{"id":97306,"date":"2019-05-10T12:22:52","date_gmt":"2019-05-10T11:22:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.hislibris.com\/?p=24973"},"modified":"2019-05-10T12:22:52","modified_gmt":"2019-05-10T11:22:52","slug":"la-especie-fabuladora-nancy-huston","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/geohistoria\/2019\/05\/10\/la-especie-fabuladora-nancy-huston\/","title":{"rendered":"LA ESPECIE FABULADORA \u2013 Nancy Huston"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/visd_0001JPG0C1OC.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-28612\" title=\"LA ESPECIE FABULADORA - Nancy Huston\" src=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/visd_0001JPG0C1OC.jpg\" alt=\"LA ESPECIE FABULADORA - Nancy Huston\" width=\"100\" height=\"167\" srcset=\"http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/visd_0001JPG0C1OC.jpg 400w, http:\/\/www.hislibris.com\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/visd_0001JPG0C1OC-179x300.jpg 179w\" sizes=\"(max-width: 100px) 100vw, 100px\" \/><\/a>Apetecemos historias porque necesitamos el sentido, con la misma premura con que necesitamos respirar. Sucede que en la b\u00fasqueda de sentido se nos va la vida: literalmente.<\/p>\n<p>Cada relato, cada f\u00e1bula, mito o teor\u00eda que absorbemos, o a que nos acogemos en busca de asidero, es lo mismo que una bocanada de aire. Nos asfixiamos si nos falta el ox\u00edgeno; nos sofocamos si nos faltan historias.<\/p>\n<p>Estando nosotros mismos hechos de historia, o, dicho de otro modo: siendo la historicidad un atributo inherente a nuestra especie, las historias -con pretensiones de veracidad o solo veros\u00edmiles- son la savia del proceso de retroalimentaci\u00f3n de la naturaleza humana, pero tambi\u00e9n su m\u00e1s rotunda confirmaci\u00f3n. Son una se\u00f1al definitiva de la especificidad de lo humano. Fabulamos porque somos humanos. Y solo nosotros lo hacemos, porque solo nosotros necesitamos un por qu\u00e9. Para todo, a cada instante, directa o indirectamente: cuando disfrutamos de una novela o una canci\u00f3n -o nos disgustan y las repudiamos-; cuando leemos un reportaje en el peri\u00f3dico, o atendemos a una informaci\u00f3n transmitida por radio o televisi\u00f3n; cuando recordamos y reconstruimos el sue\u00f1o de la noche pasada -desesperando a la vez de descifrarlo-; cuando citamos un pasaje de la Biblia, del Talmud o de cualquier otro texto religioso; cuando pretextamos alguna raz\u00f3n para justificar nuestra inasistencia o nuestra falta a un compromiso cualquiera; cuando ilustramos una situaci\u00f3n recurriendo al imaginario de raigambre m\u00edtico-legendaria o literaria (&#171;complejo de Edipo&#187;, &#171;un designio prometeico&#187;, &#171;realidad kafkiana&#187;, &#171;empe\u00f1o quijotesco&#187;); cuando encajamos tal o cual aspecto de la realidad ados\u00e1ndole una hip\u00f3tesis o teor\u00eda cient\u00edfica; cuando imaginamos lo que har\u00edamos en caso de ganar la loter\u00eda; cuando adherimos a determinada corriente pol\u00edtica; cuando confeccionamos listados del tipo de &#171;las diez mejores pel\u00edculas&#187;, o &#171;los cincuenta libros m\u00e1s influyentes&#187;&#8230;<\/p>\n<p>Somos la especie hambrienta de sentido. La especie fabuladora por excelencia.