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compositores

Bolero

Maurice Ravel¿Durante cuánto tiempo se puede mantener viva la atención del oyente con un material musical extremadamente pobre desde el punto de vista melódico, armónico y rítmico?

Tal vez Maurice Ravel (del que hoy celebramos el aniversario de su nacimiento) se preguntó ésto mismo cuando decidió la estructura de una pieza de ballet que compuso para hacer frente a un encargo de Ida Rubinstein, que inicialmente consistía en la orquestación de seis piezas para piano de Iberia de Isaac Albéniz, que empezó pero no pudo llegar a completar por razones de copyright. Así, lo que fue un apaño debido a las prisas, llegó a ser una de las obras musicales más conocidas y apreciadas de todos los tiempos: su Bolero.

Cuando definimos como pobre el material utilizado por Ravel en esta obra, no exageramos en absoluto ya que sólo empleó:

  • una célula rítmica muy sencilla que se repite sin modificaciones por 169 veces:
Célula rítmica del Bolero de Ravel

Célula rítmica del Bolero de Ravel (CC Kokin en Wikimedia Commons)

  • una armonía constante, en tonalidad de do mayor, que aumenta, si cabe, el efecto obsesivo del ostinato. Única excepción es la brevísima modulación a mi mayor poco antes del final.

Sobre este acompañamiento:

  • una melodía muy sinuosa en la que se alternan dos temas: uno diatónico, que no se mueve de la tonalidad principal, y el otro cromático, que además contrasta armónicamente no sólo con el primer tema, sino con el acompañamiento. Ambos temas se repiten numerosas veces sin apenas modificaciones.

Quien conoce bien la obra sabe la respuesta a la pregunta inicial. Quien sólo conoce el famosísimo primer tema posiblemente se sorprenda cuando se entere de que esta obra dura más de cuarto de hora.

Sin embargo, lo más sorprendente en mi opinión no es sólo la cantidad; lo verdaderamente impresionante es que, gracias a su perfecto dominio de la paleta tímbrica y a su calculada dosificación de la dinámica, lejos de perder progresivamente esa atención finalizando antes de sea demasiado tarde, Ravel consigue intensificarla cada vez más, hasta culminar en un clímax tan alto del que no puede salir de otra manera que con un derrumbe.

Después de Ida Rubinstein, son varios los coreógrafos que han creado su versión del Bolero. Entre ellas, una de las que han tenido más éxito es sin duda la de Maurice Béjart, en la que un solista danza en una tarima circular alrededor de la cual se mueven los demás bailarines. Béjart asignó la parte del solista indistintamente a una mujer o a un hombre, de hecho las dos puestas en escena más memorable son las de la rusa Maya Plisetskaya y del argentino Jorge Donn.

He preparado un arreglo para la flauta dulce sin ninguna pretensión de conseguir mantener esa gran carga expresiva que tiene la obra original ―más bien al contrario, renunciando a ella de antemano debido a que esta versión no puede tener ni la riqueza dinámica ni la tímbrica de aquella― sino para darle la posibilidad a los aficionados a este instrumento de disfrutar tocando esa melodía tan sugerente.

La Puerta de Tannhäuser

Tannhäuser en el Venusberg

Jacques Wagrez: Tannhauser dans le Venusberg

En la Edad Media se creía que la diosa Venus vivía con su corte en una caverna de una montaña, Venusberg, cuya localización era mantenida en secreto para que los humanos no se acercaran, ya que el acceder a ella supondría su perdición. Hoy en día se identifica esa montaña con el Hörselberg, en Turingia, muy cerca de Eisenach, la ciudad alemana en la que nació Johann Sebastian Bach.

Cuenta la leyenda que Tannhäuser, un poeta que vivió realmente en el siglo XIII y de cuya biografía se conocen muy pocos detalles, entró en esa montaña y pasó allí un año de lujuria desenfrenada con la diosa, contraviniendo sus votos caballerescos. Arrepentido de su comportamiento, fue en peregrinación a Roma para pedirle la absolución al papa Urbano IV, quien se la denegó diciéndole que sólo podría perdonarle si ocurría un milagro: que de su férula brotaran hojas verdes. El milagro ocurrió, pero demasiado tarde: Tannhäuser había emprendido el camino de vuelta a Venusberg y nadie más le volvió a ver.

