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crisis

Esperando a los ciudadanos

El estado de shock en el que estamos instalados, producto entre otras causas de una estrategia bien descrita por Naomi Klein, permite entender la timidez de las reacciones que oponemos en nuestro país a la sucesión de atropellos de los derechos más básicos. Y aun así resulta difícil de asumir con casi seis millones de parados y ante la patente caducidad de las élites políticas y económicas cuyo hedor traspasa todos los límites, todas las fronteras. Organizaciones cuyos miembros se rigen por la obediencia a un aparato que organiza el reparto del poder y conviven con un recelo cainita permanente, han perdido la capacidad para ofrecer respuestas a la altura de las circunstancias actuales. Es más, la certeza de que no van a tomar medidas que perjudiquen sus intereses  hace inevitable que preguntas tan elementales y directas como ¿qué es la política? reaparezcan al dejar de ser válidas las respuestas formuladas por la tradición, tal y como nos plantea H. Arendt. De momento, tengamos presente el  argumento que mejor comprenden: la derrota electoral, el desalojo del poder.

Por otra parte sabemos que, siendo esta muy grave, no se trata sólo de una crisis política y económica como bien explica M. Castells. Han quedado al descubierto la ausencia de la más elemental cultura democrática en nuestra sociedad y una completa falta de consideración por los recursos públicos. Este desprecio del bien colectivo encuentra su corolario natural en la demolición del Estado del Bienestar; si  la escuela pública es denostada y agredida, y si el sistema de salud público es reducido drásticamente sin criterios racionales habiendo otras alternativas, estamos propiciando la extensión de servicios privados que sustituyan a los anteriores. Aquí ocurre además con el agravante de una justificación intolerable: no podemos permitírnoslo. Mientras sí podemos arrostrar la inyección de ingentes cantidades de fondos en la banca privada, un gigantesco fraude fiscal que lleva décadas hipotecando nuestro futuro, el engaño sistemático de las grandes corporaciones, o el desahucio de tantas familias.

La indignación que producen semejantes análisis despierta en cada vez personas una demanda creciente de participación en el debate público, de influencia en la actividad legislativa, de una voz que nos represente ante la dimisión de facto de la clase política como portavoz de nuestras preocupaciones. Esta reacción está acelerando el proceso de empoderamiento que mueve a los ciudadanos a convertirse en agentes de cambios reales con un denominador común: el uso de Internet como aliado. Probablemente estemos ante la mejor coyuntura histórica para el desarrollo de una sociedad civil activa, de un compromiso cívico sólido, una de las grandes asignaturas pendientes de nuestra democracia.
Pero por desgracia en España no disponemos de líderes dispuestos a dar la palabra a los ciudadanos como en otros países; y en este contexto no queda más alternativa que dar un paso adelante y empezar a conectarnos en redes horizontales que permitan alentar el liderazgo compartido incorporando a ciudadanos con capacidad para aportar valor en muy distintos ámbitos. Porque necesitamos toda nuestra reserva de talento para emprender iniciativas concretas que den respuesta a nuestras necesidades más perentorias. Hemos de remover entre los escombros para rescatar a todos los que puedan ayudar en la ingente labor de reconstrucción, como brigadas de emergencia tras una catástrofe. En este proceso ayudaría mucho que asumiéramos el hecho de que nadie está completamente a salvo del hundimiento, que el despido de empleados públicos es una realidad e incluso el de funcionarios es cada día menos inverosímil. Por tanto, urge adoptar la determinación del que nada tiene que perder, una vez que estamos siendo  desposeídos de las prestaciones públicas más esenciales.

