{"id":83746,"date":"2015-11-09T11:37:16","date_gmt":"2015-11-09T09:37:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.hislibris.com\/?p=19671"},"modified":"2015-11-09T11:37:16","modified_gmt":"2015-11-09T09:37:16","slug":"el-final-ian-kershaw","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2015\/11\/09\/el-final-ian-kershaw\/","title":{"rendered":"EL FINAL \u2013 Ian Kershaw"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/9788499422107.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-19889\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/9788499422107.jpg\" alt=\"9788499422107\" width=\"100\" height=\"155\" \/><\/a>Hasta la edici\u00f3n espa\u00f1ola de este libro, en 2013, el lector en castellano dispon\u00eda de al menos tres obras panor\u00e1micas relativas al desmoronamiento del Tercer Reich: <em>Armaged\u00f3n<\/em>, de Max Hastings (Cr\u00edtica, 2005), que narra la fase postrera de la guerra librada desde el este y el oeste contra Alemania, a partir del oto\u00f1o de 1944; <a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/alemania-1945-richard-bessel\/\" ><em>Alemania 1945<\/em><\/a>, de Richard Bessel (Ediciones B, 2009), cuyo \u00e9nfasis est\u00e1 puesto en la radicalizaci\u00f3n del r\u00e9gimen nazi, el colapso de la sociedad alemana y las condiciones en que se ciment\u00f3 su reconstrucci\u00f3n; y <em>Los \u00faltimos cien d\u00edas<\/em>, de John Toland (Tempus, 2008), suerte de cr\u00f3nica novelada y rigurosamente documentada que recrea el ocaso del orden hitleriano y el t\u00e9rmino de la guerra en Europa. A esta escueta bibliograf\u00eda, que el lector puede complementar con una variedad de historias generales -de la Segunda Guerra Mundial o del Tercer Reich- y de monograf\u00edas en torno al desenlace del conflicto, se suma <em>El final<\/em>, el m\u00e1s reciente de los libros publicados por Ian Kershaw (editado originalmente en 2011). Se trata de un estudio de \u00edndole preferentemente narrativa, estructurado de manera tem\u00e1tica y ce\u00f1ido por un marco cronol\u00f3gico y geogr\u00e1fico similar al de <em>Armaged\u00f3n<\/em>, de Hastings, pero en el que la historia militar s\u00f3lo proporciona el tel\u00f3n de fondo para el problema espec\u00edfico al que Kershaw dedica su atenci\u00f3n, a saber: por qu\u00e9 el r\u00e9gimen nazi prolong\u00f3 su agon\u00eda y el de la naci\u00f3n alemana cuando la derrota era a todas luces inevitable. Es \u00e9sta una cuesti\u00f3n de crucial inter\u00e9s, af\u00edn a una trayectoria profesional abocada a la comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno nazi y en que la figura de Hitler ocupa un lugar preeminente.\u00a0<span id=\"more-19671\"><\/span><\/p>\n<p>Kershaw, como sabemos, es autor de la que se considera la mejor biograf\u00eda del dictador nazi. Tambi\u00e9n lo es de un corpus bibliogr\u00e1fico en que procura dilucidar la anomal\u00eda hitleriana, o el dilema de c\u00f3mo un individuo en m\u00e1s de un sentido marginal como Hitler pudo erigirse en gobernante omn\u00edmodo de Alemania, as\u00ed como el de la naturaleza singular de su poder y el modo en que condicion\u00f3 el funcionamiento y la trayectoria del Tercer Reich. Estos asuntos, esenciales en la convulsa historia del siglo XX, son el hilo conductor de trabajos como <a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/el-mito-de-hitler-ian-kershaw\/\" ><em>El mito de Hitler <\/em><\/a>(1987), <em>Hitler: un perfil del poder <\/em>(1991), <a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/hitler-los-alemanes-y-la-solucion-final-ian-kershaw\/\" ><em>Hitler, los alemanes y la Soluci\u00f3n Final<\/em> <\/a>(2008); tambi\u00e9n tienen una funci\u00f3n importante en <em>La dictadura nazi: problemas y perspectivas de interpretaci\u00f3n<\/em> (1985, con varias revisiones posteriores) y, l\u00f3gicamente, en la biograf\u00eda en dos vol\u00famenes del personaje (1998 y 2000). Siempre atento al riesgo de simplificar por la v\u00eda de exagerar la relevancia heur\u00edstica de la personalidad y la voluntad del F\u00fchrer, Kershaw considera empero que el riesgo opuesto representado por la despersonalizaci\u00f3n del Tercer Reich, escor\u00e1ndose por las estructuras o cualquier forma de fuerzas abstractas como exclusivos determinantes hist\u00f3ricos, es igualmente espantable.