<span id=\"more-24973\"><\/span><\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<p>Este es justamente el asunto que tiene a bien destacar Nancy Huston, ensayista y novelista, fabuladora de profesi\u00f3n. Otros autores reflexionan en torno a la memoria, o en torno al raciocinio y el libre albedr\u00edo, o la facultad de asociarnos y convivir -la humana sociabilidad-, o la de motivarnos y organizarnos pol\u00edticamente, o acerca de cualquier otro signo en que quepa hacer hincapi\u00e9 como distintivo de la condici\u00f3n humana. Huston elige reflexionar sobre la facultad de fabular, de hacer de todo cuanto nos rodea -y de lo que somos- un relato o, para decirlo con precisi\u00f3n, un mundo de relatos, multitudinario y heterog\u00e9neo. Oral, visual o escrita; religiosa, acad\u00e9mica o de ficci\u00f3n; con pretensiones de perdurar o circunstancial y ef\u00edmera como cualquier hecho cotidiano; provista de intenci\u00f3n aleg\u00f3rica o no, en fin: la narrativa, entendida del modo m\u00e1s amplio, viene a ser en la perspectiva de Nancy Huston un componente medular de nuestra impronta gen\u00e9rica.<\/p>\n<p><em>La especie fabuladora<\/em> no es tratado sistem\u00e1tico ni estudio erudito sino un ensayo, de tipo literario si se quiere, libre como tal en sus formas y contenidos. Entre las referencias a que acude la autora podr\u00eda haber estado Ortega y Gasset, insigne razonador de la historicidad del ser humano. Veamos, por ejemplo, qu\u00e9 escribe el fil\u00f3sofo espa\u00f1ol sobre la condici\u00f3n de la especie: \u00abEl hombre no es cosa ninguna, sino un drama -su vida, un puro y universal acontecimiento que acontece a cada cual y en que cada cual no es, a su vez, sino acontecimiento. [&#8230;] El existir mismo no le es dado &#171;hecho&#187; y reglado como la piedra, sino que [&#8230;] al encontrarse con que existe, al acontecerle existir, lo \u00fanico que encuentra o le acontece es no tener m\u00e1s remedio que hacer algo para no dejar de existir\u00bb. O bien: \u00abLa vida es un gerundio y no un participio: un <em>faciendum<\/em> y no un <em>factum<\/em>. La vida es quehacer\u00bb. M\u00e1s adelante: \u00abLa vida humana no es, por tanto, una entidad que cambia accidentalmente, sino, al rev\u00e9s, en ella la &#171;sustancia&#187; es precisamente cambio [&#8230;]. Como la vida es un &#171;drama&#187; que acontece y el &#171;sujeto&#187; a quien le acontece no es una cosa aparte y antes de su drama, sino que es funci\u00f3n de \u00e9l, quiere decirse que la &#171;sustancia&#187; ser\u00eda su argumento\u00bb. Por lo tanto, a modo de conclusi\u00f3n: \u00ab<em>El hombre no tiene naturaleza, sino que tiene&#8230; historia<\/em>\u00bb (cursivas en el original; ver Ortega y Gasset, <em>Historia como sistema<\/em>, caps. VII y VIII.)<\/p>\n<p>La condici\u00f3n humana es, pues, progresiva, en sentido de hacerse <em>sobre la marcha<\/em>, a medida de la existencia. Lo propio del hombre es ser materia pl\u00e1stica, moldeable y cambiante, sometida a la dial\u00e9ctica de circunstancias y voluntad. \u00abYo soy yo y mi circunstancia\u00bb. M\u00e1s incluso que un repertorio de facultades, el hombre es trayectoria y acumulaci\u00f3n de un pasado. (Recu\u00e9rdese la formulaci\u00f3n c\u00e9lebre, en <em>La rebeli\u00f3n de las masas<\/em>: \u00abEl hombre no es nunca un primer hombre: comienza desde luego a existir sobre cierta altitud de pret\u00e9rito amontonado\u00bb.) Por esto es que la &#171;raz\u00f3n hist\u00f3rica&#187; y no la &#171;raz\u00f3n f\u00edsica&#187;, propia de las ciencias de la naturaleza, es la llamada a dar cuenta de lo humano, cuyo privilegio ontol\u00f3gico es el de errar por la existencia, no del todo indeterminado -ah\u00ed est\u00e1n las inevitables circunstancias, otro nombre para los condicionamientos a que estamos sujetos-, pero s\u00ed irreductible a la unicidad de las cosas.<\/p>\n<p>Errantes que somos, a cada paso que damos nos proveemos de un surtido de met\u00e1foras, arquetipos, iconos, alegor\u00edas. A cada paso procedemos tambi\u00e9n a discriminar, seleccionar y clasificar. Porque la intelecci\u00f3n del entorno y nuestro posicionamiento en \u00e9l dependen directamente de los significados que atribuimos a las <em>cosas<\/em> -incluyendo a los &#171;otros&#187;- y de la distribuci\u00f3n, orden y jerarqu\u00edas que les asignamos. Representarnos el mundo y ordenarlo de una cierta manera equivale a conferirle estructura, en la que nos insertamos con mayor o menor satisfacci\u00f3n pero siempre con urgencia: despojados de estructura, sucumbimos en el desarraigo, en la anomia y la alienaci\u00f3n; nos damos de bruces con la absolutamente insoportable y desquiciante sensaci\u00f3n de carecer de sentido. Como si nos arrojaran al vac\u00edo.