Primera etapa del sistema político de la Restauración (1875-1902).

Características generales de la Restauración:

Reinado de Alfonso XII (1875-1885)

El rey Alfonso XII (1857-1885).

La Constitución española de 1876 instaura un sistema político que restablece la monarquía y repone a la dinastía borbónica en nuestro país además de imponer el dominio de dos partidos el Conservador y el Liberal, llamados dinásticos, que van a protagonizar la vida política y los gobiernos hasta el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera en 1923, que instauró una dictadura y dejó en suspenso a dicha Constitución. El periodo de la Restauración supondrá un momento de alejamiento del poder de los militares y de su dominio de la vida política durante el periodo isabelino con los continuos pronunciamientos. Además supone un periodo de estabilidad política (47 años de vigencia de una constitución el más largo hasta ahora en la Hª de España), a diferencia de las diferentes constituciones de la monarquía isabelina (1833- 1868) y los cambios continuos de sistemas políticos propios del Sexenio Democrático (1868-1874). Por el contrario, se basa en un modelo sólo teóricamente democrático y parlamentario con el bipartidismo que basa su poder en el caciquismo y en el fraude electoral (sin elecciones libres) y en el que no existe la soberanía nacional.

El gran artífice de la Restauración fue el político malagueño Antonio Cánovas del Castillo quien a través del partido “alfonsino” durante el Sexenio y del Manifiesto de Sandhurst (diciembre de 1874) en defensa del entonces pretendiente Alfonso de Borbón (hijo de la depuesta Isabel II), consigue que finalmente sea proclamado rey como Alfonso XII en 1875 (el anterior rey Alfonso lo fue de Castilla en el s. XIV). Cánovas fue también el ideólogo de la Constitución de 1876, el fundador y el líder del partido Conservador que va a dominar los gobiernos hasta 1881 en el que se inicia el “turno pacífico” o turnismo con el otro gran partido dinástico, el liberal, liderado por Práxedes Mateo Sagasta. Cánovas será el dominador de la vida política española junto a Sagasta hasta su asesinato en 1897 a manos de un anarquista italiano.

Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897)

Las bases políticas y sociales de la Restauración son tres: la monarquía, la Constitución de 1876 y el “turnismo”.

Según Cánovas y los partidos dinásticos la monaquía suponía la continuidad histórica de la dinastía borbónica, era el eje o la esencia del Estado, se presentaba como la garantía del orden social y era la directora de la vida política. Esto daba un alto intervencionismo al rey en la política: con funciones en el poder ejecutivo al designar a los ministros y tener el mando directo y supremo del ejército, en el poder legislativo al compartirlo con las Cortes lo que se concretaba en el derecho de veto absoluto del rey sobre las leyes aprobadas por las Cortes y el poder de convocar, suspender o disolver las propias Cortes. Alfonso XII debía reemplazar en el trono a la impopular Isabel II. Cánovas consiguió que la reina renunciara a sus derechos al trono en 1870.

El régimen de la Restauración se dotó de una nueva constitución que, en lo fundamental, es heredera de la moderada de 1845. La Constitución de 1876 es un texto breve y poco preciso que deja abierto asuntos como el sufragio y las libertades, pero parte de la idea de la soberanía compartida entre las Cortes y el Rey lo que significaba la negación de la idea de soberanía nacional y le daba muy poco poder al parlamento. Las Cortes eran bicamerales: con el Congreso de los Diputados elegido en elecciones sin especificar el tipo de sufragio y el Senado en el que se representan las clases poderosas del país (nobles, jerarquías eclesiásticas y militares y grandes riquezas). En la Constitución de 1876 no se especifica el tipo de sufragio para elegir el Congreso. Posteriormente, bajo el gobierno del Partido Conservador de Canovas se aprobó la Ley Electoral de 1878 que establecía el  voto censitario, limitado a los mayores contribuyentes. Y en 1890 cuando Sagasta con los liberales en el gobierno consigue aprobar una ley que establece el sufragio universal masculino. La Constitución establece el reconocimiento teórico de derechos y libertades, que en la práctica fueron limitados o aplazados durante los gobiernos de Cánovas, también supone un recorte de la libertad religiosa, ya que la religión católica es declarada religión oficial del Estado (España como Estado confesional y solo se admite la libertad religiosa en el ámbito privado).

Regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena (1885-1902)

La regente Mª Cristina de Habsburgo-Lorena con su hijo en brazos, el futuro Alfonso XIII.

