{"id":96413,"date":"2018-12-14T08:59:58","date_gmt":"2018-12-14T07:59:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.hislibris.com\/?p=23946"},"modified":"2018-12-14T08:59:58","modified_gmt":"2018-12-14T07:59:58","slug":"de-adolf-a-hitler-thomas-weber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2018\/12\/14\/de-adolf-a-hitler-thomas-weber\/","title":{"rendered":"DE ADOLF A HITLER \u2013 Thomas Weber"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/51Cj-Kt61fL.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-24865\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/51Cj-Kt61fL.jpg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"160\" srcset=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/51Cj-Kt61fL.jpg 313w, http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/51Cj-Kt61fL-188x300.jpg 188w\" sizes=\"(max-width: 100px) 100vw, 100px\" \/><\/a>Este libro es la continuaci\u00f3n l\u00f3gica de <a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/la-primera-guerra-de-hitler-thomas-weber\/\"  rel=\"noopener\"><em>La primera guerra de Hitler<\/em><\/a>, trabajo en que el historiador Thomas Weber emprend\u00eda una b\u00fasqueda de las ra\u00edces de la politizaci\u00f3n y radicalizaci\u00f3n de quien se convertir\u00eda en el siniestro dictador de Alemania. Weber conclu\u00eda en la primera parte de su pesquisa que la experiencia de Hitler en la Primera Guerra Mundial y en la inmediata posguerra no bast\u00f3 como semillero del jefe supremo del Tercer Reich; dicho de modo sucinto: la guerra no engendr\u00f3 a Hitler. Har\u00eda falta una sucesi\u00f3n de nuevas experiencias y un per\u00edodo de maduraci\u00f3n ideol\u00f3gica para que acabara gest\u00e1ndose el Hitler que trascendi\u00f3 del anonimato a la historia. Esto, la fase verdaderamente decisiva en la g\u00e9nesis del supremacista ario y antisemita furibundo, del propugnador de un conflicto de escala global y de la fundaci\u00f3n de un imperio alem\u00e1n milenario, es objeto de escrutinio en la segunda parte, titulada <em>De Adolf a Hitler: la construcci\u00f3n de un nazi<\/em> (la edici\u00f3n original en alem\u00e1n data de 2016). Fue en la etapa comprendida entre mediados de 1919 y fines de 1924 (cuando Hitler fue liberado de la prisi\u00f3n de Landsberg), que el artista fracasado y veterano de guerra se transform\u00f3 en figura pol\u00edtica, pero sobre todo fue en ese per\u00edodo que floreci\u00f3 la espec\u00edfica visi\u00f3n hitleriana del mundo, desarroll\u00e1ndose a la par el estilo caracter\u00edstico del futuro F\u00fchrer (su estrategia y sus t\u00e1cticas predilectas, o el modo hitleriano de desenvolverse en la arena pol\u00edtica). Esta tesis refuta la imagen que de s\u00ed mismo presenta el personaje en <em>Mi lucha<\/em>, en especial el pasaje en que asegura haber sufrido la mutaci\u00f3n esencial de su vida -su camino de Damasco- en noviembre de 1918, cuando terminaba la guerra y estallaba la revoluci\u00f3n que derrib\u00f3 la monarqu\u00eda alemana. De acuerdo a nuestro autor, la afirmaci\u00f3n -tenida por v\u00e1lida por muchos bi\u00f3grafos e historiadores- no es m\u00e1s que una de tantas falsedades convenientes que un examen minucioso puede descubrir en el referido manifiesto. El Hitler que sali\u00f3 de la guerra no hab\u00eda absorbido a\u00fan el batiburrillo de ideas que animar\u00edan la quintaesencia program\u00e1tica del nazismo, y ni siquiera el Hitler que encabez\u00f3 el fallido &#8220;<em>Putsch<\/em> de la cervecer\u00eda&#8221; en 1923 es plenamente identificable con el que empujar\u00eda a Alemania a una nueva conflagraci\u00f3n mundial, desencadenando de paso el Holocausto.