{"id":95898,"date":"2018-10-04T10:17:04","date_gmt":"2018-10-04T09:17:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.hislibris.com\/?p=23423"},"modified":"2018-10-04T10:17:04","modified_gmt":"2018-10-04T09:17:04","slug":"la-historia-desgarrada-enzo-traverso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2018\/10\/04\/la-historia-desgarrada-enzo-traverso\/","title":{"rendered":"LA  HISTORIA DESGARRADA \u2013 Enzo Traverso"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/EnzoTraversoLahistoriadesgarrada..jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-24383\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/EnzoTraversoLahistoriadesgarrada..jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"155\" srcset=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/EnzoTraversoLahistoriadesgarrada..jpg 466w, http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/EnzoTraversoLahistoriadesgarrada.-194x300.jpg 194w\" sizes=\"(max-width: 100px) 100vw, 100px\" \/><\/a>\u00abEn vez de la tesis \u201cTodos los hombres son mortales\u201d hoy rige \u00e9sta: \u201cLa humanidad como conjunto es eliminable\u201d\u00bb. G\u00fcnther Anders.<\/p>\n<p>Decir \u00abAuschwitz\u00bb es aludir a un fen\u00f3meno que adem\u00e1s de espanto todav\u00eda suscita perplejidad. Nimbado de nefasta carga simb\u00f3lica, el nombre compendia lo que fue un fracaso en toda regla de la civilizaci\u00f3n occidental y una atroz burla del optimismo humanista: no un par\u00e9ntesis de s\u00fabita locura ni un percance incidental en el itinerario hist\u00f3rico de Occidente, sino una desgarradura en el coraz\u00f3n mismo de la civilizaci\u00f3n, una acometida directa y brutal contra las premisas fundacionales del proceso civilizatorio, tan demoledora que obliga a repensarlo en profundidad. \u201cEl Holocausto \u2013sentencia Zygmunt Bauman- se gest\u00f3 y se puso en pr\u00e1ctica en nuestra sociedad moderna y racional, en una fase avanzada de nuestra civilizaci\u00f3n y en un momento \u00e1lgido de nuestra cultura y, por esta raz\u00f3n, es un problema de esa sociedad, de esa civilizaci\u00f3n y de esa cultura\u201d. El solo hecho de que el Holocausto fuera obra de un pa\u00eds incardinado en la m\u00e9dula de la civilizaci\u00f3n occidental \u2013no obstante ser problem\u00e1tica su identificaci\u00f3n con ella- representaba un cuestionamiento radical al sentido y viabilidad de la misma; m\u00e1s aun, pon\u00eda en solfa su esencia entera: si el proceso de civilizaci\u00f3n no conjuraba los demonios internos de la especie humana, si una naci\u00f3n representativa del progreso occidental pod\u00eda sumirse en el coraz\u00f3n de las tinieblas y volverse un agente del horror, \u00bfqu\u00e9 tan fiables eran los supuestos en que se cimentaba la civilizaci\u00f3n? \u00bfEra esta lo que proclamaba el pensamiento ilustrado, era en verdad aquella alardeada din\u00e1mica evolutiva siempre ascendente e ininterrumpida que alejaba a la humanidad \u2013protegi\u00e9ndola- de los agresivos impulsos primarios del \u00abestado de naturaleza\u00bb, o no hab\u00eda sino considerarla una tenue p\u00e1tina superpuesta a la incorregible condici\u00f3n humana, leve e inane hojarasca a merced de las tempestades de la historia? \u00bfNo quedaba expuesta como simple quimera la idea de que entre la civilizaci\u00f3n y la barbarie existe una relaci\u00f3n de antinomia absoluta, separadas ambas por una l\u00ednea divisoria tan n\u00edtida como infranqueable? Sin embargo, pocos se hicieron preguntas de esta \u00edndole en 1945 y en la siguiente treintena de a\u00f1os. La \u00e9poca padec\u00eda a\u00fan de una incapacidad de calibrar el significado del Holocausto, cuya especificidad se dilu\u00eda en el espantoso vendaval de muertes y destrucci\u00f3n que estall\u00f3 en 1939. Transcurrir\u00eda un tiempo de decantaci\u00f3n \u2013de la conciencia hist\u00f3rica as\u00ed como de la conciencia moral- antes de que Auschwitz se hiciera con el ominoso rango ic\u00f3nico que ostenta en la actualidad.