Reflexión «Estragos de un drama colectivo»
–Por Érika Hurtado Martínez, 4º ESO–
El texto que hemos leído en la nueva actividad de la materia de Memoria Democrática («Estragos de un drama colectivo», escrito por Ignacio Martín Jiménez) trata acerca de las diversas formas de represión que llevaban a cabo las fuerzas golpistas franquistas contra las personas de ideología distinta a la suya, centrándose el autor en el caso concreto de la provincia de Valladolid.
Para comenzar, el autor de este texto da a conocer varios sucesos que se llevaron a cabo durante los primeros meses de guerra en un lugar, Valladolid, donde no hubo guerra ya que el golpe de estado tuvo éxito y los franquistas se hicieron con el control total. Algunos ejemplos de estas formas de represión fueron, por ejemplo el fusilamiento de hombres y mujeres denominados «rojos», siempre con la participación de la iglesia y de los jueces, que siempre estaban presentes en estos casos. También cabe recalcar el papel que tienen «las rapadas» al principio del texto, pues se hace alusión a ellas y fue una de las formas de represión, humillación y deshumanización hacia las mujeres más común y extendida en todo el territorio controlado por los golpistas. En cuanto al fusilamiento de hombres y mujeres, este fragmento cuenta varias historias en relación a este hecho, como por ejemplo la vez que obligaron a levantarse a un hombre enfermo y malherido para poder fusilarlo «como Dios manda».
Como decía, el autor expone la importancia que tuvo la Iglesia en estas ejecuciones, pues los sacerdotes eran los encargados de bendecir los fusilamientos y de delatar y señalar a esos «rojos» y «rojas» que suponían un peligro para la «Nueva España». Esto ocurría debido a que, al ser la Iglesia una entidad tan poderosa y encontrarse de acuerdo con la ideología franquista, sentían la necesidad de fusilar a los que consideraban “anti España”, y lo hacían «por Dios y por el bien y la prosperidad del país».
También se habla de los juicios que llevaban a cabo, con jueces que ni siquiera conocían los casos ya que, fuesen culpables o no, lo más probable es que terminasen fusilados y metidos en fosas comunes junto con otras personas. Por último pero no por ello menos importante, me gustaría rescatar del texto un fragmento que habla sobre cómo los seguidores del franquismo pensaban que hacían un favor a los «rojos» fusilados ya que, de esa manera, podían limpiar sus pecados y encontrarse finalmente con el perdón de Dios.
Al leer este texto me han impresionado varias cosas, entre ellas las escenas que va narrando el autor a lo largo del libro. Sobre todo me ha sorprendido la escena en la que cuatro mujeres se levantan las faldas antes de ser fusiladas, dando a entender que preferían vivir con un trauma de por vida antes que dejar a toda su familia atrás. Este suceso me da mucho que pensar acerca de cómo era antes la sociedad y cómo avanza con el paso del tiempo.
En general, me parece bastante mal que fusilasen a personas con un propósito meramente religioso e ideológico porque, desde mi punto de vista, es muy poco ético. También cabe añadir que la Iglesia es una entidad que perdura hoy en día y que, directa o indirectamente, tiene las manos manchadas con muchos crímenes. Me parece sorprendente la forma en la que la gente olvida las cosas, sobre todo los crímenes que han manchado de sangre la historia reciente de nuestro país. Me llena de tristeza leer declaraciones tan fuertes como las anteriores, ya que es un pasado que está cayendo en el olvido poco a poco. Por eso es importante recuperar la memoria, para dar un espacio y un reconocimiento a todas aquellas personas que en su día no lo tuvieron por pensar diferente o no creer en dioses.
Érika Hurtado Martínez.
4º ESO A



