{"id":2810,"date":"2021-02-01T12:40:53","date_gmt":"2021-02-01T11:40:53","guid":{"rendered":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/iescamposdenijar\/?p=2810"},"modified":"2021-04-05T11:01:51","modified_gmt":"2021-04-05T10:01:51","slug":"ortega-y-gasset","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogsaverroes.juntadeandalucia.es\/iescamposdenijar\/ortega-y-gasset\/","title":{"rendered":"Ortega Y Gasset"},"content":{"rendered":"<p><strong>ORTEGA Y GASSET, J:<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Tema de Nuestro Tiempo. Obras Completas, vol III, cap. X. Rev. de Occ. Madrid.1966, pp. 197-203<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cLa doctrina del punto de vista\u201d<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Contraponer la cultura a la vida y reclamar para \u00e9sta la plenitud de sus derechos frente a aqu\u00e9lla no es hacer profesi\u00f3n de fe anticultural. Si se interpreta as\u00ed lo dicho anteriormente, se practica una perfecta tergiversaci\u00f3n. Quedan intactos los valores de la cultura; \u00fanicamente se niega su exclusivismo. Durante siglos se viene hablando exclusivamente de la necesidad que la vida tiene de la cultura. Sin desvirtuar lo m\u00e1s m\u00ednimo esta necesidad, se sostiene aqu\u00ed que la cultura no necesita menos de la vida. Ambos poderes el inmanente de lo biol\u00f3gico y el trascendente de la cultura quedan de esta suerte cara a cara, con iguales t\u00edtulos, sin supeditaci\u00f3n del uno al otro. Este trato leal de ambos permite plantear de una manera clara el problema de sus relaciones y preparar una s\u00edntesis m\u00e1s franca y s\u00f3lida. Por consiguiente, lo dicho hasta aqu\u00ed es s\u00f3lo preparaci\u00f3n para esa s\u00edntesis en que culturalismo y vitalismo, al fundirse, desaparecen.<\/p>\n<p>Recu\u00e9rdese el comienzo de este estudio. La tradici\u00f3n moderna nos ofrece dos maneras opuestas de hacer frente a la antinomia entre vida y cultura. Una de ellas, el racionalismo, para salvar la cultura niega todo sentido a la vida. La otra, el relativismo, ensaya la operaci\u00f3n inversa: desvanece el valor objetivo de la cultura para dejar paso a la vida. Ambas soluciones, que a las generaciones anteriores parec\u00edan suficientes, no encuentran eco en nuestra sensibilidad. Una y otra viven a costa de cegueras complementarias. Como nuestro tiempo no padece esas obnubilaciones, como se ve con toda claridad en el sentido de ambas potencias litigantes, ni se aviene a aceptar que la verdad, que la justicia, que la belleza no existen, ni a olvidarse de que para existir necesitan el soporte de la vitalidad.<\/p>\n<p>Aclaremos este punto concr\u00e9tandonos a la porci\u00f3n mejor definible de la cultura: el conocimiento.<\/p>\n<p>El conocimiento es la adquisici\u00f3n de verdades, y en las verdades se nos manifiesta el universo trascendente (transubjetivo) de la realidad. Las verdades son eternas, \u00fanicas e invariables. \u00bfC\u00f3mo es posible su insaculaci\u00f3n dentro del sujeto?. La respuesta del Racionalismo es taxativa: s\u00f3lo es posible el conocimiento si la realidad puede penetrar en \u00e9l sin la menor deformaci\u00f3n. El sujeto tiene, pues, que ser un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y ma\u00f1ana por tanto, ultravital y extrahist\u00f3rico. Vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia.<\/p>\n<p>La respuesta del relativismo no es menos taxativa. El conocimiento es imposible; no hay una realidad trascendente, porque todo sujeto real es un recinto peculiarmente modelado. Al entrar en \u00e9l la realidad se deformar\u00eda, y esta deformaci\u00f3n individual ser\u00eda lo que cada ser tomase por la pretendida realidad.