\u00a0<span id=\"more-23423\"><\/span><\/p>\n<p>Es un indicio de la dificultad de asimilar el \u00abfen\u00f3meno Auschwitz\u00bb el que la matanza sistem\u00e1tica de jud\u00edos recibiera una atenci\u00f3n apenas marginal en los juicios de Nuremberg; tambi\u00e9n el que durante un largo per\u00edodo se tuviera a Buchenwald por s\u00edmbolo de las atrocidades del nazismo. (T\u00e9ngase presente que Buchenwald no fue propiamente un campo de exterminio sino uno de concentraci\u00f3n; su mortandad fue mucho menor que la de campos de exterminio como Auschwitz, Treblinka y Sobibor, y a \u00e9l iban a parar presos pol\u00edticos de diversas nacionalidades y credos, no siendo la aniquilaci\u00f3n de jud\u00edos su prioridad.) Otros indicios: Primo Levi tard\u00f3 mucho en encontrar un editor dispuesto a publicar <em>Si esto es un hombre<\/em>, y la edici\u00f3n original de este hito literario del siglo XX pas\u00f3 casi completamente inadvertida; Sartre, en sus <em>Reflexiones sobre la cuesti\u00f3n jud\u00eda<\/em> (1946), apenas dice algo sobre las c\u00e1maras de gas y la matanza industrializada, elementos que conciernen a la faceta neur\u00e1lgica del Holocausto. La reacci\u00f3n inicial de los jud\u00edos \u2013y de muchos observadores no jud\u00edos- fue insertar sin m\u00e1s el genocidio en un luengo historial de persecuciones y de antisemitismo, ensombreciendo el verdadero alcance del acontecimiento.<\/p>\n<p>Enzo Traverso aborda en <em>La historia desgarrada<\/em> (1997) las primeras tentativas de sopesar las implicancias de la aberraci\u00f3n que fue Auschwitz. Despu\u00e9s de referirse brevemente a lo que Julien Benda hubiera calificado como una \u201ctraici\u00f3n de los intelectuales\u201d (la cometida por los c\u00f3mplices de distinta laya, hombres de la talla de un Martin Heidegger o un Drieu la Rochelle), y de hacer un recorrido preliminar por los escritores-testigos del genocidio (Rousset, Antelme, Levi, Celan, Am\u00e9ry), Traverso pasa revista a tres autores que anticiparon las condiciones de posibilidad del asesinato en masa orquestado por los nazis: Max Weber, Franz Kafka y Walter Benjamin. Naturalmente, ninguno de ellos pod\u00eda imaginar algo como Auschwitz, pero s\u00ed intuyeron los peligros que conllevaba el proceso de racionalizaci\u00f3n en que se hab\u00eda encaminado Occidente. Weber detectaba en el tu\u00e9tano de la modernidad \u2013con su secularizaci\u00f3n y su tecnificaci\u00f3n- el germen de un desencanto del mundo y la supeditaci\u00f3n de la sociedad al aparato burocr\u00e1tico, esa m\u00e1quina de suyo impersonal, desalmada y amoral. La misma que inspir\u00f3 los temores de Kafka a un implacable poder abstracto que gestionaba la enajenaci\u00f3n del hombre, aplast\u00e1ndolo bajo el peso de una ley arbitraria e impenetrable. (\u00bfNo prefigura el oficial de <em>La colonia penitenciaria<\/em> al bur\u00f3crata de la muerte, categor\u00eda que nutri\u00f3 la estructura del sistema exterminador del nazismo?) Tambi\u00e9n Benjamin