\u00a0En lugar de abogar por las intenciones de Hitler (\u201cintencionalismo\u201d) o por las estructuras del r\u00e9gimen (\u201cestructuralismo\u201d) como elemento esencial de la din\u00e1mica del Tercer Reich, Kershaw apela a una s\u00edntesis de ambas posturas. Desde esta perspectiva, que arranca de la constataci\u00f3n de que no se comprende bien un per\u00edodo tan decisivo en la historia si se menosprecia el papel desempe\u00f1ado por el personaje o el car\u00e1cter de su dominaci\u00f3n, ejercida en un marco espec\u00edfico de circunstancias socio-hist\u00f3ricas, nuestro historiador hace hincapi\u00e9 en el liderazgo carism\u00e1tico de Hitler como una de las claves fundamentales de lo obrado por el r\u00e9gimen nazi. En lo que concierne al problema tratado en <em>El final<\/em>, que es de la persistencia del r\u00e9gimen aun en la inminencia de su ca\u00edda, el autor concluye que, sin ser el \u00fanico factor decisivo, el m\u00e1s relevante de todos fue el del \u201cpeso del F\u00fchrer\u201d: si el Tercer Reich no se avino a capitular mucho antes de mayo de 1945, fue sobre todo por la forma en que se estructuraba un r\u00e9gimen carism\u00e1tico como aqu\u00e9l y por las mentalidades imperantes, subordinadas al principio de liderazgo encarnado por el dictador.<\/p>\n<p>Encarar el referido problema supone indagar en las ra\u00edces de la autodestrucci\u00f3n de Alemania, cat\u00e1strofe que podr\u00eda haberse evitado si el pa\u00eds hubiese cedido a la evidencia de que nada pod\u00eda hacer para revertir el curso de los acontecimientos: Alemania estaba en 1944 al l\u00edmite de sus fuerzas, mientras que la coalici\u00f3n de sus enemigos dispon\u00eda de recursos casi ilimitados. Kershaw juzga insuficientes las explicaciones que apuntan a factores como la pol\u00edtica de los aliados occidentales (su exigencia de una rendici\u00f3n incondicional), el terror nazi (la represi\u00f3n como mecanismo de control de la sociedad alemana) o el consenso a favor del r\u00e9gimen (apoyo mayoritario de la poblaci\u00f3n a las pol\u00edticas racistas y expansionistas del gobierno). El autor arguye que la exigencia de rendici\u00f3n incondicional acordada por las potencias occidentales en la Conferencia de Casablanca (enero de 1943) no lleg\u00f3 a tener verdadera repercusi\u00f3n en la conducta de las autoridades alemanas -en el caso de Hitler s\u00f3lo confirm\u00f3 su rotunda determinaci\u00f3n de no claudicar-, proporcionando en cambio unos cuantos pretextos a la propaganda nazi. Por otra parte, es cierto que el terror, selectivo en los a\u00f1os previos, se torn\u00f3 casi universal en los estertores del r\u00e9gimen, imposibilitando una rebeli\u00f3n desde cualquier sector de la sociedad alemana; empero, no fue la extrema coacci\u00f3n lo que motiv\u00f3 el proceder de los dirigentes del r\u00e9gimen, ni el de la disciplinada burocracia gubernamental ni, sobre todo, el de los mandos militares, cuyos elementos proclives al disenso fueron purgados despu\u00e9s del fallido complot orquestado por el coronel Claus von Stauffenberg. En cuanto al consenso, un elemento mucho m\u00e1s real y gravitante que lo estimado por la historiograf\u00eda inicial del Tercer Reich (y por la primigenia teor\u00eda del totalitarismo), es necesario tener en cuenta que la popularidad del r\u00e9gimen hab\u00eda deca\u00eddo notablemente desde que la guerra se volviera desfavorable a Alemania, y que el repunte del prestigio de Hitler a ra\u00edz del atentado del 20 de julio de 1944 fue s\u00f3lo pasajero.