{"id":80173,"date":"2015-02-22T09:00:00","date_gmt":"2015-02-22T07:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/?guid=9388e08f4e6f9b1ac9014345de9cef7d"},"modified":"2015-02-22T09:00:00","modified_gmt":"2015-02-22T07:00:00","slug":"el-retrato-incesante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2015\/02\/22\/el-retrato-incesante\/","title":{"rendered":"El retrato incesante"},"content":{"rendered":"<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"float: left; margin-right: 1em; text-align: left;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/ep00.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2015\/02\/17\/babelia\/1424170018_007521_1424264081_noticia_grande.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: auto; margin-right: auto;\"><img decoding=\"async\" alt=\"Retrato de Hortense Fiquet (Madame C\u00e9zanne), en 1888. \/ THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART\" border=\"0\" src=\"http:\/\/ep00.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2015\/02\/17\/babelia\/1424170018_007521_1424264081_noticia_grande.jpg\" title=\"Retrato de Hortense Fiquet (Madame C\u00e9zanne), en 1888. \/ THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART\" width=\"425\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align: center;\"><i>Retrato de Hortense Fique<\/i>t (Madame C\u00e9zanne), en 1888. \/ <br \/>THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<div style=\"text-align: justify;\">La se\u00f1ora C\u00e9zanne se pon\u00eda un vestido, se sujetaba el pelo en un mo\u00f1o, se sentaba en una silla o en un sill\u00f3n con las manos juntas sobre el regazo y se quedaba inm\u00f3vil durante horas, nunca sab\u00eda con antelaci\u00f3n cu\u00e1ntas, inm\u00f3vil y callada, porque a su marido no le gustaba que lo distrajeran, mirando al vac\u00edo, o mir\u00e1ndolo a \u00e9l de soslayo, casi siempre cuando \u00e9l no ten\u00eda los ojos alzados hacia ella, los ojos fijos y a la vez tan ausentes, entre la observaci\u00f3n casi cl\u00ednica y el puro ensimismamiento. Una vez \u00e9l le hab\u00eda ordenado a una modelo: \u201c\u00a1S\u00e9 una manzana!\u201d.&nbsp;<a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2014\/11\/29\/actualidad\/1417275581_996672.html\">A su mujer no ten\u00eda que darle esas instrucciones, porque llevaba viviendo con \u00e9l y posando<\/a>para \u00e9l desde que ella ten\u00eda 19 a\u00f1os, una de esas muchachas de clase obrera a las que los pintores usaban como modelos y a las que hac\u00edan sus amantes. Ella posaba en una escuela de pintura y ganaba algo m\u00e1s de dinero trabajando como encuadernadora. En muchos de los retratos que le hizo \u00e9l tiene las manos juntas, en el regazo del vestido, unas manos fuertes que se ven m\u00e1s detalladas en los dibujos.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">En alguno de los retratos al \u00f3leo est\u00e1 cosiendo, sin duda porque \u00e9l le hab\u00eda indicado que lo hiciera. Ser\u00eda un alivio ocuparse con algo, distraer la mirada y las manos, aunque lo m\u00e1s probable es que \u00e9l no le permitiera coser de verdad, ya que cualquier movimiento o cualquier ruido alterar\u00edan su concentraci\u00f3n.&nbsp;<a href=\"http:\/\/elpais.com\/tag\/paul_cezanne\/a\/\">\u00c9l eleg\u00eda el vestido que deb\u00eda ponerse<\/a>&nbsp;y la silla recta o el sill\u00f3n m\u00e1s confortable en el que deb\u00eda sentarse, y tambi\u00e9n el fondo, casi nunca el mismo de un retrato a otro, una cortina, una pared con un dibujo de papel pintado barato, una tapia de jard\u00edn. Unas veces ella ten\u00eda que mantener la cabeza erguida y mirando al frente. Otras le ped\u00eda que la ladeara, lo hac\u00eda \u00e9l mismo, sujetando con sus dedos la fuerte barbilla hasta que alcanzara la postura exacta. Y quiz\u00e1s tambi\u00e9n hab\u00eda veces en que esperaba a que ella fuera cambiando de posici\u00f3n de manera inconsciente, ofreciera un escorzo inesperado al volverse hacia un ruido, se quedara absorta por completo en algo, con esa expresi\u00f3n tan seria, con esos rasgos tan s\u00f3lidos que \u00e9l conoc\u00eda de memoria, y que se ajustaban tan \u00fatilmente a su deseo de simplificar las formas y hallar la osamenta de lo duradero bajo las percepciones fugaces, las que hab\u00edan seducido a los impresionistas hasta un cierto grado de superficialidad, para \u00e9l irritante, una fascinaci\u00f3n fr\u00edvola por lo azaroso y lo instant\u00e1neo.