Memoria democrática como tarea educativa, humana y colectiva.
Por Ángel Ferran Antolí Lledó (familiar de víctima del barranco de Víznar).
Hoy, tras leer tranquilamente los 5 artículos [https://en-clase.ideal.es/llevamos-mucha-verdad-metida-dentro-del-corazon-1-5/] y las entradas del blog del IES Montes Orientales de Iznalloz, mis conclusiones son de agradecimiento a sus profesores y alumnos.
La visita pedagógica del IES Montes Orientales al Barranco de Víznar, por parte de su profesorado [https://blogsaverroes.juntadeandalucia.es/iesmontesorientales/nuestra-fosa-vomita-mariposas-tan-bellas-y-furiosas-como-un-amanecer-nuestra-fosa-marea/], es siempre motivo de agradecimiento. Han cumplido con la pedagogía y la didáctica de hacer visible la barbarie humana ante sus alumnos, es un derecho que los familiares de las víctimas siempre hemos reclamado y que ahora, por fin, se está realizando.
Esta visita se sostiene en tres pilares muy claros. Primero, la formación ciudadana: capacitar al docente como “actor clave” para transmitir al alumnado los valores de la democracia, la empatía y los derechos humanos. Segundo, la experiencia vivencial: trasladar la enseñanza de la teoría a la práctica, “a pie de fosa”, para que el alumnado comprenda la “dimensión de la barbarie” como un “genocidio planificado”. Y tercero, el compromiso ético: reafirmar la docencia como una “profesión comprometida” con la verdad, la justicia y la reparación, valores esenciales en el contexto actual.
Esta inmersión física permitió a profesores y alumnos “caminar el terreno” de la memoria, dotándoles de la autoridad ética y emocional necesaria para guiar al alumnado en temas tan complejos.
Hoy, por fin, he tenido tiempo para leer detalladamente los trabajos del IES Montes Orientales, y me siento gratamente sorprendido por el trabajo pedagógico de sus profesores y por la visión de la realidad que se llevan estos jóvenes. Siempre que he podido compartir tiempo con estudiantes -ya sean de este instituto u otro-, al regresar a casa me encuentro enriquecido por sus preguntas. Y ahora, al leerlas con calma, veo brotes y frutos del saber y del hacer: ese interés auténtico por conocer la verdad de forma objetiva.
Me doy cuenta de que se está haciendo una labor justa y estupenda. Me quedo con algunas de sus frases que para mí me han dejado huella, pero recomiendo leer los trabajos completos: os cambiará la idea de que “los jóvenes pasan” de todo. Hay jóvenes que creen, de verdad, en los principios de justicia y humanidad.
“Olvidar sería una segunda muerte” y “la libertad no es algo que se hereda, sino algo que se defiende”. Una alumna, impresionada por el “silencio lleno de memoria” del barranco, advierte del riesgo de que la sociedad repita el pasado si lo ignora:
“Lo que antes eran fechas y datos se convirtió en algo real, cercano y humano”. Un alumno humaniza los datos y se estremece con el hallazgo de “un lápiz y una goma en el bolsillo” de un niño, entendiendo el recuerdo como responsabilidad y camino hacia la justicia.
“Nadie en España está a menos de 50 kilómetros de una fosa común”. Se pregunta por la moralidad de los verdugos (“¿tuvieron corazón para hacer esto?”) y describe la herida social como algo que “jamás llegará a cerrarse del todo”.
“Lo fácil que es olvidar lo que ocurrió si no se habla de ello”. Otra voz defiende la memoria “no para reabrir heridas, sino para cerrarlas por completo, como piden sus familiares”.
“Identidades y cuerpos borrados de la historia para siempre”. Un alumno señala el contraste entre el paisaje actual y el horror de aquellas “pisadas hacia una muerte segura e injusta”.
“Bajo tus pies, sin saberlo, puede haber un cúmulo de personas enterradas fríamente”. Afirma que “realidad solo hubo una, y ahora ya la conocemos como se merece”.
“No puedo imaginarme levantarme por la mañana y pensar si cuando llegue la noche seguiré viva”. Una alumna expresa una empatía extrema. Le resulta durísimo ver un esqueleto y saber “la manera en la que murió”.
“No se cansan de luchar por tener un país más justo”. Admiración directa hacia quienes sostienen la memoria y la dignidad.
“No es vivir en el pasado, es pedir respeto y JUSTICIA”. Una frase que resume el sentido profundo de todo lo aprendido.
En conjunto, el alumnado entiende la memoria histórica como el acto de limpiar una herida profunda que se infectó por haber sido tapada demasiado pronto: un proceso doloroso, sí, pero esencial para la curación social y para evitar “una segunda muerte” provocada por el olvido.
Para comprender la importancia de estas visitas al Barranco de Víznar, lugar de Memoria Histórica, basta una imagen: un docente que enseña historia o valores solo desde los libros es como un guía de montaña que solo ha estudiado los mapas, pero nunca ha pisado el sendero.
La visita a Víznar permitió a quienes la realizaron “caminar el terreno” del trauma y la memoria. Y ahora, cuando profesorado y alumnado vuelvan a hablar de estos temas en el aula, no solo señalarán una ruta teórica, podrán describir con autoridad la “orografía” emocional y ética del paisaje democrático.
La memoria democrática no es un gesto simbólico, es una tarea educativa, humana y colectiva. Mientras haya profesorado como el del IES Montes Orientales de Iznalloz, dispuesto a enseñar la verdad, y jóvenes dispuestos a escuchar con conciencia, habrá futuro para la justicia.
En memoria de José García Montes y tantos otros represaliados.


