Durante los años 1936 y 1945, Picasso realizó una serie de litografías ilustrando un toro. La primera era muy realista, pero, poco a poco, fue sintetizando el toro, dejándolo en su esencia, haciéndolo más y más esquemático. Así, cada paso que daba Picasso simplificando al toro, iba reduciendo su iconicidad. No en vano, el artista había dicho “Me llevó cuatro años pintar como Rafael, y toda una vida pintar como un niño”.
La iconicidad es la similitud entre un signo y lo que representa. Es decir, el parecido entre un signo y lo que representa. A mayor parecido, mayor grado de iconicidad. Una escultura realista tendrá un mayor grado de iconicidad que una fotografía a color, y esta más que una fotografía en blanco y negro. Cuanto mayor sea el parecido de la representación con lo representado, mayor grado de iconicidad.
Justo Villafañe, Doctor en Ciencias de la Información y catedrático de Comunicación audiovisual y publicidad, estableció una escala de grados de iconicidad en la que se ordenaban los distintos tipos de imágenes según su grado de parecido con la realidad.
Ahora, vamos a hacer una actividad.
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