adivin\u00f3 el potencial destructivo de la racionalidad tecnol\u00f3gica, inscrita en un proyecto imperialista de dominaci\u00f3n del hombre y de la naturaleza. Benjamin cal\u00f3 hondo adem\u00e1s en la ambig\u00fcedad caracter\u00edstica del caso alem\u00e1n, su mixtura de modernidad y romanticismo trasnochado: seg\u00fan \u00e9l, el nacionalismo alem\u00e1n arraigaba en una variante de misticismo que procuraba valerse de la t\u00e9cnica moderna no ya en pos del progreso material sino -ante todo- para resolver &#8220;el enigma de una naturaleza entendida de modo idealista&#8221;.<\/p>\n<p>La parte principal del libro consiste en un escrutinio de la contribuci\u00f3n hecha por un pu\u00f1ado de intelectuales a la comprensi\u00f3n del Holocausto, a saber: G\u00fcnther Anders, Hannah Arendt, Theodor Adorno, Paul Celan, Jean Am\u00e9ry, Primo Levi, Dwight MacDonald y Jean-Paul Sartre. Algunos encajan en la categor\u00eda de los \u201calertadores de incendios\u201d, otros en la de los \u201cintelectuales cegados\u201d: Traverso distingue entre ellos conforme reconozcan o no lo que hubo de radical y singular en los campos de exterminio. Sartre es un ejemplo se\u00f1ero de intelectual cegado: como est\u00e1 dicho, reserv\u00f3 a lo esencial del genocidio un lugar menos que secundario en sus consideraciones sobre el antisemitismo de \u00faltima hora, enmarc\u00e1ndolas en un contexto que no difiere mayormente del deparado por el caso Dreyfus. De este conjunto de intelectuales puede decirse que nadaron a contracorriente de la marea de silencio que se extendi\u00f3 sobre el genocidio, poniendo en entredicho la cultura y la modernidad a la luz de Auschwitz: lo que Adorno calific\u00f3 como \u201cpensar el progreso en la \u00e9poca de la cat\u00e1strofe\u201d. Su osad\u00eda y lucidez no impide reconocer que sus enfoques adolecen de graves deficiencias, atribuibles en gran medida a lo temprano de sus reflexiones; la historiograf\u00eda del r\u00e9gimen nazi estaba por entonces en pa\u00f1ales y el conocimiento del proceso de aniquilaci\u00f3n de los jud\u00edos era rudimentario. Por de pronto, Hannah Arendt estableci\u00f3 una paridad excesiva entre los sistemas concentracionarios del nazismo y el estalinismo (en 1954, Raymond Aron, nada sospechoso de simpatizar con el comunismo, pon\u00eda \u00e9nfasis en la ausencia de un equivalente sovi\u00e9tico a las c\u00e1maras de gas alemanas; Primo Levi hac\u00eda notar que el racismo aniquilador era una propiedad exclusiva del r\u00e9gimen hitleriano; Anne Applebaum admite medio siglo despu\u00e9s que el Gulag no ten\u00eda como objetivo primario e irrenunciable el exterminio masivo). Adorno crey\u00f3 que el antisemitismo era un ingrediente secundario del nazismo, y que la cualidad de jud\u00edos de las v\u00edctimas era intercambiable. MacDonald desconoci\u00f3 la circunstancia de la conformidad t\u00e1cita y el consenso social en amplias franjas de la poblaci\u00f3n alemana, condici\u00f3n esencial de la operatividad del r\u00e9gimen nazi. Lo cierto es que a la interpretaci\u00f3n primera del Holocausto le faltaba una base de conocimiento emp\u00edrico consolidado. Uno de los factores que incidieron en esta carencia fue la atm\u00f3sfera de bloqueo y negaci\u00f3n sicol\u00f3gica prevaleciente en los a\u00f1os que siguieron al final de la guerra, no s\u00f3lo en las dos Alemanias sino en todo el mundo occidental.