<\/p>\n<p>Es interesante advertir c\u00f3mo en estos \u00faltimos tiempos, sin com\u00fan acuerdo ni premeditaci\u00f3n, psicolog\u00eda, y teor\u00eda del conocimiento, al revisar los hechos de que ambas actitudes part\u00edan, han tenido que rectificarlos, coincidiendo en una nueva manera de plantear la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>El sujeto, ni es un medio transparente, un &#8220;yo puro&#8221; id\u00e9ntico e invariable, ni su recepci\u00f3n de la realidad produce en \u00e9sta deformaciones. Los hechos imponen una tercera opini\u00f3n, s\u00edntesis ejemplar de ambas. Cuando se interpone un cedazo o ret\u00edcula en una corriente, deja pasar unas cosas y detiene otras; se dir\u00e1 que las selecciona, pero no que las deforma. Esta es la funci\u00f3n del sujeto, del ser viviente ante la realidad c\u00f3smica que le circunda. Ni se deja traspasar sin m\u00e1s ni m\u00e1s por ella, como acontecer\u00eda al imaginario ente racional creado por las definiciones racionalistas, ni finge \u00e9l una realidad ilusoria. Su funci\u00f3n es claramente selectiva. De la infinidad de los elementos que integran la realidad, el individuo, aparato receptor, deja pasar un cierto n\u00famero de ellos, cuya forma y contenido coinciden con las mallas de su ret\u00edcula sensible. Las dem\u00e1s cosas -fen\u00f3menos, hechos, verdades quedan fueran, ignoradas, no percibidas.<\/p>\n<p>Un ejemplo elemental y puramente fisiol\u00f3gico se encuentra en la visi\u00f3n y en la audici\u00f3n. El aparato ocular y el auditivo de la especie humana reciben ondas vibratorias desde cierta velocidad m\u00ednima hasta cierta velocidad m\u00e1xima. Los colores y sonidos que queden m\u00e1s all\u00e1 o m\u00e1s ac\u00e1 de ambos l\u00edmites le son desconocidos. Por tanto, su estructura vital influye en la recepci\u00f3n de la realidad; pero esto no quiere decir que su influencia o intervenci\u00f3n traiga consigo una deformaci\u00f3n. Todo un amplio repertorio de colores y sonidos reales, perfectamente reales, llega a su interior y sabe de ellos.<\/p>\n<p>Como son los colores y sonidos acontece con las verdades. La estructura ps\u00edquica de cada individuo viene a ser un \u00f3rgano perceptor, dotado de una forma determinada que permite la comprensi\u00f3n de ciertas verdades y est\u00e1 condenado a inexorable ceguera para otras. As\u00ed mismo, para cada pueblo y cada \u00e9poca tienen su alma t\u00edpica, es decir, una ret\u00edcula con mallas de amplitud y perfil definidos que le prestan rigorosa afinidad con ciertas verdades e incorregible ineptitud para llegar a ciertas otras. Esto significa que todas las \u00e9pocas y todos los pueblos han gozado su congrua porci\u00f3n de verdad, y no tiene sentido que pueblo ni \u00e9poca algunos pretendan oponerse a los dem\u00e1s, como si a ellos les hubiese cabido en el reparto la verdad entera. Todos tienen su puesto determinado en la serie hist\u00f3rica; ninguno puede aspirar a salirse de ella, porque esto equivaldr\u00eda a convertirse en un ente abstracto, con integra renuncia a la existencia.