La triste situación de Tannhäuser durante ese regreso, en desgracia a los ojos de los dioses y de los humanos, es muy similar a la de Roy Batty, el replicante de Blade Runner que, en su monólogo final evoca las cosas más sorprendentes que vio en su breve vida, entre las cuales cita una ficticia Puerta de Tannhäuser.

Richard Wagner, del que hoy conmemoramos los 130 años de su muerte (y dentro de unos meses los 200 del nacimiento), compuso una ópera sobre Tannhäuser, en cuyo final añadió la intervención de una mujer, Elizabeth, que salva al poeta de la condenación eterna sacrificando su propia vida.

La obertura de esta ópera, compuesta entre 1843 y 1845, se ejecuta frecuentemente en concierto, de manera independiente. Empieza con el Leitmotiv de los peregrinos, solemne y majestuoso, que se alterna al del perdón, caracterizado por saltos de octava ascendentes seguidos de cromatismos descendentes, en una estructura ABABA. Sigue una sección central totalmente contrastante, el tema de Venusberg, que contiene la representación musical de los personajes mitológicos que habitan esa montaña. Finalmente, de nuevo los motivos de la primera sección vienen a decir que el amor puro prevalece sobre el amor sensual.

La siguiente grabación corresponde a la puesta en escena del verano pasado en el Festival de Bayreuth, bajo de dirección de Christian Thielemann.

Arreglando para la flauta dulce la primera sección de esta obertura, la he transportado a una tonalidad más adecuada a este instrumento (do mayor) renunciando a los saltos de octava del tema del perdón ―de todas formas presentes en el piano― para facilitar al alumnado de la ESO, y a todas las personas aficionadas a la flauta dulce, la posibilidad de tocar una de las piezas más famosas de Richard Wagner.

Un compositor… de cine

John Williams, by Alec McNayr en Flickr

John Williams, by Alec McNayr en Flickr

La lista de las películas cuya banda sonora es obra de John Williams es muy larga, y hasta aquí no tenemos por qué sorprendernos: al fin y al cabo estamos hablando de un compositor que cumple hoy 81 años y que empezó a escribir música de cine hace más de 55. Pero el asombro llega cuando nos enteramos que del más de un centenar de sus partituras casi la mitad han sido nominadas para el premio Óscar, obteniéndolo en 5 ocasiones (cifra que quizás haya que actualizar dentro de muy poco tiempo, ya que en un par de semanas sabremos si consigue el 6º por la película Lincoln, la enésima de su intensa colaboración con Steven Spielberg).

Los largometrajes que han recibido ese prestigioso galardón son: El violinista en el tejado (1971), Tiburón (1975), La guerra de las galaxias (que en 1977 compitió con otra banda sonora del mismo Williams, Encuentros en la tercera fase), E. T., El extraterrestre (1982) y La lista de Schindler (1993). El tema principal de esta última banda sonora ―que además del Óscar recibió también el BAFTA y el Grammy―, contiene una melodía muy emotiva, interpretada con exquisita sensibilidad al violín por Itzhak Perlman, al que podemos escuchar en el siguiente vídeo, con el mismo Williams dirigiendo la orquesta.

Volviendo a la lista de la que hablábamos al comienzo de esta entrada, la de las bandas sonoras compuestas por John Williams ―aún sabiendo que la brevedad que le conviene a una entrada de blog desaconseja citar aunque sea sólo los más famosos entre los títulos que esta lista contiene― para que realmente se vislumbre la grandeza de este músico y de su obra no podemos dejar de citar algunos más de sus grandes éxitos, como SupermanParque Jurásico, la saga de Indiana Jones, las tres primeras películas de la saga de Harry Potter o Salvad al soldado Ryan, y aquí paramos a pesar de conocer que nos quedamos cortos, remitiendo a la Wikipedia a quien quiera conocer los demás.

No puedo hacerle un regalo a John Williams por su cumpleaños, ni algo material, por estar demasiado lejos de mi físicamente, ni algo musical, por estar demasiado por encima de mi musicalmente. En su honor, para felicitarle el cumpleaños y desearle muchos más años con salud, felicidad y éxitos, el presente se lo hago a mis alumnos y alumnas de primero de ESO del IES Vega de Mijas, a los que he tenido que dejar para lo que queda de curso, después de disfrutar en su compañía durante más de 4 meses haciendo música juntos, para volver al CEP Marbella-Coín: un arreglo del tema principal de La guerra de las galaxias.

