{"id":58381,"date":"2013-08-31T09:46:00","date_gmt":"2013-08-31T09:46:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2013-08-31T09:46:00","modified_gmt":"2013-08-31T09:46:00","slug":"la-sala-secreta-del-prado-167","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2013\/08\/31\/la-sala-secreta-del-prado-167\/","title":{"rendered":"La sala secreta del Prado"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: justify;\">\u201cEs que me encanta el Barroco. Me encanta\u201d. La madre habla y la ni\u00f1a la mira con verg\u00fcenza ajena. \u201cEl odio me distrae much\u00edsimo\u201d, piensa. Luego avanzan por la galer\u00eda. Cuando llegan ante&nbsp;<em>Saturno devorando a sus hijos<\/em>, ese&nbsp;<em>poema<\/em>&nbsp;paternofilial, la muchacha dice que el cuadro es muy bonito y la madre la corrige: no se puede usar esa palabra para una pintura as\u00ed, hay que buscar otra: \u00bfTremebundo? \u201cTremebundo, doloroso, pavoroso, pat\u00e9tico, c\u00f3smico, infernal, can\u00edbal, inquietante,<em>preesperp\u00e9ntico<\/em>\u201d, tercia el padre. Desde que la madre se ha puesto a estudiar historia del arte, la palabra bonito se ha convertido en tab\u00fa.<\/div>\n<p><\/p>\n<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto; text-align: center;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2013\/08\/03\/actualidad\/1375557841_203593_1375558313_noticia_normal.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto;\"><img decoding=\"async\" border=\"0\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2013\/08\/03\/actualidad\/1375557841_203593_1375558313_noticia_normal.jpg\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align: center;\">Visitantes ante la copia de la Gioconda que se conserva en el Museo del Prado \/ <br \/>GORKA LEJARCEGI (EL PA\u00cdS)<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<div style=\"text-align: justify;\">La escena anterior est\u00e1 sacada de la novela de Marta Sanz&nbsp;<em>Daniela Astor y la caja negra<\/em>&nbsp;(Anagrama), uno de los libros que, por lo menos en uno de sus cap\u00edtulos, ha pasado este curso a engrosar ese g\u00e9nero literario llamado Museo del Prado. Sin destronar a la imbatible gu\u00eda de obras maestras escrita hace tres a\u00f1os por Francisco Calvo Serraller para la Fundaci\u00f3n de Amigos de la pinacoteca \u201474 p\u00e1ginas, 2 euros, cabe en una mano\u2014, la cosecha ha sido muy buena: va de la cr\u00f3nica de Peio H. Ria\u00f1o sobre la famosa copia de la&nbsp;<em>Mona Lisa<\/em>&nbsp;\u2014<em>La otra Gioconda, el reflejo de un mito<\/em>&nbsp;(Debate)\u2014 al poemario que Jos\u00e9 Ovejero titul\u00f3 escuetamente&nbsp;<em>Nueva gu\u00eda del Museo del Prado<\/em>&nbsp;(Demipage) pasando por&nbsp;<em>El maestro del Prado y las pinturas prof\u00e9ticas<\/em>&nbsp;(Planeta), el \u00faltimo&nbsp;<em>best seller<\/em>&nbsp;de Javier Sierra.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Aunque su tensi\u00f3n narrativa es tan tenue como la de los di\u00e1logos de Plat\u00f3n y los personajes son meros arquetipos portadores de informaci\u00f3n<em>secreta<\/em>&nbsp;sobre El Bosco, Rafael, El Greco o Juan de Juanes, el libro de Sierra \u2014se dice que ha vendido 200.000 ejemplares\u2014 podr\u00eda ser al Prado lo que&nbsp;<em>El c\u00f3digo Da Vinci<\/em>&nbsp;al Louvre, un museo que ha sabido explotar como ninguno su&nbsp;<em>glamour<\/em>&nbsp;por el lado de la ficci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Walter Benjamin dijo ir\u00f3nicamente que \u201cla expresi\u00f3n de quienes se pasean en las pinacotecas revela una mal disimulada decepci\u00f3n por el hecho de que en ellas solo haya cuadros colgados\u201d, pero no deja de producir melancol\u00eda que a un museo no le baste con su colecci\u00f3n para convencer a los decepcionados. \u00bfQu\u00e9 falta? \u00bfUn multicine, un McDonald\u2019s, un casino, una tienda de Zara? \u00bfNo basta con que, como dec\u00eda el castizo, todos los cuadros hayan sido pintados a mano?<\/p>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En medio del fervor literario por el Prado, la primavera trajo una noticia triste: el museo perder\u00e1 en 2013 un cuarto de sus visitantes. La ca\u00edda del consumo y del turismo y la ausencia de exposiciones temporales de masas \u2014ante la crisis, fondo de armario\u2014 har\u00e1n que este a\u00f1o no se alcancen las 2,8 millones de visitas del pasado.