<\/p>\n<p>Desde distintos puntos de vista, dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo. La distinta situaci\u00f3n hace que el paisaje se organice ante ambos de distinta manera. Lo que para uno ocupa el primer t\u00e9rmino y acusa con vigor todos sus detalles, para el otro se halla en el \u00faltimo, y queda oscuro y borroso. Adem\u00e1s, como las cosas puestas unas detr\u00e1s se ocultan en todo o en parte, cada uno de ellos percibir\u00e1 porciones del paisaje que al otro no llegan. \u00bfTendr\u00eda sentido que cada cual declarase falso el paisaje ajeno?. Evidentemente, no; tan real es el uno como el otro. Pero tampoco tendr\u00eda sentido que puestos de acuerdo, en vista de no coincidir sus paisajes, los juzgasen ilusorios. Esto supondr\u00eda que hay un tercer paisaje aut\u00e9ntico, el cual no se halla sometido a las mismas condiciones que los otros dos. Ahora bien, ese paisaje arquetipo no existe ni puede existir. La realidad c\u00f3smica es tal, que s\u00f3lo puede ser vista bajo una determinada perspectiva. La perspectiva es uno de los componentes de la realidad. Lejos de ser su deformaci\u00f3n, es su organizaci\u00f3n. Una realidad que vista desde cualquier punto resultase siempre id\u00e9ntica es un concepto absurdo.<\/p>\n<p>Lo que acontece con la visi\u00f3n corp\u00f3rea se cumple igualmente en todo lo dem\u00e1s. Todo conocimiento es desde un punto de vista determinado. La species aeternitatis, de Spinoza, el punto de vista ubicuo, absoluto, no existe propiamente: es un punto de vista ficticio y abstracto. No dudamos de su utilidad instrumental para ciertos menesteres del conocimiento; pero es preciso no olvidar que desde \u00e9l no se ve lo real. El punto de vista abstracto s\u00f3lo proporciona abstracciones.<\/p>\n<p>Esta manera de pensar lleva a una reforma radical de la filosof\u00eda y, lo que importa m\u00e1s, de nuestra sensaci\u00f3n c\u00f3smica.<\/p>\n<p>La individualidad de cada sujeto era el indominable estorbo que la tradici\u00f3n intelectual de los \u00faltimos tiempos encontraba para que el conocimiento pudiese justificar su pretensi\u00f3n de conseguir la verdad. Dos sujetos diferentes se pensaba llegar\u00e1n a verdades divergentes. Ahora vemos que la divergencia entre los mundos de dos sujetos no implica la falsedad de uno de ellos. Al contrario, precisamente porque lo que cada cual ve es una realidad y no una ficci\u00f3n, tiene que ser su aspecto distinto del que otro percibe. Esa divergencia no es contradicci\u00f3n, sino complemento. Si el universo hubiese presentado una faz id\u00e9ntica a los ojos de un griego socr\u00e1tico que a los de un yanqui, deber\u00edamos pensar que el universo no tiene verdadera realidad, independiente de los sujetos. Porque esa coincidencia de aspecto ante dos hombres colocados en puntos tan diversos como son la Atenas del siglo V y la Nueva York del XX indicar\u00eda que no se trataba de una realidad externa a ellos, sino de una imaginaci\u00f3n que por azar se produc\u00eda id\u00e9nticamente en dos sujetos.<\/p>\n<p>Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo persona, pueblo, \u00e9poca es un \u00f3rgano insustituible para la conquista de la verdad. He aqu\u00ed c\u00f3mo \u00e9sta, que por s\u00ed misma es ajena a las variaciones hist\u00f3ricas, adquiere un dimensi\u00f3n vital. Sin el desarrollo, el cambio perpetuo y la inagotable aventura que constituyen la vida, el universo, la omn\u00edmoda verdad, quedar\u00eda ignorada.