¡Felicidades, maestro Williams!

¡Gracias por estos 4 meses, chicos y chicas!

Chang, Heifetz y Franck

Sarah Chang

Sarah Chang before performing, by Silvio Bacchetta (PD)

Tal como decíamos en otro post, cuando hablábamos de su Zigeunerweisen (Aires gitanos), el gran violinista pamplonés Pablo de Sarasate compuso varias obras con las que podía lucir su grandiosas habilidades técnicas y expresividad musical para agasajar al público con exhibiciones de virtuosismo.

Poco años después del estreno de Carmen de George Bizet, al ver que la popularidad de esta ópera iba extendiéndose cada vez más, considerando además su ambientación española, Sarasate no dejó escapar la oportunidad de componer una obra que recogiera sus mejores melodías, transformándolas en una sucesión ininterrumpida de pasajes de bravura que seguramente deslumbrarían a los que tuvieron la suerte de asistir a alguno de sus conciertos: la Fantasía Carmen, op.25.

En el siguiente vídeo podemos escuchar una brillante y muy expresiva interpretación de Sarah Chang -a la que felicitamos por ser hoy su 32º cumpleaños- dirigida por Plácido Domingo.

Hoy hay más efemérides relacionadas con el violín: hace 25 años fallecía uno de los violinistas más importantes del siglo XX, el lituano Jasha Heifetz, al que ya tuvimos ocasión de escuchar en otra entrada de este blog interpretando el concierto de Mendelssohn.

Heifetz debutó en público con sólo 7 años y sabía muy bien lo que más le gustaba a su público, por eso transcribió un gran número de obras famosas con la intención de deleitar a los oyentes con melodías conocidas, como por ejemplo Summertime de Gershwin.

Estas obras hoy en día sólo se usan como bis, pues su interés musical es bastante limitado ya que las cualidades de Heifetz como compositor no pueden compararse mínimamente con las de intérprete, tan grandes como para transformarle en una auténtica leyenda del violín. Sirva como ejemplo el siguiente vídeo, una grabación histórica en la que, acompañado por otro mito musical del siglo XX, el pianista Arthur Rubinstein, interpreta la Sonata en la mayor para violín y piano de César Franck, del que hoy celebramos 190 años desde su nacimiento.

Guía de orquesta para jóvenes

Entre la música teatral del compositor inglés Henry Purcell, que incluye las arias inolvidables de sus numerosas óperas, hay un rondó (Hornpipe Rondeau) que pertenece a una suite que compuso en 1676 como música incidental para la obra teatral Abdelazer, o la venganza del moro, de la escritora británica Aphra Behn.

Hoy en día esta melodía es muy famosa, pero no tanto en la versión original de Purcell, sino por las variaciones y fuga que su compatriota Benjamin Britten compuso 270 años después y que constituyen su Guía de orquesta para jóvenes.

Britten, al que hoy recordamos por cumplirse 36 años desde su muerte y que recibió el encargo de componer la música para un documental educativo sobre los instrumentos de la orquesta, decidió servirse de ese tema para construir su obra, la más importante de todo su catálogo junto con el Réquiem de Guerra (War Requiem, op.66).

A pesar de su estructura muy didáctica, debida a la manera en que se suceden los instrumentos siguiendo su clasificación por familias, en ningún momento ésta ahoga la invención musical, así que las variaciones discurren fluidamente una tras otra llevando de la mano al oyente en este paseo entre los atriles de la orquesta.

Con el tema inicial Britten nos presenta la orquesta al completo y luego sucesivamente los cuatro grandes grupos: maderas, metales, cuerdas y percusiones. Las 13 variaciones que le siguen ven como protagonistas primero de nuevo las maderas, del agudo al grave (flautas y piccolo, oboes, clarinetes y fagotes), luego las cuerdas, también del agudo al grave (violines, violas, violonchelos, contrabajos y arpa), seguidas por los metales (trompas, trompetas y, juntos, trombones y tuba) y finalmente las percusiones. Cierran la obra todos los instrumentos juntos en la fuga.