\u00a0<span id=\"more-23946\"><\/span><\/p>\n<p>En su estudio, Weber entrelaza dos temas principales: la hechura de Hitler tal cual lo conocemos, y la forma en que \u00e9l mismo urdi\u00f3 una versi\u00f3n falsa de su evoluci\u00f3n personal, expuesta para consumo p\u00fablico en <em>Mi lucha<\/em>. Respecto del primero, hace hincapi\u00e9 en la singularidad del movimiento revolucionario b\u00e1varo, relevante puesto que la capital del estado de Baviera, M\u00fanich, fue el lugar de residencia de Hitler en los primeros a\u00f1os de posguerra, haciendo las veces de cuna del movimiento nazi. En vez de acogerse al llamado a la desmovilizaci\u00f3n, el nacido en Austria opt\u00f3 por permanecer en el ej\u00e9rcito (ciertamente, no ten\u00eda un hogar al que regresar ni una fuente de ingresos alternativa). La cuesti\u00f3n es que las unidades militares b\u00e1varas adhirieron masivamente a la agitaci\u00f3n revolucionaria. De las tumultuosas jornadas emergi\u00f3 un gobierno estadual de corte socialista moderado, m\u00e1s afecto a la instauraci\u00f3n de un r\u00e9gimen reformista que a una ruptura total con el pasado. En la pr\u00e1ctica, pertenecer en ese contexto al ej\u00e9rcito equival\u00eda a comprometerse en la defensa del nuevo orden democr\u00e1tico, encabezado por izquierdistas republicanos que se esforzaban por mantener a raya a los radicales de izquierda. (Recordemos que, en su obra anterior, Weber demostr\u00f3 que la experiencia b\u00e9lica no incidi\u00f3 demasiado en las afinidades pol\u00edticas de los veteranos, renuentes en su mayor\u00eda a secundar a los partidos extremistas, tanto antes como despu\u00e9s de la guerra.) Seg\u00fan Weber, no existen indicios incontrovertibles de que a Hitler le repugnase ese orden, no en 1919. Poco hab\u00eda por entonces de las fobias y las tendencias radicales que luego sazonar\u00edan la ret\u00f3rica hitleriana (su nacionalismo y su antisemitismo eran a\u00fan difusos), poco del azote implacable del republicanismo parlamentarista cuyo origen fechar\u00eda en noviembre de 1918. Esto no encaja con la imagen que m\u00e1s tarde se construy\u00f3 de cara al p\u00fablico: la de un temprano inconformista de derechas, hostil desde siempre a la democracia liberal; resulta esta una imagen incoherente con la de alguien que de hecho ofici\u00f3 como una especie de servidor de la incipiente rep\u00fablica b\u00e1vara.<\/p>\n<p>Weber lleva su tesis al punto de sostener que Hitler, lejos de aborrecer desde un principio la transici\u00f3n a un r\u00e9gimen democr\u00e1tico, en 1919 todav\u00eda dudaba de qu\u00e9 lado inclinarse, y que sus simpat\u00edas y sus c\u00e1lculos lo acercaron por un momento a la izquierda moderada. Ser\u00eda sintom\u00e1tico el que fuera elegido por los integrantes de su compa\u00f1\u00eda para un puesto de responsabilidad (<em>Vertrauensmann<\/em>, representante de los soldados) que implicaba participar en actividades prorepublicanas; el grueso de los soldados simpatizaban con la socialdemocracia: no habr\u00edan votado por alguien que pregonase ideas de extrema derecha. Y votaron nuevamente por \u00e9l despu\u00e9s de que se estableciera en la capital b\u00e1vara un r\u00e9gimen sovi\u00e9tico (abril de 1919), de ef\u00edmera existencia. El giro de Hitler hacia la derecha radical habr\u00eda empezado reci\u00e9n a mediados de aquel a\u00f1o, por los d\u00edas en que fue reclutado para asistir al curso de propaganda que lo iniciar\u00eda en la oratoria pol\u00edtica. \u00bfEl detonante de la conversi\u00f3n? La ratificaci\u00f3n del Tratado de Versalles por el gobierno alem\u00e1n, el 9 de julio. Como tantos de sus compatriotas de adopci\u00f3n, el propagandista en ciernes comprendi\u00f3 tard\u00edamente que Alemania hab\u00eda sido derrotada, pero esta toma de consciencia estuvo tamizada por la versi\u00f3n ama\u00f1ada de lo sucedido, conforme la cual la derrota se hab\u00eda materializado no en los campos de batalla sino por obra de quienes propinaron al pa\u00eds una pu\u00f1alada por la espalda; adem\u00e1s, las condiciones punitivas del tratado, alejadas de las promesas benignas de Woodrow Wilson, eran consideradas un abuso de las potencias occidentales y una traici\u00f3n por parte del presidente estadounidense. La frustraci\u00f3n y el despecho causados por el tratado ser\u00edan el germen de las fobias primigenias de Hitler, enfocadas en el capitalismo y las finanzas internacionales; de hecho,\u00a0las diatribas contra el materialismo de la econom\u00eda moderna, la &#8220;esclavitud de los intereses&#8221; y la erosi\u00f3n del tejido social por la rapacer\u00eda capitalista eran algunos de los motivos prevalecientes en el aludido curso de propaganda.