La puesta en marcha de proyectos con impacto social puede ser un camino para construir un discurso al que ya no le bastan las palabras, que precisa también de compromisos y actos concretos para ganarse la credibilidad de la ciudadanía. Ya no bastan las intenciones. Y en esta línea el emprendimiento social nos brinda múltiples ejemplos de iniciativas que están cambiando la vida de muchas personas como los que relata David Bornstein. Muchos de estos proyectos pueden tener un retorno económico en forma de ahorro y podrían servir también para crear tejido comunitario en el entorno, para favorecer la cohesión social, así como para desarrollar una cultura de la colaboración y del aprecio del procomún.
La escuela podría jugar un papel relevante en este sentido porque debería ser prioritario promover la ciudadanía activa entre los jóvenes, inculcar la solidaridad desde la práctica. También para fomentar su arraigo y poner remedio al drama nacional que supone la emigración masiva de nuestros más preciados valores. La sensación de que hacemos repetir al alumnado rituales académicos de otra época, de otro contexto muy distinto es cada vez más incómoda. Y quizás sea el momento de hacernos nuevas preguntas en vez aplicar las mismas respuestas de siempre; por ejemplo, ¿no podrían ser los centros educativos un recurso frente a la crisis? Aprender prestando un servicio a la comunidad, como nos propone Roser Batlle, es una estrategia con gran potencial transformador del entorno que parte de la redefinición del objetivo del sistema educativo: el verdadero éxito de la educación consiste en formar buenos ciudadanos capaces de mejorar la sociedad y no sólo su currículum personal. Y ya que la función educadora nos empuja a cada uno a ofrecer la mejor versión de nosotros mismos a nuestros hijos y a nuestro alumnado, en tanto que ciudadanos docentes ¿no somos candidatos naturales a involucrarnos en empresas que hagan nuestro entorno lo más humano posible? Es la manera más radical y efectiva de dotar de sentido el aprendizaje del alumnado y el crecimiento de nuestros niños, y a la vez permite fomentar la cultura emprendedora, tan ausente de las expectativas de los jóvenes.

La financiación de estas iniciativas, que suele presentarse como un obstáculo definitivo encuentra hace tiempo vías de solución gracias al crowdfunding y al cada vez más numeroso colectivo de profesionales en paro dispuestos a contribuir al desarrollo de proyectos antes que seguir inactivos, por citar uno de los muchos recursos que tenemos a nuestro alrededor y que podríamos movilizar. Y si no podemos promover un proyecto nuevo a menudo encontramos alguno al que es posible sumarse, que nos muestra cómo la suma de muchas contribuciones puede convertirse en algo significativo.

Es absurdo seguir esperando; es la hora de las personas.

El centro educativo: un recurso frente a la crisis

Cuando llega la época de planear el curso siguiente y de pensar proyectos, la mirada al entorno es obligada. Y prestando atención a lo que ocurre alrededor últimamente la crisis aparece  como prioridad ineludible, así que, ¿por qué descartarla como objeto de un proyecto?. No estoy pensando en la economía sólo. El derrumbamiento de un modelo de sociedad tan bien retratado por Manuel Castells, nos obliga a replantear objetivos y estrategias como docentes. Hoy menos que nunca hemos de limitarnos a los contenidos específicos de una materia, o al libro de texto, ni a esperar a que nos digan qué hacer.
Sabemos que las consecuencias de la catástrofe que vivimos serían distintas si no estuvieran tan extendidas y aceptadas por la inmensa mayoría muchas prácticas que deberíamos erradicar como ciudadanos y que han terminado perjudicándonos a casi todos …  Lo cierto es que hoy tiene más sentido que nunca la incorporación efectiva a la escuela de contenidos transversales, valores, que hace mucho que forman parte de nuestros objetivos como docentes pero que a menudo han quedado sepultados bajo una avalancha de contenidos específicos de la materia que impartimos. Quizás sea la hora de acordarse de ellos, incluso de llevarlos un poco más lejos dadas las circunstancias. Y entonces cabe preguntarse:

  • ¿no podríamos hacer de la crisis una oportunidad para fomentar de manera efectiva una ciudadanía responsable y solidaria que anteponga el beneficio colectivo al individual?
  • ¿no podríamos inculcar la solidaridad practicándola con nuestro alumnado en el entorno de nuestra comunidad educativa a partir de la implicación de las familias, del profesorado y de voluntarios y voluntarias?
  • ¿tendría sentido que la escuela convirtiera en objetivo tratar de ayudar a las familias de su comunidad que tienen más dificultades?