En el sitio web del Carnegie Hall, hay una actividad sobre la Guía de orquesta para jóvenes, una de las Listening Adventures (algo así como aventuras auditivas) creadas dentro de un programa sostenido por el Departamento de Educación del Gobierno de Estados Unidos. Se trata de un juego muy entretenido y a la vez útil para que los niños y niñas conozcan los instrumentos de la orquesta y reconozcan su timbre: un safari en la jungla, acompañados por la música de Britten, para buscar y recolectar los instrumentos que allí se han perdido.

Es en inglés, algo que, aunque puede llegar a ser una ventaja para mis alumnos y alumnas del programa de bilingüismo por entrenar sus oídos no sólo desde el punto de vista musical sino también de la comprensión del idioma, por otro lado es un obstáculo para quienes no tengan todavía el nivel suficiente. En este caso, aconsejo elegir la opción Local game y luego Practise round, en la que hay pocas palabras y un juego diferente para cada una de las secciones de la obra.

Lully y la batuta

Jean-Baptiste Lully

Jean-Baptiste Lully By Pierre-Alexandre Schoenewerk, by Lamiot (CC BY)

Hoy hace 380 años que nació en Florencia Giovanni Battista Lulli, más conocido como Jean-Baptiste Lully, naturalizado francés en 1661 tras vivir en ese país desde la edad de 13 años. De orígenes humildes, Lully llegó a trabajar en la corte del Rey Sol como compositor de música instrumental, un puesto muy importante que se había ganado gracias a sus grandes cualidades no sólo como músico sino también como bailarín, algo que Luis XIV apreciaba mucho por ser muy aficionado al ballet.

Entre sus obras hay por lo menos 8 comédies-ballets, escritas en colaboración con el dramaturgo Molière y el coreógrafo Pierre Beauchamp, entre las cuales la más importante tal vez sea El burgués gentilhombre. Uno de los números de esta obra es la Marcha para la ceremonia de los turcos, particularmente famosa gracias a que sonó varias veces en la película Todas las mañanas del mundo, un filme sobre otro gran músico de la corte del Rey Sol, Marin Marais, protagonizado por el actor francés Gérard Depardieu. En el vídeo siguiente, un fragmento de este largometraje en el cual Marais dirige la obra de su colega Lully:

Os habréis fijado en la manera de dirigir la orquesta y sobre todo en la aparatosa vara que el director empleaba en esa época para que los músicos siguieran con facilidad el gesto del maestro. La moderna batuta tardaría todavía más de un siglo en sustituirla, algo que en el caso de Lully tuvo consecuencia mucho más graves de las que uno puede imaginar: un día, ensayando su Te Deum para una ceremonia de agradecimiento a la divinidad por la curación del rey de una enfermedad, Lully se dio un golpe en el pie con la vara que estaba usando, metálica y muy pesada. La herida se complicó y degeneró en gangrena, lo que dos meses después acabó con su vida.

Hoy en día la única razón para utilizar una vara parecida a la que empleó Lully es la voluntad de recuperar la sonoridad original bajo todos los aspectos, no sólo utilizando una praxis interpretativa de la época con instrumentos originales o copias fieles, sino también incluyendo la percusión de ese artilugio en el suelo. Podemos ver un ejemplo en el siguiente vídeo del conjunto italiano Modo Antiquo dirigido por Federico Maria Sardelli.

Supongo que después de tanto tiempo los chistes fáciles que ese triste episodio puede suscitar ya no pueden herir sensibilidades, algo de lo que tienen que estar convencidos en la BBC, ya que en uno de sus Proms (promenade concerts, paseos musicales, un ciclo de conciertos diarios dirigidos al gran público -con precios populares y programas divulgativos- que tiene lugar todos los veranos en Londres) incluyeron un sketch perteneciente a la sección Stupid Deaths (literalmente: muertes estúpidas) dentro de la serie infantil Horrible Histories, que se abre con esta marcha. Lo he encontrado en YouTube sin subtitular, pero con unos conocimientos básicos de inglés y sabiendo la historia debería ser posible disfrutarlo.

Convencido de que tras haber escuchado tres veces esta marcha llena de energía os tienen que haber entrado ganas de tocarla, he realizado este arreglo para flauta dulce y piano. Aunque no sea la grafía original, he optado por utilizar el doble puntillo para que la reproducción tenga ese ritmo.

