{"id":76595,"date":"2014-06-10T08:32:15","date_gmt":"2014-06-10T08:32:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.hislibris.com\/?p=17610"},"modified":"2014-06-10T08:32:15","modified_gmt":"2014-06-10T08:32:15","slug":"solo-en-berlin-hans-fallada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2014\/06\/10\/solo-en-berlin-hans-fallada\/","title":{"rendered":"SOLO EN BERL\u00cdN \u2013 Hans Fallada"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/solo-en-berlin-ebook-9788415120452.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-17752 alignleft\" alt=\"solo-en-berlin-ebook-9788415120452\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/solo-en-berlin-ebook-9788415120452.jpg\" width=\"100\" height=\"150\" \/><\/a>Hasta hace no muchos a\u00f1os, el lector en lengua castellana sol\u00eda desconocer a autores como Ir\u00e8ne N\u00e9mirovsky, Mikl\u00f3s B\u00e1nffy, Dezs\u0151 Kosztol\u00e1nyi, S\u00e1ndor M\u00e1rai y Vasili Grossman; escritores, todos ellos, activos hace medio siglo o m\u00e1s y testigos de una Europa sometida a una r\u00e1faga de cambios sociales y acontecimientos dram\u00e1ticos (guerras totales, revoluciones y despotismos de toda laya). Diversas circunstancias, raramente espectaculares como la aparici\u00f3n de un manuscrito -el caso de <a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/suite-francesa-irene-nemirovsky\/\" ><em>Suite francesa<\/em><\/a>-, han impulsado recientemente la traducci\u00f3n de obras firmadas por autores como los mencionados, coincidiendo en algunas ocasiones con verdaderas campa\u00f1as de recuperaci\u00f3n internacional. Una incorporaci\u00f3n reciente a la \u201clegi\u00f3n de los\u00a0reivindicados\u201d es la del alem\u00e1n Hans Fallada, seud\u00f3nimo de Rudolf Ditzen (1893, Greifswald \u2013 1947, Berl\u00edn). D\u00e9cadas despu\u00e9s de vertidas algunas de sus obras al castellano, con impacto m\u00e1s bien escaso, las editoriales Maeva y Seix Barral se han embarcado en la difusi\u00f3n de este escritor en el mundo hispanoparlante.\u00a0<span id=\"more-17610\"><\/span><\/p>\n<p>Fallada alcanz\u00f3 notoriedad en la Alemania de entreguerras merced a su novela <em>Peque\u00f1o hombre, \u00bfy ahora qu\u00e9?<\/em> (1932; primera edici\u00f3n en castellano por Editorial Salesiana, Santiago de Chile, 1934). Los nazis lo tuvieron inicialmente por indeseable, y en 1933 sufri\u00f3 once d\u00edas de prisi\u00f3n a ra\u00edz de una denuncia pol\u00edtica (un burdo chivatazo). Escarmentado, procur\u00f3 sustraerse al foco de los nuevos amos del pa\u00eds, retir\u00e1ndose al campo y escribiendo libros pol\u00edticamente inocuos. Supo ganarse la benevolencia o la simpat\u00eda del r\u00e9gimen, al extremo de que en 1943 viaj\u00f3 a Francia y Checoslovaquia por encargo del Servicio del Trabajo del Reich. Fallada era hombre de constituci\u00f3n inestable y llev\u00f3 en consecuencia una vida alborotada, signada por la drogadicci\u00f3n y el alcoholismo, recurrentes tratamientos de desintoxicaci\u00f3n, encarcelaci\u00f3n por malversaci\u00f3n de fondos (dos veces), episodios de violencia dom\u00e9stica y un temprano intento de suicidio, a los 18 a\u00f1os de edad. Falleci\u00f3 a causa de una sobredosis de morfina, poco despu\u00e9s de terminar su \u00faltima novela: <em>Solo en Berl\u00edn<\/em>, la que fue publicada en 1947 en una versi\u00f3n adulterada por el editor. Reci\u00e9n en 2011 vio la luz en Alemania una edici\u00f3n \u00edntegra basada en el manuscrito original, la que prontamente fue traducida al castellano y otros idiomas. La novela ha sido todo un \u00e9xito internacional, granje\u00e1ndole a su autor un amplio reconocimiento p\u00f3stumo. <em>Solo en Berl\u00edn<\/em> es una historia de oposici\u00f3n clandestina al r\u00e9gimen nazi, basada en hechos reales.