Si consideramos que existen recursos humanos disponibles fuera de la escuela que podrían aportarnos gran valor, podríamos buscar la implicación de asociaciones y organizaciones sin ánimo de lucro, con experiencia en determinados sectores,  así como de personas que no están laboralmente activas, incluso en riesgo de exclusión social, que podrían aportar su formación y su bagaje profesional. Podrían prestar una valiosa contribución y hacer viables algunos objetivos.

La cuestión sería, ¿cómo involucramos al alumnado en la práctica de la solidaridad y la consecución del beneficio colectivo permitiendo a su vez el desarrollo de competencias básicas y/o profesionales? Vamos a exponer una posibilidad.
El curso pasado ya hubo familias en el centro que no pudieron enviar a reparar el ordenador de su hijo o hija por no poder costear el arreglo; con la consiguiente perjuicio al no poder utilizarlo. Y el número de alumnos y alumnas con ordenador es ya muy elevado. ¿Y si fuéramos capaces de repararlos en el instituto como parte de la actividad lectiva?

En mi aula el alumnado suele estar haciendo tareas diversas en cada hora; hay quien está escribiendo en su blog, hay quien está editando imágenes, hay quién está haciendo un programa, hay quien se dedica a charlar … Sería fácil incorporar como proyecto en 2º de Bachillerato, dentro de la asignatura T.I.C., la reparación de ordenadores que previamente las familias nos habrían traído.
Tenemos espacio en el aula para montar un “Rincón Taller de reparación”; contaríamos con un voluntario adulto que pudiera atenderlo para garantizar la seguridad del alumnado y del material, y también unos tiempos de respuesta razonables. Y no costaría nada que todo el alumnado por grupos fuera pasando por ese taller para aprender a resolver problemas en los ordenadores, en los de otros y también en el propio. No hace falta decir que la supervisión del profesor en todo momento sería imprescindible.

No sería difícil elaborar entre todos un protocolo de actuación que tendríamos que aprender y aplicar sistemáticamente. El alumnado tendría que atender a la persona que trae el equipo, aprender a hacer las preguntas necesarias, analizar la causa del problema, y entregarlo a la familia una vez reparado dando una explicación oral y escrita de todas las actuaciones realizadas, y si son precisos, consejos de uso que el propio alumnado tendría que redactar.
La familia beneficiaria tendría que asumir el compromiso por escrito de seguir estos consejos y de recibir la formación precisa para garantizar el mejor uso posible del equipo. Me parece esencial inculcar la necesidad de incorporar la formación, formal o informal, como un vía para la mejora a cualquier edad.
Otras tareas inherentes al taller serían la gestión de pedidos de piezas, el control del material guardado, el registro de las actuaciones realizadas, el inventario, todo lo  cual podríamos resolver mediante una base de datos que también diseñaría y mantendría el alumnado. También aprenderían a presupuestar y a contemplar costes, y conocerían la actividad empresarial en primera persona.

La pregunta obvia es ¿y de dónde sacamos los recursos necesarios?
Encontrar a un profesional en paro con cualificación suficiente para atender este “taller” no es muy difícil; de hecho ya hay una persona, un antiguo alumno, dispuesto a ayudar. Prefiere estar ocupado participando en este proyecto antes que parado; y seguro que no es el único. Y por supuesto su colaboración se certificará puntualmente. También tenemos quién ha montado empresas y puede compartir su experiencia con el alumnado.

Los fondos para las piezas y las herramientas necesarias para hacer las reparaciones es el otro capítulo económico a resolver; hay varias posibles vías de financiación. Una que me seduce mucho es crear un proyecto crowdfunding con el propio alumnado para tratar de conseguir dinero. Otra posibilidad interesante es que el voluntario constituya una empresa, que podría obtener fondos europeos (hay dinero para ello). Podría darse de alta en el Registro de Entidades colaboradoras de la enseñanza que existe en la Subdelegación del Gobierno para que su acción de voluntariado estuviera legalmente cubierta; esta vía la exploramos en el grupo Enredadera, al que pertenecen profesionales de gran valía y del que hablaremos otro día . Lo cierto es que hay que estudiar pros y contras de cada opción.