La muerte y la doncella

Franz Schubert

Franz Schubert by Wilhelm August Rieder (PD)

La Historia de la Música, al igual que la Historia de las demás expresiones artísticas, necesita clasificar autores y obras en épocas y movimientos para de esta manera identificar más fácilmente los elementos estilísticos que los unen o los diferencian. Hay períodos muy fáciles de delimitar, como por ejemplo el Barroco, gracias a su omnipresente bajo continuo y a sus grandes contrastes dinámicos y tímbricos. Al contrario, hay otras épocas consecutivas que se funden en su punto de unión de manera tal que presentan simultáneamente los ideales de ambas poéticas, totalmente contrastantes y sin embargo en perfecta armonía.

Esto es muy evidente en el caso del paso del Clasicismo al Romanticismo, trance para el cual es muy difícil fijar una fecha, aunque aproximada: algunos autores (cada vez menos) la sitúan en el cambio del siglo XVIII al XIX, otros coincidiendo con la muerte de Beethoven (1827) y otros aún alrededor de 1820. Esta última opción, la más aceptada actualmente, es la única que tiene en cuenta, además de los muchos rasgos románticos que posee la producción musical del último Beethoven, la inexistencia de claros elementos de diferenciación entre el lenguaje musical del Clasicismo y el  del Romanticismo, algo que sí existía en otros momentos, por ejemplo en el Barroco, con el bajo continuo.

En este contexto resulta bastante inadecuado clasificar (si nos empeñamos en hacerlo por mera costumbre) a Beethoven entre los compositores clásicos sin más, así como también lo sería definir simplemente como romántico a Franz Schubert, que, aunque mucho más joven que su colega, murió tan sólo un año después de aquel, hoy hace exactamente 184 años.

A pesar de haber vivido sólo 31 años, Schubert nos dejó un catálogo de obras bastante amplio que incluye las principales formas instrumentales de la tradición clásica: 1o sinfonías, 21 sonatas para piano y 16 cuartetos de cuerda además de varios tríos, quintetos y otras formaciones camerísticas.

También se dedicó a la ópera, componiendo varias, sobre todo Singspielen, aunque lo que realmente destaca de su música vocal son los más de 600 Lieder, canciones para solista acompañado por un piano sobre poemas de grandes escritores románticos como Wolfgang Goethe, Wilhelm Müller o Matthias Claudius. Este último es el autor de los versos de La muerte y la doncella, a la que Schubert puso música en 1817. El texto consiste en dos estrofas: en la primera la doncella suplica a la muerte que la deje vivir pues todavía es muy joven y en la segunda la muerte le contesta intentando tranquilizarla, presentándose como una amiga entre cuyos brazos tendrá un sueño dulce y suave.

Varios años después, en 1824, tras un grave brote de la enfermedad que le llevaría a su prematura muerte, Schubert utilizó esta melodía como tema para las variaciones que constituyen el segundo movimiento de su Cuarteto de cuerda nº 14 en re menor, composición que también toma el nombre del poema. La obra está cargada de dramatismo desde el primer acorde, atacado con energía por los cuatro instrumentos. Cuatro robustos acordes fortissimo enlazados por tresillos dejan paso repentinamente a un pianissimo, dos expresiones extremas que seguirán alternándose en todo el movimiento de la misma manera en que el desgarro y la melancolía también se van turnando.

Las cinco variaciones que componen el segundo movimiento están construidas de manera que los cuatro instrumentos se alternan en la parte del solista, acompañados por los otros tres que, además de la función armónica, se encargan de mantener un ritmo trepidante.

El trío del tercer movimiento, un scherzo construido sobre el esquema del minueto clásico, es el único momento tranquilo del cuarteto, un instante de paz entre los fortissimi sincopados del resto del movimiento y el frenético cuarto tiempo, un tiempo de tarantella, danza italiana que según la tradición imitaba las convulsiones provocadas por la picadura de la tarántula, algo que varios autores describen como una especie de danza de la muerte.

Entre las muchas transcripciones que se han hecho de este cuarteto hay que destacar la que planificó Gustav Mahler para orquesta de cuerda, de la que sólo llegó a realizar el segundo movimiento y que fue completada por el editor. Personalmente prefiero la versión original aunque como curiosidad, y también porque ofrece la posibilidad de seguir la obra leyendo la partitura, os la propongo en el vídeo siguiente.

Hans Werner Henze e Il Cantiere di Montepulciano

Hans Werner HenzeHace pocas horas ha fallecido, a la edad de 86 años, el compositor alemán Hans Werner Henze. Para este último momento de su vida eligió su país, a pesar de que hace 60 años decidió exiliarse por sentirse allí incomprendido y rechazado por sus ideas políticas y discriminado por su homosexualidad.