<\/p>\n<p>\u00abS\u00f3lo nosotros -escribe Nancy Huston- percibimos nuestra existencia en la tierra como un trayecto dotado de sentido (significado y direcci\u00f3n). Un arco. Una curva desde el nacimiento hasta la muerte. Una forma que se despliega en el tiempo, con un inicio, peripecias y un fin. En otras palabras: un relato\u00bb. El relato proporciona a nuestra presencia en el mundo una dimensi\u00f3n de sentido, propiedad aun m\u00e1s excluyente que la memoria o la capacidad de manipular y fabricar objetos. De ah\u00ed que Huston la enaltezca apunt\u00e1ndola en lo sucesivo con may\u00fascula. \u00abNadie ha introducido el Sentido en el mundo. Solo nosotros\u00bb. Ahora bien, enfatizar su importancia no implica necesariamente idealizarla, lo que, por cierto, nuestra autora reh\u00faye con \u00e9xito.<\/p>\n<p>La cl\u00e1sica secuencia de inicio-desarrollo-desenlace transfiere a la narrativa la percepci\u00f3n de nuestra existencia como un trayecto, manifestando la caracter\u00edstica disposici\u00f3n antropol\u00f3gica de situarnos en el tiempo. Asumirnos como impelidos a una progresi\u00f3n temporal -una sucesi\u00f3n de etapas- supone volvernos conscientes de que somos mucho m\u00e1s que mero presente; la consciencia del pasado y del futuro nos vuelve rotundamente humanos. Y, cosa nada balad\u00ed, sucede que narrar es el medio del que nos servimos para registrar esta crucial circunstancia. \u00abContar es tejer v\u00ednculos entre el pasado y el presente, entre el presente y el futuro. Hacer existir el pasado y el futuro en el presente\u00bb.<\/p>\n<p>El hombre como despliegue de una narrativa, o de una red intrincada de narrativas. Tanto como en el \u00e1mbito de la ficci\u00f3n, el hecho de estar expuestos al albur de la contingencia implica que mucho de lo que somos o de lo que nos define podr\u00eda no haber sido, o haber sido de otra guisa. No elegimos la patria en que nacemos, ni a los padres que nos engendran, ni el nombre con que se nos identifica. Tampoco nuestro fenotipo racial, ni la religi\u00f3n en que se nos educa&#8230;, aunque luego podemos mudarnos a otra confesi\u00f3n, incluso prescindir de toda creencia religiosa. Podemos tambi\u00e9n adquirir otra nacionalidad, o cambiarnos el nombre, o aprender otras lenguas adem\u00e1s de la materna. La identidad es un fen\u00f3meno no solo compuesto sino tambi\u00e9n atiborrado de aleatoriedad, susceptible adem\u00e1s al cambio: justo como el proceso de la ficci\u00f3n, en que el art\u00edfice -novelista, dramaturgo, guionista, cineasta o lo que fuere- bracea en un mar de alternativas y juega con la posibilidad de enmendar elecciones (revivir a un personaje, idear un nuevo acontecimiento, darle otro curso a la trama, etc.). Reparar en esta evidencia nos confronta con lo artificioso de las adscripciones colectivas y con lo absurdo de las ideolog\u00edas que absolutizan y sacralizan la identidad, o el hecho de la pertenencia -azaroso en su mism\u00edsima ra\u00edz-. Nacionalismo, racismo, fundamentalismo religioso, exaltaci\u00f3n de la lucha de clases: diversas formas de la apoteosis de la identidad, todas ellas variaciones del sinsentido. A juzgar por la Historia y sus calamidades, un sinsentido de los m\u00e1s perniciosos.<\/p>\n<p>\u00abHablar una o varias lenguas extranjeras destruye la falsa evidencia de la lengua materna y te ayuda a verla como lo que es: <em>una visi\u00f3n de lo real entre otras<\/em>\u00bb (cursivas en el original). Afirmaci\u00f3n de Nancy Huston perfectamente extensiva a los dem\u00e1s fundamentos de la narrativa identitaria.