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">A otros los estimulaba lo extraordinario o lo desconocido. \u00c9l buscaba ahondar una y otra vez en lo m\u00e1s cercano, lo familiar, unas manzanas sobre un lienzo blanco o en un frutero, en la mesa de la cocina, un camino que recorr\u00eda a diario, la misma monta\u00f1a vista todos los d\u00edas desde la ventana de su casa en el campo.&nbsp;<a href=\"http:\/\/elpais.com\/diario\/1997\/05\/14\/cultura\/863560804_850215.html\">Y casi m\u00e1s que nada, que nadie, esa presencia tan asidua en su vida, Madame C\u00e9zanne<\/a>, que en realidad s\u00f3lo adquiri\u00f3 legalmente ese t\u00edtulo cuando llevaban ya muchos a\u00f1os juntos y ten\u00edan un hijo de 16. Cuando la pint\u00f3 por primera vez mostraba una cara desconcertada y redonda, todav\u00eda algo infantil. La pint\u00f3 en un boceto al \u00f3leo, con el pelo suelto y los hombros desnudos, y aunque no se ve nada m\u00e1s se nota la incomodidad de la pose, el pudor de encontrarse desnuda, no en la tarima de un aula sino en el cuarto de un hombre, mayor que ella, de una clase muy por encima de la suya, que la ha hecho o va a hacerla su amante, y que cuando la deje embarazada no se casar\u00e1 con ella, y menos a\u00fan la presentar\u00e1 a sus padres, burgueses adinerados y cat\u00f3licos que ven a su hijo m\u00e1s o menos como un in\u00fatil encaprichado con la pintura, al que le pasan una ayuda mezquina para que no se muera de hambre.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/elpais.com\/tag\/c\/23238831204e9173de8192bfa130bc6a\">C\u00e9zanne retrat\u00f3 a su mujer 29 veces a lo largo de unos treinta a\u00f1os<\/a>. Pero son innumerables los dibujos a l\u00e1piz que hizo de ella, en cuadernos de apuntes, en grandes hojas de cuaderno, en los reversos de otros dibujos. En los retratos al \u00f3leo Madame C\u00e9zanne es una figura maciza, con algo de estatua, retra\u00edda en s\u00ed misma, a veces tan impenetrable en su solidez como un \u00e1rbol o una monta\u00f1a. La evidencia de lo id\u00e9ntico vuelve m\u00e1s rico el despliegue de las variaciones, un contraste de obstinaci\u00f3n y novedad, de monoton\u00eda y rareza, al que yo s\u00f3lo le encuentro comparaci\u00f3n en los bodegones de Morandi y en las series de variaciones musicales de Beethoven. Igual que Beethoven explora todas las posibilidades que caben en un vals muy simple, C\u00e9zanne observa a una sola mujer a lo largo de treinta a\u00f1os y cada vez que le pide que se quede inm\u00f3vil y se pone a retratarla encuentra la perduraci\u00f3n de lo mismo y las facetas inagotables de lo que parece que no cambia, las modificaciones continuas de cualquier presencia observada con algo de atenci\u00f3n. Cambia un gesto, se ensancha o se endurece una cara, cambia la moda, todo es distinto si esa mujer de vestuario tan severo se pone de pronto un vestido rojo, si se hace otro peinado, si le da el sol en un jard\u00edn, si la cal de los muros y la policrom\u00eda de las flores llenan el aire de reflejos. Algunas veces la mujer es retratada en presente: su aspecto se corresponde con la edad que ten\u00eda cuando se pint\u00f3 el retrato. Pero otras veces, en un retrato fechado a\u00f1os despu\u00e9s, resulta ser mucho m\u00e1s joven, como si C\u00e9zanne, aunque la tiene delante, estuviera pintando un recuerdo.