Uno de los objetivos del proyecto es la estimulación de la actitud emprendedora al enfrentar al alumnado con problemas reales, además de ponerlos frente al reto de conseguir una financiación, que tendrán que obtener con esfuerzo. A su vez es interesante que descubran que el emprendimiento puede tener una orientación social, más allá del beneficio económico. Pero antes de darle la forma definitiva a este proyecto me gustaría compartirlo en #opengamba12 . A buen seguro se enriquecerá con las propuestas de los participantes en el evento.

Hay otras iniciativas que se podrían poner en marcha: por ejemplo, unas sesiones de conversación con nativos ingleses y franceses para familias que no puedan pagar clases particulares de idiomas. ¿No podríamos organizar un banco de tiempo con posibles voluntarios y voluntarias? Y poner películas en V.O. en el IES  y en casa.
¿Y organizar la puesta en marcha de huertos urbanos? O ¿por qué no plantar directamente en el instituto y tener nuestro propio huerto? Seguro que encontramos las personas dispuestas a ayudar. ¿Y qué podríamos hacer con la “producción”?

¿Y la educación financiera? ¿No podríamos ayudar a las familias a gestionar una contabilidad doméstica básica mediante una hoja de cálculo a través de nuestro alumnado, sus hijos, utilizando datos reales que ellas seleccionarían? ¿Y a conocer con detalle las facturas de servicios básicos como agua, luz, teléfono, etc.? ¿Y no agradecerían orientación como usuarios de la banca que somos todos? Seguro que les vendrían bien algunas nociones para defenderse de los abusos que vemos a diario.

¿Sería muy complicado organizar un servicio de información que ayudara a las familias con novedades sobre becas, ayudas al empleo, formación incentivada, ofertas como consumidores, etc.? Quizás no con algunos colaboradores. Y desde luego no tendríamos por qué limitarlo al barrio de El Palo, ni a la ciudad de Málaga.

¿Y la orientación para la búsqueda de empleo? ¿Y las cooperativas? ¿Y el autoempleo?
En breve publicaremos una lista más larga.

Ni que decir tiene que en todas estas propuestas la colaboración del AMPA sería clave.
Nuestro punto de partida es privilegiado: en los centros educativos públicos disponemos de una gran cantidad de recursos humanos muy valiosos y también tenemos muchos recursos materiales; ¿no podríamos orientarlos en alguna medida a cohesionar la comunidad educativa proporcionando ayuda y demandando implicación? Quizás las escuelas serían vistas con otros ojos;  quizás la crisis sea  una gran oportunidad para pelear contra el deterioro inexorable del prestigio de la escuela pública.

Si quieres discutir sobre estas y otras cuestiones, en #opengamba12 vamos a hablar de lo que queremos hacer  con nuestro alumnado este curso. Estás invitad@.

Software libre y crisis

En caso de que la Administración Pública hubiera apostado por el software libre a lo mejor se hubiera evitado la congelación de las pensiones“.
Esto afirmó Rodríguez Ibarra durante su intervención en el Senado con motivo de la celebración del Día de Internet. Recordó que España paga 1.500 millones de dólares por el uso de software propietario.
Además criticó la postura del Gobierno respecto a las descargas y no entiende que esté defendiendo con tanto ahínco la propiedad intelectual. Según Ibarra nunca ha habido tanta creación como hoy, y esta no se va a acabar por cambiar el modelo de negocio y terminar con los intermediarios.
Aquí tenéis la noticia.

La #spanishrevolution en la Escuela

¿Podemos vivir en la Escuela alejados de lo que sucede en el mundo? ¿Podemos mirar hacia otro lado mientras se suceden día a día acontecimientos sobre los cuales tenemos que pronunciarnos? En este artículo hablaré cómo trabajar de la crisis económica y social que vivimos en la Escuela y como la Escuela está en crisis si no es capaz de ayudar a los educandos a comprender el mundo que les rodea.<!--break-->

#Spanishrevolution

Foto de @democraciarealya

15 de mayo de 2011, se suceden manifestaciones en toda España convocados por el movimiento Democracia Real Ya al grito de ¡no somos mercancía en manos de políticos y banqueros!. Ninguneados por los medios de comunicación, los ciudadanos, en su mayoría jóvenes, se hacen un hueco en la red para difundir sus mensajes usando las redes sociales de forma imaginativa. Lo cuenta muy bien Delia Rodríguez en El País en su artículo Los virales de la #spanishrevolution que analiza el papel de los jóvenes, la red, las redes sociales y el uso imaginativo de los hashtag en Twitter. Sin apenas medios económicos y sin agencias de publicidad detrás, los manifestantes se erigen en creadores y transmisores del mensaje. Analogías con la Escuela, los alumnos crean y difunden contenidos, en vez de ser meros consumidores.