En 1953, Henze se había trasladado a Italia, un país entonces mucho más abierto y tolerante que ahora. Además, la sociedad italiana en aquel tiempo era mucho más comprometida y participativa políticamente que ahora, algo que seguramente contribuiría definitivamente a la elección del compositor, que militó activamente en el Partido Comunista Italiano por firme convicción durante décadas, tras haberlo hecho en el ejercito nazi por obligación durante el último año de la II Guerra Mundial, que pasó casi enteramente en un campo de prisioneros británico.

El compromiso político y social está muy presente en la música de Henze: basta recordar su obra de cámara para voz y 7 instrumentos El Cimarrón (1970), subtitulada Autobiografía del esclavo huido Esteban Montejo y ambientada en la Cuba colonial, su ópera We Come to the River (1976), sobre los horrores de la guerra o su Sinfonía nº9 (1997), dedicada a los héroes y mártires del antifascismo alemán.

El catálogo de obras de Henze es muy extenso y variado, tanto por la cantidad de géneros diferentes a los que se ha dedicado (óperas, ballets, sinfonías, música de cámara para muy distintos tipos de formaciones vocales e instrumentales, conciertos, sonatas, …) como por las diversas técnicas y corrientes sucesivamente experimentadas (desde el dodecafonismo y el serialismo integral hasta el neoclasicismo) y la influencia de distintos compositores, sobre todo Stravinsky, y estilos musicales, incluyendo el jazz, el rock y la música popular.

Una muestra bastante significativa de la versatilidad de Henze y de la variedad de su obra la podemos encontrar en el siguiente vídeo, que en realidad es una playlist que en este momento incluye 17 vídeos y que pertenece al canal de YouTube de TheWellezsTheatre, que contiene más de 1.000 vídeos de obras de música contemporánea.

Además de su extensa obra, Henze nos lega el Cantiere Internazionale d’Arte di Montepulciano, un acontecimiento musical con unas características tan peculiares como fascinantes. La palabra italiana cantiere se refiere a un lugar en el que se construye algo, por ejemplo un cantiere navale es un astillero, un cantiere edile es un edificio en obras. Lo que se pretende construir cada verano en Montepulciano, un pequeño pueblo toscano en las afueras de Siena, son nuevas formas de comunicación artística, implicando a la población local y buscando cierta repercusión en la misma mediante un espíritu de amistad y cooperación que envuelve a todos los artistas que deciden participar, ninguno de los cuales percibe honorario alguno.

Al tratarse de experimentación musical, se considera imprescindible un actitud abierta entre los participantes, que nunca tienen que olvidar que en ese contexto todos aprenden de todos. El mismo Henze redactó en 1989, trece años después de la primera edición del Cantiere, un manifiesto que recoge los principios que lo rigen, entre los que destacan la igualdad y horizontalidad (qui noi tutti siamo insegnanti e al tempo stesso studenti) y el compromiso social (… Montepulciano non è un festival di tipo commerciale, ma che si tratta, invece, di animazione politico-sociale e culturale).

Hans Werner Henze e Il Cantiere di Montepulciano

Hans Werner HenzeHace pocas horas ha fallecido, a la edad de 86 años, el compositor alemán Hans Werner Henze. Para este último momento de su vida eligió su país, a pesar de que hace 60 años decidió exiliarse por sentirse allí incomprendido y rechazado por sus ideas políticas y discriminado por su homosexualidad.

En 1953, Henze se había trasladado a Italia, un país entonces mucho más abierto y tolerante que ahora. Además, la sociedad italiana en aquel tiempo era mucho más comprometida y participativa políticamente que ahora, algo que seguramente contribuiría definitivamente a la elección del compositor, que militó activamente en el Partido Comunista Italiano por firme convicción durante décadas, tras haberlo hecho en el ejercito nazi por obligación durante el último año de la II Guerra Mundial, que pasó casi enteramente en un campo de prisioneros británico.

El compromiso político y social está muy presente en la música de Henze: basta recordar su obra de cámara para voz y 7 instrumentos El Cimarrón (1970), subtitulada Autobiografía del esclavo huido Esteban Montejo y ambientada en la Cuba colonial, su ópera We Come to the River (1976), sobre los horrores de la guerra o su Sinfonía nº9 (1997), dedicada a los héroes y mártires del antifascismo alemán.