<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Las reproducciones tergiversan la pintura de C\u00e9zanne: la hacen parecer m\u00e1s grave, m\u00e1s laboriosa, m\u00e1s espesa de materia. Vistos en la realidad los cuadros revelan una ligereza inusitada,&nbsp;<a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2014\/01\/31\/actualidad\/1391173315_432593.html\">como de acuarela, como de bocetos al pastel<\/a>. Una ma\u00f1ana helada de invierno, en el Metropolitan, uno tras otro, los retratos de Madame C\u00e9zanne lo llevan a uno a trav\u00e9s de toda una vida, las dos vidas, de todo un proceso de aprendizaje y descubrimiento, la mujer de la que quedan muy pocos testimonios aparte de los retratos y los dibujos y dos o tres fotograf\u00edas y el hombre que nunca se cans\u00f3 de pintarla, aunque en los cuadros deja muy pronto de haber rastros de sensualidad. Hay lejan\u00eda, muchas veces, hay indicios de una confianza algo fatigada, la inercia de los que se conocen demasiado, el asedio lento de la mirada y la inteligencia que encuentra siempre nuevos matices, posibilidades nuevas de organizaci\u00f3n de una experiencia visual depurada al extremo. Una vez m\u00e1s hab\u00eda que pintar el mismo cuello bordado del mismo vestido, las mismas bandas de pelo sobre las sienes muy anchas, la raya en medio, los brazos ca\u00eddos, el gesto de las manos sobre la falda. Nuevos vol\u00famenes y contrastes de color lo cambiaban todo. Entre una pincelada y otra pod\u00eda pasar un rato largo. Y all\u00ed parece que siguen, \u00e9l y ella, Paul C\u00e9zanne y Madame C\u00e9zanne, los dos inm\u00f3viles, cada uno a un lado del lienzo, tan aislados entre s\u00ed como si los separara un cristal o un muro invisible de tiempo.<\/p>\n<div style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-size: x-small;\">Antonio Mu\u00f1oz Molina:&nbsp;<i><a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2015\/02\/17\/babelia\/1424170018_007521.html\" >El retrato incesante<\/a><\/i>, EL PA\u00cdS-Babelia, 21 de febrero de 2015<\/span><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"blogger-post-footer\">http:\/\/feeds.feedburner.com\/blogspot\/aSxe<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<table align=\"center\" cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td><a href=\"http:\/\/ep00.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2015\/02\/17\/babelia\/1424170018_007521_1424264081_noticia_grande.jpg\"><img decoding=\"async\" alt=\"Retrato de Hortense Fiquet (Madame C&eacute;zanne), en 1888. \/ THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART\" border=\"0\" src=\"http:\/\/ep00.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2015\/02\/17\/babelia\/1424170018_007521_1424264081_noticia_grande.jpg\" title=\"Retrato de Hortense Fiquet (Madame C&eacute;zanne), en 1888. \/ THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART\" width=\"425\"><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td><i>Retrato de Hortense Fique<\/i>t (Madame C&eacute;zanne), en 1888. \/ <br \/>THE METROPOLITAN MUSEUM OF ART<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<div>La se&ntilde;ora C&eacute;zanne se pon&iacute;a un vestido, se sujetaba el pelo en un mo&ntilde;o, se sentaba en una silla o en un sill&oacute;n con las manos juntas sobre el regazo y se quedaba inm&oacute;vil durante horas, nunca sab&iacute;a con antelaci&oacute;n cu&aacute;ntas, inm&oacute;vil y callada, porque a su marido no le gustaba que lo distrajeran, mirando al vac&iacute;o, o mir&aacute;ndolo a &eacute;l de soslayo, casi siempre cuando &eacute;l no ten&iacute;a los ojos alzados hacia ella, los ojos fijos y a la vez tan ausentes, entre la observaci&oacute;n casi cl&iacute;nica y el puro ensimismamiento. Una vez &eacute;l le hab&iacute;a ordenado a una modelo: &ldquo;&iexcl;S&eacute; una manzana!&rdquo;.&nbsp;<a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2014\/11\/29\/actualidad\/1417275581_996672.html\">A su mujer no ten&iacute;a que darle esas instrucciones, porque llevaba viviendo con &eacute;l y posando<\/a>para &eacute;l desde que ella ten&iacute;a 19 a&ntilde;os, una de esas muchachas de clase obrera a las que los pintores usaban como modelos y a las que hac&iacute;an sus amantes. Ella posaba en una escuela de pintura y ganaba algo m&aacute;s de dinero trabajando como encuadernadora. En muchos de los retratos que le hizo &eacute;l tiene las manos juntas, en el regazo del vestido, unas manos fuertes que se ven m&aacute;s detalladas en los dibujos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En alguno de los retratos al &oacute;leo est&aacute; cosiendo, sin duda porque &eacute;l le hab&iacute;a indicado que lo hiciera. Ser&iacute;a un alivio ocuparse con algo, distraer la mirada y las manos, aunque lo m&aacute;s probable es que &eacute;l no le permitiera coser de verdad, ya que cualquier movimiento o cualquier ruido alterar&iacute;an su concentraci&oacute;n.