<\/p>\n<p>El error inveterado consist\u00eda en suponer que la realidad ten\u00eda por s\u00ed misma, e independientemente del punto de vista que sobre ella se tomara, una fisonom\u00eda propia. Pensando as\u00ed, claro est\u00e1, toda visi\u00f3n de ella desde un punto determinado no coincidir\u00eda con ese su aspecto absoluto y, por tanto, ser\u00eda falsa. Pero es el caso que la realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ellas igualmente ver\u00eddicas y aut\u00e9nticas. La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la \u00fanica. Dicho de otra manera: lo falso es la utop\u00eda, la verdad no localizada, vista desde . El utopista y esto ha sido en esencia el racionalismo es el que m\u00e1s yerra, porque es el hombre que no se conserva fiel a su punto de vista, que deserta de su puesto.<\/p>\n<p>Hasta ahora la filosof\u00eda ha sido siempre ut\u00f3pica. Por eso pretend\u00eda cada sistema valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Exenta de la dimensi\u00f3n vital, hist\u00f3rica, perspectivista, hac\u00eda una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo as\u00ed su articulaci\u00f3n con otros sistemas futuros o ex\u00f3ticos. La raz\u00f3n pura tienen que ser sustituida por una raz\u00f3n vital, donde aqu\u00e9lla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando hoy miramos las filosof\u00edas del pasado, incluyendo las del \u00faltimo siglo, notamos en ellas ciertos rasgos de primitivismo. Empleo esta palabra en el estricto sentido que tiene cuando es referida a los pintores del quattrocento. \u00bfPor qu\u00e9 llamamos a \u00e9stos &#8220;primitivos&#8221;? \u00bfEn qu\u00e9 consiste su primitivismo? En su ingenuidad, en su candor se dice . Pero \u00bfcu\u00e1l es la raz\u00f3n del candor y de la ingenuidad, cu\u00e1l su esencia? Sin duda, es el olvido de s\u00ed mismo. El pintor primitivo pinta el mundo desde su punto de vista bajo el imperio de las ideas, valoraciones, sentimientos que le son privados , pero cree que lo pinta seg\u00fan \u00e9l es. Por lo mismo, olvida introducir en su obra su personalidad; nos ofrece aqu\u00e9lla como si se hubiera fabricado a s\u00ed misma, sin intervenci\u00f3n de un sujeto determinado, fijo en un lugar del espacio y en un instante del tiempo. Nosotros, naturalmente, vemos en el cuadro el reflejo de su individualidad y vemos, a la par, que \u00e9l no la ve\u00eda, que se ignoraba a si mismo y se cre\u00eda una pupila an\u00f3nima abierta sobre el universo. Esta ignorancia de s\u00ed mismo es la fuente encantadora de la ingenuidad.<\/p>\n<p>Mas la complacencia que el candor nos proporciona incluye y supone la desestima del candoroso. Se trata de un ben\u00e9volo menosprecio. Gozamos del pintor primitivo, como gozamos del alma infantil, precisamente, porque nos sentimos superiores a ellos. Nuestra visi\u00f3n del mundo es mucho m\u00e1s amplia, m\u00e1s compleja, m\u00e1s llena de reservas, encrucijadas, escotillones. Al movernos en nuestro \u00e1mbito vital sentimos \u00e9ste como algo ilimitado, indomable, peligroso y dif\u00edcil. En cambio al asomarnos al universo del ni\u00f1o o del pintor primitivo vemos que es un peque\u00f1o c\u00edrculo, perfectamente concluso y dominable, con un repertorio reducido de objetos y peripecias. La vida imaginaria que llevamos durante el rato de esa contemplaci\u00f3n nos parece un juego f\u00e1cil que moment\u00e1neamente nos liberta de nuestra grave y problem\u00e1tica existencia. La gracia del candor es, pues, la delectaci\u00f3n del fuerte en la flaqueza del d\u00e9bil.