<\/p>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Lo triste, con todo, no es la p\u00e9rdida anunciada sino el hecho de que sea noticia. Algo va mal en un pa\u00eds que mide con la calculadora la vitalidad de una instituci\u00f3n cuya mera existencia es la mejor se\u00f1al de que no hemos perdido del todo la cabeza. Solo pensar que Tiziano y nosotros pertenecemos a la misma especie animal infunde mucha seguridad. \u00bfLo saben&nbsp;<em>los mercados<\/em>? Ganas dan de pedir para el Prado rango de secretar\u00eda de Estado, de zona despolitizada \u2014igual que si estuviera entre las dos Coreas\u2014, de suelo sagrado y, metidos en la hip\u00e9rbole, hasta de para\u00edso fiscal, aunque hubiera que instalar ese limbo en la sala XIII, que, como recuerda Javier Sierra en su libro, no existe (lo que la convierte en la verdadera habitaci\u00f3n secreta de la pinacoteca).<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En 2019 har\u00e1 doscientos a\u00f1os que abri\u00f3 el museo. Goya estaba vivo y su obra marcaba el l\u00edmite cronol\u00f3gico de la colecci\u00f3n, que ten\u00eda 311 piezas. Hoy tiene 21.000. Con esas cifras ir\u00edamos servidos si no vivi\u00e9ramos en un tiempo en el que la mejor manera de cumplir con un programa pol\u00edtico sobre la calidad de la educaci\u00f3n y de la sanidad consiste en aprobar a los estudiantes y en mandar a su casa a los enfermos contra el criterio de maestros y m\u00e9dicos. Ya puestos a sumar, 2,8 millones de visitas parecen pocas visto lo que atesora el edificio de Villanueva (<em>esquina<\/em>&nbsp;Rafael Moneo) y el rigor con que lo hace. Pocas o demasiadas si nos olvidamos de la cultura al peso. Si no nos olvidamos y se trata de recaudar, la f\u00f3rmula es sencilla: usemos a Vel\u00e1zquez como recaudador y exiliado de lujo, como a esos ingenieros que se van a Alemania. Aunque no extra\u00f1ar\u00eda que los mismos que exigen&nbsp;<em>resultados<\/em>&nbsp;al Prado y a su equipo pusieran luego el grito en el cielo si hubiera que mandar a las meninas a hacer la calle.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Eran otros tiempos, pero en 1963 el Louvre envi\u00f3 la&nbsp;<em>Mona Lisa<\/em>&nbsp;a Nueva York y Washington. En dos meses la vieron 1,6 millones de visitantes a un ritmo que recuerda aquel chiste en el que una pareja se lanza sobre el mostrador de informaci\u00f3n del museo parisiense diciendo: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la&nbsp;<em>Gioconda?<\/em>&nbsp;Que tenemos el coche en doble fila\u201d.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Son otros tiempos, cierto, pero hace solo seis a\u00f1os los Ufizzi \u2014que ahora alquila salones para fiestas privadas\u2014 mand\u00f3 a Jap\u00f3n&nbsp;<em>La Anunciaci\u00f3n<\/em>&nbsp;de Leonardo. Ante la oposici\u00f3n de muchos expertos, el ministro italiano de Cultura llam\u00f3 al viaje \u201csacrificio necesario\u201d. Uno de los opositores fue Alessandro Vezzosi, director del Museo Ideale Leonardiano de Vinci, que, con el cuadro de vuelta ya en Florencia, cuestionaba el argumento de autoridad de los n\u00fameros: \u201cExpusieron&nbsp;<em>La Anunciaci\u00f3n<\/em>&nbsp;tres meses. La vieron cada d\u00eda 10.000 personas, dicen. Sale a tres segundos por cabeza. Nadie va a convencerme de que eso es cultura\u201d. No lo es, en efecto, es algo tremebundo, pavoroso, inquietante,&nbsp;<em>preesperp\u00e9ntico<\/em>, c\u00f3smico.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: right;\">Javier Rodr\u00edguez Marcos: <i><a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2013\/08\/03\/actualidad\/1375557841_203593.html\" >La sala secreta del Prado<\/a><\/i>, EL PA\u00cdS, 4 de agosto de 2013<\/div>\n<div class=\"blogger-post-footer\">http:\/\/feeds.feedburner.com\/blogspot\/aSxe<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div style=\"text-align: justify\">\u201cEs que me encanta el Barroco. Me encanta\u201d. La madre habla y la ni\u00f1a la mira con verg\u00fcenza ajena. \u201cEl odio me distrae much\u00edsimo\u201d, piensa. Luego avanzan por la galer\u00eda. Cuando llegan ante&nbsp;<em>Saturno devorando a sus hijos<\/em>, ese&nbsp;<em>poema<\/em>&nbsp;paternofilial, la muchacha dice que el cuadro es muy bonito y la madre la corrige: no se puede usar esa palabra para una pintura as\u00ed, hay que buscar otra: \u00bfTremebundo? \u201cTremebundo, doloroso, pavoroso, pat\u00e9tico, c\u00f3smico, infernal, can\u00edbal, inquietante,<em>preesperp\u00e9ntico<\/em>\u201d, tercia el padre. Desde que la madre se ha puesto a estudiar historia del arte, la palabra bonito se ha convertido en tab\u00fa.