&nbsp;<a href=\"http:\/\/elpais.com\/tag\/paul_cezanne\/a\/\">&Eacute;l eleg&iacute;a el vestido que deb&iacute;a ponerse<\/a>&nbsp;y la silla recta o el sill&oacute;n m&aacute;s confortable en el que deb&iacute;a sentarse, y tambi&eacute;n el fondo, casi nunca el mismo de un retrato a otro, una cortina, una pared con un dibujo de papel pintado barato, una tapia de jard&iacute;n. Unas veces ella ten&iacute;a que mantener la cabeza erguida y mirando al frente. Otras le ped&iacute;a que la ladeara, lo hac&iacute;a &eacute;l mismo, sujetando con sus dedos la fuerte barbilla hasta que alcanzara la postura exacta. Y quiz&aacute;s tambi&eacute;n hab&iacute;a veces en que esperaba a que ella fuera cambiando de posici&oacute;n de manera inconsciente, ofreciera un escorzo inesperado al volverse hacia un ruido, se quedara absorta por completo en algo, con esa expresi&oacute;n tan seria, con esos rasgos tan s&oacute;lidos que &eacute;l conoc&iacute;a de memoria, y que se ajustaban tan &uacute;tilmente a su deseo de simplificar las formas y hallar la osamenta de lo duradero bajo las percepciones fugaces, las que hab&iacute;an seducido a los impresionistas hasta un cierto grado de superficialidad, para &eacute;l irritante, una fascinaci&oacute;n fr&iacute;vola por lo azaroso y lo instant&aacute;neo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>A otros los estimulaba lo extraordinario o lo desconocido. &Eacute;l buscaba ahondar una y otra vez en lo m&aacute;s cercano, lo familiar, unas manzanas sobre un lienzo blanco o en un frutero, en la mesa de la cocina, un camino que recorr&iacute;a a diario, la misma monta&ntilde;a vista todos los d&iacute;as desde la ventana de su casa en el campo.&nbsp;<a href=\"http:\/\/elpais.com\/diario\/1997\/05\/14\/cultura\/863560804_850215.html\">Y casi m&aacute;s que nada, que nadie, esa presencia tan asidua en su vida, Madame C&eacute;zanne<\/a>, que en realidad s&oacute;lo adquiri&oacute; legalmente ese t&iacute;tulo cuando llevaban ya muchos a&ntilde;os juntos y ten&iacute;an un hijo de 16. Cuando la pint&oacute; por primera vez mostraba una cara desconcertada y redonda, todav&iacute;a algo infantil. La pint&oacute; en un boceto al &oacute;leo, con el pelo suelto y los hombros desnudos, y aunque no se ve nada m&aacute;s se nota la incomodidad de la pose, el pudor de encontrarse desnuda, no en la tarima de un aula sino en el cuarto de un hombre, mayor que ella, de una clase muy por encima de la suya, que la ha hecho o va a hacerla su amante, y que cuando la deje embarazada no se casar&aacute; con ella, y menos a&uacute;n la presentar&aacute; a sus padres, burgueses adinerados y cat&oacute;licos que ven a su hijo m&aacute;s o menos como un in&uacute;til encaprichado con la pintura, al que le pasan una ayuda mezquina para que no se muera de hambre.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><a href=\"http:\/\/elpais.com\/tag\/c\/23238831204e9173de8192bfa130bc6a\">C&eacute;zanne retrat&oacute; a su mujer 29 veces a lo largo de unos treinta a&ntilde;os<\/a>. Pero son innumerables los dibujos a l&aacute;piz que hizo de ella, en cuadernos de apuntes, en grandes hojas de cuaderno, en los reversos de otros dibujos. En los retratos al &oacute;leo Madame C&eacute;zanne es una figura maciza, con algo de estatua, retra&iacute;da en s&iacute; misma, a veces tan impenetrable en su solidez como un &aacute;rbol o una monta&ntilde;a. La evidencia de lo id&eacute;ntico vuelve m&aacute;s rico el despliegue de las variaciones, un contraste de obstinaci&oacute;n