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, es en otra parte donde hay que buscar una respuesta m\u00e1s acabada al problema. En pos de ella, Kershaw repasa la historia de las postrimer\u00edas de la Alemania hitleriana a partir del atentado contra el F\u00fchrer, considerando tanto las campa\u00f1as militares en los frentes occidental y oriental como el frente interno, esto es, la realidad sociopol\u00edtica del menguante Tercer Reich. La exposici\u00f3n se enfoca ante todo en las estructuras de poder y en las mentalidades, y desemboca finalmente en una recapitulaci\u00f3n de los factores que incidieron en el tema planteado, instancia en que el autor hace gala de las dotes interpretativas que justifican su renombre como historiador. Piedra angular del estudio es el concepto del poder carism\u00e1tico, de raigambre weberiana y desde antiguo considerado\u00a0por Kershaw como decisivo en la caracterizaci\u00f3n del r\u00e9gimen nazi. El Tercer Reich fue desde sus inicios un r\u00e9gimen extremadamente personalista y como tal basaba la mayor parte de su legitimidad en la autoridad que emanaba del F\u00fchrer, faltando cualquier forma de entidad colegiada que hiciera de contrapeso. Al contrario de lo sugerido por la idea de un \u201cdictador d\u00e9bil\u201d, postulada con respecto a Hitler por la corriente historiogr\u00e1fica estructuralista, su aura carism\u00e1tica e indiscutido liderazgo era la fuente de la lealtad de la \u00e9lite dirigente, de los s\u00e1trapas provinciales y de los mandos militares; la noci\u00f3n de \u201ctrabajar en la direcci\u00f3n del F\u00fchrer\u201d, que sacralizaba la voluntad del dictador y orientaba el desempe\u00f1o de sus subordinados, supl\u00eda con creces la imposibilidad material de que Hitler manejara todos los niveles de la administraci\u00f3n. La fragmentaci\u00f3n de las estructuras de gobierno, con sus dirigentes y compartimentos en situaci\u00f3n de constante rivalidad (alentada por el mismo Hitler), no hac\u00eda m\u00e1s que reforzar la posici\u00f3n \u00fanica del jefe supremo.<\/p>\n<p>Precisamente la rivalidad y falta de coordinaci\u00f3n entre Goebbels, Himmler, Speer y Bormann, los cuatro grandes barones del r\u00e9gimen, es uno de los motivos recurrentes del libro. Con todo y competir entre s\u00ed por mayores cuotas de poder, cada uno de ellos contribuy\u00f3 a la radicalizaci\u00f3n del r\u00e9gimen en su etapa terminal. En efecto, a partir del frustrado golpe de Stauffenberg se intensificaron la represi\u00f3n interna y la movilizaci\u00f3n de diversos sectores en pos de objetivos b\u00e9licos, con la estructura partidaria desplazando en buena medida a la burocracia estatal. El resultado fue no s\u00f3lo la definitiva militarizaci\u00f3n u orientaci\u00f3n del pa\u00eds a una guerra total y sin cuartel sino, adem\u00e1s, una absorci\u00f3n cada vez mayor de la sociedad alemana por el aparato partidario-gubernamental; m\u00e1s que nunca el Tercer Reich se volv\u00eda un r\u00e9gimen totalitario (un concepto, hay que decirlo, que Ian Kershaw se niega a suscribir). Cabe destacar que esta fase de radicalizaci\u00f3n, en que se verific\u00f3 una expansi\u00f3n tanto del voluntarismo ideol\u00f3gico como del control social por el partido, acentu\u00f3 en vez de morigerar el estilo carism\u00e1tico de gobierno: a) la legitimidad y autoridad del partido depend\u00eda por completo de la imagen de Hitler; b) enfrentado el r\u00e9gimen a una amenaza mortal, la idea de que la salvaci\u00f3n de Alemania resid\u00eda en el poder de la voluntad \u2013ingrediente esencial de la autoridad carism\u00e1tica- constituy\u00f3 el principio rector de la \u00e9lite dirigente (recu\u00e9rdese la consigna relativa a la fan\u00e1tica determinaci\u00f3n de luchar hasta el fin); c) la subordinaci\u00f3n de la racionalidad burocr\u00e1tica a semejante voluntarismo -encarnado por el partido- estuvo en la ra\u00edz del creciente desperdicio de recursos, tanto humanos como materiales (justo cuando el pa\u00eds se abocaba a la cat\u00e1strofe el af\u00e1n por regularlo todo lleg\u00f3 a extremos absurdos, despilfarr\u00e1ndose personal y horas de trabajo en tareas administrativas completamente irrelevantes).