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Grimm

Yo no soy finlandesa [modo terapia ON]

Finlandia, colegios Finlandia, envidia, miedo, velocidades, frío y calor.
Y el peligro del quedobién.










En mi post anterior, que diría Juanma, olvidé muchas cosas, una de ellas es la expresión “colegio Finlandia” que usó Fernando Trujillo en el encuentro de Educared para referirse a, por ejemplo, el CEIP San Walabonso. Y otra no es un olvido, sino ganas de contarle a mi cliente (además de gurusa ahora soy community manageresa), Fran Iglesias, algo sobre su comentario acerca del miedo a los grandes y la envidia a los convocados a la mesa del señor.


Sobre expresiones como colegiosfinlandia,  me pasa como con el apadrina a un docente, que me suenan regular, por muy buena que sea la intención que haya detrás, que sé que la hay. Suponiendo que hubiera algosfinlandias, no sé si siempre serían colegios enteros (utópico, que lo sé yo), grupúsculos o hasta maestras o maestros solitarios. Tampoco sé qué implicaría ser un colegiofinlandia. No sé si Finlandia tiene algo que ver con lo que nosotros necesitamos. No sé si lo que se mide en los sesudísimos y carísimos estudios que elevan a Finlandia a los altares educativos es lo que hay que medir. Ni siquiera me fío de los resultados por muchos motivos que no pienso desgranar aquí porque ni entiendo mucho, ni quiero entender, yo trabajo en otra cosa, pero intuyo... Yo lo que sí sé, es que a las personas no se las mide con números sin equivocarse, haga frío pelón o un calor que te mueres. Y que criticamos a los ricos mientras vivimos peleando por parecernos a ellos.

Conozco el San Walabonso y el jefe de estudios no es rubio como los trigos a la salía del sol. No. Pero como tonta no soy, no abogo por ignorar Finlandia, sino por aprender de ella, o de quien sea, lo que nos sirva, desechar el resto y no envidiarles, porque la envidia, además de ser el pecado más inútil de todos, suele demostrarnos con el tiempo lo tontos que podemos llegar a ser. Finlandia es republicana y laica (de verdad), aquí somos monárquicos y la religión en la escuela pesa más que el arte. Tienen poca corrupción política, y una gran nivel de bienestar general. Eso sí, los tomates y las sandías de Los Palacios ni olerlos, posible causa, junto con el frío,  de que allí se suiciden más que aquí (a mí personalmente me darían ganas). Es decir, a Finlandia no le va mejor que a nosotros en la escuela, le va mejor en general. Así que malamente vamos a mejorar la educación en un país que elige como candidatos a gobernar a gente que está juzgada por corrupta, o a modernos incapaces de liberar a la escuela de los lastres del pasado que la mantienen con las ruedas clavadas en el fango. Un poné.
Aquí no echan a nadie: metes la pata y te cambian de sitio, curiosamente, "a mejor". El profesorado es funcionario y mal mirado, gana lo mismo si hace como si no y aquí nunca pasa nada. Y los debates sobre lo que va bien o mal, ah no, que no da tiempo, que hay dos mil proyectos inconexos. Y los políticos usándola de arma arrojadiza, amenazando con  poner o quitar tarimas... yo no me niego a la tarima, siempre me ha gustado el sonido de un buen taconeo en la madera.

Ya hace mil que se debatía en Grimm si éramos colegios Grimm o maestros y maestras Grimm. De vuelta a la idea central de Educared, la ACTITUD pesaba más que todo lo demás, también en Grimm. Las máquinas ayudaban, claro. Un ordenador en un aula de Infantil que pasaba por 27 manos de 4 o 5 años y que nunca se colgaba -todavía funcionan- me tenía a mí fuera de juego, no me daba tiempo a todo, algunas actividades las hacía sin haber terminado de entenderlas. Sólo las hacía y si funcionaban, seguía, si no funcionaban, dejaba de hacerlas. Y todos los días tenía a mis padrinos y madrinas disponibles para echarme una mano: Tak, Mariona, Montin, Tom, Jordi, NicoAkme, Manuela, Gabriel, Ángeles, Teresa, Pepe Mir, … y Fran. Y la 2.0 ni se olía.