<\/p>\n<p>Por descontado que se trata de una historia m\u00e1s que desapacible: en verdad es \u00e1spera y sombr\u00eda , abocada a un final previsiblemente aciago. El incidente real que inspira la novela es el que protagonizaran los Hampel, Elise y Otto, un humilde matrimonio berlin\u00e9s que pas\u00f3 de\u00a0una t\u00e1cita aprobaci\u00f3n del Tercer Reich al rechazo frontal, practicando entre 1940 y 1942 una modesta y curiosa forma de disidencia: escrib\u00edan mensajes de reprobaci\u00f3n del gobierno en postales que depositaban en edificios con notoria afluencia de p\u00fablico. Las postales conten\u00edan proclamas del tenor de \u201c\u00a1Dejen de creer en las mentiras de Hitler! \u00c9l s\u00f3lo quiere causar su ruina\u201d, o \u201c\u00bfQu\u00e9 nos han hecho los rusos? Los soldados rusos jugaban a las cartas cuando las bandas de asesinos de Hitler los asaltaron\u201d, etc. Casi trescientas postales de este jaez escribieron los Hampel, la mayor\u00eda de las cuales cayeron en poder de la Gestapo casi inmediatamente despu\u00e9s de ser halladas por los transe\u00fantes. El expediente policial de este caso lleg\u00f3 a manos de Fallada en 1945, tras la derrota de Alemania. Acicateado por su editor, el escritor public\u00f3 en noviembre del mismo a\u00f1o un art\u00edculo sobre los Hampel, para empe\u00f1arse luego en la redacci\u00f3n de la correspondiente novela. Puede concebirse la empresa no s\u00f3lo como un amargo reproche para una Alemania en la que nadie parec\u00eda dispuesto a asumir su cuota de responsabilidad en las atrocidades del nazismo, sino tambi\u00e9n como un intento de exorcizar los demonios personales del escritor; bien sab\u00eda Fallada que su papel en los a\u00f1os del nazismo hab\u00eda sido de todo menos ejemplar.<\/p>\n<p>No es la repercusi\u00f3n de la actividad de los Hampel lo que impresiona \u2013una repercusi\u00f3n pr\u00e1cticamente nula-, sino el candor y el inmenso coraje\u00a0que se adivinan en el paso dado por dos personas como aqu\u00e9llas, un hombre y una mujer de extracci\u00f3n modesta, solitarias y casi enteramente carentes de recursos; dos trabajadores que anta\u00f1o se consideraban beneficiarios del r\u00e9gimen, que participaban de sus organizaciones de base, que no profesaban simpat\u00eda alguna por los jud\u00edos y que s\u00fabitamente adquieren conciencia de la enormidad que los rodea, rompiendo a rengl\u00f3n seguido con todo lo que los enlazaba con Hitler y sus secuaces. Ellos, que poco hab\u00edan tenido que ver con la pol\u00edtica, deciden enfrascarse en una acci\u00f3n subversiva justo cuando el prestigio interno del Tercer Reich ha subido como la espuma gracias a una vertiginosa serie de triunfos militares. Bien lo apunta Fallada en el texto que precedi\u00f3 a su novela: dos personas as\u00ed \u00abinician un d\u00eda de 1940 la lucha contra la enorme maquinaria del Estado nazi, y lo grotesco sucede: \u00a1el elefante se siente amenazado por el rat\u00f3n!\u00bb A ojos del r\u00e9gimen, de un tipo \u2013como sabemos- que no admite apor\u00edas, el autor de las postales es un facineroso al que se debe perseguir y eliminar, a \u00e9l y a sus eventuales c\u00f3mplices.<\/p>\n<p>Los Hampel se transfiguran, en la novela, en Otto y Anna Quangel. Otto Quangel es un carpintero y ebanista eximio, el que se desempe\u00f1a en 1940 como jefe de taller en una f\u00e1brica berlinesa que otrora produjera muebles de calidad; ahora se dedica a construir cajas para bombas y ata\u00fades de madera barata. Es un hombre alto, enjuto, laborioso y de mirada severa, parco en palabras y nada sociable; un ser honesto y hosco a la vez, en suma. Su matrimonio con la esforzada y t\u00edmida Anna no ha sabido de efusiones rom\u00e1nticas pero es una relaci\u00f3n s\u00f3lida y estable, cimentada en una especie de secreta comuni\u00f3n espiritual. Un d\u00eda reciben un comunicado oficial: el hijo, reclutado por el ej\u00e9rcito, ha muerto en la campa\u00f1a francesa. El trauma subsecuente los convierte, de los espectadores obsecuentes o seguidores pasivos que hasta entonces eran, en disidentes resueltos. Pero carecen de todo contacto con lo que queda de oposici\u00f3n clandestina, excepto la ex novia del hijo fallecido, quien integra \u2013infructuosamente- una c\u00e9lula comunista. No, no tienen pasta de saboteadores ni de activistas organizados los Quangel, solitarios empedernidos como han sido toda su vida. El \u00fanico modo de oposici\u00f3n que pueden imaginar es el de hacer llegar a sus compatriotas sus sencillas pero subversivas ideas e incitarlos al descontento y, qui\u00e9n sabe, a la rebeli\u00f3n; tentativa que, obviamente, deben acometer con el mayor de los sigilos, superando en astucia a los esbirros del gobierno.