<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de sus fallos y falencias, buena parte de los int\u00e9rpretes originales tienen el m\u00e9rito de haber percibido en el Holocausto algo m\u00e1s que una de tantas calamidades de la guerra o un simple jal\u00f3n en la atormentada historia de los jud\u00edos (al contrario de la mayor\u00eda de los observadores, que aparte de sus monstruosas proporciones no lo juzgaron cualitativamente diferente de las masacres medievales o los modernos pogromos). Por lo general concibieron Auschwitz como \u201cla experiencia fundamental de nuestro tiempo\u201d (H. Arendt), un punto de inflexi\u00f3n hist\u00f3rico que ata\u00f1\u00eda a la condici\u00f3n humana <em>per se<\/em>, no s\u00f3lo a los jud\u00edos y los alemanes \u2013una premisa que compartieron MacDonald y Sartre, que no eran ni lo uno ni lo otro-: la verg\u00fcenza reca\u00eda en el g\u00e9nero humano completo, una vez comprobado que \u00e9ste, en palabras de Primo Levi, \u201ces capaz de construir una masa infinita de dolor\u201d y dirigirla contra la propia especie. La masacre sistem\u00e1tica ven\u00eda a ser no una distorsi\u00f3n ni un desv\u00edo accidental en la trayectoria de la civilizaci\u00f3n sino una consecuencia directa del predominio de la racionalidad instrumental y de la cultura burocr\u00e1tica, con una compleja y as\u00e9ptica maquinaria administrativa gestionando el homicidio colectivo y con la t\u00e9cnica moderna interponiendo una cu\u00f1a sicol\u00f3gica entre las v\u00edctimas y los victimarios. El estadounidense Dwight MacDonald fue al respecto un adelantado: ya en marzo de 1945 escrib\u00eda que \u201cLos nazis han aprendido mucho de la producci\u00f3n en masa, de la organizaci\u00f3n de la empresa moderna. Todo eso [la descripci\u00f3n de los campos de exterminio que expone previamente] parece una siniestra parodia de las ilusiones victorianas sobre el m\u00e9todo cient\u00edfico&#8230;\u201d. No le iba en zaga Hannah Arendt, que por la misma \u00e9poca destacaba el car\u00e1cter industrial y burocr\u00e1tico de lo que llam\u00f3 las \u201cf\u00e1bricas de la muerte\u201d, abonando luego esta l\u00ednea de razonamiento al identificar las pretensiones cientificistas de la biolog\u00eda racial nazi y la eficacia de la t\u00e9cnica moderna como el quid de la cuesti\u00f3n. (No hace falta recordar que la pensadora judeo-alemana sembr\u00f3 el terreno en que germinar\u00eda toda una corriente de estudios sobre el totalitarismo, en cuya particularidad hizo especial hincapi\u00e9.) G\u00fcnther Anders, por su parte, vio en Auschwitz y en Hiroshima la materializaci\u00f3n de una deriva t\u00edpicamente moderna a la que, a partir de mediados de los 50, aplic\u00f3 el nombre de \u201cobsolescencia del hombre\u201d (t\u00edtulo de uno de sus libros m\u00e1s importantes): fen\u00f3meno articulado por el divorcio entre el hombre y la t\u00e9cnica, que cobraba autonom\u00eda y se erig\u00eda en sujeto de la historia, amenazando con desbordar y sustituir a la humanidad. En el meollo de este proceso de deshumanizaci\u00f3n estaba la humillaci\u00f3n que el hombre sufr\u00eda ante el poder y la perfecci\u00f3n de los avances tecnol\u00f3gicos, su creaci\u00f3n: una suerte de \u201cverg\u00fcenza prometeica\u201d que los campos de exterminio y la bomba at\u00f3mica no hac\u00edan sino recrudecer.