El catálogo de obras de Henze es muy extenso y variado, tanto por la cantidad de géneros diferentes a los que se ha dedicado (óperas, ballets, sinfonías, música de cámara para muy distintos tipos de formaciones vocales e instrumentales, conciertos, sonatas, …) como por las diversas técnicas y corrientes sucesivamente experimentadas (desde el dodecafonismo y el serialismo integral hasta el neoclasicismo) y la influencia de distintos compositores, sobre todo Stravinsky, y estilos musicales, incluyendo el jazz, el rock y la música popular.

Una muestra bastante significativa de la versatilidad de Henze y de la variedad de su obra la podemos encontrar en el siguiente vídeo, que en realidad es una playlist que en este momento incluye 15 vídeos y que pertenece al canal de YouTube de TheWellezsTheatre, que contiene más de 1.000 vídeos de obras de música contemporánea.

Además de su extensa obra, Henze nos lega el Cantiere Internazionale d’Arte di Montepulciano, un acontecimiento musical con unas características tan peculiares como fascinantes. La palabra italiana cantiere se refiere a un lugar en el que se construye algo, por ejemplo un cantiere navale es un astillero, un cantiere edile es un edificio en obras. Lo que se pretende construir cada verano en Montepulciano, un pequeño pueblo toscano en las afueras de Siena, son nuevas formas de comunicación artística, implicando a la población local y buscando cierta repercusión en la misma mediante un espíritu de amistad y cooperación que envuelve a todos los artistas que deciden participar, ninguno de los cuales percibe honorario alguno.

Al tratarse de experimentación musical, se considera imprescindible un actitud abierta entre los participantes, que nunca tienen que olvidar que en ese contexto todos aprenden de todos. El mismo Henze redactó en 1989, trece años después de la primera edición del Cantiere, un manifiesto que recoge los principios que lo rigen, entre los que destacan la igualdad y horizontalidad (qui noi tutti siamo insegnanti e al tempo stesso studenti) y el compromiso social (… Montepulciano non è un festival di tipo commerciale, ma che si tratta, invece, di animazione politico-sociale e culturale).


Happy birthday, Paul Simon

Paul SimonCuando Paul Simon compuso The Sound of Silence habían pasado menos de tres meses desde el asesinato de John F. Kennedy, un acontecimiento que suscitó una enorme conmoción en la población estadounidense e inspiró esta canción que -tal como afirma Art Garfunkel en el siguiente vídeo, justo antes de cantarla a dúo con el autor- trata “sobre la incapacidad de la gente de comunicarse, no particularmente a nivel internacional, sino especialmente a nivel emocional. De manera que lo que ves a tu alrededor es gente incapaz de amarse los unos a los otros”.

El texto, escrito en primera persona, es un monólogo cargado de tristeza. Los dos primeros versos nos introducen en una atmósfera tenebrosa (Hello darkness, my old friend/I’ve come to talk with you again) en la que profundizamos con otras imágenes tétricas de sueños agitados por pesadillas en las que la gente habla sin decir, oye sin escuchar y escribe canciones que nunca se compartirán. De nada sirve la advertencia de que ese silencio va a crecer como un cáncer y destruir lo que encuentre a su alrededor: nadie se atreve a romper ese sonido del silencio.

La música suaviza el impacto de esas imágenes sombrías gracias a una melodía muy dulce y a una armonía dórica, con el resultado de una intensa y resignada melancolía.

Esta canción, cantada en solitario por Simon, constituyó uno de los momentos más emotivos de la ceremonia del 10º aniversario del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, que tuvo lugar en la zona cero el pasado 11 de septiembre.

Hoy Paul Simon cumple 71 años. Para él van mis mejores deseos de que pase un día muy feliz y que cumpla muchos más con buena salud, pero mi regalo es para mis alumnos y alumnas de Taller de Flauta de 3º de ESO: un arreglo de The Sound of Silence para tres flautas soprano. Es una versión muy sencilla, homorrítmica y con un ámbito muy reducido, sobre todo en las dos voces más graves, aunque, justamente por su textura tan esencial, se requiere cierta destreza para conseguir una ejecución limpia tanto desde el punto de vista rítmico como del de la afinación.