«Las Sinsombrero. La historia también se escribe en femenino»
Por María Diáguez Espínola (2º de bachillerato-A).
Cuando pensamos en la historia de la cultura española del siglo XX, normalmente recordamos nombres muy conocidos como Federico García Lorca, Alberti o Salvador Dalí, todos ellos pertenecientes a la famosa Generación del 27. Sin embargo, al investigar un poco más sobre este periodo, me he dado cuenta de que esta visión está incompleta. Durante mucho tiempo se ha hablado casi exclusivamente de los hombres de esta generación, mientras que muchas mujeres que formaron parte de ese mismo ambiente cultural quedaron prácticamente olvidadas. A esas mujeres se les conoce hoy como «las Sinsombrero».
Personalmente, lo que más me impacta de esta historia no es solo el talento que tenían estas mujeres, sino el hecho de que durante décadas apenas se hablara de ellas. Artistas e intelectuales como Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel o Concha Méndez compartieron el mismo contexto cultural que los artistas más conocidos de la época y desarrollaron obras muy importantes. Sin embargo, su presencia en los libros de historia ha sido mucho menor. Esto me hace pensar que la historia no siempre refleja toda la realidad, sino que muchas veces depende de quién la escribe y de qué cosas decide destacar.
El propio nombre de «Las Sinsombrero» tiene un significado muy simbólico. Se dice que algunas de estas mujeres se quitaron el sombrero en público como un gesto de rebeldía frente a las normas sociales de la época. Puede parecer algo pequeño hoy en día, pero en aquel momento las mujeres tenían muchas limitaciones sociales y culturales. Ese gesto representaba la idea de romper con lo establecido y reclamar más libertad. En mi opinión, simboliza perfectamente la actitud de estas mujeres, que querían participar activamente en la cultura y no se conformaban con aceptar el papel secundario que la sociedad les asignaba.
Otro aspecto que me hace reflexionar es el contexto histórico en el que vivieron. Durante la Segunda República Española hubo un ambiente más abierto en el que muchas mujeres pudieron acceder a la educación y participar en la vida intelectual. Pero esta etapa fue muy corta, porque la Guerra Civil Española y la posterior dictadura de Franco cambiaron completamente la situación. Muchas de estas artistas tuvieron que marcharse al exilio o dejaron de tener presencia pública. Creo que esto también explica por qué sus nombres desaparecieron durante tanto tiempo de la memoria colectiva.
Desde mi punto de vista, lo más interesante de estudiar a «Las Sinsombrero» es que nos obliga a replantearnos cómo entendemos la historia. A veces damos por hecho que lo que aparece en los libros es la versión completa de lo que ocurrió, pero en realidad siempre hay historias que quedan fuera. En este caso, las mujeres fueron uno de los grupos que más han sufrido esa invisibilidad.
También pienso que recuperar estas figuras es importante para las generaciones actuales. Si sólo conocemos referentes masculinos en el arte, la literatura o la filosofía, parece que las mujeres no han tenido un papel relevante en esos ámbitos, cuando en realidad no es así. Conocer figuras como María Zambrano o Maruja Mallo demuestra que siempre ha habido mujeres creando, pensando y participando en la cultura, aunque no siempre se les haya reconocido. En el caso granadino, destacar nombres como Milagro Almenara Pérez, boticaria con el mejor expediente de la Facultad de Farmacia entre 1916 y 1921; Eudoxia Piriz Diego, la primera mujer médica de Andalucía; o Agustina González López, escritora, artista, filósofa y política que inspiró «la zapatera» de Federico García Lorca. Las tres fueron eliminadas, no sólo físicamente durante la represión franquista, sino igualmente de la historia, ya que se borraron todo su trabajo y sus logros.
Además, desde una perspectiva más social y política, creo que este tema está relacionado con la idea de igualdad. Para construir una sociedad más justa es importante reconocer a todas las personas que han contribuido en la historia, no solo a una parte de ellas. La cultura y la educación pueden ayudar a cambiar esa visión y a dar más visibilidad a quienes fueron olvidados y, sobre todo, olvidadas.
En conclusión, estudiar a «Las Sinsombrero» me ha hecho pensar que la historia no es algo completamente cerrado, sino algo que se puede revisar y ampliar con nuevas investigaciones. Durante mucho tiempo estas mujeres quedaron en la sombra, pero hoy sabemos que formaron parte fundamental de la vida cultural de su época. Por eso creo que es importante seguir recuperando sus historias, porque solo así podremos entender el pasado de una forma más completa. Al final, como dice el título de este trabajo, la historia también se escribe en femenino.
«La Tertulia», Ángeles Santos Torroella (1929).



