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hope

El uso del vídeo en aula: competencias social, lingüística, digital.

Un lunes cualquiera del pasado marzo un alumno de 4º de Diversificación me preguntó si había visto lo que había pasado en Japón. Inmediatamente trasladé la pregunta al grupo como suelo en un caso así, y como muchos desconocían la noticia pedí a otro alumno que buscara algunos vídeos en Youtube para que viéndolos con el proyector todos pudiéramos comprender la magnitud de la catástrofe.
La siguiente pregunta fue inevitable; ¿qué se puede hacer? ¿cómo reaccionamos ante un hecho así? Las respuestas fueron variadas y todas guardaban relación con el envío de bienes materiales al país nipón. Pero todas tenían que ver con un nosotros que no les concernía directamente, bien porque se sentían incapaces de hacer algo, bien porque no les afectaba verdaderamente la tragedia.
Este es el tipo de situación en la que creo que el curriculum tiene que suspenderse y hay que conectar la actividad en el aula con la realidad urgente. Y el primer paso fue tratar de que cobraran conciencia de que siempre se puede hacer algo, por insignificante que parezca. Después de un silencio incómodo como respuesta a la interpelación, durante el que se percibía más la impotencia que la insolidaridad -en ese momento estaban bajo el efecto de las imágenes devastadoras del tsunami- la idea de grabar un vídeo les pareció a la mayoría tan natural que el pudor que a menudo impide una participación decidida en este tipo de propuestas dio paso a una serie de ideas sobre cómo podríamos hacerlo, cómo hacer que se viera en Japón, cómo traducirlo, etc. Los que manifestaron alguna resistencia inicial rápidamente comprendieron que terminaríamos haciéndolo y adoptaron una posición clara desde entonces: “yo no salgo”, afirmaban. Obviamente todos respetamos esa opción y subrayamos que había muchas formas de colaborar con el proyecto sin necesidad de aparecer en el vídeo. Incluso podríamos elegir formas distintas de expresar el mensaje ante la cámara sin necesidad de acercarse a ella; por ejemplo, Lucía, la alumna síndrome de Down que tengo en 4º, quiso participar y portaba un cartel con la palabra HOPE.
Lo cierto es que el resultado de aquella pregunta en los primeros minutos de la clase era ya irreversible: un bullicio de sugerencias, de conversaciones paralelas apenas interrumpidas por el sonido del timbre que anuncia el final de la hora nos obligó a posponer la formulación de las tareas necesarias para desarrollar el proyecto. Afortunadamente a continuación llegó el otro grupo de 4ºESO que tengo, este no diversificado, y apenas entraban por la puerta lanzaban la pregunta repetidamente. ¿Profe, qué es eso de un vídeo para Japón? Descubrimos en esta segunda hora que la hermana de una de las alumnas allí presente estaba trabajando en Japón, lejos de Fukushima por suerte, y que acababa de intercambiar algunos mensajes durante la propia clase con ella utilizando su móvil.

Después de ver de nuevo un par de vídeos y con más sosiego ya fuimos capaces de concretar algo más el proyecto y se enumeraron las siguientes tareas:

  • escribiríamos mensajes en español y en inglés, para lo cual pediríamos la colaboración del alumnado de 4ºESO bilingüe (al que yo imparto Proyecto Integrado).
  • se expresarían ante la cámara dichos mensajes;
  • los mensajes en español se subtitularían en inglés para que pudieran ser comprendidos por los destinatarios del vídeo;
  • para los que prefirieran no hablar ante la cámara se harían carteles con palabras que expresaran nuestra solidaridad con Japón;
  • utilizaríamos las redes sociales, Tuenti, Facebook, Twitter para difundir el vídeo;
  • publicaríamos en todos los blogs de 4ºESO el vídeo dentro de una entrada que explicara la experiencia;
  • pediríamos al alumnado bilingüe de 4ºESO que tradujera las entradas de los blogs al inglés para conseguir feedback mediante comentarios (en cada entrada los textos aparecerían en inglés y en español);
  • contactaríamos con el Instituto Cervantes en Tokyo para facilitar la distribución del vídeo entre estudiantes japoneses;
  • recopilaríamos direcciones de correo electrónico de centros educativos en Tokyo para enviarles tanto el vídeo como las URL’s de los blogs.

Y a lo largo de este trabajo, todavía no terminado, hemos podido alcanzar una serie de objetivos conceptuales, procedimentales y actitudinales como:

  • ponernos en el lugar de personas que han sufrido una tragedia aunque no los conozcamos;
  • trabajar en equipo, incluso con compañeros y compañeras de otros grupos (asumiendo que si no hacemos bien nuestra parte ponemos en riesgo el trabajo de muchas personas);
  • analizar posibles enfoques a la hora de grabar un vídeo teniendo en cuenta el objetivo último del mismo;
  • editar un vídeo;
  • subirlo a un portal de vídeos como Youtube;
  • subtitularlo con una herramienta on-line;
  • encontrar direcciones de correo para contactar con centros en Tokyo;
  • respetar la privacidad de las direcciones de correo cuando se envía un mensaje a múltiples destinatarios;
  • qué es el Instituto Cervantes;
  • cómo insertar un vídeo en una entrada del blog;
  • dónde están las principales fallas geológicas en esa región;
  • qué riesgo tienen las centrales nucleares;
  • qué alternativas energéticas viables pueden sustituir a la energía nuclear;
  • reflexionar sobre nuestro aprendizaje;

Obviamente todos estos objetivos contribuyen al desarrollo de la competencia social y ciudadana, la competencia lingüística (en castellano y en inglés), la competencia digital, la competencia de aprender a aprender, e incluso la competencia matemática (tuvimos que hacer una regla de tres para ajustar la anchura del vídeo de Youtube a la plantilla de los blogs de algunos alumnos).

Una vez más se confirma que el trabajo por proyectos es mucho más rico porque, entre otras razones, el alumnado le encuentra sentido a lo que hace y se compromete con su aprendizaje.

Enhorabuena a todo el alumnado que ha aportado un granito de arena en esta labor (4ºESO de Informática y Proyecto Integrado bilingüe).