<\/p>\n<p>A despecho de ponderar su innegable lucidez testimonial, Traverso llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que Primo Levi y Jean Am\u00e9ry, autores de libros que se cuentan entre las expresiones m\u00e1s fidedignas de la fractura moral que supuso el paso por Auschwitz, permanecieran pese a todo leales al paradigma racionalista. Para ellos es como si el Holocausto no hubiese sido uno de los productos genuinos de la civilizaci\u00f3n occidental. (Levi, qu\u00edmico de profesi\u00f3n, tal vez estaba muy marcado por su formaci\u00f3n y su pr\u00e1ctica cient\u00edfica.) Aunque advert\u00eda los peligros que entra\u00f1aba el sometimiento de la naturaleza por medio de la t\u00e9cnica -particular manifestaci\u00f3n de la <em>hybris<\/em> moderna-, Am\u00e9ry nunca cej\u00f3 en la defensa irrestricta del paradigma racionalista. Para \u00e9l, aunque daba por imposible todo intento por penetrar el oscuro enigma del Holocausto, la tarea de testimoniar la macabra experiencia de Auschwitz deb\u00eda ser abordada desde el humanismo ilustrado. Levi, por otro lado, estaba lejos de celebrar la tecnolog\u00eda como motivo fundamental del conocimiento y del progreso humano, mas profesaba una muy rom\u00e1ntica \u2013por no decir quim\u00e9rica- querencia por una ciencia \u201ca escala humana\u201d, casi artesanal, cercana al modelo entra\u00f1able de los viejos y solitarios sabios de uno o dos siglos atr\u00e1s. Fuera de esto, cabe destacar una de las mayores diferencias entre estos dos supervivientes de Auschwitz (que no se frecuentaban pero s\u00ed conoc\u00edan y respetaban rec\u00edprocamente sus opiniones): para Am\u00e9ry, que nunca pudo superar el trauma no s\u00f3lo del campo de exterminio sino adem\u00e1s el de la tortura (sufrida tras ser capturado en B\u00e9lgica, cuando era miembro de la resistencia), la violencia suministrada por el nazismo implicaba el fracaso terminal de la comunicaci\u00f3n humana y una forma insalvable de alienaci\u00f3n, de desarraigo existencial. (Salta a la vista que el pesimismo de Am\u00e9ry estuvo en constante tensi\u00f3n con su credo humanista.) En cambio, Levi cre\u00eda que la llama del bien a\u00fan pod\u00eda prender en el coraz\u00f3n de los hombres, y que no todo estaba perdido para una sana convivencia social.<\/p>\n<p>Para Dwight Macdonald, la puesta en marcha del genocidio implicaba una circunstancia tan espantable como convertir la atrocidad en norma, adem\u00e1s de ser una regresi\u00f3n respecto de los est\u00e1ndares \u00e9ticos generados por la civilizaci\u00f3n, en sus ra\u00edces cristianas pero tambi\u00e9n las ilustradas. Vacilante a\u00fan ante lo que pod\u00eda significar para el futuro semejante monstruosidad, constataba empero la novedad radical de los campos de exterminio: la aplicaci\u00f3n de los refinamientos de la producci\u00f3n industrial y de la moderna organizaci\u00f3n de masas, en t\u00e9rminos tales que amenazaban con erradicar de cuajo cualquier asomo de dignidad humana. A Macdonald debe atribuirse el poner la evaluaci\u00f3n del Holocausto en el cauce del an\u00e1lisis comparativo, pues fue el primero en contrastar de manera sistem\u00e1tica la matanza de los jud\u00edos con otros aciagos episodios hist\u00f3ricos, tales como la hambruna ucraniana y el sacrificio de los <em>kulaks<\/em>, los campos de concentraci\u00f3n sovi\u00e9ticos, el racismo estadounidense y el bombardeo at\u00f3mico de Hiroshima y Nagasaki. Sus comentarios en torno a esto \u00faltimo no difer\u00edan en sustancia de los que G\u00fcnther Anders formular\u00eda un tiempo despu\u00e9s. Ambos coincidieron en que Hiroshima minaba la autoridad moral que EE.UU. hubiese podido arrogarse en su lucha contra las potencias del Eje, poniendo a los responsables del