{"id":96096,"date":"2018-11-22T11:01:59","date_gmt":"2018-11-22T10:01:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.hislibris.com\/?p=23896"},"modified":"2018-11-22T11:01:59","modified_gmt":"2018-11-22T10:01:59","slug":"stalingrado-jochen-hellbeck","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2018\/11\/22\/stalingrado-jochen-hellbeck\/","title":{"rendered":"STALINGRADO \u2013 Jochen Hellbeck"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-24714\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/9788417088781.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"166\" srcset=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/9788417088781.jpg 604w, http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/9788417088781-181x300.jpg 181w\" sizes=\"(max-width: 100px) 100vw, 100px\" \/><\/p>\n<p>La batalla de Stalingrado suscita a menudo alusiones o caracterizaciones hiperb\u00f3licas, y la verdad es que casi no hay modo de sustraerse a ellas: dif\u00edcilmente se puede exagerar la importancia militar e hist\u00f3rica pero tambi\u00e9n simb\u00f3lica del acontecimiento. Stalingrado fue escenario de una lucha brutal, prolongada y de vastas proporciones, en que los contendientes sufrieron cuantios\u00edsimas p\u00e9rdidas, tanto humanas como materiales. El triunfo sovi\u00e9tico volatiliz\u00f3 el aura de imbatibilidad de la Wehrmacht y represent\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, hasta entonces favorable al Tercer Reich. Stalingrado fue la piedra angular del prestigio militar del Ej\u00e9rcito Rojo, que tanto incidir\u00eda en el amplio ascendiente de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica en los asuntos internacionales, ya iniciada la posguerra. Por una vez, tama\u00f1a repercusi\u00f3n presta legitimidad aun a las frases m\u00e1s rotundas y altisonantes. Sin embargo, no reflejan ellas -no de la mejor manera- el estremecedor drama humano que constituy\u00f3 aquella colisi\u00f3n de las potencias totalitarias por antonomasia, ni lo hacen por lo general los muchos estudios abocados a la misma: premunida de objetivos, metodolog\u00edas y enfoques espec\u00edficos, la historiograf\u00eda militar prioriza unos \u00e9nfasis que hacen del aspecto testimonial apenas un aditamento, si acaso un valor agregado, mas no la faceta principal del discurso. Es cierto que el elogiado libro de Antony Beevor sobre Stalingrado recoge una serie de testimonios ilustrativos, aproxim\u00e1ndonos a lo que cabe denominar -a inspiraci\u00f3n de John Keegan- el &#8220;rostro humano de la batalla&#8221;, pero, aunque enriquecedor, sigue siendo este proceder un componente subalterno (adem\u00e1s de parcial, en la medida que privilegia la perspectiva alemana, a cuyas fuentes ten\u00eda Beevor un mejor acceso). No es el caso de Jochen Hellbeck, historiador alem\u00e1n que opt\u00f3 por poner lo tocante a la experiencia subjetiva de la guerra en el primer plano, concentr\u00e1ndose en las impresiones, los pensamientos y las actitudes de quienes se vieron involucrados en la batalla de Stalingrado, especialmente del lado vencedor. Para esto, Hellbeck sac\u00f3 provecho ante todo de uno de aquellos tesoros que realizan el sue\u00f1o de muchos historiadores: material de archivo, abundante, in\u00e9dito y s\u00fabitamente revelado al mundo. Se trata de las transcripciones de 215 entrevistas a miembros del personal militar y sanitario del Ej\u00e9rcito Rojo, participantes en lo que primero fue defensa y luego asedio de Stalingrado por parte sovi\u00e9tica. (Cabe precisar que la batalla tuvo lugar entre fines de agosto de 1942 y el 2 de febrero del a\u00f1o siguiente.)\u00a0<span id=\"more-23896\"><\/span><\/p>\n<p>Las entrevistas, que incluyeron una porci\u00f3n de civiles -como algunos de los ingenieros de la gran planta sider\u00fargica Octubre Rojo- fueron realizadas mientras se desarrollaba la refriega o poco despu\u00e9s de su finalizaci\u00f3n, y estuvieron a cargo de un equipo de historiadores y esten\u00f3grafas de la llamada Comisi\u00f3n de Historia de la Gran Guerra Patri\u00f3tica, dirigida en aquel entonces por el historiador judeo-ruso Isaak Mints (catedr\u00e1tico de la Universidad Estatal de Mosc\u00fa). Imbuido de prop\u00f3sitos testimoniales a la vez que propagand\u00edsticos, el magno proyecto editorial de Mints termin\u00f3 en su casi totalidad sepultado en oscuros fondos archiv\u00edsticos de la URSS, y solo recientemente salieron a la luz