<\/p>\n<p>El atractivo que sobre nosotros tienen las filosof\u00edas pret\u00e9ritas es del mismo tipo. Su claro y sencillo esquematismo, su ingenua ilusi\u00f3n de haber descubierto toda la verdad, la seguridad con que se asientan en f\u00f3rmulas que suponen inconmovibles nos dan la impresi\u00f3n de un orbe concluso, definido y definitivo, donde ya no hay problemas, donde todo est\u00e1 ya resuelto. Nada m\u00e1s grato que pasear unas horas por mundos tan claros y tan mansos. Pero cuando tornamos a nosotros mismos y volvemos a sentir el universo con nuestra propia sensibilidad, vemos que el mundo definido por esas filosof\u00edas no era, en verdad el mundo, sino el horizonte de sus autores. Lo que ellos interpretaban como limite del universo, tras el cual no hab\u00eda nada m\u00e1s, era s\u00f3lo la l\u00ednea curva con que su perspectiva cerraba su paisaje. Toda filosof\u00eda que quiera curarse de ese inveterado primitivismo, de esa pertinaz utop\u00eda, necesita corregir ese error, evitando que lo que es blando y dilatable horizonte se anquilose en mundo.<\/p>\n<p>Ahora bien; la reducci\u00f3n o conversi\u00f3n del mundo a horizonte no resta lo m\u00e1s m\u00ednimo de realidad a aqu\u00e9l; simplemente lo refiere al sujeto viviente, cuyo mundo es, lo dota de una dimensi\u00f3n vital, lo localiza en la corriente de la vida, que va de pueblo en pueblo, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, de individuo en individuo, apoder\u00e1ndose de la realidad universal.<\/p>\n<p>De esta manera, la peculiaridad de cada ser, su diferencia individual, lejos de estorbarle para captar la verdad, es precisamente el \u00f3rgano por el cual puede ver la porci\u00f3n de realidad que le corresponde. De esta manera, aparece cada individuo, cada generaci\u00f3n, cada \u00e9poca como un aparato de conocimiento insustituible. La verdad integral s\u00f3lo se obtiene articulando lo que el pr\u00f3jimo ve con lo que yo veo, y as\u00ed sucesivamente. Cada individuo es un punto de vista esencial. Yuxtaponiendo las visiones parciales de todos se lograr\u00eda tejer la verdad omn\u00edmoda y absoluta. Ahora bien: esta suma de las perspectivas individuales, este conocimiento de lo que todos y cada uno han visto y saben, esta omnisciencia, esta verdadera es el sublime oficio que atribuimos a Dios. Dios es tambi\u00e9n un punto de vista; pero no porque posea un mirador fuera del \u00e1rea humana que le haga ver directamente la realidad universal, como si fuera un viejo racionalista. Dios no es racionalista. Su punto de vista es el de cada uno de nosotros; nuestra verdad parcial es tambi\u00e9n verdad para Dios. \u00a1De tal modo es ver\u00eddica nuestra perspectiva y aut\u00e9ntica nuestra realidad! S\u00f3lo que Dios, como dice el catecismo, est\u00e1 en todas partes y por eso goza de todos los puntos de vista y en su ilimitada vitalidad recoge y armoniza todos nuestros horizontes . Dios es el s\u00edmbolo del torrente vital, al trav\u00e9s de cuyas infinitas ret\u00edculas va pasando poco a poco el universo, que queda as\u00ed impregnado de vida, consagrado, es decir, visto, amado, odiado, sufrido y gozado.<\/p>\n<p>Sosten\u00eda Malebranche que si nosotros conocemos, alguna verdad es porque vemos las cosas en Dios, desde el punto de vista de Dios. M\u00e1s veros\u00edmil me parece lo inverso: que Dios ve las cosas al trav\u00e9s de los hombres, que los hombres son los \u00f3rganos visuales de la divinidad.<\/p>\n<p>Por eso conviene no defraudar la sublime necesidad que de nosotros tiene, e hinc\u00e1ndonos bien en el lugar que nos hallamos, con una profunda fidelidad a nuestro organismo, a lo que vitalmente somos, abrir bien los ojos sobre el contorno y aceptar la faena que nos propone el destino: el tema de nuestro tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ORTEGA Y GASSET, J: El Tema de Nuestro Tiempo. Obras Completas, vol III, cap. X. Rev. de Occ. 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