y novedad, de monoton&iacute;a y rareza, al que yo s&oacute;lo le encuentro comparaci&oacute;n en los bodegones de Morandi y en las series de variaciones musicales de Beethoven. Igual que Beethoven explora todas las posibilidades que caben en un vals muy simple, C&eacute;zanne observa a una sola mujer a lo largo de treinta a&ntilde;os y cada vez que le pide que se quede inm&oacute;vil y se pone a retratarla encuentra la perduraci&oacute;n de lo mismo y las facetas inagotables de lo que parece que no cambia, las modificaciones continuas de cualquier presencia observada con algo de atenci&oacute;n. Cambia un gesto, se ensancha o se endurece una cara, cambia la moda, todo es distinto si esa mujer de vestuario tan severo se pone de pronto un vestido rojo, si se hace otro peinado, si le da el sol en un jard&iacute;n, si la cal de los muros y la policrom&iacute;a de las flores llenan el aire de reflejos. Algunas veces la mujer es retratada en presente: su aspecto se corresponde con la edad que ten&iacute;a cuando se pint&oacute; el retrato. Pero otras veces, en un retrato fechado a&ntilde;os despu&eacute;s, resulta ser mucho m&aacute;s joven, como si C&eacute;zanne, aunque la tiene delante, estuviera pintando un recuerdo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las reproducciones tergiversan la pintura de C&eacute;zanne: la hacen parecer m&aacute;s grave, m&aacute;s laboriosa, m&aacute;s espesa de materia. Vistos en la realidad los cuadros revelan una ligereza inusitada,&nbsp;<a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2014\/01\/31\/actualidad\/1391173315_432593.html\">como de acuarela, como de bocetos al pastel<\/a>. Una ma&ntilde;ana helada de invierno, en el Metropolitan, uno tras otro, los retratos de Madame C&eacute;zanne lo llevan a uno a trav&eacute;s de toda una vida, las dos vidas, de todo un proceso de aprendizaje y descubrimiento, la mujer de la que quedan muy pocos testimonios aparte de los retratos y los dibujos y dos o tres fotograf&iacute;as y el hombre que nunca se cans&oacute; de pintarla, aunque en los cuadros deja muy pronto de haber rastros de sensualidad. Hay lejan&iacute;a, muchas veces, hay indicios de una confianza algo fatigada, la inercia de los que se conocen demasiado, el asedio lento de la mirada y la inteligencia que encuentra siempre nuevos matices, posibilidades nuevas de organizaci&oacute;n de una experiencia visual depurada al extremo. Una vez m&aacute;s hab&iacute;a que pintar el mismo cuello bordado del mismo vestido, las mismas bandas de pelo sobre las sienes muy anchas, la raya en medio, los brazos ca&iacute;dos, el gesto de las manos sobre la falda. Nuevos vol&uacute;menes y contrastes de color lo cambiaban todo. Entre una pincelada y otra pod&iacute;a pasar un rato largo. Y all&iacute; parece que siguen, &eacute;l y ella, Paul C&eacute;zanne y Madame C&eacute;zanne, los dos inm&oacute;viles, cada uno a un lado del lienzo, tan aislados entre s&iacute; como si los separara un cristal o un muro invisible de tiempo.<\/p>\n<div><span>Antonio Mu&ntilde;oz Molina:&nbsp;<i><a href=\"http:\/\/cultura.elpais.com\/cultura\/2015\/02\/17\/babelia\/1424170018_007521.html\" target=\"_blank\">El retrato incesante<\/a><\/i>, EL PA&Iacute;S-Babelia, 21 de febrero de 2015<\/span><\/div>\n<\/div>\n<div>http:\/\/feeds.feedburner.com\/blogspot\/aSxe<\/div>\n","protected":false},"author":211,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[1,661],"tags":[4999,2625],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80173"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/users\/211"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=80173"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80173\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":80175,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/80173\/revisions\/80175"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80173"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=80173"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=80173"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}