<\/p>\n<p>Las ejecuciones de desertores y de civiles alemanes se multiplicaron en los \u00faltimos meses del conflicto; el terror nazi sofoc\u00f3 cualquier tendencia a la rebeli\u00f3n que pudiera germinar en la poblaci\u00f3n o entre los soldados. Operaban adem\u00e1s un generalizado fatalismo y el miedo a los sovi\u00e9ticos, instilado eficazmente por la propaganda pero tambi\u00e9n espoleado por la conciencia de las atrocidades perpetradas por las fuerzas alemanas en los territorios del este. A falta de convicci\u00f3n doctrinaria o de devoci\u00f3n personal al F\u00fchrer, lo que animaba a unas tropas que se hallaban al borde del colapso era el af\u00e1n de supervivencia. Para muchos alemanes no hab\u00eda alternativa a la de seguir combatiendo. En cuanto a los mandos militares, que los inspirase el compromiso ideol\u00f3gico o el simple desprecio de Hitler importaba menos que el ferviente deseo de impedir la derrota, o el temor a la ocupaci\u00f3n bolchevique. En la poblaci\u00f3n, entretanto, comenzaban a manifestarse el victimismo y la disociaci\u00f3n que caracterizar\u00edan la atm\u00f3sfera moral en la Alemania de posguerra, tendientes a sepultar la memoria de la aprobaci\u00f3n masiva de Hitler y del consenso social prestado al Tercer Reich; pronto surgir\u00eda el mito de una \u201cWehrmacht limpia\u201d (exenta de responsabilidad en los cr\u00edmenes del nazismo), alimentado por altos oficiales \u2013\u00abel componente m\u00e1s indispensable del moribundo r\u00e9gimen\u00bb, escribe Kershaw- que se esforzar\u00edan en construir una imagen de soldados profesionales y desideologizados, motivados \u00fanicamente por el patriotismo y el sentido del deber.<\/p>\n<p>El funcionariado, altamente calificado e imbuido de una profunda lealtad para con el Estado, mantuvo en vida la administraci\u00f3n con el trasfondo de una sociedad descoyuntada, y lo hizo hasta que ya no hubo nada que administrar. Definitivamente incapaces de desafiar la conducci\u00f3n de la guerra por un l\u00edder desquiciado \u2013con el que, adem\u00e1s, estaban vinculadas por un juramento personal-, las c\u00fapulas militares se plegaron al camino de la inmolaci\u00f3n. El cuadrunvirato del poder formado por Goebbels, Speer, Bormann y Himmler gestion\u00f3 el pa\u00eds de tal manera que lo sostuvo en pie de guerra cuando la guerra estaba irremisiblemente perdida. Pero, tal como demuestra el espl\u00e9ndido libro de Kershaw, nada de lo anterior hubiera sido posible sin el &#8220;factor Hitler&#8221;. Por de pronto, ninguno de los gerifaltes y altos jefes militares del r\u00e9gimen estaba en condiciones de actuar de manera verdaderamente aut\u00f3noma. El escrutinio de las estructuras de poder y de las mentalidades que obstaculizaron el cese oportuno de la guerra conduce invariablemente a la \u00edndole carism\u00e1tica del r\u00e9gimen nazi, la que sobrevivi\u00f3 incluso a la ca\u00edda del prestigio personal del F\u00fchrer.<\/p>\n<p>&#8211; Ian Kershaw, <em>El final: Alemania 1944-1945<\/em>. Pen\u00ednsula, Barcelona, 2013. 666 pp.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.casadellibro.com\/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788499422107\" ><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/images\/lv.gif\" alt=\"Compra el libro\" width=\"206\" height=\"71\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.casadellibro.com\/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788499422107\" >Ayuda a mantener Hislibris comprando <strong> EL FINAL<\/strong> de Ian Kershaw en La Casa del Libro.<\/a><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/Hislibris\/~4\/-mEKM3bXDOs\" height=\"1\" width=\"1\" alt=\"\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hasta la edici&oacute;n espa&ntilde;ola de este libro, en 2013, el lector en castellano dispon&iacute;a de al menos tres obras panor&aacute;micas relativas al desmoronamiento del Tercer Reich: Armaged&oacute;n, de Max Hastings (Cr&iacute;tica, 2005), que narra la fase postrera de la guerra librada desde el este y el oeste contra Alemania, a partir del oto&ntilde;o de 1944; [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1200,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[12233,12117],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83746"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1200"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83746"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83746\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":83749,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83746\/revisions\/83749"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83746"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83746"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83746"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}