María en Cork
Hola, soy María, estudiante del Grado Superior de Asistencia a la Dirección en el Instituto Politécnico Jesús Marín, y hoy quiero contaros cómo está siendo mi experiencia Erasmus en Cork, Irlanda. Desde que decidí dar este paso, sabía que no sería fácil, pero también que cada reto traería consigo un aprendizaje único.
Uno de los mayores desafíos con los que me encontré fue encontrar alojamiento. El proceso fue muy estresante: envié más de 100 correos electrónicos buscando un sitio donde vivir, sin recibir respuesta de la mayoría. Al final, solo una persona respondió: mi actual casera. Y sinceramente, no podría haber tenido más suerte. Desde el primer momento, mi casera irlandesa se ha volcado en ayudarme. Me ha enseñado mucho sobre la cultura local, las costumbres del país y me ha hecho sentir como en casa, algo que valoro enormemente estando lejos de mi entorno habitual.
Durante mi estancia aquí también pasé por una situación médica que me obligó a operarme en Cork. Fue un momento delicado, pero la amabilidad y el trato humano que recibí en todo momento hicieron que me sintiera cuidada. Esta experiencia, aunque inesperada, también trajo algo positivo: la visita de dos profesores del Politécnico, José y Jorge. Estuvieron una semana conmigo y fue una oportunidad muy especial para compartir, conversar y descubrir tanto la ciudad como nuestras propias experiencias personales desde otra perspectiva.
En lo profesional, estoy realizando mis prácticas en una empresa que organiza estancias formativas para estudiantes europeos. Mis tareas incluyen la organización de actividades, gestión de documentos administrativos y apoyo en la coordinación de eventos y excursiones. Además de ayudar a los estudiantes que llegan, también he podido participar en varias salidas, lo que me ha permitido conocer mejor la zona. El ambiente laboral es dinámico, multicultural y muy enriquecedor, algo que sin duda valoro mucho como futura asistente de dirección.
Mi adaptación al inglés ha sido bastante buena, aunque al principio me costó un poco entender ciertos acentos. A medida que pasan las semanas, me siento más segura al hablar y entender, lo cual es una gran satisfacción.
Respecto a Irlanda, es un país con una identidad muy marcada. Sus paisajes verdes, su historia y su carácter acogedor lo convierten en un lugar muy especial. La vida diaria es distinta a la española: los horarios de comida, la forma de relacionarse y hasta el ritmo con el que se vive todo hacen que tengas que adaptarte. Pero precisamente esa diferencia es lo que más enseña: aprendes a ver el mundo con otra mirada, a apreciar lo que tienes y a respetar otras formas de vida.
En resumen, aunque esta experiencia ha tenido momentos complicados, no puedo dejar de recomendarla. Salir de la zona de confort no es fácil, pero es la mejor forma de crecer. En solo tres meses se aprende muchísimo: sobre uno mismo, sobre otras culturas y sobre el mundo laboral. Si tenéis la oportunidad, no lo dudéis. Erasmus cambia tu forma de ver las cosas y te deja recuerdos y aprendizajes para toda la vida.