sus miles de p\u00e1ginas mecanografiadas, fruto de una iniciativa conjunta germano-rusa. Examinadas por un grupo de investigadores encabezados por Hellbeck, las &#8220;transcripciones de Stalingrado&#8221; (el nombre que les aplica nuestro autor) documentan la percepci\u00f3n de uno de los cap\u00edtulos decisivos de la SGM por sus participantes directos. El libro resultante de la labor, publicado originalmente en Alemania en 2012, ofrece una cuidada selecci\u00f3n de las entrevistas, complementada por algunos escritos adicionales (destaca entre ellos un art\u00edculo de Vasili Grossman publicado en noviembre de 1942 en <em>Estrella Roja<\/em>, peri\u00f3dico del ej\u00e9rcito sovi\u00e9tico) y un volumen menor de testimonios de soldados alemanes. Hellbeck no se limita a reproducir estas fuentes primarias sino que las comenta y las enmarca en su correspondiente contextualizaci\u00f3n hist\u00f3rica, abarcando tanto los antecedentes y consecuencias de la batalla como los de la comisi\u00f3n que recab\u00f3 en su d\u00eda el material. En conjunto, <em>Stalingrado: la ciudad que derrot\u00f3 al Tercer Reich<\/em> nos depara una visi\u00f3n panor\u00e1mica del episodio al calor de la experiencia concreta, dominada por ende por la inmediatez de la percepci\u00f3n subjetiva: por descontado, una visi\u00f3n de suyo sugestiva e impactante. Fuera de esto, las entrevistas tienen el m\u00e9rito de cubrir una variedad de sectores de la sociedad sovi\u00e9tica, con lo que el libro transmite en apreciable medida la perspectiva desde la que asumi\u00f3 su beligerancia la URSS.<\/p>\n<p>Soldados rasos, marineros, enfermeras, m\u00e9dicos, comisarios pol\u00edticos, oficiales de diversa graduaci\u00f3n, funcionarios civiles, los mentados ingenieros: toda una gama de individuos implicados en la batalla tiene parte tambi\u00e9n en el multitudinario coro de voces captado por la comisi\u00f3n. Desde combatientes de \u00ednfima categor\u00eda -encarnaciones del &#8220;soldado an\u00f3nimo&#8221;- hasta verdaderas celebridades como el general Vasili Chuikov, principal responsable de la defensa de Stalingrado, o el francotirador Vasili Zaitsev: todos ellos vierten sus impresiones ante los entrevistadores, configurando una suerte de mosaico narrativo-testimonial que registra la atm\u00f3sfera afectiva y moral -asimismo la ideol\u00f3gica- del momento. Sus relatos nos hablan del denuedo y el hero\u00edsmo frecuentemente desplegados por los guerreros de la emblem\u00e1tica ciudad al borde del Volga, pero tambi\u00e9n nos hacen part\u00edcipes de sus miedos, sus penurias y sus tribulaciones. No siempre se trata de historias virtuosas, no todos son relatos de proezas ejemplares. Habida cuenta del atroz contexto, las inhibiciones morales cultivadas por la civilizaci\u00f3n tend\u00edan a esfumarse, y no olvidemos que aquella era una tesitura en que la deshumanizaci\u00f3n del enemigo y la incitaci\u00f3n al odio vengativo eran pr\u00e1cticas institucionalizadas. De cuando en cuando despuntan en las entrevistas los extremos de fiereza y crueldad que alcanzaban los hombres en la lucha sin cuartel que fue la conflagraci\u00f3n germano-sovi\u00e9tica (proclamada por ambos bandos como una &#8220;guerra de aniquilaci\u00f3n&#8221;). Se dice a veces que el ser humano es capaz de adaptarse a todo tipo de contingencias. El que algunos de los testimonios informen de la posibilidad de acostumbrarse hasta cierto punto a la acci\u00f3n de la artiller\u00eda antag\u00f3nica, o que el ensa\u00f1amiento en la matanza se tornara rutinario, son cosas que provocan estupor; semejantes calamidades no son sino un p\u00e1lido atisbo de lo que con frecuencia nos induce a abominar de la guerra.<\/p>\n<p>Las transcripciones dan cuenta en grado fehaciente de la relevancia que tuvo el factor an\u00edmico e ideol\u00f3gico, crucial en el esfuerzo b\u00e9lico de la URSS. No es casualidad que uno de los problemas cardinales en la investigaci\u00f3n de Hellbeck sea el de la motivaci\u00f3n de los soldados sovi\u00e9ticos, clave a su vez en la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo pudo la URSS sobrevivir a lo que sin duda fue su mayor desaf\u00edo existencial en tiempos de Stalin. \u00bfSe sostiene la imagen del Ej\u00e9rcito Rojo como una simple masa de combatientes expuestos a una sistem\u00e1tica coacci\u00f3n, embrutecidos y empujados al sacrificio por el terror bolchevique? Los alemanes ten\u00edan un conocimiento sesgado de