<\/p>\n<p>Anna y Otto Quangel, inmersos desde siempre en una porci\u00f3n min\u00fascula de la realidad, creen de todo coraz\u00f3n que sus postales circular\u00e1n a lo largo y ancho de Berl\u00edn, pasadas de mano en mano con \u00edntima emoci\u00f3n; que ser\u00e1n le\u00eddas con avidez y que abrir\u00e1n los ojos de los berlineses, minando \u2013gota a gota, grano tras grano- la aquiescencia colectiva en que se sustenta lo que no dudan en juzgar como un sistema criminal. A medida que redactan sus postales, los Quangel descubren cada vez m\u00e1s razones para censurar al r\u00e9gimen, incluyendo el maltrato de los jud\u00edos, que antes ve\u00edan con indiferencia o con distante conformidad. Descubren, en definitiva, que el r\u00e9gimen que pretende actuar en beneficio de todos los alemanes es en cambio un sistema de opresi\u00f3n, un r\u00e9gimen corrupto\u00a0que expande por doquier la muerte y la devastaci\u00f3n; y no es esto algo que se permitan callar. \u00abAl igual que los reci\u00e9n conversos \u2013escribe Fallada-, les mov\u00eda el af\u00e1n de convertir a otros, de manera que el tono con el que escrib\u00edan esas postales nunca era mon\u00f3tono, y los temas no escaseaban precisamente\u00bb. Lo que no llegan a imaginar los Quangel es que sus postales permanecer\u00e1n muy poco tiempo en manos de quienes las encuentran; que en vez de suscitar admiraci\u00f3n e inspirar complicidad, s\u00f3lo provocar\u00e1n pavor; y que casi todas ellas ser\u00e1n entregadas a la Gestapo s\u00f3lo instantes despu\u00e9s de ser descubiertas. La Gestapo, por su parte, emplea denodados esfuerzos en el acoso del que uno de sus sabuesos ha apodado \u201cel Duende\u201d, el responsable de las postales.<\/p>\n<p>El referido sabueso es uno de los muchos y variados personajes que pueblan la novela. Se trata del comisario Escherich, un polic\u00eda curtido e imbuido de la importancia de la instituci\u00f3n para la que trabaja, esa Gestapo cuya sola menci\u00f3n encoge los \u00e1nimos de las gentes. Devoto de su trabajo, este \u201ccazador de hombres\u201d \u2013como gusta de concebirse a s\u00ed mismo- ejerce un papel que revela tanto de la arbitrariedad esencial del r\u00e9gimen nazi como de la fr\u00e1gil y vapuleada condici\u00f3n humana sometida a circunstancias extremas. Se trata de un personaje clave, pues, y su modelado es uno de los puntos altos de la novela. Por lo general, la galer\u00eda de caracteres de <em>Solo en Berl\u00edn<\/em> es funcional al prop\u00f3sito de representar una atm\u00f3sfera social s\u00f3rdida y atosigante, emponzo\u00f1ada por la guerra y por la supresi\u00f3n de la vida privada. Esbirros de las SS y de la polic\u00eda secreta se coluden con nazis fan\u00e1ticos y con despreciables chivatos y par\u00e1sitos sociales de toda condici\u00f3n, de suerte que una tentativa como la de los Quangel\/Hampel resalta en toda su dignidad, como la humilde pero conmovedora proeza que en verdad fue. Pero hay tambi\u00e9n, en esa galer\u00eda, otros personajes simp\u00e1ticos, contrapunto de la maldad y la necedad reinantes. Por de pronto, es el caso de Eva Kluge, una sencilla trabajadora, y del anciano y culto Fromm, Fromm \u201cel Sanguinario\u201d, un juez jubilado en 1933 y que era conocido por su severidad profesional -de ah\u00ed su apodo-. Sus ocasionales apariciones contribuyen a aligerar una trama que, sin ellos, resultar\u00eda de una sordidez casi insoportable.