bombardeo a la altura de los matarifes de los campos de exterminio, y en que Auschwitz y Hiroshima estaban unidos por un hilo conductor: la barbarie moderna,\u00a0consecuencia l\u00f3gica de la civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica (n\u00f3tese la concomitancia con lo expresado por Albert Camus en un editorial del diario <em>Combat<\/em>, dos d\u00edas despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de Hiroshima: \u201cEn resumen, la civilizaci\u00f3n mec\u00e1nica acaba de alcanzar su \u00faltimo grado de salvajismo\u201d). La barbarie tecnologizada iba en derechura a la supresi\u00f3n de una humanidad que se hab\u00eda tornado superflua o, en los t\u00e9rminos de Anders, obsoleta.<\/p>\n<p>Por m\u00e1s que hoy nos beneficiemos de la mirada retrospectiva, es hasta cierto punto sorprendente lo mucho que tard\u00f3 en abrirse paso la idea de que Auschwitz, s\u00edmbolo de la matanza industrializada y burocratizada, fue la concreci\u00f3n de lo que para la mentalidad ilustrada era un tab\u00fa: el maridaje entre racionalidad y barbarie. El libro de Traverso nos pone este asunto en perspectiva y, de paso, ofrece una oportuna manera de adentrarse en el ejercicio de \u00abpensar el siglo XX\u00bb. De la rotundidad de esta perspectiva es suficiente prueba la siguiente cita:<\/p>\n<p>\u00abEl exterminio fue un acontecimiento <em>anormal<\/em> propiciado por una tr\u00e1gica constelaci\u00f3n de circunstancias hist\u00f3ricas (la guerra, la \u00abcruzada\u00bb contra la Rusia bolchevique, etc.), y ejecutado con procedimientos inscritos en la normalidad del mundo moderno (la racionalizaci\u00f3n, la burocratizaci\u00f3n, la industrializaci\u00f3n). Pero Auschwitz tambi\u00e9n marca una ruptura con las formas de la civilizaci\u00f3n industrial moderna descrita por Max Weber (la b\u00fasqueda racional del beneficio) y por Karl Marx (la acumulaci\u00f3n de capital y la producci\u00f3n de plusval\u00eda). Si los campos de exterminio funcionaban como f\u00e1bricas, su producto final -la muerte- no era ni una mercanc\u00eda ni una fuente de beneficio. La destrucci\u00f3n se convert\u00eda en un fin en s\u00ed que entraba en contradicci\u00f3n con la misma l\u00f3gica de la sociedad que la engendr\u00f3, pues ser\u00eda imposible encontrar una racionalidad econ\u00f3mica en ese sistema de aniquilamiento. Llevada a sus consecuencias extremas en el genocidio, la biolog\u00eda racial romp\u00eda tambi\u00e9n con la l\u00f3gica tradicional del antisemitismo, que necesitaba a los jud\u00edos para convertirlos en chivos expiatorios siempre disponibles; eso implicaba preservar a sus enemigos y mantener el blanco de un odio ancestral constantemente renovado. Con el exterminio, el antisemitismo se radicalizaba al punto de negar sus propios fundamentos\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Enzo Traverso, <em>La historia desgarrada: Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales<\/em>. Herder, Barcelona, 2001. 253 pp.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/Hislibris\/~4\/xAvfFhjTDbk\" height=\"1\" width=\"1\" alt=\"\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&laquo;En vez de la tesis &ldquo;Todos los hombres son mortales&rdquo; hoy rige &eacute;sta: &ldquo;La humanidad como conjunto es eliminable&rdquo;&raquo;. G&uuml;nther Anders. Decir &laquo;Auschwitz&raquo; es aludir a un fen&oacute;meno que adem&aacute;s de espanto todav&iacute;a suscita perplejidad. 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