<\/div>\n<p><\/p>\n<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"margin-left: auto;margin-right: auto;text-align: center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align: center\"><a href=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2013\/08\/03\/actualidad\/1375557841_203593_1375558313_noticia_normal.jpg\" style=\"margin-left: auto;margin-right: auto\"><img decoding=\"async\" border=\"0\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2013\/08\/03\/actualidad\/1375557841_203593_1375558313_noticia_normal.jpg\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align: center\">Visitantes ante la copia de la Gioconda que se conserva en el Museo del Prado \/ <br \/>GORKA LEJARCEGI (EL PA\u00cdS)<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<div style=\"text-align: justify\">La escena anterior est\u00e1 sacada de la novela de Marta Sanz&nbsp;<em>Daniela Astor y la caja negra<\/em>&nbsp;(Anagrama), uno de los libros que, por lo menos en uno de sus cap\u00edtulos, ha pasado este curso a engrosar ese g\u00e9nero literario llamado Museo del Prado. Sin destronar a la imbatible gu\u00eda de obras maestras escrita hace tres a\u00f1os por Francisco Calvo Serraller para la Fundaci\u00f3n de Amigos de la pinacoteca \u201474 p\u00e1ginas, 2 euros, cabe en una mano\u2014, la cosecha ha sido muy buena: va de la cr\u00f3nica de Peio H. Ria\u00f1o sobre la famosa copia de la&nbsp;<em>Mona Lisa<\/em>&nbsp;\u2014<em>La otra Gioconda, el reflejo de un mito<\/em>&nbsp;(Debate)\u2014 al poemario que Jos\u00e9 Ovejero titul\u00f3 escuetamente&nbsp;<em>Nueva gu\u00eda del Museo del Prado<\/em>&nbsp;(Demipage) pasando por&nbsp;<em>El maestro del Prado y las pinturas prof\u00e9ticas<\/em>&nbsp;(Planeta), el \u00faltimo&nbsp;<em>best seller<\/em>&nbsp;de Javier Sierra.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify\">Aunque su tensi\u00f3n narrativa es tan tenue como la de los di\u00e1logos de Plat\u00f3n y los personajes son meros arquetipos portadores de informaci\u00f3n<em>secreta<\/em>&nbsp;sobre El Bosco, Rafael, El Greco o Juan de Juanes, el libro de Sierra \u2014se dice que ha vendido 200.000 ejemplares\u2014 podr\u00eda ser al Prado lo que&nbsp;<em>El c\u00f3digo Da Vinci<\/em>&nbsp;al Louvre, un museo que ha sabido explotar como ninguno su&nbsp;<em>glamour<\/em>&nbsp;por el lado de la ficci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\">Walter Benjamin dijo ir\u00f3nicamente que \u201cla expresi\u00f3n de quienes se pasean en las pinacotecas revela una mal disimulada decepci\u00f3n por el hecho de que en ellas solo haya cuadros colgados\u201d, pero no deja de producir melancol\u00eda que a un museo no le baste con su colecci\u00f3n para convencer a los decepcionados. \u00bfQu\u00e9 falta? \u00bfUn multicine, un McDonald\u2019s, un casino, una tienda de Zara? \u00bfNo basta con que, como dec\u00eda el castizo, todos los cuadros hayan sido pintados a mano?<\/p>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\">En medio del fervor literario por el Prado, la primavera trajo una noticia triste: el museo perder\u00e1 en 2013 un cuarto de sus visitantes. La ca\u00edda del consumo y del turismo y la ausencia de exposiciones temporales de masas \u2014ante la crisis, fondo de armario\u2014 har\u00e1n que este a\u00f1o no se alcancen las 2,8 millones de visitas del pasado.