<\/p>\n<p>Una historia inevitablemente amarga, como se puede suponer. Pero no es esto motivo de reproche: otro acento, otro tono, dado el tema, hubiese sido inveros\u00edmil. La honestidad y el rigor justifican la acritud de la novela, y no se propone Fallada mentir sobre el pasado inmediato. Lo que cabe reprochar en <em>Solo en Berl\u00edn<\/em> es, por decirlo grosso modo, el estilo tanto como la construcci\u00f3n de la historia. La escritura de Fallada, o lo que se puede juzgar de ella a partir de la traducci\u00f3n, es de una desnudez tal que parece ingenua y deslucida. La trama se desenvuelve de modo tambi\u00e9n asaz sencillo, desembozado, sin apenas espacio para el suspenso o la incertidumbre. Es como si Fallada padeciera el prurito de contarlo todo y anticiparlo todo, con el resultado de que el lector casi no disfruta de margen para el libre ejercicio de la imaginaci\u00f3n o de la interpretaci\u00f3n. S\u00f3lo en el tercio final del libro casa semejanza llaneza con la crudeza de lo narrado, una vez que el juego del gato y el rat\u00f3n \u2013el que ha enfrentado a los Quangel con el Estado nazi- desemboca en su lance definitivo. Pero no todo es fallido en las formas de esta novela. Los di\u00e1logos, abundantes, producen una sensaci\u00f3n de naturalidad. Acaso se resienta la lectura de la casi total ausencia de descripciones, pero hay que admitir que es una opci\u00f3n leg\u00edtima la de concentrarse en los hechos y las acciones: lo que hace Fallada es ir directamente al grano, sin pausas ni rodeos. El universo de personajes es el ingrediente mejor logrado, el elemento que, junto con la\u00a0naturaleza de los acontecimientos, transmite de modo fidedigno el ambiente opresivo y degradado de la sociedad en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Moderando las expectativas, S<em>olo en Berl\u00edn<\/em> es una novela que\u00a0vale la pena leer.<\/p>\n<p>&#8211; Hans Fallada, <i>Solo en Berl\u00edn<\/i>. Maeva, Barcelona, 2011. 552 pp.<\/p>\n<p>Technorati Tags: <a href=\"http:\/\/technorati.com\/tag\/Hans+Fallada\" rel=\"tag\">Hans Fallada<\/a>, <a href=\"http:\/\/technorati.com\/tag\/novela\" rel=\"tag\"> novela<\/a>, <a href=\"http:\/\/technorati.com\/tag\/Berl%C3%ADn\" rel=\"tag\"> Berl\u00edn<\/a>, <a href=\"http:\/\/technorati.com\/tag\/II+Guerra+Mundial\" rel=\"tag\"> II Guerra Mundial<\/a>, <a href=\"http:\/\/technorati.com\/tag\/Alemania\" rel=\"tag\"> Alemania<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.casadellibro.com\/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788415120056\" ><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" alt=\"Compra el libro\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/images\/lv.gif\" width=\"206\" height=\"71\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.casadellibro.com\/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788415120056\" >Ayuda a mantener Hislibris comprando <strong>SOLO EN BERL\u00cdN <\/strong>de Hans Fallada en La Casa del Libro.<\/a><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/Hislibris\/~4\/9uJNMX_7m1c\" height=\"1\" width=\"1\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hasta hace no muchos a&ntilde;os, el lector en lengua castellana sol&iacute;a desconocer a autores como Ir&egrave;ne N&eacute;mirovsky, Mikl&oacute;s B&aacute;nffy, Dezs&#337; Kosztol&aacute;nyi, S&aacute;ndor M&aacute;rai y Vasili Grossman; escritores, todos ellos, activos hace medio siglo o m&aacute;s y testigos de una Europa sometida a una r&aacute;faga de cambios sociales y acontecimientos dram&aacute;ticos (guerras totales, revoluciones y despotismos [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":1200,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[868027,23314,23313,2285,2029,13081],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76595"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1200"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=76595"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/76595\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=76595"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=76595"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=76595"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}