Este blog culmina una trayectoria en el camino a la digitalización…
DE CÓMO LLEGUÉ A ESTUDIAR MATEMÁTICAS
ELEGÍ ESTUDIAR MATEMÁTICAS
No lo voy a negar, en los primeros cursos de EGB, YO ERA MALÍSIMA EN MATEMÁTICAS, no había PROBLEMA en el que no me atascara y no supiera como resolverlo. Hoy en día muchos alumnos a la pregunta: ¿Qué hay que hacer para resolver este problema? contestan “sumar, restar, multiplicar o ¿será dividir maestra?”, pero claro, ni siquiera han leído el enunciado y en muchas ocasiones solo con leer o escuchar PROBLEMA, su reacción inmediata es: “Maestra, yo soy malísimo en problemas”.
A mis alumnos les cuento que poco a poco y con esfuerzo y dedicación logré superar esa barrera que me impedía comprender los enunciados, ¿cómo?, pues haciendo o intentando hacer y rehacer PROBLEMAS, equivocándome, cometiendo errores, pero siempre buscando la forma de corregir esos fallos. Muchas horas de constancia. No valía decir: NO ME SALE, NO SÉ POR DÓNDE EMPEZAR, esas palabras estaban fuera de mi vocabulario.
A medida que iba superando cursos académicos iba aumentando mi pasión por la materia tan temida por los alumnos. Los retos que me presentaban los problemas, la elegancia al resolver los ejercicios, la lógica, el razonamiento, el expresar las soluciones con el rigor matemático que iba adquiriendo confirmaban día a día mi vocación. Y lo tuve muy claro en toda mi trayectoria académica: YO QUERÍA ESTUDIAR MATEMÁTICAS.
Llegó el día, superada la prueba de SELECTIVIDAD, tomé el autobús desde Baza (por entonces residía en esta ciudad y aún no estaba terminada la autovía A92) y junto con mis compañeros de instituto, tras unas horas de curvas cerradas, llegamos a Granada, cada uno a matricularse en la facultad elegida (por entonces no estaba tan extendido internet). Yo, a la facultad de ciencias.
Recuerdo el primer día de clase. En la facultad de ciencias, había dos aulas llamadas auditorios, en las que los asientos estaban dispuestos en filas a distintas alturas, cada fila era un escalón más alta que la anterior (si llegabas tarde a clase tenías que sentarte en el gallinero) y las pizarras ocupaban toda una pared, y desde el gallinero solo se distinguía un enjambre de símbolos escritos con tiza, lemas, teoremas, corolarios, demostraciones y, pocos números. Al entrar la primera vez pensé estar en un sueño. Y no era la única que había elegido esa carrera, los auditorios estaban repletos de alumnos con la misma ilusión, unos 200 por clase. Aunque a medida que iba avanzando en cursos iba disminuyendo el número de alumnos en el aula. Muchos abandonaban la carrera en los primeros años, unos por dificultad y otros porque no era lo que esperaban. Yo, incluso lo llegué a pensar. Recuerdo ver a los alumnos de 5º de carrera, eran unos 15 con aspecto muy friki y, hacerme la pregunta: ¿conseguiré llegar?
Pues sí, tras muchas dificultades, llantos, desesperación, esfuerzo pero también muchas risas, anécdotas inolvidables, experiencias con compañeros muy variopintos y de diferentes lugares del territorio español y del extranjero (existía ERASMUS), conseguí terminar los estudios de Matemáticas. Mi experiencia, muy enriquecedora, inolvidable y recomendable.
¿Y ahora qué? Todo un mundo laboral a mi alcance, pero, ¿a qué me quería dedicar? La oferta inmensa, las ilusiones muchas, la realidad ME ENCANTA ENSEÑAR MATEMÁTICAS.
Inma Calvo.
Profesora de enseñanza secundaria. (Matemáticas)