<\/p>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\">Lo triste, con todo, no es la p\u00e9rdida anunciada sino el hecho de que sea noticia. Algo va mal en un pa\u00eds que mide con la calculadora la vitalidad de una instituci\u00f3n cuya mera existencia es la mejor se\u00f1al de que no hemos perdido del todo la cabeza. Solo pensar que Tiziano y nosotros pertenecemos a la misma especie animal infunde mucha seguridad. \u00bfLo saben&nbsp;<em>los mercados<\/em>? Ganas dan de pedir para el Prado rango de secretar\u00eda de Estado, de zona despolitizada \u2014igual que si estuviera entre las dos Coreas\u2014, de suelo sagrado y, metidos en la hip\u00e9rbole, hasta de para\u00edso fiscal, aunque hubiera que instalar ese limbo en la sala XIII, que, como recuerda Javier Sierra en su libro, no existe (lo que la convierte en la verdadera habitaci\u00f3n secreta de la pinacoteca).<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify\">En 2019 har\u00e1 doscientos a\u00f1os que abri\u00f3 el museo. Goya estaba vivo y su obra marcaba el l\u00edmite cronol\u00f3gico de la colecci\u00f3n, que ten\u00eda 311 piezas. Hoy tiene 21.000. Con esas cifras ir\u00edamos servidos si no vivi\u00e9ramos en un tiempo en el que la mejor manera de cumplir con un programa pol\u00edtico sobre la calidad de la educaci\u00f3n y de la sanidad consiste en aprobar a los estudiantes y en mandar a su casa a los enfermos contra el criterio de maestros y m\u00e9dicos. Ya puestos a sumar, 2,8 millones de visitas parecen pocas visto lo que atesora el edificio de Villanueva (<em>esquina<\/em>&nbsp;Rafael Moneo) y el rigor con que lo hace. Pocas o demasiadas si nos olvidamos de la cultura al peso. Si no nos olvidamos y se trata de recaudar, la f\u00f3rmula es sencilla: usemos a Vel\u00e1zquez como recaudador y exiliado de lujo, como a esos ingenieros que se van a Alemania. Aunque no extra\u00f1ar\u00eda que los mismos que exigen&nbsp;<em>resultados<\/em>&nbsp;al Prado y a su equipo pusieran luego el grito en el cielo si hubiera que mandar a las meninas a hacer la calle.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify\">Eran otros tiempos, pero en 1963 el Louvre envi\u00f3 la&nbsp;<em>Mona Lisa<\/em>&nbsp;a Nueva York y Washington. En dos meses la vieron 1,6 millones de visitantes a un ritmo que recuerda aquel chiste en el que una pareja se lanza sobre el mostrador de informaci\u00f3n del museo parisiense diciendo: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la&nbsp;<em>Gioconda?<\/em>&nbsp;Que tenemos el coche en doble fila\u201d.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify\">Son otros tiempos, cierto, pero hace solo seis a\u00f1os los Ufizzi \u2014que ahora alquila salones para fiestas privadas\u2014 mand\u00f3 a Jap\u00f3n&nbsp;<em>La Anunciaci\u00f3n<\/em>&nbsp;de Leonardo. Ante la oposici\u00f3n de muchos expertos, el ministro italiano de Cultura llam\u00f3 al viaje \u201csacrificio necesario\u201d. Uno de los opositores fue Alessandro Vezzosi, director del Museo Ideale Leonardiano de Vinci, que, con el cuadro de vuelta ya en Florencia, cuestionaba el argumento de autoridad de los n\u00fameros: \u201cExpusieron&nbsp;<em>La Anunciaci\u00f3n<\/em>&nbsp;tres meses. La vieron cada d\u00eda 10.000 personas, dicen. Sale a tres segundos por cabeza. Nadie va a convencerme de que eso es cultura\u201d. No lo es, en efecto, es algo tremebundo, pavoroso, inquietante,&nbsp;<em>preesperp\u00e9ntico<\/em>, c\u00f3smico.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify\"><\/div>\n<div style=\"text-align: right\">Javier Rodr\u00edguez Marcos: <i><a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2013\/08\/03\/actualidad\/1375557841_203593.html\" target=\"_blank\">La sala secreta del Prado<\/a><\/i>, EL PA\u00cdS, 4 de agosto de 2013<\/div>\n<div class=\"blogger-post-footer\">http:\/\/feeds.feedburner.com\/blogspot\/aSxe<\/div>\n","protected":false},"author":211,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[1,661],"tags":[],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/58381"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/users\/211"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=58381"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/58381\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":58387,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/58381\/revisions\/58387"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=58381"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=58381"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=58381"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}