<\/p>\n<p>Las aludidas calamidades de la Historia son, por de pronto, una muy atendible raz\u00f3n para no idealizar la facultad fabuladora, o la narrativa como se\u00f1al de nuestra especie. As\u00ed como el raciocinio se aplica en no pocas ocasiones a la pr\u00e1ctica del mal, otro tanto ocurre con la capacidad de ficcionar. \u00abLos cuentos son valiosos, milagrosos. Nos permiten aguantar los golpes de la adversidad sin apartar los ojos del ideal. Los cuentos son funestos, aterradores. Nos permiten abrir el gas para exterminar a nuestros semejantes sin apartar los ojos del ideal\u00bb. Podemos quiz\u00e1 infatuarnos de la facultad de ficcionar, pero podemos tambi\u00e9n avergonzarnos del uso que eventualmente le damos. Execrable uso, cuando consiste -por ejemplo- en la apolog\u00eda del odio y la violencia, de la exclusi\u00f3n y la matanza.<\/p>\n<p>Constatar la importancia de la fabulaci\u00f3n viene a ser otra forma de ver la realidad socialmente construida. No es que la din\u00e1mica de relatar y conferir sentido sea una &#171;segunda naturaleza&#187;: es, cabalmente, nuestra naturaleza, puesto que nos hacemos en el recorrido, nunca en solitario sino en interacci\u00f3n con los otros. Seres hist\u00f3ricos y sociales, esto es lo que somos. Tenga forma de mito -forma primordial de comprender el mundo-, de narraci\u00f3n literaria, doctrina filos\u00f3fica o ideolog\u00eda pol\u00edtica -susceptibles de devenir mito, de incardinar un imaginario-, el relato es el espinazo de nuestra realidad. Bien lo dice Huston: \u00abEl mito no va por un lado, y la realidad por otro. El imaginario no s\u00f3lo forma parte de la realidad, sino que la caracteriza y la engendra\u00bb. Agrega ella que las guerras, destructivas y todo, generan mitos de los m\u00e1s poderosos, de los m\u00e1s subyugantes para la psique humana. La epopeya b\u00e9lica inspira, convoca y moviliza a los hombres como ninguna otra ficci\u00f3n en la historia.<\/p>\n<p>Tal vez porque el ficcionar sea en s\u00ed mismo neutro, desde el punto de vista \u00e9tico, la literatura y en particular la novela tienen la ocasi\u00f3n de ennoblecerse mostr\u00e1ndonos lo que hay de ficticio -de artificioso y arbitrario- en las narrativas de la realidad, en las cosmovisiones. Pero solo la mala novela pretende aleccionarnos, endilg\u00e1ndonos discursos moralizantes. La buena novela es un alegato \u00e9tico, \u00abpero de un tipo concreto. A diferencia de nuestras ficciones religiosas, familiares y pol\u00edticas, la ficci\u00f3n literaria no nos dice d\u00f3nde est\u00e1 el bien o el mal. Su misi\u00f3n \u00e9tica es otra: mostrarnos la verdad de los seres humanos, una verdad siempre mixta e impura, tejida de paradojas, de problem\u00e1ticas y de abismos. (En cuanto un autor nos asesta su visi\u00f3n del bien, traiciona su vocaci\u00f3n novelesca y su libro se vuelve malo.)\u00bb<\/p>\n<p>Escrito inspirado y valioso, el que acabo de rese\u00f1ar. Os invito encarecidamente a leerlo.<\/p>\n<p>&#8211; Nancy Huston, <em>La especie fabuladora<\/em>. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2017. 160 pp.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/feeds.feedburner.com\/~r\/Hislibris\/~4\/ZnLIbpfffaw\" height=\"1\" width=\"1\" alt=\"\"\/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Apetecemos historias porque necesitamos el sentido, con la misma premura con que necesitamos respirar. Sucede que en la b&uacute;squeda de sentido se nos va la vida: literalmente. Cada relato, cada f&aacute;bula, mito o teor&iacute;a que absorbemos, o a que nos acogemos en busca de asidero, es lo mismo que una bocanada de aire. 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