<\/p>\n<p>Weber realiza un puntual examen de la constelaci\u00f3n de personalidades e ideas que terciaron en la formaci\u00f3n ideol\u00f3gica de Hitler, precisamente cuando empezaba la andadura que lo puso en contacto con los c\u00edrculos nacionalistas, en particular con el Partido Obrero Alem\u00e1n de Anton Drexler, antecesor directo del partido nazi. Rastrea tambi\u00e9n sus primeros pasos como agitador y como miembro de esta agrupaci\u00f3n, en la que conquist\u00f3 tempranamente una posici\u00f3n de privilegio merced a sus virtudes oratorias, indispensables para la captaci\u00f3n de adeptos. Hitler consolid\u00f3 su estatus dentro del partido a medida que reforzaba las l\u00edneas directrices de su pensamiento -harto m\u00e1s flexibles de lo que admitir\u00eda despu\u00e9s- y maniobraba entre diversos camaradas y mentores prominentes. Varios de ellos desertaron del partido y pasaron a ser detractores de Hitler; otros rivalizaron con \u00e9l por la supremac\u00eda partidista, terminando desbancados con habilidad (entre ellos estuvo Drexler, relegado a una posici\u00f3n meramente simb\u00f3lica). Vemos, pues, a un l\u00edder ascendente que se expon\u00eda a un surtido de influencias ideol\u00f3gicas, seleccionando los temas, dogmas y objetivos que movilizar\u00edan al nazismo. Se trata de una faceta significativa, puesto que no dejaba de haber matices y fluctuaciones en los conceptos que articulaban el discurso alem\u00e1n de derechas. El antisemitismo, por ejemplo. Ni siquiera uno de los ide\u00f3logos m\u00e1s reputados de la \u00e9poca, Houston Stewart Chamberlain, cuyo pensamiento cabe calificar de protofascista, profesaba un antisemitismo biologicista como el que adopt\u00f3 Hitler. Para el publicista anglo-germano, el juda\u00edsmo -al que rechazaba- era una cuesti\u00f3n cultural en vez de racial, y hab\u00eda que combatirlo en el plano de las ideas y las actitudes. De ninguna manera habr\u00eda propendido a juzgarlo insoluble si no era por la v\u00eda del exterminio. En cuanto al antisemitismo de Hitler, el que se agudizara a partir de 1919 estuvo m\u00e1s relacionado con el repudio del capitalismo internacionalista angloestadounidense, supuestamente controlado por los jud\u00edos y presunto responsable de las cadenas impuestas a Alemania por Versalles, que con los trastornos sufridos por Rusia a manos de la &#8220;caterva de revolucionarios judeobolcheviques&#8221;.<\/p>\n<p>Ya a comienzos de los a\u00f1os veinte se prefiguraba el caudillo nazi que causar\u00eda perplejidad entre los analistas futuros de su trayectoria y personalidad, divididos por lo general entre quienes ven en \u00e9l a un oportunista inescrupuloso y t\u00e1ctico consumado y quienes lo conciben como un dogm\u00e1tico irrestricto, ce\u00f1ido a un exclusivo e invariable patr\u00f3n de comportamiento (ideol\u00f3gicamente motivado). Mejor opci\u00f3n es la de atribuirle una alternancia de ambos factores, esto es, la combinaci\u00f3n de pragmatismo y de fanatismo doctrinario. Una muestra de la destreza t\u00e1ctica de Hitler est\u00e1 en el haber camuflado todav\u00eda en 1923 su convicci\u00f3n de encarnar la figura providencial que tantos ansiaban para Alemania. Si se presentaba como el escudero de un salvador en vez del salvador mismo (en su fuero interno ya por entonces se arrogaba ese papel), lo hac\u00eda \u00fanicamente por c\u00e1lculo. Estaba consciente de que el diminuto partido nazi