En un mundo saturado de ruido, los alumnos de 1º de Bachillerato se detuvieron a explorar la quietud a través de un pequeño taller del silencio, como una experiencia educativa diferente. La jornada comenzó con veinte minutos de contemplación profunda en el parque, permitiendo que el entorno dictara el ritmo de la respiración y el pensamiento. Posteriormente, la experiencia se trasladó al papel: cinco minutos de expresión plástica para pintar el silencio propio, ese espacio íntimo desde donde cada joven habita el mundo y se reconoce en su propia esencia. El resultado, reflejado en las obras de los estudiantes, es un testimonio visual conmovedor de la identidad que emerge cuando, finalmente, decidimos callar para escucharnos.