% mujeres en el periodo 2010-2016).

Málaga lidera el cambio

«El desequilibrio está claro, pero cuando se analiza la tendencia se puede apreciar un cierto optimismo, porque la tendencia es al reequilibrio. Eso sí, no sabemos qué va a pasar en los próximos años, por eso hay que estar monitorizando constantemente», sostiene la catedrática de la UMA, que añade: «Málaga está jugando un papel fundamental en ese reequilibrio. Es la que más está contribuyendo, porque es la que tiene el diferencial más pequeño en la presencia de artistas y comisarias respecto a sus homólogos hombres«.

Rodríguez Ortega pone el foco en el papel que entidades como la Diputación y el CAC Málaga han jugado en ese «reequilibrio» del sistema artístico andaluz. La institución provincial ofrece un 35,96% de artistas y comisarias en su programación durante el periodo analizado en el informe, mientras que el CAC Málaga cuenta con un 29,71% y el Centro del 27 (con un programa mucho menos intenso) llega al 31,6%.

Eso sí, por encima de todos ellos surge la labor de la Escuela de Arte San Telmo, que cumple (y supera) el 40% de presencia femenina que marca como criterio mínimo de paridad la Ley de Igualdad 3/2007, como también sucede en la Galería Krabbe de Frigiliana y (casi) en la Asociación de Artistas Plásticos de Málaga (Málaga).

La Escuela de Arte San Telmo ofrece un 48,81% de mujeres artistas y comisarias en su programación durante la década objeto de estudio y sólo se ve superada en el informe de la UMA por la Sala Aires, la galería privada cordobesa que registra un 55,3% de mujeres.

«En el siguiente informe queremos estudiar qué papel está jugando el sector privado en el ecosistema, porque no sólo queremos analizar el tejido institucional, sino también las galerías. Mi intuición es que en ese rejuvenecimiento del sistema expositivo y en la mayor presencia de mujeres, las galerías están jugando un papel importante y eso también está haciendo que Málaga tenga un lugar protagonista», brinda Rodríguez Ortega, quien recuerda que este primer informe forma parte de un proyecto mayor que irá desglosando sus conclusiones de manera periódica.

La «urgencia» del análisis sobre la situación de las profesionales en el sistema artístico ha llevado a los investigadores de la UMA a decantarse por este asunto como primera piedra de toque de su labor. Así, la publicación inaugural determina que Granada (33%) y Málaga (32%) «son las que tienen el porcentaje más elevado de exposiciones individuales protagonizadas por mujeres». Además, el estudio incide en el papel de la provincia malagueña en el camino hacia «un positivo equilibrio en las edades tempranas». Sin embargo, advierte: «A medida que avanzamos en los tramos de edad, la presencia de las mujeres decrece exponencialmente».

El estudio concreta que la mayor presencia femenina se concentra entre los 40 y los 59 años, «mientras
que el ecosistema de los artistas hombres se muestra algo más envejecido, al concentrar su mayor actividad expositiva en los tramos de edad más tardíos». Es decir, la batalla por la igualdad se va ganando entre los más jóvenes, pero queda mucho por hacer en el caso de las más veteranas.

A largo plazo

«Iremos viendo de manera progresiva si a las mujeres jóvenes en la actualidad les cuesta más consagrarse en el sistema del arte. Eso lo podremos analizar dentro de unos 15 años. Ahora mismo, si nos vamos a la escala más joven del ecosistema está muy igualado, veremos cuando pase un tiempo si sigue habiendo esos  porcentajes o han cambiado. Por eso es tan importante mantener el estudio a lo largo del tiempo«, argumenta la catedrática de la universidad malagueña.

El pormenorizado estudio que acaba de darse a conocer también confirma el protagonismo malagueño en el ámbito regional, concentrando el mayor número de exposiciones, pero también los mayores porcentajes de internacionalización entre las artistas y comisarias. «Por lo que concierne al comisariado, Francia, Alemania, Rusia y Estados Unidos son los países más representados, un escenario en el que se deja sentir la influencia del panorama museístico malagueño, con el Centre Pompidou Málaga, la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo y el Museo Picasso Málaga», ofrece el informe.

«Los datos son públicos y están en abierto», anima Rodríguez Ortega, que cierra: «Nuestra intención es darle continuidad. El objetivo es que este trabajo pudiera derivar en un observatorio del ámbito expositivo, entendiéndolo como un subsector muy importante de las industrias culturales y creativas».

Más allá del número de visitantes para medir una exposición

«Ahora todo se mide. Todo tiene un algoritmo y que haya un pensamiento humanista trabajando en el desarrollo de indicadores para medir cuestiones culturales me parece fundamental. Es una manera de cierta resistencia frente al algoritmo y, también, de apropiarse de unas herramientas que bien utilizadas nos pueden servir para un conocimiento mucho más profundo sobre cómo funciona social y culturalmente una comunidad», reivindica la catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Málaga (UMA) Nuria Rodríguez Ortega, que participa en un estudio pionero sobre el ecosistema artístico andaluz y que aboga por ir más allá del número de visitantes como indicador esencial para calibrar el calado de una exposición.

«Además, con el Covid-19, hay que optimizar recursos de todo tipo, tener un conocimiento estratégico que te permita diseñar políticas culturales eficientes y que también te permita el desarrollo de nuevos indicadores culturales. Una de las cuestiones que nos sorprendió es que, en el caso de las exposiciones, el único indicador cultural que hay para evaluar la eficiencia o la efectividad de la dinámica expositiva es el número de visitantes. No hay otro. Antes nos hacían falta otros, pero ahora todavía más, cuando el número de visitantes está sometido a una movilidad reducida y al distanciamiento social, no puede ser un valor para ver la efectividad de una exposición», defiende la investigadora.

«Hay que articular otros indicadores –ahonda Rodríguez Ortega–, en particular sobre cómo las exposiciones pueden estar contribuyendo a provocar procesos de transformación social, cultural, simbólico… Lo que realmente son valores culturales. Hay que desarrollar un nuevo sistema de indicadores. Antes ya era importante, porque sólo con los visitantes no te garantizaba que una exposición o una política de exposiciones estaban contribuyendo a un desarrollo social y cultural de un territorio, pero ahora hacen más falta que nunca».

«El proyecto en el que estamos ahora está estudiando justo qué tipo de indicadores serían interesantes», avanza la catedrática, que detalla algunas de las líneas de trabajo del equipo de investigación: «Se trataría de indicadores relacionados con la creatividad, cómo se mide la capacidad creativa de una comunidad y cómo esa capacidad puede visualizarse y materializarse a través de distintas dinámicas expositivas o cómo las exposiciones contribuyen a cuestiones de cohesión social o de construcción de identidades, a la construcción de capital simbólico. Todo esto es un proyecto de investigación dónde hay que determinar qué posibles indicadores pueden funcionar, qué queremos medir, cuáles son los elementos que podemos transformar en datos y a partir de esos datos, generar métricas».

Fuente: Diario Sur. Antonio Javier López

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