era insuficiente como plataforma de apoyo (por no hablar de su propia falta de figuraci\u00f3n nacional), y que nada podr\u00eda lograr sin el concurso de los conservadores, cuya aprobaci\u00f3n se habr\u00eda enajenado en caso de exhibirles abiertamente su ambici\u00f3n. Frente a la clase dirigente, lo rentable era hacerse pasar solo por el portavoz de una causa, o por un agitador al servicio de quien tuviese las credenciales adecuadas para personificar el liderazgo mesi\u00e1nico. (Por de pronto, ese alguien parec\u00eda ser Ludendorff.) Con todo, la capacidad maniobrera de Hitler no era infalible: el frustrado golpe de noviembre de 1923 (el &#8220;<em>putsch<\/em> de la cervecer\u00eda&#8221;) fue una movida chapucera, irremediablemente condenada al fracaso por su absoluta carencia del sentido de la oportunidad y por su p\u00e9sima planificaci\u00f3n. El grotesco incidente debi\u00f3 provocar el final abrupto de la carrera pol\u00edtica de Hitler. Sin embargo&#8230;<\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 es historia conocida: Hitler fue juzgado y condenado a prisi\u00f3n en Landsberg. Pero el juicio le suministr\u00f3 una palestra en que exponer sus ideas y una caja de resonancia de alcance nacional. Lo convirti\u00f3, al fin, en una celebridad. Gracias a la condena, adem\u00e1s, tuvo ocasi\u00f3n no solo de escribir el libro que devendr\u00eda la bibia del nazismo sino de reflexionar sobre la improcedencia de la v\u00eda insurreccional al poder: la acomodaci\u00f3n oportunista a la legalidad le brindar\u00eda mejores resultados. Por si fuera poco, la reclusi\u00f3n carcelaria le abri\u00f3 las puertas de la alta sociedad muniquesa, cautivada por su aura de misteriosa energ\u00eda y su imagen de genio salv\u00edfico, de redentor dispuesto al sacrificio por la patria. A la larga, el fracaso del <em>putsch<\/em> result\u00f3 una bendici\u00f3n, para \u00e9l y para su partido.<\/p>\n<p>En lo concerniente a su ideario pol\u00edtico, fue en Landsberg que Hitler termin\u00f3 de darle forma, perfilando las que en adelante ser\u00edan sus obsesiones definitivas. All\u00ed se apropi\u00f3 del tema del &#8220;espacio vital&#8221; (<em>Lebensraum<\/em>), base del expansionismo germano orientado hacia el Este (Hitler hab\u00eda coqueteado previamente con la idea de una alianza entre Alemania y una Rusia mon\u00e1rquica); radicaliz\u00f3 sus convicciones racistas, en particular su antisemitismo, provisto de una vez por todas del sustrato biologicista que preceder\u00eda a la voluntad de exterminio; reconfigur\u00f3 el mapa del destino geopol\u00edtico de Alemania, fij\u00e1ndose en Francia y Rusia como enemigos primordiales de la naci\u00f3n germana (antes concentraba sus odios en la esfera angloestadounidense, desde la que el capitalismo jud\u00edo extend\u00eda supuestamente sus tent\u00e1culos hacia el orbe). Tal cual apunta Weber: \u00abCon la conclusi\u00f3n de <em>Mi lucha<\/em>, la metamorfosis de Hitler \u2014de ser un don nadie con ideas pol\u00edticas indefinidas y mudables a convertirse en un l\u00edder nacionalsocialista\u2014 qued\u00f3 completa. En la segunda mitad de la d\u00e9cada de los veinte, el Adolf Hitler que, una vez en el poder, casi puso al mundo de rodillas se hizo visible\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Thomas Weber, <em>De Adolf a Hitler. La construcci\u00f3n de un nazi<\/em>. Taurus, Madrid, 2018. 592 pp.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/Hislibris\/~4\/fszaFhWupQE\" height=\"1\" width=\"1\" alt=\"\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este libro es la continuaci&oacute;n l&oacute;gica de La primera guerra de Hitler, trabajo en que el historiador Thomas Weber emprend&iacute;a una b&uacute;squeda de las ra&iacute;ces de la politizaci&oacute;n y radicalizaci&oacute;n de quien se convertir&iacute;a en el siniestro dictador de Alemania. 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