Escucho con mucha frecuencia en la sala de profesores críticas hacia nuestra juventud pasota y botellonera;  también estoy habituado a escuchar las batallas de los que luchamos en nuestro tiempo para lograr lo que ahora tenemos mientras que los jóvenes sólo se preocupan de su bienestar, etcétera, etcétera... Me pregunto si en la Escuela les ayudamos a ser críticos, a ser personas con criterio propio como para querer cambiar las cosas que no les gusta, si tienen espacios de libertad y decisión sobre las cuestiones que les afecta diariamente. Mi respuesta es que no.

De un tiempo a esta parte, se ha reducido drásticamente la participación del alumnado y las familias en la vida y la gestión de los centros, asignando el rol de consumidor de contenidos al estudiante, y de tutor responsable de sus hijos, a las familias. Los profesores, fuente del saber, del conocimiento y del poder, ayudamos a que éste florezca en las mentes de nuestros alumnos, ajenos, mayormente, a la vida que pasa por delante de nosotros.

La crisis, una llamada al cambio

Efectivamente, las crisis son momentos de catarsis y de cambios. Asistimos, en apenas diez días, a un movimiento social que posiblemente deje una huella, al menos en las conciencias de ciudadanos. ¿Por qué no trabajar la crisis con nuestros alumnos? ¿Por qué no darles las herramientas para que puedan participar desde su libertad personal hasta donde quieran?

En estos días atrás, he aprovechado los materiales de Setem, que es una Organización No Gubernamental especializada en el comercio justo y en el desarrollo de campañas de sensibilización sobre la situación socioeconómica, para trabajar la crisis en clase. Tienen unos excelentes materiales que ayudan a entender el porqué de la crisis actual e invitan a la acción mediante sencillas pero contundentes propuestas.

En su web Error104.com encontraremos elementos para entender el porqué de esta crisis financiera y entenderemos porqué las iras de los manifestantes de la #spanishrevolution contra los bancos.

Motivos para la esperanza

 "Profe, tengo una duda sobre orientación, pero tengo prisa que después me voy a la acampada de sol"

Hace muy pocos días en Educadores21 escribía sobre la Educación como práctica de la libertad, aunando el pensamiento de Freire, Hessel y Sampedro con lo que está sucediendo como el movimiento del #15M. Creo que hay motivos para la esperanza si superamos la concepción bancaria de la Educación, si pensamos que los alumnos no son mentes vacías a las que hay que llenar de contenidos. Muchos ejemplos están en la red con prácticas educativas que cambian  a las personas y cambian la forma de aprender, usando o no las TIC. Porque el uso de las TIC debería ser invisible, la tecnología, por sí misma, no cambia nada sino la propia práctica educativa así como sus finalidades.

Sugerencias de trabajo para el aula

  • Lectura del libro Indignaos de Hessel y puesta en común del análisis, de las propuestas. Usar un blog colectivo o, mejor aún, una wiki, para plasmar cada uno sus conclusiones, bien por escrito, en presentaciones o en vídeos.
  • Recoger en la wiki el impacto de las manifestaciones del movimiento #15m de tu localidad, con fotos, vídeos, etc. Incluir en la wiki, resultados de las búsquedas en Twitter también.
  • Crearse una cuenta colectiva en Twitter y hacer un seguimiento de los hashtag de Twitter más importantes del movimiento: #democraciarealya #15m #spanishrevolution #acampadasol o cualquiera de las otras activas.
  • Usar los recursos de la web Democracia Real Ya o cualquiera de las web de las acampadas de las plazas.
  • Usar las fotos en Flickr o los vídeos de Youtube sobre el tema.
  • Utilizar las portadas de los medios de comunicación sobre el tema usando kiosko.net.
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