El desastre del 98

La Generación del 98 y la crisis de España ante la pérdida de las últimas colonias

La idea de España en el Epistolario de Antonio Machado

Gladys Granata de Egties

Machado profundizará poéticamente el tema de España recién en Campos de Castilla (1912-1917), pero los numerosos artículos que escribió desde su temprana juventud y las cartas que enviará a destacados corresponsales son testimonio innegable de su aflicción por el destino de su país. Esta tribulación no era siempre un mero lamento, sino que, a veces, después de hacer un doloroso diagnóstico, proponía caminos para salir de la triste situación. En este sentido, es ejemplar el artículo «Nuestro patriotismo y la Marcha de Cádiz», publicado el 2 de mayo de 1908, en La Prensa de Soria; comienza diciendo allí Machado:

Los últimos años de la vida española han cambiado profundamente nuestra psicología. Acabamos de cosechar muy amargos frutos; y el recuerdo del reciente desastre nacional, surge en nuestro espíritu como una nube negra que nos vela el épico sol de otros días. (2009b:119-120).

Y más adelante:

Somos los hijos de una tierra pobre e ignorante, de una tierra donde todo está por hacer. He aquí lo que sabernos… Sabemos que la patria no es una finca heredada de nuestros abuelos, buena no más que para ser defendida a la hora de la invasión extranjera. Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o abandona, la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra (2009b:119-120).

Estas páginas escritas en Soria, de las que solamente he citado algunos párrafos, contienen un agudo análisis de la realidad y dejan la puerta abierta a un futuro mejor a través de dos elementos que para él son primordiales: la educación y el trabajo. Sobre estos dos ítems profundizará en sus escritos en prosa, en sus apócrifos y en sus conferencias. Soria tiene una importancia fundamental en su apreciación sobre la realidad española, no solamente en lo que a sus conflictos se refiere, y lo confiesa, muchos años después (1932), en una carta que les enviara a Bienvenido Calvo, Pelayo Artigas, Manuel Ruiz y Ricardo Vallejo, con motivo de un homenaje que le estaban organizando. Dice Machado: «Nada me debe Soria, creo yo, y si algo me debiera, sería muy poco en proporción a lo que yo le debo. El haber aprendido en ella a sentir a Castilla, que es la manera más directa y mejor de sentir a España«. (Machado, 2009a: 237)

A primera vista parece que Machado es siempre un pesimista, pero no es así, por el contrario, confía en un futuro promisorio que nacerá de las cenizas del viejo imperio y…

 

Antes de analizar el tema de España en las cartas de Machado es necesario hacer algunas consideraciones sobre el pensamiento y las acciones de nuestro autor para demostrar que, en su caso, cuestionar lo español no se limitaba solamente a un ejercicio retórico (Cf. Fernández de la Mora 1979: 85) como sostienen algunos estudiosos y que su praxis fue intensa y efectiva donde podía llevarla a cabo. No hay que olvidar que Machado no era un político, de hecho detestaba la clase dirigente a la que consideraba «una vasta colonia parasitaria» (Machado 2009b: 165)1[1]; era un profesor y un escritor que con la palabra como única arma incitaba a mover voluntades y a cambiar actitudes.

Para los intelectuales españoles que vivieron, ya adultos, el final del Imperio con la pérdida de las últimas colonias de Cuba y Filipinas, el problema de España —su situación política y cultural— que desde hacía más de un siglo2[2] inquietaba a gobernantes y letrados se convirtió en una verdadera obsesión. De esta manera, la experiencia de la crisis provocó en los escritores una serie de especulaciones y cuestionamientos, tanto en prosa como en verso, donde se mezclaron el dolor y el rechazo crítico con la exaltación y el amor a la patria. Dice Azorín que no hay obra suya en la que no aparezca el nombre de su país’ y lo mismo sucede —en igual o menor medida— con la producción literaria de todos los escritores de la Generación del 98.

[1] La cita proviene del artículo «Política y cultura», publicado en El Porvenir Castellano (Soria), del 1 de julio de 1912. Disponible en Escritos dispersos, editados por Jordi Doménech (2009b).

[2] El inicio de esta preocupación por el destino de la Península hay que rastrearlo en los tiempos en que se detiene la expansión territorial española y comienza a declinar el imperio. Recordemos que durante el Siglo XVIII escritores como Cadalso y Jovellanos, y a comienzos del XIX Larra, se plantearon la necesidad de una reforma radical del estado, en la esperanza de paliar el desastre que ellos intuyeron que llegaría inevitablemente. El tan defendido talante español debía cambiar y adecuarse a los nuevos tiempos; resultaba, además, imperioso erradicar la corrupción y fomentar la educación de un pueblo que seguía atado a viejas costumbres y a las glorias de un pasado convertido ya en leyenda.

IX Congreso Argentino de Hispanistas. El Hispanismo ante el Bicentenario. La Plata, 27-30 de abril de 2010

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