Hoy te presento la primera publicación de una de nuestras semillas de equidad (sección), como ya vimos ayer en el calendario de este mes de octubre, vamos a trabajar un caso basado en la realidad, el cuál explicaré y daré una resolución desde mi punto de vista. Cualquier duda, pregunta o consulta que te surja pon un comentario y estaré encantada de contestarla.
«Piropos que son humillaciones»
Caso I
A mi consulta llega Ana de 30 años y me cuenta el siguiente suceso que le pasó ayer: me cuenta que ella va caminando por la calle y va a pasar al lado de un edificio que está en construcción, donde están trabajando unos obreros. Se plantea cambiar de acera, no es la primera vez que algún obrero le dice algo, y a ella le hace sentir incómoda. Pero tiene prisa y decide continuar por esa misma acera, aunque un poco más rápido. Cuando está pasando por el edificio, un obrero que está en la puerta se queda mirándola de arriba a abajo largo rato mientras se acerca, ella mira el móvil para saber la hora (también es una manera de distraerse de la mirada del obrero). Cuando llega a la altura del obrero este le dice: (mmm) ¡¡Guaapaa!!, ella continua sin decir nada, llega a su hora a la reunión que tenía, pero con una sensación de incomodidad que no sabe muy bien cómo explicar.

Le comento a Ana que por desgracia, es algo que ocurre muy a menudo y con «piropos y expresiones» más fuertes, pero esos son los fáciles de identificar. Le digo que se plantéate ¿porqué se siente incómoda?, le han dicho un piropo es para sentirse bien, alegre, orgullosa de sí misma… Pero ella me comenta que la realidad no es esa. Le hago reflexionar sobre el contexto, que en nuestra sociedad y cultura, la palabra guapa y su significado tiene una connotación, en principio, positiva es algo bueno que le dices a alguien, pero acaso ¿nunca se utiliza lo positivo como algo negativo?, pues claro que sí, depende del contexto y de como decimos esas palabras puede cambiar su significado, y además de ser negativo también puede ser humillante.
Si analizamos un poco más en profundidad, el obrero es una persona extraña y desconocida, el cual se queda mirando fijamente hasta que estas a su lado, este comportamiento no es algo habitual en persona que no conocemos y suele generar una reacción de nerviosismo y de incertidumbre. Además, me comenta Ana, que no es la primera vez que se encuentra en una situación así, por lo que le genera mayor nerviosismo, por eso se plantea cambiar de acera en un primer momento. En el momento en el que decides seguir, estas ignorando tus miedos y dudas, pero te encuentras con la mirada insistente del obrero, intentas salir de la situación mirando al móvil, una reacción muy habitual para evitar una situación que te crea incomodidad. Entonces, el hace un sonido gutural (mmm), ya ese simple hecho condiciona y perturba más, y luego viene el piropo «guapa», en el que ella me comenta que tiene la sensación de que la está desnudando allí en público, una reacción posible e instintiva cuando no nos gusta algo es la huida, por eso acelerar el paso en ese momento.
Y la consecuencia lógica, es que toda esa situación deja sensación de malestar. Lo que hace que te sientas insegura y con malestar es el comportamiento ofensivo y humillante que ha tenido el obrero, al decirte ese supuesto «piropo». Le recomiendo que tiene dos opciones en ese caso, la primera opción es no apartar la mirada y seguir como si tal cosa ignorando a esa persona, y la segunda opción como dice el refrán «el que evita la ocasión, evita el peligro», no pasar por la misma acera, así no se tendrá que ver en una situación como esa.
Caso II
Una de mis clientas me cuenta en una sesión esta historia, precedida de la explicación de que se siente una neurótica que saca todas las cosas de quicio, que está enferma, trastornada. Entonces me cuenta cómo su jefe es súper amable con ella, la trata bien y la valora en lo que hace, lleva trabajando con él casi tres años, entre las cosas que le dice destaca la de veces que la felicita por su trabajo y la anima a seguir por ese camino. Todo esto tiene buena pinta y parece indicar unas relaciones igualitarias dentro de las diferentes funciones de cada uno, pero en los últimos tiempos, me cuenta, cada vez que le dice que es “muy inteligente” le sienta mal y más que sentirse alabada se siente insultada.

Le pregunto si habitualmente su jefe se comporta demostrando que piensa que ella es muy inteligente, y después de pararse a pensarlo contesta negativamente, así que le pido que me lo explique. En este momento, me relata un conjunto de pequeñas anécdotas en las que ella piensa que no demuestra esta forma de pensar. No cuenta con ella para planificar el trabajo, rechaza sus ideas de forma amable, cuando hay otras personas delante la trata con benevolencia, a las reuniones importantes no es convocada, etc.
Claro le explico, tú no estás neurótica, ni obsesionada ni nada parecido, pregúntate si no te dice que eres muy inteligente cada vez que quiere que le hagas algo, le saques las castañas del fuego o lo que sea, y si es así simplemente tu intuición funcionó mejor que tu razonamiento y supo captar que no te estaba alabando, más bien te estaba insultando queriendo obtener algo de ti y en vez de pedírtelo como personas normales te adula, te alaba como si fueras tonta y no te fueras a dar cuenta. Es una actitud demasiado habitual en los hombres que creen que piropeando a las mujeres van obtener de ellas lo que quieran y que no consideran que tengas las capacidades suficientes, ni mucho menos te consideran inteligente. Una buena manera de solucionar esa situación es que lo pongas en evidencia en alguna situación en público, te juegas el puesto de trabajo (si depende de él) pero no se le ocurrirá volverlo hacer.
Comentarios recientes