«Solis dies» (Apollonis dies)

Domingo – Helios

Alejandro Sánchez Márquez 2ºBach A

Y llegamos al último o al primer día, según se mire, de la semana, el domingo.
Este día está consagrado a mí, Helios, el dios del Sol. También me podéis conocer como Febo, ya que este era mi nombre más empleado en la Antigua Roma, o por mi equivalente en griego Apolo.
Soy hijo de Zeus y de Leto, titánide hija de Ceo y Febe, y mi
nacimiento fue algo complicado, ya que mi propia hermana, Artemisa, poco tiempo de nacer ella, tuvo que ayudar a mi madre a parirme, puesto que la diosa Hera le prohibió a
Ilitía, la diosa de los partos, ayudar en el nuestro.

Tras esto me volvería el dios más hermoso de todo el Olimpo; de hecho se me consagraría esta cualidad, la belleza masculina, a mí. Pero no solo eso será mi atributo, soy dios de la luz (por eso mi unión con Helios, la personificación del Sol), de las artes, la música y la adivinación, entre otras cosas.

 

También soy un dios un poco rebelde y he intentado destronar
a Zeus un par de veces, en una de estas se me volvió como castigo mortal y pastor, y conocería a mi hermano Hermes quien me robaría mi ganado. Gracias a esto, como regalo de compensación para que no me enfadase por el robo, Hermes me fabricó la lira, el instrumento con el que más se me representa (además yo le enseñé las artes
adivinatorias al pillo). Junto a las musas paso el tiempo en el monte Parnaso, ensayando y divirtiéndome con ellas, para posteriormente enseñar en el Olimpo nuestras actuaciones, musicales o fantásticas orquestas que les entretengan a todos los dioses. 

Dionisio ha sido otro de mis hermanos con los que he tenido también mis disputas ya que somos dos fuerzas completamente opuestas, yo soy el orden y él es el caos. Hasta el filósofo Nietzsche habló de nuestras disputas con los Apolíneos y los Dionisiacos, pero al final nos dimos cuenta que el uno no puede vivir sin el otro, y que nos complementamos.

Dentro de mis amoríos había tanto mujeres, como la musa Calíope con la que tuve al famoso poeta Orfeo; como con hombres, como son los trágicos casos de Jacinto y Cipariso.

 

Otro caso con el que no estoy nada contento es con la pobre Dafne a quien perseguí y acosé sin su consentimiento
hasta que se transformó en laurel para escapar de mí, nunca me perdonaré por ello pero gracias al paso del tiempo me di cuenta que el “no es no”, asumí mi mal acto y le otorgue al laurel un lugar importante dentro de mis atributos.


Con todo este resumen de mis cientos de años de mi vida espero haberos enseñado algo nuevo sobre mí. Cada vez que miréis al Sol, espero que os acordéis de mí y de mi historia, y si os ha interesado mucho investigad, leed y
aprended, que actualmente todo se puede encontrar fácilmente gracias a internet

 

 

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