Acabamos nuestra movilidad en Bolonia

En la jornada del jueves 23 de abril, nuestros anfitriones del CPIA2 Metropolitano de Bolonia nos tenían preparada una actividad con su alumnado y dos profesoras, María y Elisabeta, consistente en una excursión por la ciudad, denominada la “ruta del agua” de Bolonia. Fue una estupenda oportunidad para que, en un ambiente más distendido y relajado, nuestras alumnas conversaran con el alumnado italiano, compuesto por estudiantes de diferentes procedencias (Marruecos, Egipto, Bangladesh, Pakistán, Venezuela, Perú, Senegal…).

Intercambiaron impresiones y anécdotas sobre su formación, sobre la naturaleza de sus centros educativos y también experiencias personales y de vida, relacionadas sobre todo con su condición de personas inmigrantes que están aprendiendo la lengua y la cultura e integrándose en el país que les acoge.

Durante el recorrido, pasamos por una academia de baile donde estaban dando una clase de flamenco, lo cual llamó mucho la atención de las alumnas, que se detuvieron un rato para curiosear cómo taconeaban.

En la ruta, tanto los alumnos como las profesoras, nos fueron explicando la historia de los canales que había en Bolonia durante la Edad Media. He aquí un resumen de todo lo que aprendimos:

La llamada “ruta del agua” de Bolonia es un recorrido histórico que permite descubrir una faceta poco conocida de la ciudad: su compleja red de canales y su pasado como importante puerto fluvial interior.

Durante la Edad Media, Bolonia desarrolló un avanzado sistema hidráulico para aprovechar las aguas de los ríos cercanos, especialmente el Reno. A través del Canale di Reno, el agua se desviaba hacia la ciudad, alimentando molinos, talleres textiles y otras actividades artesanales clave para su economía. Este sistema convirtió a Bolonia en un centro industrial destacado en Europa.

Otro eje fundamental fue el Canale Navile, una vía artificial que conectaba la ciudad con el río Po y, por tanto, con el mar Adriático. Gracias a este canal, Bolonia pudo comerciar con otras regiones, transportando seda, harina y otros productos.

El punto neurálgico de este sistema era el antiguo Porto Navile, considerado uno de los puertos interiores más importantes de Italia en su época. Desde aquí partían y llegaban embarcaciones que integraban a Bolonia en las rutas comerciales del norte del país.

Hoy en día, muchos de estos canales están ocultos bajo la ciudad moderna, pero aún pueden descubrirse en algunos puntos visibles, como ventanas urbanas o tramos restaurados. La ruta del agua ofrece así una mirada única a la ingeniería medieval y al desarrollo económico de Bolonia, revelando una ciudad que, aunque lejos del mar, supo construir su propia identidad portuaria.

Este día también tuvimos la oportunidad de realizar una visita al Santuario de la Virgen de San Luca, una de las experiencias más emblemáticas de la ciudad, tanto por su valor espiritual como por su impresionante entorno.

El santuario se alza sobre el Colle della Guardia, dominando el paisaje boloñés. Para llegar, se recorre el famoso pórtico de San Luca, considerado el más largo del mundo, con casi 4 kilómetros de soportales que conectan el centro histórico con el santuario. Este camino, además de proteger a los peregrinos del sol y la lluvia, ofrece un paseo lleno de historia y vistas panorámicas.

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