Foto, Manuel Ortega

DESPEDIDA DE JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ TARIFA

José Antonio, en tu afán por conocer a fondo la naturaleza humana; en realidad, un íntimo e irrefrenable deseo de conocerte a ti mismo, has viajado a lugares recónditos e inhóspitos, te has mezclado con gentes de usos y costumbres de lo más pintoresco, has descendido a las entrañas de la tierra y has escalado las cumbres más altas. Podrías decir aquello que decía el replicante en la película Blade Runner: “He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar”.

Después de tanto vagar por el mundo, después de sufrir todo tipo de inclemencias y calamidades, un día recalaste en una isla maravillosa, un remanso de paz y armonía: nuestro IPEP. Estoy convencido (porque tú mismo lo has confesado) de que aquí has disfrutado de placeres inimaginables, has sido dichoso y has hallado un sosiego que nunca antes habías experimentado.  Pero, al parecer, no ha sido suficiente.

Cuenta Homero, en la Odisea, que Ulises fue a parar a una isla paradisiaca habitada por la ninfa Calipso; y a pesar de no faltarle allí de nada, de tener el amor incondicional de la bella y seductora ninfa, y la promesa cierta de la inmortalidad, un buen día decidió marcharse y continuar su camino de regreso hacia Ítaca, aún a riesgo de sufrir nuevas y tremendas penalidades. Tú has hecho lo mismo, José Antonio, teniéndolo todo aquí, después de una estancia relativamente breve, has decidido marcharte y lanzarte de nuevo a la aventura.

Durante el tiempo que has estado con nosotros, nos has deslumbrado con tus amplísimos conocimientos, fruto de innumerables lecturas y de experiencias vitales extremas por el África profunda; pero también hemos disfrutado de tu talante amable y cercano, y de tu buen hacer como docente, compañero y guía por esas sierras perdidas de Granada.

Dice tu admirado Schopenhauer, al que citas con frecuencia de memoria, que uno de los grandes enemigos de la felicidad humana (que interpreta como un presente, indoloro, tranquilo y soportable) es el aburrimiento. Estoy absolutamente seguro de que aburrirte, tú no te vas a aburrir. En esta etapa jubilosa que ahora inicias, los vientos te serán favorables, ya no habrá nada que te retenga, dispondrás de todo el tiempo del mundo para continuar con tu camino y hacer realidad los nuevos y excitantes proyectos que te propongas.

José Antonio, si lo que quieres es continuar con tu viaje, adelante. Es tu decisión y a nosotros no nos queda otra cosa más que aceptarla. Ojalá encuentres lo que buscas, ojalá llegues a tu Ítaca particular, y completes el ciclo hegeliano; tú ya me entiendes. Te echaremos de menos y te recordaremos como ese aventurero africano que un día arribó de manera inesperada a nuestra isla. Y para que no te olvides de ella ni de sus moradores, te vamos hacer entrega de un presente que esperamos te acompañe en todos tus viajes por el mundo. ¡Buena suerte!

Por Ángel Santiago