la URSS, su percepci\u00f3n de la sociedad sovi\u00e9tica estaba notoriamente deformada por los prejuicios, cre\u00edan por lo tanto que el gigante rojo se desmoronar\u00eda a poco de sufrir la embestida de la temible maquinaria militar del Reich. Aparte de minusvalorar las recursos materiales del enemigo, erraron el tiro a la hora de sopesar sus reservas espirituales, as\u00ed como la habilidad del r\u00e9gimen estalinista para sobreponerse a una crisis may\u00fascula. Las entrevistas revelan que la coacci\u00f3n no era el factor primordial en la motivaci\u00f3n del combatiente sovi\u00e9tico. Tampoco fung\u00edan como principal acicate la camarader\u00eda o la lealtad al interior de las unidades militares primarias (la compa\u00f1\u00eda, el pelot\u00f3n o la escuadra) ni las solidaridades de la &#8220;patria peque\u00f1a&#8221; (elemento relacionado con el encuadramiento de los soldados seg\u00fan su regi\u00f3n de origen, un uso habitual en el ej\u00e9rcito alem\u00e1n). La tasa de bajas en el Ej\u00e9rcito Rojo era tan alta y fulminante que las unidades no alcanzaban a fraguar v\u00ednculos personales ni a propiciar un sentimiento de camarader\u00eda, m\u00e1xime en las campa\u00f1as iniciales. Por otro lado, la pol\u00edtica gubernamental apuntaba a desalentar los particularismos identitarios, corrientes en el imperio multinacional que era la URSS, fomentando en cambio la identificaci\u00f3n con la gran patria sovi\u00e9tica.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Hellbeck, el eje de la cohesi\u00f3n y la combatividad en el Ej\u00e9rcito Rojo era la ideolog\u00eda. En concreto, el patriotismo, el odio al invasor y el af\u00e1n de venganza promovidos por todos los medios oficiales fueron vitales en su papel de fuerza motriz, lo cual pone de relieve el cometido del partido comunista. La actividad del mismo, intensa y protag\u00f3nica como s\u00f3lo puede ocurrir en un r\u00e9gimen totalitario, estuvo derechamente encaminada a movilizar la sociedad sovi\u00e9tica instil\u00e1ndole un sentido de cohesi\u00f3n y de responsabilidad compartida en la defensa del pa\u00eds, sometido a una agresi\u00f3n que amenazaba su existencia entera. El que la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n asimilara la idea del choque con el Tercer Reich como una Gran Guerra Patri\u00f3tica, comprometi\u00e9ndose -especialmente los rusos- en lo que aparec\u00eda como una genuina guerra del pueblo, habla a las claras del \u00e9xito de la labor propagand\u00edstica del r\u00e9gimen, adem\u00e1s de respaldar la penetraci\u00f3n del partido en las fuerzas armadas sovi\u00e9ticas. Aunque el control del ej\u00e9rcito por los comisarios pol\u00edticos sufriera una relajaci\u00f3n durante el conflicto (de hecho, fueron suprimidos en 1943), la presencia del partido fue un factor de primer orden en la pugna por Stalingrado. En t\u00e9rminos generales, la institucionalidad sovi\u00e9tica supo proveer al pa\u00eds de un horizonte emotivo e ideol\u00f3gico sobremanera eficaz, a la altura del enorme reto que supuso el asalto alem\u00e1n.<\/p>\n<p>Las publicaciones corales o recopilatorias de filiaci\u00f3n testimonial suelen correr el riesgo de resultar reiterativas y agobiantes, sobre todo si su tema es sombr\u00edo: una sucesi\u00f3n ininterrumpida de relatos dominados por el sufrimiento o atestados de pormenores escabrosos puede embotar bien pronto la sensibilidad del lector, incluso la del mejor dispuesto. (Es lo que puede hacer de la lectura de obras como <em>Archipi\u00e9lago Gulag<\/em>, <em>El libro negro<\/em> o <em>Voces de Chern\u00f3bil<\/em> una muy ardua experiencia.) Afortunadamente, el libro de Hellbeck sortea con destreza este riesgo, por lo que se lee de principio a fin con el m\u00e1s v\u00edvido inter\u00e9s.<\/p>\n<p>&#8211; Jochen Hellbeck, <em>Stalingrado: La ciudad que derrot\u00f3 al Tercer Reich<\/em>. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2018. 635 pp.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/Hislibris\/~4\/2AcYh-yohy0\" height=\"1\" width=\"1\" alt=\"\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La batalla de Stalingrado suscita a menudo alusiones o caracterizaciones hiperb&oacute;licas, y la verdad es que casi no hay modo de sustraerse a ellas: dif&iacute;cilmente se puede exagerar la importancia militar e hist&oacute;rica pero tambi&eacute;n simb&oacute;lica del acontecimiento. 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