Yo les admiraba (y les admiro) pero me ayudaron de tal forma que nunca sentí envidia ni necesidad de ser o hacer lo mismo. Catalanes, católicos, ateos, andaluces, gallegos, vascos, navarros, mucho y nada en común. Creo que hay algo que hice bien: me quedé con lo que necesitaba y no me empeñé en el resto. No quise ser como ellos, sólo quise, y lo conseguí, aprender de ellos. Hay cosas que en un colegio privado se hacen y no en el mío, que es público. Hay cosas que con medio metro de nieve apetecen y con un clima primaveral, pues no. Hay cosas que los catalanes estudian que aquí no necesitamos, y viceversa. Català y andaluz, pongo por caso. Compartimos lo común, respetamos y obviamos el resto.

Yo ni soy maestra finlandesa, ni quiero serlo. Es decir, no quiero ser quien no soy, porque esa es la mejor manera de acabar en el diván (del psico) y siendo quien soy, quiero ser lo mejor que puedo ser, trabajar en la mejor escuela posible y aceptar mis limitaciones sin dejar de pelear por mi excelencia entendida como el alcance de lo mejor que puedo ser, independientemente de adónde lleguen los demás. Odiosas las comparaciones, lo sufrimos de pequeños y luego perpetuamos el hábito tóxico...

Sí que quiero que, donde vivo, donde me alimento, donde trabajo, las cosas sean cada vez mejores. Primero por mí, y después por mis hijos y mi alumnado. 

 En cuanto a la envidia o el miedo que me puedan dar las administraciones o las empresas, pues tampoco me hacen cosquillas, al menos hoy no. Porque ya no me pregunto qué querrán los demás, qué estarán tramando, si podré o no estar aquí o allí. Ahora la pregunta es qué quiero yo, qué necesito y si realmente quiero ir a esos sitios o no (que a veces va una sin ganas), o sólo a la mitad, a dos o a mil. Creo que con TIC o sin TIC siempre habrá colegios o docentes de velocidades distintas porque la ACTITUD y la RESPONSABILIDAD, más la PROFESIONALIDAD si se tienen, siempre marcarán una diferencia, en este trabajo y en cualquier otro. En el mundo funcionarial se puede elegir ser algo irresponsable y como contrapunto no se puede prosperar mucho en la profesión, ni económica ni profesionalmente. Es decir, puedo despotricar sin que me echen, pero no gano más por el montón de horas que dedico a mi trabajo. Y quiero hacer constar que, admirando más que envidiando, aprendiendo a escuchar, que no sabía y aún me cuesta, y desde el I Encuentro Grimm y el I Congreso de Educared (que me busqué la vida para que no me costara un duro), mi trabajo ha mejorado muchísimo y mi satisfacción personal, más. De ambos encuentros hace ya una pila de años y contemplo con estupor cómo todavía el debate es TIC sí, TIC no o vayamos con calma, no nos vayamos a estresar. Pero eso es lo que hay. Preguntaré en Finlandia cuando vaya cómo se apañan para que las velocidades de colegios y profesorado sea tan bueno como cantan los números.

(Otra nota para aclarar conceptos sobre velocidades: cuando empecé en esto y empezó a irme bien, una maestra que trabajaba conmigo y que nunca fue compañera, dijo en un Consejo escolar “Lola hace eso porque se ha enganchado a los ordenadores y no tiene familia”. Yo estaba recién divorciada, con dos niños de 5 y 7 años, y lloré a moco tendido. En este trabajo hay que pagar peaje por trabajar, es para dementes. Como dice Francesc Llorens Cerdà, Y si no quieres ayudar, por lo menos no molestes. Qué ganas tenía de contarlo por escrito, a ver si ya no necesito contarlo más de viva voz y lo olvido)

(Las imágenes reflejan que hace años ya se hacían cosas entre familias, profesorado, máquinas, niños, niñas y vacaciones. Que aún hay que decir que las mujeres también podemos, que tiene guasa, y que son mías todas... ¿cómo están ahora los niños y niñas de las imágenes? pues sanos y felices ;))


1812-2012: Doscientos años de Grimm

Fue en el año 1812 cuando los hermanos Grimm publicaron el primer volumen de Cuentos para la infancia y el hogar. Por ese motivo, se celebra ahora el segundo centenario de su edición, al menos en los lugares donde esos cuentos dejaron su huella. La contribución de los hermanos Grimm al imaginario popular y a los cuentos tradicionales es innegable. En el origen de las historias siempre estará la memoria de su nombre: Blancanieves, La Cenicienta, Pulgarcito, Caperucita Roja o Hänsel y Gretel. Pero también Rapunzel, Las tres lenguas, El sastrecillo valiente, Los músicos de Bremen…