El turno pacífico de partidos o “turnismo” consiste en la alternancia artificial y fraudulenta en el gobierno de los partidos conservador y liberal y se establece en el secreto Pacto de El Pardo (1885) firmado a raíz de la muerte prematura de Alfonso XII en un momento de gran dificultad para la continuidad de la monarquía con Mª Cristina de Habsburgo-Lorena embarazada del hijo póstumo de Alfonso XII, el futuro Alfonso XIII y en cuyo nombre ejerce la regencia.

Había que crear un sistema bipartidista basado en dos partidos burgueses que pacíficamente se fueran turnando en el poder. Estos dos partidos serían el que creó el propio Cánovas, el Partido Conservador, que debía sustituir al agotado partido Moderado, y el Partido Liberal, dirigido por el antiguo progresista Práxedes Mateo Sagasta, que sería el heredero de los ideales de 1869 adaptados a los límites del llamado sistema canovista o de la Restauración. El turno en el poder no era la expresión de la voluntad de los electores, sino que los dirigentes de los partidos lo acordaban y pactaban previamente. Una vez acordada la alternancia, y el consiguiente disfrute del presupuesto, se producía el siguiente mecanismo:

1º) El Rey nombraba un nuevo Jefe de Gobierno y le otorga el decreto de disolución de Cortes.

2º) El nuevo gobierno convocaba unas elecciones completamente adulteradas, “fabricaba” los resultados mediante el “encasillado”, la asignación previa de escaños en los que se dejaba un número suficiente a la oposición.

El fraude electoral generalizado que caracterizó el sistema del turno tiene lugar en el contexto de un país agrario y atrasado. La clave de la adulteración electoral estaba en los “caciques”, que eran los encargados de llevar a la práctica los resultados electorales acordados por las elites de los partidos.

Los caciques eran personajes ricos e influyentes en la España rural (terratenientes, prestamistas, notarios, comerciantes…), quienes siguiendo las instrucciones del Gobernador Civil de cada provincia, amañaban las elecciones. Los gobernadores habían sido a su vez informados por el ministro de Gobernación de los resultados que «debían» de salir en sus provincias, siguiendo el «encasillado» acordado por las elites políticas. Los métodos desplegados por los caciques durante los elecciones fueron muy variados: violencia y amenazas; cambio de votos por favores (rebajas de impuestos, sorteo de quintos, saldo de préstamos, agilizar expedientes que se eternizaban en las oficinas estatales…); o simplemente trampas en las elecciones, el conocido popularmente como el “pucherazo” (adulteración del recuento de votos, personas que votaban varias veces, amenazas y extorsión para encauzar el voto…) Así y de manera ininterrumpida hasta 1923, se alternaron en el gobierno los partidos Conservador y Liberal dejando fuera a los partidos de la oposición: carlistas (Juntas Tradicionalistas creadas en 1888), republicanos (Partido Federal de Pi y Margall entre 1880 y 1931 y la Unión Republicana creada en 1903), nacionalistas vascos (Partido Nacionalista Vasco de Sabino Arana) y catalanes (republicanismo federal de Valentí Almirall y la Lliga Regionalista conservadora de 1901 con Prat de la Riba), así como del movimiento obrero (con los socialistas organizados en torno a la figura política de Pablo Igleisas fundador del Partido Socialista Obrero Español en 1879 y de la Unión General de Trabajadores en 1888 y los anarquistas en torno al sindicato Confederación General del Trabajo en 1910).

Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903), líder del partido Liberal en la Restauración y varias veces presidente del gobierno.

Este período o etapa histórica va a sufrir una gran crisis en 1898 con el desastre colonial que supone la pérdida de los restos del imperio español (Cuba, Puerto Rico y Filipinas y un año después las Carolinas, Marianas y Palaos). En el plano intelectual y cultural se denomina “Generación del 98” con personalidades como Antonio Machado, Miguel de Unamuno o Ramiro de Maeztu. En paralelo también hay un momento de cuestionamiento del sistema conocido como “regeneracionismo” que pretende un cambio profundo y real de la política del país con grandes intelectuales como Joaquín Costa, Concepción Arenal, Rafael Altamira o Valentín Almirall. Se pone en cuestión el sistema político de la Restauración, sobre todo el caciquismo (clientelismo político) y el fraude electoral masivo producido en el mundo rural. Desde el plano educativo se censura el analfabetismo y la política educativa de los gobiernos en un movimiento de renovación de la Escuela y la Universidad española llamado Institución Libre de Enseñanza con Julián Sanz del Río o Francisco Giner de los Ríos.

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Oscar Marcos Jurado

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